SANTANDER Y LOS INGLESES 1832 - 1840

Malcolm Deas y Efrain Sanchez
(Compiladores)

TOMOS I y II (Obra completa)

ISBN: 958-643-000-6 (Obra completa)

Nota de la Edición: Tomado de la Edición de la Fundación para la Conmemoración del Bicentenario del Natalicio y el Sesquicentenario de la Muerte del General Francisco de Paula Santander. Biblioteca de la Presidencia de la República. Administración Cesar Gaviria Trujillo. Santafé de Bogotá, 1991.

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TOMO I

In Memorian
Prólogo (pág, XXXI)
Nota Metodológica (pág, XLIX)
Onomastic Index (pág, 427)
Geographical Index (pág, 432)
Tematic Index (pág, 435)
Índice Onomástico (pág, 443)
Índice Toponímico (pág, 448)
Índice Temático (pág, 452)
Cronología (pág, 464)

TOMO II

Nota metodológica (pág, XXV)
Apendice I. (págs, 65-344)
Apendice II. (págs, 345-478)
Onomastic Index (pág, 481)
Geographical Index (pág, 484)
Tematic Index (pág, 486)
Índice Onomástico (pág, 493)
Índice Toponímico (pág, 497)
Índice Temático (pág, 500)
Cronología (pág, 506)
Parte de la tabla de contenido (págs, XII-XXIII)

Advertencia: El siguiente documento respeta la ortografía y tipografía original del texto.


TABLA DE CONTENIDO

TOMO I

William Turner to Viscount Palmerston, Dispatch No. 3. Bogota, 6 January 1832. Arrival in the United States of General Santander

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 3. Bogotá, 6 de enero de 1832. Llegada a los Estados Unidos del general Santander

R. Sutherland to John Bidwell. Literary Club, 7 february 1832. Expressing his decided approbation of the separation of Colombia into three distinct States

Robert Sutherland a John Bidwell. Club Literario, 7 de febrero de 1832. Expresa su decidida aprobación de la separación de Colombia en tres Estados distintos

William Turner to Viscount Palmerston, Dispatch No. 18. Bogota, 14 April 1832. State of affairs. General Santander elected President; Sr. Marquez Vice President. Ministry. Military force

William Turner al vizconde Palmerston, Despacho No. 18. Bogotá, 14 de abril de 1832. Estado de cosas. El general Santander elegido presidente; el señor Marquez vicepresidente. Ministerios. Fuerza militar 

Mr. Sutherland to Sir George Shee. 28 May 1832. Giving an account of a plan for the assassination of General Santander at the Grand Convention of Ocaña 

Robert Sutherland a Sir George Shee. 28 de mayo de 1832. Refiere un plan para asesinar al general Santander en la Gran Convención de Ocaña 

William Turner to Viscount Palmerston. Separate and secret. Bogota, 7 June 1832. Unfriendly language of the Vice-President of New Granada with regard to the treaty with Great Britain 

William Turner al vizconde Palmerston. Separado y secreto. Bogotá, 7 de junio de 1832. Lenguaje poco amistoso del vicepresidente de la Nueva Granada con respecto al tratado con Gran Bretaña 

Robert Sutherland to John Bidwell Esq. 23 June 1832. The temporary exception adverted to in Dispatch of 7 February removed by the election of General Santander to the Presidency of New Granada 

Robert Sutherland a John Bidwell Esquire. 23 de junio de 1832. La excepción temporal a que se hace referencia en el despacho de 7 de febrero queda eliminada por la elección del general Santander a la presidencia de la Nueva Granada 

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 34. Bogota, 7 August 1832. Acknowledges Lord Palmerston's Dispatch No.6 respecting the Colombian Bondholders 

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 34. Bogotá, 7 de agosto de 1832. Acusa recibo del despacho No.6 de Lord Palmerston con relación a los tenedores de bonos de Colombia 

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 35. Bogota, 14 August 1832. Reply of the Government of New Granada to M.Turner's protest of the 23 May 

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 35. Bogotá, 14 de agosto de 1832. Respuesta del gobierno de la Nueva Granada a la protesta del señor Turner del 23 de mayo 

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 38. Bogota, 6 October 1832. Acknowledges Viscount Palmerston's dispatches No.7 and 8. Trade and MacKintosh affairs to be presented with to General Santander 

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 38. Bogotá, 6 de octubre de 1832. Acusa recibo de los despachos No. 7 y 8 del vizconde Palmerston. Los asuntos de comercio y el caso MacKintosh se presentarán al general Santander 

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 40. Bogotá, 7 October 1832. Arrival of General Santander 

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 40. Bogotá, 7 de octubre de 1832. Llegada del general Santander 

ANEXO

Copia de una carta del general Santander al secretario de Hacienda granadino, fechada en Santa Marta el 17 de julio de 1832 

Acting Consul Ayton to His Majesty's Under-Secretary of State for Foreign Affairs, Downing Street. Carthagena, 3 November 1832. Receipt of Dispatches of 25 August and 8 September respecting Colonel Rupert Hand. General Santander seems favourably disposed towards him. No trial has yet been granted, but a decision on that head immediately expected. In the mean time Colonel Hand is treated with greater mercy, this situation is comparatively comfortable 

Cónsul interino Ayton al subsecretario de Estado de Relaciones Exteriores de su Majestad, Downing Street. Cartagena, 3 de noviembre de 1832. Recibo de los despachos de 26 de agosto y 8 de septiembre relativos al coronel Rupert Hand. El general Santander parece favorablemente inclinado hacia él. No se ha concedido juicio todavía, pero se espera una decisión inmediata en ese sentido. Entre tanto se trata al coronel Hand con mayor misericordia, y esta situación es relativamente benigna

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 41. Bogotá, 6 November 1832. Promising reception by General Santander of W. Turner's remonstrances against the Acts of His Excellency's Predecessor

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 41. Bogotá, 6 de noviembre de 1832. Promisoria recepción por parte del general Santander de las protestas de William Turner contra los actos del predecesor de Su Excelencia

William Turner to Sir George Shee. Bogotá, 6 November 1832. Favourable disposition of General Santander towards Colonel Hand

William Turner a Sir George Shee. Bogotá, 6 de noviembre de 1832. Disposición favorable del general Santander hacia el coronel Hand.

ANEXO

Copia de una carta de la madre del general Córdova al general Santander, fechada en Rionegro el 16 de septiembre de 1832

Robert Sutherland to Sir George Shee. 4 December 1832. Intention of General Santander to bring about the union of the States which formerly constituted Colombia

Robert Sutherland a Sir George Shee. 4 de diciembre de 1832. Intención del general Santander de llevar a efecto la unión de los Estados que antiguamente constituían Colombia

Robert Sutherland to Sir George Shee. 6 December 1832. Feeling of General Santander with regard to the appointments of Colonel Campbell and Mr. Wilson

Robert Sutherland a Sir George Shee. 6 de diciembre de 1832. Opinión del general Santander con respecto a los nombramientos del coronel Campbell y el señor Wilson

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 45. Bogota; 13 December 1832. Answer of the Granadian Government respecting the Colombian Bondholders

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 45. Bogotá, 13 de diciembre de 1832. Respuesta del gobierno granadino con relación a los tenedores de bonos de Colombia

ANEXOS

1. Copy of a note from William Turner to señor Velez dated Bogotá, 20 November 1832

1. Copia de una nota de William Turner al señor Vélez fechada en Bogotá el 20 de noviembre de 1832

2. Copia de una nota del señor Vélez a William Turner fechada en Bogotá el 29 de noviembre de 1832

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 48. Bogota, 14 December 1832. Refusal of the Granadian Government to accede to the Demand that the Exemption from the additional Duty of 5 per cent on foreign Goods be extended to British trade

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 48. Bogotá, 14 de diciembre de 1832. Rechazo por parte del gobierno granadino a acceder a la demanda de extender la exención del arancel adicional de 5 por ciento para los bienes extranjeros al comercio británico

ANEXOS

1. Copy of a note from Mr. Turner to Señor Velez, dated Bogota, 25 November 1832

1. Copia de una nota del señor Turner al señor Vélez, fechada en Bogotá, 25 de noviembre de 1832

2. Copia de una nota del señor Vélez al señor Turner, fechada en Bogotá, 5 de diciembre de 1832

3. Copy of a note from Mr. Turner to Señor Velez, dated Bogota, 11 December 1832

3. Copia de una nota del señor Turner al señor Vélez, fechada en Bogotá, 11 de diciembre de 1832

4. Copia de una nota del señor Vélez al señor Turner, fechada en Bogotá, 12 de diciembre de 1832

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No.2. Bogota, 7 January 1833. New Regulation for the Granadian Custom House at Cucuta

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No.2. Bogotá, 7 de enero de 1833. Nueva reglamentación para la aduana granadina en Cúcuta

ANEXO

Decreto mandando cobrar por arancel los derechos de importación en las aduanas de Cúcuta, Arauca y Guanapalo 

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 3 Bogota, 7 January 1833. Encloses circular of Granadian Government enforcing the termination of the Exemption granted to American trade from the additional duty of 5 per cent on foreign goods

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No.3. Bogotá, 7 de enero de 1833. Incluye circular del gobierno granadino en cumplimiento de la suspensión de la exención otorgada al comercio americano del arancel adicional de 5 por ciento sobre bienes extranjeros

ANEXO

Circular recordando la fecha en que cesan los privilegios concedidos a los buques de los Estados Unidos por decreto del 21 de noviembre de 1831

William Turner to Sir George Shee (Private). Bogota, 12 February 1833. Has recommended the Colombian Mining Company to apply directly to the Foreign Office for the purpose of procuring redress of their grievances against the Granadian Government

William Turner a sir George Shee. Privado. Bogotá, 12 de febrero de 1833. Ha recomendado a la Colombian Mining Company dirigirse directamente a la Oficina de Relaciones Exteriores a propósito de la obtención de reparación por los agravios del gobierno granadino

William Turner to Sir George Shee. Private. Bogota, 6 March 1833. Case of Oxford & Grice & Edwards & Co. Property seized in the Cauca

William Turner a sir George Shee. Privado. Bogotá, 6 de marzo de 1833. Caso de Oxford & Grice & Edwards & Co. Propiedades incautadas en el Cauca

ANEXO

Resolución de la Secretaría de Hacienda

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 7. Bogota, 6 March 1833. The Granadian Government at present consider the claim of Mr. Mackintosh

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 7. Bogotá, 6 de marzo de 1833. El gobierno granadino estudia actualmente la demanda del señor Mackintosh

ANEXO

Copia de una nota del señor Vélez a William Turner, fechada en Bogotá el 16 de febrero de 1833

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 10. Bogota, 14 March 1833. Assembly of Congress and Message of the President

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 10. Bogotá, 14 de marzo de 1833. Asamblea del Congreso y mensaje del presidente

ANEXO

Mensaje del presidente del Estado de la Nueva Granada al Congreso en la sesión de 1833-23o. (Apartes)

Foreign Office (Board of Trade) to William Turner. London, 29 March 1833. Correspondence with Mr. Turner respecting the exemption from the 5 per cent Import Duty in favour of the United States shipping. Proposal of Colombian Government to make a new treaty

Foreign Office (Board of Trade) al señor Turner. Londres, 29 de marzo de 1833. Correspondencia con el señor Turner relativa a la exención del 5 por ciento en el arancel de importación en favor del comercio de los Estados Unidos. Propuesta del gobierno colombiano de efectuar un nuevo tratado

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 12. Bogota, 7 April 1833. Answers of the Granadian Legislature to the Message of the President, and of the Government of the Equator to the proposal of sending plenipotentiaries.

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 12 Bogotá, 7 de abril de 1833. Respuestas de la legislatura granadina al mensaje presidente, y del gobierno del Ecuador a la propuesta de enviar plenipotenciarios

ANEXO

Respuesta del Senado (fragmento)

Office of Committee of Privy Council for Trade, Whitehall, to Sir George Shee. London, 1st May 1833. Opinion on the change proposed by the Colombian Government in the Treaty between Great Britain and Colombia

Oficina del Comité del Consejo Privado para el Comercio, Whitehall, a sir George Shee. Londres, l° de mayo de 1833. Opinión sobre los cambios propuestos por el gobierno colombiano en el tratado entre Gran Bretaña y Colombia

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 21. Bogota, 6 July 1833. Practical refusal of the Government and Congress of New Granada to give sufficient notice to European trade of its commercial laws

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 21. Bogotá, 6 de julio de 1833. Práctico rechazo del gobierno y el Congreso de la Nueva Granada a dar notificación suficiente al comercio europeo de sus leyes comerciales

ANEXOS

1. Copy of a note from William Turner to señor Vélez, dated Bogotá, 20 March 1833

1. Copia de una nota de William Turner al señor Vélez, fechada en Bogotá el 20 de marzo de 1833

2. Copia de una nota del señor J. Rafael Mosquera a William Turner fechada en Bogotá el 22 de junio de 1833

3. Copy of a note from Mr. Turner to J. Rafael Mosquera dated Bogotá, 24 June 1833

3. Copia de una nota del señor Turner a J. Rafael Mosquera fechada en Bogotá el 24 de junio de 1833

4. Copias de extractos de las Actas del Consejo de Estado Granadino, fechadas en Bogotá el 8 y 10 de junio de 1833

5. Copy of a note from Mr. Turner to señor J. Rafael Mosquera, dated Bogotá, 1st July 1833

5. Copia de una nota del señor Turner a J. Rafael Mosquera, fechada en Bogotá el lo. de julio de 1833

6. Copia de una nota de J. Rafael Mosquera a William Turner fechada en Bogotá el 5 de julio de 1833

William Turner to Sir George Shee. Private. Bogota, 7 July 1833. Respecting sufficient notice being given to alterations in the commercial laws of New Granada. Intrigues of the French Chargé d'Affaires

William Turner a sir George Shee. Privado. Bogotá, 7 de julio de 1833. Referente a la suficiente notificación dada sobre alteraciones en las leyes comerciales de la Nueva Granada. Intrigas del Chargé d'Affaires francés

Powles, Illingworth, Wills and others to Viscount Palmerston. Bogota, 8 July 1833. Complaining of the commercial regulations of New Granada

Powles, Illingworth, Wills y otros al vizconde Palmerston. Bogotá, 8 de julio de 1833. Quejándose de las reglamentaciones comerciales de la Nueva Granada

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 25. Bogota, 8 August 1833. Attempt to overthrow the Granadian Government and its failure

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 25. Bogotá, 8 de agosto de 1833. Intento de derribar al gobierno granadino y su fracaso

ANEXO

Un militar: "Los extranjeros y ciudadanos granadinos imparciales que nos observan", Bogotá, Imprenta de N. Lora, año de 1833. Folleto

Extract of a letter from Mr. Edward P. Watts dated Carthagena, 9 August 1833 to Consul Watts, and papers detailing a conspiracy against General Santander on the night of 23 July 1988

Fragmento de una carta del señor Edward P. Watts fechada en Cartagena el 9 de agosto de 1833 al Cónsul Watts, y documentos que detallan una conspiración contra el general Santander en la noche del 23 de julio de 1833

ANEXOS

1. "Conspiración del 23 de julio", en El Cachaco de Bogotá, Bogotá, No. 10, 28 de julio de 1833, p. 1

2. "Regreso de los asesinatos en el reinado de las leyes", Bogotá, Imprenta de N. Lora, año de 1833. Folleto

Letter to Mr. Watts from Mr. McPherson, the American Consul at Carthagena, dated 25 August 1833. State of affairs in the country. His participation in Colonel Hand's escape. Recent outrages at Carthagena

Carta al señor Watts del señor McPherson, Cónsul americano en Cartagena, fechada el 25 de agosto de 1833. Estado de cosas en el país. Su participación en la fuga del coronel Hand. Recientes atropellos en Cartagena

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No.30. Bogota, 10 October 1833. Escape of Colonel Hand

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No.30. Bogotá, 10 de octubre de 1833. Fuga del coronel Hand

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 31. Bogota, 6 November 1833. Execution of some of the Prisoners condemned for the conspiracy of 23 July last

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 31. Bogotá, 6 de noviembre de 1833. Ejecución de algunos de los prisioneros condenados por la conspiración del 23 de julio último

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 32. Bogota, 6 November 1833. Decree for improving the coinage of New Granada

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 32. Bogotá, 6 de noviembre de 1833. Decreto para mejorar la amonedación en la Nueva Granada

ANEXOS

1. "Resolución", Secretaría del despacho de Hacienda, fechada en Bogotá el lo. de octubre de 1833

2. "Copia del decreto que se ha fijado en la Casa de Moneda

Pro Consul Ayton to Viscount Palmerston. Dispatch No. 6 Carthagena, 18 December 1833. Proceedings of the French Admiral off Carthagena, and his demands for reparation of the insult offered to the French Consul. Consequences to Colombia

Procónsul Ayton al vizconde Palmerston. Despacho No. 6 Cartagena, 18 de diciembre de 1833. Actos del almirante francés en Cartagena y sus demandas de reparación del insulto contra el cónsul francés. Consecuencias para Colombia

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 5. Bogota, 27 February 1834. Answer of Granadian Government to Mr. Turner's note complaining of want of notice in issuing the Tariff

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 5. Bogotá, 27 de febrero de 1834. Respuesta del gobierno granadino a la nota del señor Turner quejándose por la falta de notificación en la promulgación del arancel

ANEXOS

1. Copia de la respuesta del gobierno granadino a la nota del señor Turner

2. Copia de una nota del señor Pombo al señor Turner fechada en Bogotá el 25 de febrero de 1834

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 7. Bogota, 27 March 1834. Proposal of Granadian Government to conclude with Great Britain a Consular Convention. State of affairs

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 7. Bogotá, 27 de marzo de 1834. Propuesta del gobierno granadino para concertar con Gran Bretaña una convención consular. Estado de cosas

ANEXO

Copia de una nota del señor Pombo al señor Turner relativa a la convención consular

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No.8. Bogota, 27 March 1834. Meeting of the Granadian Congress on 2nd March. President's Message to Congress

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No.8. Bogotá, 27 de marzo de 1834. Sesión del Congreso granadino el 2 de marzo. Mensaje del presidente al Congreso

William Turner to Viscount Palmerston. Separate and confidential. Bogota, 30 March 1834. Difficulties resulting from the reception of His Majesty's letter announcing the birth of a Princess to Her Royal Highness the Duchess of Cambridge

William Turner al vizconde Palmerston. Separado y confidencial. Bogotá, 30 de marzo de 1834. Dificultades motivadas por la recepción de la carta de su Majestad anunciando el nacimiento de una princesa de su alteza real la duquesa de Cambridge

ANEXOS

1. Copy of Mr. Turner's note to Mr. Pombo

1. Copia de la nota del señor Turner al Señor Pombo

2. Copia de la respuesta del señor Pombo al señor Turner

3. Copia de la nota privada del señor Pombo al señor Turner

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 15. Bogota, 30 April 1834. State of affairs

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 15. Bogotá, 30 de abril de 1834. Estado de cosas

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 20. Bogota, 29 May 1834. Election of new Archbishop of Bogota. Close of sessions of Granadian Congress

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 20. Bogotá, 29 de mayo de 1834. Elección del nuevo arzobispo de Bogotá. Cierre de sesiones del Congreso granadino

The Chairman of the Committee of Holders of Colombian Bonds to Viscount Palmerston. London, 14 June 1834. Requests that new Instructions may be sent to Mr. Turner respecting the debt of Colombian to English subjects

El presidente del Comité de Tenedores de Bonos Colombianos al vizconde Palmerston. Londres, 14 de junio de 1834. Solicita que se envíen nuevas instrucciones al señor Turner sobre la deuda de Colombia a súbditos ingleses

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 23. Bogota, 26 June 1834. Acknowledges Lord Palmerston's dispatch No. 2 transmitting correspondence respecting Falkland Islands

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 23. Bogotá, 26 de junio de 1834. Acusa recibo del despacho No. 2 de Lord Palmerston transmitiendo correspondencia referente a las islas Malvinas

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 24. Bogota, 26 June 1834. New law for levy of Import duties

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 24. Bogotá, 26 de junio de 1834. Nueva ley para la exacción de aranceles de importación

ANEXO

Copia de la nueva ley de importaciones (Apartes)

Viscount Palmerston to William Turner. Dispatch No. 8. Foreign Office, 19 July 1834. Respecting Consular Convention proposed by Granadian Government

El vizconde Palmerston al señor Turner. Despacho No. 8. Londres, 19 de julio de 1834. Referente a la convención consular propuesta por el gobierno granadino

Viscount Palmerston to William Turner (draft). Dispatch No.9 Foreign Office, 19 July 1834. To make a fresh representation to the Government of New Granada in favour of the Colombian Bondholders

El vizconde Palmerston al señor Turner (borrador). Despacho No.9. Oficina de Relaciones Exteriores, 19 de julio de 1834. Hacer una nueva representación al gobierno de la Nueva Granada en favor de los tenedores de bonos de Colombia

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 34. Bogota, 28 August 1834. Proposed Convention for settling the Foreign debt of the late Republic of Colombia

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 34. Bogotá, 28 de agosto de 1834. Convención propuesta para liquidar la deuda externa de la antigua República de Colombia

ANEXOS

1. Copy of Mr. Turner's note to Señor Pombo dated 21 August 1834

1. Copia de la nota del señor Turner al señor Pombo fechada el 21 de agosto de 1834

2. Copia de la respuesta del señor Pombo fechada el 21 de agosto de 1834

William Turner to Sir George Shee. Private. Bogota, 24 September 1834. Resolutions passed against Mr. Ayton, the Pro Consul at Carthagena. Vexatious nature of the complaints. Character of the complainants [Character of the British Merchants]

William Turner a Sir George Shee. Privado. Bogotá, 24 de septiembre de 1834. Resoluciones expedidas contra el señor Ayton, procónsul en Cartagena. Naturaleza vejatoria de las demandas. Carácter de los demandantes [carácter de los comerciantes británicos]

ANEXO

Resolutions of the British merchants at Carthagena

Resoluciones de los comerciantes británicos en británico

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 35. Bogota, 25 September 1834. Refusal of Granadian Government to afford compensation for violent acts of its agents without the sentence of a tribunal

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 35. Bogotá, 25 de septiembre de 1834. Negativa del gobierno granadino de proporcionar compensación por los actos violentos de sus agentes sin la sentencia de un tribunal

ANEXOS

1. Copy of Mr. Turner's note to Señor Pombo, dated Bogota 5 July 1834

1. Copia de la nota del señor Turner al señor Pombo fechada en Bogotá el 5 de julio de 1834

2. Copia de la respuesta del señor Pombo a la nota del señor Turner de 16 de julio de 1834

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No.37. Bogota, 2 October 1834. Acknowledges Lord Palmerston's Dispatch No. 7 on His Majesty's letter announcing the birth of a Princess

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No.37. Bogotá, 2 de octubre de 1834. Acusa recibo del despacho No. 7 de lord Palmerston sobre la carta de su Majestad anunciando el nacimiento de una princesa

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 41. Bogota, 30 October 1834. Renewed attempt of General Sardá to effect a revolution, and death of that officer

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 41. Bogotá, 30 de octubre de 1834. Nueva tentativa del general Sardá de efectuar una revolución, y muerte de ese oficial

William Turner to J. Backhouse Esq. Bogota, 27 November 1834. Answer to Mr. Backhouse's circular requiring proportion of alloy in current coins of New Granada

William Turner a J. Backhouse Esqu. Bogotá, 27 de noviembre de 1834. Respuesta a la circular del señor Backhouse preguntando sobre la proporción de la aleación en las monedas que circulan en la Nueva Granada

ANEXO

Assay of 4 ounces of Colombia, and list of coins accompanying the dispatch

Ensaye de 4 onzas de Colombia, y lista de monedas que acompañan el despacho

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 45. Bogota, 25 December 1834. Continuance of civil war in the Equator. State of affairs in Bogota

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 45. Bogotá, 25 de diciembre de 1834. Continuación de la guerra civil en el Ecuador. Estado de cosas en Bogotá

William Turner to Viscount Palmerston. Separate and confidential. Bogota, 29 January 1835. Convention concluded between the Republic of Venezuela and the Republic of New Granada, for the acknowledgement and division of the active and passive credits of Colombia

William Turner al vizconde Palmerston. Separado y confidencial. Bogotá, 29 de enero de 1835. Convención acordada entre la República de Venezuela y la República de la Nueva Granada para el reconocimiento y división de los créditos activos y pasivos de Colombia

William Turner to the Duke of Wellington. Dispatch No. 12 Bogotá, 18 June 1835. Encloses law of Granadian Congress, decreeing burying grounds with chapels in them to foreigners non Catholics

William Turner al duque de Wellington. Despacho No. 12 Bogotá, 18 de junio de 1835. Incluye ley del Congreso granadino, decretando cementerios con capillas en ellos para los extranjeros no católicos

ANEXO

Decreto concediendo terrenos para cementerios de extranjeros no católicos

William Turner to the Duke of Wellington. Dispatch No. 13. Bogotá, 18 June 1835. Conditional grant of free trade to Panama and Portobelo, and law granting permission to Baron Thierry to unite the Atlantic and Pacific Oceans by a canal

William Turner al duque de Wellington. Despacho No. 13. Bogotá, 18 de junio de 1835. Concesión condicional de libre comercio a Panamá y Portobelo, y ley otorgando permiso al barón Thierry para unir los océanos Atlantico y Pacífico por un canal

ANEXO

"Decreto concediendo privilegio para la apertura de un canal fluvial por el Istmo de Panamá

William Turner to the Duke of Wellington. Separate and confidential. Bogotá, 18 June 1835. The Granadian Congress has not sanctioned the Convention with Venezuela respecting the debts of Colombia

William Turner al duque de Wellington. Separado y confidencial. Bogotá, 18 de junio de 1835. El Congreso granadino no ha sancionado la convención con Venezuela referente a las deudas de Colombia

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 22. Bogotá, 17 September 1835. Revolution in Venezuela

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 22. Bogotá, 17 de septiembre de 1835. Revolución en Venezuela

William Turner to Viscount Palmerston. Separate. Bogotá, 19th November 1835 Proceedings of Granadian Government inconsequence of a fire in William Turner's house

William Turner al vizconde Palmerston. Separado. Bogotá, 19 de noviembre de 1835 Proceder del gobierno granadino como consecuencia de un incendio en la casa de William Turner

W.Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 2. Bogotá, 14 January 1836. Claims of Mr. Mac Kintosh, Mrs. Skeene and Mr. Hodginson

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 2. Bogotá, 14 de enero de 1836. Demandas del señor Mc Kintosh, la señora Skeene y el señor Hodginson

William Turner to Viscount Palmerston, Dispatch No. 7. Bogotá, 18 March 1836. President's message to the Congress of 1836

William Turner al vizconde Palmerston, Despacho No. 7. Bogotá, 18 de marzo de 1836. Mensaje del presidente al Congreso of 1836

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 8. Bogotá, 25 March 1836. Discussions in Congress. The President charged with an unconstitutional act. Resignation of the ministers

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 8. Bogotá, 25 de marzo de 1836. Discusiones en el Congreso. El presidente acusado de un acto inconstitucional. Renuncia de los ministros

William Turner to Viscount Palmerston, dispatch No. 12. Bogotá, 21 April 1836. Result of discussion between the President and Housse of Representatives respecting manner of negotiating the Treaty with Venezuela on Colombia debt. Intrigues of both parties

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 12. Bogotá, 21 de abril de 1836. Resultado de las discusiones entre el presidente y la Cámara de Representantes relativas a la manera de negociar el tratado con Venezuela sobre la deuda colombiana. Intrigas de ambos partidos

William Turner to Viscount Palmerston. Separate. Bogotá, 21 April 1836. Rejection of Venezuela Convention for settlement of Colombian debt. Intrigues

William Turner al vizconde Palmerston. Separado. Bogotá, 21 de abril de 1836. Rechazo de la convención venezolana para la liquidación de la deuda colombiana. Intrigas

TOMO II

William Turner to Viscount Palmerston, Dispatch No. 17. Bogotá, 19 May 1836. Return to office of señores Pombo and Soto

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 17. Bogotá, 19 de mayo de 1836. Regreso al cargo de los señores Pombo y Soto

William Turner to Viscount Palmerston. Separate. Bogotá, 21 June 1836. Law for the support of the public credit of New Granada appropriating funds for the payment of the Bondholders

William Turner al vizconde Palmerston. Separado. Bogotá, 21 de junio de 1836. Ley en apoyo de la deuda pública de la Nueva Granada apropiando fondos para el pago a los tenedores de bonos

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 26. Bogotá, 20 October 1836. Correspondence with the Governments of Venezuela and the Equator respecting Convention for the division of the debt of Colombia

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 26. Bogotá, 20 de octubre de 1836. Correspondencia con los gobiernos de Venezuela y el Ecuador con respecto a la Convención para la división de la deuda de Colombia

ANEXO

"Extracto de la Gaceta Oficial de Quito del 17 de septiembre de 1836"

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 27. Bogotá, 20 October 1836. Correspondence between New Granada and Venezuela respecting their Treaty of Commerce, Navigation and Limits

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 27. Bogotá, 20 de octubre de 1836. Correspondencia entre la Nueva Granada y Venezuela con respecto a su Tratado de Comercio, Navegación y Límites

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 30. Bogotá, 24 November 1836. Answer of Granadian Government to renewed representations respecting claims of Colombian Bondholders. Correspondence on French Claims

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 30. Bogotá, 24 de noviembre de 1836. Respuesta del gobierno granadino a las nuevas representaciones con respecto a las reclamaciones de los tenedores de bonos colombianos. Correspondencia sobre las reclamaciones francesas

ANEXOS

1. Copy of a note from Mr. Turner to Señor Pombo, dated Bogotá, 7 November 1836

1. Copia de una nota del señor Turner al señor Pombo, fechada en Bogotá, 7 de noviembre de 1836

2. Copia de una nota del señor Pombo al señor Turner fechada en Bogotá, 17 de noviembre de 1836

William Turner to Viscount Palmerston, Dispatch No. 13. Bogotá, 30 March 1837. Sr. Marquez elected President of New Granada

William Turner al vizconde Palmerston, Despacho No. 13. Bogotá, 30 de marzo de 1837. El señor Márquez elegido presidente de la Nueva Granada

William Turner to Viscount Palmerston. Dispatch No. 26. Bogotá, 25 May 1837. Treaty for the settlement of the debts of Colombia sanctioned by the Legislatures of New Granada and the Equator

William Turner al vizconde Palmerston. Despacho No. 26. Bogotá, 25 de mayo de 1837. Tratado para la liquidación de las deudas de Colombia sancionado por las legislaturas de la Nueva Granada y el Ecuador

William Pitt Adams to Viscount Palmerston, Dispatch No. 24. Bogotá, 22 June 1838. Close of the session of Congress. Bill for repealing differential duties not passed. State of affairs

William Pitt Adams al vizconde Palmerston, Despacho No. 24. Bogotá, 22 de junio de 1838. Clausura de las sesiones del Congreso. No pasó el proyecto de ley que revocaba los aranceles diferenciales. Estado de cosas

Pro Consul Joseph Ayton to John Bidwell Esqre., Superintendent of the Consular Service. Dispatch No. 14. Carthagena, 14 May 1840. Generals Noguera and España have accepted the amnesty offered by General Herran. Probable death of General Santander will be a great misfortune to the country. Election of President in March next will probably excite party feeling

Procónsul Joseph Ayton al señor John Bidwell, superintendente del Servicio Consular. Despacho No. 14. Cartagena, 14 de mayo de 1840. Los generales Noguera y España han aceptado la amnistía ofrecida por el general Herrán. Probable muerte del general Santander sería una gran desgracia para el país. Elección de presidente en marzo próximo probablemente despertará sentimientos partidistas

William Pitt Adams to Viscount Palmerston. Dispatch No. 24. Bogotá, 28 May 1840. Death of General Santander

William Pitt Adams al vizconde Palmerston. Despacho No. 24. Bogotá, 28 de mayo de 1840. Muerte del general Santander

William Pitt Adams to Viscount Palmerston. Dispatch No. 61. Bogotá, 28 December 1840. Political state and prospects of New Granada

William Pitt Adams al vizconde Palmerston. Despacho No. 61. Bogotá, 28 de diciembre de 1840. Situación política y perspectivas de la Nueva Granada


TOMO I

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 31

Arrival in the United States of General Santander.

Bogotá, 6th January 1832

My Lord,

   I have the honour to enclose herewith copies of two letters of the 8th and 16th ultimo2 addressed by the Minister of Foreign Relations of this State to the Minister of the same in Venezuela, and published in the Bogotá Gazette of the 11 th and 22nd Ultimo, inviting the Government of Venezuela to name commissioners who should treat with the New Granadian Government on the nature and terms of their future union, and on the settlement of such affairs as are common to both States.

   No doubt is entertained here of the acceptance by Venezuela of this invitation; but considerable speculation is excited on the terms in which the negotiators will settle such an union between their respective countries as will be at all likely to present a probability of permanence and Peace.

   I may add, as relevant to this subject, the only new event that has occurred since I addressed your Lordship in my dispatches of last month, the arrival in the United States of General Santander. That officer has announced his intention to return to his country, and his coming is generally looked for by the inhabitants of this capital as affording the best chance of reconciling party differences and consolidating public tranquillity.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble Servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/90/fos. 33RH-34RH.
2Not included in this volume.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 31

Llegada a los Estados Unidos del General Santander.

Bogotá, 6 de enero de 1832

Su señoría:

   Tengo el honor de adjuntar las copias de dos cartas del 8 y el 16 del pasado mes2, dirigidas por el ministro de Relaciones Exteriores de este Estado al ministro del mismo despacho de Venezuela y publicadas en la Gaceta de Bogotá del 11 y el 22 últimos, invitando al gobierno de Venezuela a designar comisionados para discutir con el gobierno neogranadino la naturaleza y condiciones de su futura unión y la solución de los asuntos comunes a ambos estados.

   No se abriga aquí ninguna duda sobre la aceptación por parte de Venezuela de tal invitación; pero se ha suscitado considerable especulación sobre los términos dentro de los cuales los negociadores acordarán dicha unión entre sus respectivos países de modo que pueda ofrecer alguna posibilidad de permanencia y paz.

   Quisiera agregar, como aspecto relevante en esta materia, el único hecho nuevo ocurrido desde que me dirigí a su Señoría en mis despachos del mes pasado: la llegada a los Estados Unidos del general Santander. Dicho oficial ha anunciado su intención de regresar a su país, y su llegada es vista por parte de los habitantes de esta capital como la mejor oportunidad de reconciliar las diferencias de partido y consolidar la tranquilidad pública.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office. Londres. FO IX 90 fos. 33RH-34RH.
2No se incluyen en este volumen.

ROBERT SUTHERLAND TO JOHN BIDWELL1

Expressing his decided approbation of the separation of Colombia into three distinc t States.

Literary Club

February 7 1832

Sir,

   I beg leave to express my decided approbation of the separation of Colombia into three distinct States.

   If we had a Prince to give these States, I doubt not but it would be possible to federate the States of Haiti, Venezuela, New Granada, Ecuador, Peru and Bolivia under a British Prince, upon the principle of Holland, under the Statholden. As England has no Prince to give. I presume it to be our duty to take care that no European nation inimical to our views, and hostile to our interests, assume the government of these States, as well as to avoid the opposite alternative of permitting the United States of North America to possess an undue influence in the New World.

   The course I would now humbly suggest to meet either of the above contingencies, would be, the acquiescence on the part of His Majesty's Government in the plan adopted by these States, and to prefer the principle of each State possessing a separate Executive and Legislative branch, to the union of the three States of Colombia under one President, upon the principle of the United States of North America, as this form of government would give them an ascendency only friendly to our interests so long as the United States might think is convenient.

   To thwart this, I would prefer the separate and distinct States, and they themselves will accord the Chief Magistrate of the State, which may be attached externally or internally the command of the United Forces within the boundary of his own State.

   If proper measures are now pursued and followed up, these States will improve, and they are likely to become agricultural, rational and commercial.

   I beg leave also to remind you that, the Chief Magistrates of all the above mentioned States with the exception of that of New Granada (which is only a temporary exception) are all sprung from the oppressed classes of the Spanish Regime.

   "Born under auspices which make them more or less than they delight to ponder o'er".

   I feel myself bound to note the fact that great caution may be used by His Majesty's agents accredited to these States, in not preaching a constant crusade against these men, and recreate all the sanguinary scenes of a new revolution ?give England the character of a hypocrite in the New World, destroy our political and commercial influence, and let other nations wear the laurel which England is alone entitled to.

   I would humbly recommend that all the measures of amelioration of the condition of the oppressed classes in His Majesty's Colonies, be officially communicated to His Majesty's agents in South America and through them, to the local authorities.

I have the honour to be,
Sir
Your Most obedient
humble servant,

Robert Sutherland.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18 93 fos. 39RH-42LH.

ROBERT SUTHERLAND A JOHN BIDWELL1

Expresa su decidida aprobación de la separación de Colombia en tres Estados distintos.

Club Literario

7 de febrero de 1832

Señor:

   Solicito licencia para expresar mi decidida aprobación de la separación de Colombia en tres estados distintos.

   Si tuviéramos un príncipe que dar a estos Estados no dudo que sería posible confederar a los Estados de Haití, Venezuela, Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia bajo un príncipe británico según el modelo de Holanda, bajo el Statholden. Pero como Inglaterra no tiene ningún príncipe que proporcionar, presumo que será nuestro deber cuidarnos de que ninguna nación europea enemiga de nuestras opiniones y hostil a nuestros intereses asuma el gobierno de estos estados, y así mismo evitar la alternativa opuesta de permitir que los Estados Unidos de Norteamérica posean una indebida influencia en el Nuevo Mundo.

   La línea de conducta que humildemente sugiero para enfrentar cualquiera de las anteriores dificultades sería consentir, por parte del gobierno de su majestad, en el plan adoptado por estos estados y preferir el principio de que cada estado posea ramas ejecutivas y legislativas separadas, a la unión de los tres estados de Colombia bajo un presidente, según el modelo de los Estados Unidos de Norteamérica, pues esta forma de gobierno les daría cierto ascendiente que sólo puede ser amistoso hacia nuestros intereses hasta donde los Estados Unidos lo crean conveniente.

   Para impedirlo, yo preferiría la organización de estados distintos y separados, que por sí mismos acordarían quién sería el Primer Magistrado del Estado, a quien se puede encomendar, externa o internamente, el comando de las fuerzas unidas dentro de los límites de su propio Estado.

   Si se imponen ahora y se continúan aplicando medidas adecuadas, estos estados mejorarán, con la probabilidad de convertirse en estados agrícolas, racionales y comerciales.

   Ruego licencia también para recordar a usted que los Primeros Magistrados de todos los estados arriba mencionados, con la excepción de la Nueva Granada (que es sólo una excepción temporal) proceden todos de las clases oprimidas del régimen español.

   "Nacidos bajo auspicios que los hacen más o menos de lo que les complace imaginar".

   Me siento obligado a anotar el hecho de que los agentes de su majestad acreditados en estos estados deben tener gran cuidado en no predicar una constante cruzada contra estos hombres y re-crear todas las sangrientas escenas de una nueva revolución, dando a Inglaterra el carácter de hipócrita en el Nuevo Mundo, destruyendo nuestra influencia política y comercial, y dejando a otras naciones ceñir el laurel al cual sólo Inglaterra tiene derecho.

   Humildemente recomendaría que todas las medidas para mejorar las condiciones de las clases oprimidas de las colonias de su majestad se comuniquen oficialmente a los agentes de su majestad en Sur América, y por su intermedio a las autoridades locales.

   Tengo el honor de ser,
   Señor
   Su más obediente
   y humilde servidor,

Robert Sutherland.


NOTA
1 Public Record Office, Londres, FO 18/93/fos. 39RH-42LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 18l

State of affairs. General Santander elected President; Sr. Marquez Vice President. Ministry. Military force.

Bogotá, 14th April 1832

My Lord,

   The Convention of New Granada terminated its sittings on the 31st ultimo, after completing the Constitution and organic laws of the new State. It has left unsettled a considerable mass of important business, and has squandered upon trifling, and even personal subjects no small portion of that time the want of which it has alleged as an excuse for neglecting some vital questions of domestic legislation and Foreign Relations.

   The Constitution has been sworn to and read publicly with the usual ceremonies, which excited no enthusiasm in the inhabitants of the capital.

   As soon as the Constitution was completed, the Convention elected (on the 9th ultimo) the new President and Vice President of the State. General Santander was chosen President at the first voting by majority of 49 votes out of 63 deputies who composed the Convention. The struggle for the Vice Presidency was severe between General Obando and señor Márquez. In the first voting the advantage was decidedly in favour of the former, but the friends of the latter struggled with such perseverance that on the 15th scrutiny he had a majority of 62 votes over 20 for General Obando, and was accordingly elected.

   Señor Márquez is the individual whose character is described in my dispatch No. 11 to the Earl of Aberdeen of 14th May 1830. He was then organizing the scheme from which he has never since swerved, of effecting the separation of the Republic, in which, while united, he could not attain the elevation to which he aspired, and though his labours have tended to the ruin of his country, he is not less considered by this blinded people as one of her most enlightened and meritorious patriots.

   The usual modest doubts of capacity for the post and fulsome compliments passed on this occasion, and the parties attributed to each other virtue, patriotism, courage and learning to an extent which no one who knows the country had supposed to exist in it before.

   I took an early opportunity of paying my respects to the Vice President, who received me courteously, and expressed his anxious desire to secure to His Majesty's subjects the protection and rights stipulated by Treaty. His Excellency informed me that the new President (to whom a commission has been sent to announce his appointment) may be expected in this capital about the end of July.

   I look to the arrival of General Santander as affording the last chance of reparation being rendered by this Government, without compulsion, for the grievances of its foreign allies: I ought not to disguise from your Lordship that the party now in power here entertains a strong idea that a monarchy can never be the friend of a Republic: this idea has been sedulously encouraged by the American Minister here, who is a violent anti-monarchist, and who is not very scrupulous as to the means (means made effectual by the inconceivable ignorance of this people) by which he renders impopular the natives of other countries than his own, and even those of his countrymen who differ from his opinions.

   The ministry appointed by señor Márquez consists of señor Velez (who after the breaking up of Congress returned to the office of Interior and Foreign Relations), of General Caycedo, who is temporarily established in the ministry of Finance, during the absence on leave of señor Soto who has been named to occupy it, of General López, who, on the arrival of General Obando in Popayán, is immediately to return here as Minister of War, and of señor Vicente Azuero (who was Minister of the Interior last year in the Government of señor Mosquera) the President of the Council of State. The three influential members of the Government, señores Márquez, Azuero and Vélez, who, though much looked up for the talent here, are men of little principle, low breeding and limited capacity, are strongly partial to the institutions and people of the United States, so that Englishmen must expect little favour during their administration, and we can only look to the arrival of General Santander as affording a chance of a revival of our fair share of influence.

   The Convention has passed an act of amnesty in favour of those who acted, and of those who have suffered for acting, against the present Government, authorizing the Executive to permit the latter, where it thinks it safe, to return to their homes. The theory of this decree does credit to the Government, at whose instigation it was passed, but the execution of it is rendered in all cases difficult, and in some impossible, by the want of means of most of its objects to defray the heavy travelling expenses that would attend their return to the interior of the country.

   Another act of the Convention was a decree abolishing, as being degrading, the personal contributions of the Indians of New Granada hitherto levied, and ordering a distribution of lands among them, for the produce of which they are to pay taxes like the other inhabitants of the State. The impolicy of this law will probably occasion its speedy revocation; for such is the indolence and apathy of the Indians of this country that no stimulus will urge them to further labour than is indispensable to produce a sufficiency for their simple wants. The Convention has also decreed that the military force to be kept on foot for the present year shall be limited to 3.880 men, to be increased at the discretion of the Executive to 8.000 in case of internal commotion or civil war, and to 12.000 in case of foreign invasion. This law, if observed and persevered in, will be highly beneficial to the country, the greater part of whose disturbances had arisen from the discontent of its unpaid military, or from the ambition of their officers.

   It has also decreed a new organization of the department of Finance, and a new system of collecting the revenues arising from tobacco.

   The ArchBishop of this metropolis has died lately at an advanced age. The Government does not, I hear, intend to appoint a successor for the present, and in the interin applies the appointments of the See. 60.000 dollars (about 12.000 pounds per annum) to the necessities of the State.

   On the 4th instant, the day after I received the note transmitting the new Constitution enclosed in my dispatch No. 14 by this post, wherein was expressed the confidence of this Government that their country would witness no more disturbances, a conspiracy was detected in this capital, for organizing a guerilla party in its neighbourhood. It has not been discovered or has not transpired whether the object was the overthrow of the present Government, or only plunder, but, although the plot was confined to a few needy adventurers who were arrested and imprisoned, It serves to know the little hope of permanent tranquillity held out to this unhappy country by the disposition of its inhabitants.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
    My Lord,
    Your Lordship's Most obedient,
    humble servant,

W. Turner.



NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/93/fols. 56RH-58RH

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 181

Estado de cosas. El general Santander elegido presidente; el señor Márquez vicepresidente. Ministerios. Fuerza militar.

Bogotá, 14 de abril de 1832.

Su Señoría:

   La Convención de la Nueva Granada concluyó sus sesiones el 31 del mes pasado, luego de promulgar la Constitución y las leyes orgánicas del nuevo Estado. La Convención ha dejado sin solucionar una cantidad considerable de asuntos importantes y ha malgastado en temas insignificantes y aún personales no poca proporción de tiempo, la falta del cual se ha alegado como excusa para el descuido de cuestiones vitales de la legislación doméstica y las relaciones exteriores.

   Se ha jurado y leído públicamente la Constitución con las ceremonias de costumbre, que no suscitan entusiasmo entre los habitantes de la capital.

   Tan pronto como se promulgó la Constitución, la Convención eligió (el 9 del mes anterior) al nuevo presidente y vicepresidente del Estado. Se escogió al general Santander como presidente en la primera votación por mayoría de 49 votos entre los 63 diputados que componían la Convención. La contienda por la vicepresidencia fue severa entre el general Obando y el señor Márquez. En la primera votación la ventaja estuvo decididamente en favor del primero, pero los amigos del último lucharon con tal perseverancia que en el escrutinio del 15 tenía una mayoría de 62 votos sobre 20 del general Obando, y de acuerdo con ello resultó electo.

   El carácter del señor Márquez se describe en mi despacho No. 11 al conde de Aberdeen del 14 de mayo de 1830. Entonces el señor Márquez se encontraba organizando un proyecto del cual nunca se ha alejado, el de efectuar la separación de la República, en la cual, si permaneciera unida, él no podría alcanzar las alturas a las que aspira, y pese a que sus obras se han inclinado hacia la ruina de su país, ésta enceguecida gente no deja de considerarlo como uno de sus más ilustres y meritorios patriotas.

   Se expresaron las acostumbradas dudas de modestia en cuanto a la capacidad para el cargo y los excesivos cumplidos, y los partidos se atribuyeron mutuamente virtudes, patriotismo, coraje y saber hasta un grado que nadie que conozca este país habría imaginado que existiera.

   Aproveché la primera oportunidad de presentar mis respetos al vicepresidente, quien me recibió con cortesía y expresó su ansioso deseo de asegurar a los súbditos de su Majestad la protección y los derechos estipulados por tratado. Su Excelencia me informó que el nuevo presidente (a quien se había enviado una comisión para anunciarle el nombramiento) podría llegar a esta capital hacia fines de julio.

   Veo el arribo del general Santander como la última oportunidad para que este gobierno ofrezca satisfacción, sin ser compelido a ello, por los agravios a sus aliados extranjeros. No puedo ocultar a su señoría que el partido actualmente en el poder mantiene la profunda convicción de que una monarquía nunca podrá ser amiga de una república. Esta idea ha sido diligentemente estimulada por el ministro americano, un violento antimonarquista que no tiene muchos escrúpulos en cuanto a los medios (que se hacen efectivos por la inconcebible ignorancia de esta gente) por los cuales hace impopulares a los nativos de países distintos al suyo, y aún a sus paisanos que discrepan de sus opiniones.

   Los ministros nombrados por el señor Márquez son el señor Vélez (quien luego de la clausura del Congreso regresó a la oficina del Interior y Relaciones Exteriores), el general Caycedo, temporalmente a cargo de la secretaría de Hacienda durante la ausencia del señor Soto, quien ha sido nombrado para ocuparla, del general López, quien, a la llegada del general Obando a Popayán regresará inmediatamente aquí como secretario de Guerra, y del señor Vicente Azuero (secretario de Gobierno el año pasado en el gobierno de señor Mosquera), presidente del Consejo de Estado. Los tres miembros influyentes del gobierno, señores Márquez, Azuero y Vélez, quienes, pese a ser muy admirados por su talento son hombres de pocos principios, escasa educación y capacidades limitadas, son extraordinariamente afectos a las instituciones y al pueblo de los Estados Unidos, de modo que los ingleses podemos esperar muy poco en nuestro favor de parte suya durante su administración, y sólo podemos aspirar a que la llegada del general Santander nos proporcione la oportunidad de revivir nuestra parte de influencia.

   La Convención aprobó una ley de amnistía en favor de quienes han ejecutado actos y quienes han sufrido por haberlos ejecutado, en contra del presente gobierno, autorizando al Ejecutivo para permitir a estos últimos, cuando lo considere prudente, regresar a sus hogares. La teoría de este decreto le da crédito al gobierno, gracias a cuya presión fue aprobado, pero su ejecución se hace en todos los casos difícil y en algunos imposible por la falta de medios por parte de la mayoría de sus beneficiarios para sufragar los elevados gastos de viaje que significaría su regreso al interior del país.

   Otro acto aprobado por la Convención fue un decreto aboliendo, por ser degradantes, las contribuciones hasta ahora impuestas a los indios de la Nueva Granada y ordenando una distribución de tierras entre ellos, por cuyos productos deben pagar impuestos como los otros habitantes del Estado. La falta de criterio político de esta ley probablemente ocasionará su rápida revocatoria, pues tal es la indolencia y apatía de los indios de este país que ningún estímulo los impulsará a un trabajo mayor que el indispensable para producir lo suficiente para sus elementales necesidades. La Convención también ha decretado que la fuerza militar que se mantenga en pie durante el año que corre se limite a 3.880 hombres, siendo aumentada a discreción del Ejecutivo a 8.000 en caso de conmoción interna o guerra civil, y a 12.000 en caso de invasión extranjera. Esta ley, si se observa y persevera en ella, será altamente beneficiosa para el país, la mayor parte de cuyas perturbaciones han surgido del descontento de sus militares sin pago o de la ambición de sus oficiales.

   También ha decretado una nueva organización del departamento de Hacienda y un nuevo sistema de recaudo de rentas procedentes del tabaco.

   El arzobispo de esta metrópolis falleció recientemente a avanzada edad. El gobierno, según he oído, no tiene intenciones de nombrar un sucesor por el momento y en el ínterin aplica las designaciones de la Sede, 60.000 dólares (cerca de 12.000 libras) por año, a las necesidades del Estado.

   El día 4 del presente, un día después de que recibí la nota transmitiendo la nueva Constitución incluida en mi despacho No. 14 de este correo, en el cual se expresaba la confianza de este gobierno de que su país no presenciaría más perturbaciones, se detectó una conspiración en esta capital parar organizar una facción guerrillera en sus vecindades. No se ha descubierto, o no se ha revelado, si su objeto era derribar al presente gobierno o solamente el pillaje, pero, pese a que el complot estuvo confinado a unos pocos aventureros indigentes que fueron arrestados y puestos en prisión, esto sirve para conocer la escasa esperanza de tranquilidad permanente que le queda a este infeliz país por la disposición de sus habitantes.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/93/fos. 340RH-346RH..

R. SUTHERLAND TO SIR GEORGE SHEE1

Giving an account of a plan for the assassination of General Santander at the Grand Convention of Ocaña.

12 Waterloo Place 28th May 1832

Sir,

   As General Santander is to assume the government of New Granada and probably that of the three confederated States which formerly constituted Colombia, and it being probable that from the part it was pretended he took in the affair of the attempted assassination of the late General Bolivar, a real prejudice may exist against him by His Majesty's Minister now in Colombia, and that such prejudice, founded on an ignorance of certain facts, may alike prove as injurious to British interests as to Mr. Turner himself in his personal and official communications with that officer, I take the present opportunity of noting to You the fact of a deliberate plan for the assassination of General Santander at the Grand Convention of Ocaña having been matured and accidentally defeated. The assassins destined to carry into effect this atrocious act were a Spaniard resident at Ocaña named Marmol, and a black servant of General Briceño Mendez. Had General Santander not been called to power, again, I would not have deemed it necessary to touch upon the subject, and a wish not to rake up the ashes of the dead would have rather inclined me to silence, but the same feeling that dictates silence in the one case, prompts justice to the living.

   It is the more necessary to call your attention to the above circumstance, as it will soon become a matter of history, and as this man has been most wantonly persecuted and disgracefully treated, it is necessary that His Majesty's Minister to Colombia and the interests of England be not sacrificed and the breach which had already been most imprudently made between the constitutional authorities of Colombia and the British previous to the arrival of Mr. Turner, be not widened.

   I have the honour to be
   Sir
   Your Most Obedient
   humble servant,

Robert Sutherland.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18 93 fos. 56RH-58RH.

ROBERT SUTHERLAND A SIR GEORGE SHEE1

Refiere un plan para asesinar al general Santander en la Gran Convención de Ocaña.

12 Waterloo Place

28 de mayo de 1832

Señor:

   Como el general Santander se apresta a asumir el gobierno de la Nueva Granada y probablemente el de los tres estados confederados que antiguamente constituían Colombia, y siendo probable que por la participación que, según se pretende, tuvo en el asunto del intento de asesinato del finado general Bolívar, puede existir un prejuicio real en su contra de parte del ministro de su Majestad en Colombia y que tal prejuicio, fundado en la ignorancia de ciertos hechos, puede así mismo llegar a ser tan perjudicial para los intereses británicos como para el propio señor Turner en su comunicación personal y oficial con dicho general, aprovecho la presente oportunidad para llamar su atención sobre el hecho de que se concibió y eventualmente se conjuró un plan deliberado para asesinar al general Santander en la Gran Convención de Ocaña. Los asesinos destinados a ejecutar este atroz acto eran un español residente en Ocaña de apellido Mármol, y un sirviente negro del general Briceño Méndez. Si el general Santander no hubiera sido llamado al poder de nuevo, yo no hubiera juzgado necesario tocar el tema, y el deseo de no recoger las cenizas de los muertos me hubiera inclinado más bien a permanecer en silencio, pero el mismo sentimiento que ordena el silencio en un caso, llama a hacer justicia a los vivos.

   Es tanto más necesario llamar su atención hacia la circunstancia mencionada, pues pronto ésta se convertirá en asunto de historia, y teniendo en cuenta que dicho oficial ha sido perseguido del modo más gratuito y tratado vergonzosamente, es indispensable que el ministro de su Majestad en Colombia y los intereses de Inglaterra no sean sacrificados, ni que la brecha que ya se ha abierto del modo más imprudente entre las autoridades constitucionales de Colombia y los británicos, con anterioridad a la llegada del señor Turner a Colombia, se haga más grande.

   Tengo el honor de ser,
   Señor,
   Su más obediente
   y humilde servidor,,

Robert Sutherland.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/93/fos. 56RH-58RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. SEPARATE AND SECRET1

Unfriendly language of the Vice-President of New Granada with regard to the treaty with Great Britain.

Bogotá, 7 June 1832

My Lord,

   I have informed your Lordship in my dispatch No. 31 of this date, that I had a conference with the Vice President on the 20th ultimo on the subject of that dispatch. In the course of my conversation on that occasion Mr. Marquez used a language of so extraordinary a nature that I feel it my duty to report it to your Lordship.

   In answer to my remonstrances which were perfectly mild and temperate against the violation of the engagements of New Granada towards us, the Vice President burst out into violent and uncalled for invectives against the Treaty between Great Britain and Colombia. He said that the Treaty was the worst enemy of this country; that it was such a bar to its prosperity and advancement that it was impossible New Granada could ever flourish or improve while it existed; and that the Colombians who made it had betrayed their country.

   I give myself some credit for the forbearance with which I abstained from remarking, in answer to a speech so grossly uncourteous, that His Excellency would soon be able to settle that point with the new President, General Santander, who had ratified the Treaty. But I thought it better to bear patiently the petulance of the Vice President, as I could gain nothing by retort, and therefore contented myself with expressing in reply my conviction that His Excellency's high station would speedily furnish him with the means of obtaining a clearer insight into the real interests of his country.

   I have long been aware that Mr. Márquez entertains (as stated in my dispatch No. 50 of last year) an idea, too strong to be combated by reason, that it is the policy of this government to encourage national manufactures and this idea is confirmed by the principal motive of public men here, personal views, Mr. Marquez being a native of Socorro, where his relations are concerned in the making of the wretched and dear cotton stuff which is the only manufacture of the country.

   I cannot doubt that this bent of the Vice President's mind is carefully and successfully encouraged by the American Minister who, I have reason to believe, is constantly inculcating on these people that the English Treaty secures to Great Britain a complete monopoly of the trade of this country, which is completely ruinous to the interests of the latter. Mr. Moore has said (in my house, though not in my presence) that the United States would no longer bear the monopoly of trade enjoyed by Great Britain in this country, and that if they could not break it by other means, they would do it by concluding a treaty with this country similar to that of Guatemala, which is one of offensive and defensive alliance. Such a statement made to this government would without doubt be believed by it, though no one can conceive it possible who knows the invariable policy of the American government, and the hope of such an alliance would alone suffice to account for the bias of this government towards the United States.

   The contents of this dispatch will serve to show your Lordship the disadvantage of my position here, assailed as it thus constantly and indirectly is by arts and insinuations which are not sufficiently tangible to be counteracted in the only tone that would command the confidence of the inexperienced politicians to whom they are addressed.

I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient,
   humble servant,,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office. London. HO 18 91 los. 255RH-258RH

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. SEPARADO Y SECRETO1

Lenguaje poco amistoso del vicepresidente de la Nueva Granada con respecto al tratado con Gran Bretaña.

Bogotá, 7 de junio de 1832

Su Señoría:

   He informado a Su Señoría en mi despacho No. 31 de la fecha, que sostuve una conferencia con el vicepresidente el 20 del mes pasado sobre el tema de dicho despacho. En el curso de mi conversación en tal ocasión, el señor Márquez empleó un lenguaje de carácter tan sorprendente que considero mi deber informarlo a Su Señoría.

   En respuesta a mis reconvenciones, que fueron perfectamente suaves y temperadas, contra la violación de los compromisos de la Nueva Granada hacia nosotros, el vicepresidente prorrumpió en violentas e inmerecidas invectivas en contra del tratado entre Gran Bretaña y Colombia. Dijo que el tratado era el peor enemigo de este país; que imponía tal barrera a su prosperidad y progreso que era imposible que la Nueva Granada pudiera florecer o mejorar mientras aquél existiera; y que los colombianos que lo habían firmado habían traicionado a su país.

   Me atribuyo algún crédito por el dominio con el que me abstuve de señalar, en respuesta a unas palabras tan groseramente descorteses, que su Excelencia muy pronto podría resolver la cuestión con el nuevo presidente, general Santander, quien había ratificado el tratado. Pero pensé que era preferible soportar pacientemente la petulancia del vicepresidente, pues nada podría ganar replicando, y por consiguiente me contenté con expresar en respuesta mi convicción de que el alto cargo de su Excelencia rápidamente le proporcionaría los medios de obtener una idea más clara de los intereses reales de su país.

   Durante mucho tiempo he tenido conocimiento de que el señor Márquez abriga la idea (como lo señalé en mi despacho No. 50 del año pasado), demasiado fuerte para refutarla con la razón, de que es política de su gobierno fomentar las manufacturas nacionales, y esta idea la confirman los móviles principales de los hombres públicos de este país, los criterios personales. El señor Márquez es nativo del Socorro, donde sus amistades se ocupan en la confección de malas y costosas telas de algodón, que son la única manufactura nacional.

   No me cabe duda de que esta inclinación en las ideas del vicepresidente es cuidadosa y exitosamente estimulada por el ministro americano, quien, y tengo razones para creerlo, inculca constantemente en esta gente la idea de que el tratado inglés asegura a la Gran Bretaña un completo monopolio del comercio del país, lo cual es completamente ruinoso para los intereses de este último. El señor Moore ha dicho (en mi casa, aunque no en mi presencia) que los Estados Unidos no soportarán por más tiempo el monopolio del comercio de que goza aquí la Gran Bretaña, y que si no lo lograban romper por otros medios lo harían firmando con este país un tratado similar al de Guatemala, de alianza ofensiva y defensiva. Semejante declaración sin duda será creída por este gobierno, pese a que nadie que conozca la política invariable de la administración americana la consideraría posible, siendo suficiente la esperanza de que se verifique tal alianza para justificar el sesgo de este gobierno hacia los Estados Unidos.

   El contenido de este despacho mostrará a su Excelencia mi desventajosa posición aquí, atacada constante e indirectamente por artes e insinuaciones que no son suficientemente tangibles como para contrarrestarlas en el único tono que atraería la confianza de los inexpertos políticos a quienes van dirigidas.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
    De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office. Londres, FO 18/91/fos. 255RH-258RH.

MR. SUTHERLAND TO JOHN BIDWELL ESQ.1

The temporary exception adverted to in dispatch of 7 February removed by the election of General Santander to the presidency of New Granada.

12 Waterloo Place.

June 23 1832

Sir,

   The temporary exception to which I adverted in my dispatch of the 7th February2 with respect to the Chief Magistracy of New Granada, is now removed by the election of General Santander to the Presidency of that State.

   I have the honour to be,
   Sir,
   Your Most obedient,.
   humble servant,

Robert Sutherland.


NOTES
1Public Record Office. London, FO 18/93 fols. 66RH-671.H.
2See Public Record Office, London, FO 18/93 tos. 39RH-42LH.

ROBERT SUTHERLAND A JOHN BIDWELL ESQUIRE1

La excepción temporal a que se hace referencia en el despacho de 7 de febrero queda eliminada por la elección del general Santander a la presidencia de la Nueva Granada.

12 Waterloo Place

23 de junio de 1832

Señor:

   La excepción temporal a la cual me referí en mi despacho de 7 de febrero2 con respecto a la Primera Magistratura de la Nueva Granada, queda suprimida por la elección del general Santander a la presidencia de ese Estado.

   Tengo el honor de ser,
   Señor,
   Su más obediente
   y humilde servidor,

Robert Sutherland.


NOTAS
1Public Record Office. I ondres, FO IX,93,fos. 66RH-67LH.
2Ver Public Record Office. Londres, FO 18/93/tos. 39RH-42LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 341

Acknowledges Lord Palmerston's dispatch No. 6 respecting the Colombian Bondholders.

Bogotá, 7 August 1832

My Lord,

   I had the honour on the 14th Ultimo to receive your Lordship's dispatch No. 6, instructing me to second afresh application for payment which the British holders of Colombian bonds had determined to address to this Government through the House of Powles Illingworh & Co. of this capital. From my dispatch No. 8 of the 5th February last and its enclosure, your Lordship will have learned the result of the step which I took in compliance with your Lordship's former instruction and the determination of this Government to suspend the consideration of its foreign engagements till It had negotiated with the other two states of Colombia a form of union and the proportion of the debt to be assigned to each.

   I was and am perfectly persuaded in my own mind of the utter inutility of any further application at this moment, on account both of the above mentioned determination of the Government, and of the character of the men who are now invested with authority, and who, far from appreciating the claims of the British bondholders and the consequent obligations of their country, are daily adopting every means of exciting clamour against the connexion and trade of Great Britain which they assign as the cause of their national poverty. I therefore felt strongly the necessity of deferring any demand of payment till the assumption of power by General Santander who has the reputation of being a more enlightened man than the present rulers, and who may therefore be more likely to see the natural connexion between the honour and the interest of his country.

   Still, as I considered that your Lordship's instruction left me no discretion, I was prepared to give the support of the Mission to the application which was to be made. But the respectable gentleman who here represents the House of Powles Illingworth & Co., has called on me to state his unwillingness to enter on the subject at present, not only from a conviction that the authorities now ruling would answer by strong asseverations of the impossibility of present payment, but from a fear that they would make efforts to induce a future government to take the same view of the question. Mr. Wills has accordingly determined on postponing the application entrusted to him till the arrival of General Santander which is shortly expected.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient,
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/91/fols. 280RH-282LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 341

Acusa recibo del despacho No. 6 de Lord Palmerston
con relación a los tenedores de bonos de Colombia.

Bogotá, 7 de agosto de 1832

Su Señoría:

   Tuve el honor de recibir el 14 del mes pasado el despacho No. 6 de su Señoría, con la instrucción de apoyar una nueva solicitud de pago que los tenedores británicos de bonos colombianos han decidido dirigir a este gobierno por intermedio de la casa de Powles Illingworth & Co. de esta capital. Por mi despacho No. 8 del 5 de febrero pasado y su anexo, su Señoría se habrá enterado del resultado de la gestión que adelanté en cumplimiento de la instrucción anterior de su Señoría, y la determinación de este gobierno de suspender la consideración de sus compromisos con el extranjero hasta tanto no se haya negociado con los otros dos estados de Colombia una forma de unión, así como la proporción de la deuda que se asignará a cada uno.

   Estuve y estoy perfectamente persuadido de la total inutilidad de una solicitud adicional en este momento, debido tanto a la mencionada determinación del gobierno, como al carácter de los hombres que actualmente están investidos de autoridad y quienes, lejos de tener en cuenta los reclamos de los tenedores de bonos británicos y las consecuentes obligaciones del país, adoptan a diario toda medida posible para incitar clamores en contra de la relación y el comercio con Gran Bretaña, a los cuales atribuyen su pobreza nacional. Por lo tanto, creí firmemente en la necesidad de diferir cualquier demanda de pago hasta la asunción al poder del general Santander, quien tiene la reputación de ser un hombre más ilustrado que los gobernantes actuales, y quien por consiguiente tiene mayor posibilidad de ver la conexión natural entre el honor y el interés de su país.

   Con todo, considerando que la instrucción de su Señoría no me dejaba elección, estuve listo a proporcionar el apoyo de la Misión a la solicitud que estaba por hacerse. Sin embargo, el caballero que representa a la casa de Powles Illingworth & Co., vino a verme y expresó su desinterés en ocuparse del asunto por el momento, no sólo por la convicción de que las autoridades actualmente en el gobierno responderían con fuertes argumentos sobre la imposibilidad de pago presente, sino por miedo a que se tratara de inducir al futuro gobierno a adoptar el mismo punto de vista sobre la cuestión. En concordancia, el señor Wills ha determinado posponer la solicitud a él encomendada hasta la llegada del general Santander, que se espera de un momento a otro.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto.
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/91 /fos. 283RH-286LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 351

Reply of the government of New Granada to Mr. Turner's protest of the 23 May.

Bogotá, 14 August 1832

My Lord,

   I have the honour to transmit herewith to your Lordship a copy of a note addressed to me by Señor Vélez, which is the reply of this Government to my protest against the exemption granted to the United States, and refused to Great Britain, from the additional duty of five per cent on foreign goods. I add a copy of my answer thereto2.

   In this extraordinary communication your Lordship will see that this government absolutely denies the right of Great Britain to found on her treaty with this country any claim to be generally treated as the most favoured nation, and declares that there is nothing therein which can prevent New Granada from granting to other countries with or without compensation, advantages superior to those which are granted to Great Britain.

   Frequently as I have reason to complain on the proceedings of the men who are now exercising the government of this ruined country, I did not, I own, expect that they would carry their ingratitude and impolicy to the extent to which they show it in Mr. Velez's note.

   I could certainly wish that the advantage denied to us in that note were more forcibly and accurately defined in our treaty than it is. The enclosed copy of the 2nd article of the American Treaty3 will show your Lordship how superior it is in this respect in the closeness of its stipulation: I do not mean that I feel any doubt of a full right to claim it being conferred by our Treaty. Without entering on a detailed analysis of its expressions, it is evident that the whole spirit of it tends to ensure to Great Britain all that is granted to the most favoured nation; it is moreover certain that the Treaty would become utterly ineffectual as regards Great Britain if it admitted, as Señor Vélez contends it does, of the preference of other nations over Her without particular stipulation or compensation; and Vattel expressly declares that no interpretation of a Treaty can be admitted which would render it vain and illusory. Nevertheless in a country which is liable to be governed by such men as are now governing here, no security can be adequate to that which is founded on express verbal stipulation. For this reason I carefully abstained in my answer from making any allusion to the spirit of the Treaty lest I should be supposed to give up the pretension founded on its letter, and for this reason I am anxious to be honoured with the opinion formed by your Lordship on the note which is the subject of this dispatch, to provide against the contingency of any fresh pretensions being founded on the opinion which it develops.

   I have indeed reason to hope for an improvement in my position here, owing to the arrival in the country of General Santander who landed at Santa Martha on the 16th ultimo, and is expected here about the middle of October. From the travelled experience and more enlarged knowledge of the world of that officer I am taught to expect a better understanding of the interests of this country and of the rights of its allies. But I do not hesitate to state to your Lordship that if the men now in power succeed in what they will without doubt attempt, instilling into the new President the feelings towards Great Britain which themselves entertain, very serious consequences must ensue supposing the separation of the Republic and the present form of administration to continue.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   your Lordship's
   Most obedient,
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/91 /lols. 283RH-286LH.
2The relevant points of señor Vélez's note and Mr. Turner's reply are summarized in this dispatch. Therefore they are not included in this volume.
3Article 2o. of the United States Treaty. "The United States of America and the Republic of Colombia, desiring to live in peace and harmony with all the other natios of the earth, by means of a policy frank and equally friendly with all, engage mutually not to grant any particular favour to other nations in respect of commerce and navigation, which shall not immediately become common to the other party, who shall enjoy the same freely, if the concession was freely made, or on allowing the same compensation, if the concession was conditional" (Public Record Office, London, FO 18/91/fol. 299RH).

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 351

Respuesta del gobierno de la Nueva Granada a la protesta del señor Turner del 23 de mayo.

Bogotá, 14 de agosto de 1832

Su Señoría:

   Tengo el honor de transmitir con la presente a su Señoría, copia de una nota del señor Vélez dirigida a mí, con la respuesta de este gobierno a mi protesta contra la exención, concedida a los Estados Unidos y negada a la Gran Bretaña, del impuesto adicional del cinco por ciento sobre bienes extranjeros. Agrego a ella copia de mi respuesta a la misma2.

   En esta sorprendente comunicación verá su Señoría que este gobierno niega absolutamente el derecho de Gran Bretaña a fundar en su tratado con este país cualquier pretensión a ser tratada en general como la nación más favorecida, y declara que no hay nada en él que pueda impedir a la Nueva Granada otorgar a otros país, con compensación o sin ella, ventajas superiores a las que se han concedido a Gran Bretaña.

   Aún teniendo en cuenta la regularidad con que me veo en la obligación de quejarme de los procederes de los hombres que actualmente ejercen el gobierno de este arruinado país, no esperé, lo confieso, que llevaran su ingratitud y falta de política hasta los límites que se muestran en la nota del señor Vélez.

   Ciertamente desearía que la ventaja que se nos niega en dicha nota estuviera definida con mayor energía y precisión en nuestro tratado. Por la copia anexa del segundo artículo del tratado con los Estados Unidos3, verá su Señoría hasta dónde es superior a este respecto en cuanto a la fidelidad de sus estipulaciones. No quiero decir que tenga ninguna duda de que en nuestro tratado se confiere el pleno derecho a reclamarla. Sin entrar en un detallado análisis de sus expresiones, es evidente que su sentido total tiende a asegurar a la Gran Bretaña todo cuanto se concede a la nación más favorecida; más aún, es cierto que el tratado sería completamente ineficaz con relación a la Gran Bretaña si ella admitiera, como el señor Vélez sostiene, la preferencia de otras naciones sobre ella sin particular estipulación o compensación. Vattel expresamente declara que no puede admitirse ninguna interpretación de un tratado que lo haga vano e ilusorio. Sin embargo, en un país sujeto al gobierno de hombres como los que ahora se encuentran aquí al mando, no puede haber ninguna seguridad distinta a la que se funda en la expresa estipulación verbal. Por esta razón me abstuve cuidadosamente en mi respuesta de hacer cualquier alusión al espíritu del tratado por temor a que se asumiera que yo iba a renunciar a la pretensión fundamentada en su letra, y por ello me encuentro ansioso de ser honrado con la opinión que su Señoría se haya formado sobre la nota objeto de este despacho, para precaverme de la contingencia de que cualquier nueva pretensión se funde en la opinión que ella suscite.

   Tengo razones ciertas para esperar que mi posición aquí mejore debido al arribo al país del general Santander, quien desembarcó en Santa Marta el 16 del mes pasado, aguardándose su llegada hacia mediados de octubre. Considerando las experiencias de viaje y el más amplio conocimiento del mundo que trae dicho oficial, he de esperar un mejor entendimiento de los intereses de este país y de los derechos de sus aliados. Pero no vacilo en declarar a su Excelencia que si los hombres actualmente en el poder consiguen lo que sin duda van a intentar, infundir en el nuevo presidente los sentimientos que ellos mismos mantienen hacia la Gran Bretaña, sobrevendrán muy serias consecuencias que implicarían la separación de la República y la continuidad de la actual forma de administración.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto.
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/91 /fos. 283RH-286LH
2Los principales puntos de la comunicación del Sr. Vélez y la respuesta de Turner están resumidos en este despacho. Por consiguiente no se transcriben (Nota del compilador).
3Artículo segundo del tratado con los Estados Unidos: "Los Estados Unidos de América y la República de Colombia, deseosos de vivir en paz y armonía con todas las demás naciones de la tierra, por medio de una política franca e igualmente amistosa con todos, se comprometen mutuamente a no conceder ningún favor particular a otras naciones con respecto a comercio y navegación, que no se haga inmediatamente común a la otra parte, que gozará de él de manera libre, si la concesión se hizo libremente, u otorgar la misma compensación si la concesión fue condicional". (Public Record Office, Londres, FO 18/91/fol. 299RH).

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 381

Acknowledges Viscount Palmerston's dispatches No. 7 and 8.
Trade and Mackintosh affairs to be presented to General Santander.

Bogotá, 6 October 1832

My Lord,

   I have been honoured with your Lordship's dispatches Nos. 7 and 8, the former instructing me to continue my endeavours for obtaining the extension to British commerce of the exemption granted to America from the additional duty on foreign imports, and the latter enjoining me to support unofficially the claim of Mr. Mackintosh on this government with the reservation of a sum to which certain creditors of that individual claim.

   My late dispatches No. 26 and 31 will have informed your Lordship of the strenuous efforts which I have ineffectually exerted to attain the object which is the subject of your Lordship's No. 7. I shall however support the new application which I contemplate to General Santander by adducing that dispatch as an additional proof of the view and interest taken on the subject by his Majesty's Government. In the mean time the prejudice to British trade arising from the exclusive exemption granted to America is diminished by the rigid quarantine to which the vessels of the latter country are subjected in consequence of the cholera morbus.

   In reference to your Lordship's No. 8,I fear there can at this moment be little chance of success for a claim of such considerable amount on this government, whose civil employés are actually distressed for want of pay, and who find such difficulty in providing rations for the unpaid troops that they raised from the native merchants of the capital, in the middle of last month, a loan of 11.000 dollars which was not advanced without great reluctance. I should indeed expect that my application would be met by the reply, (which I have already received and transmitted to your Lordship) that this government can listen to no pecuniary claim till it shall have settled with Venezuela and the South the proportion of the debt of Colombia which each of the 3 states is to defray, had I not been informed by Colonel Mackintosh, the representative of the claim in this capital, that his brother has very judiciously determined on asking from this Government only the amount which accrues to New Granada from the proportion of its population, and on accepting bonds for the sums which it cannot at the moment satisfy. These modifications give me a faint hope of success which without them I should think utterly hopeless, and I will avail myself of the first favourable opportunity that may occur of bringing the claim in question under the notice of the government of General Santander.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/91/fols. 325LH-327LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 381

recibo de los despachos Nos. 7 y 8 del vizconde Palmerston. Los asuntos de comercio y el caso Mackintosh se presentarán al general Santander.

Bogotá, 6 de octubre de 1832

Su Señoría:

   He sido honrado con los despachos de su Señoría Nos. 7 y 8, el primero con la instrucción de continuar mis esfuerzos por obtener la extensión al comercio británico de la exención otorgada a América del impuesto adicional sobre importaciones extranjeras, y el segundo ordenándome respaldar extraoficialmente la demanda sobre este gobierno del señor Mackintosh, con la reserva de una suma que reclaman algunos acreedores de dicho señor.

   Su Señoría se habrá informado por mis anteriores despachos Nos. 26 y 31, acerca de los arduos esfuerzos que yo he realizado ineficazmente para conseguir el propósito a que se refiere el despacho No. 7 de su Señoría. Respaldaré sin embargo la nueva solicitud que proyecto al general Santander, aduciendo el mencionado despacho como prueba adicional del parecer e interés que el gobierno de su Majestad ha tomado con respecto a este asunto. Entre tanto, la mala voluntad hacia el comercio británico que se deriva de la exención concedida a América ha disminuido por la rígida cuarentena a que deben someterse los buques de aquél país como consecuencia del cólera morbo.

   Con referencia al despacho No. 8 de su Señoría, temo que en el actual momento no hay más que una muy pequeña posibilidad de éxito para una demanda de tan considerable monto sobre este gobierno, cuyos empleados civiles se hallan actualmente afligidos por la falta de pagos, y que encuentra tal dificultad en proporcionar raciones para las tropas voluntarias que debió obtener de los comerciantes nativos de la capital un préstamo de 11.000 dólares, que sólo se adelantó con gran renuencia. En verdad habría esperado que mi solicitud se hubiera encontrado con la respuesta (que ya he recibido y transmitido a su Señoría) de que este gobierno no puede oír ninguna demanda pecuniaria hasta tanto no se haya establecido con Venezuela y con el Sur la proporción de la deuda de Colombia que cada uno de los tres estados ha de sufragar, si no hubiera sido informado por el coronel Mackintosh, representante de la demanda en esta capital, que su hermano ha decidido, con gran prudencia, pedir a este gobierno solamente la cantidad que corresponda a la Nueva Granada por la proporción de su población, y aceptar bonos por la suma que éste no puede entregar por el momento. Tales modificaciones me dan la débil esperanza de un éxito que sin ellas me parecería completamente imposible, y aprovecharé la primera oportunidad favorable que pueda aparecer para poner la demanda en cuestión bajo la consideración del gobierno del general Santander.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/91/fos. 325LH-327I.H.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 401

Arrival of General Santander.

Bogotá, 7 October 1832

My Lord,

   I have the honour to announce to your Lordship that the new President of this State, General Santander, arrived in this capital on the 4th instant. He is accompanied by a son of Prince Lucien Bonaparte who has taken this opportunity of paying a short visit to this country.

   I should have thought it better to wait till my own experience should have enabled me to ascertain what changes time and travel had operated in the character of General Santander, before I attempted any report of it to your Lordship, had not His Excellency taken a singular method of developing immediately on his return to his native country. His two most prominent failings during his former administration here were avarice and peculation, and he has certainly shown that the disposition to these vices still exists in his mind by a letter addressed to this government on the 17th of July, the day after his landing in Sta. Martha, of which I have the honour to enclose herein a copy. In this letter the General demands that the pay due to him by this Government in his political and military capacities should be accurately ascertained and immediately paid. He equivocally implies his poverty and orders that his letter should be published.

   This demand of the new President has excited great disgust here. Independently of its untimely arrival, when his partisans were everywhere vaunting his disinterested patriotism, it displayed a low-minded rapacity which could not but seriously affect his popularity at a moment when the inferior employés of the Government are obliged by its penury to receive then arrears of pay but a few dollars at a time, supplied with difficulty, to save them from actual want, and the plea of poverty comes ill from a man who was stated two years ago in a formal advertisement of the Hamburgh Bank (which he hoped was not known here) to have deposited a million of dollars in that establishment. To this may be added the impolicy of insisting on its publication, which appears to hold out but little prospect of prudence in his administration.

   In spite however of the unfavourable impression created by this letter, such of his Excellency's former acquaintances as have met him on the road, have written that his mind is greatly enlarged and improved by his travels, and expressed strong hopes of benefit to his country from his superintendence of its government. I was this afternoon with the other members of the Corps Diplomatique introduced to the new President, who received me with the greatest courtesy and frankness and in his answer to my address was so flattering to the Government and People of Great Britain and dwelt so forcibly on his consciousness of the importance of their friendship to this country, that I cannot but hope to find in his Excellency a disposition to redress some at least of the grievances of which the Mission has to complain.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/91/fols. 336RH-339RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 401

Llegada del general Santander.

Bogotá, 7 de octubre de 1832

Su Señoría:

   Tengo el honor de anunciar a su Señoría que el nuevo presidente del Estado, general Santander, llegó a esta capital el 4 de los corrientes. Vino acompañado por un hijo del príncipe Lucien Bonaparte, quien ha aprovechado esta oportunidad para una breve visita al país.

   Pude haber juzgado mejor esperar hasta que mi propia experiencia me hubiera permitido determinar los cambios que el tiempo y los viajes han operado en el carácter del general Santander antes de intentar cualquier informe a su Señoría a este respecto, si no fuera porque su Excelencia ha adoptado una manera singular de manifestarse inmediatamente después de su llegada a su nativo país. Sus dos faltas más notorias durante su anterior administración fueron la avaricia y el peculado, y ha demostrado por cierto que su inclinación a los mencionados vicios todavía subsiste, en una carta dirigida al gobierno el 17 de julio, día siguiente a su arribo a Santa Marta, de la cual tengo el honor de incluir aquí copia. En esta carta el general exige que el pago a él debido por parte del gobierno en su condición política y militar tendría que determinarse con precisión y pagarse de inmediato. Equívocamente insinúa su pobreza y ordena la publicación de la carta.

   La exigencia del nuevo presidente ha motivado gran disgusto. Independientemente de su inoportuna llegada, cuando sus partidarios alardeaban por todas partes de su desinteresado patriotismo, demostró una indigna rapacidad que no puede menos que afectar seriamente su popularidad, en un momento en que los empleados menores del gobierno se ven obligados por la penuria de éste a recibir a cuenta de pagos atrasados sólo unos cuantos dólares a la vez, suministrados con dificultad, para salvarlos de la real indigencia; el pretexto de la pobreza viene mal de un hombre de quien se afirmó hace dos años en un anuncio formal del Banco de Hamburgo (que él esperaba no se conociera aquí), que había depositado un millón de dólares en dicho establecimiento. A ello puede agregarse su falta de política al insistir en su publicación, que al parecer señala pocas perspectivas de prudencia en su administración.

   Pese, sin embargo, a la desfavorable impresión creada por la carta, los antiguos conocidos de su Excelencia que lo han encontrado en el camino escriben que su pensamiento se ha ensanchado y mejorado considerablemente a causa de sus viajes, y expresan grandes esperanzas de que el país se beneficiará por la conducción de su gobierno. Fui presentado esta tarde, junto con los demás miembros del Cuerpo Diplomático, al nuevo presidente, quien me recibió con la mayor cortesía y franqueza, y en respuesta a mi discurso se mostró tan lisonjero con el gobierno y el pueblo de la Gran Bretaña y se explayó con tanta energía en su conciencia de la importancia de la amistad de aquellos con el país, que no puedo menos que esperar encontrar en su Excelencia la disposición para reparar al menos algunos de los agravios de los que ha de quejarse esta Misión.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/91/fos. 336RH-339RH.

ANEXO

Carta del General Santander al secretario de Hacienda.

Santa Marta julio 17 de 1832

Al Sr. ministro secretario de Hacienda.

Señor:

   Tengo el honor de participar a US. que he recibido en New York dos mil pesos por cuenta de lo que me adeudaba la tesorería nacional, de lo que doy las gracias al gobierno.

   Pero yo deseo saber (y es el objeto de esta comunicación) cuál es la deuda que tengo contra el estado, quién, cuándo, y en dónde me la pagan. Yo tengo derecho a reclamar una declaratoria explícita en el particular, aun cuando fuera dueño de una inmensa fortuna; pero es mucho más fuerte este derecho después de todos los perjuicios que he sufrido desde 1828, arbitraria privación de los sueldos, que la ley y mis servicios me habían dado, costos en mi expatriación y regreso al país, saqueo e injuria de mis bienes raíces y todos los males de la persecución. Yo no quiero gravar al estado, ni pensionar a los ciudadanos en los gastos que tengo que hacer hasta llegar a mi casa, si el gobierno, consultando sus circunstancias, me hace pagar (...) sueldos que por delicadeza, dejé de percibir hasta el funesto 7 de noviembre de 1828, y los que, como general fuera de servicio activo, me corresponden desde junio del año pasado.

   Sírvase usted darme una contestación clara en el particular, distinguiendo el sueldo adeudado como vicepresidente de la república de Colombia, en ejercicio del poder ejecutivo y fuera de él, el sueldo de general de división en servicio activo, después que fui destituido de la vicepresidencia, hasta la famosa sentencia de 7 de noviembre, y el sueldo que actualmente disfruto.

   La resolución del gobierno y esta comunicación deseo que se publiquen, para que pueda juzgar la nación de la justicia de mi solicitud y de la del gobierno.

   Con sentimientos de alta y distinguida consideración me digo de US. muy obediente y humilde servidor,

(Firmado)
Francisco de Paula Santander.


ACTING CONSUL AYTON TO HIS MAJESTY'S UNDER-SECRETARY OF STATE FOR FOREIGN AFFAIRS, DOWNING STREET1

Receipt of dispatches of 25 August and 8 September respecting Colonel Rupert Hand. General Santander seems favourably disposed towards him. No trial has yet been granted, but a decision on that head immediately expected. In the mean time Colonel Hand is treated with greater mercy, his situation is comparatively comfortable.

British Pro-Consulate
Cartagena, 3 November 1832

To His Majesty's Under-Secretary of State for Foreign Affairs, Downing Street.

Sir,

   I have the honour to acknowledge receipt of your Dispatches of 25 August and 8 September containing the instructions of Viscount Palmerston to be pursued in the unfortunate case of Colonel Rupert Hand and referring me to your Dispatch No. 3 of 4 January to Consul Watts on the subject.

   Hitherto my humble efforts under the direction of the British Minister in Bogotá have been used for the amelioration of Colonel Hand's sufferings, and it affords me much pleasure in communicating to you for the information of his Lordship that Mr. Turner's efforts in his favour have not been altogether ineffectual, lately the harsh treatment used towards the individual in question has been considerably relaxed, although no trial has been yet afforded him whereby the charges preferred might either be disproved or substantiated. Colonel Hand asks nothing further and no doubt Mr. Turner will enforce this point with the Government by demanding an immediate trial, and if acquitted, his instant liberation from the loathsome confinement he has now endured for upwards of fifteen months and subjected to treatment fully unwarranted where no criminality has been proved.

   Acting under the instructions I received from Mr. Turner to interest myself with General Santander on his arrival here I made a personal application to him to that effect, conveying at the same time the sentiments of his Majesty's Government on the subject, and its anxious desire to have justice administered to Colonel Hand. To my application, the General replied that no one could be more anxious to oblige the British Government than he was, but regretted his inability to interfere in the case situated as he was, and party spirit running so high; he however assured me that the matter would have his immediate attention on his arrival at Bogotá, remarking that he was anxious to peruse the correspondence that has been addressed to the Government upon the subject, and on the whole appeared favourable inclined to the above mentioned individual.

   The General arrived in Bogotá on the 4th ultimo, and assumed the presidential chair on the 7th. I fully expect in the course of a week or two the final determination of Government as to Colonel Hand's fate. I am rather inclined to believe that proceedings will be altogether dropped and that no trial will take place, consequently Colonel Hand will be immediately set at liberty and allowed to leave the country. Such is the opinion of the authorities here from conversations I have had with them on the subject. In the mean time I shall most assiduously watch the progress of proceedings in the event of this hope being frustrated.

   Colonel Hand has for the last few months being confined in the common jail of the place, where he is treated with more consideration than formerly, and is comparatively comfortable for a person in his unfortunate situation. I however sincerely hope and trust that ere long Mr.

   Turner's efforts will procure for him that liberty of which he has been so unjustly deprived.

   I have the honour to be,.
   Sir,
   Your very obedient
   humble servant,

Joseph: Ayton.
Acting Pro-Consul.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/92/fols. 335RH-337LH.

CONSUL INTERINO AYTON AL SUBSECRETARIO DE ESTADO DE RELACIONES EXTERIORES DE SU MAJESTAD, DOWNING STREET1

Recibo de los despachos de 26 de agosto y 8 de septiembre relativos al coronel Rupert Hand. El general Santander parece favorablemente inclinado hacia el. No se ha concedido juicio todavía, pero se espera una decisión inmediata en ese sentido. Entre tanto se trata al coronel Hand con mayor misericordia, y esta situación es relativamente benigna.

Pro-Consulado Británico
Cartagena, 3 de noviembre de 1832

   Al Subsecretario de Estado de Relaciones Exteriores, Downing Street.

Señor:

   Tengo el honor de acusar recibo de sus despachos de 25 de agosto y 8 de septiembre con las instrucciones del vizconde Palmerston que deben seguirse en el infortunado caso del coronel Rupert Hand, y remitiéndome a su despacho No. 3 de 4 de enero al cónsul Watts en Cartagena sobre el mismo asunto.

   Hasta ahora mis humildes esfuerzos bajo la dirección del ministro británico en Bogotá han estado dirigidos a mitigar los sufrimientos del coronel Hand, y me es placentero comunicar a usted, para información de su Señoría, que los esfuerzos del señor Turner en su favor no han sido del todo ineficaces, pues últimamente el severo tratamiento que se daba al individuo en cuestión ha sido considerablemente suavizado a pesar de no habérsele proporcionado un juicio en el cual los cargos de que se le acusa puedan ser refutados o comprobados. El coronel Hand no pide nada más, y sin duda el señor Turner hará valer este argumento exigiendo juicio inmediato, y de absolverse, su inmediata liberación del asqueroso confinamiento que ya ha soportado durante más de 15 meses, sujeto a un tratamiento enteramente injustificado pues no se ha comprobado criminalidad alguna.

   Actuando bajo las instrucciones recibidas del señor Turner de interesar al general Santander a su llegada aquí, le hice una solicitud personal para tal efecto, transmitiéndole al mismo tiempo los sentimientos del gobierno de su Majestad sobre el asunto y su ansioso deseo de que se administre justicia al coronel Hand. El general respondió a mi solicitud diciendo que nadie podía estar más deseoso de complacer al gobierno británico que él, pero lamentaba su imposibilidad de interferir en el caso debido a su situación y a la actual agitación del espíritu de partido; sin embargo, me aseguró que la cuestión recibiría su inmediata atención a su llegada a Bogotá, señalando su interés en examinar con atención la correspondencia dirigida al gobierno sobre la materia, pareciendo en general favorablemente inclinado hacia el individuo antes mencionado.

   El general llegó a Bogotá el 4 del mes anterior y asumió la silla presidencial el 7. Espero, en el curso de una o dos semanas, la determinación final del gobierno sobre la suerte del coronel Hand. Me inclino a creer que la demanda será retirada por entero y que no tendrá lugar un juicio, y que en consecuencia se pondrá inmediatamente en libertad al coronel Hand y se le permitirá abandonar el país. Tal es la opinión de las autoridades locales, en conversaciones que he sostenido con ellas sobre la materia. Entre tanto, vigilaré el progreso del proceso con la mayor asiduidad, en caso de que sus esperanzas se vean frustradas.

   Se ha confinado al coronel Hand durante los últimos meses en la cárcel pública del lugar, donde se lo trata con mayor consideración que antes, y se encuentra en una situación comparativamente cómoda para una persona en su infortunada situación. Sin embargo, sinceramente espero y tengo la confianza de que los esfuerzos del señor Turner le procurarán esa libertad de la cual ha sido tan injustamente privado.

   Tengo el honor de ser,
   Señor,
   Su muy obediente
   y humilde servidor,

Joseph Ayton.
Pro-cónsul interino.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/92/fos. 335RH-337LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 411

Promising reception by General Santander of William Turner's remonstrances against the acts of his Excellency's predecessor.

Bogotá, 6 November 1832

My Lord,

   I have intimated to your Lordship in my late dispatches No. 35 and 40 my hope of the deriving advantage from the accession to the government of the new President whom I hoped to find more just and enlightened than his predecessor.

   I am happy to be able to state that there is every appearance of this hope not being disappointed. In a private conference which I had with General Santander on the 25th ultimo for the purpose of summarily enumerating the grievances of which I had to complain and the claims which I was instructed to advance, I had every reason to think his Excellency a man of just feelings and enlightened views: He expressed himself thoroughly aware of the vital importance to his country of the friendship of Great Britain; he instantly acknowledged the justice of all my remonstrances to the late government and of all my intended applications to his own, and his observations on two of the latter (of inconsiderable amount) were urged not with the unreasoning obstinacy to which I have of late being accustomed, but with a temperate exposition of the reasons which would prevent him, though he acknowledged their justice, from immediately complying therewith.

   Overwhelmed as the new president is by the mass of difficulties and of business which had been reserved for his arrival, the time is not yet of course come for my obtaining redress for, or reporting the result of my complaints of the acts of injustice towards us committed by the late Government. But I thought it would be satisfactory to your Lordship to hear this early that I have no reason to complain of the manner in which my representation of them was received.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
lPublic Record Office, London, FO 18/91/fols. 342LH-343LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 411

Promisoria recepción por parte del general Santander de las protestas de William Turner contra los actos del predecesor de Su Excelencia.

Bogotá, 6 de noviembre de 1832

Su Señoría:

   He señalado a su Señoría en mis últimos despachos Nos. 35 y 40 mi esperanza de las ventajas que se derivan del acceso al gobierno por parte del nuevo presidente, a quien esperaba hallar más justo e ilustrado que su predecesor.

   Me complace poder declarar que según todas las apariencias, esta esperanza no se verá defraudada. En una conferencia privada que sostuve con el general Santander el 25 del mes pasado con el propósito de enumerar brevemente los agravios de los cuales debía quejarme y los reclamos que se me ha instruido anticipar, recibí la más completa impresión de que su Excelencia es un hombre de justos sentimientos e ilustradas miras: Se manifestó enteramente consciente de la vital importancia para su país de la amistad de la Gran Bretaña; al instante reconoció la justicia de todas mis reconvenciones hacia el pasado gobierno y de todas mis futuras solicitudes al suyo, y sus observaciones sobre dos de las últimas (de monto poco considerable) se presentaron no con la irrazonable obstinación a que me he acostumbrado últimamente, sino con una temperada exposición de los motivos que le impedirían, pese a reconocer su justicia, darles inmediato cumplimiento.

   Abrumado como se encuentra el nuevo presidente por la gran cantidad de dificultades y asuntos que se habían reservado para su llegada, no es este el momento todavía, por supuesto, para obtener reparación, o informar sobre el resultado de mis reclamos por los actos de injusticia hacia nosotros cometidos por el pasado gobierno. Pero supuse que daría satisfacción a su Señoría escuchar desde ahora que no tengo razón para quejarme del modo en que se recibió mi representación de los mismos.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/91 /fos. 342LH-343LH.

WILLIAM TURNER TO SIR GEORGE SHEE1

Favourable disposition of General Santander towards Colonel Hand.

Bogotá, 6 November 1832

Sir,

   In reference to my dispatch to you of 14th April last on the subject of my intervention in favour of Colonel Hand, I have great pleasure in reporting to you that the conduct of General Santander respecting that officer has justified the hopes I entertained of a more favourable reception for the representations of this Mission by the new President than they met from his predecessors. I am authorized by his Excellency to assure his Majesty's government that whatever sentence may be ultimately passed on Colonel Hand shall not be followed by his execution, and that although his Excellency has not the power of liberating him without trial, he will ensure his being humanely treated while it is pending. It does little credit to the natives of New Granada that General Santander should find himself obliged to make me this promise in the strictest confidence, lest by showing himself a friend of humanity he should incur the imputation of being an enemy of liberty.

   Nor is this all that General Santander has done for our unfortunate countryman.

   In this country, as in the Peninsula, the intercession of the family of the victim is allowed in cases of murder (which, whether justly or not, is the charge brought against Colonel Hand), to mitigate the sentence of that law; and therefore in consequence of an application in behalf of Colonel Hand which Mr. Ayton by my direction made to the General immediately on his arrival at Carthagena, his Excellency wrote to the family of General Cordova, urging them to write to him a request for mercy to Hand. When I spoke to his Excellency on the subject (on the 25th ultimo) he told me that he daily expected an answer to his recommendation, of which answer, since arrived and published in the Bogotá Gazette, I have the honour to enclose a copy herein.

   I have the honour to be
   Sir,
   Your most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/91 /fols. 344RH-345RH.

WILLIAM TURNER A SIR GEORGE SHEE1

Disposición favorable del general Santander hacia el coronel Hand.

Bogotá, 6 de noviembre de 1832

Señor,

   Con referencia a mi despacho de 14 de abril pasado dirigido a usted sobre el tema de mi intervención en favor del coronel Hand, tengo el gran placer de informarle que la conducta del general Santander con relación a dicho oficial ha justificado las esperanzas que yo abrigaba de conseguir una recepción más favorable de mis representaciones de parte del nuevo presidente, que la recibida de sus predecesores. Me encuentro autorizado por su Excelencia para asegurar al gobierno de su Majestad que cualquiera sea la sentencia que finalmente se dicte sobre el coronel Hand, no será seguida por su ejecución, y que a pesar de que su Excelencia no tiene el poder de liberarlo sin juicio, se asegurará de que reciba un tratamiento humanitario mientras aquél está pendiente. Acredita muy poco a los nativos de la Nueva Granada el hecho de que el general Santander se vea obligado a hacerme dicha promesa en la más estricta confidencia, por temor a que por mostrarse amigo de la humanidad pueda incurrir en la imputación de ser enemigo de la libertad.

   Tampoco es esto todo lo que el general Santander ha hecho por nuestro infortunado compatriota.

   En este país, como en la Península, la intercesión de la familia de la víctima se permite en casos de asesinato (el cual, justo o no, es el cargo que se imputa al coronel Hand), para mitigar la sentencia de la ley; y por consiguiente, como consecuencia de una solicitud a nombre del coronel Hand que el señor Ayton, por orden mía, elevó al general Santander inmediatamente después de su llegada a Cartagena, su Excelencia se dirigió a la familia del general Córdova instándola a escribirle una petición de merced a Hand. Cuando hablé con su Excelencia sobre el asunto (el 25 del mes pasado), me dijo que en cualquier momento

   esperaba una respuesta a su recomendación, de la cual, publicada luego de su llegada en la Gaceta de Bogotá, tengo el honor de incluir aquí copia.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/91 Tos. 344RH-345RH.

ANEXO

Carta de la madre del general Córdova al general Santander.

GENEROSIDAD

Excelentísimo señor vicepresidente del Estado:

   La madre del difunto general José María Córdova, a su nombre y el de su familia, ante VE, con el más profundo respeto dice: que hemos llegado a entender que al extranjero Hand se le sigue caso por el asesinato que cometió en el paraje de Santuario en la persona de ese general, tan caro para la patria como para su familia, y que corresponde a Vuestra Excelencia la confirmación de la sentencia. En tal virtud, señor excelentísimo, nosotros nos atrevemos a dirigir a Vuestra Excelencia nuestras humildes súplicas pidiendo que la pena que se le imponga al delincuente sea la más benigna y compatible con la justicia y la vindicta pública. Si los vínculos con que la naturaleza nos ligó a la víctima nos dan hoy algún derecho para pedir la pena del verdugo, nosotros lo renunciamos, y antes bien interponemos en su favor el sacrificio de aquella misma vida; y rogamos a VE con encarecimiento se muestre indulgente al tiempo de fallar en esta causa.

   Rionegro, 16 de septiembre de 1832.

   Excelentísimo Señor.

Pascuala Muñoz.


ROBERT SUTHERLAND TO SIR GEORGE SHEE1

Intention of General Santander to bring about the union of the States which formerly constituted Colombia.

12 Waterloo Place
4 December 1832

Sir,

   In my former dispatches I had the honour to inform you that General Santander would be and was elected President of the State of New Granada.

   I have now the honour to inform you that previous to General Santander's de parture from this country, over which he lately travelled, he informed me that it was his intention to bring about the union of the three States which formerly constituted Colombia, and to place at its head General Mosquera, a man of considerable wealth and the highest respectability.

   He further declared it his intention to keep the fairer caste predominant.

   I have any how to express to you my belief that this will ultimately take place, as I know from my long experience in the affairs and intrigues of these states that General Santander possesses the prestige of all the white population throughout Colombia.

   I make you this communication for the benefit of his Majesty's service.
   I am Sir
   Your most obedient
   humble servant,

Robert Sutherland.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/93/fols. 70RH-71RH.

ROBERT SUTHERLAND A SIR GEORGE SHEE1

Intención del general Santander de llevar a efecto la unión de los Estados que antiguamente constituían Colombia.

12 Waterloo Place
4 de diciembre de 1832

Señor,

   En mis anteriores despachos tuve el honor de informar a usted que el general Santander sería y fue electo presidente del Estado de la Nueva Granada.

   Tengo ahora el honor de informarle que con anterioridad a la partida del general Santander de este país, por el cual viajó más tarde, me informó que era su intención llevar a efecto la unión de los tres Estados que antiguamente constituían Colombia y colocar a su cabeza al general Mosquera, hombre de considerable riqueza y la mayor respetabilidad.

   Posteriormente declaró su intención de mantener como predominante a la casta de los blancos.

   Tengo, con todo, que expresar a usted mi creencia de que ello tendrá lugar en definitiva, pues sé, por mi larga experiencia en los asuntos e intrigas de aquellos estados, que el general Santander posee el prestigio de toda la población blanca de Colombia.

   Dirijo a usted esta comunicación en beneficio del servicio de su Majestad.

   Soy
   Señor
   Su más obediente
   y humilde servidor,

Robert Sutherland.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/93/fos. 70RH-71RH.

ROBERT SUTHERLAND TO SIR GEORGE SHEE1

Feeling of General Santander with regard to the appointments of Colonel Campbell and Mr. Wilson.

12 Waterloo Place
6 December 1832

Sir,

   General Santander, now President of New Granada, advised me, previous to his leaving England, that if ever Colonel Campbell, Secretary of Legation to Colombia, returned to any of the South American States, he would not be received, giving as a reason his having taken a decided and indecorous part in the politics of these states, and even encouraged the persecution of the constitutional party; and that as long as he remained attached to the Colombian Mission, he would consider it as a direct encouragement and participation on the part of his Majesty's Government in his principles.

   General Santander also declared to me that if ever Colonel Wilson or any of the Aid-de-Camps of General Bolívar returned to Colombia, or to any of the states of South America, he or they would not carry any point favourable to British interests, and would not be received.

   It may be in your recollection that upon the appointment of Mr. Wilson to the Consulate General of Peru I expressed to you my utter astonishment at the circumstance.

   I have the honour to be,
   Sir,
   Your most obedient
   humble servant,

Robert Sutherland.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/93/fols. 72RH-74LH.

ROBERT SUTHERLAND A SIR GEORGE SHEE1

Opinión del general Santander con respecto a los nombramientos del coronel Campbell y el señor Wilson.

12 Waterloo Place
6 de diciembre de 1832

Señor,

   El general Santander, actualmente presidente de la Nueva Granada, me avisó, con anterioridad a su salida de Inglaterra, que si el coronel Campbell, secretario de la Legación en Colombia, regresaba a cualquiera de los Estados suramericanos, no sería recibido, dando como razón que aquél había tomado decidida e indecorosa parte en la política de aquellos Estados y aun alentado la persecución del partido constitucional; y que hasta tanto permaneciera vinculado a la Misión en Colombia, él consideraría este hecho como estímulo y participación directos de parte del gobierno de su Majestad en sus principios.

   El general Santander también me señaló que si el coronel Wilson o cualquiera de los edecanes del general Bolívar regresaba a Colombia o a cualquiera de los estados de Sur América, él o ellos no llevarían nada favorable a los intereses británicos, y no serían recibidos.

   Tal vez usted recuerde que con motivo del nombramiento del señor Wilson en el Consulado General del Perú yo expresé a usted mi absoluto asombro por esa circunstancia.

   Tengo el honor de ser,
   Señor,
   Su más obediente
   y humilde servidor,

Robert Sutherland.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/93/fos. 72RH-74LH,

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 451

Answer of the Granadian Government respecting the Colombian Bondholders.

Bogotá, 13 December 1832

My Lord,

   In pursuance of the instruction contained in your Lordship's late dispatch No. 6 directing me to second the exertions of the agent in this capital of the Colombian bondholders, I addressed a note to this Government as soon as that gentleman thought it expedient that the claim should be officially supported (on the 20th ultimo) of which I have the honour to enclose a copy herewith, together with a copy of the reply which I have received.

   By this reply your Lordship will see that this Government states itself to be prevented by legislative enactments from adopting any other steps with respect to the foreign debt of Colombia than that of inviting the Governments of Venezuela and of the South to agree on combined operations for effecting the payment of the principal and interests. It engages however to renew its instances to those Governments and to submit the question to the approaching Congress.

   All that I feel myself under such circumstances empowered to do is to recall the subject if necessary to the notice of this Government on the meeting of the Congress, and to urge the Executive to press on that body the advisableness of adopting the suggestion, contained in my note, of authorizing a commencement of payments to be deducted from the share allowed to New Granada in the settlement contemplated of the three states. General Santander has verbally assured me that he acquiesces in the justice and expediency of that suggestion and will strongly recommend it for the adoption of the Legislative body.

   I have received from Sir Robert Porter an answer to my letter addressed to him on the same subject, in which he states that he has received a reply from the Venezuelan Government to the same effect, which he will doubtless have transmitted to your Lordship.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient,
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office. London, FO 18/91/fols. 364RH-375RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 451

Respuesta del gobierno granadino con relación a los tenedores de bonos de Colombia.

Bogotá, 13 de diciembre de 1832

Su Señoría:

   En cumplimiento de la instrucción contenida en el despacho anterior No. 6 de su Señoría ordenándome apoyar los esfuerzos del agente de los tenedores de bonos colombianos en esta capital, dirigí una nota al gobierno tan pronto como dicho caballero juzgó oportuno que la demanda fuera respaldada oficialmente (el 20 del mes pasado), de la cual tengo el honor de adjuntar una copia, junto con otra de la respuesta que he recibido.

   En esta respuesta verá su Señoría cómo este gobierno se declara impedido por decreto legislativo para adoptar cualquier medida con respecto a la deuda externa de Colombia, aparte de la de invitar al gobierno de Venezuela y al del Sur para acordar operaciones conjuntas para efectuar el pago del principal y los intereses. Se compromete, sin embargo, a renovar sus instancias a dichos gobiernos y a someter la cuestión al próximo Congreso.

   Bajo tales circunstancias, todo lo que me siento autorizado a hacer es llevar de nuevo el asunto a la atención del gobierno, de ser necesario, al tiempo de la reunión del Congreso, y urgir al Ejecutivo a poner de presente ante dicho cuerpo la conveniencia de adoptar la sugerencia contenida en mi nota, de autorizar que el inicio de los pagos se deduzca de la porción asignada a la Nueva Granada en el arreglo contemplado por los tres estados. El general Santander me ha asegurado verbalmente que concuerda con la justicia y oportunidad de dicha sugestión y que la recomendará resueltamente para su adopción por parte del cuerpo legislativo.

   He recibido de Sir Robert Porter contestación a la carta que le dirigí sobre la misma materia, y en ella señala que ha recibido respuesta del gobierno venezolano para el mismo efecto, la cual sin duda ha transmitido a su Señoría.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría,
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/91/fos. 354RH-375LH.

ANEXOS

1. Copy of a note from William Turner to señor Vélez.

British Legation
Bogotá, 20 November 1832

   The British Minister has received instruction from his Majesty's Secretary of State for Foreign Affairs to bring under the notice of the Government of New Granada a subject of vast importance, which though not of an official nature, has excited deep and painful interest in the British Government. He alludes to the loans contracted by this country with subjects of his Majesty, many of whom are reduced to actual distress by the non payment of the dividends.

   In the memorial addressed by the bondholders to Viscount Palmerston it is stated

   "That the Colombian Government specifically pledged certain of the revenues of the country as security for the payment of the dividends on the two loans, and for the gradual redemption of the principal; and added that if the assigned branches of revenue were found insufficient for the purpose, the other revenues of the Republic should be applied to make up the deficiency.

   "That the Colombian Government has entirely failed in the performance of the above solemn engagement, no part of the above mentioned revenues having been appropriated to the payment of the charge on the loans.

   "That the bondholders feel themselves considerably aggrieved by the conduct of the Colombian Government towards them; if it had happened that the produce of the mortgaged revenues had proved unequal to the discharge of the engagements with which they were charged, the bondholders would have felt that in receiving their actual produce, something like justice would have been observed towards them, and they would have waited in patience the appropriation of the other parts of the revenues to supply the deficiency. But as the case at present stands, not one dollar of those revenues has been applied to the purpose for which they were mortgaged. The official accounts of the Republic show however, during the only periods at which they have been published, that the assigned branches of the revenue have been much more than equal to the annual charge of the loans to which they were destined.

   "In every view of it therefore, the case between the Colombian Government and the bondholders is one of a plain violation of a solemn engagement in all its parts, that engagement having been formally recognized by the National Congress. The bondholders ask for nothing but the simple performance of engagements entered into with them. There is no dispute as to the character or the amount of their claims. The Committee therefore venture to hope that as British subjects seeking the payment of a just demand from a foreign state, they may receive the efficient support, countenance, and assistance of the representatives of the British Government".

   Such is the strong language of truth in which the bondholders have represented their melancholy case. The Government of New Granada cannot deny the justice of their complaint, and it has been so thoroughly recognized by that of his Majesty that the British Minister is instructed "to bring the subject again before the government to which he is accredited, and to support the application of the bondholders by all the influence which he can with propriety exert".

   The undersigned cannot but flatter himself that the sense entertained by both governments of the hardship of the case of the bondholders will effectually arose the Government of New Granada to a sense of the injustice which they are inflicting on their creditors and the injury they are doing to their national credit.

   It is true that the undersigned had the honour to receive in January last a reply from the Granadian Minister for Foreign Affairs, in which it was stated that Venezuela had been invited to depute plenipotentiaries or commissioners to this capital whose principal object would be to agree on the most efficacious means for the exact fulfilment of the obligations contracted by the Republic of Colombia in virtue of the foreign loans of 1825; and it was added that in the course of the present year this important object would be obtained.

   Disposed as the undersigned personally is to rely on the sincerity of the promises of the Granadian Government, that Government yet cannot but feel how much injury has been inflicted on the bondholders who have seen their hopes so frequently disappointed and themselves in consequence exposed to the severest hardships. The British Minister therefore urgently calls on the Government to adopt some immediate step for the relief of men who have hazarded their property for the benefit of Colombia, and whose countrymen have cemented with their blood the fabric of her freedom. Without some such proof of the earnest intention of New Granada to support her deep-pledged honour, there may be danger of her claim being weakened to the honourable station to which she is equally entitled by her internal resources and by a successful struggle for national independence. The British Government would never do that of New Granada the injustice to suppose it less alive to these natural feelings than those of Mexico and Chile, which have both adopted active and vigorous measures for the preservation of their public credit.

   The present appears a highly appropriate opportunity for urging the above considerations on the Government of New Granada, as the distinguished officer who is now at its head must have seen in the countries from which he is lately returned the incalculable advantages conferred on a nation by high public credit, and the aggravation of its evils which the want of it entails. The British Minister will not intrude on the Government his valueless opinion as to the period when a financial settlement may be expected to be concluded between New Granada and Venezuela. It is sufficient that it does not appear so near as to justify the former in making her payments depend upon its issue. A similar application to the present one is on the point of being addressed already to the authorities of Venezuela, and both Governments will best consult their honour and good faith by beginning payments of which the amount can always be subtracted from the proportion on which they may ultimately agree.

   It is neither the business nor the purport of the British Minister to specify the amount of such payments or the form in which they should be made. The representative in this capital of the respectable House of Powles, Illingworth, Wills & Co., who is appointed the agent of the bondholders for the purpose detailed in this note, will lay their application before the Government and discuss with it the means and manner of its settlement. The British Minister has fulfilled his appointed duty by recommending the representations of that gentleman to favourable consideration and he expresses in conclusion his confidence that the Granadian Government will do theirs by acquiescing in his proposals for the sake of the claimants and for their own.

   The British Minister, etc.,

(Signed)
W. Turner.


1. Copia de una nota de William Turner al señor Vélez.

Legación Británica
Bogotá, 20 de noviembre de 1832

   El ministro británico ha recibido orden del secretario de Estado de Relaciones Exteriores de su Majestad de llamar la atención del gobierno de la Nueva Granada sobre un asunto de inmensa importancia que, pese a no ser de naturaleza oficial, ha despertado profundo y doloroso interés en el gobierno británico. Alude a los préstamos contratados por este país con súbditos de su Majestad, muchos de los cuales están reducidos a verdadera miseria por la falta de pago de los dividendos.

   En el memorial dirigido por los tenedores de bonos al vizconde Palmerston se declara:

   "Que el gobierno colombiano específicamente ofreció algunas de las rentas del país como garantía para el pago de los dividendos de los dos préstamos y para la amortización gradual del principal; y agregó que si los ramos de rentas asignados se encontraren insuficientes para dicho propósito, se recurriría a otros ingresos de la República para compensar la deficiencia.

   "Que el gobierno colombiano ha fallado completamente en el cumplimiento del solemne compromiso anterior, no habiéndose apropiado ninguna parte de las rentas mencionadas para el pago del precio de los préstamos.

   "Que los tenedores de bonos se sienten considerablemente agraviados por la conducta hacia ellos del gobierno colombiano; si hubiera sucedido que el producto de las rentas empeñadas hubiera sido desigual al descargo de los compromisos a los cuales se habían asignado, los tenedores de bonos habrían creído que al recibir su producto real, algo cercano a la justicia se hubiera observado hacia ellos, y habrían esperado con paciencia a la apropiación de las otras partes de las rentas para suplir la deficiencia. Pero tal como se presenta el asunto en la actualidad, ni un dólar de dichas rentas se ha asignado al propósito para el cual se habían empeñado. Las cuentas oficiales de la República muestran, sin embargo, en los únicos períodos en que se han publicado, que los ramos asignados de la renta han sido mucho más que iguales al costo anual de los préstamos para los cuales estaban destinados.

   "Desde todo punto de vista, por consiguiente, el caso que se presenta entre el gobierno colombiano y los tenedores de bonos es de simple violación de un compromiso solemne en todas sus partes, habiendo sido tal compromiso reconocido formalmente por el Congreso nacional. Los tenedores de bonos no piden nada más que el simple cumplimiento de los compromisos contraídos con ellos. No hay disputa en cuanto al carácter o el monto de sus reclamos. El Comité, por lo tanto, se atreve a esperar que como súbditos británicos que buscan el pago de una justa demanda por parte de un estado extranjero, pueden recibir el apoyo eficiente, la tolerancia y la asistencia "de los representantes del gobierno británico".

   Tal es el sólido lenguaje de verdad con el cual los tenedores de bonos han representado su triste caso. El gobierno de la Nueva Granada no puede negar la justicia de su demanda, que ha sido tan ampliamente reconocida por el de su Majestad que se ha ordenado al ministro británico "llevar nuevamente el asunto frente al gobierno ante el cual está acreditado, y apoyar la solicitud de los tenedores de bonos con toda la influencia que pueda con propiedad ejercer.

   El infrascrito no puede menos que satisfacerse de que el sentido con que ambos gobiernos aprecian la penuria del caso de los tenedores de bonos, efectivamente incitará en el gobierno de la Nueva Granada el sentimiento de la injusticia que está cometiendo con sus acreedores y el daño que están infligiendo a su crédito nacional.

   Bien es cierto que el infrascrito tuvo el honor de recibir en enero último una respuesta del ministro granadino de Relaciones Exteriores, en la cual se señala que Venezuela había sido invitada a destacar plenipotenciarios o comisionados en esta capital, con el objetivo principal de llegar a un acuerdo sobre los medios más eficaces para el cabal cumplimiento de las obligaciones contraídas por la República de Colombia en virtud de los préstamos externos de 1825; y se agregaba que en el curso del presente año se realizaría tan importante objetivo.

   Dispuesto, como personalmente se encuentra el infrascrito, a confiar en la sinceridad de las promesas del gobierno granadino, dicho gobierno sin embargo no puede menos que juzgar cuánto daño se ha hecho a los tenedores de bonos, que han visto sus esperanzas tan a menudo defraudadas, y a ellos mismos, en consecuencia, expuestos a las penurias más severas. El ministro británico, por tanto, hace un llamado al gobierno para que adopte alguna medida inmediata para alivio de los hombres que han puesto en peligro su propiedad para el beneficio de Colombia, y cuyos compatriotas han cimentado con su sangre la fábrica de su libertad. Sin tal prueba de la seria intención de la Nueva Granada de respaldar su honor profundamente comprometido, puede haber el peligro de que se vea debilitada su aspiración al lugar de honor al cual tiene tanto derecho por sus recursos internos como por su exitosa lucha por la independencia nacional. El gobierno británico nunca hará al de la Nueva Granada la injusticia de suponerlo menos susceptible a tales sentimientos naturales que los de México y Chile, que han adoptado ambos activas y vigorosas medidas para la preservación de su crédito público.

   La presente se ofrece como una oportunidad altamente favorable para encarecer al gobierno de la Nueva Granada las anteriores consideraciones, ya que el distinguido oficial que se encuentra actualmente a su cabeza debe haber visto en los países de los cuales ha regresado recientemente, las incalculables ventajas conferidas a una nación por un crédito público elevado, y la agravación de los males que la falta de él conlleva. El ministro británico no molestará al gobierno con su vana opinión en cuanto al momento en que pueda esperarse la realización de un arreglo financiero entre Nueva Granada y Venezuela. Es suficiente con que no aparezca tan cercana como para justificar que aquél haga depender sus pagos de su promulgación. Una solicitud similar a la presente se encuentra ya a punto de dirigirse a las autoridades de Venezuela, y ambos gobiernos tomarán en consideración su honor y buena fe al comenzar los pagos, el monto de los cuales puede sustraerse de la proporción que finalmente acuerden.

   No es tampoco asunto o pretensión del ministro británico especificar el valor de tales pagos o la forma en la cual deben hacerse. El representante en esta capital de la respetable casa de Powles, Illingworth, Wills & Co., nombrado agente de los tenedores de bonos para el propósito detallado en esta nota, elevará su solicitud al gobierno y discutirá con él los medios y manera de su arreglo. El ministro británico ha cumplido con el deber que se le ha señalado, recomendando la consideración favorable de las representaciones de dicho caballero, y expresa en conclusión su confianza de que el gobierno granadino cumplirá con el suyo consintiendo con sus propuestas para el bien de los demandantes y del suyo propio.

   El ministro británico, etc.,

(Firmado)
W. Turner.


2. Nota de Alejandro Vélez a William Turner.

Colombia, Estado de la Nueva Granada.

Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá 29 de noviembre de 1832

   El gobierno de la Nueva Granada ha tomado en consideración la nota que el señor ministro de su majestad británica dirigió a este despacho con fecha 20 del corriente, sobre las reclamaciones que hacen los tenedores de vales del empréstito colombiano, y habiendo dictado por el conducto respectivo la resolución que ha creído conveniente, el infrascrito secretario del Interior y Relaciones Exteriores pasa a exponerla al señor ministro conforme se la ha comunicado por el mismo conducto con fecha de ayer.

   La quiebra de la casa de B. A. Goldschmidt sucedida en febrero de 1826 fue el primer golpe mortal que recibió el crédito colombiano, porque dichos señores quedaron debiendo cuatrocientas dos mil noventa y nueve libras, diez chelines, tres peniques, que en la mayor parte estaban destinadas para el pago de los correspondientes dividendos. La legislatura y el Ejecutivo constitucional adoptaron entonces medidas conducentes para reparar este daño, y lo hubieran conseguido si disensiones intestinas cuyo origen es bien conocido no hubiesen sumido al país en un estado realmente embarazoso.

   Debería haberse repuesto Colombia de males tan graves, que impidieron el curso regular de la administración, si nuevas desgracias no hubiesen precipitado a la República en las de la dictadura de 1828. Entonces el crédito acabó de arruinarse enteramente, pues que se hicieron gastos superiores en mucho a todos los ingresos.

   En 1830 estaba ya de hecho despedazada la nación; pero todavía faltaba a la Nueva Granada caer en manos de una administración intrusa, que al paso que solo trataba de su conservación, absolutamente descuidó los comprometimientos nacionales.

   En 1831 los pueblos de la Nueva Granada sacudieron el yugo que los oprimía y el país empezó a reorganizarse. Reunióse una Convención, y su primer cuidado fue reconocer del modo más solemne, y prometer pagar a los acreedores de Colombia nacionales y extranjeros, la parte de deuda que proporcionalmente les corresponda, adoptando para ello de preferencia, las medidas que estimó convenientes.

   La cardinal entre todas ellas era la de provocar a los otros estados de Colombia al restablecimiento de los vínculos nacionales, o por lo menos a establecer entre sí lo más necesario y ventajoso a la deuda nacional acordando una distribución equitativa y proporcionada entre los tres Estados, para que cada uno pague separadamente la porción que le toque, o bien la amortización del principal y réditos in solidum por todos ellos, y para que se verificara tan laudable objeto, el gobierno ejecutivo dirigió sus comunicaciones al de Venezuela y ha nivelado su conducta sobre este principio en las transacciones que han de hacerse con el Ecuador al tiempo de su reconocimiento.

   Entre tanto, el Ejecutivo de la Nueva Granada, separadas las otras dos secciones de Colombia y sin que se verifiquen los arreglos indicados no puede por ahora entrar en ninguna clase de transacción sobre la materia, pues que una ley del Estado, presuponiendo dichos arreglos ha marcado expresamente esta línea de operaciones.

   En tal conflicto, pues, no queda al gobierno más recurso que el de dirigir al de Venezuela y al del Ecuador, en su caso, copia de la comunicación del ministro de su majestad británica con el objeto de que ella venga a ser un nuevo estímulo que acelere la reunión de la asamblea de plenipotenciarios, o del arreglo de los intereses comunes entre los cuales la Nueva Granada considera como el primero bajo todos los aspectos la amortización de la deuda extranjera, de cualquiera de los dos modos anteriormente expresados.

   Al propio tiempo que el Ejecutivo de la Nueva Granada llevará a efecto esta medida, someterá también el negocio a la resolución de la Legislatura del Estado, que habrá de reunirse a principios del año entrante.

   Si en tan angustiada situación puede caber algún consuelo, la Nueva Granada conserva al menos la esperanza de que no serán atribuidas al gobierno constitucional colombiano, ni menos al de este Estado, las tristes consecuencia de acontecimientos en que no han tenido la más leve intervención.

   Tal es la resolución que ha acordado el gobierno en vista de la nota del señor ministro que versa sobre el particular, y el infrascrito cumple con el deber de ponerla en su conocimiento, y de renovarle las seguridades de su respetuosa estimación.

(Firmado)
Alejandro Vélez.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 481

Refusal of the Granadian Government to accede to the demand that the exemption from the additional duty of 5 per cent on foreign goods be extended to British trade.

Bogotá, 14 December 1832

My Lord,

   I had the honour to receive on the 24th ultimo your Lordship's dispatches Nos. 11, 12, 13, 14 and 15, and I beg to return my thanks to your Lordship for the support which their contents are calculated to afford to the remonstrances I had so vainly addressed to this government.

   I lost no time in communicating to the Granadian Government, in a note of which I have the honour to enclose a copy, the contents of No. 14, of which I previously (on the 25th ultimo) spoke to General Santander, expressing my anxiety to receive an answer in time for this post, as a grievance which had excited such unpleasant feelings could not be too soon redressed. His Excellency appeared to acquiesce in my view and promised to make every effort to return me an answer by the 14th instant, for the receipt of which day's post in Carthagena I agreed to detain, if necessary, the packet.

   On the 9th instant I received from Señor Vélez a note of which I have the honour to enclose a copy, proposing that I should have a conference with him at the Foreign Office for the purpose of discussing the doubts which his government still entertained with respect to the justice of my demand. This conference accordingly took place at noon on the 11th instant.

   Señor Vélez begun by expressing the impossibility of this Government acquiescing in the right of Great Britain to found on the Treaty a general right to all that is enjoyed by the most favoured nation, stating that our conference was to be followed by a protest of the Granadian Government against the justice of such pretension, and requesting me to point out the article on which our association of that right was founded. I replied by acquainting him that I readily acquiesced in the proposal of a conference in order to show my constant desire to meet amicably the wishes of the Granadian Government, but that I did not consider myself authorized to discuss the Treaty, which was made with Colombia and not with New Granada, which was a solemn compact not depending on the opinion of individuals, and on which no doubt was felt by his Majesty's Government, or by any Government of this country except the last, and that even if I did discuss it, I could only repeat the opinions which I had already expressed both in my own name and in that of my Government, which were that the claim I had advanced was fully supported by our Treaty with Colombia.

   Señor Vélez proceeded utterly denying the justice of these expressed opinions and the right which we founded on them. He stated that the Granadian Government could see in the letter of the Treaty nothing that authorized my claim, and, if I founded it on the spirit of the Treaty, he was instructed to inform me that his Government would never consider itself bound by the spirit of a Treaty to give what the letter did not clearly stipulate, as the different ideas entertained of the spirit would involve it in incessant disputes. He added that neither my notes nor the dispatch of my Government had altered the sentiments of the Granadian Government as to the want of that right derived from the Treaty, and that consequently it could not grant my demand, because such concession would be, in its opinion, a violation of the Treaties, and therefore laws of the State, to which no circumstances could induce it to consent, but that the Government entertained a very strong and sincere desire to cultivate and improve the friendship of Great Britain, in order to show which, and to testify its wish to place all its allies on the same footing, it had instructed him to propose a reform of the defect in the Treaty by inserting an article distinctly conferring o us a right to claim all that was granted to the most favoured nation.

   It was utterly in vain that I suggested to señor Vélez that the right of the Granadian Government to insist on the impossibility of departing, in a case which he himself much confess to be doubtful as it was disputed, from its own idea and interpretation of our Treaty, was weakened by its proved departure in the concession made to America from its treaties both with Guatemala and the United States, on which no doubt could exist. He only stated in reply that as little doubt was entertained by his Government respecting the Treaty with Great Britain as was felt by me and indeed by itself, of the erroneous interpretation of that of Guatemala on which had been founded that grant to America. He denied our right to complain of that erroneous interpretation, inasmuch as our Treaty conferred no perfect right of claiming the same grant. He said his Government had admitted the error committed in making the concession to America on the ground of the Treaty of Guatemala, and had therefore revoked that concession, but would never admit that error to be a just reason for another power demanding the same concession by another departure from what it considered to be the true meaning of the British Treaty. All my efforts were vain to persuade him that Great Britain was justified in complaining of a departure to her prejudice from a Colombian Treaty with one power in favour of another.

   I was equally unsuccessful in persuading Señor Vélez not to consider as most unjust (injustísimo) my pretension to the same concession as America had enjoyed, without the Granadian Government being entitled to demand reciprocity, which pretension I founded on the fact that as each party had a right to the privileges of the most favoured nation, we would claim from New Granada a favour which she had granted to another, without its necessarily following that she could claim it from us who had not.

   I informed your Lordship in my dispatch No. 31 of this year, that Mr. Márquez had positively assured me that the reason which had induced this Government, while it abolished the exemption, to continue it to the United States for 7 months was that the American Congress had passed a law enacting reciprocity to New Granada, which law could not be revoked till the American Congress reassembled in December. In answer to my enquiries on this head, Mr. Bankhead sent me a printed copy of the law, by which it appears that power is therein given to the American President to revoke it immediately on the repeal of the exemption by this Government. On my showing this to Señor Vélez and asking him how it could be reconciled with the statement to me of the Vice President, he replied that the above had not been the only reason of this Government, which had continued the exemption for 7 months in order to give timely notice of its revocation. I could not but here remind him of the fruitlessness of my efforts for a prolongation of the period. A 4 months granted to our trade by the decree of the 14th March at the very time that 7 months were granted to America. To this he replied that the Government had felt the insufficiency of the time granted by that decree to European trade, but could not alter it as it was a law of the Congress, to which however it would have no objection to refer it for extension.

   Finding all my efforts vain to induce Señor Vélez to alter his determination, I could only tell him how deeply I regretted the pertinacity of the Granadian Government which might, I feared, lead to very serious consequences and which was the more deplorable as the loss entailed on it by compliance with the demand of Great Britain would be so small, two vessels only having arrived with foreign goods, the difference of duties on which would not probably exceed six thousand dollars. His answer was that if the difference were only one dollar, the Government would submit to any consequences, even to the destruction of the State (aún a perder el Estado) rather than act contrary to what it considered to be law. But he added his persuasion that any serious consequences would be obviated by the proposal of this Government to reform the Treaty.

   And here Mr. Vélez first discovered what I conceive to be the real motive of this Government's desire for an alteration of the Treaty. He stated that the Government of New Granada, while it proposed to Great Britain a reform of the Treaty with respect to the point now disputed, would suggest the advisableness of a change in some articles (an opportunity for future consideration being left open by the 14th article) which it considered greatly prejudicial to its interests, and would therefore express its wish to hold conferences at which it would specify those articles. I told him that I of course could only receive such a proposal ad referendum, but that if it were made, it would certainly be better at once to state what the articles were. He said he had no objection to do so, and explained that this country having no vessels of its own was seriously injured by the stipulation which placed British vessels on the same footing as national ones, and intended to propose that this favour should only be granted to British trade, in the case of New Granada conceding it to the vessels of another power, when England would of course claim it also, as entitled to the privileges of the most favoured nation. Great

   Britain, he said, would not by this agreement be embarrassed in her proceedings with other nations, as they would not, like New Granada, be willing to render it reciprocal. Its other proposal would be that the treaty between the two countries, instead of being perpetual as it now is, should have a term assigned to it (as had that with America) at the end of which it should be renewed on a previous notice of stipulated extent to be given by either party. He added that he requested me, as our conference was official, to report to his Majesty's Government these wishes of that of New Granada. I added that I would do so, though I could not but think that New Granada was choosing a bad time for asking favours of Great Britain when she was refusing her what the latter considered her right. I did not hold out to Señor Vélez any hope that these points would be conceded by Great Britain, nor indeed if I may venture an opinion, do I think the former one could safely be acceded to, even if asked by Colombia instead of by New Granada, as the equalization of our ships with those of the country is our principal barrier against the acts of commercial injustice which this Government is often too prone to commit. For the same reason I should fear the consequences of altering the duration of the Treaty, for this Government would to a certainty, at the expiration of the term, attach to its renewal some condition in which it would be impossible for His Majesty's Government to acquiesce.

   I observed to Mr. Vélez that I thought his Government, in expressing its complaints of our interpretation and its wishes for an alteration of the Treaty, ought to use the channel, not of the British Mission here, but of its own Mission in London, and this for the obvious reason that the decision which it required could only be pronounced by his Majesty's Government and not by me, who could but give my opinion and refer to the subject. To this suggestion he vehemently demurred as it regarded the dispute concerning the Treaty, saying that as I had uttered the complaints of my Government of the non-fulfilment of the Treaty, I ought to be the medium of this Government's explanation and version of it. When however my same objection referred to the proposed change in the Treaty, to which his same reasoning could not apply, the real motive of the wish to negotiate through me transpired, for with these people the first reason is seldom the true one. I now learned, for the first time, that this Government has no Chargé d'Affaires in London, and on my citing the note to me of the Granadian Minister for Foreign Affairs which was enclosed in my separate dispatch to Your Lordship of the 6th January last, informing me that a new Chargé d'affaires had been appointed, I was told that the gentleman had never presented his letter of credence. On quitting señor Vélez, I requested that he would express to me in writing the opinions he had uttered at our conference and the resolution and proposals of the Government. He suggested that I should address him a note containing this request, and I have the honour of enclosing a copy of that which I sent to him immediately on returning to my house.

   The above is the substance of what passed at my conference with Mr. Vélez, to the best of my remembrance and of that of Mr. Cade who accompanied me.

   I thought it right to see the President the next morning in order to make a last effort to change the determination of this Government, but I had no better success with his Excellency than with his Minister. General Santander said he thought it would be highly derogatory to the honour of this Government to cede a point on which it felt no doubt, and on which Great Britain had only declared its will, without stating her own reasons and before she had heard theirs. His Excellency expressed to me the same opinion as had been uttered by Señor Vélez, that at all events it was out of the question conceding the exemption to Great Britain without her consenting to grant the same reciprocity as had been yielded by America. I went over without effect the same arguments as I had adduced to Señor Vélez. His Excellency said that having examined the subject more deeply since he spoke to me on it before, he did not consider the letter of the Treaty to admit of any doubts, and the Government was clearly not bound by it to accede to my demand, which as Treaties were laws, it could not therefore do without a violation of the law, and this no power should ever induce it to commit while he was at the head of it. His Excellency said that he strongly felt this to be a point on which he was bound to adhere to the laws, and support the honour of his country at whatever risk. But he added that he could not for a moment imagine that there was any thing in the present transaction which could excite angry feelings in the British Government which was too just to dispute a right so clearly proved, and even concluded by saying that he did not conceive any circumstances would ever induce Great Britain to enter on hostilities against this country. I could only answer that I entertained as fervent a desire as could his Excellency or any man for the continuance of friendship between the two countries, but that I could not take on myself to answer for the consequences of the present refusal of the Granadian Government to comply with the strong demand of that of His Majesty.

   The two above conferences notwithstanding the disagreeableness of the subjects were conducted with perfect temper without the utterance of any angry word or the appearance of any angry feeling.

   On the morning of the 12th instant I received the note of Señor Vélez containing the opinions and resolution of the Government of which a copy is also enclosed.

   I ought to add that I was assured both by Señor Vélez and the President that the Exemption granted to America is to cease finally on the 17th instant, and that orders to that effect have already been sent to the ports.

   Under these circumstances of continued refusal, I can only report to Your Lordship my proceedings, entreating your indulgent consideration of them, and apologizing for my minute and voluminous detail of them which appears to me to be called for by the importance of the subject.

   In the event of His Majesty's Government acquiescing in the proposal contained in Señor Vélez's note for the holding of conferences on the subject of the Treaty, I earnestly request of Your Lordship to favour me with instructions as to the language I should hold in them. However improbable it may appear to me that His Majesty's Government should consent to alter, at the request of separate New Granada, a Treaty made with United Colombia, I have not thought it advisable to state that objection myself to this Government, both because I think it will come with so much greater force from Your Lordship, and because the answer to the proposition may involve the question of the formal recognition of New Granada.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/91/fols. 400RH-429RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No.481

Rechazo por parte del gobierno granadino a acceder a la demanda de extender la exención del arancel adicional de 5 por ciento para los bienes extranjeros al comercio británico.

Bogotá, 14 de diciembre de 1832

Su Señoría:

   Tuve el honor de recibir el pasado 24 los despachos de su Señoría Nos. 11, 12, 13, 14 y 15, y me complace enviar las gracias a su Señoría por el apoyo que su contenido proporciona a las protestas que tan vanamente he dirigido a este gobierno.

   Sin pérdida de tiempo comuniqué al gobierno granadino, en una nota de la cual tengo el honor de remitir copia, el contenido del No. 14, sobre el cual previamente (el 25 último) había hablado con el general Santander, expresando mi ansiedad por recibir una respuesta a tiempo para este correo, pues ninguna reparación sería demasiado pronta para un agravio que ha suscitado tan desagradables sentimientos. Su Excelencia se mostró de acuerdo con mi punto de vista, y prometió hacer el mayor esfuerzo para devolverme una respuesta hacia el 14 del actual, y para recibir el correo de tal día en Cartagena prometí detener, si fuera necesario, el paquete.

   El 9 del corriente recibí del señor Vélez una nota de la cual tengo el honor de incluir copia, proponiendo que yo sostuviera una conferencia con él en la secretaría de Relaciones Exteriores con el propósito de discutir las dudas que tuviera aún su gobierno con respecto a la justicia de mi demanda. En conformidad con ello, dicha conferencia tuvo lugar a medio día del 11 del presente.

   El señor Vélez comenzó expresando la imposibilidad de que este gobierno consintiera en la facultad de Gran Bretaña para fundar en el tratado un derecho general a todo aquello de lo cual goza la nación más favorecida, declarando que a nuestra conferencia seguiría una protesta del gobierno granadino contra la equidad de tal pretensión, y solicitándome que señalara el artículo sobre el cual se basaba nuestra determinación del mencionado derecho. Yo respondí que de buen grado acepté la propuesta de una conferencia con el ánimo de mostrar mi permanente deseo de satisfacer las aspiraciones del gobierno granadino, pero que no me consideraba autorizado para discutir el tratado, que se acordó con Colombia y no con Nueva Granada, y el cual era un pacto solemne no dependiente de la opinión de los individuos y sobre el cual no pesaba ninguna duda de parte del gobierno de su Majestad o de ningún gobierno de este país, con excepción del último, y que aún si yo entraba en discusiones sólo podría repetir la opinión que ya había expresado tanto en mi propio nombre como en el de mi gobierno, al señalar que el reclamo que yo había presentado estaba firmemente apoyado en nuestro tratado con Colombia.

   El señor Vélez prosiguió negando totalmente la justicia de dichas opiniones y el derecho que fundábamos en ellas. Declaró que el gobierno de la Nueva Granada no podía ver en el texto del tratado nada que autorizara mi reclamación, y que si yo la basara en el espíritu del tratado, él tenía instrucciones de informarme que su gobierno nunca se consideraría obligado por tal espíritu del tratado a dar lo que el texto no estipulara claramente, pues las distintas ideas que se tejieran sobre su espíritu lo envolverían en incesantes disputas. Agregó que ni mis notas ni el despacho de mi gobierno habían alterado los sentimientos del gobierno granadino sobre la ausencia de tal derecho derivado del tratado, y que en consecuencia éste no podía satisfacer mi demanda pues tal concesión sería, en su opinión, una violación de los tratados y por consiguiente de las leyes del Estado, a lo cual ninguna circunstancia podría inducirlo, pero que el gobierno mantenía un fuerte y sincero deseo de cultivar y mejorar su amistad con la Gran Bretaña, en demostración de lo cual, y para dar testimonio de su anhelo de ubicar a todos sus aliados en un mismo pie de igualdad, lo había instruido para proponer una corrección del defecto del tratado, insertando un artículo que nos confiriera claramente el derecho a reclamar todo cuanto se otorgara a la nación más favorecida.

   Fue absolutamente en vano que yo sugiriera al señor Vélez que el derecho del gobierno granadino de insistir en la imposibilidad de apartarse, en una situación que él mismo confiesa abiertamente tan dudosa como disputable, de su propia concepción e interpretación de nuestro tratado, se vio debilitado por su comprobada desviación, por la concesión hecha a América, de sus tratados con Guatemala y los Estados Unidos, sobre los cuales ninguna duda podía existir. El solamente respondió declarando que tan pocas dudas conservaba su gobierno en relación con el tratado con Gran Bretaña como las que yo podría guardar, y en verdad el propio gobierno, de la interpretación errónea del de Guatemala, sobre la cual se había fundamentado la concesión hecha a América. Negó nuestro derecho de quejarnos de dicha interpretación errónea, puesto que nuestro tratado no confería el perfecto derecho de reclamar la misma concesión. Dijo que su gobierno había admitido el error cometido al hacerle la concesión a América sobre la base del tratado con Guatemala, y que por consiguiente revocaba esa concesión, pero que nunca admitiría que tal error fuera una razón justa para que otra potencia demandara la misma concesión por una nueva distorsión de lo que ésta consideraba como el verdadero sentido del tratado con la Gran Bretaña. Fueron en vano todos mis esfuerzos para persuadirlo de que la Gran Bretaña estaba justificada en su queja por la distorsión, en perjuicio suyo, del tratado colombiano con una potencia en favor de otra.

   Así mismo fracasé en mi intento de persuadir al señor Vélez de no considerar como altamente injusta ("injustísima") mi pretensión de obtener el mismo privilegio de que había gozado América sin que el gobierno granadino se sintiera con derecho a demandar reciprocidad, pretensión que yo apoyaba en el hecho de que como cada una de las partes tenía derecho a los privilegios de la nación más favorecida, exigiríamos de la Nueva Granada el favor que esta había otorgado a otra, sin que ello necesariamente significara que ella pudiera reclamarlo de nosotros, que no lo habíamos otorgado.

   Ya he informado a su Señoría en mi despacho No. 31 de este año, que el señor Márquez me había asegurado positivamente que la razón que había inducido a este gobierno, a tiempo que abolía la exención, a mantenerla para los Estados Unidos durante siete meses, la aprobación, por parte del Congreso americano, de una ley decretando reciprocidad hacia la Nueva Granada, ley que no podía revocarse hasta que el Congreso americano reanudara sus sesiones en diciembre. En respuesta a mis interrogantes en esta materia, el señor Bankhead me envió una copia impresa de la ley, en la cual aparece que se ha dado poder al presidente americano para revocarla tan pronto como este gobierno abrogara la exención. Al mostrar esto al señor Vélez y preguntarle cómo era posible conciliario con la declaración que me hizo el vicepresidente, respondió que la anterior no había sido la única razón de este gobierno, que había mantenido siete meses la exención con el objeto de dar oportuna notificación de su revocatoria. En este punto no pude menos que recordarle lo infructuoso de mis esfuerzos para obtener una prolongación del período. Cuatro meses se concedieron a nuestro comercio por el decreto del 14 de marzo, a tiempo que a América se le concedían siete. A ello replicó que el gobierno había percibido la insuficiencia del tiempo señalado por ese decreto al comercio europeo, pero que no podía alterarlo pues era una ley del Congreso al cual, sin embargo, no tenía ningún inconveniente en remitirlo para su extensión.

   Hallando inútiles todos mis esfuerzos para inducir al señor Vélez a alterar su determinación, solamente pude señalarle cuán profundamente lamentaba la pertinacia del gobierno colombiano, la cual, me temo, puede traer muy serias consecuencias, siendo tanto más deplorable cuanto que la pérdida que supondría la satisfacción de la demanda de la Gran Bretaña era muy pequeña, pues solamente habían llegado dos buques con bienes extranjeros, sobre los cuales la diferencia en los aranceles probablemente no excedería los seis mil dólares. Su respuesta fue que aún si la diferencia fuera de sólo un dólar, el gobierno asumiría todas las consecuencias, aún perder el Estado, antes que actuar en contra de lo que consideraba como ley. Pero añadió que estaba persuadido de que cualquier consecuencia seria podría obviarse con la propuesta del gobierno de reformar el tratado.

   En este punto el señor Vélez descubrió aquello que yo consideraba como el auténtico motivo del deseo de este gobierno de alterar el tratado.

   Señaló que el gobierno de la Nueva Granada, al tiempo de proponer a la Gran Bretaña una reforma del tratado con relación al punto actualmente en disputa, sugeriría la conveniencia de cambiar algunos artículos que consideraba altamente perjudiciales para sus intereses, y por consiguiente expresaría su deseo de sostener conferencias en las cuales especificaría dichos artículos. Le dije que yo por supuesto sólo podía recibir tal propuesta ad referendum, pero que si se realizaran, sería ciertamente mejor indicar de una vez cuales eran esos artículos. Me señaló que no tenía objeción en hacerlo, y explicó que como este país no tenía buques propios, le era muy desfavorable la estipulación que colocaba a los barcos británicos en el mismo pie de igualdad que los nacionales, y que se proponía sugerir que tal concesión debía otorgarse solamente al comercio británico, en caso de que la Nueva Granada la concediera a los buques de otra potencia, cuando Inglaterra por supuesto lo demandara también, como poseedora del derecho a los privilegios de la nación más favorecida. La Gran Bretaña, dijo, no tendría estorbo por tal acuerdo en sus actuaciones con otras naciones, pues estas no querrían, como la Nueva Granada, hacerlo recíproco. Su otra propuesta sería que el tratado entre los dos países, en lugar de ser perpetuo como lo es ahora, debería asignarsele un término (como lo tenía el tratado con América), al final del cual tendría que renovarse, previa notificación por ambas partes de la duración estipulada. Añadió que me solicitaba que, considerando que nuestra conferencia era oficial, informara al gobierno de su Majestad los deseos del de la Nueva Granada. Le respondí que así lo haría, pese a que no podía menos que pensar que la Nueva Granada escogía un mal momento para pedir favores de la Gran Bretaña, cuando le negaba aquello que ésta consideraba su derecho. No dejé que el señor Vélez se hiciera muchas esperanzas de que estos puntos serían concedidos por la Gran Bretaña y, en verdad, si puedo aventurar una opinión, no creo que se pudiera acceder al primero sin peligro, aun si fuera solicitado por Colombia en lugar de Nueva Granada, pues la igualdad de nuestros buques con los del país es nuestra principal barrera contra los actos de injusticia comercial que este gobierno se encuentra a menudo tan propenso a cometer. Por la misma razón tengo temor a las consecuencias de alterar la duración del tratado, pues con seguridad este gobierno, a la expiración del término, agregaría a su renovación una condición a la cual el gobierno de su Majestad le quedaría imposible someterse.

   Le hice notar al señor Vélez que yo pensaba que su gobierno, al expresar su descontento con nuestra interpretación y sus deseos de alteración del tratado, debía utilizar como canal no la Misión británica aquí sino su propia Misión en Londres, y ello por la obvia razón de que la decisión que se requería solamente podría ser tomada por el gobierno de su Majestad y no por mí, que sólo podría dar mi opinión y hacer referencia al asunto. Objetó con vehemencia esta sugestión en cuanto concernía a la disputa referente al tratado, diciendo que como yo había proferido los reclamos de mi gobierno sobre el incumplimiento del Tratado, yo mismo debía ser el medio para que este gobierno diera su explicación y su versión mismo. Cuando, no obstante, la misma objeción de mi parte se refería al cambio propuesto en el tratado, al cual no se podía aplicar el mismo razonamiento, se revelaba la auténtica motivación del deseo de negociar por mi intermedio, pues con esta gente la primera razón es rara vez la verdadera. Me di cuenta, por vez primera, que este gobierno no tiene Chargé d'Affaires en Londres, y al citar la nota que me dirigiera el ministro granadino de Relaciones Exteriores, incluida en mi despacho separado a su Señoría del 6 de enero último, en la cual se me informa que se había nombrado un nuevo Chargé d'Affaires, me fue dicho que el mencionado caballero nunca había presentado sus cartas credenciales. Al dejar al señor Vélez le pedí que me manifestara por escrito las opiniones que había expresado en nuestra conferencia y la resolución y propuestas del gobierno. Me sugirió que le dirigiera una nota con esta solicitud. Tengo el honor de remitir copia de dicha nota, enviada inmediatamente regresé a mi casa.

   La anterior es la esencia de cuanto sucedió en mi conferencia con el señor Vélez, según mi leal recuerdo y el del señor Cade, quien me acompañó.

   Me pareció correcto visitar al presidente a la mañana siguiente con el objeto de hacer un último esfuerzo para cambiar la decisión del gobierno, pero no tuve más éxito con su Excelencia que el que obtuve con su ministro. El general Santander señaló que pensaba que sería altamente despectivo para el honor de su gobierno ceder en un punto sobre el cual no tenía ninguna duda y sobre el que la Gran Bretaña solamente había declarado su voluntad sin manifestar sus razones y antes de escuchar las suyas. Su Excelencia me expresó la misma opinión que había sido expuesta por el señor Vélez, diciendo que desde todo punto de vista era imposible conceder la exención a la Gran Bretaña sin que esta aceptara conceder la misma reciprocidad, como lo había hecho América. Volví sin efecto alguno sobre los mismos argumentos que le había presentado al señor Vélez. Su Excelencia dijo que habiendo examinado el asunto con mayor profundidad desde cuando habló conmigo la última vez, no consideraba que el texto del Tratado admitiera ninguna duda, y que ciertamente él no podía obligar al gobierno a acceder a mi demanda, lo cual, siendo los Tratados leyes, no podría llevarse a cabo sin violar la ley; y que no habría jamás poder alguno que lo indujera a cometer tal cosa mientras él estuviera al frente del gobierno. Su Excelencia indicó que creía firmemente que éste era un punto en torno al cual estaba obligado a adherir a las leyes y sostener el honor de su país sin importar el riesgo. Pero agregó que no podía imaginar por un momento que hubiera algo en la actual negociación que pudiera provocar sentimientos de disgusto de parte del gobierno británico, que estaba suficientemente justificado en disputar un derecho tan claramente comprobado y, más aún, concluyó diciendo que no concebía circunstancia alguna que pudiera inducir a la Gran Bretaña a entrar en hostilidades con este país. Yo sólo pude responder que abrigaba un deseo tan ferviente como el de su Excelencia o el de cualquier otro hombre por el mantenimiento de la amistad entre los dos países, pero que no podía tomar sobre mí el responder por las consecuencias del actual rechazo del gobierno granadino a cumplir con la enérgica demanda del de su Majestad.

   Las dos conferencias anteriores, no obstante lo desagradable de sus temas, fueron conducidas con perfecta moderación y sin proferir ninguna palabra enojosa, o sin la aparición de ningún sentimiento de animadversión.

   En la mañana del 21 del presente recibía la nota del señor Vélez con las opiniones y la resolución del gobierno, cuya copia también se adjunta.

   Debo añadir que tanto el señor Vélez como el presidente me aseguraron que la exención otorgada a América finalmente cesará el 17 del corriente, y que ya se habían enviado a los puertos órdenes para tal efecto.

   Bajo estas circunstancias de continuo rechazo, sólo puedo informar a su Señoría sobre mis actuaciones, suplicando para ellas su indulgente consideración y pidiendo disculpas por los minuciosos y voluminosos detalles, que me parecen indispensables por la importancia del asunto.

   En caso de que el gobierno de su Majestad condescienda con la propuesta contenida en la nota del señor Vélez sobre el sostenimiento de conferencias con respecto al asunto del Tratado, con todo respeto solicito a su Señoría favorecerme con instrucciones sobre el lenguaje que debo utilizar en ellas. Pese a lo improbable que pueda parecerme que el gobierno de su Majestad consienta en alterar, a pedido de la Nueva Granada separada, un Tratado realizado con Colombia Unida, no he considerado aconsejable declarar yo mismo dicha objeción a este gobierno, tanto porque pienso que ello se hará con mucha mayor fuerza por parte de su Señoría, como porque la respuesta a la proposición puede implicar la cuestión del reconocimiento formal de la Nueva Granada.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/91 /fos. 400RH-429RH.

ANEXOS

1. Copy of a note from William Turner to Señor Vélez.

British Legation
Bogotá 25 November 1832

   The undersigned, &, has the honour to address himself to his Excellency Señor Vélez, &, for the purpose of recalling the attention of the Government of New Granada to his protest of the 23d May last against the continuance to the United States, and the refusal to Great Britain, of the exemption from the payment of the additional duty of 5 per cent on foreign goods imported into New Granada.

   Although none of the replies addressed to the undersigned by the Government of New Granada had the effect of weakening the conviction of the undersigned as to the justice and propriety of that protest, he yet thought it his duty after making it, to forbear from further remonstrance for the moment, both because a protest was a final and extreme measure as far as his unsupported interference was concerned, and because he was unwilling to excite unpleasant feelings by vain attempts to alter a determination of the Granadian Government which he had so much reason to see with regret was peremptorily fixed.

   But the undersigned received on the 24th instant a dispatch from His Majesty's Secretary of State, by which he is informed that "the steps which he had taken in making the above protest are entirely approved by His Majesty's Government", and is moreover desired "to renew his representations and remonstrances to the Government of New Granada against this unjustifiable act of partiality in favour of American shipping, to the prejudice of the commerce and shipping of Great Britain, and to state to them that Great Britain will not permit the engagements of treaties to be broken with impunity, nor the rights of British subjects to be infringed without redress".

   The undersigned as a Minister of Peace sincerely desirous to witness the continuance and increase of the friendship which is so mutually advantageous to both countries, cannot but indulge a hope that the Government of New Granada will see the advisableness of complying with the demand on which justice pronounces so decidedly, and on which His Majesty's Government feels so strongly. He has the more reason to indulge this expectation as the sacrifice entailed by compliance will be so little costly to the Granadian Government.

   In order therefore that the subjects of His Majesty may be placed, as they are entitled by Treaty, on the footing of the most favoured nation, the British Government calls on that of New Granada to issue a decree enacting that the same exemption from an additional duty of 5 per cent on foreign goods imported in British ships as has been granted to American shipping be granted to British commerce during the period intervening between the 21st November 1831 and the 17th December 1832, to which latter period he has been officially informed by his Excellency Señor Vélez the privilege is continued to the United States.

   The undersigned will only add that it would give him the sincerest pleasure to be enabled to communicate the compliance of the Government of New Granada with this requisition, or at least its intention to comply with it, to that of His Majesty by the earliest opportunity.

   The undersigned, etc.,

(Signed)
W. Turner.


1. Copia de una nota de William Turner al señor Vélez.

Legación Británica
Bogotá, 25 de noviembre de 1832

   El infrascrito, &, tiene el honor de dirigirse a su Excelencia el señor Vélez, &, con el propósito de llamar la atención del gobierno de la Nueva Granada sobre su propuesta del 23 de mayo pasado contra la continuación hacia los Estados Unidos, y la negación a la Gran Bretaña, de la exención del pago del impuesto adicional del cinco por ciento sobre bienes extranjeros importados a la Nueva Granada.

   Pese a que ninguna de las respuestas dirigidas al infrascrito por el gobierno de la Nueva Granada ha tenido el efecto de debilitar su convicción sobre la justicia y propiedad de esa protesta, él sin embargo consideró su deber, luego de hacerla, abstenerse de hacer reconvenciones adicionales por el momento, tanto porque una protesta era una medida final y extrema en cuanto concierne a su interferencia carente de apoyo, como porque no estaba deseoso de suscitar sentimientos desagradables con vanos intentos de alterar una determinación del gobierno granadino, la cual, como con tanta razón él deploró, se fijó perentoriamente.

   Pero el infrascrito recibió el pasado 24 un despacho del Secretario de Estado de Su Majestad, por el cual se le informa que "las medidas que ha adoptado al adelantar la mencionada protesta cuentan con la completa aprobación del gobierno de Su Majestad", y más aún se le solicita "renovar sus representaciones y reconvenciones al gobierno de la Nueva Granada contra este injustificable acto de parcialidad en favor del comercio marítimo americano, en prejuicio del comercio y la navegación de la Gran Bretaña, y declarar que la Gran Bretaña no permitirá que los compromisos de los tratados se rompan impunemente, ni se infrinjan los derechos de los súbditos británicos sin reparación".

   El infrascrito, como Ministro de Paz, sinceramente deseoso de testimoniar la continuación y avance de la amistad, tan ventajosa mutuamente para los dos países, no puede menos que conservar la esperanza de que el gobierno de la Nueva Granada vea la conveniencia de satisfacer la demanda que la justicia respalda tan decididamente, y en la cual el gobierno de su Majestad cree muy fervorosamente. Tanto mayor razón tiene en guardar esta expectativa, cuanto que el sacrificio que conlleva su satisfacción es tan poco costoso para el gobierno de la Nueva Granada.

   Con el propósito de que los súbditos de su Majestad puedan quedar colocados en pie de igualdad con la nación más favorecida, a lo cual les da derecho el Tratado, el gobierno británico hace un llamado al de la Nueva Granada para que promulgue un decreto ordenando que la misma exención del impuesto adicional del cinco por ciento sobre mercancías extranjeras importadas en buques británicos, tal como ha sido otorgada al comercio marítimo americano, se otorgue al comercio británico durante el período que media entre el 21 de noviembre de 1831 y el 17 de diciembre de 1832, fecha esta última hasta la cual, según le ha informado oficialmente su Excelencia el señor Vélez, se ha extendido el privilegio para los Estados Unidos.

   El infrascrito solamente agregará que para él será motivo de la más sincera complacencia poder estar en capacidad de comunicar al gobierno de su Majestad, en la más cercana oportunidad, el cumplimiento de este requisito de parte del gobierno de la Nueva Granada, o al menos su intención de cumplirlo.

   El infrascrito, etc.,

(Firmado)
W. Turner.


2. Copia de una nota del señor Vélez a William Turner.

Colombia - Estado de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 5 de diciembre de 1832

   El infrascrito, etc., ha puesto en conocimiento de S. E. el Presidente la nota del señor Turner fecha 25 del mes que acabó, en que manifiesta estar instruido por parte del gobierno de su majestad británica para insistir en la reclamación que había intentado de que se extendiese a los subditos británicos la concesión hecha a los ciudadanos de los Estados Unidos por el decreto de 21 de noviembre del año pasado.

   El presidente ha considerado detenidamente la cuestión, guiado del deseo de hacer justicia a los reclamos del gobierno británico, en cuanto ellos estén fundados en el derecho perfecto que le concede el Tratado de 18 de abril de 1825, y observando que el señor Turner en su nota precitada no ha entrado a refutar las razones en que el gobierno de la Nueva Granada fundó su resolución contenida en la nota del infrascrito fecha 8 de agosto último, ha determinado el presidente que invite al señor Turner a una conferencia con el secretario que suscribe para aclarar las dudas que aun se tengan sobre el reclamo en cuestión, y explicar a la vez la justicia que asista a una y otra parte, prometiéndose Su Excelencia que este sea el mejor medio de recíproca inteligencia, después de que han precedido las notas que aun no han satisfecho ni al gobierno de su majestad británica ni al del infrascrito, y poner término a la enunciada reclamación.

   En consecuencia el infrascrito espera que el señor Turner se sirva decirle qué día puede tener con él dicha conferencia en el despacho de esta secretaría, para entonces señalar la hora. Con este motivo aprovecha, &,

(Firmado)
Alejandro Vélez.


3. Copy of a note from William Turner to Señor Vélez.

British Legation
Bogotá 11th December 1832

   The undesigned, &, on returning from the conference with which he has this morning been honoured by Señor Vélez, &, ventures to suggest the advisableness of his Excellency's transmitting to him in writing the statement which he therein verbally made of the opinions and determination of the Granadian Government on the subject of the Treaty between the two countries, and of the demand of the British Government for the extension to British trade of the exemption granted to the United States from the 5 per cent additional duty on foreign goods.

   The undersigned thinks it the more necessary that those opinions and that determination should be placed on surer record than that of mutual remembrance, as he has the misfortune of differing materially with Señor Vélez on the soundness of the former and the justice of the latter, and is therefore most anxious not to run any risk of misrepresenting his Excellency's expressions.

   The undersigned, &,

(Signed)
W. Turner.


3. Copia de una nota de William Turner al señor Vélez.

Legación Británica
Bogotá, 11 de diciembre de 1832

   El infrascrito, &, al regresar de la conferencia que ha tenido el honor de sostener esta mañana con el señor Vélez, &, se aventura a sugerir la conveniencia de que su Excelencia le transmita por escrito la declaración que allí hizo verbalmente sobre las opiniones y la determinación del gobierno granadino sobre el asunto del Tratado entre los dos países, y de la demanda del gobierno británico de extender al comercio de ese país la exención otorgada a los Estados Unidos del impuesto adicional del cinco por ciento sobre mercancías extranjeras.

   El infrascrito cree que es tanto más necesario que dichas opiniones y dicha decisión queden colocadas en un registro más seguro que el de los recuerdos mutuos, cuanto que ha tenido el infortunio de diferir materialmente con el señor Vélez sobre la solidez de las primeras y la justicia de esta última, y por consiguiente se halla ansioso de no correr el riesgo del mal interpretar las expresiones de su Excelencia.

   El infrascrito, &,

(Firmado)
W. Turner.


4. Copia de una nota del señor Vélez al señor Turner.

Colombia - Estado de la Nueva Granada Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 12 de diciembre de 1832

   El infrascrito, &c, ha tenido la honra de recibir la nota que con fecha de ayer le ha dirigido el señor Turner, relativa al mismo objeto sobre que se versó la conferencia verbal que ambos tuvieron con el designio de aclarar la cuestión suscitada sobre la inteligencia del tratado entre Colombia y su majestad británica.

   Habiendo dado el infrascrito cuenta de este negocio al presidente del Estado, ha recibido orden de contestar que no habiéndose aducido por el señor Turner, como se esperaba, razones algunas ni por escrito ni verbalmente, que combatan o anulen los motivos que han obrado en el ánimo del gobierno, y que expuso el infrascrito en su nota de 8 de agosto de este año, el Poder Ejecutivo no tiene por qué desistir de su creencia de que, por las disposiciones del referido Tratado entre Colombia y su majestad británica, el comercio y súbditos ingleses no tienen en este país el derecho que reclama el señor ministro de gozar en todo caso de todos los privilegios, libertades y exenciones de la nación más favorecida. Cree el gobierno granadino que solo tienen tal derecho en los precisos y particulares casos detallados en el mismo tratado, según lo expuso en la mencionada nota de 8 de agosto.

   Siendo el tratado entre Colombia y su majestad británica una ley del Estado de la Nueva Granada, el gobierno tiene el deber de arreglarse al claro y estricto sentido de sus disposiciones, y no puede separarse de esta línea de conducta sin traspasar los límites de sus facultades constitucionales. Por grande que sea, como lo es, realmente, su deseo de complacer al gobierno británico, no le es dado, por tanto, acceder a la nueva reclamación que ha dirigido el honorable señor Turner en su nota del 25 del mes pasado, sobre que se haga extensivo al comercio y súbditos ingleses el privilegio que ha gozado por algunos meses el comercio americano, a virtud del decreto de 21 de noviembre del año último.

   Siendo, por otra parte, la política de la Nueva Granada tratar a todas las naciones amigas bajo el pie de la más perfecta igualdad, ella desea colocar a los súbditos y al comercio británico en este país, como a los de la nación más favorecida, haciéndose para esto las variaciones y adiciones convenientes en el tratado que regula actualmente sus relaciones recíprocas. La expresión de un deseo semejante hará más patentes aún, a los ojos del gobierno británico, los sentimientos de sincera y perfecta amistad que respecto a él animan al de la Nueva Granada.

   Este considera que, según se expresa en el artículo 14 del tratado, pueden volver a abrirse las negociaciones cuando se tenga por conveniente, con el fin de adicionar los artículos que por la premura del tiempo no pudieron discutirse ni insertarse en la época de su celebración; y que el motivo de las contestaciones actuales prueba la necesidad que hay al presente de dar este paso que puede ahorrar en lo futuro nuevas causas de colisión y desavenencias. También en semejante oportunidad el gobierno granadino propondría por su parte algunas modificaciones a dicho tratado que él encuentra serle necesarias, y que no juzga contrarias a los intereses británicos.

   Por tales razones el infrascrito está autorizado para invitar, como lo hace, al de su majestad británica por medio de su Excelencia el señor

   Turner, para la renovación de las negociaciones en esta capital, con el objeto de modificar y adicionar el tratado existente según lo crea conveniente.

   El infrascrito ruega al señor ministro se sirva poner este asunto en conocimiento de su gobierno, y avisarle oportunamente el resultado.

   Se aprovecha el infrascrito, etc.,

(Firmado)
Alejandro Vélez.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 21

New regulation for the Granadian custom house at Cucuta. Bogotá 7th January 1833

My Lord,

   I have the honour to acknowledge the dispatch from Mr. Backhouse of the 4th October last enclosing a letter addressed to Mr. Orford. In more than one of my last year's dispatches, I have described to Your Lordship the anomaly which resulted in the commercial legislation of this State from the difference in the amount of, and mode of levying, the import duties in the seaports and in the custom house of Cucuta. I have now the honour of enclosing copy of a decree of the Executive, issued on the 21st ultimo by which that anomaly is removed, and the fault corrected which impeded the execution of the former law establishing the Custom House of Cucuta.

   Your Lordship will see that by this new decree the import duties to be levied at Cúcuta are to be the same as those exacted at the seaports (viz. those exacted by the law of the 14th March last) with the addition for the present of the international or land-import duties which were levied at Cúcuta before. The duties now to be paid at Cúcuta are therefore greater than those at the seaports, whereas before they were less; this change which is intended to appease the dangerous discontent of Carthagena will probably give offence to Venezuela and excite contraband trade to an irrepressible extent. For this reasons another change in the law may soon be looked for, and this affords a specimen of the legislation of this country in which it is extremely common to see a second decree issued to correct the mistakes of a former one.

   I am however happy to see that the injustice against which I protested in the law of the 14th March is not repeated in the present decree which gives nearly six months notice to the trade of Europe. This act of fairness tends to support my hope of seeing the new president follow a more enlightened system of foreign policy than his predecessors.

   This expectation has also been lately encouraged by another incident. In my late discussions with General Santander on the five per cent additional duty, I complained of the absurd exaggerations held out to the public by the Liberal Party of the advantages given to Great Britain by Her Treaty with Colombia to the prejudice of the latter; I represented that his Excellency who had ratified the Treaty was interested in common with the British residents here in exposing those exaggerations, and suggested the advisableness of inserting in the government Gazette an article for that purpose. The President appeared to acquiesce in the suggestion, and an article to the effect which I proposed, ably written (probably by his Excellency) appeared in the Bogotá Gazette of the 23d instant.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,
   W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/96/fos. 35RH-38RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 21

Nueva reglamentación para la aduana granadina en Cúcuta. Bogotá, 7 de enero de 1833

Su Señoría:

   Tengo el honor de acusar recibo del despacho del señor Backhouse del 4 de octubre último con una carta dirigida al señor Orford. En más de uno de mis despachos del año pasado he descrito a su Señoría la anomalía que se producía en la legislación comercial de este Estado, por la diferencia en el monto y la manera de recaudar los derechos de aduana en los puertos marítimos y en la aduana de Cúcuta. Tengo el honor de adjuntar copia de un decreto del Ejecutivo expedido el pasado 21, por el cual se elimina dicha anomalía y se corrige el defecto que impedía la ejecución de la ley anterior que establecía la aduana de Cúcuta.

   Su Señoría podrá observar que por este nuevo decreto los derechos de importación que se recauden en Cúcuta serán los mismos que los que se cobren en los puertos marítimos (es decir, los que se cobran por la ley del 14 de mayo último) con la adición por el momento de los derechos internacionales o de importación por tierra que se recaudaban anteriormente en Cúcuta. Los derechos que en adelante se pagarán en Cúcuta son por consiguiente mayores que los de los puertos marítimos, mientras que antes eran menores; este cambio, que tiene como fin apaciguar el peligroso descontento de Cartagena, probablemente ofenderá a Venezuela y estimulará el contrabando hasta un punto irrefrenable. Por esta razón es posible que se busque pronto otro cambio en la ley, y ello proporciona otro ejemplo de la legislación de este país, donde es extremadamente común ver la promulgación de un decreto para corregir los errores de uno anterior.

   Sin embargo, me complace observar que la injusticia, en contra de la cual protesté, de la ley del 14 de marzo, no se repite en el presente decreto, el cual da seis meses de preaviso al comercio de Europa. Este acto de justicia contribuye a respaldar mi esperanza de ver al nuevo presidente asumiendo un sistema de política exterior más ilustrado que el de sus predecesores.

   Esta expectativa también se ha visto alentada últimamente por otro incidente. En mis últimas discusiones con el general Santander sobre el impuesto adicional del cinco por ciento, protesté por las absurdas exageraciones que presenta al público el partido liberal con respecto a las ventajas dadas a la Gran Bretaña en su Tratado con Colombia en perjuicio de esta última; yo señalé que su Excelencia, quien había ratificado el Tratado, estaba interesado, al igual que los residentes británicos, en revelar tales exageraciones, y sugerí la conveniencia de insertar en la Gaceta del gobierno un artículo con ese propósito. El presidente pareció condescender a la sugerencia, y así apareció un artículo para los efectos que propuse, hábilmente escrito (probablemente por su Excelencia), en la Gaceta de Bogotá del 23 de este mes.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/96/fos. 35RH-38RH.

ANEXO

DECRETO DEL PODER EJECUTIVO

Mandando cobrar por arancel los derechos de importación en las aduanas de Cúcuta, Arauca y Guanapalo.

Francisco de Paula Santander,
Presidente del Estado de la Nueva Granada,

Considerando:

   lo. Que por decreto del Poder Ejecutivo de 7 de junio de este año, se establecieron aduanas en San José de Cúcuta, Arauca y Guanapalo, para cobrar en ellas los derechos de importación y de internación de las mercancías extranjeras introducidas de Venezuela.

   2o. Que establecidas ya dichas aduanas, y debiendo cobrarse en ellas los derechos de importación con arreglo a la ley de 13 de marzo de 1826, según entonces lo determinó el Poder Ejecutivo, se ha visto que no ha podido cumplirse en la parte relativa al cobro de derechos ad valorem, a causa de que las facturas originales se retienen en los puertos de depósito de Venezuela; y por lo mismo ha sido necesario valuar las mercancías, en conformidad de dicha ley, al precio corriente de la plaza, resultando de ello un recargo considerable al comercio, que en los demás puertos de la Nueva Granada paga los derechos conforme a lo dispuesto por la convención en la ley de 14 de marzo.

   3o. Que cuando lleguen a presentarse dichos originales, o a subsanarse de otro modo esta falta, y se paguen los derechos ad valorem, vendría a resultar un perjuicio al Estado, porque no se recauda lo que justamente pertenece, y a los particulares, que en los puertos marítimos pagan derechos más subidos, o consumen los efectos sometidos a ellos.

   4o. Que si a estas gravísimas circunstancias se añade la monstruosidad de que se cobren derechos diferentes sobre unas mismas materias, en puntos diversos de un mismo Estado, resulta desigualdad en una contribución que debe ser uniforme, y gran confusión en el sistema administrativo.

   5o. Que en este caso es un deber del gobierno impedir efectos tan perniciosos, prevenir males que una vez pronunciados serían de difícil remedio, y procurar hacer efectiva la igualdad legal en las contribuciones, el mejor orden en el sistema de administración, y la ejecución de las leyes, concordándolas hasta donde le es permitido por su autoridad.

   6o. Que el arreglo que debe dictarse exige por su propia naturaleza y para su debida ejecución un plazo competente, el cual no puede cumplirse sino después de la reunión de la próxima legislatura, que deberá hacer los arreglos definitivos en la materia de acuerdo con el dictamen del Consejo de Estado.

DECRETO:

   Artículo primero. En las aduanas de San José de Cúcuta, Arauca y Guanapalo se cobrarán los derechos de importación en la cantidad, modo y forma establecidos por la ley de 14 de marzo del presente año, según está ejecutándose en las aduanas del Atlántico y del Pacífico.

   Artículo segundo. Comenzará a ejecutarse este decreto desde el 15 de marzo próximo, para las mercancías conducidas en buques procedentes de las colonias europeas en el océano americano: el 15 de abril para las mercancías conducidas en los de los Estados Unidos de América; y en el lo. de junio para las conducidas en los procedentes de Europa.

   Artículo tercero. No se hará novedad en el cobro de los derechos de internación; pero desde los plazos señalados se mantendrá su producto en depósito en la respectiva tesorería de provincia, hasta que el Congreso próximo resuelva sobre el particular, en vistas del presente decreto.

   Artículo cuarto. Dése cuenta al Congreso en su próxima reunión.

   Artículo quinto. El secretario de Estado en el despacho de Hacienda, queda encargado de la ejecución de este decreto.

   Dado en Bogotá a 21 de diciembre de 1832. Francisco de Paula Santander.- Por S. E. el presidente del estado. El secretario de estado del despacho de hacienda,

Francisco Soto.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 31

Encloses circular of Granadian Government enforcing the termination of the exemption granted to American trade from the additional duty of 5 per cent on foreign goods. One enclosure.

Bogotá, 7th January 1833

My Lord,

   In reference to my dispatch No. 48 of last year, I have the honour to enclose herein copy of a circular issued by this government and published in the Bogotá Gazette of the 3d ultimo enforcing the termination on the 17th ultimo of the exemption granted to American commerce from the additional duty of 5 per cent on foreign goods imported into this country in the vessels of the United States.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/96/fos. 40RH-42RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No.31

Incluye circular del gobierno granadino en cumplimiento de la suspensión de la exención otorgada al comercio americano del arancel adicional de 5 por ciento sobre bienes extranjeros.

Su Señoría:

   Con referencia a mi despacho No. 48 del año pasado, tengo el honor de remitir copia de una circular expedida por este gobierno y publicada en la Gaceta de Bogotá del 3 anterior, poniendo en efecto la terminación, el 17 último, de la exención otorgada al comercio americano del impuesto adicional del 5 por ciento sobre bienes extranjeros importados a este país en los buques de los Estados Unidos.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
    De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office. Londres, FO 18/96/fos. 40RH-42RH.

ANEXO

Circular recordando la fecha en que cesan los privilegios concedidos a los buques de los Estados Unidos por decreto del 21 de noviembre de 1831.

Colombia - Estado de la Nueva Granada.
Secretaría del despacho de Hacienda.

Bogotá, 7 de diciembre de 1832

Al señor gobernador de la provincia de...

   Por la resolución expedida en 19 de mayo de este año, que se halla inserta en el No. 39 de la Gaceta de la Nueva Granada, se derogó el decreto de 21 de noviembre de 1831, que había declarado no debían pagar los buques de los Estados Unidos de América, y sus cargamentos compuestos de productos o manufacturas nacionales o extranjeras, que procediesen directamente de los puertos de aquella nación, más derechos de importación, anclaje, tonelada y cualesquiera otros, que los establecidos o que se estableciesen para los buques nacionales, fijándose, para llevar a efecto la derogación, el término de siete meses, contados desde la referida fecha de 17 de mayo. Como ya está al vencerse dicho término, me previene SE el presidente, recuerde a US estas disposiciones, para que en su concepto desde el 17 del corriente cesen los efectos del decreto de 21 de noviembre de 1831, y para que si cuando llegue esta orden no se hubiese tenido presente al tiempo de deducir los derechos, la de 17 de mayo, y en la de terminación o recaudación de aquellos se hubiese obrado de conformidad con el decreto de 21 de noviembre, después de concluido el término de los siete meses, tenga lugar el correspondiente reintegro.

   Comunícolo a US, para que haciéndolo a la aduana se le dé su exacto cumplimiento.

   Dios guarde a US,

Francisco Soto.


WILLIAM TURNER TO SIR GEORGE SHEE (PRIVATE)1

Has recommended the Colombian Mining Company to apply directly to the Foreign Office for the purpose of procuring redress of their grievances against the Granadian Government.

Bogotá, 12 February 1833

Sir,

   I have received a memorial from the Representatives in this country of the Colombian Mining Association, complaining of the unjustly inadequate payment made to them by this government for the silver with which they provide them from their mines and which it forces them to sell to the Mint, returning them only the same weight of the enormously adulterated silver coinage of this country for their silver which they insist should be nearly pure, and on their often repeated complaints offering no other remedy than that of reimbursing them in gold on the condition of their paying the current premium on the latter, which is high and will soon be higher. This is the only redress extorted from the government by the repeated instances of the parties, and after a private conversation which I had with General Santander, and this I have no doubt will be the only one resulting from the unsupported representations of the Mission. Indeed when the applicant on being refused said that no resource was left him but an appeal to the Mission, the Minister of Finance replied that the government was determined and that the Mission would receive no other answer than had been given to him.

   The system of this government is as illegal as it is unjust, being diametrically opposed to the standing avowed laws of the country, but its answer to the representations of this illegality is that there exist secret laws enacted by the Congress which sanction the violation of the public ones. This ridiculous anomaly, while it shows the iniquitous pleas by which this Government will defend its injustice, shows also that the straits which reduce it to such a defence require no ordinary force of application to overcome their reluctance to do justice. To the Mission moreover they would doubtless reply that they treat the English Mining Company in the same manner as they treat all their own countrymen who carry to the Mint silver derived from Spanish dollars, plate-gold coin, and that we are only entitled by treaty to the same privileges as are enjoyed by natives. This argument is refuted by the 2nd article of our treaty which authorizes us to insist that British subjects be treated in conformity to the laws of the country, and at our complaint of the violation of the laws towards them, it is no answer to say that it is violated towards the natives. If I have a doubt on the subject, it arises from the mines which give rise to the complaint being, although British property, in the territory of New Granada.

   The question is not an easy one to surmount, for this government is determined on it, and has, I know, said that it will not permit foreigners to meddle with its laws of coinage, but as its importance to a large body of my countrymen, which will daily become more urgent, renders one extremely anxious for its success, I am unwilling to hazard an application which I am sure would be refused, because I have too much reason to know that although these people may occasionally be able to acquiesce in a demand advanced for the first time and well supported, it is always difficult to induce them to retract a refusal once pronounced.

   For these reasons I have ventured to advise that the Colombian Mining Association should address their memorial to the Foreign Office instead of to me and I write this to request that you would, if you think it just, enclose it to me with instructions to urge this Government to comply with it.

   I fear, as I often have feared, that you will think me troublesome, but I assure you confidently that I am only bringing on you primo impetu what would most assuredly come on you at last, and that you would excuse me if you could possibly, without having seen them, conceive the nature of the people with whom I have to deal.

   I have the honour to be, Sir, your obliged and obedient servant,

W. Turner.

   P.S. The London mail of December is just arrived and gives me time to thank you for your private letter of 8 December to which I will not fail to attend.

W.T.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/96/fos. 44RH-46LH.

WILLIAM TURNER A SIR GEORGE SHEE. PRIVADO1

Ha recomendado a la Colombian Mining Company dirigirse directamente a la Oficina de Relaciones Exteriores a propósito de la obtención de reparación por los agravios del gobierno granadino.

Bogotá, 12 de febrero de 1833

Señor:

   He recibido un memorial de los representantes en este país de la Colombian Mining Association, quejándose por el injusto e inadecuado pago que les ha hecho este gobierno por la plata con la cual lo proveen de sus minas, la cual los obliga aquél a vender a la Casa de Moneda, retornándoles sólo el mismo peso en la enormemente adulterada moneda de plata de este país a cambio de su plata, la cual, insisten, ha de ser casi pura, sin ofrecer a sus frecuentes reclamos otro remedio que el de retribuirles en oro, bajo la condición de que paguen la actual prima por este último, que es alta y subirá pronto. Este es el único consuelo arrancado al gobierno por las repetidas instancias de las partes después de una conversación privada que sostuve con el general Santander; y no me cabe duda de que ella será lo único que resulte de las representaciones sin respaldo de la Misión. En verdad, cuando el solicitante, al ser rechazado, dijo que no le quedaba otro recurso que apelar a la Misión, el Secretario de Hacienda replicó que el gobierno estaba decidido, y que la Misión no iría a recibir otra respuesta que la que se la había dado a él mismo.

   El sistema de este gobierno es tan ilegal como injusto, y se opone diametralmente a las leyes establecidas y manifiestas del país, pero su respuesta a las representaciones por esta ilegalidad es que existen leyes secretas, decretadas por el Congreso, que sancionan la violación de las leyes públicas. Esta ridicula anomalía, a tiempo que muestra los inicuos argumentos con los cuales este gobierno defiende su injusticia, muestra también que las estrecheces que lo reducen a tal defensa requieren una fuerza poco común en su aplicación para superar su renuencia a hacer justicia. Por otra parte, sin duda responderán a la Misión que tratan a la Compañía Minera Inglesa de la misma manera en que tratan a todos sus compatriotas que llevan plata a la Casa de Moneda derivada de dólares españoles, moneda plateada, y que nosotros sólo tenemos derecho por el Tratado a los mismos privilegios de que gozan los nacionales. Este argumento está refutalo de nuestro Tratado, que nos autoriza a insistir en que los súbditos británicos sean tratados de conformidad con las leyes del país, y no es ninguna respuesta a nuestra denuncia de la violación de las leyes en su contra, decir que también se violan contra los nativos. Si alguna duda tengo sobre este asunto, surge de que las minas que dan pie a la denuncia son, sin embargo, propiedad británica en territorio de la Nueva Granada.

   El problema no tiene fácil resolución, pues el gobierno se encuentra firme a este respecto y ha dicho, según sé, que no permitirá a los extranjeros inmiscuirse en sus leyes de amonedación, pero como su importancia para un amplio sector de mis compatriotas, que día tras día se hará más apremiante, hace que me encuentre en extremo anheloso de su buen resultado, no me siento inclinado a aventurar una solicitud que seguramente será rechazada, pues tengo muchas razones para pensar que, aunque esta gente puede ocasionalmente ser capaz de condescender con una demanda hecha por primera vez y bien respaldada, es siempre difícil inducirlos a retractarse de una negativa una vez pronunciada.

   Por estas razones me he atrevido a aconsejar a la Colombian Mining Association que dirija su memorial al Foreign Office en lugar de a mí, y aquí solicito que usted, si lo cree apropiado, me lo remita con instrucciones de urgir a este gobierno a condescender con él.

   Temo, como siempre he temido, que usted pueda pensar que soy inoportuno, pero con toda confianza le puedo asegurar que sólo pongo ante usted primo impetu lo que sin duda alguna le llegará por fin, y que usted sabrá excusarme si acaso pudiera, sin haberlas visto, concebir la naturaleza de las gentes con quienes tengo que tratar.

   Tengo el honor de ser, señor, su seguro y obediente servidor,

W. Turner.

   P.D. Acaba de llega el correo de Londres de diciembre, dándome tiempo para agradecerle su carta privada del 8 de diciembre, a la cual no dejaré de prestar atención.

W.T.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/96/fos. 44RH-46LH.

WILLIAM TURNER TO SIR GEORGE SHEE (PRIVATE)1

Case of Oxford & Grice & Edwards & Co. Property seized in the Cauca.

Bogotá, 6th March 1833

Sir,

   In compliance with the tenor of your private letter of the 8th December, I have made what inquiries I could here as to the probability of

   Messrs. Edwards & Co. of Halifax having a just claim on this government separate from that of Oxford and Grice. I could not of course expect to obtain certain information: that can be furnished only by the House of Edwards & Co., or Oxford & Grice: I have only ascertained that the House of Edwards & Co. has long been concerned in the manufactory for this country of one —and but one— species of stuff called Bayetas, and there is the greatest probability that those sent to market by Oxford & Grice were furnished by that house. The subsequent disposal of the goods (i.e. whether they were received by Oxford and Grice to sell for Edwards & Co. - whether Oxford & Grice brought them to sell on their own account in the Cauca, or to transfer them to others) seems to admit of easy proof by the letters of Oxford & Grice to Edwards & Co., reporting how they disposed of them and what party was to be answerable for the payment.

   I hope that you will, if necessary, allow me some discretion as to the time of acting on your intended instructions to urge the separate claim of Messrs. Edwards for the following reason. Mr. Grice (who has come to Bogotá to follow up his claim) gives out, and his statement is somewhat supported by the opinions of others as well as by documentary evidence that he has a very good chance of inducing this government to repay to him the whole amount of the goods seized. Mr. Grice may be too sanguine and he is so much disappointed at ceasing to be supported by the Mission, that he may wish me to think his influence and prospects greater that they really are. I do not therefore implicitly trust to his representations. But I think you will join in my wish that he may succeed, for however impossible it is for the British government to insist on the restitution of property not satisfactorily proved to be British, there can be no doubt that the interest of justice will be promoted by the redress of a spoliation which even these people admit to be equally unjust and illegal. Now, if Mr. Grice gets back the whole, Mr. Edwards will by his success get back his share; and it would therefore be hurtful both to justice and to individual interests to make prematurely an application to this government which, if showing it that England does not interest herself in more than Mr. Edward's share, would deprive the owners of the property, whoever they may be, of all chances of getting back the whole.

   The history of Mr. Grice's prospect of success would surprise any one who did not know this people. He has in a memorial to this government ably urged a point, which we could say nothing about, viz, that whosesoever the property is, justice and law demand that it should be restored, and he has threatened to prosecute the government in a lawsuit founded on the2 192 article of the Constitution of 1830 (on which constitution the present government professedly founded its right to overthrow that of Urdaneta), on which ground there is no doubt that an indisputable act would lie. This is not the only measure he has adopted. He has been too long in this country to rely only on law or justice in addressing such a government as this. He made no secret of his intention to open his way to success with a golden key, and has, I am informed, said that he is able to spend 12.000 dollars in making friends among the authorities. He has also brought with him a large stock of Madeira, which I am told is excellent, and with which, and probably other douceurs, he largely and to all appearance very successfully plied the judge of the High Court of Bogotá. He acts right enough on the principle that "the children of this world are in this generation wiser than the children of light". A private individual can always indeed in mercantile affaires do more with a government like this than a minister, for the honest and straightforward means which alone the latter can use, are precisely such as are least likely to succeed here.

   The degree of Mr. Grice's chance of success will be sufficiently shown to you by the enclosed copy of the decree issued by this government in consequence of his memorial. I could hardly without such indisputable evidence, expect you to believe that it was issued by the same government which last May told the British minister that they were positive that property was not English and therefore would afford no redress.

   I trust, sir, that in consideration of the above facts, you will approve of my not hastening to execute instructions for urging Mr. Edward's separate claim, which can always be advanced after Mr. Grice's failure, if he fail, and six months delay can not be of much importance to parties who have already waited so long. There may be no delay at all, for if Mr. Grice tell me truth (quasit falie sententia menti?) the papers from Popayán on which the government says it will found its decision, are expected to arrive this month at further.

   I have the honour to be, Sir, your obliged & obedient servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/96/fos. 69RH-77LH.
2This offence shall be punished in future by the penalty of confiscation.

WILLIAM TURNER A SIR GEORGE SHEE. PRIVADO1

Caso de Oxford & Grice & Edwards & Co. Propiedades incautadas en el Cauca.

Bogotá, 6 de marzo de 1833

Señor:

   En concordancia con el tenor de su carta privada del 8 de diciembre, he adelantado todas las averiguaciones que he podido en cuanto a la probabilidad de que la demanda de los señores Edwards Co. de Halifax sea justa, separada de la demanda de la Casa de Oxford y Grice. Desde luego, no podría esperar obtener cierta información que solamente puede ser proporcionada por las Casas de Edwards & Co. y Oxford & Grice. Solamente he establecido que la Casa de Edwards & Co. ha estado durante mucho tiempo encargada de la manufactura para este país de una .y solamente una. especie de tela llamada bayeta, y existe la más alta probabilidad de que aquella que Oxford & Grice llevaron al mercado fuera suministrada por dicha Casa. El destino subsiguiente de las mercancías (es decir, si fueron recibidas por Oxford & Grice para venderlas de parte de Edwards & Co., o si Oxford & Grice las llevaron a vender por su propia cuenta en el Cauca o para transferirlas a otros), parece poderse probar con facilidad con las cartas de Oxford & Grice a Edwards & Co., informando cómo dispusieron de ellas y qué parte debía responder por el pago.

   Espero que usted me permita, si es necesario, alguna discreción en cuanto al momento de actuar con respecto a sus instrucciones de presionar por la demanda separada de los señores Edwards por la siguiente razón: El señor Grice (quien ha venido a Bogotá a continuar con su demanda) ha cejado, y su declaración está en alguna medida respaldada por las opiniones de otros, así como por la evidencia documental de que tiene una muy buena posibilidad de inducir a este gobierno a pagarle la suma total de los bienes confiscados. El señor Grice es demasiado optimista, y está tan decepcionado por haber cesado el respaldo de la Misión, que bien puede desear que yo piense que su influencia y perspectivas son mayores de cuanto son en realidad. Por consiguiente yo no confío, implícitamente, en sus representaciones. Pero pienso que usted podrá compartir consigo el deseo de que tenga éxito, porque, sin importar cuán imposible sea para el gobierno británico insistir en la restitución de propiedad que no cuenta con una prueba satisfactoria de ser británica, sin duda se promoverá el interés de la justicia al resarcirse un despojo que aún esta gente admite que fue tan injusto como ilegal. Ahora, si se devuelve al señor Grice la totalidad, el señor Edwards recibirá su parte gracias a ello; y por consiguiente será dañino tanto para la justicia como para los intereses individuales hacer prematuramente una solicitud a este gobierno, el cual, si se le demuestra que Inglaterra no se interesa más que en la parte del señor Edwards, privará a los propietarios de la mercancía, quienes quiera que ellos sean, de toda posibilidad de que se les retorne la totalidad.

   La historia de las perspectivas de éxito del señor Grice sorprendería a cualquiera que no conozca a esta gente. En un memorial al gobierno ha propugnado hábilmente el argumento, sobre el cual no podemos decir nada, de que quienquiera que sea el dueño de la mercancía, la justicia y la ley exigen que esta se restituya, y ha amenazado con entablar juicio al gobierno en un proceso fundamentado en el artículo 192 de la Constitución de 18302 (Constitución sobre la cual el actual gobierno manifiestamente fundamentó su derecho a derrocar a Urdaneta), sobre cuya base es indudable que descansaría un decreto indiscutible. No es esta la única medida que ha tomado. Ha estado demasiado tiempo en este país como para confiar solamente en la ley y la justicia al dirigirse a un gobierno como este. No ha mantenido en secreto su intención de abrirse el camino del éxito con una llave de oro y ha dicho, según se me ha informado, que se encuentra en capacidad de gastar 12.000 dólares en hacer amigos entre las autoridades. También ha traído consigo un vasto surtido de Madeira, excelente según me han dicho, y con el cual, y probablemente con otras seducciones, ha doblegado amplia y al parecer muy exitosamente, el juicio de la Corte Suprema de Bogotá. Actúa muy de acuerdo con el principio de que "los hijos del mundo son más sabios en esta generación que los hijos de la luz". Un individuo particular puede siempre, en realidad, hacer más con un gobierno como este, en asuntos mercantiles, que un ministro, pues los medios honestos y correctos que solamente puede emplear este último, son aquí precisamente los que tienen la menor posibilidad de triunfo.

   El grado de probabilidad de éxito del señor Grice se mostrará a usted suficientemente claro en la copia anexa de un decreto promulgado por el gobierno como consecuencia de su memorial. Sin una evidencia tan indiscutible, difícilmente podría aspirar a que usted creyera que fue promulgado por el mismo gobierno que en mayo pasado le dijo al ministro británico que estaba completamente seguro de que la mercancía no era inglesa y por consiguiente no proporcionaría compensación.

   Confío, señor, que en consideración a los hechos mencionados, aprobará usted que no me apresure a ejecutar las instrucciones de ejercer presión con relación a la demanda separada del señor Edwards, que puede siempre adelantarse luego del fracaso del señor Price, si fracasa, y seis meses de retraso no pueden tener mayor importancia para alguien que ya ha esperado tanto tiempo. Puede ser que no haya ninguna demora en absoluto, pues si el señor Grice me dice la verdad (quasit falie sententia menti?), se espera que lleguen los documentos de Popayán sobre los cuales el gobierno dice que fundará su decisión, en el presente mes como máximo.

   Tengo el honor de ser, Señor, su seguro y obediente servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/96/fos. 69RH-77LH.
2Este delito se castigará en el futuro con la pena de confiscación.

ANEXO

Secretaría del despacho de Hacienda

Bogotá, a doce de enero de 1833

Resolución

   Leída en Consejo de Gobierno esta petición, previo su dictamen, el presidente acuerda:

   Que para dictar el gobierno la providencia que corresponde en justicia, pues que desea no sufran los súbditos de su majestad británica, así como los demás extranjeros admitidos en el país, ninguna clase de agravios en sus personas y propiedades, la Gobernación de Popayán exija de aquella tesorería una relación exacta de todas las cantidades que en ella ingresaron, procedentes de la venta de las mercancías que fueron embargadas de orden del general José María Obando en calidad de director de la guerra en el antiguo departamento del Cauca. La relación debe contener la fecha de la entrega y expresión de la cantidad, de la persona que enteraba, y todo lo conducente para ilustrar la materia.

   Debe exigir también otra relación de las partidas ingresadas procedentes del cobro de las obligaciones depositadas en la misma tesorería, formada en los términos prevenidos anteriormente.

   Y otra de las que en dinero o mercancías pudieron entrar en la comisaría del ejército, procedentes igualmente de las mercancías que se decían pertenecientes al señor Juan de Francisco Martin, y que ahora reclama la compañía de Oxford y Grice.

   Todas estas relaciones las remitirá la gobernación a la secretaría de Hacienda.

   Previene además el gobierno, que si todavía existen depositadas algunas obligaciones de la expresada pertenencia, se entreguen al apoderado de la compañía que exista en Popayán, bajo recibo, remitiéndose a la secretaría de Hacienda una lista de ella que exprese su respectiva cantidad, y el nombre del deudor, y que si en la provincia no existe el apoderado, entonces se remitan los originales a la misma secretaría.

   También ordena que la Gobernación tomando los datos correspondientes, informe qué cantidad de dinero y mercancías se devolvió a los que representaba la casa, especialmente de la última partida de efectos que se introducían al valle del Cauca por el Atrato.

   Y en fin, que el representante de la compañía en esta ciudad presente la cuenta de los cargos que forma el gobierno por las razones consignadas en este escrito.

   Y en atención a que el individuo que representa debe estar impuesto de los crecidos gastos que actualmente se impenden en Cartagena, como que aun es preciso remitir de Bogotá periódicamente algunas cantidades, el gobierno espera que la denegación a su solicitud para que se mandase abonar la cantidad de 4.000 pesos, será atribuida entre otras causas a estas circunstancias, y de ningún modo a otra clase de principios, pues que repite aguarda sólo adquirir los conocimientos necesarios en la materia para decidirla definitivamente.

Soto.

   Es copia.

   El secretario de Hacienda,

Francisco Soto.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 71

The Granadian Government at present consider the claim of Mister Mackintosh.

Bogotá, 6 March 1833

My Lord,

   In reference to your Lordship's dispatch No. 8 of last year, instructing me to urge to this government the claim of Mr. Mackintosh, I have the honour to enclose herein a copy of a note which I have received from señor Vélez in answer to that which I addressed to that minister in fulfilment of the above instruction.

   Your Lordship will observe that in this answer, as in its previous ones addressed to me on the subject of the claims of the bondholders and of protested bills which I have enclosed in former dispatches, this government states itself to be prohibited by legislative enactments from entertaining any claims made on the government of Colombia till the proportion and mode of payment shall be regulated by the Commissioners or Plenipotentiaries of the three States to be deputed by each for that purpose.

   The promise however made to me by General Santander, as mentioned in my dispatch No. 45 of last year, leads me to hope that the Congress of this year, which has just begun its sittings, will adopt some measures for the separate payment by New Granada of her proportionate share of the claims on Colombia, and I shall not fail to attend to its proceedings, and avail myself of any opening that may occur for again submitting to this government the demands of Mr. Mackintosh and of others of my countrymen.

   The enclosed reply of the Granadian Government renders unnecessary for the present the steps which I had in contemplation towards this government and had recommended to His Majesty's consul in Caracas towards that of Venezuela for complying with the memorial from the creditors of Mr. Mackintosh transmitted in Your Lordship's above dispatch No. 8.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/96/fos. 79RH-82LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 71

El gobierno granadino estudia actualmente la demanda del señor Mackintosh.

Bogotá, 6 de marzo de 1833

Su Señoría:

   Con referencia al despacho No. 8 del año pasado de su Señoría, instruyéndome para que insistiera ante este gobierno sobre la demanda del señor Mackintosh, tengo el honor de acompañar a la presente con la copia de una nota que he recibido del señor Vélez en respuesta a la que yo dirigí a dicho ministro en cumplimiento de la mencionada instrucción.

   Su Señoría podrá observar que en esta respuesta, como en las anteriores que me ha dirigido en relación con el asunto de las demandas de los tenedores de bonos y de las cuentas declaradas que he incluido en anteriores despachos, este gobierno se declara impedido por actos legislativos para considerar cualquier demanda hecha contra el gobierno de Colombia hasta que se hayan regulado la proporción y el modo de pago por parte de los comisionados o plenipotenciarios de los tres estados, que cada uno de estos nombrará para ese propósito.

   Sin embargo, la promesa que me ha hecho el general Santander, como mencioné en mi despacho No. 45 del año pasado, me lleva a esperar que el Congreso de este año, que acaba de comenzar sus sesiones, adoptará algunas medidas para el pago por separado, por parte de la Nueva Granada, de su parte proporcional de las reclamaciones sobre Colombia, y no dejaré de asistir a sus actos y valerme de cualquier oportunidad que pueda surgir para presentar de nuevo ante este gobierno las demandas del señor Mackintosh y otros de mis compatriotas.

   La respuesta del gobierno granadino que se adjunta hace innecesarios por el momento los pasos que yo tenía contemplados con relación a este gobierno y que había recomendado al cónsul de su Majestad en Caracas con relación al de Venezuela, para cumplir con el memorial de los acreedores del señor Mackintosh transmitido en el mencionado despacho No. 8 de su Señoría.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/96/fos. 79RH-82LH.

ANEXO

Copia de una nota del Señor Vélez a William Turner.

Colombia - Estado de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 16 de febrero de 1833

   El infrascrito, etc., anunció a Su Excelencia el señor Turner, etc., haber pasado a la secretaría de Hacienda copia de la nota que le dirigió con fecha 27 de noviembre último relativa al reclamo del señor Mackintosh, subdito inglés, que solicitó del gobierno de la Nueva Granada el pago proporcional de un crédito contraído por Colombia en el año de 1821.

   El infrascrito ha recibido del señor secretario de aquél despacho la resolución que Su Excelencia el presidente del Estado se ha servido dictar en vista de la nota del señor Turner, y de la representación que sobre el mismo asunto le elevó el señor Juan Mackintosh, y tiene el honor de transmitirla a continuación.

   "Estando determinado por el artículo 5 de la ley de 4 de enero de 1832, que el gobierno de la Nueva Granada no pueda reconocer ninguna deuda contraída por la República de Colombia, cualesquiera que sean los títulos en que se funde la reclamación, en cuya consecuencia el gobierno se ha abstenido de mandar hacer la liquidación de los créditos colombianos, como que tal operación y la del reconocimiento y pago están sometidas a los arreglos que deban hacer, en conformidad de dicha ley y sus concordantes, los comisionados o plenipotenciarios de los tres estados de Colombia; se declara que por tales motivos y los demás que se han tenido en consideración, no puede el actual Poder Ejecutivo de la Nueva Granada entrar en la liquidación, reconocimiento y pago de la expresada deuda en todo ni en parte. Y con el objeto de que en el particular se dicte por el cuerpo legislativo del Estado la resolución conveniente, dése cuenta de este negocio al Congreso en su próxima reunión".

   El infrascrito etc.,

(Firmado)
Alejandro Vélez.


WILLAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 101

Assembly of Congress and message of the President.

Bogotá, 14 March 1833

My Lord,

   The Congress of New Granada of this year, after a meeting on the 1st instant, which was rendered ineffectual by the want of numbers (i.e. of a sufficiency to complete 2/3rds of the whole) was formally installed on the 5th instant by which day a few more deputies had arrived.

   This is the first regular Congress which has assembled since my arrival in this country, the two legislative assemblies which I have witnessed having been only Constituent Conventions and consisted of a Chamber of representatives without a Senate. The present Congress comprises a Senate containing 26 members, and a Chamber of Representatives containing 56, of whom however all are not present. The composition of the latter chamber, the majority of which consists of young men without experience, talent or property, is far from being attended by public approbation. It is indeed generally ridiculed and is called the Lancastrian (from the infant school) or Collegiate Chamber.

   On the 8th instant the two chambers scrutinized the votes of the Electoral Chambers for the President of the State (whose previous election by the Convention of last year was only temporary till the choice of the people would be known), when it being discovered that out of the 1.263 electors of the whole State, 1.012 had voted for General Santander, that officer was immediately declared the President for the four ensuing years. On the 9th instant the Chambers proceeded to choose the Vice President of the State, the election made by the electoral Chambers having proved ineffectual owing to none of the candidates having received the number (two thirds) of votes required by law. The choice of the Congress fell on señor Joaquín Mosquera, who was President of Colombia in 1830, and who has lately landed at Carthagena from France, where he has been travelling; but it is not yet known whether he will accept the office.

   I have the honour to enclose herein a copy of the Message addressed by the President to the Congress on the Ist instant2. This document does credit to General Santander being, as it is, one ofthe most moderate and reasonable addresses which I have seen since my arrival in this country. I regret indeed that he should have fallen into the same error as his unenlightened predecessors of recommending the imposition of high duties on certain foreign goods for the encouragement of Granadian manufactures. But perhaps he was driven to this by the party of the Vice President (Márquez), which surrounds him and he seems to suggest it chiefly as an experiment, of which the impossibility of repressing contraband will, I expect, speedily demonstrate the failure.

   On His Excellency's view of the foreign relations of New Granada I make little comment here, contenting myself with pointing it out to the notice of Your Lordship, as I treat of the same subject in revising the report of the Minister of Foreign Relations in my dispatch No. 9 of this date. His cursory report of the internal conditions and finances of the State is highly advantageous and his picture of the inextricable confusion observable in the laws and in their administration, of which he urgently recommends the reform, is perfectly just.

   In that part of the Message which respects the foreign debt, I must do General Santander the justice to say that he has fully and honourably redeemed the promise which he made to me on the subject, and which I reported to Your Lordship in my dispatch No. 45 of last year. But the President's statement of the obligation of paying the foreign debt and of the needlessness of any new taxes appear to involve an inconsistency; this probably arises from the desire, so general among statesmen in this part of the world, of pleasing everybody, which daily gives rise to the half measures discernible in most of their laws. It now remains to be seen whether the Congress will do its duty by acting on the suggestion of the Executive; or whether it will continue to allege the necessity of a meeting of the plenipotentiaries of the three States before the mode of payment can be determined on. In the latter case, distant as the meeting seems to be, and slender as appears the chance (even if it take place) of its discussions ending in settlement, it will perhaps become matter for the consideration of His Majesty's government, whether it would not be advisable to press on the separate States of the late Republic, the necessity of measures being adopted by each State to make the payments proportionably assignable to itself.

   I received a few days ago the message of General Páez to the Congress of Venezuela, which contains a warm eulogium on the late Liberator, an act of tardy justice after the shameless calumnies heaped upon him. The government of the Equator has more than once testified its gratitude to General Bolívar by the same public expressions; it is to be hoped that the day is not far distant, when New Granada will so far feel what it owes to the Liberator and to itself as to express regret for the unjust reproaches its statemen have poured forth against the creator of Colombia, and follow the example of its sister states in acknowledgeing the services and virtues to which it owes its existence.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/96/fos. 148RH-154LH.
2Only the relevant passages quoted by Mr. Turner, are included in this volume.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 101

Asamblea del congreso y mensaje del presidente.

Bogotá, 14 de marzo de 1833

Su Señoría:

   El Congreso de la Nueva Granada de este año, luego de una reunión el lo. del corriente que se hizo inútil por falta de asistencia (es decir, de la suficiente para completar dos tercios del total), fue instalado formalmente el cinco de este mes, en cuyo día habían llegado algunos diputados más.

   Este es el primer Congreso ordinario que se ha reunido desde mi llegada a este país, habiendo sido las dos Asambleas Legislativas que he presenciado solamente Convenciones constituyentes, compuestas de Cámara de Representantes sin Senado.

   El actual Congreso comprende un Senado compuesto por 26 miembros y una Cámara de Representantes compuesta por 56, no todos los cuales, sin embargo, están presentes. La composición de esta última Cámara, la mayor parte de la cual está integrada por hombres jóvenes sin experiencia, talento o propiedad, está lejos de contar con la aprobación pública. En verdad, generalmente se la ridiculiza y se la llama Cámara Lancasteriana (de la escuela de niños) o Colegiada.

   El 8 de este mes las dos Cámaras escrutaron los votos de las Cámaras Electorales para presidente del Estado (cuya anterior elección por la Convención del año pasado era sólo temporal hasta que se conociera la escogencia del pueblo); cuando se descubrió que, de los 1.263 electores de todo el estado, 1.012 habían votado por el general Santander, ese oficial fue declarado inmediatamente presidente para los cuatro años subsiguientes. El 9 del presente las Cámaras procedieron a elegir al vicepresidente del Estado, pues la elección hecha por las Cámaras electorales había quedado sin efecto debido a que ninguno de los candidatos había recibido el número de votos (dos tercios) exigido por la ley. La elección del Congreso recayó en el señor Joaquín Mosquera, quien fue presidente de Colombia en 1830, y quien recientemente llegó a Cartagena desde Francia, donde había estado de viaje; pero todavía no se sabe si aceptará el cargo.

   Tengo el honor de adjuntar una copia del Mensaje dirigido por el presidente al Congreso el lo. de este mes2. Este documento acredita al general Santander, pues es una de las más moderadas y razonables alocuciones que he visto desde mi llegada a este país. Ciertamente lamento que haya caído en el mismo error de sus poco ilustrados predecesores, al recomendar la imposición de elevados impuestos sobre ciertas mercancías extranjeras para el fomento de las manufacturas granadinas. Pero tal vez fue conducido a ello por el partido del vicepresidente (Márquez), que lo rodea, y parece sugerirlo principalmente como un experimento, cuyo fracaso, espero, será rápidamente comprobado por la imposibilidad de reprimir el contrabando.

   Haré muy pocos comentarios sobre el punto de vista de su Excelencia sobre las relaciones exteriores de la Nueva Granada, contentándome con indicarlo a la atención de su Señoría, pues trato sobre el mismo asunto al revisar el informe del secretario de Relaciones Exteriores en mi despacho No. 9 de la fecha. Su superficial informe sobre las condiciones internas y las finanzas del Estado es altamente ventajoso, y su cuadro de la inextricable confusión que se observa en las leyes y en su administración, de las cuales recomienda urgentemente una reforma, es perfectamente justo.

   En la parte del Mensaje que se refiere a la deuda externa, debo hacer al general Santander la justicia de decir que ha cumplido por entero y honorablemente con la promesa que me hizo sobre la materia, sobre la cual informé a su Señoría en mi despacho No. 45 del año pasado. Pero la declaración del presidente sobre la obligación de pagar la deuda externa y la falta de necesidad de nuevos impuestos parece encerrar una inconsistencia; esto probablemente se deriva del deseo, tan generalizado entre los hombres de Estado en esta parte del mundo, de complacerlos a todos, lo cual da lugar constantemente a las medidas a medias que se distinguen en la mayoría de sus leyes. Queda ahora por verse si el Congreso cumplirá con su deber actuando bajo la sugestión del Ejecutivo, o si continuará propugnando la necesidad de una reunión de los plenipotenciarios de los tres Estados antes de determinarse el modo de pago. En el último de los casos, lejana como parece ser la reunión, y tenue como parece (aún si ella tiene lugar) la posibilidad de que sus discusiones culminen en un arreglo, tal vez se convierta en materia para la consideración del gobierno de su Majestad si no sería aconsejable presionar sobre los estados separados de la antigua república, en cuanto a la necesidad de que cada uno de ellos adopte medidas para ejecutar los pagos que proporcionalmente les fueran asignados.

   Recibí hace pocos días el mensaje del general Páez al Congreso de Venezuela, el cual contiene un cálido encomio del fallecido Libertador, un acto de tardía justicia después de las cínicas calumnias que se le lanzaron. El gobierno del Ecuador ha dado testimonio más de una vez de su gratitud hacia el general Bolívar con las mismas expresiones públicas; es de esperarse que no esté lejano el día en que la Nueva Granada sienta cuánto adeuda al Libertador y a sí misma, y lamente los injustos reproches que sus hombres de Estado han vertido sobre el creador de Colombia, y siga el ejemplo de sus naciones hermanas reconociendo los servicios y virtudes a los cuales debe su existencia.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto, Señor,
   de su Señoría
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/96/fos. 148RH-154LH.
2Sólo se incluyen en este volumen los pasajes pertinentes, citados por el señor Turner.

ANEXO

Mensaje del presidente del Estado de la Nueva Granada al Congreso en la sesión de 1833-23o. (Apartes)

   ...Nuestras relaciones exteriores deben resentirse de la situación política en que circunstancias imperiosas nos han colocado. Disuelta la república central de Colombia en tres Estados independientes, el de la Nueva Granada ha respetado los tratados públicos celebrados con los Estados Unidos, con la Gran Bretaña y Holanda, haciendo justicia a las reclamaciones fundadas en ellos, y aunque los respectivos agentes diplomáticos de las naciones con quienes el gobierno de Colombia estableció relaciones han permanecido en esta capital reconociendo de hecho la nueva forma política que la Nueva Granada ha adoptado, hasta ahora sólo la Francia ha acreditado formalmente un encargado de negocios cerca del gobierno granadino. Oportunamente se presentará a vuestra aprobación la convención provisional de amistad y comercio que ha celebrado con aquel gobierno.

   El honor nacional y mi deber me guiarán siempre en la coservación de las relacione amistosas que existen entre la Nueva Granada y los pueblos extranjeros. Hacer justicia a sus exigencias, según que sus derechos estén escritos en los convenios públicos, y tratar a todos bajo un pie de razonable igualdad, será la basa de la conducta del Ejecutivo.

   ...Merece no obstante las meditaciones del Congreso la conveniencia de reformar las leyes que establecen los derechos de importación y exportación. Las aduanas han tenido y aún tienen en casi todas las naciones el doble objeto de proveer a los gastos públicos y de favorecer la industria propia, intereses ambos de que no podemos prescindir en las presentes circunstancias. Bastante se ha discutido entre los escritores de economía política y los hombres de estado si las restricciones y prohibiciones al comercio extranjero son realmente eficaces para proteger la industria nacional. El Ejecutivo se ve obligado hoy a adoptar la opinión de hombres experimentados fundada en el ejemplo de todas las naciones que han impuesto más o menos restricciones directas o indirectas, con mayor o menor duración a los géneros y producciones extranjeros, que se producían o podían producirse en su territorio. La opinión popular en la Nueva Granada reclama esta medida en favor de algunos productos agrícolas y de las nacientes manufacturas que proveen al consumo de las provincias internas, y el Ejecutivo cree que es de adoptarse, aunque no fuera con otro motivo que para ilustrarnos por la propia experiencia. Los datos que puedo suministraros en esta materia os serán presentados en oportunidad.

   ...La deuda extranjera es uno de los negocios más graves que ocupan la atención del gobierno. Somos deudores, y debemos pagar. La Convención constituyente ha reconocido la deuda exterior en la parte que puede corresponder a la Nueva Granada, y os compete dictar algunas medidas para que se haga efectivo el pago gradualmente. Sea cual fuere el resultado de la asamblea de comisionados de los tres Estados, la Nueva Granada está ya comprometida a satisfacer una parte de la deuda que contrajo la República de Colombia. Sería honroso al país y al cuerpo representativo que desde ahora se adoptasen algunos medios conducentes para acreditar que deseamos realizar nuestras solemnes promesas. Felizmente existen en esta capital apoderados de los prestamistas debidamente autorizados para hacer algunas proposiciones relativas a asegurar los intereses futuros del capital adeudado, y arreglar definitivamente este negocio. Os ruego con el mayor encarecimiento, que consagréis vuestra atención a tan delicada materia, que adoptéis la medida de oír por medio de comisiones de ambas cámaras las gestiones y propuestas de los apoderados de nuestros acreedores, y fijéis las bases para su arreglo sobre un cálculo prudente de lo que podrá más o menos tocar a la Nueva Granada.

   Quisiera no omitir alguna recomendación semejante sobre el arreglo de la deuda interior inscrita en el gran libro de la deuda doméstica de Colombia. Pero hallo mayores dificultades para arreglarla sin la previa reunión de los comisionados de los tres Estados, en razón de la diferencia del origen de cada deuda y de la diferencia de los intereses que devenga, y de que los acreedores conocidos pertenecen o por nacimiento o por vecindad a las tres secciones hoy independientes. Sobre todo, el honor nacional exige que hagamos el sacrificio de reservar este arreglo a mejores circunstancias, prefiriendo el de la deuda exterior.

   ...Bogotá, lo. de marzo de 1833 - 23°.

Francisco de P. Santander.


FOREIGN OFFICE (BOARD OF TRADE) TO WILLIAM TURNER1

Correspondence with Mr. Turner respecting the exemption from the 5 per cent import duty in favour of the United States shipping. Proposal of Colombian Government to make a new treaty.

Foreign Office

March 29, 1833

Sir,

   I am directed by Viscount Palmerston to transmit to you for the information of the Lords of the Committee of Privy Council for Trade, the accompanying copies of dispatches from Mr. Turner upon the subject of a decree issued by the Government of New Granada on the 21st November 1831, granting to the shipping of the United States of America an exclusive exemption from the payment of a discriminatory duty of 5 per cent upon articles of foreign produce imported by them into the Republic of New Granada2. Their Lordships will perceive in these dispatches that the repeated endeavours of Mr. Turner to have British shipping placed upon the same footing in this respect with American, have entirely failed. The Colombian Government maintaining that, according to the precise and proper construction of the Treaty, Great Britain has no right to demand that her shipping should be exempted, equally with that of the United States, from the payment of the duty in question.

   The matter having been referred to His Majesty's Advocate General for his opinion, that officer has reported3 that with respect to commerce, or the payment of duties on importations generally, His Majesty's subjects are not entitled, by any of the stipulations of the existing Treaty with Colombia, to be placed upon the footing of the most favoured nation, which is the ground assumed by Mr. Turner in the discussions he has had with the Government of New Granada relative to this decree.

   Whatever therefore may have been the intention of the parties by whom the Treaty was negotiated, Lord Palmerston feels himself now precluded by this opinion of the King's advocate from instructing Mr. Turner to repeat to the Government of Bogotá the language which he has hitherto been directed to hold upon this subject. But as that Government have proposed that a revision of the Treaty should take place, and that an article should be inserted into the amended Treaty, conferring upon this country a right to claim all the advantages of the most favoured nation, upon the principle of reciprocity, and for other considerations, more particularly adverted to in Mr. Turner's Dispatch No. 48 of the 14th December last, I am to desire that you will call the attention of their Lordships to this proposal, and move them to be pleased to communicate to Lord Palmerston their opinion whether it could be desirable or expedient that any steps should be taken by His Majesty's Government for the purpose of meeting the views and wishes of the Colombian Government and the more so, as it appears from Mr. Turner's dispatch No. 3 of the 7th January herewith enclosed, that the Colombian Government have withdrawn, for the present at least, the exemption granted to American trade from the payment of the duty above referred to.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/101/fos. 38RH-41RH.
2The dispatches of Mr. Turner alluded to are, No. 47 of 1831, No. 26, 31, 35 and 48 of 1832, and No. 3 of 1833.
3March 20, 1833.

FOREIGN OFFICE (JUNTA DE COMERCIO) AL SEñOR TURNER1

Correspondencia con el señor Turner relativa a la exención del 5 por ciento en el arancel de importación en favor del comercio de los Estados Unidos. Propuesta del gobierno colombiano de efectuar un nuevo tratado.

Oficina de Relaciones Exteriores

29 de marzo de 1833

Señor:

   Por instrucciones del vizconde Palmerston transmito a usted, para información de los lores del Comité del Consejo Privado para el Comercio, la copia adjunta de los despachos del señor Turner con referencia a un decreto expedido por el gobierno de la Nueva Granada el 21 de noviembre de 1831, otorgando al transporte marítimo de los Estados Unidos de América una exención exclusiva del pago de un impuesto discriminatorio del cinco por ciento sobre artículos de manufactura extranjera importados por él a la República de la Nueva Granada2. Sus Señorías percibirán en tales despachos que los repetidos esfuerzos del señor Turner para colocar al transporte marítimo británico en pie de igualdad a este respecto con el americano, han fracasado por completo. El gobierno colombiano ha sostenido que, de acuerdo con la precisa y propia estructura del tratado, la Gran Bretaña no tiene derecho a demandar que su comercio marítimo quede exento, al igual que el de los Estados Unidos, del pago del impuesto en cuestión.

   Habiendo sometido el asunto a la opinión del Defensor General de Su Majestad, dicho funcionario ha informado3 que en cuanto respecta al comercio, o al pago de impuestos sobre las importaciones en general, los subditos de Su Majestad no tienen el derecho, bajo ninguna de las estipulaciones del Tratado existente con Colombia, a estar colocados en pie de igualdad con la nación más favorecida, sobre lo cual se ha basado el señor Turner en las discusiones que ha sostenido con el gobierno de la Nueva Granada en relación con este decreto.

   Por consiguiente, cualquiera que hubiera sido la intención de las partes que negociaron el Tratado, Lord Palmerston se siente ahora imposibilitado por la opinión del Defensor del Rey para dar instrucciones al señor Turner de repetir al gobierno de Bogotá el lenguaje que hasta ahora se le ha ordenado mantener con respecto a este asunto. Pero como dicho gobierno ha propuesto que se haga una revisión del Tratado, y que se inserte un artículo en el Tratado enmendado confiriendo a este país el derecho de reclamar todas las ventajas de la nación más favorecida, con base en el principio de reciprocidad y por otras consideraciones, advertidas con mayor detalle en el despacho del señor Turner No. 48 del 14 de diciembre pasado, le ruego que llame la atención de sus Señorías hacia esta propuesta, y los inste a dignarse comunicar a Lord Palmerston su opinión sobre si puede ser deseable u oportuno que el gobierno de su Majestad tome alguna medida con el propósito de satisfacer los puntos de vista y los deseos del gobierno colombiano, tanto más cuanto que, como parece deducirse del despacho No. 3 del 7 de enero del señor Turner, aquí incluido, el gobierno colombiano ha retirado, al menos por el momento, la exención otorgada al comercio americano del pago del impuesto arriba mencionado.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/101/fos. 38RH-41RH.
2Los despachos del señor Turner a los cuales se alude son los Nos. 47 de 1831, 26, 31, 35 y 48 de 1832, y 3 de 1833.
3El 20 de marzo de 1833.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 121

Answer of the Granadian Legislature to the message of the President, and of the government of the Equator to the proposal of sending plenipotentiaries.

Bogotá, 7 April 1833

My Lord,

   I have the honour to enclose herewith to your Lordship the answers returned by the two Chambers of Congress to the message of the president which formed the enclosure of my late dispatch No. 10.

   The reply of the House of Representatives is but another specimen of the unmeaning bombast in which these people are unhappily so given to expatiate, but that of the Senate is in some points interesting: it holds out a strong assurance that the latter Assembly is forcibly impressed with the importance of adopting measures to retrieve the financial credit of the State and dispose to exert all its efforts for that purpose. After expressing its hope of seeing New Granada acknowledged by the European powers which acknowledged Colombia, if, as it observes with melancholy anticipation, Colombia be disunited for ever, it states its anxiety to witness the Assembly of Plenipotentiaries which is intended to settle the proportion of payments and other affairs common to the three states. The manner in which this desire is expressed is in one respect remarkable, inasmuch as no idea is therein manifested, as there has always been hitherto in the official documents issued here on the subject, that the meeting of prenipotentiaries referred to is to accomplish the reunion of the Republic but its attributes are limited to the settlement of the affairs which concern the separate states. In reference to this long discussed assembly, I have the honour to enclose also the reply of the government of the Equator to the invitation addressed to it from New Granada to send its plenipotentiaries2. The readiness to concur shown by the government of the Equator shows that, if obstacles continue to prevent the meeting, they arise only on the part of Venezuela. Even if it assemble, great difficulties are anticipated in the settlement of the common interests and especially of the proportion of debt to be separately assigned, but I reserve my description of these difficulties for the period when the Assembly of Plenipotentiaries shall no longer be doubtful.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office. London, FO 18/96/fos. 186RH-188LH.
2Not included in this volumen.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 121

Respuestas de la legislatura granadina al mensaje del presidente, y del gobierno del Ecuador a la propuesta de enviar plenipotenciarios.

Bogotá, 7 de abril de 1833

Su Señoría:

   Tengo el honor de adjuntar con esta a su Señoría las respuestas enviadas por las dos Cámaras del Congreso al mensaje del presidente, que constituyó el anexo de mi pasado despacho No. 10.

   La respuesta de la Cámara de Representantes no es más que otro ejemplo de las redundancias sin sentido en las cuales esta gente desgraciadamente es tan dada a explayarse, pero la del Senado es interesante en algunos aspectos: sostiene una vigorosa certeza de que la última Asamblea está vivamente convencida de la importancia de adoptar medidas para recuperar el crédito financiero del Estado, y se dispone a poner en práctica todos los esfuerzos para ese propósito. Después de expresar su esperanza de ver a la Nueva Granada reconocida por las potencias europeas que reconocieron a Colombia, si, como observa con melancólica anticipación, Colombia ha de quedar disgregada para siempre, el documento señala su ansiedad de presenciar la Asamblea de plenipotenciarios que tiene como propósito establecer la proporción de los pagos y otros asuntos comunes a los tres estados. La manera en la cual se expresa este deseo es notable en un aspecto, pues no se manifiesta allí la idea, como se había manifestado hasta ahora en los documentos oficiales expedidos sobre la materia, de que la aludida reunión de plenipotenciarios ha de realizar la reunión de la República, sino que sus atribuciones se limitan a la solución de los asuntos que conciernen a los estados separados. Con referencia a esta largamente discutida Asamblea, tengo también el honor de adjuntar la respuesta del gobierno del Ecuador a la invitación que le dirigió el gobierno de la Nueva Granada a enviar sus plenipotenciarios2. La buena disposición para concurrir demostrada por el gobierno del Ecuador señala que, si hay algún obstáculo que continúe impidiendo la reunión, éste provendrá solamente de parte de Venezuela. Aún si la asamblea se lleva a cabo, se anticipan grandes dificultades para el ajuste de los intereses comunes y especialmente de la proporción de la deuda que se asignará separadamente, pero reservo la descripción de esas dificultades para el momento en que la Asamblea de Plenipotenciarios no se encuentre ya en duda.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/96/fos. 186RH-188LH.
2No se incluye en este volumen.

ANEXO

Observaciones de las Cámaras Legislativas al mensaje de S. E. el presidente del Estado.

DEL SENADO (fragmento)

Bogotá, a 15 de marzo de 1833.

Excelentísimo señor:

   El Senado ha oído con particular complacencia y con el más vivo interés el mensaje que le dirigisteis conforme a la Constitución del Estado, luego que se instaló el primer Congreso Constitucional de la Nueva Granada; y examinará las indicaciones que le presentáis con todo el celo y atención que reclaman de los senadores intereses tan grandes y el bien de los pueblos.

   La no interrupción de las relaciones amistosas con las naciones que reconocieron la independencia de la República, y el respeto a los tratados solemnes celebrados por el gobierno de Colombia, y la conservación de los agentes diplomáticos cerca del gobierno del Estado, todo da la esperanza fundada, de que la Nueva Granada será reconocida por las mismas, si ha de quedar disuelta para siempre la República de Colombia.

   La identidad de principios y de intereses que formaron una alianza natural y estrecha con las nuevas repúblicas americanas, era y será siempre un motivo muy grave para no alterar la amistosa armonía que hará la fuerza y la gloria de todas.

   Si no pueden consolidarse las relaciones fraternales que existieron entre Colombia y aquellas repúblicas, mientras no se deslinden y definan los intereses comunes que pesan sobre los estados de Colombia, el senado ansia por ver llegado el día en que se efectúe este deslinde necesario, y prestará toda la cooperación de su parte para acelerar su llegada, cuanto pueda ser. Es satisfactorio saber que fue uno de vuestros primeros pasos, excitar a los gobiernos de Venezuela y el Ecuador a la reunión de la asamblea de comisionados que debe asegurar la suerte futura de los tres estados en que se resolvió la antigua Colombia; pues cualquiera que sea el resultado de aquel congreso, a la Nueva Granada importa altamente que se acelere.

   Después de tantos años de sufrimientos, de desgracias y escándalos, es un consuelo inefable el que se siente al fijar la vista en la situación presente de la Nueva Granada, y considerar el cuadro que habéis ofrecido a las cámaras del Congreso en vuestro mensaje. Cuando se observa un cambio tan dichoso, deben reunirse cordialmente todos, todos los granadinos para bendecir al cielo que nos ha restituido tanta prosperidad, que pareció alejarse para siempre de esta tierra contrastada por la gloria y la desgracia.

Agustín Gutiérrez Moreno.


OFFICE OF COMMITTEE OF PRIVY COUNCIL FOR TRADE, WHITEHALL, TO SIR GEORGE SHEE1

Opinion on the change proposed by the Colombian government in the Treaty between Great Britain and Colombia.

Office of Committee of Privy Council for Trade

Whitehall 1st May 1833

Sir,

   The Lords of the Committee of Privy Council for Trade have had under their consideration your letter of the 29th March last, together with a copy of a dispatch from Mr. Turner, His Majesty's minister at Bogota, on the subject of a decree issued by the government of New Granada on the 21st November 1831, granting to the shipping of the United States an exclusive exemption from the payment of a discriminating duty of 5 per cent on articles of foreign produce imported by them into the kingdom of New Granada, and in compliance with Lord Palmerston's wish to receive the opinion of this Committee as to the expedience of taking any steps with the view of meeting the wishes of the Colombian government on that subject, I am directed to transmit to you the following remarks for His Lordship's consideration.

   The wishes of the Colombian government with regard to the existent treaty of commerce with this country, as they are to be collected from Mr. Turner's dispatch, are as follows.

   First that the article which places British vessels in Colombian ports on the same footing as national vessels, should be rescinded; and that in its place should be substituted an article which should entitle British vessels to that privilege only in the contingency of its being accorded to the shipping of any other state.

   Secondly, that the treaty should be made determinable at some certain period, instead of remaining, as at present, of a permanent or interminable duration.

   Thirdly, that an article should be inserted in the amended treaty, conferring upon Great Britain the right to claim all the advantages of the most favoured nation, upon the principle of reciprocity.

   It appears to the Lords of this Committee that the two first of the above propositions are evidently disadvantageous to British commerce; and if this objection could be balanced by any advantages to be gained under the third proposition, their Lordships are of opinion that this country could not, under its existing navigation law, put itself upon the same footing as the United States, in regard to Colombia.

   The decree of November 1831 declared that the vessels of the United States of America and their cargos, consisting of national or foreign produce or manufactures, which should arrive directly from the ports of that nation, should not pay any higher duties of exportation, anchorage, tonnage or any other than those which were or might be established for national vessels. The United States purchased this advantage by granting the precise converse of it to Colombia. But the Navigation Act of the 6 Geo:4. Ch: 109. Sec:4 forbids the concluding such an agreement on behalf of this kingdom. Under that statute a Colombian ship could not lawfully import into Great Britain, for home consumption, any Asiatic of African goods whatever, nor even any American goods, unless they were the produce of Colombia, and were brought directly from that state; consequently the proposed treaty if concluded, would not relieve the British trade from the disadvantage to which it is subjected by the Colombian decree.

   Unless therefore the Lords of this Committee should have misconstrued what is proposed as the principle of reciprocity, so long as the restrictions growing out of the policies of our navigation laws shall remain, the difficulty stated will be insuperable.

   Under these circumstances the Lords of this Committee can not think it desirable that any changes should take place in the existing treaty.

   I am,
   Sir,
   Your obedient servant,

Thomas Lack.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 101/p. 50RH-52RH.

OFICINA DEL COMITE DEL CONSEJO PRIVADO PARA EL COMERCIO, WHITEHALL, A SIR GEORGE SHEE1

Opinión sobre los cambios propuestos por el gobierno colombiano en el tratado entre Gran Bretaña y Colombia.

Oficina del Comité del Consejo Privado para el Comercio,

Whitehall, lo. de Mayo de 1833

Señor:

   Los Lores del Comité del Consejo Privado para el Comercio sometieron a consideración su carta del 29 de marzo pasado, junto con una copia de un despacho del señor Turner, ministro de su Majestad en Bogotá, sobre el tema de un decreto expedido por el gobierno de la Nueva Granada el 21 de noviembre de 1831 concediendo al comercio marítimo de los Estados Unidos una exención exclusiva del pago de un impuesto discriminatorio del cinco por ciento sobre los artículos de producción extranjera importados por ellos al reino de la Nueva Granada, y conforme con el deseo expresado por Lord Palmerston de conocer la opinión de este Comité acerca de la conveniencia de tomar medidas tendientes a satisfacer los deseos del gobierno colombiano en esa materia, he sido encargado de trasmitirle los siguientes comentarios para consideración de su Señoría.

   Las aspiraciones del gobierno colombiano con respecto al tratado de comercio existente con este país, según pueden colegirse del despacho del señor Turner, son las siguientes:

   Primero, que el artículo que coloca a las embarcaciones inglesas en puertos colombianos en pie de igualdad con los buques nacionales, debe rescindirse; y que debe sustituirse por un artículo que conceda ese privilegio a los buques británicos sólo en la eventualidad de ser acordado para el comercio marítimo de cualquier otro estado.

   Segundo, que el tratado se haga terminable en cierto período específico, en lugar de quedar, como en el presente, con una duración permanente o indefinida.

   Tercero, que se inserte un artículo en el tratado enmendado, confiriendo a la Gran Bretaña el derecho de reclamar todas las ventajas de la nación más favorecida, con base en el principio de reciprocidad.

   Parece a los Lores de este Comité que entre las anteriores propuestas, las dos primeras son evidentemente desventajosas para el comercio británico; y si esta objeción pudiera ser equilibrada por alguna ventaja obtenida bajo la tercera propuesta, sus Señorías son de la opinión que este país no puede, bajo su actual legislación de navegación, colocarse en pie de igualdad con los Estados Unidos en relación con Colombia.

   El decreto de noviembre de 1831 declaró que los buques de los Estados Unidos de América y su carga, consistente en productos o manufacturas nacionales o extranjeras, que lleguen directamente de los puertos de esa nación, no deben pagar impuestos más altos de exportación, anclaje, tonelaje, o ningún otro distinto a aquellos que se hubieran o pudieran ser establecidos para los buques nacionales. Los Estados Unidos compraron esta ventaja al concederle precisamente la inversa a Colombia. Pero la Ley de Navegación del 6 Geo: 4. C: 109. Sec: 4 prohibe llegar a tal acuerdo a nombre de este reino. Bajo dicho estatuto un barco colombiano no podría importar legalmente a la Gran Bretaña, para consumo doméstico, ninguna mercancía asiática o africana sea cual fuere, y ni siquiera mercancías americanas, a menos que fueran productos de Colombia, y fueran traídos directamente de ese estado; en consecuencia, el tratado propuesto, si se concluye, no aliviaría al comercio británico de la desventaja a que lo somete el decreto colombiano.

   Por consiguiente, a menos que los Lores de este Comité hayan malentendido lo que se propone como principio de reciprocidad, mientras se mantengan las restricciones derivadas de las políticas de nuestras leyes de navegación, la dificultad señalada será insuperable.

   Bajo estas circunstancias, los Lores de este Comité no consideran deseable que haya cambios en el tratado existente.

   Soy,
   Señor,
   Su obediente servidor,

Thomas Lack.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 101/fos. 50RH-52RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 211

Practical refusal of the government and Congress of New Granada to give sufficient notice to European trade of its commercial laws.

Bogotá, 6 July 1833

My Lord,

   It is with regret that I find myself obliged again to address Your Lordship at some length on the subject of my protest of 20 April 1832 (enclosed in my dispatch No. 22 of last year) against the shortness of the period assigned for the operation on British commerce of the law of the 14th March 1832.

   I enclosed in my dispatch No. 30 of last year the answer, dated 25th May, to my protest returned by this Government, in which it was stated that as the Executive had no power to modify a law of the Congress, there was then no other resource than to submit the question to the legislature of this year which the government would not fail to do. General Santander and Mr. Vélez both admitted to me verbally afterwards that they considered the notice given by the law unjustly short, and this admission was the more formal on the part of the latter being made (as reported in my dispatch No. 48 of last year) at the official conference which I held with him on the subject of the 5 per cent duty.

   On the 14th October last I received Your Lordship's dispatch No. 10, wherein I was honoured by your approbation of my proceedings on the subject of the law of the 14th March last, and of the protest in which they ended.

   I had by that time received an application from a British commercial house in this capital complaining of the levy of the augmented duties which the above law imposed on the cargo of a vessel, the goods embarked in which had, as I was assured by the complainants, been ordered long before the law of the 14th March was known in England, though it had sailed from the British port after.

   I conceived the case of this vessel (the Euphemia) to be a grievance which Your Lorship's approbation authorized me to advocate, and as that approbation covered all my anterior proceedings, which had included a demand for a general notice of 6 months on all future laws affecting the commerce of Europe, I thought my best course would be to repeat that demand, as the arrival of the Euphemia happened within a few days of the six months I had applied for.

   In this demand I was seconded by the French Chargé d'Affaires here, and I have the honour to enclose herein to Your Lordship copies of the notes on the subject addressed to senor Vélez by Mr. Le Moyne2 and myself on the 20th March last, soon after the meeting of the Congress. Your Lordship will observe that the note of my colleague differs from mine, inasmuch as he had no necessity to refer to the past, because no French ships had arrived before the expiration of the 4 months. I likewise enclose herein a copy of the protest of the French Chargé d'Affaires of last year, which was made simultaneously with mine3. I felt the less unwilling to act in this affair immediately, without waiting for further instructions than those implied in your Lordship's dispatch No. 10, because I have reason enough to know that there are not wanting public men in this country who look on the delay that attends communication with Europe, as a means of assisting them in any unjust or corrupt proceeding. Six months must elapse before a remonstrating minister can have an answer from this government. If any mode can be devised of caviling at that answer, a twelvemonth's time is ensured. At the expiration of that period, it is more than probable that they will have quitted office. There is no such thing in this country as personal responsibility, and among the party now in power, I know no man who is patriotic enough to care for the evils which his errors or misconduct may bring down upon this country.

   In answer to my verbal inquiries as to what had been done by the Congress respecting my protest, I received on the 22nd instant the note from Mr. Mosquera (successor of Mr. Vélez) of which a copy is herein enclosed. Mr. Le Moyne is to receive the same reply and will, he tells me, transmit it to his government.

   By this last note your Lordship will see that the Congress has paid no attention to our protest, and has pleaded as an excuse for its silence on the subject the overwhelming mass of affairs which occupied its time.

   I do confess to your Lordship that when I consider the absurd discussions and personalities (of some of which I was a present witness) in which the late Congress wasted the greater part of the time of its sessions, I cannot but consider its inattention to our official and repeated application as an intentional instance of contemptuous neglect which is too pointed to be mistaken. The British Mission has been put off for one year by the pretence (shown to be one by my dispatch No. 32 of last year) that the Executive could not modify a decree of the Congress, and for a second year by the absurd allegation that the Congress had not time to attend to its official requisition.

   I have contented myself with acknowledging the last note of señor Mosquera and adding that I would transmit it to my Government, as will be seen by the enclosed copy of my reply. I thought it useless to indulge in angry comments on the nature of the answer, because I am now convinced that the remonstrances of this Mission are as ineffectual when made to the Government of General Santander (who seems to have resigned himself entirely to the guidance of the anti-English party of Messrs. Márquez, Vélez and others) as I stated them to be (in my dispatch No. 31 of 1831) when addressed to former governments.

   I am borne out in my opinion of the new President's acquiescence, whether spontaneous or reluctant, in the policy of his predecessor, among other circumstances by the fact that General Santander has twice assured me that he would never give his sanction to a Commercial law which assigned a notice of less than six months and by the enclosed extracts from the account of the proceedings of the Council of State published in the Bogotá Gazette of the 23rd ultimo, which show that the President represented the difficulties attendant on the new law herein subjoined.

   I have been the more particular in detailing the fate of my protest, and recommending the affair to your Lordship's particular attention, because I entertain as thorough a conviction as can exist without written evidence, that the neglect of the Congress is a piece of jugglery of this Government with whom it is not unusual, when it is unwilling to grant, and afraid to give a direct refusal, to get rid of a business by referring it to the Legislature, and concerting with that body the means of indefinitly postponing it by neglect.

   Serious as appears to me the case detailed above, it is yet aggravated by subsequent measures of the Congress and Government of New Granada.

   The Bogotá Gazette of the 30th ultimo contained a new decree (then first published) of the Congress, dated the 2nd ultimo, which produces a considerable change in the import duties levied in the ports of New Granada. Of this law I have the honour to enclose a copy4. The effect on British trade is an increase of 1 1/2 per cent (supposing, what is rare, the tariff to be fairly enforced) on the generality of British goods, with the exception of articles of weaving apparel which are charged to the extent of prohibition. This latter impost is founded on the professed desire of encouraging the manufactures of the country, which no body will either purchase or wear. Enormous advantage is given to the commerce of the French, whose wines and silks are admitted on payment of duties very much lower than were levied before. The French trade with this country is however so insignificant, that it will afford but a poor compensation for the great loss of import duties that will result from the comparative and gradual discouragement of our merchants. Your Lordship will not fail to remark that the trade of Great Britain is in this law sacrificed to that of France, as it was last year to that of America.

   The trade of the United States is not much better treated than ours in the new decree, with the important exception that the notice given is sufficient for their merchants. The duty on flour (the only article of American importation into this country) is doubled from 4 dollars to 8 per barrel, a measure which cannot but irritate greatly the inhabitants of the coasts who have no other wheaten flour than what is thence imported. It is curious to compare the date of this increase with the statement of the late American Minister reported in the 11th paragraph of my dispatch No. 26 of last year. This reference is important as showing the impolicy of trusting to personal favour, among a people like this at least, for commercial advantages instead of relying on treaty and principle. The new American Chargé d'Affaires is extremely indignant at the augmentation of the duty on flour.

   The term fixed for the execution of this law is yet more offensive than the partiality of its provisions. From its date, the 2nd June, a period of only 4 months (the shortness of which was the subject of last year's protest) is assigned for the commencement of its operation (fixed on the 1st October) on the trade of all nations alike. No distinction is made between near and distant countries, and the above insufficient notice of 4 months is diminished to 3 by the delay of publication to the 30th ultimo.

   Greatly as this grievous injustice is aggravated by the inattention of the Granadian government and Congress to the previous representations of their allies, I have thought it better to forbear on the present occasion from remonstrances and a protest similar to those of last year, for the following reasons. In the first place the non enforcement of my protest aided, as I conscientiously believe, by the representations which the late American minister made to this government, of the powerlessness of such measures of mine, has tended to persuade this government that it may with impunity disregard such a document, and secondly I have ascertained that I should not on the present occasion be supported by the French Chargé d'Affaires, who in consideration of the advantage held out to French trade, has determined to be silent respecting the violation of the principle, for which he last year conjointly contended, of a sufficient notice for commercial laws. I have for these reasons contented myself with addressing to the Granadian government the note of which the enclosed is a copy.

   I received yesterday and enclose herein a copy of the answer of this government to this last note, by which answer, as your Lordship will see, I am shortly informed that the Executive has not the power to redress the injustice committed by the law of the Congress.

   Under the embarrassing circumstances detailed in this dispatch, I can only hope that your Lordship will consider with your wonted indulgence the line of conduct that I have pursued; but I think it my duty to conclude by assuring your Lordship that I feel certain the interests of the British merchant in this country, whose commercial laws are annually altered, will be exposed to imminent hazard, if not supported by a strong demonstration by His Majesty's Government of its determination that a fair notice should be given of every commercial law affecting foreign states enacted in this country.

   I cannot consider a fair notice to be of less than six months, because it is a frequent practice of this government and legislature to enact their laws on the 15th, the day after the last post that can overtake the packet to Europe leaves this capital, by which means a month is lost to the British merchant, and even if they did not do this (of which an instance is related in my dispatch No. 22 of last year) it is evident that they might. I add another argument, of which this government at least must acknowledge the justice, viz that in every law suit in this country, six months time is invariably assigned for the production of documents or evidence from Europe. I myself heard this principle acknowledged in a debate of the House of Representatives.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/97/fos. 18RH-57RH.
2Not included in this volume.
3Not included in this volume.
4Not included in this volume. See Gaceta de la Nueva Granada, Bogotá, No. 92, 3 de junio de 1833, p. 2-4.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No.211

Práctico rechazo del gobierno y el congreso de la Nueva Granada a dar notificación suficiente al comercio europeo de sus leyes comerciales.

Bogotá, 6 de julio de 1833

Su Señoría:

   Muy a pesar mío me veo obligado a dirigirme una vez más con algún detenimiento a su Señoría sobre el tema de mi protesta del 20 de abril de 1832 (incluido en mi despacho No. 22 del año pasado), contra la brevedad del período asignado para la aplicación de la ley del 14 de marzo de 1832 sobre el comercio británico.

   En mi despacho No.30 del año pasado adjunté la respuesta, fechada en mayo 25, que le dio este gobierno a mi reclamo, en la cual se declaraba que en vista de que el Ejecutivo no tenía el poder para modificar una ley del Congreso, no quedaba otro recurso que presentar el asunto a la legislatura de este año, lo cual no dejaría de hacer el gobierno. Tanto el general Santander como el Sr. Vélez me admitieron después verbalmente que consideraban injustamente corto el aviso previo concedido por la ley, y este reconocimiento quedó formalizado por parte de este último (como se informó en mi despacho No. 48 del año pasado) al hacerlo en la conferencia oficial que sostuve con él con respecto al arancel del 5 por ciento.

   El pasado 14 de octubre recibí el despacho No. 10 de su Señoría, en el cual me honraba con su aprobación de las medidas que tomé sobre el asunto de la ley del 14 de marzo último, y de las protestas a las que condujo.

   Para ese entonces yo había recibido una solicitud de una casa comercial británica en esta capital quejándose de la exacción de los impuestos aumentados que la mencionada ley impuso a la carga de un buque, cuyas mercancías a bordo, según me lo aseguraron los reclamantes, habían sido pedidas mucho antes de que la ley del 14 de marzo se conociera en Inglaterra, aunque había zarpado después del puerto británico.

   Me pareció que el caso de este buque (el Euphemia) era un agravio que la aprobación de su Señoría me autorizaba a impugnar, y como dicha aprobación cubría toda mis actuaciones anteriores, las cuales incluían la reclamación de una notificación general de 6 meses para todas las futuras leyes que afectaran el comercio de Europa, pensé que la mejor línea de conducta sería insistir en esa reclamación, pues la llegada del Euphemia ocurrió poco después de los seis meses que yo había solicitado.

   En esta demanda fui secundado por el Chargé d'Affaires francés, y tengo el honor de adjuntar a su Señoría copias de las notas sobre el tema dirigidas al Sr. Vélez por el Sr. Le Moyne2 y por mí el 20 de marzo pasado, poco después de la reunión del Congreso. Su Señoría observará que la nota de mi colega difiere de la mía, en cuanto a que él no tenía necesidad de referirse al pasado, porque antes de expirar los 4 meses no habían llegado barcos franceses. Así mismo, adjunto una copia de la protesta del Chargé d'Affaires francés del año pasado, la cual fue hecha simultáneamente con la mía3. Me sentí muy poco dispuesto a actuar con relación a este asunto en forma inmediata, sin esperar instrucciones adicionales a las implícitas en el despacho No. 10 de su Señoría, porque tengo razones suficientes para saber que no faltan hombres públicos en este país que vean en la demora que resulta de las comunicaciones con Europa un medio que les ayude en una actuación injusta o corrupta. Deben transcurrir seis meses antes de que la protesta de un ministro obtenga una respuesta de este gobierno. Si se logra ingeniar un modo de objetar dicha respuesta, se asegura un período de doce meses. Al expirar dicho período, es más que probable que ya hayan abandonado el cargo. No existe en este país la responsabilidad personal, y en el partido que está ahora en el poder no conozco ningún hombre lo suficientemente patriótico como para que le importen el daño que sus errores o mala conducta puedan ocasionarle al país.

   En respuesta a mis indagaciones verbales sobre lo que había hecho el Congreso con respecto a mi protesta, el 22 del presente recibí la nota del Sr. Mosquera (sucesor del Sr. Vélez) cuya copia se adjunta aquí. El Sr. Le Moyne recibirá la misma respuesta y, según me dice, la trasmitirá a su gobierno.

   Por esta última nota su Señoría podrá apreciar que el Congreso no le ha prestado ninguna atención a nuestra protesta, esgrimiendo como excusa por su silencio sobre el tema la abrumadora cantidad de asuntos que han copado su tiempo.

   Debo confesar a su Señoría que cuando considero las absurdas discusiones y los personalismos (de algunos de los cuales he sido testigo presencial) en los cuales el Congreso pierde la mayor parte del tiempo de sus sesiones, no puedo evitar pensar que la desatención a nuestra reiterada solicitud oficial es un ejemplo intencional de despectiva negligencia, demasiado evidente como para prestarse a equívoco. La Misión británica ha sido relegada por un año con el pretexto (identificado como tal en mi despacho No. 32 del año pasado) de que el Ejecutivo no podía modificar un decreto del Congreso, y por un segundo año con la absurda aseveración de que el Congreso no había tenido tiempo de atender su requisitoria oficial.

   Me he conformado con acusar recibo de la última nota del señor Mosquera, añadiendo que la trasmitiría a mi Gobierno, como consta en la copia adjunta de mi respuesta. Pensé que era inútil dar rienda suelta a comentarios enojosos sobre la naturaleza de la respuesta, pues ahora estoy convencido de que las protestas de esta Misión son tan ineficaces cuando se elevan al gobierno del general Santander (quien parece haberse resignado por completo a la orientación del partido antiinglés de los señores Márquez, Vélez y otros) como había afirmado que lo eran (en mi despacho No. 31 de 1831) cuando se le dirigían a los gobiernos anteriores.

   Me ratifico en mi opinión sobre la aquiescencia del nuevo presidente, bien sea espontánea o renuente, con la política de su antecesor, entre otras circunstancias por el hecho de que el General Santander me había asegurado en dos ocasiones que nunca sancionaría una ley comercial que asignara una notificación previa de menos de seis meses y por los extractos adjuntos de la relación de las actas del Consejo de Estado publicadas en la Gaceta de Bogotá el 23 de los corrientes, que muestran que el Presidente señaló las dificultades derivadas de la nueva ley que se anexa.

   He tenido el gran cuidado de referirme en detalle a la suerte de mi protesta, recomendando el asunto particularmente a la atención de su Señoría, porque tengo una convicción tan firme como lo permite la falta de evidencia escrita, de que la negligencia del Congreso es una treta de este Gobierno, para el cual no es raro, cuando quiere negar, y teme dar una negativa directa, deshacerse del problema pasándolo a la Legislatura, y concertando con ese cuerpo la forma de posponerlo indefinidamente por negligencia.

   Serio como me parece el caso detallado arriba, se agrava aún más por otras medidas posteriores del Congreso y el gobierno de la Nueva Granada.

   La Gaceta de Bogotá del 30 de los corrientes contiene un nuevo decreto del Congreso (publicado entonces por vez primera), fechado el 2 del presente, el cual produce un cambio considerable en los derechos de importación cobrados en los puertos de la Nueva Granada. De esta ley tengo el honor de adjuntar una copia4. El efecto sobre el comercio británico es un aumento del 1 1/2 por ciento (suponiendo, lo cual sería raro, que la tarifa se aplicara justamente) sobre la generalidad de las mercancías británicas, con excepción de los artículos de vestir tejidos, por los cuales se cobra hasta un extremo prohibitivo. Esta última imposición se basa en el deseo declarado de promover las manufacturas del país, que nadie compraría ni usaría. Se le otorga una enorme ventaja al comercio de los franceses, cuyos vinos y sedas se aceptan con el pago de aranceles mucho menores a los que se cobraban antes. Sin embargo, el comercio francés con este país es tan insignificante que no proporcionará más que una pobre compensación por la enorme pérdida de impuestos de importación resultante del comparativo y gradual desestímulo a nuestros comerciantes. Su Señoría no dejará de anotar que en esta ley el comercio de Gran Bretaña se sacrifica por el de Francia, como lo fue el año pasado por el de América.

   El comercio de los Estados Unidos no recibe mejor trato que el nuestro en el nuevo decreto, con la importante excepción de que la notificación es suficiente para sus comerciantes. El arancel sobre la harina (la única importación americana a este país) se duplicó de 4 dólares a 8 por barril, medida ésta que no puede menos que irritar enormemente a los habitantes de la costa que no disponen de otra harina de trigo distinta a la importada. Es curioso comparar la fecha de esta alza con la declaración del antiguo ministro americano, la cual informé en el párrafo número 11 de mi despacho No. 26 del año pasado. Esta referencia es importante pues muestra la falta de política al confiar en el favor personal, al menos entre gente como esta, la obtención de ventajas comerciales, en lugar de confiarlas a tratados y principios. El nuevo Chargé d'Affaires americano está sumamente indignado ante el aumento del arancel sobre la harina.

   El plazo fijado para la ejecución de esta ley es aún más ofensivo que la parcialidad de sus disposiciones. A partir de su fecha, 2 de junio, se fija un período de sólo 4 meses (la brevedad de los cuales fue el motivo de la protesta del año pasado) para el comienzo de su aplicación (fijada para el lo. de octubre) al comercio de todas las naciones por igual. No se hace ninguna distinción entre países cercanos y lejanos, y la insuficiente notificación de cuatro meses anteriormente mencionada se reduce a tres por la demora en la publicación hasta el 30 de los corrientes.

   Agravada enormemente como se halla esta penosa injusticia por la desatención del gobierno y el Congreso granadinos a las protestas anteriores de sus aliados, he pensado que es mejor abstenerse en la presente ocasión de reconvenciones y de una protesta similar a la del año pasado, por las siguientes razones: En primer lugar, la desatención a mi protesta, ayudada, según creo conscientemente, por las representaciones que el anterior ministro americano hizo a este gobierno sobre la impotencia de mis medidas, ha tendido a persuadir al gobierno de que puede descuidar impunemente tal documento, y en segundo lugar, he constatado que en la presente ocasión no estaré respaldado por el Chargé d'Affaires francés, quien, en consideración a las ventajas concedidas al comercio francés, ha determinado guardar silencio respecto a la violación del principio, por el cual el año pasado había luchado conjuntamente, de la suficiente notificación de las leyes comerciales. Por estas razones me he limitado a dirigir al gobierno granadino la nota de la cual se adjunta una copia.

   Recibí ayer, y adjunto aquí copia de ella, la respuesta de este gobierno a esta última nota, respuesta en la cual, como su Señoría podrá observar, se me informa brevemente que el Ejecutivo no tiene el poder de reparar la injusticia cometida por la ley del Congreso.

   Bajo las incómodas circunstancias expuestas en detalle en este despacho, sólo me queda esperar que su Señoría considere con su acostumbrada indulgencia la línea de conducta que he seguido; pero estimo mi deber concluir asegurando a su Señoría que tengo la certeza de que los intereses de los comerciantes británicos en este país, cuyas leyes comerciales se alteran cada año, estarán expuestos a un riesgo inminente si no se respaldan con una enérgica demostración por parte del gobierno de su Majestad, de su determinación en cuanto a que se dé un justo pre-aviso de toda ley comercial promulgada en este país que afecte a los estados extranjeros.

   No puedo concebir ningún pre-aviso justo de menos de 6 meses, pues es práctica corriente de este gobierno y esta legislatura, promulgar sus leyes el 15, un día después de que el último correo que puede alcanzar el paquete de Europa sale de esta capital, razón por la cual se pierde un mes para el comerciante británico, y aún si no hicieran esto (de lo cual relaté un ejemplo en mi despacho No. 22 del año pasado), es evidente que podrían hacerlo. Añado otro argumento, que este gobierno debe al menos reconocer como justo, a saber, que en cada litigio en este país, invariablemente se asigna un plazo de seis meses para la presentación de documentos o evidencias procedentes de Europa. Yo mismo escuché el reconocimiento de este principio en un debate de la Cámara de Representantes.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/97/fos. 18RH-57RH.
2No se incluye en este volumen.
3No se incluye en este volumen.
4No se incluye en este volumen. Ver Gaceta de la Nueva Granada, Bogotá, No. 92, 3 de junio de 1833, p. 2-4.

ANEXOS

1. Copy of a note from William Turner to Señor Vélez.

British Legation
Bogotá, 20 March 1833

   The undersigned, etc., has the honour to call the attention of the Granadian Government to his protest of the 28 April last against the shortness of the period assigned for the operation on European commerce of the decree of the Granadian Convention of the 14th March of last year, and to the reply thereto of His Excellency Señor Vélez of the 29th of May last.

   In that reply señor Vélez stated that the above protest of the undersigned would be submitted to the next Granadian Congress for its decision thereon. The undersigned has moreover been informed that the question was referred by the Congress to the Executive which was empowered to propose to the former what was expedient (proponga lo conveniente a la legislatura).

   The undersigned felt it to be his duty to submit to His Majesty's Government the protest which he had found himself obliged to address to the Granadian Government, and received in reply a dispatch stating that His Majesty's Government entirely approved of the application he had made for a longer period, and of the protest which he had made on the failure of that application, and enjoining him to persist in his efforts to obtain an extension of the term.

   The undersigned thought it advisable to defer acting on the above dispatch till the Assembly of the Granadian Congress of this year, and he now therefore requests the Government of New Granada to submit to the Legislature a proposition to redress the grievance -important in principle though not comparatively considerable in amount- inflicted on the subjects of His Majesty by the premature date assigned for the operation on European commerce of the law of the 14th March of last year, and to decree retrospectively the extension of the period for that operation from 4 months to 6, viz, to the 14th September last.

   It is also the duty of the undersigned while making the above requisition, to express to the Granadian Government and to request that the Government will make known to the Legislature his confidence that both will in future see the justice of assigning for the operation of all their laws affecting European commerce a notice of 6 months and to state that the British Government will consider no shorter period adequate or just, as it is evident that this period is required in equity, in order that those who are to be affected by them may not be left to trust only to casual arrival of fast sailing vessels for information of their enactments, but may have a moral certainty of previously knowing the changes effected in the commercial code to which their trading operations were subjected.

   The undersigned thinks it the more necessary that this intimation should be made to the Government and Legislature of New Granada as he observes in the message of the President that His Excellency recommends certain changes in the duties to be henceforward levied on some articles of foreign importation and he feels the greater confidence in such an intimation being acknowledged and appreciated, as in the only decree affecting foreign commerce (that of the 21st December 1832) respecting the Custom House at Cúcuta, issued by the present Granadian Government, its enlightened Chief has recognized the principle herein asserted, by assigning a notice of 6 months for its operation.

   The undersigned, etc.,

(Signed)
W. Turner.


1. Copia de una nota de William Turner al Sr. Vélez.

Legación Británica
Bogotá, 20 de marzo de 1833

   El infrascrito, etc., tiene el honor de llamar la atención del Gobierno granadino sobre su protesta del pasado 28 de abril contra la brevedad del período asignado para la aplicación sobre el comercio europeo del decreto de la Convención Granadina del 14 de marzo del año pasado, y la respuesta a ella de Su Excelencia el Sr. Vélez, del 29 de mayo pasado.

   En dicha respuesta el Sr. Vélez afirmó que la mencionada protesta del infrascrito sería presentada en las próximas sesiones del Congreso para tomarse una decisión sobre ella. Además el infrascrito ha sido informado que el asunto fue transferido por el Congreso al Ejecutivo, otorgándosele el poder de proponerle al primero lo que fuera conveniente (proponga lo conveniente a la legislatura)1.

   El infrascrito consideró que era su deber someter al gobierno de su Majestad la protesta que él mismo se ha visto obligado a dirigir al Gobierno Granadino, recibiendo en respuesta un despacho declarando que el gobierno de su Majestad aprobó a cabalidad la petición que él ha formulado de un período más largo, así como la protesta que ha presentado ante el fracaso de dicha solicitud, instándolo a persistir en sus esfuerzos por lograr una extensión del plazo.

   El infrascrito consideró aconsejable diferir cualquier acción sobre el mencionado despacho hasta la asamblea del Congreso granadino de este año, y por consiguiente solicita ahora al Gobierno de la Nueva Granada que presente a la Legislatura una propuesta para reparar el agravio —importante en principio, aunque comparativamente poco considerable en monto— infligido a los súbditos de su Majestad debido a la prematura fecha asignada para la aplicación sobre el comercio europeo de la ley del 14 de marzo del año pasado, para que decrete en forma retrospectiva la extensión del período de 4 a 6 meses para dicha aplicación, es decir, al 14 de septiembre pasado.

   Es también obligación del infrascrito, a tiempo que hace la anterior requisitoria, expresar al Gobierno Granadino, y pedirle a éste que le comunique a la Legislatura su confianza de que en el futuro ambos verán la justicia de asignar, para la aplicación de todas sus leyes que afectan el comercio europeo, una notificación de 6 meses, y declarar que el Gobierno Británico no considerará adecuado ni justo un período más corto, pues es evidente que tal plazo se necesita por equidad, con el fin de que aquellos que han de ser afectados por ellas no sean dejados únicamente a merced de la llegada de buques de navegación rápida para informarse de su promulgación, sino que puedan tener la certeza moral de estar enterados previamente de los cambios efectuados en el código comercial al que sus operaciones mercantiles están sujetas.

   El infrascrito piensa que es necesario hacer esta advertencia al Gobierno y a la Legislatura de la Nueva Granada, pues observa que en el mensaje del presidente su Excelencia recomienda ciertos cambios en los impuestos que se cobren en adelante sobre algunos artículos de importación extranjera, y tiene la mayor confianza en que tal advertencia sea reconocida y apreciada, pues en el único decreto que afecta el comercio exterior (el del 21 de diciembre de 1832) concerniente a la Aduana de Cúcuta, expedido por el actual gobierno granadino, su ilustrado jefe reconoció el principio que aquí se declara, al asignar un aviso de 6 meses previo a su ejecución.

   El infrascrito, etc.,

(Firmado)
W. Turner.


NOTA
1En español en el original (N.T.).

2. Copia de una nota del señor J. Rafael Mosquera a William Turner fechada Bogotá el 22 de junio de 1833.

Colombia - Estado de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 22 de junio de 1833

   El secretario del Interior y Relaciones Exteriores tiene el honor de contestar el recado atento que ha recibido del señor Ministro de su Majestad Británica por medio del secretario de la Legación, sobre indagar el resultado que hubiesen tenido en el Congreso las reclamaciones del señor ministro contra los términos fijados por la ley de 14 de marzo de 1832 para que empezasen a cobrarse por arancel los derechos de importación, que el señor secretario de Hacienda le ha informado con fecha 20 del que rige, que aunque dirigió oportunamente a la Legislatura dichas reclamaciones y las de igual naturaleza de los demás ministros y agentes extranjeros, y que aunque después instó por la resolución de ellas, no consta, sin embargo, en dicha Secretaría que el Congreso haya dado disposición ninguna sobre la materia; de donde es de inferirse que este negocio, así como otros importantes, quedó sin resolverse por la Legislatura por falta de tiempo, y por la multitud de asuntos que demandaban su atención.

   J. Rafael Mosquera tiene el honor de reiterar al señor ministro británico las seguridades de su más distinguida consideración.


3. Copy of a note from William Turner to J. Rafael Mosquera dated Bogotá, 24 June 1833.

British Legation
Bogotá, 24 June 1833

   The undersigned, etc., has the honour to acknowledge the receipt of the note of His Excellency señor Rafael Mosquera, etc, of the 22nd instant, acquainting him that the Granadian Congress has pronounced no decision, as the undersigned in his note of the 20th March last requested the Granadian Executive would urge it to do, on the subject of his protest of the 28th April of last year against the shortness of the term assigned for the operation on British commerce, of the decree of 14 March 1832; although the undersigned was informed by the note of señor Vélez of the 29th May 1832, that the Congress alone had the power of redressing the grievance of which that protest complained.

   The undersigned will take the earliest opportunity of transmitting to His Majesty's Government the above communication of His Excellency señor Mosquera.

   The undersigned avails himself of this opportunity, etc.

(Signed)
W. Turner.


3. Copia de una nota de William Turner a J. Rafael Mosquera, fechada en Bogotá el 24 de Junio de 1833.

Legación Británica
Bogotá, 24 de junio de 1833

   El infrascrito, etc., tiene el honor de acusar recibo de la nota de su Excelencia el señor Rafael Mosquera, etc., del 22 de los corrientes, enterándolo de que el Congreso Granadino no ha pronunciado ninguna decisión, como el infrascrito en su nota del 20 de marzo último solicitó al Ejecutivo granadino que lo urgiera a hacer, acerca del tema de su protesta del 28 de abril del año pasado contra la brevedad del plazo asignado para la aplicación del decreto del 14 de marzo de 1832 sobre el comercio británico, pese a que el infrascrito fue informado, por la nota del Sr. Vélez del 29 de mayo de 1832, de que únicamente el Congreso tenía el poder de reparar el agravio del cual se quejaba dicha protesta.

   El infrascrito aprovechará la primera oportunidad para transmitir al gobierno de su Majestad la anterior comunicación de su Excelencia el señor Mosquera.

   El infrascrito se vale de esta oportunidad, etc.

(Firmado)
W. Turner.


4. Copias de extractos de las actas del Consejo de Estado granadino, fechadas en Bogotá el 8 y 10 de junio de 1833.

   DIA 8. Tuvo su primero y segundo debate, y se rechazó, el informe presentado por la comisión a la que se pasó la consulta que hace el Poder Ejecutivo sobre las dificultades que se presentan en la ejecución de la ley sobre derechos de importación.

   DIA 10. Se examinó en primero y segundo debate, y se aprobó el informe de la comisión a quien se pasó la consulta hecha por el Poder Ejecutivo, relativa a las dificultades que presenta para su ejecución el proyecto de ley sobre derechos de importación.


5. Copy of a note from William Turner to señor J. Rafael Mosquera.

British Legation
Bogotá, 1st July 1833

   The undersigned, etc., has perused in the Bogotá Gazette of yesterday for the first time a new decree of the Congress of New Granada, dated on the 2nd ultimo and sanctioned by the Executive on the 13th ultimo, by which a considerable alteration is effected in the duties of importation hitherto levied in the ports of New Granada.

   This new law is decreed to have effect on the 1 st of October next for all countries. No difference in the term assigned for its operation is enacted for countries that are near or for those that are distant, and the insufficient notice of 4 months which is given to European importers is yet further diminished by the delay of its publication till the 30th ultimo. This injustice is so grievous, it is so ruinous to the British merchants who are expecting vessels that cannot arrive till after the 1st October; it even so much exceeds that of which the British Mission complained last year, that the undersigned cannot but still imagine that the Executive, in spite of the apparent completion of every legal formality, has power to modify the law. If such be indeed the case, the undersigned conjures the Grana-dian Government for the sake of its own character among the commercial nations of the world, to remedy the evils which must arise to itself and to others from a proceeding so unjustifiable. It is not however the intention of the undersigned on the present occasion to repeat the remonstrances and the protest which he has found to be utterly ineffectual. He will content himself with reporting the law to His Majesty's Government by whom he feels certain it will be received with extreme surprise.

   The undersigned, etc.,

(Signed)
W. Turner.


5. Copia de una nota de William Turner al señor J. Rafael Mosquera.

Legación Británica
Bogotá, lo. de julio de 1833

   El infrascrito, etc., ha leído con atención en la Gaceta de Bogotá de ayer, publicado por vez primera, un nuevo decreto del Congreso de la Nueva Granada fechado el 2 de los corrientes y sancionado por el Ejecutivo el 13 del mismo, por el cual se introduce una notable alteración en los derechos de importación que hasta ahora se cobraban en los puertos de la Nueva Granada.

   Esta nueva ley se decreta para entrar en vigencia el próximo primero de octubre para todos los países. No se establece ninguna diferencia en el plazo asignado para su aplicación entre los países que están cerca y los más distantes, y la insuficiente notificación de 4 meses que se da a los importadores europeos se ve aún más disminuida por la demora en su publicación hasta el 30 último. Esta injusticia es tan lamentable y tan ruinosa para los comerciantes británicos que están esperando los buques, que no podrán llegar hasta después del lo. de octubre; sobrepasa de tal forma a aquella de la cual se quejó la Misión británica el año pasado, que el infrascrito no puede menos que imaginar que el Ejecutivo, pese al aparente cumplimiento de todas las formalidades legales, tiene todavía el poder de modificar la ley. Si tal es en realidad el caso, el infrascrito convoca al Gobierno Granadino, en atención a su propia índole entre las naciones comerciales del mundo, a remediar los males que se le ocasionarán a sí mismo y a otros debido a procedimientos tan injustificables. No es, sin embargo, la intención del infrascrito en la presente ocasión, repetir las quejas y la protesta, que ha encontrado absolutamente ineficaces. Se conformará con informar sobre la ley al gobierno de su Majestad, por parte del cual está seguro que se recibirá con la mayor sorpresa.

   El infrascrito, etc.,

(Firmado)
W. Turner.


6. Copia de una nota del Sr. J. Rafael Mosquera a William Turner.

Colombia - Estado de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, a 5 de julio de 1833 - 23°

   El infrascrito, secretario del Interior y Relaciones Exteriores de la Nueva Granada, tuvo el honor de dar cuenta a su Excelencia el presidente del Estado de la nota del señor enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de su Majestad Británica de lo. del presente mes, en que su Excelencia el señor ministro solicita del gobierno granadino, remedie los males que dice han de originarse en la ley de 13 del mes próximo pasado, dictada por el Congreso, sobre derechos de importación, suponiendo el señor ministro que el Ejecutivo tendrá poder para modificar la ley.

   El que subscribe ha recibido orden de su gobierno para contestar al señor ministro, que el presidente del Estado de la Nueva Granada no tiene facultad para modificar las leyes del país, ni para suspender su ejecución; sino únicamente el deber de cuidar que se cumplan y ejecuten puntualmente, y que así no está en su arbitrio hacer lo que desea el señor Turner.

   El infrascrito aprovecha esta oportunidad para renovar, etc.,

(Firmado)
J. Rafael Mosquera


WILLIAM TURNER TO SIR GEORGE SHEE. PRIVATE1

Respecting sufficient notice being given to alterations in the commercial laws of New Granada. Intrigues of the French Chargé d'Affaires.

Sir,

   The grievance detailed in my dispatch No. 21 of this date appears to me so strong a case that I cannot help adding a few particulars in this unostensible shape.

   You will see how I am deserted by my French colleague; but worse than this, I fear, remains behind, though I have not such proof of the worse as to authorize its insertion in a dispatch. I have reason to think that he engaged himself to a leading member of the Senate (Mr. Castillo) to hold his tongue about the principle for which he last year contended, of sufficient notice for commercial laws, on the promise of a reduction on certain articles of French importation. I can hardly however imagine that his Government will consent to sacrifice so vital a principle for a temporary advantage, notorious as it is that these people alter their Custom House duties every year.

   I may state another thing which, not knowing it officially, I would not put into my dispatch. The reluctance of the Government to give the six months' notice demanded arises from their fear that European merchants might have time, after the publication of the law, to write for and receive imports before the time assigned for its execution. I know they suspect that this was done in the case of the Euphemia, and that the importers of that vessel wrote for goods after the law was published, relying on the efficacy of my protest. But so many circumstances of wind, tide, rapid manufacture and timely arrival of letters, must concur to assist this abuse, and this Government can so effectually cut off one month of the six by dating their law only one day later, that I do not see how a prejudice to New Granada so extremely precarious can for a moment be weighed in the balance with the certain loss to our merchants resulting from insufficient notice. If we even compromise the matter for five months' notice, the process above-mentioned would be used to reduce these to four, which are certainly not enough.

   I will venture to make a suggestion on the subject of my dispatch to you by this post, which, if unnecessary, as perhaps it is, I beg may be pardoned. It is that when you write to this country instructions to ascertain the fate of missing individuals, you would address the same to Sir R. Porter at Caracas and to Mr. Cade at Guayaquil, as this Government can no longer extend its enquiries through the whole of Colombia.

   I have the honour to be,
   Sir,
   Your obliged and obedient servant,

W. Turner.

   P.S. Mr. Cade is in bed and unable to help me. Pray let this excuse the blotches and ill-made interlineations of my dispatches by this post.

W. T.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/97/fos. 71RH-72RH.

WILLIAM TURNER A SIR GEORGE SHEE. PRIVADO1

Referente a la suficiente notificación dada sobre alteraciones en las leyes comerciales de la Nueva Granada. Intrigas del Chargé d'Affaires francés.

Señor:

   El agravio descrito en mi despacho No. 21 de hoy me parece un caso tan extremo que no puedo evitar añadir algunos pormenores en esta forma poco ostentativa.

   Observará usted cómo he sido abandonado por mi colega francés; y algo peor que ello, me temo, hay en el fondo, a pesar de no tener pruebas como para autorizar su inserción en un despacho. Tengo razones para pensar que se comprometió con un prominente miembro del Senado (el Sr. Castillo) a no abrir la boca sobre el principio por el cual luchó el año pasado, de la notificación suficiente de las leyes comerciales, bajo la promesa de una rebaja en ciertos artículos de importación francesa. Me cuesta trabajo, sin embargo, imaginar que su Gobierno consentirá en sacrificar un principio tan vital por una ventaja temporal, sobre todo teniendo en cuenta que esta gente varía sus aranceles de aduana cada año.

   Podría anotar otra cosa que, sin saberla en forma oficial, no la podría poner en mi informe. La renuencia del gobierno a conceder el aviso previo de seis meses demandado, surge de su temor que los comerciantes europeos puedan tener tiempo, después de la publicación de la ley, de encargar y recibir importaciones antes del momento asignado para su aplicación. Sé que sospechan que ello se hizo en el caso del Euphemia, y que los importadores de ese buque ordenaron mercancías después de la publicación de la ley, confiados en la eficacia de mi protesta. Pero son tantas las circunstancias de viento, marea, fabricación rápida y llegada a tiempo de la correspondencia, que deben concurrir en ayuda de este abuso, además del hecho de que este gobierno puede de una manera muy efectiva recortar un mes de los seis fechando la ley sólo un día después, que no veo cómo un perjuicio para la Nueva Granada tan extremadamente precario puede por un momento balancearse con la pérdida segura que enfrentan nuestros comerciantes por la insuficiente notificación previa. Aún si avenimos con una notificación de cinco meses, el proceso arriba mencionado se emplearía para reducirlos a cuatro, los cuales evidentemente no son suficientes.

   Me atrevería a hacer una sugerencia sobre el tema del despacho que le envío en este correo, la cual, si es innecesaria, como tal vez lo sea, le ruego perdone. Se trata de que al enviar instrucciones a este país para indagar por la suerte de individuos desaparecidos, las dirija a Sir R. Porter en Caracas y a Sr. Cade en Guayaquil, pues este gobierno ya no puede extender sus pesquisas a la totalidad de Colombia.

   Tengo el honor de ser,
   Señor,
   Su fiel y obediente servidor,

W. Turner.

   P. S. El Sr. Cade está en cama, inhabilitado para ayudarme. Le ruego disculpar por ello los manchones y las malas interlíneas de mis despachos de este correo.

W.T.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/97/fos. 71RH-72RH.

POWLES, ILLINGWORTH, WILLS & OTHERS TO VISCOUNT PALMERSTON1

Complaining of the commercial regulations of New Granada.

Bogotá, 8th July 1833

My Lord,

   The undersigned British merchants residing and trading in Bogotá, are induced to address Your Lordship for reasons which we proceed to explain.

   We have for some time past observed with regret that the remonstrances of H.M. Minister on behalf of British subjects have failed to produce that effect on this government which the justice of the claims preferred on our behalf entitled us to expect.

   We could cite numerous instances wherein H.M. Minister's efforts to obtain redress have been unsuccessful, but as Your Lordship is already aware of them, it would be superfluous to do so. A remonstrance from His Excellency appears at the present moment to be of so little avail that we have determined on addressing Your Lordship direct on the subject of the present memorial to which we now beg to direct Your Lordship's attention.

   The congress of this state, which closed its session on the 4th ultimo, passed a bill for the revision of the customs laws. This bill has been sanctioned by the Executive, and the law was published on the 30th ultimo. We enclose the Gazette containing the law in question.

   It is to the period at which this law is to take effect that we beg to direct Your Lordship's attention, viz, the 1st October next, only three months from the date of the publication of the law.

   On former occasions of this nature the government of New Granada has evinced a total disregard for the usages of commerce and we may add, for the principles of international law. The Treaty between Great Britain and Colombia will afford but slight protection to the subjects of His Majesty trading in this country, if the government of New Granada, which recognizes that treaty, continues to issue laws, the precipitate enactment of which is subversive of every principle of equity, and fraught with the prejudice of the interests of British commerce.

   The government of New Granada on all former occasions has made a distinction as regards the period of the operation of its customs laws on goods arriving from the West India islands and North America, and those from Europe. In the present instance the law takes effect on all goods indiscriminately on the 1st of October next.

   The period of six months appears to be the most equitable one that should in all cases intervene between the publication and the taking effect of laws affecting the customs, in the instance of goods arriving from Europe, and we are the more confirmed in this opinion because it has before now happened that a law affecting the customs has been published one or two days after the departure of the post which arrives in time for the English packet, whereby a month has been lost to us, for it is of little benefit that we are informed of a new decree affecting the customs when we are deprived of the power of communicating its purport to our correspondents for three weeks or a month.

   Without a guarantee to the above effect the British commercial interests in this country must ever be exposed to serious loss.

   We therefore respectfully solicit Your Lordship's attention to the facts now laid before you, and we earnestly hope that H.M. Government will see to address such a remonstrance to the government of New Granada as shall ensure the British commercial interests in this country from a repetition of losses to which the violation on the part of the government of New Granada of the established usages of commerce has hitherto exposed them.

   We have the honour to be
   Your Lordship's most obedient
   humble servants,

Powles, Illingworth, Wills & Co.
M. Doual, Atkinson & Co.
Oxford, Grice & Co.
James Bruch & Co.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 100/p. 1RH-3RH.

POWLES, ILLINGWORTH, WILLS Y OTROS AL VIZCONDE PALMERSTON1

Quejándose de las reglamentaciones comerciales de la Nueva Granada.

Bogotá, 8 de Julio de 1833

Señor:

   Los infrascritos, comerciantes británicos que residimos y negociamos en Bogotá, nos hemos persuadido de dirigirnos a su Señoría por las razones que procedemos a explicar.

   Desde hace algún tiempo hemos observado con pena que las protestas de S.E. el ministro en representación de los súbditos británicos no han producido en este gobierno el efecto que la justicia de los reclamos efectuados a nuestro nombre nos autorizaba a esperar.

   Podríamos citar numerosos ejemplos en los cuales los esfuerzos de S.E. el Ministro por obtener reparación no han tenido éxito, pero como su Señoría ya está al tanto de ellos, sería superfluo hacerlo. Una protesta de su Excelencia parece en el momento de tan poco provecho, que hemos decidido dirigirnos directamente a su Señoría con relación al tema del presente memorial, al cual rogamos se dirija la atención de su Señoría.

   El Congreso de este Estado, que clausuró sus sesiones el 4 de los corrientes, pasó un proyecto de ley para la revisión de las leyes de aduana. Este proyecto ha sido sancionado por el Ejecutivo, publicándose la ley el 30 del presente mes. Adjuntamos la Gaceta que contiene la mencionada ley.

   Al período en el cual esta ley debe tener efecto rogamos se dirija la atención su Señoría, es decir, el lo. de octubre próximo, a sólo tres meses de la fecha de publicación de la ley.

   En anteriores ocasiones de este mismo carácter el gobierno de la Nueva Granada ha hecho evidente una total indiferencia por las costumbres del comercio y, podríamos añadir, por los principios de la legislación internacional. El Tratado entre la Gran Bretaña y Colombia apenas brindará una leve protección a los súbditos de su Majestad que comercian en este país, si el Gobierno de la Nueva Granada, que reconoce el tratado, continúa decretando leyes cuya precipitada promulgación atenta contra todo principio de equidad y conlleva perjuicios para los intereses del comercio británico.

   En todas las ocasiones anteriores el gobierno de la Nueva Granada ha hecho una distinción en cuanto respecta al período de aplicación de sus leyes de aduana sobre mercancías provenientes de las islas de las Indias Occidentales y de Norte América, y las de Europa. En el caso presente, la ley tiene efecto sobre todas las mercancías indiscriminadamente, a partir del próximo lo. de octubre.

   Un período de seis meses parece ser el más equitativo que debería transcurrir en todos los casos entre la publicación y la ejecución de las leyes que afectan a las aduanas en cuanto se relaciona con las mercancías procedentes de Europa, y nos reafirmamos en esta opinión porque ya ha ocurrido antes que una ley modificando los derechos de aduana se publica uno o dos días después de la partida del correo que llega a tiempo para el paquete inglés, con lo cual se pierde un mes para nosotros, pues nos beneficia poco que se nos informe sobre un nuevo decreto de aduanas si estamos privados de la capacidad de comunicar su sentido a nuestros corresponsales antes de tres semanas o un mes.

   Sin una garantía contra el efecto anterior, los intereses comerciales británicos en este país estarán siempre expuestos a graves pérdidas.

   Por consiguiente, llamamos respetuosamente la atención de su Señoría sobre los hechos expuestos, esperando fervientemente que el Gobierno de su Majestad se encargue de dirigir una protesta ante el gobierno de la Nueva Granada, que proteja los intereses comerciales británicos en este país de una repetición de las pérdidas a las cuales la violación, por parte del gobierno de la Nueva Granada, de las costumbres establecidas del comercio, los ha expuesto hasta ahora.

   Tenemos el honor de ser,
   De su Señoría, los más obedientes
   y humildes servidores,

Powles, Illingworth, Wills & Co.
   M. Doual, Atkinson & Co.
   Oxford, Grice & Co.
   James Bruch & Co.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/100/fos. 1RH-3LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 251

Attempt to overthrow the Granadian Government and its failure.

Bogotá, 8 August 1833

My Lord,

   I am sorry to have to inform your Lordship that since I dispatched my last post, there have occurred in this city considerable disturbances which have caused some bloodshed and will occasion more.

   This government has for some little time entertained a suspicion that an attempt was in contemplation to overthrow it, but was unable to ascertain its nature or to identify its projectors: On the 23rd ultimo General Santander received an anonymous letter stating, as is said, that a revolution was to break out that night, to be effected by some chiefs of a party opposed to the Government, whose intention was to surprise the city, to murder him and some other heads of the Government, to substitute authorities favourable to their own views and to proclaim the restored integrity of the Republic; that an officer named Arjona, on guard that day, was to give up the quartel or barracks to a party who were to enter at night, headed by General Sardá, an officer famous or rather infamous in the records of this Mission as the late governor of Panama and author of the outrage committed on the " John Catto". On receiving this information, which certainly prevented a sanguinary struggle if not the overthrow of the Government, General Santander ordered Colonel Montoya, the Chief of the Staff, to retain and arrest Arjona in the evening. Colonel Montoya, instead of sending a guard, went alone himself after dusk. Arjona while accompanying him to arrest broke away, and on Montoya's pursuing him shot him dead in the street and escaped. The party outside (which does not appear to have exceeded 60 men), on hearing of this detection of their plot, instead of entering Bogotá, set off for Tunja, where almost all of them, including Sardá, have since been taken and brought here. Montoya's death was followed on the 29th ultimo by that of Colonel Mariano Paris, one of the heads of the Bolivian party, who though he had gone out of the city to his estate which lay in a different direction from that of the conspirators, was arrested by a military party sent after him on real or pretended suspicion of participation in their design, and shot while attempting, as is said, to escape from the Government troops. The death of the above mentioned two individuals, who were related to the most numerous and respectable families of the city, has thrown half Bogotá into mourning; the latter in particular has created in his numerous family a mass of misery impossible to describe, and was attended with circumstances of cruelty in the act and brutality after death which could hardly be committed or believed in any country but this. His body almost naked and dripping with blood from his wounds, was thrown across a horse and brought thus through the streets of the city.

   The liberal party have published placards in which they term the death of Paris a visitation of Divine Providence in punishment of his desires and efforts to overthrow the liberty of his country. The friends of that officer, on the contrary, have published their opinion that it was the result of purposed assassination ordered by the Government, and it must be owned that the latter suspicion seems fearfully plausible when it is considered that a party of 50 men could not have been under the necessity of killing an unarmed prisoner in order to secure him; that General Santander told the brother of Colonel Paris that the Government entertained no suspicion of his complicity in the revolution, at noon on the day of his death when, as he was seized in bed at daylight only 6 or 8 leagues from the city, His Excellency must have known at least of his arrest; that immediately on the death of Montoya many officers assembled in the barracks and swore to avenge the death of their comrade on the other party, and that the Captain sent to arrest Paris was a cousin of Montoya, and above all that the officer has in no way been called to account or reproved, much less punished, for the murder. Under the above circumstances, I cannot but consider the government seriously compromised in the death of Colonel Paris, and a placard which it has published in explanation of the affair is so full of contradictory statements, that it has had any other effect than that of absolving it from the charge.

   I have been the more particular in detailing the circumstances of the above occurrence, because it is the most disgraceful act that has been committed in this country since my arrival in it, even by the liberal party.

   No clear exposition has been afforded yet of the resources which the conspirators possessed or expected. It seems impossible to imagine that 60 men could have hoped to overturn the Government, unsupported by the promise at least of further aid. The Government is taking declarations from each of the prisoners, and many of the inhabitants of Bogotá will, it is expected, be compromised by them, but nothing has as yet transpired.

   It is worthy of remark that this is the first attempt at a revolution which has failed since my arrival in Colombia; this is sufficiently accounted for by the premature disclosure of the plot and the inconsiderable number of the party outside; but the authorities have not failed to represent it as resulting from the enthusiastic opposition to it of all classes of the people in consequence of their affection for their new institutions and liberal government. I do not indeed think it improbable that the aid of the people in terminating the disturbance may have been given in earnest, for they are so wearied and ruined by revolutions that all parties ?even those most opposed to the present government?join in dreading the distress which must be produced by any attempts at change.

   If this government have just grounds for imputing to the conspirators the design of murdering the President, it is impossible not to be struck by the similarity of this attempt to that of September 1828 against the life of Bolívar. Yet the liberal party can find no names for the conspirators of September 1828 (many of whom hold offices in the present government) than those of heroes and patriots, while these of July 1833 are reviled as the basest assassins. The acts of the party now in power show as perverted a judgement as their opinions. Blind to the glaring truth that civil disturbance, whatever its result, must always be a melancholy event, they have celebrated the capture and approaching execution of their countrymen with firing of guns, ringing of bells and other demonstrations of public joy.

   I will confess to your Lordship that this last disturbance utterly puts an end to my last hopes ?which were indeed but feeble? of tranquillity or advancement for this unhappy country. When General Santander arrived, almost every voice was loud in expressing expectation of happier times. He was the Man of the laws and the choice of the people. He was to monopolize their affections and consolidate their institutions; no one could be his enemy without being the enemy of his country, and all the future was to be repose and prosperity! He has only governed ten months, and there is a plot detected to displace and, as is said, assassinate him, though the greater portion by far even of the party opposed to him, admit him to be the only man capable of governing. I can see no prospect of permanent quiet or happiness for the country after such an example, although the present failure may tranquillize it for a time.

   The present occurrence has afforded a strong proof of the advantage of having at the head of the government in this country a military man who has influence over the soldiery. If señor Mosquera or señor Márquez had been in charge of the Executive, I feel confident the conspiracy would have succeeded and we should have experienced here a repetition of the troubles and sufferings which we had to lament two years ago; but the influence, activity and adroitness of Santander have not only defeated the revolutionary attempt, but have ensured tranquillity in the city to a degree that could not have been hoped for. There have been no outrages in Bogotá, and all, including foreigners, have been totally undisturbed.

   It is as yet uncertain what are the intentions of this government with respect to its prisoners, whose present number -36- is expected to be increased. With the exception of one or two landed proprietors of the plain round the city, the greater part of those captured are of low condition and the worst character. It is said that 6 or 9 of them, including their chief Sarda, will be shot and the rest chastised with secondary punishment or dismissed. I trust the Government will be merciful, for severity will only induce retaliation which will deluge their country with blood. I look to the tact and policy of the President as affording the best chance of moderation; for the fury of the liberal party is kindled into frenzy by the death of Montoya and the attempt to overthrow them, and they breathe nothing but revenge and blood. I cannot give Your Lordship a better proof of this, and of the appalling immorality of the inhabitants of this capital than by enclosing a paper published here, whose last paragraph recommends that such of the opponents of the liberals as are not condemned to death by the Government should be assassinated by the soldiery in the streets.

   Your Lordship will readily conceive how painful is the position in such a country of the diplomatic agents of civilized states who find themselves not only without the power of checking the atrocities committed under their eyes, but, I may say, without security for their lives if they attempted it.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/97/fos. 93RH-101RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No.251

Intento de derribar al gobierno granadino y su fracaso.

Bogotá, 8 de Agosto de 1833

Señor,

   Lamento tener que informar a su Señoría que después de despachar mi último correo, han ocurrido en esta ciudad considerables disturbios que han causado algún derramamiento de sangre y ocasionarán aún más.

   Durante un breve tiempo este gobierno había abrigado la sospecha de que se fraguaba un intento de derrocarlo, pero había sido incapaz de determinar su carácter o identificar a sus gestores: El 23 de los corrientes el general Santander recibió una carta anónima afirmando, según se dice, que esa noche iba a estallar una revolución efectuada por algunos jefes de un partido opuesto al gobierno, cuya intención era tomarse por sorpresa la ciudad y asesinarlo a él y a otros jefes del gobierno, para reemplazarlos por autoridades favorables a sus propias opiniones y proclamar la integridad restaurada de la República; que un oficial de apellido Arjona, de guardia ese día, iba a entregar el cuartel a un grupo que debía entrar de noche, encabezado por el general Sardá, oficial de fama, o mejor, de mala fama, en los archivos de esta Misión, por haber sido el último gobernador de Panamá y autor del atropello cometido contra el "John Catto". Al recibir esta información, que ciertamente evitó un enfrentamiento sangriento, si no el derrocamiento del gobierno, el general Santander ordenó al coronel Montoya, jefe del Estado Mayor, detener y arrestar a Arjona durante la noche. El Coronel Montoya, en lugar de enviar un guardia, fue él mismo, sólo, después del anochecer. Arjona huyó cuando lo acompañaba a prisión, y al perseguirlo Montoya aquél le disparó matándolo en la calle y escapó. El partido que estaba afuera (que no parece haber sido mayor de 60 hombres), al enterarse del descubrimiento de su conjura, en lugar de entrar a Bogotá se dirigieron a Tunja, donde casi todos, incluido Sardá, han sido detenidos y traídos aquí. A la muerte de Montoya siguió, el 29 último, la del coronel Mariano París, uno de los jefes del partido boliviano, quien pese a haber salido de la ciudad hacia su finca, localizada en una dirección distinta a la de los conspiradores, fue arrestado por una partida militar enviada a perseguirlo bajo la sospecha real o fingida de su participación en el plan, siendo muerto al intentar, según se afirma, escapar de las tropas del gobierno. La muerte de los dos individuos mencionados, quienes estaban relacionados con las familias más numerosas y respetables de la ciudad, ha dejado a medio Bogotá de luto; la última sobre todo ha creado entre su abundante familia un sufrimiento imposible de describir, pues se vio acompañada por circunstancias de tal crueldad en el acto y brutalidad después de la muerte, que difícilmente podrían cometerse o creerse en un país distinto a éste. Su cuerpo, casi desnudo y chorreando sangre de las heridas, fue atravesado encima de un caballo y traído así por las calles de la ciudad.

   El partido liberal ha publicado carteles en los que se califica la muerte de París como una visita de la Divina Providencia en castigo por sus deseos y esfuerzos por erradicar la libertad de su país. Los amigos de ese oficial, por el contrario, han hecho pública su opinión de que ella fue el resultado de un asesinato premeditado ordenado por el gobierno, y debe reconocerse que esta última sospecha parece aterradoramente posible si se tiene en cuenta que una partida de 50 hombres no habría tenido necesidad de matar un prisionero desarmado para asegurarlo; que el general Santander le dijo al hermano del coronel París que el gobierno no abrigaba sospechas sobre su complicidad en la revolución, a mediodía del día de su muerte cuando, mientras aquél era detenido estando en su cama en pleno día, a sólo 6 u 8 leguas de la ciudad, su Excelencia tenía que haber estado enterado al menos de su arresto; que inmediatamente después de la muerte de Montoya muchos oficiales se reunieron en el cuartel y juraron vengar en el otro partido la muerte de su camarada, y que el capitán enviado a arrestar a París era un primo de Montoya, y sobre todo que el oficial no ha sido de ningún modo llamado a cuentas ni reprendido, ni mucho menos castigado por el asesinato. Bajo las anteriores circunstancias, no puedo dejar de pensar que el gobierno está seriamente comprometido en la muerte del coronel París, y el cartel que ha publicado para explicar el escándalo está tan lleno de afirmaciones contradictorias, que ha tenido todos los efectos menos absolverlo de la acusación.

   He sido muy cuidadoso en referir en detalle las circunstancias del incidente anterior, porque es el acto más vergonzoso que se ha cometido en este país desde mi llegada, aún por el partido liberal.

   Todavía no se ha proporcionado ninguna explicación clara sobre los recursos que poseían o esperaban poseer los conspiradores. Parece imposible imaginar que 60 hombres hubieran confiado en derrocar al gobierno, sin contar al menos con la promesa de ayuda adicional. El gobierno está tomando declaraciones a cada uno de los prisioneros, y se espera que muchos habitantes de Bogotá se vean comprometidos por ellas, pero aún no ha trascendido nada.

   Vale la pena señalar que este es el primer intento fracasado de revolución desde mi llegada a Colombia; esto se explica suficientemente por el prematuro descubrimiento de la conspiración y el insignificante tamaño del grupo de afuera; pero las autoridades no han dejado de presentarlo como el resultado de la entusiasta oposición de todas las clases del pueblo como consecuencia de su adhesión a las nuevas instituciones y al gobierno liberal. En verdad no creo improbable que la ayuda de la gente en poner fin al disturbio se haya dado en serio, pues están tan hastiados y arruinados por las revoluciones que todos los partidos ?aún los más opuestos al actual gobierno? se unieron en el espanto por el sufrimiento que produce cualquier intento de cambio.

   Si el gobierno apenas tiene razones para imputar a los conspiradores el designio de asesinar al presidente, es imposible no encontrarse con la semejanza de este intento con el de septiembre de 1828 contra la vida de Bolívar. Pero el partido liberal no halla otros apelativos para los conspiradores de septiembre de 1828 (muchos de los cuales ocupan cargos en el actual gobierno) que los de héroes y patriotas, mientras que a los de julio de 1833 se los injuria como los asesinos más bajos. Los actos del partido ahora en el poder muestran un juicio tan pervertido como sus opiniones. Ciegos a la ostensible verdad de que los trastornos civiles, cualquiera sean sus resultados, siempre serán sucesos melancólicos, han celebrado la captura y próxima ejecución de sus compatriotas con disparos de pistolas, repicar de campanas y otras demostraciones de júbilo público.

   Confesaré a su Señoría que este último disturbio acaba completamente con mis últimas esperanzas ?que en realidad eran apenas tenues? de tranquilidad o progreso para este triste país. Cuando llegó el general Santander, casi todas las voces se alzaron para expresar la esperanza de tiempos mejores. El era el Hombre de las Leyes y el elegido por el pueblo. El iba a monopolizar sus afectos y consolidar sus instituciones; nadie podía ser su enemigo sin ser enemigo de su patria, y el futuro iba a ser de reposo y prosperidad! Sólo ha gobernado diez meses, y se detecta un complot para derrocarlo y, según se dice, para asesinarlo, pese a que la inmensa mayoría aún del partido opuesto a él, admite que es el único hombre capaz de gobernar. No puedo ver ninguna perspectiva de sosiego permanente o de felicidad para el país después de tal ejemplo, pese a que el presente fracaso lo puede tranquilizar por un tiempo.

   El actual incidente ha proporcionado una prueba palpable de la ventaja de tener a la cabeza del gobierno en este país un militar con influencia sobre la soldadesca. Si el señor Mosquera o el señor Márquez hubieran estado a cargo del Ejecutivo, estoy seguro de que la conspiración hubiera sido un éxito y habríamos experimentado una repetición de los problemas y sufrimientos que tuvimos que lamentar hace dos años; pero la influencia, la actividad y habilidad de Santander no sólo han derrotado el intento revolucionario, sino que han garantizado la tranquilidad en la ciudad hasta un grado que no se habría podido esperar. No se han presentado atropellos en Bogotá, y todos, incluso los extranjeros, han permanecido sin ser molestados.

   Son todavía inciertas las intenciones de este gobierno respecto a sus prisioneros, cuyo número actual -36- se espera que aumente. Con la excepción de uno o dos propietarios de tierras de la planicie en torno a la ciudad, la mayor parte de los capturados son de baja condición y del peor carácter. Se dice que 6 ó 9 de ellos, incluido el jefe Sardá, serán fusilados y el resto castigados con penas secundarias o absueltos. Confío en que el gobierno sea misericordioso, porque la severidad sólo ocasionará represalias que inundarán al país de sangre. Veo en el tacto y discreción del presidente la mejor garantía de moderación; porque la ira del partido liberal está encendida hasta el frenesí por la muerte de Montoya y por el intento de derrocarlo, y no respira más que venganza y sangre. No puedo dar a su Señoría mejor prueba de ello, y de la espantosa inmoralidad de los habitantes de esta capital, que adjuntando una hoja publicada aquí, cuyo último párrafo recomienda que los opositores de los liberales que no sean condenados a muerte por el gobierno deben ser asesinados por los soldados en las calles.

   Su Señoría podrá darse cuenta fácilmente de cuán penosa es, en esta clase de país, la posición de los agentes diplomáticos de los estados civilizados, quienes se encuentran no sólo sin el poder de controlar las atrocidades que se cometen ante sus ojos, sino, puedo decirlo, sin seguridad para sus vidas si lo intentaran.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su su Señoría,
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/97/fos. 93RH-101RH.

ANEXO

Los extranjeros y ciudadanos granadinos imparciales, que nos observan.

   En el año próximo pasado se dio parte al gobierno de una revolución que debía estallar para destruirlo. Aunque aquél tenía probabilidades y medios para acabar a todos los complicados y aparentando indiferencia deseaba dar el golpe, quiso por generosidad, y por amor a la humanidad prever los males, antes de tener que castigar a todos los comprendidos, y se contentó con asegurar los más principales y ponerlos a disposición del tribunal competente. El resultado fue que los ciudadanos celosos que dieron los avisos y sus declaraciones fueron apercibidos, y los delincuentes declarados inocentes. Desde entonces, como debía esperarse, los facciosos crearon mayor aliento y descaradamente trabajaban para llevar a cabo sus designios, seguros de que el Gobierno por respeto a las leyes nada podría hacer, y que en los tribunales quedaban impunes sus delitos.

   Ellos no podían quejarse de tropelías, porque han gozado de toda libertad y garantías, que han tenido tiempo de maquinar, sin que nadie los estorbe. A las 7 de la noche del 23 fue instruido su Excelencia el Presidente que esa misma noche debía tener lugar una horrible revolución, que en ella estaban comprendidos el teniente Manuel Anguiano, a quien hacía poco que el gobierno por compasión, y por los méritos de su difunto padre, colocó de ayudante mayor y encargado del detalle del Primer Escuadrón de Húsares, con mengua de otros muchos más beneméritos y de la entera confianza del gobierno; y el alférez Pedro Arjona del mismo cuerpo, perteneciente a una familia conocidamente desafecta, no por sus opiniones, porque jamás las ha tenido, sino porque son de aquellos que no están contentos mientras no se les faculta para disponer a su antojo del Tesoro público, de que en otro tiempo sacaron ventaja, que los beneméritos de la misma patria no han disfrutado. Arjona era habilitado del cuerpo, cuya dotación sacó en esos días, y la tropa no ha visto. Hipócrita hasta lo infinito, cuando se hablaba de la desafección de la familia, decía que era verdad, pero que en nada se le parecía, que deseaba servir y sacrificarse por el gobierno. El plan de los conspiradores era el siguiente: El teniente Anguiano y Arjona, que estaba de guardia de prevención, debían sacarse esa noche el escuadrón; y como este estaba alojado en el mismo cuartel que la artillería, sorprender este cuerpo, y luego ir tomando las guardias del primer batallón que estaba de servicio. El español Sardá, admitido al servicio de Colombia y borrado de la lista militar por sus traiciones, estaba designado para ponerse a la cabeza de la empresa, que tenía por objeto asesinar al presidente del Estado y principales funcionarios, y robar. Su Excelencia, con el secretario de Guerra, el jefe militar de la Provincia, coronel José Manuel Montoya, y el sargento mayor R. Márquez, se dirigieron al cuartel de Húsares a las ocho de la noche. Anguiano no se encontró allí, pero Arjona, que estaba de guardia de prevención, fue relevado y se le mandó preso al principal. El coronel Montoya, que creyó fuera un oficial de honor, se ofreció a llevarlo. En el camino aquél malvado con una pistola que llevaba oculta, privó de la vida a un hombre a quien toda la familia del agresor reunida, no era capaz en ningún tiempo de medirse con él. La Patria ha perdido en el coronel Montoya a uno de sus mejores apoyos; pero su sangre será vengada sin duda, y servirá para asegurar la tranquilidad de ella.

   El asesino logró escaparse y unirse a sus hermanos y compañeros, que viéndose descubiertos tomaron la ruta de Zipaquirá. El gobierno tomó las más eficaces medidas, las tropas se pusieron sobre las armas, la vigilancia se redobló, los ciudadanos se presentaron a ofrecer sus servicios, y el infatigable gobernador de la Provincia dictó todas las providencias que el caso requería. Al amanecer del día siguiente se hicieron marchar partidas armadas y montadas por todas direcciones, y los ciudadanos y oficiales retirados se disputaban la preferencia para que se les emplease en la persecución de los facciosos. Cada cual ha hecho cuanto ha estado de su parte, y el gobierno ha quedado enteramente satisfecho. La otra partida, al mando de Ignacio Amaya, ex-comandante de milicias, borrado de la lista militar por asesino en el Santuario y traidor, entró con 30 hombres en Facatativá a las seis de la mañana del 24, sorprendió en su casa al coronel Quijano, y lo llevó consigo maniatado para presentarlo a su caudillo Sardá. Luego que el pueblo volvió en sí, corrió a las armas en un momento. La plaza se llenó de hombres y mujeres que respiraban venganza, y dentro de poco el escuadrón de Facatativá se puso en alarma de los facciosos para destruirlos y rescatar a su coronel. El gobierno ha recibido una prueba de relevante patriotismo que distingue a las autoridades y vecinos de Facatativá, que tanta parte tuvieron en su restablecimiento.

   Se ha hecho este pequeño bosquejo para que no se sorprendan ni acusen de inmorales a los militares, si después de ejecutados conforme a las leyes los conspiradores que han sido aprehendidos, toman por su cuenta la venganza de la sangre de su amigo y de la suya, contra muchos que hoy se pasean públicamente en las calles, y que son tan criminales y malvados como Sardá y los que le acompañan, sin que se haya podido proceder contra ellos, por haberse quedado solapados después de haber visto que abortó su plan infame, horrendo y sanguinario, pero que son bien conocidos.

   Bogotá, 28 de julio de 1833.

Un Militar.


NOTA
Imp. de N. Lora, año de 1833.

Extract of a letter from Mr. Edward P. Watts dated Carthagena, 9 August 1833 to Consul Watts, and papers detailing a conspiracy against General Santander on the night of 23 July 18331.

   On the night of the 20th July, Colonel Woodbine with his wife and eldest child, a boy of 12 years, were massacred in the most horrible manner in their bed at his estate of Maparafia, situated in this harbour, the other three infants being rescued from the same fate by the black nurse who had brought them up. The next evening the bodies were brought up for interment and examination. A great concourse of spectators were naturally assembled on the wharf to witness the horrid sight, great confusion ensuing on the occasion. Orders were given to disperse the crowd to make way for the corpses. It appears that Mr. Barrot, the French Consul (brother to the famous orator Odillon Barrot), happened to be in the way and being warned by the Alcalde to retire, refused to comply, retorting in an indignant manner on the person and calling him canalla and indecente. The Alcalde ordered the Military to seize his person and convey him to jail, which they did not obey. Complaints were immediately made of his conduct, a criminal suit entered against him and to the surprise of every one, an order was issued for his immediate incarceration on the 29th instant. Mr. Barrot refused to obey the order, demanded his passport which being denied he attempted to embark on board a French schooner. The whole town was in commotion and has been so ever since, great apprehension being entertained that the persons of all foreigners would be attacked, and I am assured that the least circumstance would have caused a horrible scene. Thank God, it all happened over without bloodshed. The High Court here immediately took up the affair and it is said he will be liberated today at 12 o'clock, in which case he embarks in the French schooner to demand satisfaction and reparation of his Government for this insult. Various conjectures are afloat as to the manner it will be taken up by this Government. The result only will shew.

   Add to this Colonel Hand was sentenced to death yesterday by the High Court, and it is said escaped last night on board the French schooner. At the same moment the Bogotá post arrived bringing the news of a dreadful conspiracy against the existing Government, crushed at the very moment it was to have taken place, the 23rd night of July. General Santander received an anonymous letter just in time to take the necessary measures to crush it. From all I can learn, General Sarda was at the head of the conspiracy, and it is supposed supported by a strong party in Venezuela. The plan was as follows. Two or three bands of armed men from the neighbouring Sabanas were to enter the town at night and seize the artillery barracks, to be admitted there by two officers in the secret. Santander and the principal persons of the government were to be murdered, and in the confusion a new government to be formed. The two officers were on guard that night at the artillery barracks. As soon as Santander received the note he repaired thither with Colonel Montoya and ordered them to be arrested and relieved. Lieutenant Arjona, one of them, finding that all was discovered, shot Montoya through the heart with a pistol and escaped, and advised the other conspirators, who immediately left the town and put themselves at the head of their bands in the Savanas, determined to fight it out to the last. The latest accounts received by the Government here assert that General Lopez went out with a battalion of troops, overtook the rebels, surrounded them all and shot Sarda and the other officers on the spot. By the next post we shall know if this be true. I send you the papers detailing this occurrence.

   Woodbine's murderers have just been proved to be his own slaves from their confession. The nurse, shocking to relate, the principal agent. They have all been apprehended, and it is supposed will be shot next week.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/98/fos. 44RH-53RH.

Fragmento de una carta del señor Edward P. Watts fechada en Cartagena el 9 de agosto de 1833 al Cónsul Watts, y documentos que detallan una conspiración contra el general Santander en la noche del 23 de julio de 18331.

   En la noche del 20 de julio, el coronel Moodbine, junto con su esposa y su hijo mayor, un muchacho de 12 años, fueron masacrados de la manera más horrible estando en la cama en su finca de Maparafia, situada en esta rada, y los otros tres infantes fueron rescatados del mismo sino por la nodriza negra que los había criado. En la tarde siguiente los cuerpos fueron traídos para su examen y entierro. Un gran concurso de espectadores se reunió naturalmente en el muelle para presenciar la hórrida escena, sobreviniendo con ocasión de ello una gran confusión. Se impartieron órdenes de dispersar a la multitud para abrir paso a los cadáveres. Parece que el Sr. Barrot, el cónsul francés (hermano del famoso orador Odillon Barrot), se hallaba estorbando el paso y al advertirle el alcalde que se retirara, se negó a obedecer, replicando de modo indignado a su persona y llamándolo canalla e indecente2. El alcalde ordenó a los militares detener a su persona y conducirlo a la cárcel, lo cual no obedecieron. Inmediatamente se hicieron reclamos sobre su conducta, iniciándose proceso criminal en su contra, y para sorpresa de todos, se expidió una orden para su inmediata encarcelación el 29 del presente. El Sr. Barrot se negó a obedecer la orden, exigiendo su pasaporte, y al serle negado intentó embarcarse en una goleta de guerra francesa fondeada en el puerto. La muchedumbre se congregó con gran agitación en torno a su casa impidiéndole el paso, siendo conducido por la fuerza a la cárcel con inminente riesgo para su vida, que le hubiera sido quitada de haber resistido más. El pueblo entero estaba en conmoción y así ha estado desde entonces, cundiendo el gran temor de que las personas de todos los extranjeros serían atacadas, y se me ha asegurado que la más leve ocurrencia hubiera causado una horrible escena. Gracias a Dios todo terminó sin derramamiento de sangre. La Corte Suprema se hizo cargo inmediatamente del asunto y se dice que será liberado hoy a las 12 en punto, en cuyo caso se embarcará en la goleta francesa para demandar la satisfacción y reparación de su gobierno por este insulto. Han salido a flote varias conjeturas en cuanto a la manera en que lo tomará este gobierno. Sólo el resultado lo dirá.

   Añádase a esto que el coronel Hand fue sentenciado a muerte ayer por la Corte Suprema, diciéndose que escapó anoche a bordo de la goleta francesa. Al mismo tiempo llegó el correo de Bogotá trayendo noticias de una terrible conspiración contra el gobierno existente, aplastada en el preciso momento en que iba a tener lugar, en la noche del 23 de julio. El general Santander recibió una carta anónima justo a tiempo para tomar las medidas necesarias para aniquilarla. Hasta donde me he enterado, el general Sardá era el jefe de la conspiración, y se supone que lo respaldaba un vigoroso partido en Venezuela. El plan era como sigue: Dos o tres bandas de hombres armados de las sabanas vecinas debían entrar a la población en la noche y tomar el cuartel de artillería, admitidos allí en secreto por dos oficiales. Santander y las principales personas del gobierno debían ser asesinados, formándose en la confusión un nuevo gobierno. Los dos oficiales estaban de guardia esa noche en el cuartel de artillería. Tan pronto como Santander recibió la nota se trasladó allí con el coronel Montoya y ordenó que aquellos fueran arrestados y relevados. El teniente Arjona, uno de ellos, viendo que todo estaba descubierto, le disparó a Montoya en el corazón con una pistola y escapó, avisando a los otros conspiradores, que inmediatamente dejaron el pueblo y se pusieron a la cabeza de sus bandas en las Sabanas, resueltos a pelear hasta el final. Los últimos relatos recibidos aquí por el gobierno aseguran que el general López salió con un batallón de tropas, dio alcance a los rebeldes, los rodeó y allí mismo fusiló a Sardá y a los otros oficiales. Por el próximo correo sabremos si ello es cierto. Le envío la documentación detallando este incidente.

   Acaba de comprobarse que los asesinos de Woodbine resultaron ser sus propios esclavos, de acuerdo con su confesión. La nodriza, averg?enza relatarlo, fue la principal agente. Todos ellos han sido aprehendidos y se supone que serán fusilados la próxima semana.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/98/fos. 44RH-53RH.
2En español en el original (N.T.).

ANEXOS

1. Conjuración del 23 de julio1

   En la noche del 23 del corriente debió estallar en esta ciudad la más espantosa de las conspiraciones, tramada por el ex-general José Sardá, español bien conocido por su arrastrado servilismo, y por varios antiguos satélites de la usurpación, a quienes generosamente tolerábamos en nuestro seno. El presidente del Estado tuvo aviso oportuno y tomó todas las providencias necesarias para asegurar la ciudad, sin que se hubiese entendido nada por los habitantes, hasta la infausta y siempre deplorable muerte del coronel José Manuel Montoya. Este fue asesinado en la calle de un pistoletazo por el oficial Pedro Arjona, a quien conducía preso al principal, después de haberlo relevado de la guardia de prevención del cuartel de Húsares. Arjona y el teniente Pedro Anguiano, de este mismo cuerpo, eran los que debían entregar a los conspiradores, que habían de llegar de la sabana de Funza en aquella noche, dicho cuartel, con la tropa del cual pensaban, según se ha anunciado, dar al gobierno un golpe de mano, poner la República en desorden, degollar a todos los amantes de la libertad y de las instituciones, y restablecer el régimen del terror y de la rapiña. Muerto el coronel Montoya, y habiéndose fugado Arjona, ya se supo todo en la ciudad, y los ciudadanos corrieron a la plaza de la catedral, en donde permanecieron toda la noche haciendo los servicios que se les recomendaron. Los facciosos se reunieron en la sabana; pero sabedores de que su plan estaba descubierto, no se atrevieron a venir sobre la capital, y sólo trataron de conmover los pueblos cercanos, en los cuales no han encontrado ningún apoyo, aunque han tomado la religión por pretexto. Así es que ellos han errado el golpe de todos modos; y en dos partidas, que reunidas alcanzarán a setenta hombres, se han dirigido para Chocontá, probablemente con el objeto de abrirse paso para Venezuela, en donde dicen que cuentan con Infante y Jiménez, que a la fecha deben haber hecho un movimiento.

   El 24 se dijo que los frailes de San Agustín se hallaban en inteligencia de los facciosos; y habiendo pasado al alcalde municipal Isidoro Cordóvez al convento, con el objeto de sacar a los prelados para que diesen una declaración, todos los religiosos se reunieron y opusieron una resistencia criminal. Cordóvez, sin embargo, hizo salir a los prelados, y entonces el resto de la comunidad se precipitó a la calle, en donde empezó a pedir venganza al cielo contra el gobierno, y a tratar de conmover al pueblo con el pretexto de que se ultrajaba y perseguía la religión. El pueblo, que ya no se deja alucinar, lo que hizo fue prestar al alcalde Cordóvez su más eficaz auxilio, y responder a los frailes con vivas al gobierno.

   Esto es lo sucedido hasta el 26, en que escribimos este artículo.

   He aquí la correspondencia de la suavidad y dulzura con los que en 1830 inundaron de sangre a la Nueva Granada: he aquí el pago que un infame español ha dado al gobierno que le deja vivir tranquilamente, y le concedía todas las garantías que sanciona la misma Constitución que quiere derribar. Ya está visto: no haya compasión con nuestros enemigos: es necesario que mueran ellos o que muramos nosotros; y en tal alternativa, claro es el partido que debe seguirse. La ley los condena a todos; todos deben desaparecer del número de los vivientes, para que, con un escarmiento ejemplar, se sofoquen para siempre hasta las semillas de las revoluciones. No haya consideración por nadie: no se piense en el luto con que se cubrirán algunas familias: la familia granadina es primero que la de un particular. Tampoco se haga caso de las preocupaciones de algunos fanáticos imbéciles, que ni saben la religión que pretenden profesar. Los religiosos de San Agustín, con excepción de muy pocos, han cometido el crimen de sedición; y es preciso hacerles ver que el gobierno constitucional tiene bastante firmeza y energía para reprimirlos, y que ya pasó el tiempo en que alucinaban al pueblo sencillo. ¡Malvados! La religión les prescribe la humildad y la obediencia, les aconseja que rueguen por los que los persiguen, y ellos por el contrario desobedecen a las autoridades y piden venganza contra ellas. Esta es la religión de estos infames. Si tuvieran buenas costumbres, si no vivieran sumidos en la lujuria, en la embriaguez, en la avaricia y en todos los vicios, si no fueran unos revoltosos criminales, tal vez pudieran llamarse defensores de la religión. Pero no es así; bien sabemos lo que son. Jesucristo no quiere apóstoles como ellos: él los quiere puros y de buenas costumbres, como lo fueron sus discípulos. Si los frailes de San Agustín son tan religiosos, ¿por qué no van a predicar el Evangelio a las tribus salvajes, como se lo previene su instituto? ¡ Hipócritas! ya os conocemos, ya os quitásteis la máscara.

   ¡ Ciudadanos! que deseáis el orden y la tranquilidad pública! este es el tiempo de asegurarla para siempre, si todos contribuis con vuestros esfuerzos al castigo de los criminales. Magistrados que conocéis de estas causas! ninguna consideración os detenga para la aplicación de las leyes!


NOTA
1El Cachaco de Bogotá. Bogotá, No. 10, 28 de julio de 1833, p. 1.

2. Regreso de los asesinatos en el reinado de las leyes1.

   Después que el gobierno granadino ha tratado de que los díscolos enemigos de la libertad y de las leyes se reconciliasen con su patria, y no turbasen la pública quietud, han dado en la noche de ayer la prueba más perentoria de que ya no valen con ellos la dulzura y la benignidad. El presidente del Estado tuvo noticia cerca de las siete de la noche, que en todo el curso de ella debían algunos descontentos, que se debían reunir en la sabana de Funza, echarse sobre los cuarteles de Húsares y artillería, para lo cual habían logrado que por el ayudante del primer cuerpo se nombrase para la guardia de prevención al alférez Pedro Arjona. El presidente pasó al cuartel con el secretario de la guerra y el jefe militar, coronel Montoya, y ordenó que inmediatamente se relevase a Arjona y se le condujese preso al principal. El coronel Montoya mismo quiso llevarle, y en efecto le llevaba, cuando Arjona intentó fugarse. El coronel Montoya le persiguió con su espada, y aquél viéndose alcanzado tomó una pistola que llevaba oculta debajo del capote y le dio un balazo en el corazón, en una calle en que pudo escaparse inmediatamente porque no había en ella sino mujeres.

   Luego que tuvo lugar este hecho, que era una prueba inequívoca del designio de los facciosos, la alarma se difundió entre los ciudadanos, la mayor parte de los cuales volaron al cuartel del principal, en donde permanecieron hasta esta mañana con el presidente del Estado, ejecutando diversas comisiones, que han mantenido la ciudad en seguridad completa. Los militares de la guarnición se han conducido como fieles servidores de la Nueva Granada; y por fortuna se ha frustrado la atroz tentativa que se meditaba.

   Durante la noche se ha asegurado a varias personas sospechosas, y al amanecer el juez letrado de Hacienda ha empezado a hacer las averiguaciones necesarias sobre la infame conspiración que debía sumirnos de nuevo en los cruentos desórdenes de los años anteriores. Parece que todo se descubrirá, si el juez de hacienda cumple activamente con sus deberes, y que la espada de la ley herirá a los culpables, porque ya pasó el tiempo de la misericordia.

   En todo se ha procedido con arreglo a las leyes, no ha habido venganzas particulares, porque todos esperamos que el hacha de la justicia sea la que hiere a los criminales.

   ¡El coronel Montoya no existe ya! ¡El ha sido víctima del cumplimiento de sus deberes. ¡No existe!; pero su preciosa sangre no quedará sin venganza. Sus amigos y todos los buenos ciudadanos buscaremos a su asesino en todas partes, y él expiará en un patíbulo, con sus cómplices, el crimen horrendo que ha cometido. ¡No más dulzura, no más perdones! desaparezcan de entre nosotros las víboras que habíamos abrigado en nuestro seno. Correrá la sangre; pero es la sangre de los criminales y desnaturalizados, que corresponden con traiciones a la confianza que se les brinda.

   ¡Magistrados! que tenéis el encargo de velar sobre la tranquilidad; desplegad todo vuestro celo en esta ocasión.

Bogotá, 24 de julio de 1833.

   Después de escrito lo anterior se ha avisado de la sabana que los facciosos estaban reuniéndose, y se ha averiguado que de esta capital han desaparecido en la noche muchos individuos sospechosos. Inmediatamente se han dado todas las órdenes para prevenir los atentados que pudieran cometerse, y diferentes partidas de tropa han salido para los puntos en que puede haber peligro.


NOTA
1Bogotá, Impenta de N. Lora, año de 1833. Hoja volante.

LETTER TO MR. WATTS FROM MR. McPHERSON, THE AMERICAN CONSUL AT CARTHAGENA1

State of affairs in the country. His participation in Colonel Hand's escape. Recent outrages at Carthagena.

Carthagena, 25 August 1833

My dear Sir,

   Although I have not written to you for a long time, I have not felt less interested in your welfare; nor need I deny how much George's misfortunes have affected me. Poor fellow! He has only drank of that cup of bitterness which in greater or lesser proportions falls to the lot of all in this world. The necessity of giving his thoughts to his daily occupations serves in the mean time to divert his mind from painful reflections; and time, the great physician, will do the rest.

   I have seen your last letter to George and observed how anxiously you looked forward to the arrival of the expected packet for good news from Bogotá. God grant it may have met your wishes. But my fears are that Mr. Turner has not done all that he should do. That he will obey his instructions shows no doubt, but from wath I can learn, he will not go one step farther. It is notorious that he is merely on diplomatic terms with the members of the government; and that, although his representations on your behalf will be listened to, yet they will not be backed by personal influence, which a good understanding with the cabinet would secure, and which I conceive to be the duty of every minister to endeavour to acquire by every sacrifice of private feeling. All this is well known at Bogotá and in Carthagena, and that a representation has been forwarded to Lord Palmerston by the British merchants, complaining of the want of attention to Mr. Turner's remonstrances on points in which their interests have been affected. These reflections make me apprehensive for the issue of the instructions sent from London. It may be that the interest I take in this matter may give rise to groundless fears, and that I may yet have the happiness of seeing you snugly seated in your Consulate, where by the by, from the present aspect of affairs in this country, your clear head and steady nerves may be required for the due protection of British lives and British interests. Perhaps I may be a little selfish, for I like to have your advice in times of trouble. And now for the news of the day.

   An attempt has been made in Bogotá to upset the Government. At the head of this conspiracy was General Sardá, who with nearly all his accomplices have been apprehended. Colonel Montoya was shot through the heart by one of the conspirators, a lieutenant Arjona, in the streets of Bogotá, while the former was conveying him to prison. Colonel Paris, one of the implicated, was killed by the guard that was conveying him to prison on his attempting to make his escape. Paris is of one of the most influential families; Sardá is an old Spaniard, but has served throughout all the revolution and under Mina in Mexico. You may recollect that he commanded at Rio la Hacha. I question much if he was at the head of this conspiracy, for although a brave and active officer and desperate from having been deprived of rank and pay, yet he had neither head nor influence of himself to organize a plan to overthrow the government.

   In Carthagena too, we had "our movement", the parties concerned in which are now in confinement and their "confessions"going on. They are about forty in number, all blacks and browns free men. They were surprised by the police (owing to the treachery of one of their party) in conclave in a house near the convent of Santa Clara. The object of these villains was to rob and murder the wealthy inhabitants, and then take the government of the place into their own hands. Nothing however positive is known, and I should not be surprised if it turns out to be connected with the attempt at Bogotá.

   Beside the foregoing events, sufficient to keep us in a state of agitation, we have had horrible murders committed at Maparafia. Poor Colonel Woodbine, his wife and eldest son, a boy of twelve years are the victims; and some of the negroes belonging to Woodbine were the perpetrators of this assassination. They have made a full confession of their crimes, and will be executed next week. The moment the news reached here I went to Maparafia with Mr. Ayton and the doctor of the packet, where a scene presented itself that defies all description. Fortunately we took the doctor of the packet with us, for the youngest child, an infant at the breast, had received a severe contusion on the head which required immediate surgical aid.

   The death of Woodbine and family has been productive of another occurrence which has set the good people by the ears, and in which Mr. Barrot, the French Consul, appears in the foreground. As every thing that has a bearing on Consular privileges cannot fail to be interesting to you, I shall give you the particulars of this business, as far as I can condense them into a reasonable bulk.

   When Mr. Ayton and myself went to Maparafia, we were followed by an Alcalde of the name of Alancleto, with some troops. The fellow is a much disreputable and notorious bad character. After taking an inventory of the effects in the house and securing the papers, we set out on our return to town in a boat belonging to the British packet, another boat conveying the dead bodies. And here I must notice that the conduct of Lieutenant Collier, commanding the packet, deserves the highest praise. During the day the Alcalde had conducted himself very well. On the way up, it blew very fresh and it was proposed to stop a few moments alongside of the packet and procure some drink for the boats crew and for ourselves also. To this accidental circumstance is to be adscribed all the mischief that followed, for Mr. Alcalde drank off a la ge tumbler of brandy and water, which at the moment it occurred to me, would render him unfit for the performance of his public duties; and so it turned out, for when we returned to the boat he became very talkative and seemed much disposed to quarrel with Mr. Ayton. On reaching the Custom House wharf, we found a vast crowd of people, which so obstructed the landing of the dead bodies, that Mr. Alcalde went to call the guard at the Custom House and on his return encountered Mr. Barrot, who was talking with Mr. Cowen and Mr. Michel. I must now give you the Alcalde's statement. In his declaration he says that he "in the most polite manner requested the French Consul to fall back a little, and that the Consul refused, and called him a number of names and pushed him with such violence as nearly to throw him down. To this statement he brings forward fifteen witnesses. Mr. Barrot's account is very different, and he is borne out in his statements by Mr. Cowen and Mr. Michel. He says that where he stood he in no manner impeded the Alcalde in the performance of his duties; that he was ordered to retire in the most insulting manner, the Alcalde at the same time putting his hand on his breast; that indignant at such insult, he seized the Alcalde's hand and threw it from him; that the Alcalde then called to soldiers to "tie the Consul" (amárrenme ese hombre was the expreesion), which order however the soldiers did not think proper to obey.

   After the bodies were deposited in the church, the Alcalde proceeded to Mr. Barrot's house for the purpose of arresting and carrying him to jail. He was accompanied by four cabos, when as he states, the Consul snapped a pistol at him and drove him and his officers of justice out of the house. Mr. Barrot's account of this part of the business is also different. There was no pistol snapped but the Alcalde was frightened out of the house by threats. The commander of a French schooner of war then in the harbour, the surgeon, Mr. Pavageau and Mr. Michel were present on this ocassion. The Alcalde must have been intoxicated, for in his declaration he says that Mr. John Lemaitre and myself were with Mr. Barrot. That evening the Consul complained to the Governor by letter of the insult he had received, and hoisted his flag. The next day he received an answer stating that his letter was passed to the Juez Político. To this proceeding Mr. Barrot protested against, as he would not acknowledge the competency of any tribunal in Carthagena to judge the merits of his complaint. While this was going on, the Alcalde had officially repeated his statement of the case to the Juez Político, who directed the Alcalde 2o. (Castillo) to take the matter into his hands. In the mean time handbills were put in circulation setting forth that Mr. Barrot had triumphed upon the laws of the country, and set the Magistrates at defiance; that he had no immunities and was nothing more than any other citizen of France. The second Alcalde after a day's deliberation gave his verdict against the Consul, and a warrant forthwith was issued for his apprehension. He then determined to embark for Martinique in the French Schooner, and the Commander waited upon the Governor to ask for protection for the Consul, which was refused; when, I am told, some high words passed between the Governor and the Commander. The Consul nevertheless resolved to embark. The first handbill in the mean time was followed by others, in one of which, by the by, high compliments are lavished on you for your conduct during your residence in Carthagena, and I too come in for my share of their gracious approval.

   The forenoon of the 3rd instant was the time fixed upon by the French Consul to leave his house. I of course went to accompany my colleague to the place of embarkation. On turning into the street, the French flag was flying where the British jack used to be impended, as Mr. Barrot occupies the house in which you lived. Great numbers of people were assembled about the house and in the piazzas. On entering the house, I found the Commander of the schooner of war, another officer and all the respectable French in town. There was also an Escribano, who had just finished taking an inventory of the furniture etc. Shortly afterwards we set out, the Consul in full uniform. He had nearly left the door however, when it became obvious that the mob was determined to prevent his departure. "Carry him to jail" " Don't let him embark " were shouted out on all sides. As we approached the main guard (for the boats were at the market place) the cries of "stop him" and "shut the gates" we heard from a hundred persons, and sure enough the gates were closed and the guard put under arms. On coming up to the officer, Mr. Barrot demanded if he had received orders to impede his progress, to which the officer replied that an Alcalde had directed him to shut the gates. Mr. Barrot then asked him for protection back to his own house, when some men were ordered for that service, who surrounded his person, and we directed our steps back. On this triumph of the mob, this had increased two fold, accompanied with the alarming cries of "Kill him" " Kill him at once". On reaching the house I really thought we should have had a tragic scene. The soldiers, either in consequence of private orders or obeying an impulse from the mob, threw their bayonets across the door and would not allow the Consul to enter; and so, there was no alternative than to be literally bound off to prison by the mob, which Mr. Barrot entered withouth the formality of a warrant, and I assure you, I felt quite relieved on his consent, when I saw the door closed upon us and the guard drawn out to keep back the rabble. This disgraceful scene appears to have been got up through the agency of Alancleto, the Alcalde, and some of his new friends, several of whom appeared openly exciting the mob. Amongst them I noticed a fellow of the name of Amador, who you may recollect cheated MacFergusson out of a large sum of money, and Domínguez Ricard, brother of the Abogado.

   The French Consul being now fairly shocked up, the Governor began to think that matters had gone too far, and in consequence directed the Court of "Apelaciones" to take the subject into its consideration, when it was decided that only the Grand Court in Bogotá could take cognizance of the cause of complaint, and consequently, that the proceedings of the Alcaldes were illegal; and further directed that the Consul should be set at liberty, but by a strange contradiction, it was stipulated that he should give his word that he would not leave the country until the affair was disposed of in Bogotá. Mr. Barrot considered that if he gave any kind of assurance or security, it would be tacitly acknowledging the power of the Court of Apelaciones, and that therefore refused to plegde his word. The thing was therefore reconsidered, and finally decided that he should come out of prison without any stipulation, which he did do, after a confinement of some days. The first thing he did was to demand his passport, which the Governor has refused, and here the matter rest. You will observe that as Mr. Barrot refused to plead, the whole proceedings of the 2o. Alcalde were founded on the expert guidance of the Alcalde Alancleto and his witnesses. And we should wait impatiently to learn how this business will terminate. The French schooner sailed ten days ago, and must be by this time near Martinique. It will have one good effect at least: it will fix what are the immunities of Consuls.

   And now my dear sir, as the Consul's business hinged, as it were, upon the melancholy occurrence of Maparafia, so has the extraordinary escape of Colonel Hand been brought about in consequence of the Consul's imprisonment. You know how sanguine Dr. R. has always expressed himself; so much so, that upon more than one occasion, when I have ventured to doubt the issue of the trial, he has become angry with me. Four days before the final sentence, he told George that Hand might prepare to embark in this packet. Judge then what was my surprise when, sitting at dinner at Mr. Ayton's, Mr. Souton came in and said that the Court had passed sentence of death! I immediately left the table to see Dr. R. On reaching his house I noticed a number of people with him, and thereupon went direct to the jail. It is fortunate I did not go with the doctor's team, for the useless time I should have spent in listening to his cold explanations about the sentence could have proved fatal. When I reached the prison, I found Hand walking up and down the corridor. His room was near that occupied by Mr. Barrot, who had a large party of visitors with him, at least twenty persons. Hand was ignorant of what had happened. He spoke of the news from Bogotá and of Montoya's death, which he thought might influence his judges. I scarcely knew how to break the painful subject to him; but time was passing, for the moment the jailer should receive notice of the sentence, he would put him in irons. Beside the hour was drawing near when the prisoners are locked up. I therefore told him what had happened and to prepare to effect his escape. There was no light in his room, so that we were not exposed to the persons walking up and down the corridor. I thought at first of procuring from one of the French officers visiting the Consul a uniform coat, but this could not be done without risk; he therefore put an old blue plain coat which was hanging in his room with a pair of boots and very broad black stick, which with the help of a black hat, which I borrowed, and my spectacles on his nose, made a very good disguise; at least so, I supposed, for we were working in the dark. All being ready, I told Hand to stand close to his door to be ready to slip out when I called him. I then went to Mr. Barrot's room, and got him to arrange with the Commander of the schooner to receive Hand on board, which was agreed to in a moment. I then had to take all the visitors aside and instruct them to take their departure the moment I "bid" the Consul good night. General S. was present. His trust I included and he shut his eyes to what was happening. These arrangements being made, I shook hands with Mr. Barrot and stepping at his door until all the others had gone through the ceremony of hand's taking, we passed in a body close to the door of Hand's room, in passing which I said the word "come" and in an instant he was next to me. At the top of the stairs was a large lantern and a sentinel, at the bottom was another light and a sentinel, at the door of the prison was another lantern and the door keeper, and at the front door stood two men on guard and the officer. I assure you I felt a world of anxiety as I encountered these difficult obstacles, and I want you to judge what must have been the feelings of Hand when he found himself in the open square in front of the prison. And there by some chance he and I separated, nor did I again meet with him. Immediately after leaving the jail, he joined Mr. Atkinson and a Mr. Thomas, two of our party, who conducted him through the gate in the market place, where they had the good fortune to meet with a black fellow in a canoe, who carried him and Hand on board the American packet, the master of which transferred the poor fellow without loss of time in his own boat to the French schooner. The escape from the shore was remarkable, for the boat had but just passed through the water gate when the clock struck eight, the drum beat off, and the gate was closed. On visiting Mr. Barrot next morn ing, I learnt that before we could have well cleared the square, the jailer ram from one room to another enquiring for Hand, and that shortly after the Regidor came in and finding that Hand had escaped put the jailer in irons and locked him up in the very room which Hand had occupied. The poor fellow had his irons removed the next day but is still a prisoner. The schooner sailed the next day and as Hand had embarked without a second shirt, we made up a parcel of things for him from our respective stocks, to which we added one hundred and seventy dollars. I must also add that while he was preparing for his flight I managed to secure and deposit in the Consul's room his writing desk and papers. I dare say you will say that I managed this business in a very creditable manner. One thing certain is that it will afford me pleasing reflections as long as I live. Except amongst a few such rascals as figured at the mob, every person in Carthagena is pleased at Hand's escape, nor were any steps takem to discover his movements by the Governor or Police, the sentence having not only suprised but disgusted every one. The Juez Político, who prides himself upon his great sagacity and information, says that he had certain intelligence before nine o'clock that night of Hand's movements, namely that he passed through the Media Luna gate with two other persons mounted on horseback, rolled up in capotes, and that they directed their course to Point Canoe!! What a chain of circumstances! But for the dreadful catastrophe at Maparafia, the French Consul would not have been sent to prison, and then the largy party of visitors, without all which favours Hand must have suffered death.

   The state of trade is as bad as can be. Not half a dozen storekeepers that can be trusted. Bunch's house had discharged all their clerks except Stewarson I suspect that they will wind up badly. Souter's house and Atkinson's do not more than pay their expenses. Rents have fallen very much. The large house that Bunch occupied and for which he paid $ 120 a month is now rented for $50 and the same with others. To give a final blow to commerce, the last Congress has imposed such duties on imports as effectually destroys the trade to the United States, and increases British duties excessively. They have raised the tonnage duty to one dollar. In a word, any thing in New Granada is going fast to destruction.

   Mr. Moore has returned to the United States and is succeeded by a "Encargado de negocios", a plain good man, but no match I apprehend for the practiced gentlemen in Bogotá.

   Your girls are in good health and impatient to see you.
   Always my dear sir
   Yours most truly,

McPherson.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/98/fos. 62RH-71LH.

CARTA AL SEñOR WATTS DEL SEÑOR McPHERSON, CONSUL AMERICANO EN CARTAGENA1

Estado de cosas en el país. Su participación en la fuga del coronel Hand. Recientes atropellos en Cartagena.

Cartagena, 25 de Agosto de 1833

Mi estimado Señor,

   Pese a no haberle escrito por largo tiempo, no he estado menos interesado en su bienestar; y tampoco puedo ocultar cuánto me han afectado las desgracias de George. ¡Pobre hombre! Apenas ha saboreado esa copa de amargura que en mayor o menor medida les toca en suerte a todos en este mundo. La necesidad de entregar sus pensamientos a sus ocupaciones diarias le sirve mientras tanto para distraer su mente de penosas reflexiones; y el tiempo, ese gran médico, hará el resto.

   He visto su última carta a George y noté con cuánta ansiedad aguarda la llegada del esperado paquete, con buenas noticias de Bogotá. Dios quiera que haya podido colmar sus deseos. Pero temo que el Sr. Turner no ha hecho todo lo que debería hacer. Obedecerá sus instrucciones, de ello no hay duda, pero hasta donde me doy cuenta no dará ni un paso más. Es evidente que escasamente sigue los términos diplomáticos con los miembros del gobierno; y pese a que sus representaciones en nombre suyo van a ser escuchadas, no estarán sin embargo respaldadas por la influencia personal, que un buen entendimiento con el gabinete podría garantizar, y que concibo como deber de todo ministro esforzarse por adquirir sacrificando el sentimiento personal. Todo ello es bien sabido en Bogotá y en Cartagena, habiéndose enviado a Lord Palmerston una representación de parte de los comerciantes británicos, quejándose de la falta de atención a las protestas del Sr. Turner en puntos en los cuales sus intereses han sido afectados. Estas reflexiones me crean inquietud con respecto al asunto de las instrucciones enviadas desde Londres. Puede ser que el interés que pongo en este asunto dé lugar a temores infundados, y que aún pueda tener la felicidad de verlo cómodamante sentado en su consulado, donde, dicho sea de paso, en vista del estado de cosas en este país, su cabeza despejada y nervios firmes pueden necesitarse para la debida protección de las vidas y los intereses británicos. Tal vez sea un poco egoísta, pues me gusta contar con su consejo en tiempos difíciles. Y ahora a las noticias del día.

   Se ha cometido un atentado en Bogotá para derrocar al gobierno. A la cabeza de esta conspiración estuvo el general Sardá, quien ha sido aprehendido junto con casi todos sus cómplices. El coronel Montoya recibió un disparo en el corazón de parte de uno de los conspiradores, un teniente Arjona, en las calles de Bogotá, mientras el primero lo trasladaba a la prisión. El coronel París, uno de los implicados, fue asesinado por el guardia que lo conducía a la prisión, en su intento de escapar. París es miembro de una de las familias más influyentes; Sardá es un antiguo español, pero ha servido a todo lo largo de la revolución y bajo Mina en México. Podrá usted recordar que estuvo al mando en Río la Hacha. Dudo mucho que hubiera estado al frente de esta conspiración, pues a pesar de ser un valiente y activo oficial y estar desesperado por haber sido privado de rango y de paga, no tiene ni cabeza ni influencia propia para organizar un plan para derrocar al gobierno.

   También en Cartagena tuvimos "nuestro movimiento" y los partidos comprometidos en él están en confinamiento y sus "confesiones" en marcha. Son cerca de cuarenta en número, todos negros y morenos libres. Fueron sorprendidos por la policía (debido a la traición de uno de su grupo) cuando se hallaban en cónclave en una casa cerca al convento de Santa Clara. El propósito de estos malvados era robar y asesinar a los habitantes ricos, y después tomar el gobierno del lugar en sus propias manos. Sin embargo no se sabe nada positivo, y no me sorprendería que resultara estar conectado con el intento de Bogotá.

   Además de los anteriores eventos, suficientes para mantenernos en estado de agitación, hemos sufrido horribles crímenes cometidos en Maparafia. El pobre coronel Woodbine, su esposa y su hijo mayor, un muchacho de doce años, son las víctimas; algunos de los negros pertenecientes a Woodbine fueron quienes perpetraron el asesinato. Han hecho una confesión completa de sus crímenes, y serán ejecutados la próxima semana. En el momento en que las noticias llegaron aquí, fui a Maparafia con el Sr. Ayton y el médico del paquete, y allí se presentó una escena que desafía toda descripción. Por fortuna llevamos al médico del paquete con nosotros, pues el hijo menor, un infante de pecho, había recibido una severa contusión en la cabeza que requería atención médica inmediata.

   La muerte de Woodbine y su familia ha generado otra ocurrencia que ha sembrado la discordia entre la gente de bien, y en la cual el Sr. Barrot, el cónsul francés, figura en primer plano. Como todo cuanto se relaciona con los privilegios consulares no puede dejar de interesarle, le daré los pormenores de este asunto, hasta donde pueda condensarlos en medida razonable.

   Cuando el señor Ayton y yo fuimos a Maparafia, nos siguió un alcalde de nombre Alancleto con algunas tropas. El tipo tiene muy mala fama y notorio mal carácter. Después de hacer un inventario de los efectos de la casa y obtener los documentos, emprendimos el regreso a la población en un bote perteneciente al paquete británico, transportando los cadáveres en un bote aparte. Y aquí debo advertir que la conducta del teniente Collier, al mando del paquete, merece los más altos elogios. Durante el día el alcalde se había conducido muy bien. En la subida sopló la brisa fresca y se propuso que nos detuviéramos algunos momentos al lado del paquete para procurarnos alguna bebida para la tripulación de los botes y también para nosotros. A esta circunstancia accidental deben adscribirse todos los males que siguieron, pues el señor alcalde se bebió un gran vaso de brandy con agua, el cual, pensé en ese momento, lo inhabilitaría para cumplir sus obligaciones públicas; y así fue, pues cuando regresamos al bote se puso muy hablador y parecía dispuesto a pelear con el señor Ayton. Al llegar al muelle de la aduana, encontramos una vasta multitud de gente, estorbando de tal manera el desembarco de los cadáveres que el señor alcalde fue a llamar al guardia de la aduana, y a su regreso encontró al señor Barrot, quien conversaba con el señor Cowen y el señor Michel. Debo darle ahora la versión del Alcalde. En su declaración dice que él "de la manera más educada solicitó al cónsul francés que retrocediera un poco, a lo cual el cónsul se negó, motejándolo y empujándolo con tal violencia que casi lo hace caer". Esta afirmación la sustenta con quince testigos. El relato del señor Barrot es muy diferente y sus afirmaciones las corroboran el señor Cowen y el señor Michel. El dice que donde él estaba parado de ninguna manera impedía al alcalde el desempeño de sus funciones; que le fue ordenado retirarse de la manera más injuriosa, a tiempo que el alcalde ponía la mano sobre su pecho; que indignado ante tal insulto, cogió la mano del alcalde y se la quitó de encima; que entonces el alcalde llamó a los soldados para "amarrar al cónsul" (amárrenme ese hombre2, fue la expresión), orden que los soldados no consideraron correcto obedecer.

   Después de que los cuerpos fueron depositados en la iglesia, el alcalde siguió a la casa del señor Barrot con el propósito de arrestarlo y llevarlo a la cárcel. Iba acompañado de cuatro cabos, cuando, según afirma, el cónsul martilleó una pistola hacia él y lo empujó con sus funcionarios de justicia fuera de la casa. El relato del señor Barrot sobre esta parte del asunto también es diferente. No hubo martilleo de pistola, pero se espantó de la casa al alcalde con amenazas. El comandante de la goleta de guerra francesa que estaba en la bahía, el médico, el señor Pavageau y el señor Michel estaban presentes en esta ocasión. El alcalde debe haber estado embriagado, porque en su declaración dice que el señor John Lemaitre y yo estábamos con el señor Barrot. Esa noche el cónsul se quejó por carta ante el gobernador por el insulto que había recibido, e izó su bandera. Al día siguiente recibió una respuesta afirmando que su carta había sido pasada al juez político. El señor Barrot protestó por este procedimiento, pues no podía reconocer la competencia de ningún tribunal en Cartagena para juzgar los méritos de su reclamo. Mientras esto sucedía, el alcalde había repetido oficialmente su declaración sobre el caso ante el juez político, quien ordenó al alcalde 2o. (Castillo) hacerse cargo del asunto. Entre tanto se pusieron en circulación volantes declarando que el señor Barrot había triunfado sobre las leyes del país, desafiando a los magistrados; que no tenía ninguna inmunidad y que no era más que cualquier otro ciudadano de Francia. El alcalde segundo, después de un día de deliberación, dio su veredicto contra el cónsul, expidiéndose un auto para su aprehensión. Decidió entonces embarcarse para Martinica en la goleta francesa, cuyo capitán presentó sus respetos al gobernador pidiendo protección para el cónsul, la cual fue rechazada; en ese momento, según se me ha dicho, hubo cruce de palabras fuertes entre el gobernador y el comandante. El cónsul, no obstante, resolvió embarcarse. Entre tanto, al primer volante siguieron otros, en uno de los cuales, dicho sea de paso, se prodigan a usted elevados elogios por su conducta durante su residencia en Cartagena, y yo también me adelanto a ofrecer mi parte en su afable aprobación.

   La mañana del 3 del presente fue el momento fijado por el cónsul francés para salir de su casa. Yo por supuesto fui a acompañar a mi colega al sitio de embarque. Al dar vuelta a la calle, la bandera francesa ondeaba donde solía estar suspendida la enseña inglesa, pues el señor Barrot ocupa la casa donde usted vivía. Un gran número de personas se había congregado junto a la casa y en las plazuelas. Al entrar a la casa, encontré al capitán de la goleta de guerra, a otro oficial y todos los franceses respetables de la población. Había también un escribano, que acababa de terminar un inventario de los muebles, etc. Poco después salimos, con el cónsul de uniforme completo. Sin embargo, cuando apenas habíamos cruzado la puerta se hizo evidente que la muchedumbre estaba resuelta a impedir su partida. "Llévenlo a la cárcel", "No lo dejen embarcar" gritaban de todos lados. Cuando nos aproximamos a la guardia principal (pues los botes estaban en el mercado) se oyeron los gritos de "deténganlo" y "cierren las puertas" de unas cien personas, y ciertamente estas se cerraron y la guardia fue puesta sobre las armas. Dirigiéndose al oficial, el señor Barrot le preguntó si había recibido ordenes de impedir su avance, a lo cual el oficial replicó que un alcalde le había dado instrucciones de cerrar las puertas. El señor Barrot le pidió entonces protección para regresar a su casa, y se asignaron algunos hombres para este servicio, los cuales lo rodearon y deshicimos nuestros pasos. Con éste triunfo, la multitud se había duplicado y se proferían los alarmantes gritos de "Mátenlo", "Mátenlo de una vez". Llegando a la casa, en verdad pensé que hubiéramos podido tener una trágica escena. Los soldados, bien sea por consecuencia de ordenes privadas u obedeciendo a un impulso de la muchedumbre, atravesaron sus bayonetas en el aposento y no permitían la entrada al cónsul; no quedó entonces otra alternativa que dejarse conducir literalmente por la multitud a la prisión, a la cual entró el señor Barrot sin la formalidad de una orden de arresto, y le aseguro, me sentí muy aliviado por su consentimiento cuando vi que la puerta se cerraba detrás de nosotros y se sacaba a los guardias a contener a la chusma. Esta vergonzosa escena parece haber sido organizada por los oficios de Alancleto, el alcalde, y algunos de sus nuevos amigos, varios de los cuales parecían instigar abiertamente a la muchedumbre. Entre ellos noté a un tipo de nombre Amador, quien podrá usted recordar estafó a MacFergusson una gran suma de dinero, y a Domínguez Ricard, hermano del abogado.

   El cónsul francés se hallaba entonces bastante sobresaltado, y el gobernador comenzó a pensar que las cosas habían llegado demasiado lejos, y en consecuencia encargó a la Corte de "apelaciones" tomar el asunto bajo su cuidado, decidiéndose entonces que sólo la Corte Suprema en Bogotá podía asumir el conocimiento de la causa de la queja, y consecuentemente, que las medidas del alcalde eran ilegales; se ordenó además que se pusiera en libertad al cónsul, pero por una extraña contradicción se estipuló que éste debía dar su palabra de no abandonar el país hasta tanto el asunto fuera resuelto en Bogotá. El señor Barrot consideró que si daba alguna clase de asentimiento o seguridad, estaría tácitamente reconociendo el poder de la Corte de Apelaciones, y por lo tanto se negó a empeñar su palabra. La cosa, por consiguiente, se reconsideró, decidiéndose finalmente que saldría de la prisión sin ninguna condición, lo cual hizo luego de un confinamiento de varios días. Lo primero que hizo fue exigir su pasaporte, que el gobernador le había negado, y en este punto van las cosas. Observará usted que a tiempo que el señor Barrot se negaba a asumir el compromiso, todos los procedimientos del alcalde segundo se fundamentaban en la guía experta del alcalde Alancleto y sus testigos. Y debemos esperar impacientes para saber como terminará todo esto. La goleta francesa partió hace diez días, y para este momento debe estar cerca a Martinica. Tendrá por lo menos un efecto positivo: acordar cuáles son las inmunidades de los cónsules.

   Y ahora mi querido señor, mientras el asunto del cónsul giraba, como así era, en torno a la triste ocurrencia de Maparafia, así mismo la extraordinaria fuga del Coronel Hand se ha llevado a cabo como consecuencia del encarcelamiento del cónsul. Usted sabe cuán optimista se ha manifestado siempre el Dr. R.; tanto que en más de una ocasión, cuando me he atrevido a dudar de la cuestión del juicio, se ha enfurecido. Cuatro días antes de la sentencia final, le dijo a George que Hand podía prepararse para embarcar en este paquete. Juzgue entonces cual fue mi sorpresa cuando, sentado a la mesa donde el señor Ayton, entró el señor Souton diciendo que la Corte había aprobado sentencia de muerte! Inmediatamente me levanté de la mesa para ver al Dr. R. Al llegar a su casa noté una cantidad de personas con él, y de allí fuimos directo a la cárcel. Por fortuna no fui con el grupo del doctor, pues el tiempo que hubiera perdido inútilmente escuchando su fría explicación sobre la sentencia habría resultado fatal. Cuando llegué a la prisión, encontré a Hand caminando de arriba abajo por el corredor. Su cuarto estaba cerca del que ocupaba el señor Barrot, quien tenía con él a un gran grupo de visitantes, al menos veinte personas. Hand ignoraba lo que había sucedido. Habló de las noticias de Bogotá y de la muerte de Montoya, que pensó podía influenciar a sus jueces. Yo difícilmente sabía cómo comunicarle el doloroso asunto; pero el tiempo pasaba, y en el momento en que el carcelero recibiera aviso de la sentencia le pondría los grillos. Además, se acercaba la hora en que se encerraba a los prisioneros. Le dije por lo tanto lo que había ocurrido y que se preparara a efectuar su escape. No había luz en su cuarto, así que no estábamos expuestos a las personas que caminaban de arriba abajo por el corredor. Primero pensé en procurarme la chaqueta de un uniforme de uno de los oficiales franceses que visitaban al cónsul, pero ello no podía hacerse sin riesgo; por consiguiente, se puso un viejo abrigo azul que colgaba en su cuarto y un par de botas y un bastón negro muy grueso, que con la ayuda de un sombrero negro que conseguí prestado, y mis anteojos sobre su nariz, hicieron un buen disfraz; o al menos eso supuse, pues maniobrábamos en la oscuridad. Estando todo listo le dije a Hand que se parara cerca a su puerta para estar listo a escurrirse afuera cuando lo llamara. Fui enseguida al cuarto del señor Barrot y lo hice arreglar con el comandante de la goleta para que recibiera a Hand a bordo, lo cual se convino en un momento. Luego tuve que hacer a un lado a todos los visitantes y les di instrucciones de salir en el momento en que yo diera al cónsul las buenas noches. El general S. estaba presente. Me hice a su confianza y cerró los ojos a cuanto acontecía. Una vez hechos estos arreglos, estreché la mano del señor Barrot y me detuve en su puerta hasta que los demás hubieron terminado la ceremonia de dar la mano; pasamos en grupo cerca a la puerta del cuarto de Hand, y al llegar a ella le dije "venga", y en un instante estaba a mi lado. Al final de la escalera había un gran farol y un centinela, al fondo otra luz y un centinela, en la puerta de la prisión estaban otro farol y el portero, y en la puerta del frente estaban parados dos hombres de guardia y el oficial. Le aseguro que sentí un mundo de ansiedad a medida que pasábamos estos difíciles obstáculos, y quiero que juzgue cuáles serían los sentimientos de Hand cuando se encontró en la plaza abierta frente a la prisión. Y allí por casualidad él y yo nos separamos, y no lo volví a ver. Inmediatamente después de dejar la cárcel, se unió al señor Atkinson y a un señor Thomas, dos de nuestro grupo, quienes lo condujeron a través de la puerta en el mercado, donde tuvieron la buena fortuna de encontrar a un negro en una canoa, que los llevó a él y a Hand a bordo del paquete americano, cuyo maestre transfirió al pobre tipo sin pérdida de tiempo en su propio bote a la goleta francesa. El escape de la costa fue notable, pues el bote acababa apenas de pasar la puerta de agua cuando el reloj marcó las ocho, redobló el tambor y la puerta se cerró. Al visitar al señor Barrot a la mañana siguiente, supe que antes de que hubiéramos salido de la plaza, el carcelero corrió de un cuarto a otro preguntando por Hand, y que poco después vino el regidor y encontrando que Hand había escapado, puso grilletes al carcelero y lo encerró en el propio cuarto que Hand había ocupado. Al pobre tipo le quitaron los grilletes al día siguiente pero todavía sigue preso. La goleta zarpó al otro día y como Hand se había embarcado sin una muda de ropa, le hicimos un paquete de cosas para él de nuestras respectivas pertenencias, al cual añadimos ciento setenta dólares. Debo también agregar que mientras él se preparaba para su huida me las arreglé para conseguir y guardar en el cuarto del cónsul su escritorio y sus papeles. Me atrevo a decir que usted dirá que he manejado este asunto de un modo muy plausible. Lo cierto es que me procurará pensamientos agradables mientras viva. Excepto por unos cuantos picaros que figuraban entre la muchedumbre, todos en Cartagena están satisfechos con la fuga de Hand, y ni el gobernador ni la policía han dado ningún paso para descubrir sus movimientos, pues la sentencia no sólo sorprendió sino que enojó a todos. El juez político, que se enorgullece de su gran sagacidad e información, dice que tuvo cierto conocimiento antes de las nueve de esa noche de los movimientos de Hand, a saber, que había pasado por la puerta de la Media Luna con otras dos personas montando a caballo, envueltos en capotes, y que dirigieron su rumbo a Punta Canoa!! Qué cadena de circunstancias! De no haber sido por la espantosa catástrofe de Maparafia, el cónsul francés no habría sido enviado a prisión, ni hubiera habido el gran número de visitantes sin cuyo favor Hand habría sufrido la muerte.

   El estado del comercio está tan mal como es posible. No hay ni media docena de tenderos en quienes pueda confiarse. La casa de Bunch ha despedido a todos sus empleados excepto a Stewarson y sospecho que van a terminar mal. La casa Souter y la de Atkinson no alcanzan más que a cubrir sus gastos. Las rentas han caído mucho. La enorme casa que Bunch ocupaba y por la que pagaba $120 al mes está arrendada ahora por $50, y lo mismo pasa con otras. Para darle el golpe de gracia al comercio, el último Congreso ha gravado con tales aranceles las importaciones que virtualmente destruyen el comercio con los Estados Unidos, y aumentan excesivamente los impuestos ingleses. Los derechos por tonelada han subido a un dólar. En una palabra, todo en la Nueva Granada marcha veloz hacia la destrucción.

   El señor Moore ha regresado a los Estados Unidos y lo ha sucedido un "Encargado de negocios", un hombre bueno y sencillo, pero me temo que no estará a la altura de los adiestrados caballeros de Bogotá.

   Sus hijas gozan de buena salud y están impacientes por verlo.
   Siempre mi querido señor,
   Suyo con toda sinceridad,

McPherson.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/98/fos. 62RH-71LH.
2En español en el original (N.T.).

MR. TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 301

Escape of Colonel Hand.

Bogotá, 10 October 1833

My Lord,

   No decision has yet been pronounced as to the fate of the conspirators recently arrested. The trials are finished and the defences have been heard. But the Tribunals have not yet issued their final sentence. Many have been condemned to death, but it is expected that the punishment of the majority will be commuted for exile or imprisonment.

   It is with heartfelt satisfaction that I announce to Your Lordship the flight of Colonel Hand, who in the month of August escaped from prison and sailed in an American vessel for New York.

   Colonel Hand's sentence of death had a few days before his departure, been confirmed by the High Court of the Magdalena, and there remained no chance of its reversal or mitigation except in the High Court of this capital. When therefore I considered the utter hopelessness of obtaining justice in any of the tribunals of this country, whose magistrates with very few exceptions, have little other guide for their judicial conduct than corrupt influence or political passion, and from whom the chance of a fair trial, small as it is to their own countrymen, would be yet smaller to a foreigner, I cannot but rejoice at seeing thus satisfactorily terminated the cruel persecution which our countryman has endured.

   The attention of this government is at present so absorbed in the affair of the late conspiracy, that I have not yet been able to speak with General Santander on the subject of Colonel Hand; but when I reflect how easily his escape was effected, and that he sailed in company with an English aide-de-camp of the General, who was passing through Carthagena on his way to New York, I cannot but feel confident that his liberation was planned and promoted by the President himself, who from the first assured me that his life should be spared. I consider it therefore certain that this unfortunate officer owes his safety to the interest which Your Lordship has shown in his behalf.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/97/p. 117RH-118RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 301

Fuga del coronel Hand.

Bogotá, 10 de octubre de 1833

Su Señoría:

   No se ha pronunciado todavía ninguna decisión sobre la suerte de los conspiradores recientemente arrestados. Los juicios han terminado y se han escuchado las defensas. Pero los tribunales no han declarado aún su sentencia final. Se ha condenado a muerte a muchos, pero se espera que el castigo se conmutará a la mayoría por exilio o prisión.

   Con la más sincera satisfacción anuncio a su Señoría la fuga del coronel Hand, quien en el mes de agosto escapó de la prisión y se hizo a la vela en un buque americano hacia Nueva York.

   La sentencia de muerte del coronel Hand había sido confirmada por la Suprema Corte del Magdalena pocos días antes de su partida, y no subsistía posibilidad alguna de su revocatoria o mitigación, excepto en la Suprema Corte de esta capital. Por consiguiente, cuando pienso en la falta absoluta de esperanza de obtener justicia de parte de cualquiera de los tribunales de este país, cuyos magistrados, con muy contadas excepciones, tienen como guía para su conducta judicial poco más que la influencia corrupta o la pasión política, y de quienes la posibilidad de obtener un juicio justo, de suyo pequeña para sus conciudadanos, es aún menor para un extranjero, no puedo menos que regocijarme al ver tan satisfactoriamente terminada la cruel persecución que nuestro compatriota ha soportado.

   La atención del gobierno se encuentra actualmente tan sumergida en el asunto de la última conspiración, que no he podido todavía hablar con el general Santander sobre el tema del coronel Hand. Pero cuando reflexiono sobre la facilidad con que se llevó a efecto su escape, y en el hecho de que se embarcó en compañía de un ayudante de campo inglés del general, de paso por Cartagena en su ruta a Nueva York, no puedo menos que sentirme seguro de que su liberación fue planeada y promovida por el propio presidente, quien desde un principio me aseguró que se le perdonaría la vida. Por lo tanto considero cierto que este infortunado oficial debe su salvación al interés que su señoría ha manifestado en nombre suyo.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/97/fos. 117RH-U8RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 311

Execution of some of the prisoners condemned for the conspiracy of 23 July last.

Bogotá, 6 November 1833

My Lord,

   The Tribunals of this capital have at length pronounced their sentence on the persons imprisoned for the attempt at revolution of the 23rd July last; 46 were condemned to death. With respect to 18 of these it was stated that the judges could not recommend a commutation of punishment, and these 18 were on the 16th ultimo shot in the principal square of this city, with the exception of the head of the conspiracy, General Sardá, who on the night of the 11th ultimo escaped from prison, with assistance from the outside. It is not known who gave it, and it is even suspected by some to have proceeded from the Government itself, a surmise which is somewhat supported by the total want of inquiry into the conduct of the officers on guard during the night of his flight which was particularly stormy and rainy. A reward is offered for his apprehension, and some suspected houses have been searched, but the fugitive has not been discovered. The capital punishment of 28 of the prisoners was commuted to that of 8 and 10 years of presidio (working in irons) in the burning climates of Carthagena and Chagres, a sentence which would be adequate to one of death, if there were a certainty of its continued infliction. But in this country sentences of long banishment are in general illusory, for no Government is likely to maintain itself for any great proportion of their duration, and the first act of the succeeding one is always to release its friends.

   Fearful as was the extent of bloodshed on the present occasion, it was not an easy matter for any authority to interpose a recommendation of mercy. Those of the condemned ?the majority in number? who were not heads of the conspiracy, were criminals who had before committed offences worthy of death, and only escaped it by the defects and chicanery of the laws of the country. Still, however, they may have deserved their fate, I cannot forget that the head and some members of the Government which has inflicted it, are men who have been condemned to the scaffold as assassins.

   But the question whether the sentences inflicted were just or not, will have little or no effect in averting the retaliation which in this country is sure to be exacted sooner or later for political executions. The partisans of the sufferers remember their fate as a wrong which is one day to be avenged, and I feel a thorough conviction that the death of the lately executed conspirators and the shameful murder of Colonel Paris will, before long, bring down a severe retribution on the heads of the principal members of the present Government.

   It was confidently expected that when the executions were finished, and the 90 prisoners whom the jails contained released by death or 0 banishment or acquittal, the Government will consider enough to have been done, and drop the subject of the late conspiracy. But more persons were incarcerated on suspicion after the prisons were emptied of the late sufferers, and amongst them General Vélez, a notorious liberal whose opposition to the Government has excited great surprise.

   Shortly after the frustration of the attempted revolution here, a project was discovered at Carthagena of the black population, to rise and murder the whites. It was fortunately detected in time for prevention, and of the conspirators arrested, I am told 6 or 8 of the ringleaders will suffer ? death.

   Such, My Lord, are the scenes which incessantly shock the eye of a resident in this agitated country; and every hour tends to confirm the opinion which I long ago formed, that if this unhappy people be long left to themselves, the perpetual anarchy which prevails among them will fearfully contribute to the depopulation of their country.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/97/fos. 119RH-122RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 311

Ejecución de algunos de los prisioneros condenados por la conspiración del 23 de julio último.

Bogotá, 6 de Noviembre de 1833

Señor:

   Los tribunales de esta capital han pronunciado finalmente su sentencia sobre las personas encarceladas por el intento de revolución del 23 de julio pasado; 46 fueron condenadas a muerte. Con respecto a 18 de ellas se afirmó que los jueces no podían recomendar la conmutación del castigo, y las 18 fueron fusiladas el 16 de los corrientes en la plaza principal de esta ciudad, con excepción del jefe de la conspiración, general Sardá, quien en la noche del pasado 11 escapó de prisión con ayuda de fuera. No se sabe quién se la proporcionó, y algunos incluso sospechan que haya procedido del propio gobierno, conjetura respaldada hasta cierto punto por la falta total de una investigación sobre la conducta de los oficiales que estaban de guardia la noche de su escape, particularmente tormentosa y lluviosa. Se ofrece una recompensa por su captura y se han registrado algunas casas sospechosas, pero no se ha descubierto al fugitivo. Se conmutó la pena capital a 28 de los prisioneros por la de 8 y 10 años de presidio (trabajo con grilletes) en los ardientes climas de Cartagena y Chagres, sentencia que equivaldría a la de muerte si hubiera certeza de su prolongada imposición. Pero en este país las sentencias de destierro largo son ilusorias en general, pues ningún gobierno tiene probabilidades de mantenerse durante el tiempo de su duración, y el primer acto del que lo sucede es siempre liberar a sus amigos.

   Aterrador como fue el grado de derramamiento de sangre en la presente ocasión, no fue nada fácil para ninguna autoridad interponer el recurso de misericordia. Los condenados que no eran jefes de la conspiración ?la mayoría en número?, eran criminales que ya habían cometido antes delitos merecedores de la muerte, de la cual sólo escaparon por los defectos y subterfugios de las leyes del país. Sin embargo, aunque hayan merecido su suerte, no puedo olvidar que el jefe y algunos miembros del gobierno que se la impuso son hombres que han sido condenados al cadalso como asesinos.

   Pero el interrogante de si las sentencias infligidas fueron justas o no, tendrá poco o ningún efecto en prevenir el desquite que en este país se cobra con seguridad tarde o temprano por las ejecuciones políticas. Los partidarios de las víctimas recuerdan su suerte como un mal que algún día debe ser vengado, y estoy plenamente convencido de que la muerte de los conspiradores recientemente ejecutados y el vergonzoso asesinato del Coronel París traerán, muy pronto, una severa represalia sobre las cabezas de los principales miembros del actual gobierno.

   Se esperaba confiadamente que cuando terminaran las ejecuciones y se diera cuenta de los 90 prisioneros que llenaban las cárceles, ya fuera por muerte, destierro o absolución, el gobierno consideraría que se había hecho suficiente y abandonaría el tema de la última conspiración. Pero se encarcelaron otras personas más por sospecha después de vaciar las prisiones de las últimas víctimas, entre ellos el general Vélez, un destacado liberal cuya oposición al gobierno ha provocado gran sorpresa.

   Poco después del frustrado intento de revolución aquí, se descubrió en Cartagena un plan de la población negra para amotinarse y asesinar a los blancos. Afortunadamente se detectó y previno a tiempo, y entre los conspiradores arrestados se me ha dicho que 6 u 8 de los cabecillas sufrirán la pena de muerte.

   Tales son, señor, las escenas que incesantemente golpean el ojo de los residentes en este agitado país; y cada hora tiende a confirmar la opinión que me formé hace mucho tiempo, de que si este infeliz pueblo se abandona a su suerte por un tiempo largo, la perpetua anarquía que prevalece entre ellos contribuiría pavorosamente a despoblar el país.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su señoría .
   El más obediente.
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/97/fos. 119RH-122RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 321

Decree for improving the coinage of New Granada.

Bogotá, 6 November 1833

My Lord,

   The Colombian Mining Association, whose contract for working the silver mine of this country is the subject of my dispatch of the 14th October 1831, has long had a difference with this Government respecting the term on which the latter paid for the bars of silver that it furnished to the Mint, and which were indeed most unjust. It was peremptorily insisted on that the silver supplied should be of the standard of 11 dineros while the coin in which the Mint paid for it was only 8.

   The Association has for the last three years been making every exertion to induce the Government to put an end to this unjust system, which it proved to be as much opposed to the laws of this country as it is to equity. This Government, which could not deny the illegality of its practice, eluded the demand of justice, as it is too common with it, by every species of shift and evasion; among its pretexts one was that the Mint paid the Granadians at the same rate, and that by the Treaty British subjects were only entitled to be placed on the same footing as Granadians, overlooking or disguising the important facts that there were no Granadians who work silver mines (all that they bring being confined to a trifling amount of old money and silver plate), and that the second article of our Treaty prohibits the Government from violating the laws of the country towards a subject of His Majesty, with whatever frequency and impunity it may do so towards the citizens of the Republic.

   This Mission has never interfered officially between the Association and the Government. The representative here of the Association, having informed me that a memorial would be presented to Your Lordship by that body, I determined to wait for the instructions which in consequence thereof Your Lordship might be pleased to address to me, and in the mean time I contented myself with verbally recommending the claim to the attention of the President.

   I though it the more advisable to adopt this line of conduct, because I feared that the difficulty of obtaining a concession from the Government would be increased by its having given a previous refusal. In the present case however, this fear of mine has been visionary, for, with an inconsistency which would be incredible in almost any other country but this, the Government acquiesced in the claim of the Association on the same day on which it had returned in answer to it a positive official refusal. On the 8th instant, as Your Lordship will see by the enclosed copy of the resolution of the Government, the representative of the Association was told that it was utterly impossible for the Government to change the system of the Mint, and on the 9th he heard by accident that the decree of the Executive, of which a copy is herewith enclosed, was affixed to the doors of the Mint.

   The above decree, as Your Lordship will see, gives to the Association all that has been asked (with the exception of an inconsiderable amount of indemnization for its past losses), it being enacted that bars of silver henceforward brought to the Mint shall, till a new silver coinage be issued, be paid at their value in gold without deducting the current premium.

   But the decree carries with it consequences of much greater importance, which are the cause of my reporting it to Your Lordship. In its preamble it is declared to be unlawful henceforward to issue silver coin of a less pure standard than that of the Spanish dollar. If therefore the Government act up to its own law, it binds itself to purify the silver coin of the State, which amounts in all to about 2 1/2 millions of dollars, and which is adulterated to the amount of about 50 per cent. The expense of this operation will consequently be about 1 1/4 million of dollars.

   General Santander has in effect told me verbally that he looks confidently for a surplus of revenue this year, and that it is the intention of the Government to devote it to the purification of the coinage. The object would certainly be a most salutary one, for the confusion arising in this country from the quantity of bad money illegally introduced, and from the caprice of the people in different provinces in refusing particular coin, is beyond description or belief. But as a doubt always exists in this country whether there will be any surplus of revenue, and as it is quite certain that if there be, it will not amount to 1 1/4 million, I cannot but think it would have been wiser in the Government to delay the enactment of a pure coinage till it should have in hand a disposable sum sufficient for the purpose in view, added to which I cannot overlook the violation of the promise contained in the Report of the Finance Minister of this year (enclosed in my late dispatch No. 13) that any surplus of revenue should be applied, in part at least, to the payment of the foreign debt of the State.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/97/fos. 123RH-128LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 321

Decreto para mejorar la amonedación en la Nueva Granada.

Bogotá, 6 de Noviembre de 1833

Señor:

   La Colombian Mining Association, cuyo contrato para explotar la mina de plata en este país es el tema de mi despacho del 14 de octubre de 1831, ha mantenido durante largo tiempo una diferencia con el gobierno respecto al precio con el cual este último pagaba las barras de plata que aquella suministraba a la Casa de Moneda, y que era en verdad bastante injusto. Se insistió categóricamente que la plata entregada debía tener un patrón de 11 dineros mientras que la moneda en que la Casa de Moneda pagaba por ella era sólo de 8.

   Durante los últimos tres años la Asociación ha venido haciendo todos los esfuerzos para inducir al gobierno a poner fin a este injusto sistema, probando que es tan opuesto a las leyes de este país como a la equidad. El gobierno, que no pudo negar la ilegalidad de esta práctica, eludió la demanda de justicia con toda clase de subterfugios y evasiones, como es usual en él; entre sus pretextos uno era que la Casa de Moneda pagaba a los granadinos la misma tasa, y que por el Tratado los súbditos británicos sólo tenían derecho a ser considerados en pie de igualdad con los granadinos, pasando por alto u ocultando los importantes hechos de que no había granadinos que explotaran las minas de plata (reduciéndose todo cuanto llevan a una cantidad insignificante de moneda vieja y laminados de plata), y que el artículo segundo de nuestro Tratado le prohibe al gobierno violar las leyes del país en contra de un súbdito de su Majestad, cualquiera que sea la frecuencia o la impunidad con que lo haga contra los ciudadanos de la República.

   Esta Misión nunca ha interferido oficialmente entre la Asociación y el gobierno. Habiéndome informado el representante de la Asociación que se presentaría un memorial a su Señoría por parte de ese cuerpo, he decidido esperar las instrucciones que en consecuencia su Señoría tenga a bien dirigirme, y mientras tanto me he limitado a recomendar verbalmente el reclamo a la atención del presidente.

   Pensé que lo más aconsejable era adoptar esta línea de conducta, porque temía que la dificultad de obtener una concesión del gobierno aumentaría por su negativa anterior. En el caso presente, sin embargo, este temor mío ha sido visionario, pues, con una inconsistencia que sería increíble en cualquier otro país que no sea este, el gobierno acogió el reclamo de la Asociación el mismo día en que le había devuelto en respuesta una negativa oficial. El 8 de los corrientes, como podrá observar su Señoría en la copia adjunta de la resolución del gobierno, se dijo al representante de la Asociación que era totalmente imposible para el gobierno cambiar el sistema de la Casa de Moneda, y el 9 escuchó accidentalmente que el decreto del Ejecutivo, del cual adjunto aquí una copia, se había fijado en las puertas de la Casa de Moneda.

   El decreto anterior, como observará su Señoría, le da a la Asociación todo lo que había pedido (con excepción de una cantidad poco considerable como indemnización por sus pasadas pérdidas), promulgándose que las barras de plata que en adelante se lleven a la Casa de Moneda deberán, hasta que se haga una nueva amonedación de plata, pagarse en su valor en oro sin deducir el premio actual.

   Pero el decreto trae consigo consecuencias de mucha mayor envergadura, que me llevan a informar a su Señoría. En su preámbulo se declara ilegal en adelante emitir monedas de plata de un patrón de pureza inferior al del dólar español. Por lo tanto si el gobierno actúa conforme a su propia ley, se obliga a purificar la moneda del plata del Estado, que suma en total alrededor de 2 y 1/2 millones de dólares, y la cual se adultera en una proporción del 50 por ciento. El costo de esta operación, en consecuencia, será de alrededor de 1 1/4 millones de dólares.

   El general Santander, en efecto, me ha dicho verbalmente que espera con confianza un excedente de ingresos para este año, y que es la intención del gobierno dedicarlo a la purificación de la moneda. El propósito es ciertamente muy saludable, pues la confusión existente en este país por la cantidad de mala moneda introducida ilegalmente, y por el capricho de la gente en las distintas provincias de rechazar algunas monedas, sobrepasa cualquier descripción o credulidad. Pero como en este país siempre existe la duda de si habrá excedente de ingresos, y como es muy seguro que si lo hubiera no alcanzaría los 1 1/4 millones, no puedo evitar pensar que hubiera sido más sensato que el gobierno hubiera demorado la promulgación de una amonedación más pura hasta que hubiera contado con una suma disponible suficiente para el propósito en mente, sumado a lo cual no puedo pasar por alto la violación de la promesa contenida en el Informe del secretario de Hacienda de este año (adjunto en mi pasado despacho No. 13) de que cualquier excedente de las rentas se destinaría, en parte al menos, al pago de la deuda externa del Estado.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/97/fos. 123RH-128RH.

ANEXOS

1. Resolución. Secretaría del despacho de Hacienda. Bogotá, a 8 de octubre de 1833

   Los señores Powles, Illingworth, Wills y compañía, pueden usar de su derecho ante las autoridades o tribunales establecidos por las leyes, cuando y del modo que ellas permitan.

   El gobierno insiste en que no puede permitir la amonedación de pesos colombianos porque no debe procederse contra el tenor de una ley escrita.

   Los pagos de la plata en pasta que introduzca la compañía en las casas de moneda, se verificarán en los términos y del propio modo que a los introductores granadinos, así como hasta ahora no se ha impuesto a los primeros ninguna condición a que no hayan estado sometidos los otros; y como ni la constitución, ni los tratados, ni las leyes del país han concedido a los extranjeros ningún privilegio sobre los nacionales, el gobierno tampoco puede, ni debe eximirlos de la condición a que están sometidos todos los granadinos.

   Es copia.

El secretario,
Soto.


2. Copia del decreto que se ha fijado en la Casa de Moneda.

DIRECCION DE LA CASA DE MONEDA

   El señor secretario del despacho de Hacienda con fecha 9 de octubre me dice lo que copio.

   Con fecha de ayer ha expedido el presidente del Estado el siguiente decreto:

CONSIDERANDO:

   1o. Que las leyes de 14 de marzo de 1826 que no están derogadas, han determinado los signos y tipos de las monedas de oro y plata, y que no se acuñen monedas de la talla de pesetas, o cuarto de pesos, de medio peso, ni de peso, sino con la ley y peso con que se acuñaban bajo el gobierno español hasta el año de 1811, así como también fijaron la ley que debieran tener las monedas pequeñas de reales, medios reales y cuartos de real, cuya fabricación debiera hacerse con las cantidades de moneda macuquina que remitiesen las tesorerías; la cual disposición fue variada en su última parte por otra posterior del Cuerpo Legislativo fecha 8 de agosto de 1827.

CONSIDERANDO LO SEGUNDO:

   Que de la variación indicada ha resultado el inconveniente de que las minas de plata no han podido explotarse en la cantidad que debieran, en razón de sus pocos rendimientos.

CONSIDERANDO LO TERCERO:

   Que las dificultades de hecho que las casas de moneda de la república han presentado para la acuñación de la moneda de plata en los términos prevenidos por las leyes de 14 de marzo de 1826, y que no ha estado en arbitrio del gobierno el remover, van a desaparecer ahora con la adquisición de las nuevas máquinas que han llegado a Cartagena, y ha contratado el gobierno para la casa de moneda de Bogotá; oído el dictamen del Consejo de Gobierno,

DECRETO:

   Artículo primero. Los directores de las casas de moneda no recibirán ni pagarán a los introductores las barras o piezas de plata que en ellas se introdujeren, sino reduciendo el metal a la ley de 11 dineros, según está prevenido en los capítulos 6o. y 10 de la ordenanza.

   Articulo segundo. Los introductores son obligados a ejecutar por sí mismos, o pagar a la casa la afinación de la plata según previene el citado capítulo 10 de la ordenanza.

   Artículo tercero. El pago que deben hacer los directores en consecuencia del artículo 1o. de este decreto, ha de verificarse en oro sin exigir a los introductores ninguna cantidad por razón de premio, o en moneda de plata corriente si así lo exigieren.

   Artículo único. En caso de que exijan se les pague en pesos, medios pesos o cuartos de pesos de los mandados acuñar por las citadas leyes, deberán aguardar hasta que se haga la fabricación de estas monedas.

   Artículo cuarto. La fabricación de los pesos, medios pesos o cuartos de peso, empezarán a ejecutarse en la casa de moneda de Bogotá a la mayor brevedad posible.

   Artículo Quinto. La de los reales, medios reales y cuartos de real de que hablan las leyes de 14 de marzo de 1826, y la de 1827, sólo se hará con la moneda macuquina que para este objeto remita la tesorería general.

   El secretario del despacho de Hacienda queda encargado de la ejecución de este decreto. Comunícolo a usted para lo de su cargo.

   Dios guarde a usted.
   Es copia.

(Firmado)
Francisco Soto.
(Firmado)
A. Hinestrosa.


PRO CONSUL AYTON TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 61

Proceedings of the French Admiral off Carthagena and his demands for reparation of the insult offered to the French Consul.

British Pro Consulate
Carthagena, 18 December 1833

My Lord,

   It is my duty to inform your Lordship that since my last communication on the 17th ultimo Carthagena has been visited by Admiral Mackau in the "Atlante" Frigate (58), accompanied by a French corvette "Nayades", Captain Letourneur. Both vessels came to an anchor inside the harbour, the corvette on the 2nd instant and the frigate the day following. The Admiral, after making himself acquainted with the unfortunate occurrences that had taken place which led to the imprisonment of the French Consul on the 3rd August, came to the determination of referring his demands for satisfaction to the Executive Government in Bogotá, which he accordingly communicated to our Governor on the 7th and on the same day forwarded his dispatches to the French Chargé d'Affaires at Bogotá with instructions to demand, it is said, the following satisfaction, in the name of the French Government.

   "The reinstatement of Mr. Barrot in his Consulate; that the flag of France shall be hoisted in front of his house, attended by a French guard of honour, to be saluted by the French vessels of war in harbour with 21 guns, an equal number to be returned from the ramparts of the town.

   "The imprisonment of the two 'alcaldes' for a stated period.

   "That the parties who so grossly insulted the Consul on the 3rd of August shall be punished with the utmost vigour of the law.

   "That a sum of $1.000 shall be paid to Mr. Barrot in name of compensation; no demand to be made for the expense of the expedition, it being beneath the dignity of France to exact it".

   An answer to those terms to be returned in forty days, counting from the time the dispatch left this. If denied, the Chargé is instructed to demand his passport and leave for the coast immediately.

   Both vessels left on the 11th instant, the Admiral for Martinique and the corvette for Chagres, where she lands Mr. Martigny, Consul General for Bolivia, and afterwards touches at Saint Thomas, previous to joining the Admiral. A small vessel of war is to be dispatched from Martinique to this for the answer from Bogotá, which is expected to be received here on the 9th proximo, and whether favourable or unfavourable, the Admiral returns to Carthagena. If the former, to see that his conditions are properly complied with. If the latter, to take redress into his own hands, or in other words, take possession of the place, and retain it for his Government, if allowed to do so by the other powers interested in this country.

   The Supreme Court in Bogotá have already declared that the "Alcaldes" have no jurisdiction over Consuls, and the Superior Court of the district have not only ordered them to be prosecuted, but also the parties implicated on the 3rd of August. Still, nothing has been done, as no "assessor" can be found in Carthagena to take upon himself the responsibility of giving an opinion as to the extent of the punishment which ought to be inflicted, and thus at present stands the case. Admiral Mackau's dispatches may probably elicit stronger measures from the Government to satisfy that of France.

   It is impossible to predict the consequences this important question may have upon the future destiny of this country. Considering it in its more favourable light, it cannot but prove one of the most embarrassing nature to the present administration, and most likely ultimately will tend to its overthrow. If the French, demands are conceded, the Government will lose many of its supporters, as they will be accused of pusillanimity in sacrificing the national honour. If refused, there is a strong party opposed to the present system and favourable to a separation of this province from that of Bogotá, who to obtain their object will gladly give the French any satisfaction they demand in order to expel their opponents from power. How far they may be able to carry those views into execution depends upon the circumstances that may turn up. With a paralysed commerce, caused by their late absurd and prohibitive laws, with a daily decreasing revenue, and a rapid spread of misery and discontent throughout the country, the present administration hold but a frail tenure of their power, and unless they make a better use of it for the future in ameliorating the condition of the people, their government must shortly end and pass into the hands of others.

   Captain Walpole, the senior commanding officer at Port Royal, has sedulously attended to the wishes of the merchants established here, in sending over from time to time a vessel of war for the protection of British interests entrusted to their care. This will require to be continued so long as the French question remains in suspense, and which from present appearances cannot be finally decided until the latter end of March. Trade in the meantime is suffering from this uncertainty, nor can it improve until this cause is removed.

   Great inconvenience is felt by the merchants by the withdrawal of the packet and the want of a proper regulated conveyance in their place. The vessels of war which bring over our correspondence have orders only to remain 48 hours, whereas by the packet arrangements they were allowed three days, and the last day falling upon a Sunday did not count.

   Captain Walpole informs me that 48 hours is in strict conformity with the instructions from the general Post Office, which regulated the proceedings of the packets between Jamaica and Carthagena. If such are the instructions, they have never been acted upon, as three days have invariably been allowed to my certain knowledge during an experience of 7 years.

   The case has been represented to the Commander in Chief Sir George Cockburn by the merchants, in order to have this remedied. Failing of success in that quarter, they intend applying to your Lordship direct.

   Along with this, I forward the British Minister's dispatches from Bogotá received on the 9th instant and enclosed a copy of Admiral Mackau's letter to the Governor on the 7th with his answer to same. Also a few "papeluchos" treating upon the French question, which I trust may be acceptable to your Lordship2.

   I am engaged to making up the Consular returns for the year, which I intend forwarding by the January packet.

   I have the honour to be
   My Lord,
   Your Lordship's
   Very obedient
   humble servant,

Joseph Ayton.
His Majesty's Pro Consul.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/98/fos. 162RH-165LH.
2Not included in this volume.

PRO CONSUL AYTON AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 61

Actos del almirante francés en Cartagena, y sus demandas de reparación del insulto contra el cónsul francés. Consecuencias para Colombia.

Pro Consulado Británico
Cartagena, 18 de diciembre de 1833

Señor:

   Es mi deber informar a su Señoría que desde mi última comunicación del 17 de los corrientes, Cartagena ha recibido la visita del almirante Mackau en la fragata "Atlante" (58), acompañada por la corbeta francesa "Nayades", bajo el capitán Letourneur. Ambos buques anclaron en la bahía, la corbeta el 2 de los corrientes y la fragata al día siguiente. El almirante, después de ponerse al corriente de los desafortunados sucesos que habían ocurrido y que llevaron al encarcelamiento del cónsul francés el 3 de agosto, tomó la determinación de elevar la demanda de reparación al gobierno Ejecutivo en Bogotá, lo cual comunicó en concordancia a nuestro gobernador el 7 y el mismo día envió sus despachos al Chargé d'Affaires francés en Bogotá con instrucciones de exigir, según se dice, la siguiente satisfacción a nombre del gobierno francés.

   "El reintegro del señor Barrot a su Consulado; que la bandera de Francia sea izada al frente de su casa, acompañada por un guardia de honor francés y saludada por los buques de guerra franceses en la bahía con 21 cañonazos y devolviéndose igual número desde las murallas de la ciudad.

   "El encarcelamiento de los dos 'alcaldes' por un período declarado.

   "Que los grupos que tan burdamente insultaron al cónsul el 3 de agosto sean castigadas con todo el rigor de la ley.

   "Que se pague al señor Barrot la suma de $1.000 a título de compensación; no se demandarán los gastos de la expedición, pues va contra la dignidad de Francia el cobrarlos".

   Se devolverá una respuesta a dichas condiciones en cuarenta días, contados desde el momento en que el despacho salga de ésta. De ser negada, el Chargé tiene instrucciones de exigir su pasaporte y salir para la costa de inmediato.

   Ambos buques salieron el 11 de los corrientes, el almirante para Martinica y la corbeta para Chagres, donde desembarcó al señor Martigny, cónsul general en Bolivia, tocando después en Saint Thomas antes de unirse al almirante. Una pequeña embarcación de guerra se despachará desde Martinica a ésta a aguardar la respuesta de Bogotá, la cual se espera recibir aquí el próximo 9, y tanto si es favorable como si es desfavorable, el almirante regresa a Cartagena. Si es lo primero, para ver que se cumplan adecuadamente sus condiciones. Si es lo último, para tomar la reparación en sus propias manos o, en otras palabras, tomar posesión del lugar y retenerlo para su gobierno, si se lo permiten las otras potencias interesadas en este país.

   La Corte Suprema en Bogotá ya ha declarado que los alcaldes no tienen jurisdicción sobre los cónsules, y la Corte Superior del distrito no sólo ha ordenado que sean procesados, sino también los grupos implicadas el 3 de agosto. Hasta el momento nada se ha hecho, pues no se ha podido encontrar un árbitro en Cartagena que asuma la responsabilidad de dar una opinión sobre cuál debe ser el alcance del castigo que debe imponerse, y por lo tanto en este punto va el caso. Los informes del almirante Mackau pueden probablemente obtener medidas más fuertes del gobierno para satisfacer al de Francia.

   Es imposible predecir las consecuencias que este importante asunto pueda tener en el destino futuro de este país. Considerado del modo más favorable, no puede menos que ser de lo más embarazosos para la presente Administración, y es muy probable que eventualmente conduzca a su deposición. Si se conceden las demandas francesas, el gobierno perderá muchos de sus partidarios, pues será acusado de pusilanimidad al sacrificar el honor nacional. Si se rechazan, hay un poderoso partido opuesto al actual sistema y favorable a la separación de esta provincia de la de Bogotá, el cual, para lograr su objetivo, gustosamente daría a los franceses cualquier satisfacción que exijan con tal de expulsar del poder a sus opositores. Qué tan lejos puedan llevar adelante esos

   puntos de vista depende de las circunstancias que puedan surgir. Con un comercio paralizado a causa de las absurdas y prohibitivas leyes recientes, con unas rentas públicas que decrecen diariamente, y la rápida propagación de la miseria y el descontento por todo el país, la presente administración mantiene apenas una frágil posesión del poder, y a menos que haga un mejor uso de él en el futuro para el mejoramiento de las condiciones del pueblo, el gobierno tendrá un final cercano y pasará a las manos de otros.

   El Capitán Walpole, el oficial mayor en comando en Port Royal, ha atendido diligentemente a los deseos de los comerciantes establecidos aquí, enviando de vez en cuando un navio de guerra para la protección de los intereses británicos confiados a su cuidado. Esto deberá continuarse mientras la cuestión francesa permanezca en suspenso, y según las apariencias actuales ella no se resolverá por completo hasta la segunda mitad de marzo. Mientras tanto el comercio está afectado por esta incertidumbre, y no se recuperará hasta que esta causa quede eliminada.

   Los comerciantes padecen grandes inconvenientes por el retiro del paquete y por la carencia de un medio de transporte adecuadamente regulado en su reemplazo. Los buques de guerra que traen nuestra correspondencia tienen ordenes de permanecer sólo 48 horas, mientras que por los arreglos del paquete se les permitían tres días, y cuando el último día caía en domingo, éste no contaba.

   El Capitán Walpole me informa que las 48 horas están en estricta conformidad con las instrucciones de la Oficina General del Correo, que reglamenta los movimientos de los paquetes entre Jamaica y Cartagena. Si tales eran las instrucciones, nunca se han acatado pues invariablemente se han permitido tres días, según mi conocimiento derivado de una experiencia de 7 años.

   El caso ha sido presentado al comandante en jefe, Sir George Cockburn, por parte de los comerciantes con el fin de remediarlo. Si fracasan por ese lado, tienen intenciones de dirigirse directamente a su Señoría.

   Junto con este, envío los informes del ministro Británico en Bogotá recibidos el 9 de los corrientes, y adjunto una copia de la carta del 7 del almirante Mackau al gobernador, con su respuesta a la misma. También algunos papeluchos2 que versan sobre la cuestión francesa, que confío sean aceptables para su Señoría3.

   Estoy ocupado en preparar las estadísticas consulares del año, que pienso remitir en el paquete de enero.

   Tengo el honor de ser,
   Señor,
   De su Señoría
   Muy obediente
   y humilde servidor,

Joseph Ayton.
Pro cónsul de su Majestad.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/98/fos. 162RH-165LH.
2En español en el original (N.T.).
3No se incluyen en este volumen.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 51

Answer of Granadian Government to Mr. Turner's note complaining of want of notice in issuing the tariff.

Bogotá, 27 February 1834

My Lord,

   I have the honour to transmit herewith to your Lordship copy of the answer returned by the Granadian Government through the channel of señor Soto, the minister of Finance, to my note respecting the want of notice in issuing the new tariff, which was enclosed in my last dispatch.

   I found the above mentioned answer extremely unsatisfactory, both in the refusal which it contains to attend to my complaint and in the reasons alleged for refusing.

   The Granadian Government cites the contingencies which might happen to occasion loss to the merchant in case of notice being given of changes in the tariff, or of a different system of levying the import duties, as justifications of a want of notice which must be prejudicial to him, and which is the act of a Government and not the result of uncontrolable events.

   It is stated in the answer that no complaint was made on the part of the British merchants of want of notice in the change from levying the duties ad valorem to levying them by tariff because this was advantageous to many of them who had deposits of goods. Yet this want of notice was the subject of my protest of 20 April 1832, of which the Granadian Government, not content with having disregarded it, forgets, or pretends to forget, the existence. Mr. Pombo told me that as he and Mr. Soto were not in office at the time of my protest, they were not aware of its having been made.

   Part of the answer advances the pretension which this Government so often sets up, that foreigners have no right to complaint of injustice so long as it is not contrary to Granadian law, and is tolerated by Granadian subjects. The argument is in general faulty, because the legislature might pass a law inconsistent with the natural principles of equity which foreign governments might be entitled to dispute, though the Granadians might not have power or courage to resist the enactments of the authorities. But it is at all events inapplicable to the question of commercial laws, wherein the hardship falls exclusively on foreigners, for the Granadian merchant wants no notice, being on the spot and trading only with the West Indies, for the short distance of which the least notice given is always sufficient. Yet this is a favourite principle of the Granadian Government, whose ministers are constantly declaring both verbally and in writing that their country is entitled to enact whatever laws it thinks suitable to its own interests, and that foreigners are at liberty to leave it if they do not like them. This, as your Lordship will observe, is actually stated in the enclosed note to me.

   The fact is that there has for the last three or four years existed in this capital an influential party who have entertained a fixed design, which they were as determined to act on as they would have been unwilling to confess, to drive foreign merchants out of the country and to try to confine its foreign trade to dealings between the natives and the neighbouring West India islands. I cannot but consider the present and other late vexatious acts of commercial legislation to have been a part of this design, they were impressed with a fixed idea that the present and increasing poverty of their country was principally occasioned by the quantity of specie exported by the foreign merchants to pay for the goods which they imported, and that prohibition of some foreign goods would cause their native manufactures to flourish and increase. This idea was naturally encouraged by the disappointed native merchants who have lost the monopoly of trade which their houses formerly enjoyed under the Spanish Government. Several members of the present government and the majority of the late Congress were strongly imbued with these doctrines.

   The above delusion seems now to be passing away. Mr. Pombo has told me that the loss to the revenue of 1833 in four months compared with the corresponding four of 1832 was 270.000 dollars, that the native manufactures have not increased, and are, for want of capital and means of transport, insufficient to supply the coarser articles of clothing to the poorer inhabitants who are in consequence suffering great misery, and that the Government is preparing to submit to the ensuing Congress a statement that utter ruin must fall on the State if the ingress of foreign goods and capital be not encouraged by low duties, the enactments of which will certainly be carried into effect in the next three months.

   To return to the enclosed answer of the Granadian Government, a new pretension is advanced in it, which surprises me, even coming from them. It is broadly stated that I have no right to make remonstrances on subjects which are not provided for by the laws, and which ought to be left to the discernment of the Executive Power alone. I can hardly conceive that the Granadian Government expects to deter a foreign minister from doing his duty by awe of this despotic declaration, which in a country where legislation is so imperfect and erroneous as it is here, would leave the door open to every species of injustice and oppression.

   The answer of the Granadian Government in no wise affects the fact that if it possess, as its minister of Finance has verbally declared it does, the right to alter the amount of import duties by altering at any time the valuations of the tariff arbitrarily and without notice, the foreign merchant lies ever at its mercy and may at any moment be exposed to ruin without remedy and without redress, and this even if no corrupt motive prompted the changes, which certainly cannot be said here, where it is matter of notoriety, that these sudden alterations enable the authorities to advantage their friends and countrymen by favouring them with an intimation of what is going to happen.

   A striking proof of the prejudice arising to the foreign merchant from the want of notice occurred a few days after I received the above answer of this Government. An English house here announced to me that on the arrival of some goods which it ordered last summer in consequence of the law of the 3rd June (which was the subject of my last year's dispatch No. 21) the valuation of them was found to have been increased by the last tariff enforced a few days before the vessel arrived, so enormously that the importers were obliged to reship them. The particulars of the complaint will be best detailed to your Lordship by the contents of the note addressed by me on the subject to señor Pombo which I have the honour to enclose2.

   I enclose likewise the note of the French Chargé d'Affaires on the subject of the new tariff, and copy and translation of the answer returned to it by this Government3.

   Your Lordship will observe that to the answer received by Mr. Le Moyne which is in other respects, mutatis mutandis, the same as that to me (except that Mr. Pombo has embodied Mr. Soto's words in his own note instead of transmitting a copy of them) is added an announcement that the Government purposes to propose to the Congress a partial compliance with our requisitions but denies his right to demand the assignment of a six month's notice. The former part of this intended proposal would be satisfactory if we could have any confidence in the sincerity of the Government or in the compliance of the Congress.

   On enquiring from Mr. Pombo why the same announcement was not addressed to me, he replied that the measure had been decided on by the Government the day after he had sent the answer to me, but that he verbally assured me his Government had the same intentions with respect to Great Britain. I requested however that they should be intimated to me in writing as they had been to my colleague, and he accordingly wrote to me the note announcing them which I have also the honour to enclose.

   I observe that in the note to Mr. Le Moyne, this Government notices to him his forbearance from protesting against the short notice of the decree lowering the duties on wines, the advantage of which decree to French trade deterred him from joining me in my remonstrance of 1st July last, enclosed in my above cited dispatch No. 21.

   Under all the circumstances, and considering how fully and strongly we have already written on many occasions on the subject, Mr. Le Moyne and myself have not thought it advisable to return any written reply to the answer of this Government, as our doing so would produce no beneficial effect. We have contented ourselves with verbally pointing out to señor Pombo the false reasoning and inexact statements which the answer contained and stating our intention to wait for specific instructions from our Governments.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/103/fos. 107RH-146LH.
2Not included in this volume.
3Not included in this volume.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 51

Respuesta del gobierno granadino a la nota del señor Turner quejándose por la falta de notificación en la promulgación del arancel.

Bogotá, 27 de febrero de 1834

Señor:

   Tengo el honor de trasmitir con esta a su Señoría copia de la respuesta enviada por el gobierno granadino por intermedio del señor Soto, secretario de Hacienda, a mi nota repecto a la falta de notificación previa al promulgar el nuevo arancel, que adjunté en mi último despacho.

   Hallé la citada respuesta en extremo insatisfactoria, tanto por la negativa que contiene de atender a mi protesta como por las razones que se aducen para la negativa.

   El gobierno granadino cita las contingencias que podrían ocasionar pérdidas a los comerciantes en caso de dar notificación previa de los cambios en los aranceles, o de un sistema distinto de recaudar los derechos de importación, como justificaciones para la falta de notificación, que debe resultarle perjudicial y que es un acto de gobierno y no el resultado de eventos incontrolables.

   Se declara en la respuesta que no hubo protestas de parte de los comerciantes británicos por la falta de notificación previa al pasarse de recaudar los derechos ad valorem a recaudarlos por arancel, porque ello era ventajoso para muchos de ellos, que tenían depósitos de mercancías. Sin embargo esta falta de aviso previo fue el tema de mi protesta del 20 de abril de 1832, de la cual el gobierno granadino, no contento con haberla desatendido, olvida, o pretende olvidar su existencia. El señor Pombo me dijo que debido a que él y el señor Soto no se encontraban en sus cargos en el momento de mi protesta, no estaban al tanto de que ésta se hubiera presentado.

   Parte de la respuesta adelanta la pretensión, que este gobierno arguye con tanta frecuencia, de que los extranjeros no tienen derecho a quejarse de injusticia en tanto esta no sea contraria a la ley granadina y sea tolerada por los subditos granadinos. El argumento es en general defectuoso, porque la Legislatura puede pasar una ley inconsistente con los principios naturales de la equidad que los gobiernos extranjeros tienen derecho a disputar, aunque los granadinos no tengan el poder o el valor de enfrentar los decretos de sus autoridades. Pero en todo caso es inaplicable a las leyes comerciales, donde las dificultades recaen exclusivamente sobre los extranjeros, pues el comerciante granadino no necesita notificación previa porque está en el lugar y comercia sólo con las Indias Occidentales, cuya corta distancia supone que un preaviso mínimo sea siempre suficiente. Con todo, éste es un principio favorito del gobierno granadino, cuyos ministros están constantemente declarando en forma verbal y por escrito que su país tiene el derecho de promulgar cualquier ley que considere adecuada a sus propios intereses, y que los extranjeros tienen la libertad de salir si no les gusta. Esto, como observará su Señoría, ciertamente se afirma en la nota adjunta que se me dirigió.

   El hecho es que durante los últimos tres o cuatro años ha existido en esta capital un influyente partido que ha mantenido el designio fijo, sobre el cual han estado tan dispuestos actuar como renuentes a confesar, de sacar a los comerciantes extranjeros del país y tratar de limitar el comercio exterior a los negocios entre los nativos y las islas vecinas de las Indias Occidentales. No me queda otra cosa que considerar a este y a otros actos vejatorios recientes de legislación comercial como parte de tal designio. Estaban obsesionados por la idea fija de que la actual y creciente pobreza de su país se debía principalmente a la cantidad de metálico exportado por los comerciantes extranjeros para pagar por los bienes que importaban, y que la prohibición de algunos bienes extranjeros llevaría al florecimiento y aumento de sus manufacturas nativas. Esta idea, por supuesto, era estimulada por los decepcionados comerciantes nativos, quienes han perdido el monopolio del comercio de cual disfrutaban antiguamente sus casas bajo el gobierno español. Varios miembros del presente gobierno y la mayor parte del pasado Congreso estaban fuertemente imbuidos de estas doctrinas.

   ?sta ilusión parece estar cediendo. El señor Pombo me ha dicho que las pérdidas para las rentas públicas en cuatro meses de 1833, comparados con los correspondientes de 1832, fueron de 270.000 dólares, que las manufacturas nativas no han aumentado y son, debido a la falta de capital y de medios de transporte, insuficientes para abastecer de los más ordinarios artículos de vestir a los habitantes más pobres, los cuales padecen en consecuencia grandes sufrimientos, y que el gobierno está preparando para presentar ante el próximo Congreso la declaración de que recaerá la ruina total sobre sobre el Estado si el ingreso de mercancías extranjeras y capital no se estimula con bajos aranceles, cuya promulgación seguramente tendrá efecto en los próximos tres meses.

   Regresando a la respuesta adjunta del gobierno granadino, en ella se adelanta una nueva pretensión, que me sorprende aún viniendo de ellos. Se afirma en general que yo no tengo derecho a elevar protestas sobre temas que no están contemplados por las leyes y que deben dejarse únicamente al juicio del Poder Ejecutivo. Difícilmente puedo concebir que el gobierno granadino pretenda impedir a un ministro extranjero el cumplimiento de su deber por temor a esta despótica declaración, lo cual, en un país donde la legislación es tan imperfecta y errónea como en éste, dejará la puerta abierta a toda clase de injusticias y opresión.

   La respuesta del gobierno granadino de ningún modo afecta el hecho de que si él posee, como afirmó verbalmente el secretario de Hacienda, el derecho a modificar la cuantía de los derechos de importación alterando en cualquier momento la cotización de los aranceles de modo arbitrario y sin ningún aviso, el comerciante extranjero estará siempre a su merced y quedará en todo momento expuesto a la ruina sin remedio y sin reparación, y ello aún si los cambios no fueran promovidos por razones corruptas, lo cual ciertamente no puede afirmarse aquí, donde es palmario que estas súbitas alteraciones le dan a las autoridades la capacidad de aventajar a sus amigos y compatriotas al favorecerlos con el conocimiento de lo que va a suceder.

   Una prueba rotunda de los perjuicios que se le presentan al comerciante extranjero por la carencia de notificación previa sucedió pocos días después de recibir la anterior respuesta del gobierno. Una casa inglesa me señaló que a la llegada de algunas mercancías que había ordenado el verano pasado como consecuencia de la ley del 3 de junio (que fue el tema de mi despacho No. 21 del año anterior), se encontró que su valor había aumentado tan enormemente debido al arancel puesto en vigencia pocos días antes de la llegada del buque, que los importadores se vieron obligados a reembarcarlas. Los pormenores de la queja se presentarán más en detalle a su Señoría en el contenido de la nota que sobre el tema le dirigí al señor Pombo, la cual tengo el honor de adjuntar2.

   Anexo así mismo la nota del Chargé d'Affaires francés sobre el tema del nuevo arancel, y copia y traducción de la respuesta del gobierno3.

   Su Señoría observará que a la respuesta recibida por el señor Le Moyne, que en otros aspectos es, mutatis mutandis, igual que la mía (excepto que el señor Pombo ha incorporado las palabras del señor Soto en su propia nota en vez de transmitir copia de ellas), se añade el anuncio de que el gobierno tiene la intención de proponer al Congreso una aceptación parcial de nuestras peticiones, pero niega su derecho a exigir la asignación de un aviso previo de seis meses. La primera parte de esta propuesta declarada sería satisfactoria si pudiéramos tener alguna confianza en la sinceridad del gobierno o en la conformidad del Congreso.

   Al indagar con el señor Pombo por qué no se me dirigió el mismo anuncio, respondió que el gobierno había decidido la medida al día siguiente de haberme enviado la respuesta, pero que me aseguraba verbalmente que su gobierno tenía las mismas intenciones con respecto a la Gran Bretaña. Le solicité, no obstante, que estas debían indicárseme por escrito como lo habían sido a mi colega, y de acuerdo con ello redactó la nota anunciándomelas, la cual tengo el honor de adjuntar también.

   Observo que en la nota al señor Le Moyne el gobierno le hace notar su renuncia a protestar contra el breve preaviso en el decreto que rebaja los derechos sobre el vino, cuya ventaja al comercio francés lo disuadió de unirse a mi protesta del lo. de julio pasado, adjunta en mi despacho No. 21 arriba mencionado.

   Bajo todas las circunstancias y considerando con cuánto detalle y firmeza hemos escrito en muchas ocasiones sobre el tema, el señor Le Moyne y yo no hemos estimado aconsejable replicar por escrito a la respuesta de este gobierno, pues ello no hubiera producido ningún efecto benéfico. Nos hemos limitado a indicar verbalmente al señor Pombo el falso razonamiento y las afirmaciones inexactas que la respuesta contenía, declarando nuestra intención de esperar instrucciones específicas de nuestros Gobiernos.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su señoría,
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 103/fos. 107RH-146LH.
2No se incluye en este volumen.
3No se incluye en este volumen.

ANEXOS

1. Copia de la respuesta del gobierno granadino a la nota del señor Turner.

Colombia - Estado de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 6 de febrero de 1834

   El infrascrito, etc., tiene la honra de transmitir a su Excelencia el señor ministro de su Majestad Británica, la adjunta copia de la nota del despacho de Hacienda y en la cual verá el señor Turner la resolución dictada por el gobierno granadino respecto del reclamo hecho por el señor ministro en (...) del próximo pasado.

   Ya había anunciado el infrascrito al señor Turner en nota del lo. del corriente que pondría en su conocimiento el resultado que tuviese esta materia, y al cumplir con tal ofrecimiento tiene la satisfacción de renovar a su Excelencia el señor Turner, etc., las seguridades, etc.,

(Firmado)
Lino de Pombo.


Copia del anexo de la nota anterior.

Colombia - Estado de la Nueva Granada
Secretaría del despacho de Hacienda.

Bogotá, 4 de febrero de 1834

Al señor secretario del Interior y Relaciones Exteriores.

   He presentado al despacho del gobierno la comunicación de vuestra señoría No. 30 y la nota que acompaña del ministro de su Majestad Británica, y en consecuencia ha recibido orden de dar a vuestra señoría la siguiente constestación.

   El ministro británico reclama contra la disposición del gobierno por la cual se previno que el arancel aprobado, y que se comunicó a todas las gobernaciones, sirviese desde su recibo para el cobro de los derechos de aduana y de los de alcabala en su caso; y funda su reclamación en que no se fijó un término para que hubiese de empezar a observarse el arancel: en que hace variación en el precio de muchos efectos calculándolo en menos del que se había designado en el arancel de 1832; y últimamente en que de esta operación resultan perjuicios a los negociantes británicos de una casa establecida en Bogotá, y tal vez a los de otras casas establecidas en Cartagena. Y todas estas observaciones y las demás que se indican en la nota, no demuestran la ilegalidad del procedimiento, ni que se haya causado la más pequeña injusticia.

   Es menester empezar por recordar, que con arreglo al artículo 2 del Tratado celebrado entre Colombia y la Gran Bretaña, los comerciantes y traficantes están siempre sujetos a las leyes y estatutos de las dos naciones respectivamente, no teniendo más arbitrio en el caso de que dichas leyes o estatutos les parezcan o sean positivamente dañosos a sus intereses, que el de alejarse del país, dejándolo entregado a la injusticia de sus leyes. Con sólo decir que el procedimiento de que se habla es universal para todos los comerciantes nacionales y extranjeros, se conoce muy bien que los súbditos británicos no tienen derecho para reclamar una disposición de la cual el gobierno de la Nueva Granada no puede eximir a los comerciantes granadinos.

   Mas no debe sostenerse el procedimiento, sólo porque los subditos británicos no tengan derecho para reclamarlo. El está defendido por ser arreglado a las leyes de la Nueva Granada, a la práctica general, y a la más estricta justicia.

   La ley de la Convención, de fecha 14 de marzo de 1832, previno que para el cobro de los derechos de aduana se observase el decreto de 8 de mayo de 1829 expedido por el dictador Bolívar, y este decreto señaló el derecho específico que debieron causar en su introducción algunos efectos, y ordenó que el de los demás se cobrase sobre los precios de arancel, y el otro decreto de la misma Convención de 20 de marzo de 1832, dispuso que cada año se reformase el arancel por el Poder Ejecutivo, previas ciertas solemnidades, cuya disposición ha reiterado el artículo 16 de la ley de 13 de junio de 1833, sin designar ninguna de estas disposiciones un término para que empezara a guardarse el arancel reformado. Resulta de este hecho que desde la promulgación del decreto de 20 de marzo de 1832, todos, nacionales y extranjeros, han debido saber en la Nueva Granada que el arancel debía reformarse cada año; que por lo mismo en todas sus especulaciones mercantiles debieron prever no sólo la contingencia de la reforma, sino contar con su necesidad; y que si no lo hicieron, no es el gobierno de la Nueva Granada quien los sorprende, ni el responsable de su omisión. En cumplimiento del referido decreto, el Poder Ejecutivo en 25 de mayo de 1832 previno que los derechos se cobrasen sobre el arancel que entonces se había aprobado; y los comerciantes debieron desde entonces medir el tiempo, para esperar que pasados doce meses a lo menos, habría otro nuevo arancel. Así es pues que el procedimiento del gobierno es arreglado a la ley, que la ley ha sido promulgada y conocida de todos, y que lejos de poder imputarse festinación, habían corrido muchos más de los doce meses de la permanencia del arancel, cuando se circuló a fin de diciembre último el reformado en 1833.

   La práctica general de la Nueva Granada en materias semejantes excluye toda clase de reclamaciones. Las tarifas que fijan el precio de todos los productos agrícolas y manufacturados de la Nueva Granada, y sirven para cobrar el derecho de alcabala, se reforman todos los años en cada uno de los cantones; y desde el momento de su aprobación, sin que se fije un término para su observancia, son el antecedente necesario para cobrar el impuesto del 2 1/2 por ciento. No tiene noticia el gobierno de que a ninguno de los habitantes del Estado, sean granadinos o extranjeros, haya ocurrido el intento de reclamar que las tarifas se anuncien con anticipación de uno, dos ni cuatro días, de uno, dos ni tres meses, no obstante que pudiera alegarse que ellas indirectamente influyan en subir o bajar la cuota del impuesto, y modifican en bien o mal los cálculos de los agricultores y fabricantes.

   La justicia, en fin, es la que apoya el procedimiento del gobierno. Desde que la ley previno, renovando el decreto del dictador, que los derechos de aduana se cobrasen sobre el precio de las mercaderías en la plaza de su importación, y que este precio se fijase en un arancel, que es lo que quiere decir cobrar los derechos por tarifa; desde entonces debió reconocerse que el arancel había de contener variaciones, porque los precios no son permanentes en ninguna parte del mundo; y que estas variaciones habían de afectar a los negociantes; así como nunca podrán ellos eximirse de las causas que haciendo subir o bajar los precios de las mercaderías, a veces defraudan sus esperanzas de ganancia, y a veces les hacen obtener las que no habían calculado. Este sistema podrá ser el menos adecuado para otros países, pero es el que han establecido las leyes de la Nueva Granada, que el Poder Ejecutivo no debe suspender, ampliar ni restringir. Y este sistema, contraído a poner en vigor el arancel, sin un término anticipado, que ahora se impugna como injusto, no lo fue en 1832, no obstante que la transición era más notable, como que los derechos se cobraban antes por facturas ad valorem, y después a virtud del arancel, sobre los precios que esta asignaba; porque entonces no sólo una casa, sino todas las extranjeras establecidas en el país que tenían depósitos de mercancías, sacaban grandes ventajas del nuevo régimen de las aduanas.

   Aún en la suposición de que se fijara una término para la observancia del arancel después de su publicación, todavía no se lograría el objeto que se propone la reclamación, supuesto que desde el primer día de su observancia en adelante pueden y deben variar los precios del mercado relativamente a los del arancel, y con la variación deben recibir daños o ventajas los nuevos importadores, y mucho más los que tuvieran mercancías almacenadas, que hubiesen pagado los derechos sobre el precio de la tarifa. El único remedio de estas contingencias habría de ser que hubiese un arancel que diariamente se reformase para cada puerto, en el cual se indicase el precio corriente, mas no el de que uno mismo fuese invariable y permanente como acaso sucedió en tiempo del gobierno español;

   porque en este caso se experimentaría como en la época citada, que el arancel en los últimos años no se acercaba siquiera a los precios del mercado, contenía mercancías que ya no se conocían, y omitía otras que estaban en uso; y porque en el otro caso, se advierte desde luego, que a pesar de la más grande laboriosidad en el Ejecutivo nunca el arancel reformado el día 1o. de marzo por ejemplo, pudiera servir en Cartagena y en la costa, sino transcurridos muchos días. Ya que no es posible hacer un arancel diario para cada puerto del Estado, y ya que no es conveniente ni justo que uno solo tenga una permanencia indefinida, el legislador ha tomado el medio de mandar reformar el de las aduanas en cada año, medio prudente que si no allana todas las dificultades tiene la ventaja de no criar ninguna, y de disminuir las que sean indispensables en el orden natural de los acontecimientos.

   Pudiera también agregarse, si fuese menester que aún en el sistema de cobrar los derechos por factura ad valorem, todavía aunque se fijara un término muy largo, la exacción no queda exenta de recriminaciones. Como en tal hipótesis los derechos se deducen sobre los precios de factura, y debiera suponerse que las facturas expresan los corrientes en el mercado de la procedencia de los buques, sería necesario que, siendo variables dichos precios, un importador, por ejemplo, pagase derechos menos subidos, que los que había pagado otro dos o cuatro meses antes, que no había podido vender sus efectos y los tenía reservados en sus almacenes. Mas aunque así sucediese no tendría derecho el importador perjudicado a que se le diese una indemnización, ni a pedir que se le exigiesen los derechos en el puerto de la Nueva Granada con una variación que le compensase el recargo de sus precios en el mercado extranjero.

   Ninguno de estos fundamentos puede eludirse con la inculpación de que primero se remitió el arancel a Cartagena que publicarse en esta capital. Lo que sería menos irregular habría de ser que en un mismo tiempo se publicase en todas partes: mas ya que esto no es posible, supuestas las distancias, y que la ley ha guardado silencio sobre ellos, parecía conveniente que primero se dirigiese a la costa, como que diez, doce, catorce, y aún veinte y cinco días debían tardar las comunicaciones en el tránsito. Mas sea de ello lo que fuere, debe asegurarse que es desconocido el derecho de fundar reclamaciones sobre objetos que no están determinados por la ley, y respecto de los cuales debe obrar sólo el discernimiento del encargado de la administración del Estado.

   En fuerza de tales observaciones y de otras muchas que se omiten, hay derecho de asegurar que la ley granadina no contiene ninguna injusticia, y que siendo arreglado a ella el procedimiento del Ejecutivo, este no puede ser impugnado con razón sino sólo a virtud de la diferente posición política que ocupan en el mundo las diferentes naciones.

   A consecuencia de todo lo expuesto el presidente me ordena que vuestra señoría manifieste al ministro de su Majestad Británica que es muy sensible al gobierno de la Nueva Granada no hacer la variación que indica en el negocio de que va hecha mención, porque su primer deber es el de cumplir las leyes; pero que no por eso tiene las consecuencias muy serias que se anuncian, pues tiene la mayor confianza en la rectitud que anima al gobierno de su Majestad que le impedirá llegar a fundar ninguna pretensión sobre los actos legislativos dé otros países que no ofenden los Tratados existentes.

   Soy de Vuestra Señoría, etc.,

Francisco Soto.

   Es copia.

Pombo.


2. Copia de una nota del señor Pombo al señor Turner.

Colombia - Estado de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 25 de febrero de 1834

   Después de la resolución que el infrascrito, etc., tuvo la honra de comunicar, con fecha 6 del corriente a su Excelencia el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de su Majestad Británica acerca del reclamo que hizo sobre el nuevo arancel de aduana, su Excelencia el presidente del Estado, a consecuencia de otra reclamación de la misma especie del señor encargado de negocios de Francia, ha dispuesto que para allanar hasta donde fuere posible los inconvenientes que se han objetado a la medida de revisar anualmente el arancel de aduanas, se pasen al Congreso en su próxima sesión las gestiones diplomáticas que sobre el particular se han dirigido al gobierno, recomendando a las Cámaras el examen circunspecto de la cuestión, y solicitando una decisión que ponga, aun en esta parte, las leyes comerciales de la Nueva Granada en armonía con las de los países con quienes la ligan Tratados solemnes.

   El infrascrito, etc.,

(Firmado)
Lino de Pombo.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 71

Proposal of Granadian Government to conclude with Great Britain a Consular Convention. State of affairs.

Bogotá, 27 March 1834

My Lord,

   I have the honour to enclose herewith to your Lordship copy of a circular which has been addressed by this Government to the foreign agents here, proposing the conclusion of a convention with their respective Governments to define exactly the limits of the immunities and privileges to be enjoyed reciprocally by their Consuls in this country, and by the Granadian Consuls in theirs.

   I have thought it right in my answer to the above note to confine myself to an acknowledgement of its reception, and a promise to submit it to my Government.

   I should in fact have been somewhat embarrassed if I had found myself obliged to return any more definite reply. On the one hand I must own that there is a vagueness and uncertainty in the extent of the privileges assigned to Consuls by the writers on public law, which may excuse the desire of this Government to know more exactly what it is obliged to grant to them, particularly as the French Chargé d'Affaires has increased its perplexity by telling it that his Government considers the Consuls of France as diplomatic agents, and claims for them immunities similar to those enjoyed by the latter. Although this consideration does not prove the necessity of a measure for New Granada which is not called for in other countries, it yet renders perfectly natural its desire to see clearly settled a question from the present obscurity of which it augurs future political inconvenience.

   On the other hand, when I see this Government founding in the enclosed note its request of a Consular Convention on the dispute respecting the French Consul, and daily excusing its inability to give speedy satisfaction to France on the plea that the Government could not settle the affair without the intervention of the Tribunals, I feel bound to say that the French dispute does not prove the necessity of a Consular Convention, and that the obligation to refer to the Tribunals is a shallow pretext. The authorities of this country can act rapidly and independently enough when bent on an object of their own. It is only when justice is demanded for a foreigner that this Government is so scrupulous in respecting the division of the Executive and Judicial powers. Your Lordship will have seen in the case of Colonel Paris, detailed in my dispatch No. 25 of last year, how little the Tribunals were thought of, when a political opponent was to be removed, and in January last General Santander dragged from a sick bed and sent to Carthagena with a military escort and without any judicial process a lady (the former mistress of the Liberator) who was adverse and obnoxious to his Government. It is therefore clear that the Government could, if it had wished, have given instant satisfaction to that of France.

   In referring to the enclosed note of your Lordship decision, I am sure I shall be excused for suggesting the above considerations, as well as for adding my conviction, founded on what I have seen of the corruption and low-minded prejudices of almost all the authorities of this country, that if the admission of a Consul's being subject to the laws of the country he lives in, be not very carefully qualified by protecting him against the oppression and chicanery of those who administer and explain them in New Granada, it will be utterly impossible for any Consul to reside in the country, or at least to perform his functions with satisfaction to his Government, his countrymen or himself.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/103/fos. 150RH-159LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 71

Propuesta del gobierno granadino para concertar con Gran Bretaña una convención consular. Estado de cosas.

Bogotá, 27 de Marzo de 1834

Señor:

   Tengo el honor de adjuntar a su Señoría copia de una circular dirigida por este gobierno a los agentes extranjeros aquí, proponiendo la realización de una convención con sus respectivos gobiernos para definir exactamente los límites de las inmunidades y privilegios que disfrutarán recíprocamente sus cónsules en este país y los cónsules granadinos en los suyos.

   Me pareció bien limitarme en mi respuesta a la nota anterior, a reconocer su recepción y prometer remitirla a mi gobierno.

   Ciertamente me habría visto en un aprieto si me hubiera visto obligado a dar una respuesta más definitiva. Por una parte, debo admitir que hay vaguedad e incertidumbre en torno al alcance de los privilegios asignados a los cónsules por parte de los autores sobre leyes públicas, lo cual puede explicar el deseo de este gobierno de saber más exactamente qué está obligado a reconocerles, particularmente porque el Chargé d'Affaires francés ha aumentado su perplejidad al señalarle que su gobierno considera a los cónsules de Francia como agentes diplomáticos, y reclama para ellos inmunidades similares a las que disfrutan estos últimos. Pese a que esta consideración no prueba la necesidad de tomar para la Nueva Granada una medida que no ha sido adoptada con otros países, sin embargo hace perfectamente natural su deseo de ver claramente establecida una cuestión cuya actual obscuridad augura futuras incomodidades políticas.

   Por otra parte, al ver al gobierno tomando como base la nota adjunta para su solicitud de una convención consular sobre la disputa respecto al cónsul francés, y excusando a diario su incapacidad de dar pronto desagravio a Francia con el pretexto de que el gobierno no puede dirimir el asunto sin la intervención de los tribunales, me siento compelido a decir que la disputa francesa no prueba la necesidad de una convención consular, y que la obligación de remitirla a los tribunales es un pretexto frivolo. Las autoridades de este país pueden actuar con suficiente rapidez e independencia cuando se empeñan en un objetivo propio. Es sólo cuando la justicia se exige para un extranjero, que el gobierno se vuelve tan escrupuloso en el respeto a la división de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Su Señoría habrá notado en el caso del Coronel París, detallado en mi despacho No. 25 del año pasado, cuán poco se pensó en los tribunales cuando se trataba de eliminar a un oponente político, habiendo el general Santander sacado a rastras de su cama de enferma en enero pasado y enviado a Cartagena con escolta militar y sin ningún proceso judicial a una dama (la antigua amante del Libertador) que era adversa y molesta a su gobierno. Queda claro, por lo tanto, que el gobierno podría, si así lo hubiera deseado, haber ofrecido satisfacción inmediata a Francia.

   Al referirme a la nota adjunta sobre la decisión de su Señoría, estoy seguro de que se me excusará por insinuar las anteriores consideraciones y por agregar mi convicción, basada en cuanto he observado sobre la corrupción y los mal intencionados prejuicios de casi todas las autoridades en este país, de que si la admisión de un cónsul está sujeta a las leyes del país donde reside, si no se moderan cuidadosamente protegiéndolo contra la opresión y la cicatería de quienes las administran y explican en la Nueva Granada, será totalmente imposible para ningún cónsul residir en el país, o al menos cumplir con sus funciones satisfactoriamente para su gobierno, sus compatriotas o para él mismo.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/103/fos. 150RH-159LH.

ANEXO

Copia de una nota del señor Pombo al señor Turner relativa a la convención consular.

Colombia - Estado de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 26 de febrero de 1834

   El infrascrito, etc., ha recibido orden de su gobierno para dirigirse a su Excelencia el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de su Majestad Británica sobre un asunto de bastante importancia.

   No ignora su Excelencia el Ministro Británico las desagradables ocurrencias con el cónsul de Francia en Cartagena, dimanadas de una disputa de este con un alcalde parroquial. A pesar de las disposiciones del gobierno y de su vigilancia para que de parte de todas las autoridades y habitantes del Estado se tenga la debida consideración tanto hacia los individuos extranjeros que ejercen funciones públicas en la Nueva Granada, como para con los simples particulares, él, sin embargo, no ha podido evitar aquellos acontecimientos, de los cuales, a causa de la distancia, no pudo tener noticia sino muchos días después de sucedidos. El pesar que ellos ocasionaron desde luego al gobierno, se acrecentó en seguida con la conducta poco regular del comandante de una división de la escuadra francesa de la estación de Martinica, que habiendo venido al frente de Cartagena, y prescindiendo de la representación del Encargado de Negocios de Francia en esta capital, pretendió exigir reparaciones por medios indebidos, y autoridad subalterna.

   El Tratado de Colombia con su Majestad Británica que se halla vigente, aunque da a las partes contratantes por el artículo 10o. el derecho de nombrar cónsules para la protección del comercio, no definió las prerrogativas e inmunidades de tales empleados, de manera que en caso de sobrevenir alguna cuestión con el cónsul de su Majestad en la Nueva Granada, o con alguno de ésta en los dominios británicos, no se tendría una regla segura a qué atenerse, y los tribunales mismos dudarían, como ha sucedido respecto de los negocios conexionados con el señor Barrot.

   Deseando, pues, el gobierno de la Nueva Granada que se determinen de un modo claro e incontestable las funciones, inmunidades y prerrogativas de los cónsules, vice-cónsules y agentes comerciales de su Majestad Británica que ahora residen y en adelante residieran en este Estado, ha dado al infrascrito órdenes expresas de invitar a su Excelencia el Ministro Británico para que se sirva solicitar del gobierno de su Majestad Británica las instrucciones convenientes a fin de celebrar, y si las tiene, a fin de que desde luego se celebre, una Convención Consular en que se fije distintamente el sentido de las susodichas funciones e inmunidades.

   Su Excelencia el Presidente tiene el mayor interés en continuar dando pruebas de la más sincera amistad al gobierno de su Majestad Británica, y desea por lo mismo que se evite hasta el más leve y remoto motivo de disputa con las personas a quien él encargue de alguna función pública en este país. La errada inteligencia que puede darse al tratado existente, por algunos individuos no versados en estas materias, ponen al gobierno del infrascrito en el deber de aclararlas, de manera que no se repitan desavenencias harto sensibles y capaces de dejar en el ánimo del pueblo granadino impresiones perjudiciales a los intereses internacionales, y a la amistad permanente que el gobierno quiere cultivar con el de Su Majestad.

   El infrascrito, etc.,

(Firmado)
Lino de Pombo.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 81

Meeting of the Granadian Congress on 2nd March.
President's Message to Congress.

Bogotá, 27th March 1834

My Lord,

   The Granadian Congress was installed in this capital on the 2nd instant, only one day after the period assigned for its assembly.

   I have the honour to inclose herein copy of the Message of the President of the State to the Legislative Bodies2. It presents a very flattering picture of the present condition of New Granada, announces the conclusion of the Treaty with Venezuela, the frustration of the attempt at revolution made in July last, and the progress of education in the State, proposes various projects of internal improvement as well as the encouragement of a mercantile marine, and expresses regret, at the delay of the Commission of plenipotentiaries of the 3 States owing to the non­arrival of the plenipotentiary of the State of the Equator. It states the amount of the revenue of the past year at 2.485.015 dollars (being an increase beyond that of 1832 of 202.628 dollars) and the real ordinary expenditure at 1.964.320 dollars. I shall learn from the report of the Minister of Finance which are the branches of revenue wherein a sufficient increase has taken place to compensate the loss occasioned by the falling off of the import duties of which Mr. Pombo informed me, as stated in my late dispatch No. 5.

   Such an enormous mass of business awaits the Congress, that there would be little chance of its dispatching it all, even if its session were tripled in duration. The President in his Message requests that its laws may not be presented to the Executive for sanction too late for observation or objection, a caution amply justified by the authentic fact that the last Congress sent General Santander 59 laws for approval at 11 o'clock on the last night of the session. There does not however seem much chance of the Congress guarding against neglect or precipitation of much of its business, for it has begun its labours by discussing the project of a new penal code which, consisting, as it does, of above 800 articles, it owns there is no chance of finishing in one session. There is also submitted to it the project of a code of public instruction consisting of nearly 400 articles.

   Before the Congress met, an expectation was entertained here of many of its members being much superior in talents and judgement to those of last year. This expectation seems now to be abandoned, and Your Lordship will allow not unreasonably, when I inform you that a law was last week discussed in the House of Representatives, and passed the first reading, which enacted that all foreign diplomatic agents residing in the State should be subject to the laws both civil and criminal, of New Granada. This law was only given up on the Minister of the Interior and Foreign Relations going to the House of Representatives and representing to it in strong terms the mischievousness and impracticability of the measure.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 18/ 103/fos. 160RH­163LH.
2Not included in this volume.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 81

Sesión del congreso granadino el 2 de marzo. Mensaje del presidente al Congreso.

Bogotá, 27 de Marzo de 1834

Señor:

   El Congreso granadino se instaló en esta capital el 2 pasado, sólo un día después de la fecha asignada para su reunión.

   Tengo el honor de adjuntar copia del mensaje del presidente del Estado a los Cuerpos Legislativos2. Ofrece una imagen muy lisonjera de la situación actual de la Nueva Granada, anuncia la conclusión del tratado con Venezuela, la frustración del intento de revolución hecho en julio pasado, y el progreso de la educación en el Estado, propone varios proyectos de mejoras internas, así como el fomento de una marina mercante, y expresa pesar por la demora de la Comisión de Plenipotenciarios de los 3 estados debido a que no ha llegado el plenipotenciario del Estado del Ecuador. Establece el monto de las rentas públicas para el año pasado en 2.485.015 dólares (representando un aumento de 202.628 dólares respecto a 1832) y un gasto real ordinario de 1.964.320 dólares. Conoceré por el informe del Secretario de Hacienda cuales fueron las ramas de las rentas públicas donde ha tenido lugar un aumento suficiente como para compensar las pérdidas ocasionadas por la caída de los derechos de importación, sobre la cual me informó el señor Pombo, como consta en mi despacho No. 5.

   Es tan enorme la cantidad de negocios que esperan al Congreso, que es poco probable que los despache todos, aún si triplicara el tiempo de sus sesiones. El presidente en su mensaje solicita que las leyes no se presenten para la sanción del Ejecutivo demasiado tarde para hacerles observaciones u objeciones, precaución ampliamente justificada por el hecho cierto de que el último Congreso envió al general Santander 59 leyes para su aprobación a las 11 en la última noche de sesiones. No parece, sin embargo, haber mucha opción de que el Congreso se guarde de negligencia o precipitación en gran parte de sus negocios, pues ha iniciado labores discutiendo el proyecto de un nuevo código penal, el cual, con un contenido de más de 800 artículos, aquél reconoce no tener posibilidad de despachar en una sesión. También se ha presentado el proyecto de un código de instrucción pública, consistente en cerca de 400 artículos.

   Antes de la reunión del Congreso se abrigaba la esperanza de que muchos de sus miembros fueran muy superiores en talentos y en juicio a los del año pasado. Esta expectativa parece haberse abandonado ya, lo cual no considerará considerará su Señoría falto de razón si le informo que la semana pasada se discutió una ley en la Cámara de Representantes, que pasó el primer debate, decretando que todos los agentes diplomáticos extranjeros residentes en el Estado debían estar sujetos tanto a las leyes civiles como criminales de la Nueva Granada. Dicha ley solamente se descartó cuando el secretario de Gobierno y Relaciones Exteriores fue a la Cámara de Representantes y mostró ante ella los perjuicios e inaplacabilidad de tal medida.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 18/103/fos. 160RH­163LH.
2No se incluye en este volumen.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. SEPARATE AND CONFIDENTIAL1

Difficulties resulting from the reception of His Majesty's letter announcing the birth of a Princess to Her Royal Highness the Duchess of Cambridge.

Bogotá, 30 March 1834

My Lord,

   I have the honour to acknowledge the receipt of your Lordship's circular dispatch of the 17th December last, enclosing a letter addressed by His Majesty to the President of the Republic of Colombia, to announce the birth of a Princess to Her Royal Highness the Duchess of Cambridge.

   The above royal letter has, owing to the Republic of Colombia having ceased to exist, been the cause of considerable embarrassment both to this Government and to myself, which I think it my duty to explain in full to your Lordship.

   On the 24th instant I addressed to señor Pombo the note, of which the enclosed is a copy, requesting in the usual form that the President would name a day for receiving His Majesty's letter.

   I called the next morning on señor Pombo on other business, when that gentleman acquainted me that the President having observed that I stated in my note that the royal letter was addressed to the President of Colombia, felt doubts whether he was authorized to receive it, except under the supposition, which His Excellency thought most probable, that I was instructed to present it to him as President of New Granada. Señor Pombo added that he had by order of General Santander addressed to me that morning a note requesting an explanation on this point.

   In reply I stated to señor Pombo that I had not received such an instruction as the President had supposed, and explained to him the impossibility of my taking on myself to present the letter, with an understanding that it was intended for the President of New Granada. I saw clearly that this Government were very anxious that I should do so, but I naturally shrunk from the responsibility of a step which this Government would immediately interpret and promulgate as a formal acknowledgement of His Majesty of the state of New Granada, and I was the more scrupulous as your Lordship will, long before transmitting to me His Majesty's letter, have received my dispatches No. 44 of 1832 and No. 23 of last year announcing the recognition of New Granada by France and the United States. I therefore suggested to señor Pombo that it might perhaps be better, if the letter were not received, that our respective notes should be withdrawn and considered as non avenues.

   In spite of my explanation, señor Pombo expressed himself confident that the President would receive His Majesty's letter, and requested me in the event of His Excellency's doing so, which he would speedily let me know, to return him his note of that morning, and receive instead another appointing an hour for my reception. I saw no serious objection to my doing this, and therefore consented to it.

   In the afternoon of that day, I received señor Pombo's announced note, of which I have the honour to enclose a copy.

   I had scarce finished perusing the above, when a private letter arrived from señor Pombo, informing me that the President felt it impossible for him to receive His Majesty's letter, as he might by doing so compromise his Government towards the other states of Colombia as well as towards Great Britain herself with respect to some future claim on the late Republic. In this letter (of which a copy is also enclosed) Mr. Pombo leaves me the choice of answering his note of the 25th instant, or of giving it back to him and withdrawing my own.

   I have after mature deliberation considered it better to adopt the last alternative, as I shall thus leave to your Lordship the choice of following up the subject or letting it rest, and this I should not do if I continued the correspondence which moreover might perplex His Majesty's Government by urging, perhaps prematurely, the question of the acknowledgement by Great Britain of New Granada.

   Although I did not feel myself authorized to refrain from announcing to this Government my reception of His Majesty's letter, I do not see the same objection to considering the communication and the answer as not having passed now that I have heard its reasons for being unable to receive it and seen no disrespect is intended by the refusal. Should your

   Lordship think I have erred in this determination, I can only implore you to excuse it in consideration of the difficult circumstances in which I have been placed.

   Mr. Pombo also requests me to do justice in my report to your Lordship to the motives of this Government for objecting to receive His Majesty's letter, which are founded solely on the embarrassments to which its reception would expose it.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/103/fos. 200ARH­209RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. SEPARADO Y CONFIDENCIAL1

Dificultades motivadas por la recepción de la carta de su majestad anunciando el nacimiento de una princesa de su alteza real la duquesa de Cambridge.

Bogotá, 30 de Marzo de 1834

Señor:

   Tengo el honor de avisar recibo del despacho circular de su Señoría del 17 de diciembre pasado, adjuntando una carta dirigida por su Majestad al presidente de la República de Colombia, para anunciarle el nacimiento de una princesa de su Alteza Real la duquesa de Cambridge.

   Debido a que la República de Colombia ha dejado de existir, la anterior carta real ha ocasionado considerable desconcierto tanto a este gobierno como a mí, lo cual considero mi deber explicar plenamente a su Señoría.

   El 24 de los corrientes envié al señor Pombo una nota, de la cual se adjunta copia, solicitándole en la forma usual que el Presidente fijara un día para recibir la carta de su Majestad.

   A la mañana siguiente visité al señor Pombo para otro asunto, cuando este caballero me hizo notar que el presidente, observando que yo había declarado en mi nota que la misiva real iba dirigida al presidente de Colombia, dudaba de si estaba autorizado a recibirla, a no ser bajo la suposición, que su Excelencia consideraba muy probable, que yo tuviera instrucciones de presentársela como presidente de la Nueva Granada. El Señor Pombo añadió que por orden del General Santander me había dirigido esa mañana una nota pidiendo una aclaración sobre este punto.

   En respuesta le manifesté al señor Pombo que yo no había recibido la instrucción que el presidente había supuesto, y le expliqué la imposibilidad de tomarme el atrevimiento de presentar la carta bajo el entendimiento de que estaba dirigida al presidente de la Nueva Granada. Vi con claridad que este gobierno estaba muy ansioso de que yo así lo hiciera, pero naturalmente me abstuve de asumir la responsabilidad de dar un paso que el gobierno inmediatamente interpretaría y promulgaría como un reconocimiento formal de parte de su Majestad del Estado de la Nueva Granada, y fui tanto más escrupuloso cuanto que su Señoría habrá recibido, mucho antes de transmitir la carta de su Majestad, mis despachos No. 44 de 1832 y No. 23 del año pasado, anunciando el reconocimiento de la Nueva Granada por parte de Francia y los Estados Unidos. Por lo tanto sugerí al señor Pombo que quizás sería mejor que no se recibiera la carta, y que nuestras respectivas notas fueran retiradas y consideradas como non avenues.

   No obstante mi explicación, el señor Pombo manifestó su confianza de que el presidente recibiría la carta de su Majestad, y me solicitó, en el evento de que su excelencia así lo hiciera, lo cual me haría saber de inmediato, le devolviera la nota de esa mañana y aceptara a cambio otra fijando una hora para atenderme. No vi ninguna objeción seria y por lo tanto consentí en ello.

   En la tarde de ese día, recibí la anunciada nota del señor Pombo, de la cual tengo el honor de adjuntar copia.

   No había terminado la lectura de la anterior, cuando llegó una carta privada del señor Pombo informándome que al presidente le parecía imposible tomar la carta de su Majestad, pues al hacerlo podría comprometer a su gobierno con respecto a los otros estados de Colombia, así como con respecto a la propia Gran Bretaña, en relación con alguna reclamación futura sobre la antigua República. En esta carta (de la cual también adjunto copia) el señor Pombo me deja la alternativa de responder su nota del 25 de los corrientes, o de devolvérsela y retirar la mía.

   Después de una seria reflexión consideré mejor acoger la última iniciativa, dejando así a su Señoría la alternativa de continuar con el asunto o dejarlo reposar, lo cual no podría hacerse de haber continuado una correspondencia que hubiera podido confundir al gobierno de su Majestad al presionar, quizás prematuramente, la cuestión del reconocimiento de la Nueva Granada de parte de la Gran Bretaña.

   Pese a no haberme sentido autorizado a abstenerme de anunciar a este gobierno mi recepción de la carta de su Majestad, no veo la misma objeción a considerar la comunicación y la respuesta como si no hubieran sucedido, ahora que he escuchado las razones por las cuales no fue recibida y visto que no se deseaba ningún irrespeto con la negativa. Si su Señoría considera que he errado en esta determinación, sólo puedo rogarle que la excuse en consideración a las difíciles circunstancias en que me he visto colocado.

   El señor Pombo me pide además que haga justicia en mi informe a su Señoría sobre los motivos de este gobierno para objetar la recepción de la carta de su Majestad, los cuales se fundan únicamente en los apuros a que ello lo hubiera expuesto.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/103/fos. 200ARH­209RH.

ANEXOS

1. Copy of Mr. Turner's note to Mr. Pombo.

British Legation

Bogotá, 24 March 1834

   The undesigned, etc., has the honour, in conformity with an instruction from His Majesty's Government, to inform His Excellency señor Lino de Pombo that he has received a letter from His Majesty to the President of Colombia, announcing the birth of a princess to His Majesty's royal brother the Duke of Cambridge. As the undersigned is instructed to deliver the above royal letter in the usual form, he requests that señor Pombo will have the goodness to move the. President to appoint an early day on which he may have the honour to present it to His Excellency.

   The undersigned, etc.,

(Signed)
W. Turner.


1. Copia de la nota del señor Turner al señor Pombo.

Legación Británica

Bogotá, 24 de marzo de 1834

   El infrascrito, etc., tiene el honor, de conformidad con una instrucción del gobierno de su Majestad, de informar a su Excelencia el señor

   Lino de Pombo que ha recibido una carta de su Majestad para el presidente de Colombia, anunciando el nacimiento de una princesa del real hermano de su Majestad, el Duque de Cambridge. Como el infrascrito tiene órdenes de entregar la mencionada carta real en la forma usual, solicita que el señor Pombo tenga la bondad de animar al presidente a designar un día cercano en el cual pueda tener el honor de entregarla a su Excelencia.

   El infrascrito, etc.,

(Firmado)
W. Turner.


2. Copia de la respuesta del señor Pombo al señor Turner.

Colombia ­ Estado de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 25 de marzo de 1834

   El infrascrito, etc., tiene la honra de dirigirse a su Excelencia el señor Turner, etc., acusando recibo de su estimable nota fecha de ayer, en que participa tener en su poder una carta de su soberano para el presidente de Colombia, que contiene el anuncio del nacimiento de una princesa hija de su Alteza Real el duque de Cambridge, y solicitando que el presidente de la Nueva Granada le señale día para presentar personalmente dicha carta a su Excelencia.

   Como el señor ministro Turner dice que la carta de su soberano viene dirigida al presidente de Colombia, ha dudado su Excelencia si le corresponderá recibirla, no teniendo otra representación que la de la primera autoridad de uno de los tres estados en que se ha dividido la antigua República. Pero siendo de suponerse que tenga instrucciones el señor ministro Turner de ponerla en sus manos como presidente de la Nueva Granada, se ha prevenido al infrascrito pedirle una simple explicación

   sobre este punto, antes de indicarle el día en que su Excelencia tendrá el honor de recibir en la forma de estilo el documento expresado.

   El infrascrito, etc.,

(Firmado)
Lino de Pombo.


3. Copia de la nota privada del señor Pombo al señor Turner.

Bogotá, 23 de marzo de 1834

Amigo y señor Turner:

   Acabo de hablar con el presidente sobre el asunto de la carta de su Majestad el rey de Inglaterra, y me he convencido de que le es absolutamente imposible recibirla, no siendo dirigida a él, puesto que su recepción debe tener un carácter enteramente oficial y solemne, y que comprometería al gobierno con respecto a los de los otros dos Estados colombianos, y aún con respecto a la misma Inglaterra para alguna reclamación futura.

   En tal circunstancia, muy desagradable sin duda, toca a usted elegir entre dar contestación a la nota dirigida hoy por mí sobre el asunto, o retirar su nota primitiva devolviéndome la mía. Y creo que hará usted al gobierno la debida justicia sobre su conducta en este negocio.

   Me repito siempre de usted
   Atento y obediente servidor,

Lino de Pombo.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 151

State of affairs.

Bogotá, 30 April 1834

My Lord,

   Although the tranquillity of this capital has not been actually disturbed since I had the honour of addressing your Lordship by last month's post, considerable agitation has prevailed and still prevails, arising from the expectation of a renewal of war with the State of the Equator, and from fanatic fears of the priesthood here excited by the concession in Venezuela of religious liberty.

   In the middle of February last this Government received advices from that of the Equator stating that the Congress of the latter had ratified the Treaty of Pasto with some reservations. In these advices it was also stated that the Equatorian Congress had used the words to respect (respetar) the Treaty instead of that prescribed by usage to approve it (aprobar).

   On the 19th February señor Pombo addressed a long note to the Equatorian minister remonstrating both against the reservations and the term employed. Other circumstances have contributed to irritate this Government against that of the Equator: A General Sáenz, in the service of the latter State has been collecting recruits for General Flores in the frontier provinces of New Granada, and the Granadian Government, I am told, says it has positive proof that General Flores was the instigator of the attempt at revolution which broke out here last July.

   The feelings this excited were so strong that the Executive referred the question of the relations with the South to the Granadian Congress, which in consequence held secret sittings on the subject. The legislative bodies have not yet pronounced any decision, but señor Pombo informs me that they will probably assign a certain period ?such as the next meeting of the Equatorian Congress? for the ratification of the Treaty by the Government of the Equator, and declare that if it be not completed, New Granada will resume hostilities.

   One of the secret sittings was held after the arrival here of the news that the Congress of Venezuela had passed a law allowing religious liberty, and an article was immediately published in an unofficial newspaper of Bogotá recommending that the same law should be enacted here. The clergy instantly taking the alarm, published a placard (which was signed by the Dean of this Cathedral and 17 other priests) reviling with much grossness and misrepresentation the heresies of foreigners, and declaring their determination to resist to death rather than admit them to the free exercise of their worship. They thought, or pretended to think, that the secret sitting of the Congress was held for the purpose of declaring religious freedom, and actually, I am assured, sent emissaries round the neighbourhood of the capital to organize a revolution against the government. General Santander was so alarmed that he communicated to the heads of the Convents the real purport of the secret sittings, and assured them that neither the Government nor Congress had any intention of interfering with the rights or exclusiveness of their Church. Troops were sent to search many houses in Bogotá, where it was reported that General Sardá was still concealed. Military patrols were and are sent through the streets at night, and the President slept and still sleeps in the barracks.

   How this agitation is to end is still uncertain. But so general a spirit has been roused against General Santander by his entire submission to the counsels of some violent partisans of the liberals, that it is here commonly thought that his government will not last long. In the mean time political passions are at a height here which disgusts and alarms the Granadians themselves. The city swarms with petty newspapers and anonymous placards full of personal charges and recriminations, and as some of these are said to be sanctioned and even contributed to by the President himself, the moderate inhabitants who wish only for peace and quiet are hourly estranged by this conduct of General Santander who has made such frequent and loud professions of his desire to calm party passion and promote friendly feeling.

   The Congress has as yet passed only a few laws totally unimportant although the whole of its fixed session is now past, and there remain only the 30 days of its optional prorogation.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 103/fos. 405RH­409LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 151

Estado de cosas.

Bogotá, 30 de abril de 1834

Su Señoría:

   Pese a que la tranquilidad de esta capital no se ha visto realmente turbada desde que tuve el honor de dirigirme a su Señoría en el correo del último mes, ha reinado y todavía reina considerable agitación proveniente de la expectativa de una reanudación de la guerra con el estado del Ecuador y de los fanáticos temores de la clerecía incitados por la concesión de la libertad religiosa en Venezuela.

   A mediados de febrero pasado el gobierno recibió avisos del del Ecuador declarando que el Congreso del último había ratificado el tratado de Pasto con algunas reservas. En estos avisos también se señalaba que el Congreso ecuatoriano había usado las palabras respetar el tratado, en lugar de la prescrita por el uso de aprobar.

   El 19 de febrero el señor Pombo dirigió una larga nota al ministro ecuatoriano protestando contra las reservas y el término empleado. Otras circunstancias han contribuido también a irritar al este gobierno en contra del del Ecuador: Un general Sáenz, al servicio de este último Estado, ha estado recogiendo reclutas para el general Flores en las provincias fronterizas de la Nueva Granada, y el gobierno granadino, según he oído, dice que tiene pruebas positivas de que el general Flores fue el instigador del intento de revolución que estalló allí en julio pasado.

   Los sentimientos que ello despertó fueron tan intensos que el Ejecutivo sometió la cuestión de las relaciones con el sur al Congreso granadino, que en consecuencia realizó sesiones secretas sobre la materia. Los cuerpos legislativos no han pronunciado todavía ninguna decisión, pero el señor Pombo me ha informado que probablemente asignarán cierto período ?por ejemplo la próxima reunión del Congreso ecuatoriano? para la ratificación del Tratado por parte del gobierno del Ecuador, y declarar que si esto no se cumple, la Nueva Granada reanudará las hostilidades.

   Una de las sesiones secretas se realizó luego de la llegada de la noticia de que el Congreso de Venezuela había pasado una ley permitiendo la libertad religiosa, e inmediatamente se publicó un artículo en un periódico no oficial de Bogotá recomendando que se aprobara la misma ley aquí. El clero, de inmediato alarmado, publicó un cartel (firmado por el deán de la Catedral y otros 17 curas) vilipendiando con mucha grosería y engaño las herejías de los extranjeros, y declarando su determinación de resistir hasta la muerte antes que admitirles el libre ejercicio de sus cultos. Pensaron, o pretendieron pensar, que la sesión secreta del Congreso se realizaba con el propósito de declarar la libertad religiosa, y en verdad, como se me asegura, enviaron emisarios a las vecindades de la capital a organizar una revolución en contra del gobierno. El general Santander estaba tan alarmado que comunicó a los jefes de los conventos la real intención de las sesiones secretas, y les aseguró que ni el gobierno ni el Congreso tenían ninguna intención de interferir con los derechos o exclusividades de su Iglesia. Se enviaron tropas a registrar muchas casas de Bogotá, donde se había informado que el general Sardá se encontraba todavía oculto. Se enviaron, y se continúan enviando, patrullas militares a las calles en la noche, y el presidente durmió y aún duerme en los cuarteles.

   Es todavía incierto cómo va a terminar esta agitación. Pero se ha suscitado un espíritu tan generalizado en contra del general Santander por su completo sometimiento a los consejos de algunos violentos partidarios liberales, que es común el pensamiento de que su gobierno no durará mucho. Entre tanto las pasiones políticas están en una cima que disgusta y alarma a los propios granadinos. Pululan en la ciudad periodiquillos y carteles anónimos llenos de acusaciones personales y recriminaciones, y como algunos de ellos, según se dice, son sancionados y aún tienen colaboraciones del propio presidente, los habitantes moderados que desean sólo la paz y la quietud se hallan cada vez más extrañados por esta conducta del general Santander, quien tan frecuentes y vivas profesiones ha hecho de su deseo de calmar la pasión de partido y promover los sentimientos amistosos.

   El Congreso sólo ha aprobado unas pocas leyes totalmente sin importancia, a pesar de que la totalidad de sus sesiones ordinarias ha pasado ya, y sólamente quedan los 30 días de su prórroga opcional.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   De Su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 103/fos. 405RH­409LH.

MR. TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 201

Election of new Archbishop of Bogotá. Close of sessions of Granadian Congress.

Bogotá, 29th May 1834

My Lord,

   I had the honour to inform Your Lordship in my dispatch No. 18 of 1832 of the death of the Archbishop of Bogotá, and of the intention of the government to leave the See vacant for some time, and to appropriate its revenues to the necessities of the state. This convenient resolution would, I doubt not, have been longer persisted in, had not the clamours of the clergy against this misappropriation of an ecclesiastical revenue obliged the government to pursue to the election of a new archbishop.

   Accordingly on the 27th ultimo the Congress appointed to this Archbishopric Dr. Manuel José Mosquera, a brother of the present vicepresident and of General Thomas Mosquera, one of the deputies for Popayán in the present congress. The exertions of these latter brothers, and the interest of his family which is an ancient and most respectable one of Popayán, have raised Dr. Mosquera to a post to which others are much better entitled by rank and seniority in the Church.

   Bishops were at the same time elected to the sees of Carthagena and Panama, and the bishop of Santa Martha was translated to the see of Antioquia.

   The Granadian congress will close its session tomorrow evening, and I shall take as early an opportunity as the publication of its laws will afford me, to report to Your Lordship such of them as are of interest. Few of its proceedings will conduct to the credit of itself, or to the benefit of its country. The most sordid motives of personal interest have alone prompted the votes and measures of many of its members, even to the extent in some cases (particularly in that of the Venezuelan treaty reported in my dispatch of this date) of endangering the safety of the State. Several of the members have systematically acted on the idea that the best means of showing their patriotism was by opposing every measure proposed by the government which is very unpopular. Indeed on the occasion of my application to Señor Pombo respecting the projected new law of import duties, that minister verbally informed me that the Executive found the utmost difficulty in conducting the affairs of the government owing to the capricious opposition of the Congress, composed as it was of men whose deliberations were guided not by political expediency but by personal and momentary feeling.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 104/p. 22RH­25LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 201

Elección del nuevo arzobispo de Bogotá. Cierre de sesiones del congreso granadino.

Bogotá, 29 de Mayo de 1834

Señor:

   Tuve el honor de informar a su Señoría en mi despacho No. 18 de 1832 de la muerte del arzobispo de Bogotá, y de la intención del gobierno de dejar la diócesis vacante por algún tiempo y apropiarse de sus rentas para las necesidades del Estado. Sin duda se habría persistido por más tiempo en esta conveniente resolución, si no fuera porque los clamores del clero contra tal malversación de las rentas eclesiásticas obligaron al gobierno a proceder a la elección de un nuevo arzobispo.

   En concordancia, el pasado 27 el Congreso nombró para el arzobispado al doctor Manuel José Mosquera, hermano del actual vicepresidente y del General Tomás Mosquera, uno de los diputados por Popayán al Congreso vigente. Los esfuerzos de estos últimos hermanos y el interés de su familia, una de las más antiguas y respetables de Popayán, han elevado al doctor Mosquera a un cargo al cual otros tenían mucho más derecho por razón de su rango y antig?edad en la Iglesia.

   Al mismo tiempo se eligieron obispos para las diócesis de Cartagena y Panamá, y el obispo de Santa Marta fue trasladado a la diócesis de Antioquia.

   El Congreso granadino clausurará sus sesiones mañana en la noche, y tan pronto como la publicación de las leyes me lo permitan, informaré a su Señoría sobre aquellas que sean de interés. Pocos de sus actos conducirán al crédito de sí mismo o al beneficio del país. Solamente los más sórdidos motivos de interés personal han inspirado los votos y las medidas de muchos de sus miembros, aún hasta el punto, en algunos casos (particularmente en el del tratado con Venezuela referido en mi despacho de esta fecha) de poner en peligro la seguridad del Estado. Varios de sus miembros han actuado sistemáticamente bajo la idea de que la mejor manera de mostrar su patriotismo era oponiéndose a todas las medidas propuestas por el gobierno, que tiene poca popularidad. En verdad, con ocasión de mi solicitud al señor Pombo respecto a la proyectada nueva ley de derechos de importación, dicho ministro me informó verbalmente que el Ejecutivo había encontrado la dificultad más absoluta para manejar los asuntos del gobierno debido a la caprichosa oposición del Congreso, compuesto como lo estaba por hombres cuyas deliberaciones se guiaban no por la conveniencia política sino por sentimientos personales y pasajeros.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/104/fos. 22RH­25LH.

THE CHAIRMAN OF THE COMMITTEE OF HOLDERS OF COLOMBIAN BONDS TO VISCOUNT PALMERSTON1

Request that new instructions may be sent to Mr. Turner respecting the debt of Colombia to English subjects.

No. 3 Freemans Court
Cornhill

June 14 1834

My Lord,

   I take the liberty to address your Lordship as chairman of the Committee of Holders of Colombian Bonds, for the purpose of soliciting that your Lordship will be pleased to instruct His Majesty's minister at Bogotá, to make an energetic remonstrance to the Government here on the subject of its course of proceeding in regard to the English debt.

   The position of this matter, so important to a large body of persons is as follows. The Republic of Colombia being, as your Lordship is aware, divided into three States, these States have severally agreed that they will take upon themselves, respectively, their due proportion of the public debt, and commissioners have been appointed to adjust between them what that proportion shall be. Two of these commissioners, representing New Granada and Venezuela, have been ever since August last assembled in Bogotá for this purpose. But up to the latest date from that city, the commissioner from the Equator had not arrived and consequently nothing had been done. The specific ground of complaint which, under these circumstances, the Committee are anxious to have pressed upon the governments of New Granada and Venezuela, is that while these negotiations are pending, they do not put aside the portion of the revenue which is hypothecated to the bondholders, but continue to apply it to the purposes of their respective States.

   The Committee submit that this is an entire breach of faith towards the bondholders. Whatever excuse might be made for it during the prevalence either of civil or foreign war, none has, on this ground, existed for some time past, both New Granada and Venezuela being in a condition of perfect tranquillity.

   The Committee long since urged upon these governments that whatever time might be occupied in negotiations among themselves, there would be no pretence for their not immediately putting aside the portions of revenue mortgaged for the debt. They suggested that the same should be remitted by commissioners to be appointed for the purpose to England, and there deposited in the Bank of England, in order to be available whenever the necessary arrangements for putting this debt in a train of liquidation should be complete. But this has not been done.

   The Committee feel very anxious that the voice of the British Government should be more distinctly heard in their behalf, than has yet been the case. It is not to be presumed that countries claiming to stand in the rank of civilized nations are to be permitted to go on, year after year, violating the plainest obligations of justice and honesty with impunity. The bondholders have shown the most exemplary patience towards these States, the greatest consideration for the difficulties they have had to contend with. But when they find that the cessation of these difficulties affords no improvement in their condition, that no substantial art is done towards meeting their just demands, that not a single dollar has been, in fact, appropriated to that purpose, they cannot but throw themselves upon the British Government for support and entreat that such arguments may be used on their behalf, as no civilized State can fail to listen to.

   In the fervent hope that your Lordship may kindly see fit to comply with this request on behalf of the Committee,

   I have the honour to be,
   My Lord
   Your faithful humble servant,

H. Davies.

Chairman of the Committee
of Holders of Colombian Bonds.


NOTE
1Public Record Office. London, FO 18/ 108/fos. 71RH­74LH.

EL PRESIDENTE DEL COMITE DE TENEDORES DE BONOS COLOMBIANOS AL VIZCONDE PALMERSTON1

Solicita que se envíen nuevas instrucciones al señor Turner sobre la deuda de Colombia a subditos ingleses.

No. 3 Freemans Court

Cornhill

14 de Junio de 1834 Señor:

   Me tomo la libertad de dirigirme a su Señoría como presidente del Comité de Tenedores de Bonos Colombianos, con el fin de solicitar que su Señoría se digne instruir al ministro de su Majestad en Bogotá para que presente una vigorosa protesta ante el gobierno de este país con relación a su línea de conducta sobre la deuda inglesa.

   El estado de esta cuestión, tan importante para un gran número de personas, es el siguiente: Habiéndose dividido la República de Colombia, como conoce su Señoría, en tres estados, tales estados han acordado de manera individual tomar a su cargo, debidamente, sus respectivas proporciones de la deuda pública, y han nombrado comisionados para concertar entre ellos cuáles serán esas proporciones. Dos de estos comisionados, en representación de la Nueva Granada y Venezuela, han estado reunidos desde el pasado agosto en Bogotá con este propósito. Pero hasta la fecha presente, el comisionado del Ecuador no había llegado a esa ciudad y en consecuencia nada se había hecho. El motivo específico de protesta que, bajo estas circunstancias, el Comité está deseoso de urgir sobre los gobiernos de la Nueva Granada y Venezuela, es que mientras estas negociaciones están pendientes, aquellos no apartan las porciones de las rentas públicas hipotecadas a los tenedores de bonos, sino que continúan destinándolas a los propósitos de sus respectivos Estados.

   El Comité aduce que este es un abuso de confianza total hacia los tenedores de bonos. Cualquiera sea la excusa que se pudiera dar por ello durante el predominio de una guerra civil o extranjera, ninguna se ha dado por esta razón desde hace algún tiempo, pues tanto la Nueva

   Granada como Venezuela se hallan en un estado de perfecta tranquilidad.

   Desde hace mucho tiempo el Comité ha apremiado a estos gobiernos sobre el hecho de que, cualquiera sea el tiempo empleado en negociaciones entre ellos, no podría haber ningún pretexto para no dejar aparte las porciones de las rentas públicas hipotecadas para la deuda. Aquellos sugirieron que estas se remitieran a Inglaterra por medio de comisionados nombrados para este efecto, depositándose el Banco de Inglaterra, con el fin de que se hallaran disponibles cuando estuvieran finalizados los arreglos necesarios para poner la deuda en proceso de liquidación. Pero esto no se ha hecho.

   El Comité se siente ansioso de que la voz del gobierno británico se escuche más claramente en nombre suyo, de cuanto se ha escuchado hasta ahora. No se puede pretender que a países que aspiran a formar parte de las naciones civilizadas se les permita seguir, año tras año, violando impunemente las más elementales obligaciones de justicia y honestidad. Los tenedores de bonos han mostrado la más ejemplar paciencia hacia dichos Estados y la mayor consideración hacia las dificultades que han tenido que enfrentar. Pero cuando descubren que la culminación de estas dificultades no les depara ninguna mejora en su condición, que no se efectúa ningún esfuerzo importante para satisfacer sus justas demandas, y que en efecto no se ha apropiado ni un sólo dólar para este fin, no pueden menos que acogerse al apoyo del gobierno británico y suplicar que se utilicen en nombre suyo argumentos tales que ningún Estado civilizado pueda dejar de escucharlos.

   Con la ferviente esperanza de que su Señoría amablemente encuentre apropiado satisfacer esta petición en nombre del Comité,

   Tengo el honor de ser,
   Señor,
   Su fiel y humilde servidor,

H. Davies.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/108/fos. 71RH­74RH.

MR. TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 231

Acknowledges Lord Palmerston's dispatch No. 2 transmitting correspondence respecting Falkland Islands.

Bogotá, 26th June 1834

My Lord,

   I have the honour to acknowledge the receipt of Your Lordship's dispatch No. 2 of 5th March last, transmitting to me a printed copy of the protest of Mr. Moreno against the British occupation of the Falkland Islands and of Your Lordship's reply.

   As there has been some talk in this city of the above occupation, accompanied by unjust and unfriendly observations, I thought it advisable to lend a copy of the correspondence to the president and to señor Pombo to peruse and to show to their acquaintance.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 104/p. 42RH­43LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 231

Acusa recibo del despacho No. 2 de lord Palmerston transmitiendo correspondencia referente a las islas Malvinas.

Bogotá, 26 de Junio de 1834

Señor:

   Tengo el honor de acusar recibo del despacho No. 2 de su Señoría del 5 de marzo pasado, transmitiéndome una copia impresa de la protesta del señor Moreno contra la ocupación británica de las islas Malvinas y la respuesta de su Señoría.

   Como se han presentado algunas habladurías en esta ciudad sobre la mencionada ocupación, acompañadas de observaciones injustas y poco amistosas, juzgué aconsejable prestar una copia de la correspondencia al presidente y al Señor Pombo para que la lean detenidamente y la muestren a sus relacionados.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   de su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 104/fos. 42RH­43LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 241

New law for levy of import duties.

Bogotá, 26 June 1834

My Lord,

   I have the honour to transmit herewith to your Lordship a copy of a new law regulating the import duties to be paid in this Republic, which was passed on the 30th ultimo by the Granadian Congress and ratified on the 5th instant by the Executive.

   The above law was intended, and is calculated, to remedy some of the evils occasioned by the impolitic restrictions and high duties on foreign trade imposed by the decree of Congress of 13 June last year. With respect to the restrictions, it accomplishes much of its professed purpose; it deprives the administrators of custom houses of the powers they have hitherto possessed and sometimes abused of confiscating part of a cargo on the ground of error in its enumeration, however satisfactorily it might be proved that the error was unintentional (articles 37 and 38); it allows time for the payment of the duties on security being given (article 29); it permits the transit of goods across the Isthmus of Panamá free of duties (article 32); and it affords the merchant time to decide what goods it is his intention to place in deposit (article 33), instead of forcing him, as hitherto, to declare it at the moment of debarkation.

   The tonnage duty, which by the law of last year was 8 rials per ton on native, and 12 on foreign vessels, is by the present one (article 2) reduced to 4 rials per ton on native and 8 on foreign vessels. This amount is diminished on a vessel of above 100 tons, so that a politic encouragement is held out to the employment of large vessels.

   The distinctive duty formerly levied on goods brought in vessels proceeding from the West India colonies is abolished by article 14, and their trade is placed on the same footing as that of Europe.

   The rate of duties levied on articles of English trade is in general lowered at the rate of 25 per cent as compared with those imposed by the law of last year. But owing to the high valuations applied to many of these articles by the tariff of January last (which is the subject of my dispatch No. 4 of this year) the real decrease of the duties on English goods is not in general above six per cent.

   The question of the amount of import and other commercial duties is one which this Government is entitled to settle at its own discretion, and if the general opinion here entertained by commercial men be correct, that the decrease of duties practically introduced is insufficient to give that encouragement to foreign trade which the Government professes anxiety to hold out, it is an evil which must, and may safely, be left to time and experience to remedy. But it gives me sincere satisfaction to be able to add that the recommendation to this Government to give proper notice of change in its commercial laws, contained in your Lordship's dispatch No. 6 of last year, has been observed by the Granadian Congress almost to its full extent. The enclosed law passed on the 30th ultimo is decreed by the 40th article, to take effect on the 1st of November next, and new tariffs are decreed by the 16th article to be enforced six months after they shall have been approved by the Executive. With the exception of the article of flour, which owing to the extreme want of it in the littoral provinces, is allowed by article 40 to be imported on paying the diminished duty of four dollars per cask of 175 or 180 lb. so early as the 1st August next, the same extent of notice is given to the trade of all countries. But this common application of the law which was most unjust in the case of a short notice, is not so open to reasonable complaint in the case of a long one.

   I did not of course fail to observe that the interval between the 30th May and the 1st November is only 5 months instead of 6, which latter was the period recommended in Your Lordship's above­cited dispatch. But the French Chargé d'Affaires and myself considered that we ought on the present occasion to be content with a notice of five months, when we considered the urgent want throughout the Republic of some articles of commerce excluded by the high duties now prevailing, and the financial distress occasioned by the considerable diminution in the amount of import duties received. I therefore content myself with specifying in a short note to Mr. Pombo my reasons for forbearing at present from complaining of the want of six month's notice, and my confidence that no less would be given on future occasions when the necessities of the country and of the Treasury should be less urgent.

   I could not indeed but feel that pertinacity in insisting on the whole notice of six months would have endangered our loss of the advantages arising to our trade from the comparative liberality of the new law. I must injustice state that the Granadian Executive has shown the most laudable anxiety and activity in its efforts to enforce compliance with Your Lordship's suggestion. It has sent message upon message to the Congress to urge on it the necessity of such compliance. This will readily be believed when I state that so powerful was the influence and so successful the intrigues of the mercantile men in the Congress as well as out of it, in obtaining an early abolition of the present high duties, that in the month of April a law to lower the duties actually passed the House of Representatives, which was decreed to be put in force on the 1st of July next for all countries. Against this I had resolved to remonstrate, but I thought it due to the cordial acquiescence in my demands which the Government had shown, to consult señor Pombo verbally on the best means of doing so. That Minister advised me to forbear from written remonstrances, as there were many members of Congress who, if I wrote again, would conceive that I was dictating to them, and be thereby but the more disposed to resist concession. This advice so completely coincided with my own ideas that I readily followed it and contented myself with making frequent personal enquiries to señor Pombo of the progress of the affair.

   What Your Lordship will think more extraordinary is that one of the British merchants ?from almost all of whom I have within the last two years received complaints of the prejudice arising to their interests from the want of notice of change in commercial laws? was active in his exertions to bring about the enactment of the law with a short notice, and had actually the effrontery to say on the street to a member of this Mission that he thought the British Minister might succeed in obtaining a long notice if he were determined on ruining British interests by persisting to demand it. It may serve to give Your Lordship an idea of the difficulties which this Mission has to encounter, that I show it to have been opposed by one of the very persons whose permanent interests it was labouring to promote.

   I have thought it better to embody a description of the above law in my dispatch than to add a translation of it, because it contains many technical terms which chiefly interest the commercial body in England trading with this country, to whom it will naturally be transmitted by their partners or correspondents here.

   I will remark in conclusion that this is the fourth alteration of the amount of the import duties which has been decreed in this country within three years, the changes having been made on the 1st June 1831,14 March 1832, 2 June 1833 and 30 May 1834. It is to be hoped that the Government and Legislature of New Granada will ere long see the policy of rendering their commercial laws as durable as their almanacs.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 104/fos. 44RH­56LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 241

Nueva ley para la exacción de aranceles de importación.

Bogotá, 26 de Junio de 1834

Señor:

   Tengo el honor de transmitir a su Señoría copia de una nueva ley regulando los aranceles de importación que deben pagarse en esta República, aprobada el pasado 30 por el Congreso granadino y ratificada el 5 del presente por el Ejecutivo.

   La anterior ley intenta, y está concebida para remediar algunos de los males ocasionados por las improcedentes restricciones y altos aranceles impuestos sobre el comercio extranjero por el decreto del Congreso de 13 de junio del año pasado. Con respecto a las restricciones, consigue gran parte de su propósito manifiesto: retira a los administradores de aduanas los poderes que anteriormente tenían y de los cuales a veces abusaban, de confiscar parte de un cargamento sobre la base de errores de enumeración, sin importar cuán satisfactoriamente se pudiera probar que el error había sido involuntario (artículos 37 y 38); concede tiempo para pagar los aranceles bajo ofrecimiento de garantía (artículo 29); permite el tránsito de bienes por el Istmo de Panamá libres de derechos (artículo 32); y proporciona tiempo a los comerciantes para decidir qué bienes tienen intención de colocar en depósito (artículo 33), en lugar de forzarlos, como antes se hacía, a declararlos en el momento del desembarco.

   El derecho de tonelada, que según la ley del año pasado era de 8 reales por tonelada para las buques nacionales y 12 para los extranjeros, se reduce en la presente (artículo 2) a 4 reales por tonelada para los buques nacionales y 8 para los extranjeros. Esta suma se reduce para los buques de más de 100 toneladas, de modo que se otorga estímulo político al empleo de barcos de gran tamaño.

   El arancel diferencial que antiguamente se cobraba sobre las mercancías traídas en buques procedentes de las colonias de las Indias Occidentales queda abolido por el artículo 14, y su comercio se coloca en pie de igualdad con el de Europa.

   La tasa de los derechos gravados sobre los artículos comerciales ingleses se rebaja en general en un promedio del 25 por ciento, en comparación con los que imponía la ley del año pasado. Pero debido a los altos avalúos que se aplicaban a dichos artículos por el arancel de enero pasado (que constituye el tema de mi despacho No. 4 de este año) la disminución real de los derechos sobre las mercancías inglesas no sobrepasa en general el seis por ciento.

   En cuanto al monto de los aranceles de importación y otros derechos comerciales, el gobierno tiene la opción de establecerlos según su propia discreción, y si la opinión generalizada aquí entre los comerciantes es correcta, según la cual la disminución de los aranceles introducida en la práctica es insuficiente para dar el estímulo al comercio exterior que el gobierno manifiesta el deseo de ofrecer, este es un mal cuyo remedio debe y puede dejarse con confianza al tiempo y la experiencia. Pero me produce sincera satisfacción poder añadir que la recomendación hecha a este gobierno de notificar con suficiente antelación los cambios en sus leyes comerciales, contenida en el despacho No. 6 del año pasado de su Señoría, ha sido cumplida por el Congreso granadino casi en su totalidad. El artículo 40 de la ley adjunta, aprobada el 30 último, decreta su cumplimiento a partir del próximo lo. de noviembre, y el artículo 16 decreta la puesta en vigencia de nuevos aranceles seis meses después de su aprobación por el Ejecutivo. Con excepción de la harina, que debido a su extrema escasez en las provincias del litoral se permite su importación, por el artículo 40, con el pago de un arancel rebajado de cuatro dólares por barril de 175 ó 180 1b. en fecha tan temprana como el próximo lo. de agosto, se concede la misma extensión del preaviso al comercio de todos los países. Pero esta común aplicación de la ley, altamente injusta en el caso de un aviso previo corto, no es susceptible de queja razonable en el caso de un aviso previo prolongado.

   No dejé de observar, desde luego, que el intervalo entre el 30 de mayo y el 1o. de noviembre es de sólo 5 meses en vez de 6, el último de los cuales fue el período recomendado en el citado despacho de su Señoría. Pero el Chargé d'Affaires francés y yo estimamos que en la ocasión actual debíamos conformarnos con un aviso previo de cinco meses, considerando la apremiante necesidad en toda la República de algunos artículos comerciales excluidos por las altas tarifas actualmente predominantes, y las dificultades financieras ocasionadas por la notable disminución en el monto de los derechos de importación recibidos. Por consiguiente me conformé con señalar en una breve nota al señor Pombo mis razones para abstenerme por el momento de protestar por la falta de un aviso previo de seis meses, y mi confianza de que no se daría un plazo menor en futuras oportunidades, cuando las necesidades del país y de la Tesorería fueran menos urgentes.

   En verdad no pude evitar pensar que una insistencia pertinaz en el aviso previo completo de seis meses nos habría arriesgado a perder las ventajas para nuestro comercio derivadas de la comparativa liberalidad de la nueva ley. En justicia debo declarar que el Ejecutivo granadino ha desplegado la más laudable inquietud y actividad en sus esfuerzos por satisfacer la sugerencia de su Señoría. Ha enviado mensaje tras mensaje al Congreso para urgirlo acerca de la necesidad de tal satisfacción. Ello se podrá creer en seguida señalando que fue tan poderosa la influencia y exitosas las intrigas de los comerciantes en el Congreso y fuera de él para el logro de una pronta abolición de los elevados aranceles actuales, que en el mes de abril se aprobó una ley rebajando las tarifas en la Cámara de Representantes, decretándose su puesta en vigencia el lo. de julio próximo para todos los países. Había resuelto protestar contra ella, pero pensé que la cordial satisfacción de mis demandas por parte del gobierno merecía que consultara verbalmente al señor Pombo sobre la mejor forma de hacerlo. Dicho ministro me aconsejó abstenerme de protestas por escrito, pues muchos miembros del Congreso pensarían, si yo escribiera de nuevo, que les estaba dando órdenes, y por ello estarían más dispuestos a oponerse a una concesión. Tal consejo coincidía tan cercanamente con mis propias ideas que en seguida lo acepté y me limité a hacer frecuentes averiguaciones personales con el señor Pombo acerca del progreso del asunto.

   Parecerá extraordinario a su Señoría que uno de los comerciantes británicos ?de quienes en su mayoría he recibido en los dos últimos años quejas por los perjuicios causados a sus intereses por la falta de aviso previo de los cambios en las leyes comerciales?, fue muy diligente en sus esfuerzos para que se promulgara la ley con la notificación corta, y ciertamente tuvo la desfachatez de decir en la calle a un miembro de esta Misión que pensaba que el ministro británico podría tener éxito en lograr un aviso previo prolongado si estuviera decidido a arruinar los intereses británicos al persistir en demandarlo. Proporcionará a su Señoría una idea de las dificultades que esta Misión tiene que enfrentar, decir que ha encontrado oposición precisamente en una de las personas cuyo interés permanente estaba luchando por promover.

   He creído mejor incorporar en mi despacho una descripción de la mencionada ley antes que adjuntar una traducción de la misma, pues contiene muchos términos técnicos que interesan principalmente al grupo de comerciantes en Inglaterra que negocian con este país, a quienes por supuesto les será transmitida por sus socios o corresponsales aquí.

   Como conclusión anotaré que esta es la cuarta alteración del monto de los derechos de importación decretada en este país en un lapso de tres años, habiéndose efectuado los cambios el lo. de junio de 1831, el 14 de marzo de 1832, el 2 de junio de 1833 y el 30 de mayo de 1834. Es de esperarse que el gobierno y la Legislatura de la Nueva Granada no tardarán en ver la conveniencia de hacer que sus leyes comerciales sean tan duraderas como sus almanaques.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto, Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, 18/ 104/fos. 44RH­56LH.

ANEXO

LEY SOBRE DERECHOS DE IMPORTACION

(APARTES)

   El Senado y Cámara de representantes de la Nueva Granada, reunidos en Congreso.

   Deseando asegurar los mayores rendimientos de las aduanas, de una manera compatible con los intereses de los particulares, y evitar los inconvenientes que ha producido en su práctica la ley de 13 de junio de 1833 sobre derechos de importación.

DECRETAN:

   Artículo primero. Desde el día que señale la presente ley, se cobrarán conforme a ella en los puertos marítimos, secos y de ríos de la Nueva

   Granada habilitados para el comercio exterior, los derechos de importación conocidos con este nombre por las leyes de la República, y que se han estado cobrando desde lo. de octubre de 1833 conforme a la ley de 13 de junio del mismo año.

   Artículo único. Los demás derechos conocidos con diferentes nombres y establecidos por leyes vigentes, continuarán cobrándose con arreglo a las mismas leyes en que se hallan establecidos.

   Artículo segundo. Desde el día en que haya de ejecutarse esta ley pagarán por cada tonelada cuatro reales los buques nacionales, y ocho reales los buques extranjeros que entren en los puertos de la Nueva Granada procedentes de puertos extranjeros.

   Parágrafo primero. Tanto los buques nacionales como los extranjeros procedentes de puertos extranjeros, que hayan entrado en cualquiera de los puertos de la Nueva Granada con el objeto de dejar en el parte de su cargamento, o todo el, y que después sigan a otro puerto habilitado de la Nueva Granada, bien con parte del cargamento, bien en lastre o con efectos de exportación, solamente pagarán el derecho de tonelada en el primer puerto donde hubieren entrado, y no lo pagará en los otros en donde entraren.

   Parágrafo segundo. Los buques nacionales que no excedan de veinte toneladas, y que procedan de puertos extranjeros, no pagarán derecho alguno de tonelada.

   Parágrafo tercero. Los buques nacionales y extranjeros pagarán el derecho de tonelada que expresa el artículo 2o., siempre que no pasen de cien toneladas. Los que excedan de este número hasta trescientas toneladas pagarán por el exceso sobre el primer ciento a razón de dos reales los primeros, y cuatro reales los segundos por cada tonelada. De más de trescientas toneladas pagarán por el exceso a razón de un real los buques nacionales y dos reales los extranjeros, por cada tonelada.

   Artículo tercero. Solamente los buques nacionales pueden hacer el comercio de cabotaje, y los dichos buques cuando se ocupen en hacer este comercio no pagarán ningún derecho de tonelada, anclaje, visita, ni otro de los conocidos de puerto que afectan precisamente al buque y no a las mercancías, a excepción del práctico si lo pidieren.

   Artículo cuarto. Los buques balleneros que vengan a Panamá para refrescarse y proveerse de víveres no pagarán derecho alguno de anclaje ni de tonelada.

   Artículo quinto. Para la cobranza de los derechos de importación de los efectos del producto natural y manufacturas de los países extranjeros, que se introduzcan por los puertos de la Nueva Granada, se dividirán dichos efectos en las clases siguientes:

   1a. Relojes de oro y plata, joyas y piedras finas, muebles y utensilios de oro y plata, herramientas o instrumentos de artes y oficios, cera y esperma no manufacturadas, alquitrán, brea, cordajes, cables, jarcia, anclas y cadenas para buques, lona para velas, y la clavazón de fierro y cobre para construir buques y embarcaciones menores, galones y gazas de oro y plata, encajes de seda, de lino, cáñamo y algodón, olanes batistas y clarines, pañuelos, velos, chales, mantillas y chales de punto de tul o blonda sin hacer, trajes sin hacer de olán batista bordados, y pañuelos de olán batista lisos y bordados.

   2a. Papel de todas clases, telas y tejidos de algodón, lino, lana, cáñamo, seda y estambre, la seda en bruto o preparada, y camisas de punto de lana o punto de algodón.

   3a. Quincallería, mercería, loza, porcelana, vidrios y cristales de toda clase, jabones y aceites que no sean perfumados, y toda especie de drogas y medicinas que no estén gravadas con un derecho específico.

   4a. Cuadros, láminas y papel pintado para adornos de casas, abanicos, plumas y ñores artificiales, guantes, joyas falsas y juegos de niños.

   5a. Muebles y utensilios de cobre, bronce, plomo, acero y hoja de lata, arañas, bombas, fanales y guardabrisas, lámparas griegas y espejos, paraguas y quitasoles, esencias, perfumes, aguas de olor, aceites, y jabones perfumados.

   6a. Cera, sebo y esperma manufacturados, frutas secas y en caldo, aceitunas, alcaparras, encurtidos y comestibles de todas clases, muebles de casa que no estén gravados con un derecho específico, pieles curtidas, orégano, pimienta y toda clase de especiería.

   Artículo sexto. Los efectos comprendidos en la primera clase, importados en buques nacionales, pagarán un doce por ciento, y en buques extranjeros un diez y siete por ciento.

   Artículo séptimo. Los efectos comprendidos en la segunda clase, importados en buques nacionales, pagarán un quince por ciento, y en buques extranjeros un veinte por ciento.

   Artículo octavo. Los efectos comprendidos en la tercera clase importados en buques nacionales pagarán un diez y ocho por ciento, y en buques extranjeros un veinte y tres por ciento.

   Artículo noveno. Los efectos de la cuarta clase importados en buques nacionales pagarán un veinte y uno por ciento, y en buques extranjeros un veinte y seis por ciento.

   Artículo 10o. Los efectos de la quinta clase importados en buques nacionales pagarán el veinte y cuatro por ciento, y en buques extranjeros el veinte y nueve por ciento.

   Artículo 11o. Los efectos de la sexta clase importados en buques nacionales, pagarán un veinte y siete por ciento, y en buques extranjeros un treinta y dos por ciento.

   Artículo 12o. Los efectos no mencionados en esta ley pagarán sobre el aforo que les dé el arancel, o los peritos en su caso, veinte y cinco por ciento cuando se introduzcan en buques nacionales, y treinta por ciento si la introducción se hiciere en buques extranjeros.

   (...)

   Artículo 14o. No se hará diferencia alguna para el pago de los derechos de importación en razón de la procedencia de los buques, sea que estos vengan de Europa, de Asia, de los Estados Unidos o de las colonias europeas en América.

   Artículo 15o. A los efectos extranjeros que se introduzcan por los puertos secos o de ríos se les cobrarán los derechos establecidos en los artículos anteriores, como si hubiesen sido importados en buques extranjeros, a menos que acrediten, con certificados de los jefes de la aduana de puerto a donde llegó el buque, la naturaleza de este, que entonces se les concederá el beneficio que establece esta ley.

   Artículo 16o. Cada dos años se reformará el arancel por el Poder Ejecutivo en las partes que sea necesario, oyendo a los administradores de aduana asociados de dos comerciantes de cada puerto habilitado nombrados por el gobernador; pero cada año podrán señalarse en el dicho arancel valores a los efectos que se conozcan y no los tengan: y el arancel reformado rige en todas las aduanas, para el cobro de los derechos de importación, seis meses después del día en que haya sido aprobada la reforma por el Poder Ejecutivo.

   (...)

   Artículo 29o. Los plazos que se conceden para pagar los derechos, los cuales deben correr desde el día en que se presente la cuenta y liquidación de los derechos al interesado, son los siguientes: tres días si los derechos no exceden de cincuenta pesos; si los derechos exceden de cincuenta hasta quinientos pesos, treinta días; si exceden de quinientos pesos a mil, cincuenta días; de más de mil a dos mil pesos, a los cincuenta días la mitad, y la otra mitad a los cien días; de más de dos mil a cuatro mil pesos, a los setenta y cinco días la mitad, y a los ciento cincuenta días la otra mitad; y de más de cuatro mil pesos para arriba, a los setenta y cinco días la tercera parte, a los ciento cincuenta días la otra tercera parte, y a los doscientos veinte y cinco días la otra tercera parte.

   Artículo 30o. No pagarán derecho ninguno de importación los efectos siguientes: los instrumentos de cirugía, de matemáticas, de ciencias naturales, de minería y de los demás ramos de agricultura, incluso los machetes; los que tengan por objeto la construcción de caminos, la mejora de la navegación de los lagos y ríos, o las manufacturas domésticas de algodón, lana o cualesquiera otras; los buques o botes que se introduzcan para la navegación de los ríos y lagos; los instrumentos y máquinas que necesite para ejercer su profesión el artesano extranjero que venga a establecerse en la Nueva Granada; el pelo de castor y nutria; las plantas y semillas; los libros impresos, cualquiera que sea su encuadernación, los mapas, imprentas pinturas, estatuas, colecciones de antig?edad, objetos de historia natural, bustos y medallas, y el oro, plata, platina y demás metales preciosos en pasta o moneda.

   Artículo 31o. Es prohibida absolutamente la importación del anís y su esencia, del tabaco en todas sus especies, a excepción sólo del que se introduzca en polvo, del aguardiente de caña y sus compuestos, del azúcar de todas clases, de la melaza, del cacao, café y añil. La prohibición de importar estos efectos se entiende cuando procedan de países extranjeros; pero no cuando procedan de un puerto de la Nueva Granada para otro mismo del Estado.

   Parágrafo único. La prohibición del anís y su esencia, del azúcar, melaza, cacao, café y añil, no es extensiva a los puertos del Istmo de Panamá, y dichos artículos podrán introducirse por ellos, bien sea de tránsito para el Atlántico o el Pacífico; pagando empero los correspondientes derechos de importación en el caso de que se apliquen al consumo de los habitantes de aquella parte de la República.

   Artículo 32o. Todos los efectos que no sean de prohibida importación podrán introducirse por los puertos habilitados del Istmo de Panamá, sin pagar derecho alguno de importación, tránsito etc., siempre que los dichos efectos sean destinados para pasarlos, y pasen en realidad del Atlántico al Pacífico o del Pacífico al Atlántico; pero si los dichos efectos se destinaren al consumo de los habitantes del Istmo, entonces pagarán el derecho de importación.

   Parágrafo primero. Pueden introducirse en el puerto de Panamá sin pagar derechos de importación cualesquiera efectos o mercaderías extranjeras, con el objeto de exportarlas de allí para otros puntos del globo; y dichos efectos o mercaderías permanecerán depositados en la aduana hasta el día en que haya de verificarse la exportación, y los introductores pagarán por derecho de depósito el primer año el tres por ciento, el segundo el dos por ciento, y los demás el uno por ciento, quedando en lo demás sujetos a las disposiciones de la ley de 8 de abril de 1826, las cuales se hacen extensivas al puerto de Panamá en los mismos términos en que está prevenido respecto del puerto de Cartagena por la ley de 21 de marzo de 1832.

   Parágrafo segundo. El Poder Ejecutivo expedirá los reglamentos necesarios para arreglar el modo de admitir los cargamentos que se introduzcan de tránsito del uno al otro mar, y para organizar los puertos de depósito de Panamá, de manera que no se dediquen al consumo interior los efectos depositados en él, sin pagar los correspondientes derechos de importación.

   Parágrafo tercero. El Poder Ejecutivo fijará un término a los comerciantes para que justifiquen la introducción de los efectos que pasan por el Istmo, asegurando el pago de derechos si no lo verificasen en dicho plazo.

   Artículo 33o. Las facturas deberán ser presentadas dentro de veinte y cuatro horas después de haber declarado el capitán su resolución de descargar; pero hasta el momento de recibir las mercancías, los dueños o consignatarios no serán obligados a señalar las mercancías o efectos que quieran dejar en el almacén para que pasen al depósito.

   (...)

   Artículo 37o. No habrá lugar a la confiscación de un bulto en que se encuentren algunos efectos de más o de menos de los que están expresados en los manifiestos, cuando en la totalidad del cargamento se advierta que las faltas de los unos están reemplazadas en los otros, o que lo que sobra en uno falta en otros; pero que siempre aparece conforme el cargamento en su totalidad con los manifiestos. Cuando se note que lo que hay de más o de menos en los bultos de un cargamento no excede del valor de 50 pesos por cada mil del valor total de los efectos manifestados, conforme a la estimación del arancel, tampoco habrá lugar a la confiscación; pero en todo caso se pagarán los derechos correspondientes de lo que sobre o falte, conforme a esta ley.

   Artículo 38o. Solamente los capitanes de buques son responsables de las faltas y descuidos que se noten en los sobordos, cuando los comerciantes hayan entregado sus cargamentos con todas las formalidades prescritas, y que hayan exhibido en el puerto de la entrada las correspondientes facturas juradas.

   Parágrafo único. Cuando en los sobordos que recanten los capitanes en el acto de la visita, resulten en el reconocimiento de todo el cargamento algún bulto o bultos de más, serán decomisados siempre que los dichos bultos no hubiesen sido comprendidos en las facturas o manifiestos que hayan presentado los respectivos dueños o consignatarios de dichos efectos, y si se encontraren de menos pagará el capitán los derechos que correspondan a los dichos efectos.

   Artículo 39o. Las disposiciones de esta ley empezarán a observarse desde el día 1o. de noviembre de este año.

   Parágrafo único. Las disposiciones de esta ley respecto de la harina empezarán a observarse desde el día lo. de agosto de este año.

   Artículo 41o. Quedan vigentes las disposiciones del decreto de 9 de marzo de 1827, y sus concordantes que no sean contrarios a los de esta ley.

   Artículo 42o. Quedan derogadas las leyes de 27 de septiembre de 1821, sobre exención de derechos de importación a varios artículos; de 5 de agosto de 1823, sobre prohibición de introducir aguardientes de caña y sus compuestos; de 13 de marzo de 1826, sobre derechos de importación; de 21 de marzo de 1832 sobre derechos de internación; de 14 y 20 de marzo de 1832, y de 13 de junio de 1833, sobre derechos de importación; el decreto de 8 de marzo de 1829 expedido por Simón Bolívar; y la ley de 20 de enero de 1832 que arregló el comercio con Venezuela.

   Dada en Bogotá a 30 de mayo de 1834, 24°.

El presidente del Senado,
Vicente Borrero.
El secretario del Senado,
J. Vicente Martínez.
El presidente de la Cámara de Representantes,
Juan Clímaco Ordóñez.
El diputado secretario de la Cámara de Representantes,
Rafael M. Vásquez.

   Bogotá, 5 de junio de 1834.

   Ejecútese y publíquese.

L.S.
Francisco de Paula Santander.

   Por Su Excelencia el presidente de la República.

El secretario de estado del despacho de Hacienda,
Francisco Soto.


VISCOUNT PALMERSTON TO WILLIAM TURNER. DISPATCH No. 81

Respecting Consular Convention proposed by Granadian Government.

Foreign Office
July 19 1834

Sir,

   With reference to your dispatch No. 7 of the 27th March last on the subject of a proposal made to you by the government of New Granada for the conclusion of a convention to settle the respective privileges and immunities of the consuls of the two countries, I have to acquaint you that His Majesty's Government, having taken this proposal into consideration, are of opinion that considering the differences which exist between the laws and habits of the two countries, such a convention would scarcely be advisable. But, as it might perhaps be inexpedient entirely to reject this proposal, His Majesty's Government are of opinion that it would be proper that you should meet the overture by offering to receive ad referendum the project of such a treaty from that Government.

   The State of New Granada, in attempting to reduce such a convention into force, would probably be led to the conclusion that the suggestion was scarcely capable of being executed in practice; or if, on the other hand, the new Granadian Government should be able to complete the scheme of a convention, such a document, though the treaty should be ultimately rejected, is to remain as a permanent record of the principles according to which, by their own deliberate admission, the consuls of one friendly state ought to be treated by the government of another.

   I am therefore to instruct you to keep in view the above observations in any communications which you may hold on the subject in question with the Government of New Granada, and if that Government should still be desirous of negotiating a convention, you will invite them to furnish you with such a draft as they would wish to propose for the consideration of His Majesty's Government.

   In the meantime you will be careful that His Majesty's consuls and Vice Consuls in the State of New Granada (whose functions do not extend beyond facilitating or assisting in the affairs of commerce and navigation) are not deprived of the privileges which belong to their station, and which are recognized and admitted by all governments as necessary for the due fulfilment of the office and employment of a consul.

Palmerston.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 102/fos. 19RH­22LH.

EL VIZCONDE PALMERSTON AL SEÑOR TURNER. DESPACHO No. 81

Referente a la convención consular propuesta por el gobierno granadino.

Foreign Office
19 de Julio de 1834

Señor:

   Con referencia a su despacho No. 7 del 27 de marzo pasado sobre el tema de la propuesta hecha a usted por el gobierno de la Nueva Granada de concluir una convención para definir los respectivos privilegios e inmunidades de los cónsules de los dos países, debo poner en su conocimiento que el gobierno de su Majestad, habiendo examinado la propuesta, es de la opinión que considerando las diferencias existentes entre las leyes y costumbres de los dos países, dicha convención sería poco aconsejable. Pero, teniendo en cuenta que quizás sería inoportuno rechazar por entero la propuesta, el gobierno de su Majestad opina que sería conveniente que usted acoja la iniciativa ofreciéndose a recibir ad referendum el proyecto de dicho tratado por parte de ese gobierno.

   El Estado de la Nueva Granada, en el intento de hacer aprobar tal Convención, probablemente llegue a la conclusión de que la idea difícilmente podría ejecutarse en la práctica; o si, de otro lado, el nuevo gobierno granadino fuera capaz de terminar el proyecto de una convención, tal documento, aunque el tratado finalmente se rechace, quedará como testimonio de los principios de acuerdo con los cuales, por su propia y deliberada aceptación, los cónsules de un estado amigo deberán ser tratados por el gobierno de otro.

   Por consiguiente le solicito que tenga presentes las anteriores observaciones en cualquier comunicación que pueda sostener sobre el tema en cuestión con el gobierno de la Nueva Granada, y si ese gobierno aún estuviera deseoso de negociar una convención, lo invite a suministrarle el borrador que quisieran someter a la consideración del gobierno de su Majestad.

   Entre tanto deberá cuidar que los cónsules y vicecónsules de su Majestad en el Estado de la Nueva Granada (cuyas funciones no van más allá de facilitar y prestar asistencia en los negocios del comercio y la navegación) no sean despojados de los privilegios que corresponden a su investidura, los cuales son reconocidos y admitidos por todos los gobiernos como necesarios para el cabal cumplimiento del oficio y empleo de cónsul.

Palmerston.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 102/fos. 19RH­22LH.

VISCOUNT PALMERSTON TO MR. TURNER (DRAFT). DISPATCH No. 91

To make a fresh representation to the government of New Granada in favour of the Colombian bondholders.

Foreign Office, July 19 1834

Mr. Turner

Sir,

   I herewith transmit to you the copy of a further representation which has been addressed to me on behalf of the holders of the Colombian bonds, claiming the assistance of His Majesty's Government to obtain payment from the Governments of the three states which formerly constituted the republic of Colombia, of the interests due on the loans contracted by that Government in this country.

   Referring you to the instructions which I have already given you at various times upon this subject, I have to direct you to renew your representations in favour of these bondholders, and to express to the government of New Granada, on the one hand, the great anxiety felt by His Majesty's Government that the British subjects who are interested in these loans should receive payment of the interest which is due to them; and, on the other hand, our confidence that the three states with which Colombia has divided itself, will feel it due to their character and honour to make good the engagements which they contracted during their union. His Majesty's Government cannot indeed for a moment doubt the good faith of these states, and they therefore, earnestly hope that New Granada will lose no time in making the necessary arrangements for paying its portion of what is due to the bondholders.

P.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 102/p. 23RH­25LH.

EL VIZCONDE PALMERSTON AL SEÑOR TURNER (BORRADOR). DESPACHO No. 91

Hacer una nueva representación al gobierno la Nueva Granada en favor de los tenedores de bonos de Colombia.

Foreign Office, 19 de Julio de 1834

Señor Turner

Señor:

   Transmito a usted copia de una representación adicional que se me ha dirigido a nombre de los tenedores de los bonos colombianos, solicitando la ayuda del gobierno de su Majestad para obtener el pago, por parte de los gobiernos de los tres estados que anteriormente constituían la República de Colombia, de los intereses que se adeudan sobre los préstamos contraídos por ese gobierno en este país.

   Remitiéndolo a las instrucciones que ya le había dado en otras oportunidades sobre este tema, tengo que ordenarle que renueve sus representaciones en favor de dichos tenedores de bonos, y exprese al gobierno de la Nueva Granada, por una parte, la gran ansiedad que tiene el gobierno de su Majestad por que los súbditos británicos interesados en estos préstamos reciban el pago de los intereses que se les adeudan; por otra parte, nuestra confianza de que los tres Estados en que Colombia se ha dividido entiendan que su carácter y honor ameritan cumplir con los compromisos que contrajeron durante su unión. El gobierno de su Majestad ciertamente no puede dudar por un momento de la buena fe de dichos estados, y por lo tanto espera con todo fervor que la Nueva Granada no tarde en efectuar los arreglos necesarios para pagar la parte que se debe a los tenedores de bonos.

P.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/102/fos. 23RH­25LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 341

Proposed Convention for settling the Foreign debt of the late Republic of Colombia.

Bogotá, 28 August 1834

My Lord,

   I had the honour to inform Your Lordship in my late dispatch No. 18, that this Government had acceded to the proposal of the Venezuelan Envoy of naming the 15th August as the day for the assembly of the plenipotentiaries of the three States of Colombia for the purpose of coming to a settlement of the debts and affairs of the late Republic, if the Government of the Equator should send its representative in pursuance of the notification addressed to it, or of the two plenipotentiaries of New Granada and Venezuela without him, if it should not.

   No idea existed that this arrangement would be disturbed, till on the 6th instant señor Pombo addressed to señor Michelena a note expressing the doubts of the Granadian Government, and asking his opinion whether the conference ought to take place under the circumstances of the Equatorian Government having been prevented by the civil war from receiving the notification sent to it from New Granada and having therefore been unable to exercise its choice of sending or not a plenipotentiary by the 15th August, and also desiring to know what ulterior measures señor Michelena considered should be adopted to carry into effect the resolutions of the Granadian and Venezuelan plenipotentiaries, supposing them to be disavowed by the Government of the Equator.

   To this question señor Michelena replied in a note of the 7th August that he did not consider the want of an answer from the Equatorian Government to present any obstacle to the meeting of the Granadian and Venezuelan plenipotentiaries, inasmuch as the inability of that Government to send its plenipotentiary was the very event contemplated and provided against in the correspondence of May last, wherein the meeting was appointed for the 15th August; that his opinion of the necessity of holding the meeting on that day, as agreed, was confirmed by a consideration of the long period that must elapse before the establishment in the Equator of a settled Government, and that if, contrary to all reasonable expectation, the settlement made by New Granada and Venezuela should be disavowed by the Equator, it would not be difficult to remove by arbitration of a neutral nation, or by some other measure the objections opposed by the South.

   The instances of señor Michelena were however fruitless. The 15th August arrived without his having received from señor Pombo any announcement of the intention of the Granadian Government as to the holding the conference or not, and it was only on the 16th that señor Pombo wrote to him officially that the doubt of his Government, with his (Michelena's) opinion, had been submitted to the Council of State, which after mature deliberation had pronounced that the meeting of plenipotentiaries could not take place in the absence of that of the Equator, because such a proceeding would be a violation of the law passed by the National Convention on 10 March 1832, which decreed that the Granadian Executive should promote an assembly of the plenipotentiaries of the three states, and not those of two without that of the third.

   It must be confessed that this last objection of this Government is not unfounded. But its proceedings have ?as is but too common with it? given to its opposition the appearance of artifice and evasion, for different reasons are assigned by the Executive and by the Council of State, the former objecting (in the note of 6th August) that the Equatorian Government had not received the notification, and the latter founding its opposition on a law which would have equally forbad the meeting if the notification had been received. It is difficult to imagine why this Government in the face of such a law, and while Congress was sitting which might have modified it, declared, in its note to the Equatorian Government of the 14th May, that it would hold the meeting without the plenipotentiary of the Equator, supposing the Government of that State not to send one after receiving the notification, or why the Council of State made no objection in May to the acceptance of a proposal, which, without any change of circumstances it pronounces inadmissible in August. It is generally said here that this Government fears to admit conferences of plenipotentiaries without that of the Equator who (if he be as they expected he would, a member of Rocafuerte's Government and of the party opposed to Flores, whose overthrow they confidently looked for) would enable it to outvote the representative of Venezuela. It is remarkable that all the Equatorian plenipotentiaries who have been named, are partisans of the liberal party here, and it is extensively believed that the delay in sending the Equatorian representative which has resulted from these persons accepting the appointment, holding it for months as if for the purpose of making their preparations, and then resigning it, instead of doing so at once when they never had any intention of coming here, has been the result of intrigues of this Government. This is rendered more probable by the fact that three leading members of the Equatorian Congress are natives of New Granada naturalized in the Equator, that they are in correspondence with members of this Government, and that all the resolutions adopted in secret sittings of the Equatorian Congress respecting the relations with New Granada were immediately known to the Executive here.

   There is another gross inconsistency in señor Pombo's note of the 6th August. He states therein that this Government had received from the Committee of the bondholders official assurances that it would acquiesce in the settlement to be concluded by the two plenipotentiaries of New Granada and Venezuela, supposing that of the Equator not to join them, and in the very next paragraph at the conclusion of the same note dwells on the absurdity and inconvenience which would result if the decision of the two plenipotentiaries without the 3rd were protested against by the British bondholders.

   Señor Michelena, finding his efforts fruitless to persuade this Government to consent to a meeting of the two plenipotentiaries without the 3rd fell back on an alternative, which he had suggested before, and proposed that New Granada and Venezuela should conclude a Convention charging themselves with a proportion of the debt to be agreed on, which each should take measures for defraying according to its ability, and not at all binding the Equator to defray the remainder (which must always be but a small part), but leaving for future negotiation the acquiescence of that State in the share assigned to it, as the difference between the apportionment and the sum acknowledged by it, would be too small to present any difficulty in the final settlement. After some coquetry on the part of this Government, which pretended that señor

   Michelena ought to make this proposal to it, while he asserted that he had made it before, it consented to take it into consideration.

   I could not but consider the time when this proposal was under deliberation to be one of the "proper and favourable occasions", of which I am instructed in Your Lordship's dispatch No. 2 of last year to avail myself for "urging the Government of New Granada to take such measures as may be likely to lead to a discharge of their share of the foreign obligations of Colombia". I therefore called on the President and señor Pombo to impress upon them the very serious importance of this Government doing every thing in its power to profit by the present opportunity of coming to some agreement respecting the foreign debt, and avoiding the possibility of a supposition that it was not willing to second the efforts for that purpose of the Venezuelan Government, and I addressed to señor Pombo on the 21st instant the note of which the enclosed is a copy; I also transmit a copy of his reply. It is true that I am instructed in Your Lordship's other dispatch No. 6 of 1832, to "give my support to the representative of the bondholders". But although I have no knowledge of the proceedings of their agent in this capital, who has not communicated with me on the subject of their claims since the eventual meeting of the two plenipotentiaries without the third was proposed in May last, nor since it has been abandoned, I still did not think it would be right that the claims of the bondholders should on this account be unsupported by the unofficial influence of the Mission.

   I have not been so successful in my applications to this Government as to be able to flatter myself that its consent to the measure proposed, was the result of my above­mentioned note. But whatever was their incentive, señor Pombo wrote officially to señor Michelena on the 23rd instant that this Government acceded to his proposal of a separate Convention between New Granada and Venezuela. But this accession was clogged with the extraordinary and inadmissible proposition (made, as señor Pombo alleged, for the purpose of expediting a final settlement) that the Convention should not be submitted for ratification to the Congress of either of the two states, till it should have been acceded to by the Government of the Equator. Señor Michelena, who suspects, and I cannot but think with reason, that the Granadian Government, in making this proposal, expected to throw the responsibility of refusal on him, adroitly and immediately replied that he gladly accepted the offer to acquiesce in his proposition, and would in the conferences themselves discuss the propriety of the condition annexed and the probability of its conducing to a more speedy settlement.

   The object of this Government in stipulating for this delay of reference to Congress, evidently is to provide against Venezuela raising her credit over that of New Granada, by being the first to commence payment. The minister of Finance here has even had the imprudence to say openly that it was evidently the design of Venezuela to place her financial credit on a higher footing than that of New Granada (whose total want of money must for some time render a payment hopeless) and thus to take the lead among the three states of Colombia, but that this Government would take care to defeat it. And in fact I have no idea that the incessant and laudable activity of señor Michelena in urging this Government to agree to the separate Convention, would have had any success, but for the fear inspired by his distinct declaration that if no advance be made in Bogotá towards the settlement, the Venezuelan Government will assign to itself a proportion of the debt (the just measure of which may be settled afterwards), and begin making immediately such amount of payment as is within its power. The British creditors are exclusively indebted to the integrity and activity of the Venezuelan envoy for the progress that has been made, and I cannot but feel that the doubt of success which has existed would never have been raised if those qualities had been equally conspicuous in the conduct of the ministers of the Granadian Government.

   When I use the expression "has existed", I am far from meaning that it does not exist still. The conferences for discussing the Convention are indeed agreed on, but I have little idea that it will be concluded, and that for the strongest of all reasons in this country, the obstacle of personal opposition. The present head of this Government is the same man who covered himself with disgrace by his corrupt appropriation and distribution of the last loan, and I feel sure that he will oppose every possible obstruction to the progress of discussions which must or may bring to light his own share in those sordid transactions.

   The instructions of my colleagues here on the subject of the conferences are different from mine. The American Chargé d'Affaires is enjoined to urge officially the meeting of plenipotentiaries or some other measure equally efficacious, and in case of the failure of these, to declare that his

   Government will insist on a speedy settlement of its citizen's claims for spoliations and grievances, amounting he informs me, to about half a million of dollars, and on the 19th May he received from señor Pombo in answer to his instances a note assuring him that the conferences would be held on the 15th August without the Equatorian plenipotentiary if that Sate did not send one. The French Chargé d'Affaires informs me that he has no instructions to urge the conferences, but he is ordered to lay the claims of French subjects officially before the plenipotentiaries after they should have met.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London. FO 18/104/fos. 82RH­99LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 341

Convención propuesta para liquidar la deuda externa de la antigua República de Colombia.

Bogotá, 28 de agosto de 1834

Su Señoría:

   Tuve el honor de informar a su Señoría en mi pasado despacho No. 18, que este gobierno había accedido a la propuesta del enviado venezolano de fijar el 15 de agosto como el día para la asamblea de plenipotenciarios de los tres estados de Colombia, con el propósito de llegar a un arreglo sobre las deudas y asuntos de la desaparecida República, si el gobierno del Ecuador envía su representante en cumplimiento de la notificación que se le dirigió, o de los dos plenipotenciarios de la Nueva Granada y Venezuela sin aquél, si no lo envía.

   No se esperaba que este acuerdo pudiera ser perturbado, hasta que el 6 anterior el señor Pombo dirigió al señor Michelena una nota expresando las dudas del gobierno granadino, y solicitando su opinión en cuanto a si la conferencia debía realizarse bajo la circunstancia de que el gobierno del Ecuador había sido imposibilitado por la guerra civil para recibir la notificación que se le envió desde la Nueva Granada, y por consiguiente no había podido ejercer su derecho de elegir si enviar o no un plenipotenciario para el 15 de agosto, y también pidiendo que se le informara qué medida ulterior consideraba el señor Michelena que se debía adoptar para llevar a efecto las resoluciones de los plenipotenciarios granadino y venezolano, en el supuesto caso de ser rechazadas por el gobierno del Ecuador.

   A esta pregunta el señor Michelena respondió en una nota del 7 de agosto que él no consideraba que la falta de respuesta del gobierno ecuatoriano presentara ningún obstáculo para la reunión de los plenipotenciarios granadino y venezolano, por cuanto la imposibilidad de ese gobierno de enviar su plenipotenciario era precisamente el caso que se contemplaba y contra el cual se proveía en la correspondencia de mayo pasado, en la cual se fijó la reunión el 15 de agosto; que su opinión sobre la necesidad de llevar a cabo la reunión en ese día, como se había convenido, estaba confirmada por la consideración del largo tiempo que debía pasar antes de la instauración en el Ecuador de un gobierno estable, y que si, en contra de toda expectativa razonable, el arreglo que se efectuara entre la Nueva Granada y Venezuela fuera desconocido por el Ecuador, no sería difícil solucionar las objeciones que opusiera el Sur por medio del arbitramento de una nación neutral o alguna otra medida.

   Las instancias del señor Michelena fueron, sin embargo, infructuosas. Llegó el 15 de agosto sin que hubiera recibido de parte del señor Pombo el anuncio de la intención del gobierno granadino en cuanto a la realización o no de la conferencia, y solamente el 16 el señor Pombo le escribió oficialmente diciendo que las dudas de su gobierno, junto con su opinión (de Michelena), habían sido sometidas al Consejo de Estado, el cual, luego de una ponderada deliberación, había declarado que la reunión de plenipotenciarios no podía llevarse a cabo en ausencia del del Ecuador, porque tal procedimiento sería una violación de la ley aprobada por la Convención Nacional el 10 de marzo de 1832, la cual decretó que el Ejecutivo granadino debía promover una reunión de los plenipotenciarios de los tres Estados, y no de los de dos sin el del tercero.

   Debe reconocerse que esta última objeción de parte de este gobierno no es infundada. Pero sus procedimientos han dado a su oposición ?como es tan común en él? la apariencia de artificio y evasión, pues tanto el Ejecutivo como el Consejo de Estado aducen diferentes razones, el primero objetando (en la nota del 6 de agosto) que el gobierno ecuatoriano no había recibido la notificación, y éste fundando su oposición en una ley que así mismo habría prohibido la reunión si la notificación se hubiera recibido. Es difícil imaginar por qué este gobierno, en vista de dicha ley, y mientras el Congreso, que se hallaba en sesión, habría podido modificarla, declaró, en su nota al gobierno ecuatoriano del 14 de mayo, que haría la reunión sin el plenipotenciario del Ecuador, en el supuesto caso de que el gobierno de ese Estado no lo enviara luego de recibir la notificación, o por qué el Consejo de Estado no puso objeciones en mayo a la aceptación de una propuesta que, sin que mediara ningún cambio de circunstancias, declara inadmisible en agosto. Se dice aquí generalmente que este gobierno tiene el temor de admitir que se efectúen conferencias de plenipotenciarios sin el del Ecuador quien (si es, como esperan que sea, un miembro del gobierno de Rocafuerte y del partido opuesto a Flores, cuyo derrocamiento confiadamente aguardaban), le daría la capacidad de superar en votos al representante de Venezuela. Es notable que todos los plenipotenciarios ecuatorianos que se han nombrado han sido partidarios del partido liberal de aquí, y existe la extendida creencia de que la demora en enviar al representante ecuatoriano, que ha sido causada porque dichas personas aceptan el nombramiento, lo conservan durante meses aparentando el propósito de hacer sus preparativos y luego renuncian, en lugar de hacerlo de una vez cuando nunca han tenido la intención de venir, ha sido el resultado de las intrigas de este gobierno. Ello se hace mucho más probable por el hecho de que tres de los principales miembros del Congreso ecuatoriano son nativos de la Nueva Granada naturalizados en el Ecuador, que mantienen correspondencia con miembros de este gobierno, y que todas las resoluciones adoptadas en las sesiones secretas del Congreso ecuatoriano con respecto a las relaciones con la Nueva Granada son inmediatamente conocidas por el Ejecutivo aquí.

   No hay ninguna otra inconsistencia mayor en la nota del señor Pombo del 6 de agosto. En ella afirma que este gobierno ha recibido de parte del Comité de Tenedores de Bonos seguridades oficiales de que éste aceptará el arreglo a que se llegue entre los plenipotenciarios de la Nueva Granada y Venezuela en el supuesto caso de que no se les una el del Ecuador, y precisamente en el siguiente párrafo al final de la misma nota se detiene en los absurdos e inconveniencias que resultarían si la decisión de los dos plenipotenciarios sin el tercero fuera rechazada por los tenedores de bonos británicos.

   El señor Michelena, encontrando infructuosos sus esfuerzos de persuadir a este gobierno para aceptar una reunión de los dos plenipotenciarios sin el tercero, recurrió a una alternativa, que ya él había sugerido antes, y propuso que la Nueva Granada y Venezuela concluyeran una Convención haciéndose cargo de una proporción de la deuda que fuera acordada, para sufragar la cual cada una cada una debía adoptar medidas de acuerdo con sus posibilidades, sin obligar en absoluto al Ecuador a cancelar el remanente (que tendría que ser nada más que una pequeña parte), sino dejando para una futura negociación la aceptación por parte de ese Estado de la parte que le fuera asignada, pues la diferencia entre la proporción y la suma reconocida por éste sería demasiado pequeña para presentar dificultad alguna en el arreglo final. Luego de alguna coquetería de parte de este gobierno, que pretendía que el señor Michelena debía hacerle esta propuesta, mientras aquél afirmaba que la había hecho antes, consintió en tomarla en consideración.

   No pude menos que estimar que el momento en que esta propuesta se hallaba bajo deliberación era una de aquellas "ocasiones propicias y favorables" de las cuales se me instruyó valerme, en el despacho No. 2 del año pasado de su señoría, para "urgir al gobierno de la Nueva Granada a tomar las medidas que pudieran conducir al pago de su parte en las obligaciones exteriores de Colombia". Por consiguiente, me dirigí al presidente y al señor Pombo para inculcarles la gran importancia de que este gobierno hiciera todo cuanto se encontrara en su poder para beneficiarse de la presente oportunidad de llegar a algún acuerdo con respecto a la deuda externa, y evitar la posibilidad de que se supusiera que no deseaba secundar los esfuerzos para ese efecto del gobierno venezolano, y dirigí al señor Pombo el 21 del actual la nota de la cual se adjunta una copia; también transmito copia de su respuesta. Es cierto que tengo instrucciones de parte de su Señoría en su otro despacho No. 6 de 1832, de "dar mi apoyo al representante de los tenedores de bonos". Pero pese a que no tengo conocimiento de los procederes de su agente en esta capital, quien no se ha comunicado conmigo sobre el asunto de sus demandas desde cuando se propuso la eventual reunión de los dos plenipotenciarios sin el tercero en mayo pasado, ni tampoco desde cuando dicha propuesta fue abandonada, todavía no pensé que fuera correcto que los reclamos de los tenedores de bonos no estuvieran respaldados por la influencia no oficial de la Misión.

   No he tenido tanto éxito en mis solicitudes a este gobierno como para poder lisonjearme de haber logrado que la aceptación de la medida propuesta fuera resultado de mi nota arriba mencionada. Pero cualquiera hubiera sido el incentivo, el señor Pombo escribió oficialmente al señor Michelena el 23 del presente diciendo que este gobierno accedía a su propuesta de una Convención por separado entre la Nueva Granada y Venezuela. Pero esta accesión quedó obstruida por la extraordinaria e inadmisible proposición (hecha, como declaró el señor Pombo, con el propósito de acelerar el arreglo final) de que tal Convención no fuera presentada al Congreso de los dos países para su ratificación, hasta que accediera a ella el gobierno del Ecuador. El señor Michelena, quien sospecha, y no puedo dejar de pensar que con razón, que al hacer esta propuesta el gobierno granadino esperaba descargar en él la responsabilidad del rechazo, hábil e inmediatamente replicó que aceptaba complacido la oferta de condescender con su propuesta, y que en las propias conferencias discutiría la conveniencia de la condición que se le anexaba y la probabilidad de que condujera a un arreglo más expedito.

   El propósito de este gobierno al estipular esta demora de envío al Congreso, es evidentemente precaverse de que Venezuela aumente su crédito sobre el de la Nueva Granada, al ser la primera en comenzar los pagos. El secretario de Hacienda ha tenido aún la imprudencia de decir abiertamente que era evidente el designio de Venezuela de colocar su crédito financiero en un nivel superior al de la Nueva Granada (cuya total falta de dinero elimina necesariamente las esperanzas de pago durante algún tiempo), y así tomar la delantera entre los tres estados de Colombia, pero que este gobierno se encargaría de evitarlo. Y en efecto, no creo que la incesante y laudable actividad del señor Michelena en urgir a este gobierno a estar de acuerdo con la convención separada, hubiera tenido ningún éxito si no hubiera sido por su clara afirmación de que si no se hacía ningún avance en Bogotá hacia un arreglo, el gobierno venezolano se asignaría a sí mismo una proporción de la deuda (cuya justa medida podría acordarse después), y empezaría a pagar inmediatamente tanto como estuviera en su poder. Los acreedores británicos deben exclusivamente a la integridad y diligencia del enviado venezolano el progreso que se ha alcanzado, y no puedo menos que sentir que la duda sobre el éxito que ha existido nunca se hubiera producido si esas cualidades hubieran sido igualmente conspicuas en la conducta de los ministros del gobierno granadino.

   Cuando utilizo la expresión "ha existido", estoy lejos de querer decir que ello no exista todavía. En realidad se han acordado las conferencias para discutir la Convención, pero tengo poca esperanza de que vaya a concluirse, y ello por la razón más fuerte de todas en este país, el obstáculo de la oposición personal. El actual jefe de este gobierno es la misma persona que se cubrió de deshonra por la corrupta apropiación y distribución del último préstamo, y estoy seguro de que opondrá todos los obstáculos posibles al avance de las discusiones que deben o pueden sacar a la luz su propia participación en esas sórdidas transacciones.

   Las instrucciones de mis colegas sobre el tema de las conferencias difieren de las mías. El Chargé d'Affaires americano tiene la orden de urgir oficialmente la reunión de plenipotenciarios o cualquier otra medida igualmente eficaz, y en caso de fracasar estas, declarar que su gobierno insistirá en un arreglo expeditivo de las demandas de sus ciudadanos por expoliaciones y agravios que llegan, según se me informa, a cerca de medio millón de dólares, habiendo recibido el 19 de mayo una nota del señor Pombo en respuesta a sus instancias, asegurándole que las conferencias se realizarían el 15 de agosto sin el plenipotenciario ecuatoriano, si ese estado no lo enviaba. El Chargé d'Affaires francés me informa que no tiene instrucciones de urgir las conferencias,

   pero se le ha ordenado poner oficialmente los reclamos de los súbditos franceses ante los plenipotenciarios luego de que estos se hayan reunido.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   el más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 104/fos. 82RH­99LH.

ANEXOS

1. Copy of a note from Mr. Turner to señor Pombo.

British Legation

Bogotá, 21 August 1834

   The British Minister presents his compliments to señor Pombo and begs to call his attention to the various notes which he has on former occasions had the honour to address to the Granadian Government on the subject of the claims on Colombia of the British bondholders and others of His Majesty's subjects.

   Señor Pombo will see in those notes that although the nature of the above mentioned claims is such as in the opinion of His Majesty's Government to preclude the exercise of its official intervention, it has yet instructed its Minister to state that it is extremely desirous of seeing the claims settled in a satisfactory manner, to avail himself of every favourable opportunity to represent unofficially the extreme hardship of the case of the bondholders, and to use all the influence which he can with propriety exert to urge the Government of New Granada to take such measures as may be likely to lead to a discharge of their share of the foreign obligations of Colombia.

   The British Minister considers the present moment to present such favourable opportunity. He has seen in the Bogotá Gazette of the 3rd instant a copy of a note from señor Pombo to the Government of the Equator by which the 15th August was appointed as the day for the meeting of the plenipotentiaries of the three states if that of the Equator should answer to the call made upon his Government, or of those of New Granada and Venezuela, without him if he should not.

   It is notorious that no Equatorian plenipotentiary has arrived, and that no assembly of plenipotentiaries of the three states has taken place. The British Minister has been informed that the Granadian Government considers itself precluded by a decree of the Congress and by uncertainty whether its note to the Equatorian Government was received, from acceding to a meeting of the plenipotentiaries of New Granada and Venezuela without that of the Equator, and that the Granadian Government has at this moment under its consideration the question of substituting for the conference of plenipotentiaries a Convention between New Granada and Venezuela binding these two States to take on themselves a certain portion of the foreign debt and obligations of Colombia, and leaving for future negotiation the question of the acquiescence therein of the Equator. This latter measure appears to the British Minister, if he may be permitted to express an opinion in the absence of conclusive and official information, the more feasible, as it would not apparently be liable to the objection which the Granadian Government is said to entertain against a conference of two plenipotentiaries in the absence of the third.

   The British Minister does not feel himself called upon to examine the reasons which he has heard have been alleged by the Granadian Government for declining to accede to the conference of the plenipotentiaries in the absence of that of the Equator, or the difficulties which, as he is informed, it considers to be opposed to the conclusion of the above mentioned Convention. He contents himself with urging upon it most strongly the extreme importance of profiting by the present favourable occasion of proceeding to some settlement of the claims of the bondholders, if it be not unavoidably prevented by reasons which are satisfactory to itself, and are quite certain to be so to the world. He entreats it to consider maturely that if the present opportunity be lost, a long period may elapse before such another may present itself, inasmuch as if it wait for the establishment of a settled Government in the Equator, difficulties may occur when such a Government shall exist, which may not be so easily surmounted as might in appearance be those now arising from the absence of the Equatorian plenipotentiary, and he conjures it in a sincere spirit of friendship to weight well the enormous responsibility which must press upon the Government of New Granada if it lose the present occasion of negotiating a settlement of the foreign debt, upon grounds which might not be considered satisfactory by its creditors and by the other nations of the world.

   The British Minister avails himself, etc.,

W. Turner.


1. Copia de una nota del señor Turner al señor Pombo.

Legación Británica

Bogotá, 21 de agosto de 1834

   El ministro británico presenta sus respetos al señor Pombo y ruega su atención a las varias notas que en ocasiones anteriores ha tenido el honor de dirigir al gobierno granadino sobre el tema de las reclamaciones sobre Colombia de los tenedores de bonos británicos y de otros subditos de su Majestad.

   El señor Pombo verá en esas notas que pese a que las reclamaciones mencionadas tienen una naturaleza tal que en opinión del gobierno de su Majestad excluyen el ejercicio de su intervención oficial, ha instruido sin embargo a su ministro para declarar que se encuentra en extremo ansioso de ver satisfechas las demandas de una manera satisfactoria, y de valerse de toda oportunidad favorable para representar extra­oficialmente la excesiva penuria de la situación de los tenedores de bonos, así como emplear toda la influencia que pueda con propiedad ejercer para urgir del gobierno de la Nueva Granada las medidas que puedan conducir a la cancelación de su proporción de las obligaciones exteriores de Colombia.

   El ministro británico considera que el actual momento presenta dicha oportunidad favorable. Ha visto en la Gaceta de Bogotá del 3 de los corrientes la copia de una nota del señor Pombo al gobierno del Ecuador, por medio de la cual se señalaba el 15 de agosto como el día para la reunión de plenipotenciarios de los tres estados si el Ecuador respondía al llamado hecho a su gobierno, o de los de Nueva Granada y Venezuela si aquél no lo hacía.

   Es notorio que no ha llegado ningún plenipotenciario ecuatoriano, y que no ha tenido lugar ninguna asamblea de plenipotenciarios de los tres estados. Se ha informado al ministro británico que el gobierno granadino se considera impedido por un decreto del Congreso y por la incertidumbre de si su nota al gobierno ecuatoriano ha sido recibida, para acceder a una reunión de plenipotenciarios de la Nueva Granada y Venezuela sin el del Ecuador, y que el gobierno granadino tiene en este momento bajo su consideración la cuestión de substituir la conferencia de plenipotenciarios por una Convención entre la Nueva Granada y Venezuela obligando a estos dos estados a asumir cierta porción de la deuda externa y las obligaciones de Colombia, dejando para futura negociación el asunto de la aceptación de la misma por parte del Ecuador. Esta última medida parece al ministro británico, si se le permite expresar una opinión en ausencia de información concluyente y oficial, tanto más factible cuanto que aparentemente no estará sujeta a las objeciones que se dice sostiene el gobierno granadino en contra de una conferencia de dos plenipotenciarios en ausencia del tercero.

   El ministro británico no se siente llamado a examinar las razones que según ha escuchado aduce el gobierno granadino para declinar acceder a la conferencia de los plenipotenciarios en ausencia del del Ecuador, o las dificultades que, como se le ha informado, considera que se oponen a la conclusión de la mencionada Convención. Se conformará con urgir con la mayor firmeza la extremada importancia de beneficiarse de la presente ocasión favorable de proceder a algún arreglo de las reclamaciones de los tenedores de bonos, si no se lo impiden de modo inevitable razones satisfactorias para sí mismo y que el mundo pueda aceptar con certeza que lo son. Le suplica considerar con madurez el hecho de que si se pierde esta oportunidad, pasará un largo tiempo antes de presentarse otra igual, pues si se espera a la formación de un gobierno estable en el Ecuador, cuando dicho gobierno exista pueden surgir dificultades que pueden no ser tan fácilmente superables como en apariencia podrían serlo las que resulten de la ausencia del plenipotenciario ecuatoriano, y lo convoca dentro de un sincero espíritu de amistad a sopesar la enorme responsabilidad que recaerá sobre el gobierno de la Nueva Granada si pierde la ocasión actual de negociar un arreglo de la deuda externa, sobre bases que pueden no ser consideradas satisfactorias por parte de sus acreedores y por las demás naciones del mundo.

   El ministro británico se vale, etc.,

W. Turner.


2. Copia de la respuesta del señor Pombo.

República de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 26 de agosto de 1834

   El secretario del Interior y Relaciones Exteriores tuvo la honra de recibir la nota verbal que se sirvió dirigirle su Excelencia el enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de su Majestad Británica de fecha 21 del corriente, contraída a recordar que en atención a los reclamos de los tenedores de vales colombianos en la Gran Bretaña, la ocasión que se presenta por la venida del ministro de Venezuela no debe perderse para proceder a los arreglos relativos a las obligaciones de Colombia para con el extranjero; y que sin inculcar el señor ministro las razones que tuvo la Nueva Granada para no abrir las sesiones de la conferencia de ministros colombianos el día 15 del presente como se anunció en una Gaceta, aprueba el intento de entablar una convención entre la Nueva Granada y Venezuela con igual objeto, ya que por la ausencia del ministro ecuatoriano quedó frustrada la que se había anunciado.

   El secretario de Relaciones Exteriores de la Nueva Granada puede asegurar al señor ministro británico que si por razones de mucho peso, y por los principios de la más rigurosa justicia no ha podido llevarse a efecto la antedicha conferencia, sin embargo la convención que haya de celebrarse entre Venezuela y Nueva Granada tendrá más prontos y quizá mejores resultados para los acreedores extranjeros, y que entonces no habrá motivo alguno para quejarse de una tardanza que no estuvo en manos del gobierno granadino el evitarla, animado como ha estado y estará siempre por el más perfecto respeto a sus compromisos y al decoro nacional.

   El secretario de Relaciones Exteriores se aprovecha de esta oportunidad para renovar a Su Excelencia el señor Turner las seguridades de su respeto y distinguida consideración.


WILLIAM TURNER TO SIR GEORGE SHEE (PRIVATE)1

Resolutions passed against Mr. Ayton, the Pro Consul at Carthagena. Vexatious nature of the complaints. Character of the complainants [character of the British merchants].

Bogotá, 24 September 1834

Sir,

   I enclose herein a packet addressed to Lord Palmerston by some of the British merchants in Carthagena, containing a series of resolutions which they have passed censuring the conduct of Mr. Ayton, and of which they also sent a copy to me.

   I have not thought it right to transmit the above resolutions in a dispatch to His Lordship, because they appear to me too frivolous to deserve official notice because they are, as you will see, raked up but of occurrences of old date; and because I am fully aware of the unworthy motives in which they have originated.

   In fact, ever since Mr. Ayton was named by me and confirmed by Lord Palmerston as Pro Consul at Carthagena, he has been incessantly the object of detraction and petty persecution from the merchants, for no other reason that I have been able to discover, than because he was named instead of themselves. I do not know Mr. Ayton personally, having never seen him, nor indeed heard of him till in November 1831 it became necessary to inquire for a consular substitute. But I hear every where that he is a man of unexceptionable character, I can answer for his having done his duty very well towards the Mission, and my mind revolts at the malicious vexations which he has had to endure from his countrymen at Carthagena, who ought to have considered his inexperience and been ready to help him instead of seeking to trample on him. He is not a man it seems, calculated, either by his means or his disposition, to cut a dash or to be ruined by his taylor's bill and this is probably a reason of his not being liked, for in this country it is by his appearance only that a man is judged.

   What renders the jealousy of his brother merchants the more unjustifiable, is that, of the four who, I am told, are the most indignant at not having been named themselves, Mr. Grice was nominally excepted by this Government, and Messers Bolton, Brush and Souter were not in Carthagena at the time of Mr. Watt's expulsion. Waiting was of course out of the question; even if I had known they had been coming, I had no reason for preferring them to Mr. Ayton. I named Mr. Ayton because he was the only partner of a house then in the city whom I knew to be totally unconnected with any party supporting or opposing to the authorities then ruling there.

   It is almost worth while to look a little into the characters and circumstances of Mr. Ayton's accusers. Messers Bunch and Brush are on the verge of bankruptcy; the latter is lying under a judicial sentence (resulting from embarrassments entailed on him by the failure of a commercial house in which he was formerly engaged) which forbids him to move out of the walls of Carthagena; and the former, having been unjustly included in the same sentence, was only freed from the same prohibition by the interference of this Mission towards the close of last year. The character of Mr. Grice must by this time be well known in the Foreign Office. To his activity in influencing the other merchants I principally attribute the resolutions. I was told that he said before leaving Bogotá that on arriving at Carthagena he would soon settle Mr. Ayton. But people talk so very lightly that I thought no more of his boasting till I saw the effect of his exertions. Mr. Souter is a young man who thinks himself a most important personage, and gave himself such airs when he visited Bogotá last year that I was only deterred by his insignificance from curbing his impertinence. Mr. Bolton (clerk of the House of Powles, Illingworth and Co. in Carthagena) has, as Mr. Ayton has informed me, taken upon him to complain to the Foreign Office of the Pro Consul without any communication to me, or, as Mr. Ayton told me, to the head of his house in Bogotá. Mr. Kinseller, secretary of the meeting, has, by persons who know him, been stated to me to be a low drunkard. The signature which has most disgusted me is that of Mr. George Watts, who in the end of 1831 and beginning of 1832 gave me so much trouble by his shuffling refusals to give up the archives of the Consulate to Mr. Ayton, that I only refrained from reporting him to the Office in consideration of his father and family. He afterwards importuned me much to recommend him to Lord Palmerston for the Consulate, but this I of course declined doing.

   The motive of these people's proceedings is rendered the more evident by their refusal to comply with Mr. Ayton's application to them (as he has written to me) for a copy of their charges against him, and by the fact, of which I am assured here, that the same post which brought the charges to me brought letters to the partners and other individuals here, from Mr. Bolton, Mr. Brush and Mr. secretary Kinseller, requesting that their friend would apply to me to name them Pro Consuls after dismissing Mr. Ayton, which last they were sure I should do by return of post. They seem to be ignorant that after Mr. Ayton's confirmation by Lord Palmerston, I have no longer the power of discharging him. I am also told that the application has been sent directly to Lord Palmerston from Carthagena, though the letter of the chairman to me accompanying the resolutions requests that I will send it. If this be true, it must (...) because they hope for a sudden decision against Mr. Ayton without his defence being heard. Mr. Ayton himself seems to be much afraid of this, but I have told him he needs have no fear, that justice will be done to him. I have written to him, enclosing a copy of the charges, and instructing him to send you his replies to the four sections of the fourth resolution, which appear to me the only ones sufficiently definite to need an answer.

   It would in fact be of essential advantage, in my opinion, to the public service, if you decide on giving to these Carthagena gentlemen the answer which they deserve, and advise them to confine their attention to their own business. I do assure you that it is utterly impossible for those who transact business in England, to conceive the impertinence and pretensions of English merchants in this country. They are constantly seeking to mix themselves up in every thing, and conceive their opinions entitled to attention in all affairs, whether political, diplomatic or private; there is actually one of those residing here who left off coming to my house, because I did not invite him to my diplomatic diners to meet the President, Ministers of State and my colleagues. At the same time, whatever may be decided on with respect to the present complaint against Mr. Ayton can in no wise affect my opinion (which I am sure you will excuse my thus privately expressing) of the extreme importance of speedily appointing a regular Consul at Carthagena. It is by far the most, I might say the only, important consular port in New Granada, and I conceive of vital consequence to the public service that it should be filled by a man experienced in consular business, who should know well his duty and his rights, and be determined to support them against the ignorant encroachments of the Granadian authorities, and (what does not require to be provided against in any country but Spanish America), the impertinent pretension of his own countrymen.

   I have the honour to be,
   Sir,
   Your obliged and obedient servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 104/fos. 102RH­11RH.

WILLIAM TURNER A SIR GEORGE SHEE. PRIVADO1

Resoluciones expedidas contra el señor Ayton, procónsul en Cartagena. Naturaleza vejatoria de las demandas. Carácter de los demandantes [carácter de los comerciantes británicos].

Bogotá, 24 de septiembre de 1834

Señor:

   Adjunto a esta un paquete dirigido por algunos comerciantes británicos en Cartagena a Lord Palmerston, con una serie de resoluciones que han aprobado censurando la conducta del señor Ayton, de las cuales también me enviaron copia a mí.

   No he considerado correcto transmitir las mencionadas resoluciones en un despacho a su Señoría, porque me parecen demasiado frivolas como para merecer atención oficial pues son, como usted podrá observar, un muestrario de ocurrencias anticuadas, y además me doy perfecta cuenta de los viles motivos en los cuales se ha originado.

   En efecto, desde cuando nombré al señor Ayton, confirmado luego por Lord Palmerston, como procónsul en Cartagena, ha sido incesantemente objeto de difamación y persecución mezquina por parte de los comerciantes, por ninguna razón distinta, que yo haya podido descubrir, que el haber sido nombrado en lugar de ellos. No conozco al señor Ayton personalmente, pues nunca lo he visto y en verdad nunca había oído de él hasta que en noviembre de 1831 se hizo necesario buscar un cónsul substituto. Pero en todas partes se me informa que es un hombre de carácter intachable, y yo puedo responder por el buen cumplimiento de sus deberes hacia la Misión; mi ánimo se rebela ante las vejaciones maliciosas que ha debido soportar de parte de sus compatriotas en Cartagena, quienes debían haber tomado en consideración su inexperiencia y estar listos a ayudarlo en lugar de pisotearlo. Según parece, no es un hombre, ni por sus medios ni por su disposición, propenso a destacarse ni a arruinarse a causa de las cuentas de su sastre, y esta es probablemente la razón para que no sea estimado, pues en este país se juzga a un hombre solamente por su apariencia.

   Los celos de sus hermanos comerciantes son tanto más injustificables cuanto que de los cuatro que, según se me ha dicho, muestran la mayor indignación por no haber sido nombrados, el señor Grice fue nominalmente exceptuado por este gobierno, y los señores Bolton, Brush y Souter no se hallaban en Cartagena en el momento de la expulsión del señor Watt. Esperar, desde luego, quedaba descartado; aún si hubiera sabido que venían, no tenía yo ninguna razón para preferirlos en lugar del señor Ayton. Nombré al señor Ayton porque era el único socio de una casa que entonces no tenía en la ciudad ninguna conexión con un partido que apoyara o se opusiera a las autoridades que allí gobernaban.

   Vale la pena examinar el carácter y las circunstancias de los acusadores del señor Ayton. Los señores Bunch y Brush se encuentran al borde de la quiebra; este último está bajo sentencia judicial (resultante de las dificultades que le acarreó el fracaso de una casa comercial con la cual estuvo previamente comprometido), que le prohibe salir de las murallas de Cartagena; y el primero, incluido injustamente en la misma sentencia, sólo se libró de igual prohibición gracias a la intervención de esta Misión hacia fines del año pasado. El carácter del señor Grice ya debe ser bien conocido en el Foreign Office. Atribuyo las resoluciones principalmente a su diligencia en influir a los demás comerciantes. He sabido que, antes de salir de Bogotá, ha dicho que al llegar a Cartagena pondría muy pronto en orden al señor Ayton. Pero la gente habla con tanta ligereza que yo no volví a pensar en sus fanfarronadas hasta que ví los efectos de sus esfuerzos. El señor Souter es un joven que se cree el personaje más importante, y se dio tantos aires cuando visitó Bogotá el año pasado, que sólo su insignificancia me contuvo de frenarle sus impertinencias. El señor Bolton (dependiente en la Casa de Powles, Illingworth y Compañía en Cartagena), como me ha informado el señor Ayton, se ha atrevido a quejarse sobre el procónsul Ayton ante el Foreign Office sin comunicármelo a mí, o, como me ha dicho el señor Ayton, al jefe de su casa comercial en Bogotá. El señor Kinseller, secretario de la reunión, me ha sido descrito por personas que lo conocen como un beodo. Pero la firma que más me ha disgustado es la del señor George Watts, quien a fines de 1831 y principios de 1832 me dio tantos problemas por su evasiva renuencia a entregar los archivos del consulado al señor Ayton, que solamente me abstuve de informar sobre ello a la Oficina por consideración con su padre y su familia. Posteriormente me importunó con su insistencia de recomendarlo a Lord Palmerston para el Consulado, lo cual, por su puesto, decliné.

   El motivo de las actuaciones de estas personas se hace más evidente por su rechazo a cumplir con la solicitud que les hace el señor Ayton (según él me escribe), de una copia de los cargos contra él, y por el hecho de que, como se me ha asegurado, el mismo correo que me trajo las acusaciones traía cartas para los socios del señor Bolton, el señor Brush y el señor secretario Kinseller y otros individuos, pidiéndoles a sus amigos que solicitaran nombrarlos procónsules a ellos después de despedir al señor Ayton, lo cual estaban seguros que yo haría a vuelta de correo. Parecen ignorar que luego de la confirmación del señor Ayton por parte de Lord Palmerston, no está ya en mi poder despedirlo. También se me ha dicho que la solicitud ha sido enviada directamente a Lord Palmerston desde Cartagena, pese a que la carta que me dirigió el presidente acompañando las resoluciones pide que yo la envíe. Si ello es cierto, debe (...) porque ellos aspiraban a que se adoptara una súbita decisión sobre el señor Ayton sin que se hubiera oído su defensa. El propio señor Ayton parece estar muy receloso de ello, pero yo le he dicho que no debe temer pues se le hará justicia. Le he escrito adjuntándole una copia de los cargos e instruyéndolo para que envíe a usted su respuesta a las cuatro secciones de la cuarta resolución, que me parecen las únicas suficientemente claras como para necesitar satisfacción.

   Para el servicio público sería esencialmente ventajoso, en mi opinión, que usted decidiera dar a estos caballeros de Cartagena la respuesta que merecen, aconsejándoles limitar su atención a sus propios asuntos. Puedo asegurarle que es totalmente imposible para quienes adelantan negocios en Inglaterra, concebir la impertinencia y las pretensiones de los comerciantes ingleses en este país. Constantemente están buscando mezclarse en todo, y consideran que sus opiniones merecen atención en todos los asuntos, sean ellos políticos, diplomáticos o privados; precisamente uno de ellos dejó de venir a mi casa porque no lo invitaba a mis cenas diplomáticas para encontrarse con el presidente, los ministros de Estado y mis colegas. Al mismo tiempo, cualquiera sea la decisión con respecto a la presente queja contra el señor Ayton, ella no afectará de ninguna manera mi opinión (y seguramente usted sabrá excusar que la exprese de

   esta manera privada) de la importancia extrema de nombrar rápidamente un cónsul regular en Cartagena. Es, con mucho, el más importante, y podría decir que el único, puerto consular en la Nueva Granada, y considero de vital consecuencia para el servicio público que sea cubierto por un hombre con experiencia en los negocios consulares, que conozca bien sus deberes y derechos, y esté decidido a defenderlos contra los abusos ignorantes de las autoridades granadinas y (lo cual no necesita advertirse en ningún otro país sino en la América española) contra las impertinentes pretensiones de sus propios compatriotas.

   Tengo el honor de ser, señor,
   Su seguro y obediente servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 104/fos. 102RH­111RH.

ANEXO

Resolutions of the British Merchants at Carthagena.

Carthagena, 14 August 1834

To the Right Honourable
Lord Palmerston,
One of His Majesy's principal Secretaries of State
London

My Lord,

   At a meeting of British merchants held in this city on the 6th day of this current month, at which I was elected Chairman, the enclosed resolutions were adopted. I have the honour to lay them before your Lordship and "respectfully to solicit that His Majesty's Government will be pleased to remove from his present situation His Majesty's Pro Consul Ayton and appoint an intelligent representative unconnected with commerce whose character shall give due protection to His Majesty's subjects residing in New Granada, and to whom they may look up with respect".

   I have the honour to be
   Your Lordship's humble servant,

Robert Bunch.
Chairman.

   At a meeting of British merchants held this sixth day of August 1834, present:

   Bunch and Co., Haffenden Souter and Co., Orford Grice and Co., Powles Illingworth and Co., Robert Bogler, George Watts.

   R.H. Bunch Esq. was called to the chair and John D. Kinseller appointed secretary.

   The following resolutions were proposed and adopted:

RESOLVED:

   1o. That the general conduct of Joseph Ayton Esq., His Britannic Majesty's provisional Consul at this port, in the exercise of his official duties, has, in repeated cases, convinced us of his incapacity to fill so responsible a situation with honour to our Government or with credit to the British residents.

   2o. That this meeting has only been deterred from respectfully soliciting the removal of His Majesty's pro Consul at an earlier period from its unwillingness to intrude upon His Majesty's Government with complaints while a hope remained that a Consul would have been sent to us.

   3o. That so continued have been the causes of complaint, our further silence would be highly blameable.

   4o. That in order to establish this, our association will recapitulate some of the leading causes of our complaints, in order to bear out with evidence the hypothesis of incapacity.

   1st. While the French ships of war Hebe and Seine were off this city to demand the person of the French Consul, A. Barrot Esq., the Commodore, by an official dispatch to the Governor, declared his intentions to commence hostilities on Thursday the tenth of October 1833 at sunset if a satisfactory answer were not given to him; that on the day previous, a communication by flag of truce, supposed to be of the most interesting nature (as it eventually proved) at so alarming a crisis having been made by the Commodore, as well as to His Majesty's Pro­Consul Ayton as to the Consul of the United States, we, one and all incidentally met at the former's house to request he would acquaint us with his purport, which he decidedly refused then to do, and it was only through the Consul of the United States and common report that we ascertained the substance; that, far from His Majesty's Pro­Consul being justified in withholding, there was the strongest reason for his instantly placing it before us as we were the principal interested. It is necessary further to mention that at the time His Majesty's Pro­Consul refused the sought for information, he did offer to communicate with us on the subject at 10 o'clock the next day; that several of us met in consequence at his house at the hour appointed, but he was not there nor did he at any subsequent period give us any information on the subject.

   2nd. That His Britannic Majesty's brig "Serpent" having been sent here for our protection by the officer commanding in the Jamaica station, His Majesty's Pro­Consul Ayton, without consulting us, determi­net to send her back and was only prevented doing so in consequence of a meeting of our body, which came to certain resolutions dated 12th November 1833, a copy of which is now before us and will accompany this.

   3rd. That His Majesty's Pro­Consul Ayton did, in the sixth of May of this present year, unwarrantably and unjustifiably demand a British subject and resident merchant here before a Tribunal of this city, in virtue of a power of attorney granted to him by a foreigner, and that he did assume in the Tribunal the character of, and call himself British Consul, as appears by the certificate of the Alcalde now before us, thus violating his duty to his Government and its subjects.

   4th. That His Majesty's Pro­Consul Ayton has shown a disregard to the interests he is delegated to watch over by allowing, in several instances, His Majesty's vessels of war not acting as packets to this port, to depart without intimating, as has been customary, their destination and time of sailing, thereby preventing us from availing ourselves of the opportunities they afford for communication.

   5th. That the Chairman of this meeting be, and is hereby directed to transmit these resolutions (through the medium of His Excellency William Turner Esq., His Majesty's Envoy Extraordinary and Minister Plenipotentiary at Bogotá), to the Right Honourable Lord Palmerston, one of His Majesty's principal Secretaries of State, and respectfully to solicit that His Majesty's Government will be pleased to remove from his present situation His Majesty's Pro­Consul Ayton, and appoint an intelligent representative unconnected with commerce, whose character shall give due protection to His Majesty's subjects residing in New Granada and to whom they may look up with respect.

   6th. That the Chairman of this meeting be, and is hereby directed to transmit through the proper channel a copy of these resolutions to His Excellency Mr. Turner, His Majesty's Envoy Extraordinary and Minister Plenipotentiary at Bogotá for his Excellency's information.

   7th. That the thanks of this meeting be given to the Chairman for his able services and impartial conduct in the chair.

Robert Bunch.
Chairman.
J. Kinseller.
Secretary.


Resolution of the British merchants at Carthagena.

   At a meeting of British merchants held this twelfth day of November 1833.

   R.H. Bunch was called to the chair and Ramón J. Sánchez named secretary.

   The following resolutions were proposed by Mr. Boulton and seconded by Mr. Brush.

RESOLVED.

   1st. That we have this day learnt that Joseph Ayton Esq., His Majesty's Pro­Consul at this port has determined to dispatch H. Majesty's brig Serpent to Kingston tomorrow.

   2nd. That His Majesty's said brig Serpent having been sent here by the Commander of His Majesty's Naval Forces for the protection of British subjects and their property, the determination of His Majesty's Pro­Consul is we judge precipitate, in as much as it is not in our opinion founded on any positive information that the important question at issue between the French forces and this Government has been adjusted in such a way as to remove the cause for which the Serpent was sent here.

   3rd. That His Majesty's Pro­Consul having thought it his duty on the arrival of His Majesty's brig Serpent to consult with us as to the necessity of the detention, we consider it equally his duty to have consulted us as to the propriety of sending her away, as we only are the parties who are equally now as then we were interested in her detention.

   4th. That in the absence of all positive information on our part as to what may be the order or intentions of the French squadron, we are of opinion that His Majesty's brig Serpent should still be detained here.

   5th. That without intending to interfere in the slightest degree with the prerogatives of, or wishing to dictate to His Majesty's Pro­Consul, this meeting respectfully give it as their opinion that he ought not to assume the right of acting in questions affecting our local interests without receiving our opinion therein, and hearing our views and wishes.

   6th. That a copy of these resolutions be transmitted by the chairman to His Majesty's Pro­Consul.

   7th. That the thanks of this meeting be given to the chairman for his able services in the chair.

Carthagena, ut supra.

(Signed)
P. pro. Powles, Illingworth, Wills and Co., Giles Boulton.
Bunch and Co., J. A. Brush.


Fifth, sixth and seventh resolutions agreed to by

M. Dowall, A. Atkinson and Co., W. D. Atkinson.

All the resolutions agreed to by

J. D. Michael.

All the resolutions agreed to, except the fifth,

Robert Bogle.

All the resolutions agreed to

P. Pro. Orford Grice and Co., R.Sánchez.
J. Haffendon Souter and Co., J. R. Cowan.
Needham Watts and Co.

   Three copies of the original resolutions.

R.M. Bunch.
Chairman.

Resoluciones de los comerciantes británicos en Cartagena.

Cartagena, 14 de agosto de 1834

Al Honorable
Lord Palmerston,
Uno de los secretarios de Estado principales de su Majestad
Londres

Su Señoría:

   En una reunión de comerciantes británicos sostenida en esta ciudad en el 6o. día del presente mes, de la cual fui elegido presidente, se adoptaron las resoluciones que se adjuntan. Tengo el honor de exponerlas ante su Señoría, y "solicitar respetuosamente que el gobierno de su Majestad se digne retirar de su actual cargo al procónsul de su Majestad Ayton, y nombrar a un representante inteligente sin conexión con el comercio, cuyo carácter proporcione la debida protección a los subditos de su Majestad residentes en la Nueva Granada, y a quien estos puedan mirar con respeto".

   Tengo el honor de ser
   El humilde servidor de su Señoría,

Robert Bunch.
Presidente.

   En una reunión de comerciantes británicos sostenida en este sexto día de agosto de 1834, presentes:

   Bunch y Co., Haffenden Souter y Co., Orford Grace y Co., Powles Illingworth y Co., Robert Bogler, George Watts.

   R. H. Bunch fue llamado a presidir y John D. Kinseller nombrado secretario.

Se propusieron y adoptaron las siguientes resoluciones:

RESUELTO:

   1o. Que la conducta general del señor Joseph Ayton, cónsul provisional de su Majestad británica en este puerto, en el ejercicio de sus deberes oficiales, nos ha convencido, en repetidas oportunidades, de su incapacidad para desempeñar un cargo de tanta responsabilidad, con honor para nuestro gobierno o con crédito para los residentes británicos.

   2o. Que esta reunión sólo se ha abstenido de solicitar respetuosamente, en oportunidad más temprana, el retiro del procónsul de su Majestad, por su falta de deseo de molestar al gobierno de su majestad con protestas, mientras existiera la esperanza de que se nos enviara un cónsul.

   3o. Que han sido tan frecuentes los motivos de queja, que nuestro silencio hubiera sido altamente culpable.

   4o. Que con el objeto de demostrar lo anterior, nuestra Asociación hará una recapitulación de algunas de las principales causas de nuestras protestas, para confirmar con evidencias la hipótesis de la incapacidad.

   1o. Mientras los buques de guerra franceses Hébé y Seine se encontraban en esta ciudad para reclamar a la persona del cónsul francés, A. Barrot, el comodoro, por un despacho oficial al gobernador, declaró sus intenciones de iniciar las hostilidades al atardecer del jueves 10 de octubre de 1833, si no se le proporcionaba una respuesta satisfactoria; que el día anterior, habiendo hecho el comodoro una comunicación por bandera de parlamento, supuestamente de naturaleza altamente interesante en tan alarmante crisis (como eventualmente lo fue), tanto al procónsul de su majestad como al cónsul de los Estados Unidos, todos sin excepción nos reunimos casualmente en casa del primero para solicitarle nos dejara conocer su contenido, lo cual se negó decididamente a hacer, y fue sólo por medio del cónsul de los Estados Unidos y un informe común, como averiguamos lo esencial; que, lejos de estar justificado el procónsul de su Majestad en ocultarla, existían sobradas razones para que instantáneamente la colocara ante nosotros, pues éramos los principales interesados. Es necesario mencionar además que, al tiempo de rechazar el procónsul de su Majestad nuestra solicitud de información, ofreció comunicarse con nosotros con respecto al asunto a las 10 del día siguiente; que, en consecuencia, algunos de nosotros nos encontramos en su casa a la hora nombrada, pero él no se encontraba allí ni en ningún momento posterior nos dio información sobre la materia.

   2o. Que el brig Serpent de su Majestad británica, habiendo sido enviado para nuestra protección por el oficial en comando de la Estación de Jamaica, el procónsul de su majestad Ayton, sin consultarnos, decidió enviarlo de regreso, y sólo se abstuvo de hacerlo como resultado de una reunión de nuestro grupo, la cual llegó a ciertas resoluciones fechadas el 12 de noviembre de 1833, una copia de las cuales se encuentra ahora ante nosotros y acompañará a la presente.

   3o. Que el procónsul de su Majestad Ayton, el 6 de mayo del presente año, sin justificación alguna demandó a un súbdito británico y comerciante residente ante un tribunal de esta ciudad, en virtud de un poder que le había conferido un extranjero, y que asumió en el Tribunal el carácter de, y se llamó a sí mismo, cónsul británico, como lo muestra el certificado del alcalde que tenemos ante nosotros, violando así sus deberes para con su gobierno y los subditos de éste.

   4o. Que el procónsul de su Majestad Ayton ha mostrado indiferencia ante los intereses por los cuales se le ha delegado velar, al permitir, en repetidas ocasiones, que los buques de guerra de su Majestad que no actúan como paquetes para este puerto, partan sin intimar su destino y hora de partida, privandonos así de valemos de las oportunidades que proporcionan en las comunicaciones.

   5o. Que al presidente de esta reunión se le ordene, como aquí se le ordena, transmitir estas resoluciones (por medio de su Excelencia el señor William Turner, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de su Majestad en Bogotá), al Honorable Lord Palmerston, uno de los secretarios de Estado principales de su Majestad, y solicitar respetuosamente que el gobierno de su Majestad se digne retirar de su actual cargo al procónsul de su Majestad Ayton, y nombrar a un representante inteligente sin conexión con el comercio, cuyo carácter proporcione la debida protección a los súbditos de su Majestad residentes en la Nueva Granada, y a quien estos puedan mirar con respeto.

   6o. Que al presidente de esta reunión se le ordene, como aquí se le ordena, transmitir por el canal apropiado una copia de estas resoluciones a su Excelencia el señor Turner, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de su Majestad en Bogotá, para información de su Excelencia.

   7o. Que se de el agradecimiento de esta reunión al Presidente por sus competentes servicios e imparcial conducta en el cargo.

Robert Bunch.
Presidente.
J. Kinseller.
Secretario.


Resolución de los comerciantes británicos en Cartagena.

   En una reunión de comerciantes británicos sostenida en este décimo segundo día de noviembre de 1833.

   R.H. Bunch fue llamado a la presidencia y Ramón J. Sánchez nombrado secretario.

   Las siguientes resoluciones fueron propuestas por el señor Boulton y secundadas por el señor Brush.

RESUELTO:

   1o. Que en este día hemos sabido que el señor Joseph Ayton, procónsul de su Majestad en este puerto, ha determinado despachar al brig de su Majestad Serpent a Kingston mañana.

   2o. Que teniendo en cuenta que el mencionado brig Serpent de su Majestad fue enviado aquí por el comandante de las Fuerzas Navales de su Majestad para la protección de los súbditos británicos y sus propiedades, juzgamos precipitada la determinación del procónsul de su Majestad, pues no se halla, en nuestra opinión, fundamentada en ninguna información positiva en cuanto a que el importante asunto en litigio entre las fuerzas francesas y este gobierno se haya solucionado de tal forma que se elimine la causa por la cual el Serpent fue enviado aquí.

   3o. Que el procónsul de su Majestad, considerando su deber, a la llegada del brig de su Majestad Serpent, consultar con nosotros sobre la necesidad de su permanencia, igualmente juzgamos su deber consultarnos sobre la conveniencia de despacharlo, pues sólo nosotros éramos la parte interesada, tanto entonces como ahora, en su detención.

   4o. Que en ausencia de toda información positiva por nuestra parte sobre las órdenes o intenciones del escuadrón francés, somos de la opinión que el brig Serpent de su Majestad debe seguir aquí.

   5o. Que sin intención de interferir en modo alguno con las prerrogativas del procónsul de su Majestad, o de darle órdenes, esta reunión respetuosamente le señala su opinión de que él no debe asumir el derecho de actuar en asuntos que afecten nuestros intereses locales, sin recibir nuestra opinión al respecto ni escuchar nuestros deseos y puntos de vista.

   6o. Que se transmita una copia de esta resolución al procónsul de su Majestad por parte del presidente.

   7o. Que se den las gracias de esta reunión al presidente por sus competentes servicios. Cartagena, ut supra.

(Firmado)
P. pro. Powles, Illingworth, Wills and Co., Giles Boulton.
Bunch and Co., J. A;. Brush.

Las resoluciones quinta, sexta y séptima fueron aceptadas por:

M. Dow all, A. Atkinson y Co., W. D. Atkinson.

Todas las resoluciones fueron aceptadas por:

J. D. Mitchel.

Todas las resoluciones, excepto la quinta, fueron aceptadas por:

Robert Bogle.

Todas las resoluciones fueron aceptadas por:

P. Pro. Oxford, Grice y Co., R. Sánchez.
J. Haffendon, Souter y Co., J. R. Cowan.
Needham Watts y Co.

Tres copias de las resoluciones originales.

R. M. Bunch. Presidente.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 351

Refusal of Granadian Government to afford compensation for violent acts of its agents without the sentence of a tribunal.

Bogotá, 25 September 1834

My Lord,

   I have the honour to transmit herewith to Your Lordship the copy of a note which I addressed to the Granadian Government in recommendation of a claim upon it of M r. Grice for the value of certain Brazil wood taken by force in 1830 out of the magazine of his correspondent in Rio Hacha by General Valdez, an officer of the Government then ruling in Bogotá, and a copy of the answer thereto returned by señor Pombo.

   The reply of this Government appears to me to involve a principle so vitally important to His Majesty's subjects trading or residing in this republic, that I think it my duty to lose no time in referring the subject to Your Lordship.

   Your Lordship will see that this Government declares that the claim of Mr. Grice must be referred to a Granadian Tribunal whose favourable sentence is indispensable before it can take any steps for making payment.

   This pretension appeared to me preposterous. I conceived that by the fundamental principles of civil Government, every Government is directly responsible for violent acts of its agents when satisfactory evidence is produced of their having committed spoliation and of the value of the property seized, and I am quite sure that no Englishman's interests can be safe in a country so frequently disturbed as this, if any subaltern officer with a dozen soldiers at his heels may enter his house to seize his effects, and no remedy be left to him but recourse to such Tribunals as those of New Granada, which are very unlikely to render justice to a foreigner at all, and whose sentence, even if just, will certainly be delayed for three years at least.

   Your Lordship will not think that I have overrated the improbability of justice from this Tribunals, when I inform you that in the very case of monsieur Dupuy, whom I cited in my note as having received from the Granadian Government the satisfaction which I claimed for Mr. Grice, the Fiscal of the Prefect of Carthagena pronounced in 1831 that he had no claim on the Government, having before him the same incontrovertible evidence of the spoliation and of the value of the property seized, which subsequently in 1833 induced the Granadian Congress to decree repayment.

   Intolerable as appeared to me the hardship of such a course to British subjects, I considered my right to remonstrate greatly increased by information I received from the French Chargé d'Affaires whom I consulted respecting the circumstances of the case of Mr. Dupuy. Your Lordship will observe that it is stated in señor Pombo's note that that claim was not entertained by the Granadian Government till it had been submitted to a Tribunal. Mr. Le Moyne informed me that it was true that Mr. Dupuy had in the first instance addressed himself to a Tribunal without the knowledge of the French Consul in Bogotá, to whom he did not refer his case till he had lost all hope of justice from the Granadian law. But that immediately on his so referring it, Mr. Martigny, the French Consul General (Mr. Le Moyne's predecessor) wrote to the Government here, insisting that a Tribunal had nothing to do with the matter and that the Government itself must give compensation, on sufficient evidence being tendered to it, for the wrong committed by its agent. This proceeding of Mr. Martigny was afterwards approved by the French Government, which added that however readily it might permit such claims of its subjects to be judged by law in other countries, it never would hear of their rights being made to depend on the sentence of Tribunals so ill organized and corrupt as those of New Granada.

   I called on the President and endeavoured to persuade him not to insist on asserting the principle and following the course announced in Mr. Pombo's enclosed note. I strongly represented to His Excellency the utter impossibility of His Majesty's Government acquiescing in such a proceeding, or of that of New Granada being permitted to escape from its direct responsibility by recurring to the shelter of its Tribunals. General Santander at first would give me no other answer than that such was the Granadian law which might be bad or good, but that he was appointed to enforce, and not empowered to alter it. His Excellency however appeared ultimately to be somewhat moved by the force of my remonstrances, and said he would talk over the subject with señor Pombo, who would communicate to me the ultimate decision in the course of 2 or 3 days.

   I accordingly called a few days after on that Minister, who told me that the Government had, when his note was written, thought it indispensable that Mr. Grice's claim should be backed by a sentence of a Tribunal, but that the President and himself had found on consideration that the Executive was authorized to take into consideration such claims as the present one of Mr. Grice by a special law of the Granadian Congress which empowered it to satisfy all losses incurred by parties who had suffered in the contest carried out in 1830 and 1831 for the reestablishment of the legitimate Government. That I was therefore to consider his reply to my note as intimating that Mr. Grice was called on, not to institute a law suit against the Government, and await the sentence of a Tribunal, but to submit evidence entirely conclusive and certified by the legal authorities of the place where his property had been seized. To this I said I could have no objection, supposing the evidence furnished by Mr. Grice to be incomplete, because I did not of course pretend that the Granadian Government should be bound to consider the representations of merchants sent through the Mission to be of themselves sufficient evidence of the justice of their claims without adequate confirmation. But would it not in this case be better that he should withdraw his note of the 16th ultimo and address to me another in which the course pointed out to Mr. Grice should be more clearly and explicitly stated. This I could not persuade señor Pombo to consent to, but he promised me to peruse attentively the documents enclosed in my note, and announce to me what further evidence, if any, the Granadian Government would require. This he has since done in writing.

   It is not therefore on the subject of the present claim that I need trouble Your Lordship; but señor Pombo declared that in general, and in all future cases of this kind, not excepted by the above law, the Granadian Government would pertinaciously persist in the principle of not consenting to take the claim into consideration, except it was either backed by the sentence of a Tribunal decreeing payment, or advanced by a foreign agent, in consequence of a Tribunal not having rendered justice.

   It is this declaration which has made me think it necessary to refer the question to Your Lordship. I repeat that if it be adhered to, no Englishman can feel his property to be safe in this country, because the Government (supposing the most favourable case of its honestly intending repayment) can at any time seize it for its use whenever it wants money at a pressing moment, and withhold payment for three or four years, even if judicially obliged to pay it at all. And as it is amongst a people like this, vitally important that so unjust a pretension should be combated ab initio, I have felt sure that Your Lordship would excuse my anxiety to be furnished beforehand with specific instructions for such a case. I have the honour to be, with the greatest truth and respect, My Lord, Your Lordship's Most obedient humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/104/fols. 114RH­126RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 351

Negativa del gobierno granadino de proporcionar compensación por los actos violentos de sus agentes sin la sentencia de un tribunal.

Bogotá, 25 de septiembre de 1834

Señor:

   Tengo el honor de transmitir a su Señoría la copia de una nota que dirigí al gobierno granadino parar recomendar una reclamación en su contra del señor Grice por el valor de cierto palo del Brasil tomado por la fuerza del almacén de su corresponsal en Río Hacha por el general Valdéz, oficial del gobierno entonces en el poder en Bogotá, y una copia de la respuesta a ella enviada por el señor Pombo.

   La contestación de este gobierno me parece encerrar un principio de importancia tan vital para los súbditos de su Majestad que comercian o residen es esta república, que considero mi deber no perder tiempo en la presentación del asunto a su Señoría.

   Su Señoría podrá observar que este gobierno declara que la reclamación del señor Grice debe remitirse a un tribunal granadino cuya sentencia favorable es indispensable antes de poder adoptar cualquier medida para realizar el pago.

   Esta pretensión me pareció ridicula. Yo creía que bajo los principios fundamentales del gobierno civil, todo gobierno es directamente responsable por los actos violentos de sus agentes cuando se ofrece evidencia satisfactoria de que aquellos han cometido un despojo, y del valor de la propiedad confiscada, y estoy muy seguro de que ninguno de los intereses de un inglés se hallarán seguros en un país tan frecuentemente perturbado como este, si cualquier oficial subalterno puede, con una docena de soldados detrás, entrar a su casa para decomisar sus efectos, sin que le quede otro remedio que recurrir a tribunales como los de la Nueva Granada, que muy probablemente no harán justicia en absoluto a un extranjero, y cuyas sentencias, aún si son justas, con toda certeza se demorarán tres años por lo menos.

   Su Señoría no pensará que exagero en cuanto a la improbabilidad de obtener justicia de estos tribunales, cuando sepa que precisamente en el caso de monsieur Dupuy, sobre quien he dicho en mi nota que recibió del gobierno granadino la satisfacción que reclamé para el señor Grice, el fiscal del prefecto de Cartagena declaró en 1831 que no tenía demanda alguna contra el gobierno, teniendo ante sí la misma evidencia incontrovertible sobre el despojo y sobre el valor de la propiedad retenida, que posteriormente, en 1833, indujo al Congreso granadino a decretar el pago.

   Intolerables como me parecían las dificultades de tal línea de conducta para los súbditos británicos, consideré que mi derecho de protestar se veía ampliamente aumentado por una información que recibí del Chargé d'Affaires francés, a quien había consultado con relación a las circunstancias del caso del señor Dupuy. Su Señoría observará que en la nota del señor Pombo se afirma que dicha reclamación no había sido tomada en consideración por el gobierno granadino hasta tanto se sometió a un tribunal. El señor Le Moyne me informó que fue cierto que el señor Dupuy se había dirigido en primera instancia al tribunal sin conocimiento del cónsul francés en Bogotá, a quien no había remitido su caso hasta cuando perdió toda esperanza sobre la justicia de la ley granadina. Pero que, inmediatamente lo remitió, el señor Martigny, cónsul general francés, (predecesor del señor Le Moyne), escribió a este gobierno señalando que un tribunal no tenía nada que ver con el asunto y que era el gobierno mismo el que debía otorgar compensación, al presentársele suficientes evidencias, por los errores cometidos por sus agentes. Esta actuación del señor Martigny fue luego aprobada por el gobierno francés, el cual agregó que aunque se encontraba dispuesto a permitir que las reclamaciones de sus súbditos fueran juzgadas por la ley en otros países, nunca consentiría en que sus derechos se hicieran depender de la sentencia de tribunales tan mal organizados y corruptos como los de la Nueva Granada.

   Fui a visitar al presidente y me esforcé por persuadirlo de no insistir en reafirmar el principio y seguir la línea anunciados en la nota adjunta del señor Pombo. Señalé enérgicamente a su Excelencia la total imposibilidad de que el gobierno de su Majestad condescendiera con tales actos, o que se permitiera al de la Nueva Granada escapar de su responsabilidad directa recurriendo al abrigo de sus tribunales. El general Santander no me respondió al principio otra cosa sino que esa era la ley granadina, que podía ser buena o mala pero que él había sido elegido para ponerla en vigencia y no tenía el poder de alterarla. Sin embargo, su Excelencia pareció al fin conmoverse por la fuerza de mis protestas, y dijo que hablaría sobre el asunto con el señor Pombo, quien me comunicaría la decisión final en el curso de dos o tres días.

   De acuerdo con ello, visité pocos días más tarde a dicho ministro, quien me dijo que el gobierno había juzgado indispensable, cuando escribió su nota, que la reclamación del señor Grice estuviera respaldada por la sentencia de un tribunal, pero que tanto el presidente como él mismo habían encontrado, al estudiarla, que el Ejecutivo estaba autorizado a tomar en consideración reclamaciones como la presente del señor Grice, por una ley del Congreso granadino que lo facultaba para satisfacer todas las pérdidas sufridas por las partes afectadas en la contienda de 1831 y 1832 por el restablecimiento del gobierno legítimo. Que por consiguiente yo debía considerar que su respuesta a mi nota daba a entender que se invitaba al señor Grice no a entablar un pleito contra el gobierno y esperar la sentencia del tribunal, sino a presentar evidencias enteramente concluyentes y certificadas por las autoridades legales del lugar donde su propiedad había sido incautada. A ello, señalé, no tenía yo ninguna objeción, asumiendo que la evidencia presentada por el señor Grice estuviera incompleta, porque desde luego yo no podría pretender que el gobierno granadino estuviera obligado a estimar que las representaciones de los comerciantes remitidas por intermedio de la Misión fueran por sí mismas suficiente evidencia de la justicia de sus reclamaciones sin confirmación adecuada. Pero que si no sería mejor en este caso que él retirara su nota del 16 último y me dirigiera otra en la cual el curso de acción señalado al señor Grice fuera expuesto más clara y explícitamente. No logré persuadir al señor Pombo de consentir con ello, pero me prometió examinar atentamente los documentos que acompañaban a mi nota, y avisarme sobre las evidencias adicionales, si las había, requeridas por el gobierno granadino. Esto lo ha hecho, desde entonces, por escrito. No es por consiguiente la presente reclamación el objeto por el cual incomodo a su Señoría; pero el señor Pombo declaró que, en general, y en todos los futuros casos de este género no exceptuados por la mencionada ley, el gobierno granadino persistiría firmemente en el principio de no consentir en tener en cuenta la reclamación, excepto cuando estuviera respaldada por la sentencia de un tribunal decretando el pago, o fuera adelantada por un agente extranjero cuando un tribunal no hubiere hecho justicia.

   Esta declaración me ha hecho pensar en la necesidad de someter la cuestión a su Señoría. Repito que si se adhiere a ella, ningún inglés podrá sentir su propiedad segura en este país, pues el gobierno (suponiendo el caso más favorable de que tuviera la honesta intención de pagar) puede confiscarla en cualquier momento para su beneficio cuando necesite dinero en un momento crítico, y retener el pago durante dos o tres años, aún estando obligado judicialmente a hacer el pago. Y como entre gente como ésta es de importancia vital combatir tan injusta pretensiones ab initio, me he sentido seguro de que su Señoría sabrá perdonar mi ansiedad de que se me suministren de antemano instrucciones específicas para este caso.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/104/fos. 114RH­126RH.

ANEXOS

1. Copy of a note from Mr. Turner to señor Pombo.

British Legation

Bogotá, 5 July 1834

   The undersigned, etc., has the honour to submit to His Excellency señor Pombo, etc., herein the claim of Mr. Grice, a British merchant resident in Carthagena, on the Granadian Government for payment of the value of a certain quantity of Brazil wood belonging to him and left in the possession of señor Barros, from whose magazines it was forcibly taken by General Valdez in November 1830.

   The details of the case are amply stated in my enclosed copy of a letter addressed by Mr. Grice and in two legal documents which are annexed thereto1. As the two latter are original documents, the undersigned requests that señor Pombo will have the goodness to return them to him after the Granadian Government shall have satisfied itself of their authenticity and possessed itself of the evidence which they contain.

   The undersigned begs to add that he has called on Mr. Grice to furnish himself with satisfactory proof that the quantity of wood seized was of the same amount as that which he claims ­viz 69 tons in lieu of 60 3/4 tons which in the enclosed documents are stated to have been seized by General Valdez­, and that that gentleman has engaged to send him such proof from Carthagena immediately on his arrival there.

   Satisfaction has already been granted by the Government and sanctioned by the Legislature of New Granada for a claim exactly similar to that of Mr. Grice, which was advanced last year by the French Chargé d'Affaires and finally settled by a law of Congress of 2 June 1833, which law decreed that Mr. Dupuy should be paid for the Brazil wood taken from him at the rate of 30 dollars per ton together with the commission of five per cent on the amount of property seized, and interest on the sum at the rate of five per cent per annum. The undersigned therefore feels entirely confident that the Granadian Government will not hesitate to afford compensation to Mr. Grice for his loss in the same manner and on the same terms as it has granted to Mr. Dupuy.

   The undersigned avails himself, etc.,

(Signed)
W. Turner.


NOTE
1Not included in this volume.

1. Copia de una nota del señor Turner al señor Pombo.

Legación Británica

Bogotá, 5 de julio de 1834

   El infrascrito, etc., tiene el honor de presentar a su Excelencia el señor Pombo, el reclamo del señor Grice, comerciante británico residente en Cartagena, contra el gobierno colombiano, por el pago del valor de cierta cantidad de palo Brasil que le pertenecía y había sido dejado en posesión del señor Barros, de cuyos depósitos fue tomado por la fuerza por el general Valdéz en noviembre de 1830.

   Los detalles del caso se encuentran ampliamente descritos en la copia adjunta de una carta dirigida por el señor Grice y en dos documentos legales anexados a ella1. Como los dos últimos son documentos originales, el infrascrito solicita que el señor Pombo tenga la bondad de regre­sárselos luego de que el gobierno granadino se haya satisfecho de su autenticidad y posesionado de la evidencia que ellos contienen.

   El infrascrito desea agregar que ha visitado al señor Grice para proporcionarse una prueba satisfactoria de que la cantidad de madera confiscada corresponde a la que él reclama ­a saber, 69 toneladas, en lugar de las 60 3/4 que en los documentos adjuntos se declara haber sido incautadas por el general Valdéz­, y que dicho caballero se ha comprometido a enviarle dicha prueba desde Cartagena inmediatamente después de su llegada allí.

   El gobierno ha otorgado ya satisfacción, sancionada por la Legislatura de la Nueva Granada, por una reclamación exactamente similar a la del señor Grice, adelantada el año pasado por el Chargé d'Affaires francés, y finalmente cancelada por una ley del Congreso de 2 de junio de 1833, la cual decretó que se debía pagar al señor Dupuy el palo Brasil que se le había confiscado, a una tasa de 30 dólares por tonelada, junto con la comisión del cinco por ciento sobre el monto de la propiedad incautada, e intereses sobre la suma total a una tasa de cinco por ciento anual. El infrascrito, por consiguiente, confía enteramente en que el gobierno granadino no dudará en proporcionar compensación al señor Grice por su pérdida, de la misma manera y en los mismos términos en que se la ha otorgado al señor Dupuy.

   El infrascrito se vale, etc.,

(Firmado)
W. Turner.


NOTA
1No se incluyen en este volumen.

2. Copia de la respuesta del señor Pombo a la nota del señor Turner del 16 de julio de 1834.

República de la Nueva Granada
Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores.

Bogotá, 16 de julio de 1834

   El infrascrito, etc., tiene la honra de dirigirse a su Excelencia el señor Turner, etc., participándole que habiendo sometido a la consideración del presidente la solicitud de su Excelencia a favor del señor Grice para que se le haga una indemnización por cierta cantidad de palo Brasil de que fue despojado en 1830 por el general Valdéz, se le ha participado por la secretaría de Hacienda la resolución siguiente:

   "Con arreglo al tratado celebrado entre Colombia y la Gran Bretaña (artículo 2o., página 238), los comerciantes y traficantes de cada una de las dos naciones deben gozar la más completa protección y seguridad para su comercio, estando siempre sujetos a las leyes y estatutos del país respectivamente, con arreglo al celebrado entre Colombia y los Estados Unidos (artículo 10, página 148), están abiertos los tribunales de justicia para que los ciudadanos de las dos naciones puedan introducir sus recursos. En consecuencia, pues, de este principio, de que los ciudadanos granadinos intentan en casos semejantes al en que puede hallarse el señor Grice, sus acciones ante los tribunales y juzgados, y de que todavía este no ha usado del derecho que puede tener a una indemnización, ante los mismos juzgados y tribunales, declara el Gobierno que no debe intervenir por ahora en este negocio, sin que pueda alegarse en contrario el ejemplo del señor Dupui, subdito francés, porque cuando el Poder Ejecutivo convino en una transacción que sometió a la aprobación del Congreso fue después que el interesado había ocurrido a los tribunales del antiguo departamento del Magdalena, los cuales no habían administrado pronto debida justicia; y porque siendo la cantidad ilíquida, el ministro francés propuso que se fijara por medio de la tasación".

   En 8 del corriente el infrascrito comunicó a su Excelencia el señor Turner que había pedido al señor secretario de Hacienda el pronto despacho de este negocio, y cuyo resultado ha sido la precedente resolución, la que transmite al señor ministro, renovándole las seguridades de perfecta consideración, etc.,

(Firmado)
Lino de Pombo.


MR. TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 371

Acknowledges Lord Palmerston's Dispatch No. 7 on His Majesty's letter announcing the birth of a Princess.

Bogotá, 2nd October 1834

My Lord,

   I have the honour to acknowledge Your Lordship's dispatch No. 7 of the 16th July last, in conformity to the instruction contained in which I shall continue to preserve silence on the subject of His Majesty's letter to the President of Colombia, announcing the birth of a Princess to Her Royal Highness the Duchess of Cambridge.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 104/p. 163RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 371

Acusa recibo del despacho No. 7 de lord Palmerston sobre la carta de su majestad anunciando el nacimiento de una princesa.

Bogotá, 2 de octubre de 1834

Señor:

   Tengo el honor de acusar recibo del despacho No. 7 de su Señoría del 16 de julio pasado, y de conformidad con la instrucción en él contenida continuaré gardando silencio sobre el tema de la carta de su Majestad al presidente de Colombia, anunciando el nacimiento de una princesa de su alteza real la duquesa de Cambridge.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 104/fos. 163RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 411

Renewed attempt of General Sardá to effect a revolution, and death of that officer.

Bogotá, 30 October 1834

My Lord,

   I had the honour to inform Your Lordship in my dispatch No. 31 of last year, of the escape of General Sardá from prison a few days before that appointed for his execution.

   The Government, feeling convinced that the fugitive was concealed in this capital, has from time to time instituted a rigourous search for him, but without any other satisfactory result than that of annoying some of its political opponents, by vexatious domiciliary visits. It however appears that he has for the last year been concealed in a comfortable hiding place by a woman of Bogotá whose house is within a short distance of the President's palace. The Government has within the last month received certain notice that he was planning another revolution. This information was furnished to it by two officers of the liberal party who, in concert with the authorities, expressed violent discontent against the present Administration, and professed a wish to join in the attempt to overthrow it. Sardá fell into the snare, admitted the officers to an interview with him, and told them the whole of his plans, which they betrayed to the Executive. The day before yesterday was the period fixed for the attack. On the evening of the 22nd instant General Santander sent them with concealed pistols to visit Sardá as if to consult with him respecting the completion of the preparations, when they fulfilled the President's instructions by shooting him dead, and a guard brought away his corpse which was exposed to the public view in the square on the following morning. Five or six young officers whom he had succeeded in gaining over were arrested at the same time, and are waiting their trial. The above measures were executed so speedily that the general tranquillity was in no wise disturbed. The Government professes an intention not to inquire closely into the ramifications of the plan (which are said to be so extensive as to denote a generality of discontent such as it is unwilling to disclose), but to content itself with the punishment of the accomplices already arrested. It has perhaps discovered that extensive bloodshed is not an infallible preventive of revolutionary disturbance, and is probably alarmed by the ease with which its principal enemy so long baffled its pursuit.

   The mode however of which General Santander has availed himself to get rid of his assailant, has excited general disgust against him. Accustomed as this people are to bloodshed, they yet like to see the vengeance that awaits the unsuccessful conspirator inflicted under the shadow of the law, and are crying out loudly against a proceeding which has given to the execution of a legal sentence the character of personal assassination. And the fanatics (who form no small part of this population) are horrified at seeing the victim hurried to the grave without the tender of religious consolation.

   The Government prints represent the two executioners as patriots who are entitled to the gratitude of their countrymen as well as to the reward and promotion which is understood to have been promised to them, and loudly proclaim (as indeed they have been doing throughout the last year) that the present Government is too deeply rooted in the affections of the Granadians to have any thing to fear from such or any attempts at its overthrow. But the public, with the exception of a few exalted liberals, neither echo the eulogism nor partake the confidence, and I share with it the belief that the present success has only tended to silence for the moment many a discontented spirit, which will vigilantly and patiently watch the opportunity of exciting future disturbance.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 104/fos. 204RH­207RJL

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 411

Nueva tentativa del general Sarda de efectuar una revolución, y muerte de ese oficial.

Bogotá, 30 de octubre de 1834

Señor:

   Tuve el honor de informar a su Señoría en mi despacho No. 31 del año pasado, acerca del escape del general Sardá de la prisión pocos días antes del fijado para su ejecución.

   El gobierno, convencido de que el fugitivo estaba oculto en esta capital, emprende de vez en cuando rigurosas búsquedas de él, pero sin ningún otro resultado satisfactorio que molestar a algunos de sus oponentes políticos por medio de vejatorias visitas domiciliarias. Parece, sin embargo, que fue ocultado durante el año pasado en un cómodo escondite por una mujer de Bogotá cuya casa se halla a poca distancia del palacio del presidente. Hace menos de un mes el gobierno recibió la noticia de que planeaba otra revolución. Esta información le fue proporcionada por dos oficiales del partido liberal quienes, en concierto con las autoridades, expresaron su violento descontento con la presente Administración, y manifestaron su deseo de unirse al intento para derrocarlo. Sardá cayó en la trampa, aceptó que los oficiales tuvieran una entrevista con él y les refirió la totalidad de sus planes, los cuales estos revelaron al Ejecutivo. Se fijó el día de anteayer para el ataque. En la noche del pasado 22, el general Santander los envió con pistolas ocultas a visitar a Sardá, fingiendo ir a consultar con él sobre la finalización de los preparativos, y en cumplimiento de las instrucciones del presidente le dispararon dándole muerte; un guardia retiró el cuerpo, que fue expuesto a la vista pública en la plaza a la mañana siguiente. Cinco o seis jóvenes oficiales a quienes había logrado ganarse fueron arrestados al mismo tiempo, y esperan juicio. Las anteriores medidas se ejecutaron con tanta rapidez que no se perturbó en modo alguno la tranquilidad general. El gobierno tiene la intención de no indagar detenidamente sobre las ramificaciones del plan (sobre las cuales se afirma que son tan extensas como para denotar un descontento generalizado que no está deseoso de revelar), sino que se conformará con el castigo de los cómplices ya arrestados. Tal vez ha descubierto que un extenso baño de sangre no es un preventivo infalible de la perturbación revolucionaria, y probablemente se encuentra alarmado por la facilidad con la cual su enemigo principal ha logrado hasta ahora entorpecer la persecución.

   El modo, sin embargo, del cual se ha valido el general Santander para deshacerse de su agresor ha producido disgusto general en su contra. Acostumbrada como se encuentra esta gente a los baños de sangre, sin embargo quieren ver la venganza que aguarda al fracasado conspirador infligida bajo la sombra de la ley, y vociferan contra un procedimiento que ha dado a la ejecución de una sentencia legal el carácter de un asesinato personal. Y los fanáticos (que conforman una parte nada pequeña de esta población), están horrorizados al ver que la víctima era llevada apresuradamente a la tumba, sin habérsele tendido el consuelo religioso.

   La prensa del gobierno representa a los dos verdugos como patriotas con derecho a la gratitud de sus conciudadanos, así como a la recompensa y promoción que según se entiende se les ha prometido, y proclama ruidosamente (como en verdad lo estuvo haciendo durante todo el año pasado) que el actual gobierno se encuentra demasiado arraigado en el afecto de los granadinos, como para tener nada que temer de este u otros intentos para derrocarlo. Pero el público, con excepción de unos pocos exaltados liberales, no hace eco del elogio ni participa de la confianza, y yo comparto con ellos la creencia de que el éxito presente sólo ha llevado a silenciar por el momento a los muchos espíritus descontentos, que esperarán vigilante y pacientemente la oportunidad de promover futuros disturbios.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 104/fos. 204RH­207RH.

WILLIAM TURNER TO J. BACKHOUSE ESQUIRE1

Answer to Mr. Backhouse's circular requiring proportion of alloy in current coins of New Granada.

Bogotá, 27 November 1834

Sir,

   On receipt of your circular of 5 December of last year, instructing me "to transmit a return of the proportion of alloy in the current coin of the states to which I am accredited", I foresaw that I should not find it easy to obtain from this Government the information called for by that dispatch. My anticipation was fully realized. For after having more than once verbally pressed señor Pombo to favour me with an answer to the note which I had addressed to him on the subject, that Minister at length confidentially confessed to me that the Granadian Government felt great difficulty and delicacy in furnishing me with the information I requested. You will readily admit that that difficulty is natural when informed that this Government in its silver coinage was for seven years guilty of a positive violation of its own laws. Up to October of last year, all the silver coinage of Colombia was adulterated to the amount of about 50 per cent; and a decree of Congress of 14th March 1826 enacts that all silver money above rials coined after its date shall be of the same weight and fineness as that issued by the Spanish Government up to the year 1811. So well were the successive governments here aware of this violation of the law, that all the silver dollars and pesetas annually coined in the Mint of Bogotá bore only the date of 1821 or of a previous year up to the period of October 1833, when (as stated in my dispatch No. 32 of last year) a dollar was, and still continues to be, coined equal in fineness to that enacted by the law of March 1826. But the smaller silver coin still continued and continues to be adulterated to the amount above stated, and of the new dollars of the standard of those of October 1833 only enough are coined to pay for the silver furnished to the Mint by the Colombian Mining Association. The Government indeed talks of issuing a coinage of these latter for circulation to the amount of 60.000 or 80.000 dollars. But so far from thinking that the state of its finances is flourishing enough to do this, I doubt whether it will long be able to continue the coinage of a sufficiency to pay the Association. It is indeed evident to every body but the Granadian Government that it is impossible for a State to keep in circulation a good and a bad coinage at the same time.

   Under these circumstances I see no other means of transmitting the information called for in your dispatch than by sending specimens of the different coins in circulation, with the exception of the ounce (gold coin of 16 dollars) of which I enclose accurate assays made by the agents of the Colombian Mining Association. The assay in the Royal Mint of those which I send will, I doubt not, furnish more accurate information that this Government could have given me if it would.

   The weight of the coin (owing to the imperfection of the machinery and unskilfullness of the coiners) differs so much that I send two specimens of the dollars issued before October 1833 as well as one of those of the standard of the dollar of that date. Of the dollars issued before that date the master of the Mint here assures me there are no means of exactly ascertaining the year, all of them having been, as I have stated, indiscriminately dated 1821 or a previous year. I likewise send two of each of the other coins: one specimen of three coins (the Escuda, the rial and the quartillo) is from the Mint of Popayán and the other from that of Bogotá. The gold and silver dollars, pesetas and medios are both of this capital, as coins of that denomination have hardly ever been coined in Popayán.

   In the Bogotá Gazette of the 16th instant is published the President's official rejection, addressed to Congress on 13 June last, of a legislative decree authorising the Executive to raise in or out of New Granada a loan of 200.000 dollars (£40.000) for the purpose of calling in the present and issuing a purer silver coinage. The objection to the law is founded on the want of capitalists in the Republic able to advance such a sum, and on the impossibility of raising it by loan abroad owing to the state of the credit of New Granada, which is stated in the President's above objecting message, to be at so low an ebb, that even the small loan ($ 6.600 = £ 1.320) which was borrowed by the Government on His Excellency's assumption of it in 1832, was contracted more on his personal credit than on that of the State. The President suggests another source of difficulty beside the above. The amount of the small money of inadequate standard coined in Bogotá and Popayán in pursuance of the laws of 1826 and 1827 is stated at 643.765 dollars; the expense to the State of reducing this amount of coin to a pure standard is computed at 269.089 dollars, and as it is stated that only 40.235 dollars in silver can be coined annually, the operation would occupy a great length of time, during which there would result an obstruction to internal trade and a loss to individuals of which the enemies of the Government would not fail to avail themselves for the purpose of exciting disturbance.

   With respect to the other two states of the late Republic of Colombia, I have only to report that Venezuela has not as yet issued any coinage of her own, and that the disturbed state of the Equator has since the beginning of the present year prevented my communicating with His Majesty's Consul in Guayaquil. Strange to say this latter officer must now find it easier to correspond directly with London than with Bogotá. If therefore, as I think may be probable, your circular were addressed to him, you may speedily receive an answer from himself.

   I have the honour to be,
   Sir,
   Your most obedient
   humble servant,

W. Turner.

   P. S. I ought perhaps to add that there is in this country an old money of various denominations and value, called Chimbo or Macuquina, coined in the time of the Spaniards. It has lost by wear its shape and much of its substance. I have not included it among the coins sent, because it passes in commercial payments only at a discount of from 3 to 5 per cent, and this Government is making gradual efforts to withdraw it from circulation and recoin it.

W. T.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/104/fos. 220RH­227LH.

WILLIAM TURNER A J. BACKHOUSE ESQUIRE1

Respuesta a la circular del señor Backhouse preguntando sobre la proporción de la aleación en las monedas que circulan en la Nueva Granada.

Bogotá, 27 de noviembre de 1834

Señor:

   Al recibir su circular del 5 de diciembre del año pasado, instruyendome para "transmitir una relación de la proporción de aleaciones en la actual moneda de los estados ante los cuales estoy acreditado", preví que no encontraría fácil obtener de este gobierno la información solicitada en dicho despacho. Mi predicción tuvo realización completa. Luego de haber urgido verbalmente más de una vez al señor Pombo para que me favoreciera con una respuesta a la nota que le había dirigido sobre la materia, dicho ministro por fin me confesó de modo confidencial que el gobierno granadino tenía gran dificultad y veía muy delicado proporcionarme la información que solicitaba. Usted podrá apreciar de inmediato que esa dificultad es natural, al informarle que en su acuñación de plata, este gobierno fue culpable durante siete años de una violación positiva de sus propias leyes. Hasta octubre del año pasado toda la acuñación de plata de Colombia era adulterada hasta una proporción de cerca del 50 por ciento; y un decreto del Congreso del 14 de marzo de 1826 ordenó que toda moneda de plata superior a los reales acuñados a partir de esa fecha, debía tener el mismo peso y finura que la emitida por el gobierno español hasta el año de 1811. Los sucesivos gobiernos eran tan conscientes de esta violación de la ley, que todos los dólares de plata y las pesetas acuñadas anualmente en la Casa de Moneda de Bogotá llevaban sólo la fecha de 1821 o de un año anterior, hasta octubre de 1833, cuando se acuñaba (como se afirma en mi despacho No. 32 del año pasado), como sigue siéndolo, con igual fineza a la establecida por la ley de marzo de 1826. Pero la moneda de plata más pequeña continuaba, y aún continúa, siendo adulterada en la proporción señalada arriba, y de los nuevos dólares del patrón de los de octubre de 1833 sólo se acuñan suficientes para pagar la plata que proporciona a la Casa de Moneda la Colombian Mining Association. El gobierno, en verdad, habla de emitir una acuñación de estos últimos para circulación, por una suma de 60.000 u 80.000 dólares. Pero hasta ahora, estoy lejos de pensar que el estado de sus finanzas florezca suficientemente para hacerlo, y dudo que pueda seguir durante mucho tiempo la acuñación de una cantidad suficiente para pagar a la Asociación. Es en realidad evidente para todo el mundo, menos para el gobierno granadino, que es imposible para un estado mantener en circulación una acuñación buena y una mala al mismo tiempo.

   Bajo estas circunstancias no veo otro medio de transmitir la información solicitada en su despacho, que enviando ejemplares de las diversas monedas en circulación, con excepción de la onza (moneda de oro de 16 dólares), de la cual adjunto ensayes exactos hechos por los agentes de la Colombian Mining Association. El ensayo en la Real Casa de Moneda de los que envío proporcionará, no lo dudo, información más precisa que la que me habría dado este gobierno, si lo hubiera hecho.

   El peso de la moneda (debido a la imperfección de la maquinaria y a la impericia de los acuñadores) difiere tanto que envío dos muestras de los dólares emitidos antes de octubre de 1833, así como una del patrón del dólar de esa fecha. En cuanto a los dólares emitidos antes de ese momento, el director de la Casa de Moneda me asegura que no hay manera de determinar con exactitud el año, por haber sido todos ellos, como he afirmado, fechados indiscriminadamente en 1821 o en un año anterior. Así mismo, envío dos de cada una de las otras monedas: un ejemplar de las tres monedas (el escudo, el real y el cuartillo) es de la Casa de Moneda de Popayán y el otro de la de Bogotá. Los dólares de oro y plata, pesetas y medios, son ambos de esta capital, pues en Popayán nunca se han acuñado monedas de esa denominación.

   En la Gaceta de Bogotá del pasado 16 se publica el rechazo oficial del presidente, dirigido al Congreso el 13 de junio pasado, de un decreto legislativo autorizando al Ejecutivo a obtener, dentro o fuera de la Nueva Granada, un préstamo de 200.000 dólares (£ 40.000) con el propósito de retirar de circulación la actual acuñación y emitir una moneda de plata más pura. La objeción a la ley se fundamenta en la falta de capitalistas capaces de prestar tal suma, y en la imposibilidad de obtenerla por medio de un préstamo en el extranjero debido al estado del crédito de la Nueva Granada, el cual, según la declaración del presidente en el mensaje de objeción arriba mencionado, se encuentra en un punto tan bajo que aún el pequeño préstamo ($6.600 = £ 1.320) hecho por el gobierno al asumir su Excelencia en 1832, se contrató más sobre su crédito personal que sobre el del Estado. El presidente señala otra fuente de dificultades aparte de las anteriores. La suma de la moneda pequeña de patrón inadecuado acuñada en Bogotá y Popayán en cumplimiento de las leyes de 1826 y 1827 se señala en 643.765 dólares; el gasto del Estado para reducir esta suma a un patrón puro se calcula en 269.089 dólares, y teniendo en cuenta la afirmación de que solamente pueden acuñase 40.235 dólares en plata anualmente, la operación ocuparía una enorme cantidad de tiempo, durante la cual se produciría una obstrucción al comercio interno y una pérdida para los individuos, de las cuales los enemigos del gobierno no dejarán de valerse con el propósito de incitar a disturbios.

   Con respecto a los otros dos estados de la antigua República de Colombia, sólo tengo que informar que Venezuela no ha emitido todavía su propia moneda, y que los trastornos en el estado del Ecuador han impedido mi comunicación con el cónsul de su Majestad desde principios del presente año. Sorprende decir que este último funcionario debe encontrar actualmente más fácil la correspondencia directa con Londres que con Bogotá. Por consiguiente, si, como lo creo probable, su circular se dirigiera a él, podría usted recibir una respuesta rápidamente de él mismo.

   Tengo el honor de ser,
   Señor,
   Su más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.

   P. S. Debo tal vez añadir que existe en este país una vieja moneda de varias denominaciones y valor, llamada Chimbo o Macuquina, acuñada en el tiempo de los españoles. Ha perdido su forma y gran parte de su sustancia debido al uso. No la he incluido entre las monedas enviadas, pues en los pagos comerciales solamente se acepta con un descuento de 3

   al 5 por ciento, y el gobierno se halla haciendo esfuerzos graduales para retirarla de circulación y hacer una nueva acuñación.

W. T.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/ 104/fos. 220RH­227LH.

ANEXO

Assays of 4 ounces current in New Granada.

Quintales Grains Ochavo
Carats, 1 5/8 grains.
Standard of a Popayán ounce of 1830 20 1 5
or containing by assay
in a thousand parts of gold 851
or silver 076
of alloy 073    
1.000
           
Carats, 3 6/8 grains.
Standard of a Popayán ounce of 1832 20 3 6
or containing by assay
in a thousand parts of gold 872
or silver 086
of alloy 042    
1.000
           
Carats, 3 5/8 grains.
Standard of a Bogotá ounce of 1832 20 3 5
or containing by assay
in a thousand parts of gold 871
or silver 112
of alloy 017    
1.000
           
Carats, 3 2/8 grains.
Standard of a Bogotá ounce of 1831 20 3 2

   List of coins accompanying Mr. Turner's dispatch of 27 November 1834.

   (The numbers refer to these marked on the papers in which the coins are wrapped).

Of Bogotá

No. 1. A Gold Escuda = 2 dollars
       2. Two Gold Dollars
       3. A Silver Dollar
       4. A Silver Dollar
       5. A Silver Dollar of the standard of those of October 1833.
       6. Two pesetas — 1 Peseta = 1 /4 of a dollar or two rials
       7. A Rial = 1/8 of a dollar
       8. A Rial = 1/8 of a dollar
       9. Two Medios — 1 medio = 1/2 of a rial
       10. A Quartillo = 1/4 of a Rial

Of Popayán

       1. A Gold Escuda = 2 dollars
       2. A Rial = 1/8 of a dollar
       3. A Quartillo = 1/4 of a rial

Ensayes de 4 onzas corrientes en la Nueva Granada.

Quintales Granos Ochavo
Quilates, 1 5/8 grains.
Patrón de una onza de Popayán de 1830 1830 20 1 5
o un contenido por ensaye
en mil partes de oro 851
de plata 076
de aleación 073    
1.000
           
Quilates, 3 6/8 granos.
Patrón de una onza de Popayán de 1832 20 3 6
o con un contenido por ensaye
en mil partes de oro 872
de plata 086
de aleación 042    
1.000
           
Quilates, 3 5/8 granos.
Patrón de una onza de Bogotá de 1832 20 3 5
o un contenido por ensaye
en mil partes de oro 871
de plata 112
de aleación 017    
1.000
           
Quilates, 3 2/8 granos.
Patrón de una onza de Bogotá de 1831 20 3 2

   Lista de monedas que acompañan el despacho del señor Turner de 27 de noviembre de 1834.

   (Los números se refieren a los marcados en los papeles en los cuales están envueltas las monedas).

De Bogotá

No. 1. Un escudo de oro = 2 dólares
       2. Dos dólares de oro
       3. Un dólar de plata
       4. Un dólar de plata
       5. Un dólar de plata del patrón de los de octubre de 1833
       6. Dos pesetas — 1 peseta = 1 / 4 de dólar o dos reales
       7. Un real = 1/8 de dólar
       8. Un real = 1/8 de dólar
       9. Dos medios — 1 medio =1/2 real
       10. Un cuartillo = 1/4 de real

De Popayán

       1. Un escudo de oro = 2 dólares
       2. Un real = 1/8 de dólar
       3. Un cuartillo = 1/4 de real.


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 451

Continuance of civil war in the Equator. State of affairs in Bogota. Bogotá, 25 December 1834 My Lord,

   I have for some time forborne from reporting to Your Lordship the progress and direction of the civil dissensions which are raging in the State of the Equator. My silence has arisen from the difficulty of obtaining information sufficiently authentic to admit of an official report being founded on it.

   This Government, instead of having observed a politic mentality which would have ensured it the confidence of both parties and the friendship under all contingencies of that which might ultimately triumph, has with the blindness which usually attends a strong political bias, shown itself a decided partisan of the Equatorian faction opposed to the President, General Flores, and acknowledged the Government established by it in Quito. One consequence of this partiality is that it perverts all the intelligence it receives from the South to its earnest purpose of showing that General Flores has no chance of success, and therefore all the news from the Equator published in the Bogotá Gazette excites a general distrust, which I have no means of clearing up as I am still, owing to the obstruction of the roads, without later intelligence from His Majesty's Consul in Guayaquil that his letter of 25 January last.

   Another consequence of the partial conduct of the Granadian Government has been that it has deprived itself of all useful influence over the contending parties for the present, and that it has ensured to itself a decided enemy if one of them get the better. The former effect has been clearly shown by a positive refusal on the part of Flores and Rocafuerte's party, of its offered mediation, on the declared ground that its proved adherence to the opposite party left no hope of impartial justice. The offer and refusal were published in the Bogotá Gazette of the 30th ultimo. The motives and the inconsistency of this Government, which is perpetually talking on the necessity of observing fixed principles and enforcing the laws, is clearly shown by its constant reproaches of Rocafuerte for not assisting Valdivieso to banish Flores instantly from the country, although the constitution of the Equator, as well as that of New Granada, forbids that any man shall be so banished without a regular trial and sentence.

   The above consequences might, though they created embarrassment for a time, have been ultimately compensated by the triumph of the party which this Government has countenanced. But from all that I can learn, this does not seem likely to be the case.

   Your Lordship may perhaps have seen expressed in Señor Pombo's note to me of the 27th October last (enclosed in my late dispatch No. 39) in answer to my requisition on behalf of the bondholders, a feeling of satisfaction at the political changes which had taken place in the Equator. When this was written, señor Valdivieso, the opponent of Flores, had been elected provisional head of the Government in Quito, and appeared to be receiving such general support from the people, that a confident hope was entertained of his either overpowering Flores and Rocafuerte united, or detaching the latter from his recent alliance with the former. This hope seems now to have vanished. The motives, in this country so irresistible, of personal ambition or gain, have widened the breach between Rocafuerte and Valdivieso. Very angry letters have passed between them, and they have been engaged in actual hostilities against each other. Whilst the sordid character of Valdivieso has rendered him so unpopular in Quito that he is said to be actually trembling for his personal safety on account of internal enemies as well as of an expected attack from General Flores. It does not therefore at present appear improbable that the tide may turn in favour of Flores now that he is backed by Rocafuerte, but whichever party gets the better the contest must still be prolonged for some time, and its disastrous effects in inflaming political hostilities and in obstructing agriculture and trade, must be felt by the Equator for many years to come.

   We continue to enjoy tranquillity here; but general poverty exists and is increasing to such an extent that only articles of the most rigorous necessity can find a price in the markets, and all of these not always, for even here in the capital (which is less distressed than the provinces) the producers are frequently seen carrying and driving back their corn and cattle which they have brought to market from considerable distances, because they cannot obtain for them a remunerating price. The military every where, and the civil employés in the capital, are indeed regularly paid, because this is the principal object to which the Government for the sake of ensuring supporters, appropriates the revenue. But the civil employés in the provinces are left greatly in arrears, and complain loudly of the partiality shown to their brethren in and near Bogotá. The conduct too of the President is little calculated to gain him respect or esteem. I acquainted Your Lordship in my late dispatch No. 41 of the illegal and immoral manner in which he had commissioned two officers to assassinate General Sardá, instead of openly putting the law in execution. Towards the close of last month His Excellency was present at a supper given at the barracks by one of those officers, after which he proposed their healths in a toast in which he termed them patriotic benefactors of their country, and the promotion of both of them was announced in the Bogotá Gazette of the 7th instant. These proceedings have greatly increased the unpopularity of the Executive among all classes here, except the exalted liberals, who think every means lawful when the object is to get rid of a political antagonist. The Bogotá Gazette of the 21st instant contained the sentences pronounced by the Tribunal of the Judicial district of Cundinamarca against the accomplices of General Sardá in the conspiracy of October last. Six of them are condemned to various terms, between 8 years and 18 months, of banishment and presidium, and 5 others to pecuniary penalties.

   The same Gazette announces the termination of a shameful transaction which has occurred in Carthagena, being the sentence of perpetual banishment from New Granada of General Luque, the Commandant d'armes (second military officer) of that city, for having planned, and employed his own servants to perpetrate the robbery of the post going from Bogotá to Carthagena and the murder of the postman, in September last. The sentence is founded on the clearest proofs, it being actually shown that General Luque availed himself of his military authority to let his accomplices out of the gates of the fortress after nightfall to meet the coming post at daylight in the woods 9 or 10 leagues from the city. The four perpetrators of the crime have been shot, but the punishment of the chief malefactor who employed them is limited to banishment, as the laws of this country awards the sentence of death to those only who actually commit the murder.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 18/ 104/fos. 232RH­237RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 451

Continuación de la guerra civil en el Ecuador. Estado de cosas en Bogotá.

Bogotá, 25 de diciembre de 1834

Señor:

   Me he abstenido durante algún tiempo de informar a su Señoría sobre el avance y orientación de las disensiones civiles que han acometido al estado del Ecuador. Mi silencio se ha originado en la dificultad de obtener información suficientemente auténtica como para fundamentar en ella un informe oficial.

   Este gobierno, en lugar de haber observado una mentalidad política que le hubiera asegurado la confianza de ambos partidos y la amistad, bajo toda contingencia, de aquél que pudiera finalmente triunfar, con la ceguera que a menudo acompaña a una fuerte predisposición política, se ha mostrado a sí mismo como decidido partidario de la facción ecuatoriana opuesta al presidente, general Flores, reconociendo el gobierno establecido por él en Quito. Una consecuencia de esta parcialidad es que pervierte toda inteligencia que éste pueda recibir desde el sur por su ferviente propósito de mostrar que el general Flores no tiene ninguna posibilidad de triunfo, y por consiguiente todas las noticias del Ecuador publicadas en la Gaceta de Bogotá suscitan una desconfianza general, la cual no tengo yo medios de aclarar por no tener todavía, debido a la obstrucción de los caminos, ninguna inteligencia del cónsul de su Majestad en Guayaquil, posterior a su carta del pasado 25 de enero.

   Otra consecuencia de la parcial conducta del gobierno granadino ha sido el haberlo privado de toda influencia útil por el momento sobre los partidos contendientes, asegurándose para sí mismo un enemigo decidido si alguno de ellos se queda con la mejor parte. El primero de estos efectos se ha mostrado claramente en el rechazo positivo de parte de Flores y del partido de Rocafuerte de aceptar la oferta de mediación, sobre la base declarada de que su comprobada adhesión al partido opositor no dejaba esperanzas de justicia imparcial. La oferta y el rechazo fueron publicados en la Gaceta de Bogotá del 30 último. Los motivos y la inconsistencia de este gobierno, que perpetuamente está hablando de la necesidad de conservar principios fijos y observar la ley, se muestran claramente en sus constantes reproches a Rocafuerte por no haber ayudado a Valdivieso a desterrar a Flores instantáneamente del país, pese a que la Constitución del Ecuador, así como la de la Nueva Granada, prohiben que ningún hombre sea desterrado sin juicio ni sentencia regulares.

   La consecuencia anterior podría en último caso compensarse, a pesar de que aquél hubiera creado desconcierto por un tiempo, con el triunfo del partido al cual este gobierno ha dado su aprobación. Pero a juzgar por todo lo que puedo saber, es improbable que ese sea el caso.

   Su Señoría puede quizás haber visto la expresión, en la carta que me dirigió el señor Pombo el pasado 27 de octubre (incluida en mi anterior despacho No. 39) en respuesta a mi requisición sobre los tenedores de bonos, de un sentimiento de satisfacción por los cambios políticos que han tenido lugar en el Ecuador. Cuando ella fue escrita, el señor Valdivieso, opositor de Flores, había sido elegido jefe provisional del gobierno en Quito, y aparentemente estaba recibiendo un apoyo tan general de parte del pueblo, que se abrigaba la confiada esperanza de que vencería a Flores y Rocafuerte unidos, o bien separaría a este último de su reciente alianza con el primero. Dicha esperanza parece actualmente haberse esfumado. Los motivos, tan irresistibles en este país, de la ambición o la ganancia personal, han ensanchado la brecha entre Rocafuerte y Valdivieso. Se han cruzado entre ellos cartas muy airadas, y se han visto comprometidos en verdaderas hostilidades. Entre tanto, el sórdido carácter de Valdivieso lo ha hecho tan impopular en Quito que se dice que está realmente temblando por su seguridad personal a causa de sus enemigos internos, así como de un esperado ataque de parte del general Flores. No parece ahora improbable, por consiguiente, que el reflujo torne en favor de Flores, ahora que está respaldado por Rocafuerte, pero cualquiera que sea el partido que saque la mejor parte, la contienda se prolongará todavía por algún tiempo, y sus desastrosos efectos al inflamar la hostilidad política y obstruir la agricultura y el comercio, serán sentidos por el Ecuador durante muchos años.

   Aquí continuamos gozando de tranquilidad; pero existe pobreza general, que aumenta en tal proporción que sólo los artículos de la más urgente necesidad encuentran precio en los mercados, aunque no siempre, pues aún aquí en la capital (donde hay menos miseria que en las provincias) los productores se ven con frecuencia trayendo y regresando su maíz y su ganado, que han conducido al mercado desde considerables distancias, porque no pueden obtener por ellos un precio remunerativo. Los militares en todas partes, y en la capital los empleados civiles, reciben en verdad su paga regularmente, pues es ese el principal objeto para el cual el gobierno, con el propósito de asegurar seguidores, apropia las rentas. Pero en las provincias se dejan atrasar los pagos a los empleados civiles, quienes se quejan con energía de la parcialidad hacia sus hermanos de Bogotá y sus vecindades. La conducta del presidente, también, se presta poco para ganarle respeto o estima. Puse en conocimiento de su Señoría en mi despacho No. 41, el modo ilegal e inmoral en el cual había comisionado a dos oficiales para asesinar al general Sardá, en lugar de hacer cumplir la ley abiertamente. Hacia fines del mes pasado, su Excelencia estuvo presente en una cena ofrecida en el cuartel por uno de dichos oficiales, luego de la cual propuso un brindis a su salud, donde los calificaba de benefactores patrióticos de su país, anunciándose la promoción de ambos en la Gaceta de Bogotá del pasado 7. Estos actos han aumentado grandemente la impopularidad del Ejecutivo entre todas las clases, excepto los exaltados liberales, quienes piensan que todos los medios son legales cuando se trata de deshacerse de un antagonista político. La Gaceta de Bogotá del 21 de los corrientes contiene las sentencia pronunciadas por el Tribunal del Distrito Judicial de Cundinamarca contra los cómplices del general Sardá en la conspiración de octubre pasado. Se condena a seis de ellos a diversos períodos de destierro y presidio, ente 8 años y 18 meses, y a otros cinco a penas pecuniarias.

   La misma Gaceta anuncia la culminación de un vergonzoso negocio que tuvo lugar en Cartagena, el destierro perpetuo de la Nueva Granada del general Luque, comandante de armas (segundo oficial militar) de esa ciudad, por haber planeado y utilizado a sus propios sirvientes para perpetrar el robo del correo de Bogotá a Cartagena y la muerte del correísta, en septiembre pasado. La sentencia se funda en las pruebas más claras, mostrándose por cierto que el general Luque se valió de su autoridad militar para permitir la salida de sus cómplices por la puerta del fuerte luego del anochecer, para ir a esperar al correo en un bosque a 9 ó 10 leguas de la ciudad. Los cuatro autores del crimen han sido fusilados, pero el castigo para el jefe malhechor que los empleó se limita al destierro, pues las leyes de este país solamente aplican la sentencia de muerte a quienes realmente cometen el asesinato.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 18/104/fos. 232RH­237RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. SEPARATE AND CONFIDENTIAL1

Convention between New Granada and Venezuela for the settlement of the foreign and domestic debt of Colombia.

Bogota 29 January 1835

My Lord,

   I am enabled by the kind services of Mr. Michelena, the Venezuelan envoy, to have the honour of transmitting to your Lordship in this confidential form, a copy2 of the convention concluded between New Granada and Venezuela for the settlement of the foreign and domestic debt of Colombia, which document I could not obtain officially, till it should have been ratified by the respective governments; Mr. Michelena was anxious it should not fall into the hands of the bondholders till it should have been ratified, and I therefore could only obtain it in this secret manner. But I thought it would, as affecting the interests of a large body of His Majesty's subjects be so interesting to your Lordship that I lose no time in sending it; and for the same reason I proceed to subjoin a summary of its contents.

   The convention consists of 29 articles of which twelve only concern the interests of the British Bondholders and Claimants.

   The first Article settles the proportions of the whole debt foreign and domestic, which are to be paid by each of the three States, viz by New Granada 50 per cent, by Venezuela 28 and a half per cent, and by the Equator 21 and a half per cent. The base agreed on for the establishment of this proportion was the population; by the last census of 1825, which included all Colombia and is therefore cited in the public Acts of the three States, the population of New Granada comprised more than the half of that of Colombia, and therefore in the first project of the Convention more than half of the debt was assigned to New Granada, and the Granadian share was subsequently fixed at exactly half of the whole. In spite, however, of this sacrifice, which the known poverty of the Equator will cause to fall exclusively on Venezuela, I know that there are many men in Bogota who will loudly murmur at the weight of the burden entailed on their country; a complaint which cannot but be thought most unreasonable, when it is remembered that New Granada is the only one of the three States possessing gold mines which are now productive, and which under a wise Government might be rendered still more so.

   The 2nd and 3rd articles detail the sums of the foreign debt to be acknowledged by each of the three States, in conformity with the proportion stipulated in the first.

   The shares assigned to New Granada and Venezuela are fixed by positive agreement. That of the Equator could not be so as this latter State is not yet a party to the Convention. Her portion therefore is calculated on the base of the population, and when it is said that She shall acknowledge certain sums, it is not meant that She shall be obliged to do it; the expression "shall" is only intended to denote the future and might indeed be translated "will", as it is only declaratory and by no means compulsory. Her consent to pay the proportion assigned to her is confidently looked for, but if She make any difficulty, it is to be matter of future negotiation, and Mr. Michelena has told me that he is sure that Venezuela on her part, and believes that New Granada on hers, will not, in case of such difficulty, be unwilling to increase their own share so as to lighten that of the Equator, which cannot in decency refuse to acknowledge part of the debt when she remembers the efforts and sacrifices made by the Venezuelans and Granadians to drive the Spaniards from her territory during the war of independence.

   The 4th Article binds the contracting parties to pay the sums acknowledged in the second and third with the interest thereon.

   The 5th, 6th and 7th Articles denote the manner in which the stipulated acknowledgments are to be effected.

   The 8th Article declares that the above acknowledgments of the separate States are to supersede the obligation towards the Creditors of all Colombia, which is to cease on their completion. I think it possible that this article may be objected to by the British bondholders who, if I remember rightly, have declared that they will hold each separate State to be responsible for the total of the Colombian debt to them. But I own I should think persistence in such an objection unwise and impolite, for the responsibility which they sought hereby to impose would be nominal and nugatory. They themselves must admit that each State, if unable or unwilling to discharge its own allotted share of the debt, would be still more so to discharge the whole, and it is certain that no one of the three States would make sacrifices to begin the payment of its own share, if it did not hope completing it to free itself from all obligation. I shall therefore deeply regret for this sakes, if they be deterred by such a consideration from sanctioning a settlement which holds out to them hopes of receiving payment prospectively of the whole and speedily of a part. Many years may elapse before these Countries begin a condition to agree on another arrangement.

   Article 24th stipulates that a commission of Ministers of the three Republics shall sit in Bogota to hear and settle claims against Colombia founded on contracts and spoliations of Colombian privateers. And article 25th provides that such settlements of the Commission shall not be binding till ratified by the three Governments. This latter article was suggested by General Santander, who vehemently insisted on it, in order to guard the Governments from the burdens which might be entailed by an erroneous decision.

   Article 28th provides that the Convention shall be submitted to the Government of the Equator for Its accession. I ventured to suggest to Mr. Michelena the advisableness of naming a period at which that accession should be given, and binding the other two Governments to proceed to carry into effect their share of the arrangements, if the Equator should not at its expiration have entered into the compact. Mr. Michelena acquiesced in my proposal, and as the article shows, the term of four months is assigned. I considered this stipulation important, as without it the effectiveness of the Convention might have been indefinitely deferred by delays in the Equator resulting from disturbance or intrigue, and its accession might thus have been put off till events might have rendered impossible the concurrence of the other two States.

   In article 29th it is stipulated that the Convention shall be ratified, with the previous consent of the Venezuelan and Granadian Congresses within eight months at furthest.

   The remaining articles of the Convention, treating of the domestic debt, of a Mexican loan, and of Colombian credits due from Peru and Bolivia, are not directly interesting to the foreign creditors or claimants.

   I consider the bondholders, supposing them satisfied with the present Convention, to be deeply indebted for it to Mr. Michelena, the Venezuelan plenipotentiary, whose probity, perseverance and industry in negotiating and urging it, have been above all praise. Of the latter Your Lordship may judge when I tell you that in order to secure the conferences from interruption, he held most of them at 6 o'clock in the morning. Nor has his success been less meritorious in defeating the chicanery of the Granadian ministers. The Minister of Finance, for instance, insisted that the contracts referred to in the 24th article should be made subject to a revision by the Legislatures. Mr. Michelena remonstrated loudly against the enormous injustice of submitting to legislative consideration contracts solemnly agreed to and of which the claimants had long ago performed their part, and declared that he would not sign the Convention if so monstrous proposition were persisted in, on which this Government yielded.

   The important question now remaining to be decided is whether the Granadian Congress will authorize the President to ratify the convention; and on this point I confess I feel some doubt, arising not only from the little confidence which experience has taught me to repose in Granadian good faith, but also from certain ominous expressions which I know to have fallen from ministers of the Government and other influential persons in Bogota, who have dwelt upon their fears that the Convention will be rejected by the Legislature. Now is notorious that the approaching Congress of this year is composed for the most part of devoted creatures of General Santander, who has caused letters recommending candidates to be written to the different cantons, and even decreed, in violation of the Constitution, that the military should be allowed to vote, in order to secure the election of his own adherents. If therefore the Convention be set aside by the Granadian Legislature, every one will know from what quarter the rejection proceeds, though nobody will venture to notice publicly such a gross violation of Legislative Independence for liberty is not so firmly established in this Republic as to render such remonstrances either politic or safe.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 55/ 1/fos. 46RH­51RH.
2Not included in this volume.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. SEPARADO Y CONFIDENCIAL1

Convención acordada entre la República de Venezuela y la República de la Nueva Granada, para el reconocimiento y división de los créditos activos y pasivos de Colombia.

Bogotá, 29 de enero de 1835

Señor:

   Debo a los amables servicios del señor Michelena, el enviado venezolano, tener el honor de transmitir a su Señoría, de este modo confidencial, una copia de la convención acordada entre la Nueva Granada y Venezuela para el pago de la deuda externa y doméstica de Colombia2, documento que no podré obtener oficialmente hasta que sea ratificado por los respectivos gobiernos; el señor Michelena estaba inquieto porque no cayera en manos de los tenedores de bonos hasta su ratificación, y por consiguiente sólo pude obtenerla de este modo secreto. Pero pensé que, por afectar los intereses de una gran porción de los subditos de su Majestad, sería tan interesante para su Señoría, que lo envío sin pérdida de tiempo; y por la misma razón procedo a ofrecer un resumen de su contenido.

   La convención consta de 29 artículos, de los cuales sólo 12 conciernen a los intereses de los tenedores de bonos y demandantes británicos.

   El primer artículo establece las proporciones del total de las deudas externa y doméstica que deben ser pagadas por cada uno de los tres estados, a saber, la Nueva Granada 50 por ciento, Venezuela 28 y medio por ciento, y Ecuador 21 y medio por ciento. La base acordada para la definición de las proporciones fue la población; según el último censo de 1825, que incluyó a toda Colombia y por consiguiente se cita en los documentos públicos de los tres estados, la población de la Nueva Granada comprendía más de la mitad de la de toda Colombia, y por lo tanto en el primer proyecto de la convención se asignó a la Nueva Granada más de la mitad de la deuda, fijándose posteriormente la cuota granadina en exactamente la mitad del total. A pesar, sin embargo, de este sacrificio, que la conocida pobreza del Ecuador hará recaer exclusivamente en Venezuela, sé de muchas personas en Bogotá que murmuraran escandalosamente por el peso del fardo que se ha puesto sobre su país; queja ésta que no puede menos que calificarse de irrazonable, si se recuerda que la Nueva Granada es el único de los tres estados que posee minas de oro actualmente productivas, las cuales lo serían aún más bajo un gobierno prudente.

   Los artículos 2o. y 3o. detallan las sumas de la deuda externa que serán reconocidas por cada uno de los tres estados, de conformidad con la proporción estipulada en el primero.

   Las partes asignadas a la Nueva Granada y Venezuela se fijaron por positivo acuerdo. No así la del Ecuador, pues este último estado no es todavía parte de la Convención. Su parte, por lo tanto, se calculó sobre la base de la población, y cuando se dice que reconocerá ciertas sumas, no quiere decir que estará obligada a hacerlo3. Se espera confiadamente su consentimiento en pagar las sumas que le fueron asignadas, pero si surge alguna dificultad de su parte, ella será objeto de futura negociación, y el señor Michelena me ha dicho que está seguro de que Venezuela, por su parte, y cree que la nueva Granada por la suya, en caso de surgir tal dificultad no estará dispuesta a aumentar su propia porción para aligerar la del Ecuador, que por decoro no puede rehusarse a reconocer parte de la deuda si recuerda los esfuerzos y sacrificios hechos por los venezolanos y los granadinos para expulsar a los españoles de su territorio durante la guerra de la independencia.

   El cuarto artículo obliga a las partes contratantes a pagar las sumas reconocidas en el segundo y tercero, con los intereses consiguientes.

   Los artículos 5o., 6o., y 7o. denotan la manera en la cual se efectuarán los reconocimientos estipulados.

   El octavo artículo declara que los anteriores reconocimientos por parte de los estados separados reemplazarán las obligaciones con los acreedores de toda Colombia, que cesarán cuando se realicen aquellos. Pienso que este artículo puede hallar objeciones entre los tenedores de bonos británicos quienes, si recuerdo correctamente, han declarado que harán responsable a cada estado separado por el total de la deuda colombiana hacia ellos. Pero confieso que no creo que persistir en semejante objeción sea prudente ni cortés, pues la responsabilidad que pensaban imponer por este medio sería nominal e insignificante. Ellos mismos deben admitir que cada estado, si no está en capacidad o no está dispuesto a cumplir con la parte de la deuda que le ha sido adjudicada, mucho menos lo estará para cumplir con el total, y es seguro que ninguno de los tres estados hará sacrificio alguno para comenzar el pago de su propia parte, si no aspirara a completarlo para librarse de toda obligación. Por ello, consiguientemente, lamentaré profundamente si esta consideración les impide aprobar un arreglo que les ofrece esperanzas de recibir el futuro pago de la totalidad, e inmediatamente de una parte. Pueden pasar muchos años antes de que estos países comiencen a formular un acuerdo sobre otro arreglo.

   El artículo 24 estipula que se reuna una comisión de ministros de las tres repúblicas para escuchar y cancelar reclamaciones en contra de Colombia fundamentadas en contratos y despojos de corsarios colombianos. El artículo 25 previene que tales arreglos efectuados por la Comisión no serán obligatorios hasta su ratificación por parte de los tres gobiernos. Esté último artículo fue sugerido por el general Santander, quien insistió vehementemente en él, con el propósito de salvaguardar a los gobiernos de las cargas que acarrearía una decisión errónea.

   El artículo 28 dispone que la Convención debe presentarse al gobierno del Ecuador para su accesión. Me aventuré a sugerir al señor Michelena la conveniencia de fijar un período tras el cual debería darse dicha accesión, y obligar a los otros dos gobiernos a proceder a realizar su parte en los arreglos, si al expirar aquél el Ecuador no hubiera entrado en el convenio. El señor Michelena condescendió con mi propuesta y, como lo muestra el artículo, se asigna un término de cuatro meses. Considero importante esta estipulación, pues sin ella la puesta en efecto de la Convención podría haberse visto aplazada indefinidamente por las demoras en el Ecuador resultantes de disturbios o intrigas, y su aprobación podría así posponerse hasta cuando los acontecimientos hicieran imposible la concurrencia de los otros dos estados.

   En el artículo 29 se estipula que la Convención debe ratificarse, con el consentimiento previo de los Congresos venezolano y granadino, dentro de un período de ocho meses a lo sumo.

   Los restantes artículos de la Convención, que tratan sobre la deuda doméstica, sobre un préstamo mexicano y sobre los créditos colombianos adeudados por Perú y Bolivia, no tienen interés directo para los acreedores o demandantes extranjeros.

   Considero que los tenedores de bonos, suponiendo que se encuentren satisfechos con la presente Convención, tienen por ello una inmensa deuda con el señor Michelena, el plenipotenciario venezolano, cuya probidad, perseverancia e industria al negociarla y presionar por ella, son superiores a todo elogio. Sobre esto último puede juzgar su Señoría al informarle que para prevenir interrupciones en las conferencias, sostuvo la mayoría de ellas a las 6 de la mañana. Tampoco ha sido su éxito menos meritorio al vencer los subterfugios de los ministros granadinos. El ministro de Hacienda, por ejemplo, insistió en que los contratos a los cuales hace referencia el artículo 24 debían estar sujetos a revisión por parte de las Legislaturas. El señor Michelena protestó enérgicamente contra la injusticia de someter a consideración legislativa contratos solemnemente acordados y de los cuales los reclamantes habían cumplido su parte hacía mucho tiempo, y declaró que no firmaría la Convención si se persistía en tan monstruosa proposición, a la cual se rendía este gobierno.

   La cuestión importante que ahora queda por decidir es si el Congreso granadino autorizará al presidente a ratificar la Convención; sobre este punto confieso que guardo algunas dudas, originadas no sólo en la escasa confianza que la experiencia me ha enseñado a depositar en la buena fé granadina, sino también en ciertas expresiones ominosas salidas de ministros del gobierno y de otras influyentes personas en Bogotá, que se han explayado en sus temores de que la Convención será rechazada por la Legislatura. En la actualidad es patente que el próximo Congreso de este año está compuesto en su mayor parte de devotas criaturas del general Santander, quien ha hecho que se escriban cartas a los diferentes cantones recomendando candidatos, y aún decretado, en violación de la Constitución, que se permita votar a los militares, para asegurar la elección de sus propios adherentes. Si, por consiguiente, la Convención es desechada por la legislatura granadina, todo el mundo sabrá de qué lado procede el rechazo, pese a que nadie se atreverá a hacer notar públicamente tan grave violación de la independencia legislativa, pues la libertad no está tan firmemente establecida es esta república como para permitir que tales reconvenciones puedan hacerse en forma política o segura.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y seguro servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 55/ 1/fos. 46RH­51RH.
2No se incluye en este volumen.
3Sigue en el original una explicación sobre la diferencia entre los auxiliares "shall" y "will" en la traducción inglesa de la Convención (N.T.).

MR. TURNER TO THE DUKE OF WELLINGTON. DISPATCH No. 121

Encloses law of Granadian Congress, decreeing burying grounds with chapels in them to foreigners non Catholics.

Bogotá, 18th June 1835

My Lord Duke,

   I have the honour to enclose herein to Your Grace a copy of a law passed on the 23rd April last by the Congress and Executive of New Granada, and published in the Bogotá Gazette of 26th April last, decreeing the donation to foreigners non Catholics, of a piece of ground in all the cities, towns and parochial districts of this Republic, as burying ground, and the permission to construct a chapel within it for the service of burial.

   This decree which was doubtless inspired by the example of Venezuela, is justly considered by this government as a step towards toleration, and I have indeed being surprised at its exciting no notice or complaint among the clergy and fanatics of the Republic. But if it resulted from a desire to encourage the immigration of foreigners, the Granadian legislation must take more decided steps and repeal more than one exclusive law before so desirable an effect can be produced.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord Duke,
   Your Grace's
   Most obedient humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/1/p. 233RH­237LH.

WILLIAM TURNER AL DUQUE DE WELLINGTON. DESPACHO No. 121

Incluye ley del congreso granadino, decretando cementerios con capillas en ellos para los extranjeros no católicos.

Bogotá, 18 de junio de 1835

Ilustrísimo duque:

   Tengo el honor de adjuntar aquí para su Ilustrísima la copia de una ley aprobada el pasado 23 de abril por el Congreso y el Ejecutivo de la Nueva Granada, decretando la donación, para extranjeros no católicos, de un lote de terreno en todas las ciudades, pueblos y distritos parroquiales de esta República, para cementerio, y el permiso para construir una capilla dentro de él para el servicio de entierro.

   Este decreto, inspirado sin duda por el ejemplo de Venezuela, es justamente considerado por parte de este gobierno como un paso hacia la tolerancia, y sin duda me ha sorprendido que no haya incitado ninguna intimación o protesta de parte del clero y los fanáticos de la República. Pero si es el resultado del deseo de estimular la inmigración de extranjeros, la legislación granadina debe dar pasos más decididos y revocar más de una ley de exclusividad antes de producirse tan anhelado efecto.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Ilustrísimo duque,
   De su Ilustrísima
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/ 1/fos. 233RH­237LH.

ANEXO

Decreto concediendo terrenos para cementerios de extranjeros no católicos.

   El Senado y Cámara de Representantes de la Nueva Granada, reunidos en congreso.

   Vista la comunicación del Poder Ejecutivo sobre la necesidad y conveniencia de decretar la adjudicación de terrenos para los cementerios de extranjeros no católicos.

DECRETAN:

   Artículo primero. Para cementerios de extranjeros no católicos se adjudica en cada una de las ciudades, villas y distritos parroquiales de la República, en donde ellos residan, una área que no exceda de una fanegada de tierra.

   Artículo segundo. Esta área se tomará de las tierras comunales de las respectivas ciudades, villas o distritos parroquiales, y se designará por el gobernador en los cantones de capital de provincia, y en los demás por el jefe político, con previo informe del Concejo Municipal.

   Artículo tercero. La designación se hará con proporción al número de extranjeros no católicos que residan en la ciudad, villa o distrito parroquial.

   Artículo cuarto. Hecha la designación se entregará el terreno a los extranjeros no católicos que residan en la ciudad, villa o distrito parroquial, para que se construya el cementerio, quedando siempre sujeto a las leyes de policía que rijan en la materia.

   Artículo quinto. Se permite igualmente a los extranjeros la edificación de una capilla en el lugar del cementerio, destinada a la práctica del ceremonial de los difuntos.

   Dado en Bogotá, a 23 de abril de 1835.

El presidente del Senado,
Antonio Malo.
El secretario del Senado,
Francisco de P. Torres.
El presidente de la Cámara de Representantes,
José Maria Baloco.
El diputado secretano de la Cámara de Representantes,
Rafael M. Vásquez.

Bogotá, 23 de abril de 1835.

Ejecútese y publíquese,

L.S.
Francisco de Paula Santander.

   Por SE el Presidente de la República, el Secretario del Interior y Relaciones Exteriores,

Lino de Pombo.


WILLIAM TURNER TO THE DUKE OF WELLINGTON. DISPATCH No. 131

Conditional grant of free trade to Panamá and Portobelo,
and law granting permission to Baron Thierry to unite the Atlantic
and Pacific Oceans by a canal.

Bogotá, 18 June 1835

My Lord Duke,

   I have the honour to enclose herein to Your Grace copy of a law passed by the Granadian Congress and Executive on the 25th ultimo and published in the Bogotá Gazette of the 31st, decreeing the permission of a free trade with all nations to the cantons of Panamá and Portobelo in the Isthmus2.

   The above law was the result of the repeated petitions and clamour of the inhabitants of the isthmus, who have long been in a state of abject penury and wretchedness, owing partly to the impolitic obstructions opposed to their trade by the Colombian and Granadian Legislatures. The intention of the Congress was to make the benefit immediate, but the Legislature persuaded it to render the advantages dependent on the completion of a communication by road or canal between the Atlantic and Pacific oceans.

   It was supposed by most persons that the insertion of this condition was calculated, and it was thought by some that it was intended, to delay the grant of freedom of commerce in the Isthmus to an indefinite term; for this Government always seems to have been actuated by a secret fear that if the Isthmus were to be enriched by commercial prosperity, it would realize its long cherished wish of separation from Colombia and New Granada, with whose Legislation respecting itself it has for some time felt a discontent which has, during the session of Congress just closed, been openly and loudly expressed by one of the representatives of Panamá. The mode of defeating the beneficial intentions of the Congress adopted by the Executive seemed to promise complete success, for there are no capitalists in this country sufficiently opulent to undertake so considerable a work, and the credit of New Granada is too low to admit a chance of foreign competition on an adequate scale.

   Strange however to say there appears to be a prospect of this gigantic work being at least begun. The enterprise which was thought too formidable for the power and resources of Spain in her best days of Philip II, and which was rejected as impossible by the Colombian Government ten years ago, is or seems now on the point of being undertaken by an obscure adventurer.

   In the beginning of this year arrived in Panamá a Baron Thierry, said to be of French extraction and British birth, whose account of himself was most magnificent. He described himself as the sovereign Prince of New Zealand to the territory of which island he said the Governments of Great Britain and Holland had in 1823 mutually ceded their claims as the best mode of terminating a dispute which had grown out of the pretensions of both. After this settlement he had become the lawful sovereign of the island by purchase from the native chiefs. He was now anxious to establish a communication between the two oceans at Panamá, in order to open his dominions to the trade of Europe and he proposed to the Granadian Government to permit him to do it on certain conditions offering to effect the work entirely at his own expense.

   As the Granadian Government asked no information either from the Dutch Consul or me with respect to this strange story, we did not enter with it on the subject. But in April last I learned casually in a communication with señor Pombo, that this Government thought the pretensions of Baron Thierry ridiculously exaggerated, and that even if they were not so, the conditions he annexed to his offer were too disadvantageous to this Government to admit of their acceptance.

   It was therefore with some surprise that I read in the Bogotá Gazette of the 11th instant a law of Congress authorizing Baron Thierry to open the communication between the two oceans by a canal. I have the honour to enclose a copy of this law, in which Your Grace will see the conditions on which the permission is granted.

   I will only add that those who are acquainted with the enormous obstacles opposed to the work undertaken by Baron Thierry, doubt whether he has sufficient capital or credit to achieve it, or whether, even if he had, it could be finished within the period peremptorily fixed by the Congress for is completion.

   I have the honour o be, with the greatest truth and respect,
   My Lord Duke,
   Your Grace's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 55/ 1/fos. 236RH­243RH.
2The relevant articles of this law read as follows: Art. lo. Los cantones de Portobelo y Panamá en la provincia de este nombre se declaran libres por el espacio de veinte años para el comercio de todas las naciones que no sean enemigas de la Nueva Granada. Ningún efecto se proohíbe en ellos, quedando sin embargo en su fuerza y vigor el artículo 7o. de la ley de 19 de julio de 1821 sobre manumisión y abolición del tráfico de esclavos. Art. 13. Esta ley no empezará a regir hasta que no se establezca una comunicación franca entre los dos océanos por los actuales cantones de Panamá y Portobelo, sea por un canal, o sea por un camino de carriles de hierro; y el período señalado en el artículo lo. empezará a contarse desde la fecha en que los cantones expresados entren en el goce de las franquicias que se les conceden.

WILLIAM TURNER AL DUQUE DE WELLINGTON. DESPACHO No. 131

Concesión condicional de libre comercio a Panamá y Portobelo, y ley otorgando permiso al barón Thierry para unir los océanos Atlántico y Pacífico por un canal.

Bogotá, 18 de junio de 1835

Ilustrísimo duque:

   Tengo el honor de adjuntar aquí a su Ilustrísima la copia de una ley aprobada por el Congreso y el Ejecutivo granadinos el pasado 25 y publicada en la Gaceta de Bogotá del 31, decretando permiso de libre comercio con todas las naciones a los cantones de Panamá y Portobelo en el Istmo2.

   La anterior ley fue el resultado de las repetidas peticiones y el clamor de los habitantes del Istmo, quienes durante largo tiempo han permanecido en un estado de abyecta penuria y desdicha, debido en parte a las inconvenientes obstrucciones impuestas a su comercio por las legislaturas colombiana y granadina. La intención del Congreso fue hacer que el beneficio fuera inmediato, pero la Legislatura lo persuadió de hacer depender dichas ventajas de la terminación de una vía de comunicación por carretera o canal entre los océanos Atlántico y Pacífico.

   Muchas personas asumieron que la inserción de esta condición tenía el objeto, y algunos pensaron que la intención, de demorar la concesión de libertad de comercio al Istmo durante un período indefinido; porque este gobierno siempre parece impulsado por el secreto temor de que si el Istmo se enriqueciera por la prosperidad comercial, realizaría su largamente acariciado deseo de separación de Colombia y la Nueva Granada, cuya legislación con respecto a aquella ha sido sentida durante algún tiempo con resentimiento, el cual, durante la sesión del Congreso que acaba de concluir, se expresó abierta y enérgicamente por parte de uno de los representantes de Panamá. La forma de eliminar las intenciones benéficas del Congreso adoptadas por el Ejecutivo pareció deparar éxito completo, pues no hay en este país capitalistas suficientemente opulentos como para emprender una obra de tanta consideración, y el crédito de la Nueva Granada es demasiado bajo como para permitir la competencia extranjera en una escala adecuada.

   Extraña, sin embargo, decir que parece existir una perspectiva para que esta gigantesca obra tenga al fin comienzo. La empresa que se creyó demasiado formidable para el poder y los recursos de España en los mejores días de Felipe II, y se rechazó como imposible por el gobierno colombiano hace diez años, es, o parece actualmente, a punto de ser acometida por un obscuro aventurero.

   A principios de este año llegó a Panamá un barón de Thierry, supuestamente de origen francés y nacimiento británico, cuya relación de sí mismo fue ostensiblemente magnífica. Se describió como el príncipe soberano de Nueva Zelanda, isla a cuyo territorio, según dijo, los gobiernos de Gran Bretaña y Holanda habían cedido mutuamente sus pretensiones en 1823, como el mejor modo de terminar una disputa originada en las reclamaciones de ambas. Luego de este arreglo, él se había convertido en el soberano legal de la isla al comprarla a los jefes nativos. Ahora estaba ansioso de establecer una comunicación entre los dos océanos por Panamá, con el objeto de abrir sus dominios al comercio de Europa, y le proponía al gobierno granadino que le permitiera realizarla bajo ciertas condiciones que ofrecían efectuar el trabajo enteramente a su propio costo.

   Como el gobierno granadino no solicitó información ni del cónsul holandés ni mía con respecto a tan extraña historia, nosotros no entramos en particulares sobre la materia. Pero en abril pasado supe casualmente por una comunicación con el señor Pombo, que este gobierno consideraba las pretensiones del barón Thierry ridiculamente exageradas, y que aún si no lo fueran, las condiciones que anexaba a su oferta eran demasiado desventajosas para este gobierno como para permitir su aceptación.

   Con cierta sorpresa, por consiguiente, leí en la Gaceta de Bogotá del 11 de los corrientes la ley del Congreso autorizando al barón Thierry a abrir la comunicación entre los dos océanos por medio de un canal. Tengo el honor de adjuntar una copia de esta ley, en la cual su Ilustrísima verá las condiciones bajo las cuales se otorga el permiso.

   Solamente agregaré que para aquellos que conocen los enormes obstáculos que se oponen a la obra emprendida por el barón Thierry, dudan que tenga suficiente capital o crédito para lograrla, y aún si los tuviera, que pueda terminarse dentro del período perentoriamente fijado por el Congreso para su conclusión.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Ilustrísimo duque,
    De su Ilustrísima
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 55/ 1/fos. 238RH­243RH.
2Los artículos pertinentes de esta ley dicen lo siguiente: Art. lo. Los cantones de Portobelo y Panamá en la provincia de este nombre se declaran libres por el espacio de veinte años para el comercio de todas las naciones que no sean enemigas de la Nueva Granada. Ningún efecto se proohíbe en ellos, quedando sin embargo en su fuerza y vigor el artículo 7o. de la ley de 19 de julio de 1821 sobre manumisión y abolición del tráfico de esclavos. Art. 13. Esta ley no empezará a regir hasta que no se establezca una comunicación franca entre los dos océanos por los actuales cantones de Panamá y Portobelo, sea por un canal, o sea por un camino de carriles de hierro; y el período señalado en el artículo lo. empezará a contarse desde la fecha en que los cantones expresados entren en el goce de las franquicias que se les conceden.

ANEXO

DECRETO

Concediendo privilegio para la apertura de un canal fluvial por el Istmo de Panamá.

   El Senado y Cámara de Representantes de la Nueva Granada, reunidos en Congreso.

   Vistas las proposiciones hechas por Carlos, barón de Thierry, para la apertura de un canal fluvial que una los dos océanos por el istmo de Panamá; y

CONSIDERANDO:

   1o. Que esta empresa es de grande importancia nacional, puesto que facilitará las operaciones del comercio, y atraerá al Istmo los negocios que ahora se despachan de Europa, América y Asia por los cabos de Hornos y Buena Esperanza;

   2o. Que no se ha hecho propuesta para la construcción del camino carretero en aquella parte de la República, sin embargo de las circulares expedidas por el Poder Ejecutivo, a virtud de la autorización que recibió del Congreso para celebrar un contrato de esta naturaleza, bajo las reglas que se fijaron en el decreto legislativo de 25 de mayo de 1834.

DECRETAN:

   Artículo primero. Se concede al barón de thierry el privilegio de abrir un canal por las aguas del río Grande, del Chagres, y de la Bahía de Limón, adoptando los puntos que crea más ventajosos para el seguro tránsito de buques que no calen más de diez pies de agua, y de los cargamentos que pasen de uno a otro océano. Se le conceden igualmente aquellos terrenos pertenecientes a la Nueva Granada, que puedan necesitarse para el establecimiento de muelles y otras obras indispensables al servicio del canal.

   Artículo segundo. Abierto que sea dicho canal, se otorga el derecho exclusivo de navegación al barón de Thierry en buques o botes de vapor, o que sean movidos por cualquiera otra potencia mecánica o animal, gozando del privilegio de remolcar embarcaciones de toda especie por dicho canal, y de exigir impuesto sobre el paso de los buques y cargamentos que naveguen por él conforme a la tarifa que hace parte de esta ley.

   Parágrafo primero. Se establece a favor del barón de Thierry la multa de cien pesos por cada tonelada a los buques de cualquiera denominación que pasen el canal, sin pagar los derechos detallados en dicha tarifa, y los tales buques serán embargados hasta que satisfagan la multa.

   Parágrafo segundo. Este privilegio no impide el tránsito por el canal de las canoas y piraguas sin cubierta que pertenezcan a individuos residentes en la provincia de Panamá, siempre que no conduzcan pasajeros de puntos extraños al Istmo, ni mercancías que sean destinadas a la exportación; pero en cualquier tiempo en que aquellas embarcaciones menores perjudiquen el servicio del canal, no podrán insistir en pasar por las represas, esclusas y compuertas.

   Artículo tercero. El gobierno de la Nueva Granada no exigirá derechos de ninguna especie a los efectos y mercancías extranjeras que atraviesen el Istmo por el canal para ser consumidas en otros países, mientras que el Barón de Thierry posea el privilegio de navegación en dicho canal.

   Artículo cuarto. Todos los efectos y especies destinados al uso del canal, y de las obras indispensables para su servicio, serán introducidos en el Istmo libres de todo derecho.

   Artículo quinto. La República se compromete a no otorgar permiso a ninguna nación, compañía o individuo para abrir al través del Istmo un canal diverso del que trata este decreto, ni otra comunicación acuática para unir los dos océanos, dentro de veinte leguas marítimas de cada una de las orillas del canal que se abra por el Barón de Thierry; ni podrá concederse por la Nueva Granada privilegio alguno para un camino de carriles de hierro de uno a otro mar, dentro de una legua a derecha o izquierda del canal, antes de transcurrir dos años de su apertura.

   Artículo sexto. La correspondencia epistolar que pase por el canal del Istmo no estará sujeta a los reglamentos de correos de la Nueva Granada, ni al pago de los portes designados por ellos, siempre que las cartas se dirijan de un país extranjero a otro sin ser desembarcadas en ningún punto del territorio granadino.

   Artículo séptimo. No se podrán exigir por las autoridades del Istmo pasaportes a los viajeros que pasen de un mar a otro por el canal; las autoridades políticas locales tomarán razón solamente de los nombres de los transeúntes, y de los pueblos de su procedencia y destino.

   Artículo octavo. El Barón de Thierry, por los privilegios que se le conceden en este decreto, queda obligado:

   1o. A ensanchar y profundizar el río Chagres y el Grande, y a excavar el terreno por donde deban unirse las aguas de dichos ríos; de tal modo que la navegación del canal entre los dos océanos se haga cómodamente.

   2o. A construir los muelles, almacenes, represas, esclusas, puentes y demás obras que sean indispensables para llevar a efecto la franca comunicación de los dos mares.

   3o. A mantener el canal en buen estado, así como todas las obras relacionadas con él, mientras esté en posesión de este privilegio.

   4o. A ceder a la República el canal expresado a los cincuenta años de su construcción en buen estado, así como las represas, esclusas, compuertas y puentes de su servicio, exceptuándose toda clase de buques, almacenes, fortificaciones y artillería.

   5o. A dar principio a la obra dentro de dos años, contados desde la fecha de este privilegio, y a terminarla a los tres años después de principiada.

   6o. A pagar a la Nueva Granada el uno por ciento del producto total de fletes, remolques, tránsito de pasajeros y buques, y demás ramos de entrada de dicho canal, debiendo el Poder Ejecutivo dictar las medidas oportunas, y adoptar las convenientes precauciones para la exacta recaudación de este uno por ciento.

   Artículo noveno. La fortificaciones que a juicio del Poder Ejecutivo deban levantarse para la protección y defensa del canal, y la artillería con que hayan de dotarse dichas fortificaciones, serán costeadas por el Barón de Thierry; y los gastos de las guarniciones de tropas, que siempre serán granadinas, se satisfarán a la República por dicho empresario.

   Artículo 10o. Siempre que se falte por el Barón de Thierry a cualquiera de las condiciones contenidas en los artículos 8o. y 9o., perderá por el mismo hecho el privilegio.

   Artículo 11o. Se prohibe el uso del canal del Istmo a los buques y a los ciudadanos de aquellas naciones que estuvieren en guerra con la Nueva Granada.

   Dado en Bogotá, a 27 de mayo de 1835.

El presidente del Senado,
José Cornelio Valencia.
El secretario del Senado,
Francisco de P. Torres.
El presidente de la Cámara de Representantes,
Ezequiel Rojas.
El diputado secretario de la Cámara de Representantes,
Rafael M. Vásquez.

   Bogotá, 29 de mayo de 1835.

   Ejecútese y publíquese.

L.S.
Francisco de Paula Santander.

   Por Su Excelencia el presidente de la República ­ El secretario del Interior y Relaciones Exteriores,

Lino de Pombo.


Tarifa de valores para el pasaje del canal del Istmo de Panamá,
a que se refiere el artículo 2o. de este decreto, siendo aquellos
el maximum de los derechos que pueden exigirse.

   Por cada tonelada de las que mida un buque en lastre, conforme al registro, incluyendo el remolque por medio del vapor o de otra potencia mecánica, hasta veinte reales.

   Por cada tonelada de las que mida un buque cargado en su totalidad o en parte, conforme al registro, incluso el remolque, hasta cuarenta reales.

   Por cada pasajero que transite el canal a bordo de dichos buques, o en los de vapor, hasta treinta y dos reales.

   Por cada tonelada de efectos de mucho peso, conducidos a flete de la una a la otra extremidad del canal, hasta cien reales.

   Por todo fardo, cuyo bulto equivalga al de un barril de harina de ocho arrobas, hasta doce reales.

   Los efectos de mayores o menores dimensiones, sean en fardo, barril, pipa u otros bultos, pagarán en la proporción antedicha.

   Las tropas de la República que transiten por el canal en buques del empresario, satisfarán por pasaje al respecto de ocho reales cada jefe u oficial; y las clases inferiores y soldados a razón de cuatro reales cada individuo.

   El transporte de cada cabeza de ganado vacuno, caballar y mular, pagará hasta treinta y dos reales.

   El ganado de cerda, por cabeza, hasta diez y seis reales.

   El cabrío y lanar, por idem, hasta ocho reales.

El secretario del Senado,
Francisco de Paula Torres.
El diputado secretario de la Cámara de Representantes,
Rafael M. Vásquez.


WILLIAM TURNER TO THE DUKE OF WELLINGTON. SEPARATE AND CONFIDENTIAL1

The Granadian Congress has not sanctioned the Convention with Venezuela respecting the debts of Colombia.

Bogotá, 18 June 1835

My Lord Duke,

   The Granadian Congress of this year closed its session on the 29th ultimo after having been assembled for its full period of 90 days. With the exception of the law abolishing the alcabala, which is the subject of my dispatch No. (...) of this date, it has wasted its time in profitless discussion, following thus the example of its predecessors, from which it has only distinguished itself by greater subserviency to the Executive power.

   One of the most prominent objects of the attention of the Legislature of this year has been the Convention concluded with Venezuela on the 23rd December last for the settlement of the claims of the bondholders, which was enclosed in my dispatch of 29th January last. I stated in that dispatch my fears that the Convention would not be sanctioned by the Legislature or carried into effect. I grieve to have to tell Your Grace that my fears have been realized, the Congress having postponed the consideration of the Convention in a manner which leaves little or no prospect of its ultimate adoption. I regret this deeply, not only on account of the bondholders, whose hopes of payment are, as I conceive, crushed for an indefinite period, but on account of the fatal consequences to this country, whose good faith must, if the Convention be rejected, become a bye­word upon the exchanges of the world.

   It would be useless for me to detail to Your Grace the various discreditable intrigues by which, it is said, the members of the House of Representatives were persuaded not to sanction the Convention, even if I had proof of them, which of course I cannot have.

   The Convention was submitted to the Senate six days after the opening of the Congress, and delayed there by various obstructions till the 21 st of April, when it was approved by a majority of only three votes. My own impression was that this result was disappointing to General Santander, who, I suspected, had attempted and expected to ensure its reception by that body, but those who were more likely to be well informed of this machinations than myself, are of opinion that he promoted its sanction in the Senate in order that he might have the appearance of support from that Chamber and have so much ostensible ground for alleging that he had done all in his power to carry the Convention through the Legislature and had succeeded to a certain extent. However this may be, it is certain that as soon as the Treaty appeared in the Chamber of Representatives, it was instantly and violently attacked by deputies on the ground that too large a share was assigned to New Granada, that every mode of interposing delay was sedulously sought, among others, by a resolution to print all the voluminous protocols of the conferences between the Venezuelan and Granadian plenipotentiaries ?a most dilatory process here? which had not been thought necessary for the Senate, and which, if necessary for the representatives, might and ought to have been done beforehand, and by the absence on various pretences, of some representatives whose presence was said by others to be so necessary at the discussion that it was postponed till they should attend. When the consideration of the question had thus been deferred till within a fortnight of the prorogation, further delay was contrived by the proposal of new proportions of payment on pretext that the share of 50 per cent assigned to New Granada was unfair and would be unpopular. That this was contrived, I am justified in assuming, by the absurdity of new projets of law; the first was that New Granada should immediately assume 40 per cent in lieu of 50, leaving the door open to negotiate with the other states the question of increasing this quota. Even this was opposed, and another project brought forward assigning to New Granada only 33 1/3 per cent or an exact third of the foreign debt, with the same reservation of future negotiation. Even if these unfair distributions of the debt had been just, their proposal must still have been nugatory, suggested as they were at so late a period of the session that there could not possibly be time for passing them through both Chambers of the Legislature. Accordingly the 90 days ended in the midst of their discussion, and the President of the Chamber of Representatives in his closing speech on the last night of the session, lamented that the close of their constitutional period had surprised them in the midst of their deliberations on the Convention of Venezuela, as if every deputy had not known from the first that the term of 90 days was the extreme duration of the Congress.

   In the middle of last month intelligence arrived here from Caracas that the Venezuelan Congress had rejected some articles of the Treaty with this Government signed by Mr. Michelena in December 1833. This occurrence was seized by the opponents of the Convention for settling the debts of Colombia as a pretext for non consenting to approve it. I say a pretext, because no doubt exists that the determination to refuse or delay the approbation had been concerted before.

   This shameful spectacle of a Government and Legislature shuffling and playing into each other's hands, in order to avoid or postpone the payment of debts to the produce of which their country is actually indebted for its political existence, removes in my opinion all hope of payment within any reasonable period to the British bondholders, who can only enjoy the melancholy consolation of reflecting that a Government which is capable of such bad faith would, even if the Convention had passed through Congress, have found some other means of evading or delaying payment. The spirit in which the Granadian Legislature has entertained the question of its creditors' claims is shown with almost equal clearness, by its total abolition of the alcabala (communicated in my dispatch No. 14 of this date) at this time; for what Government that intended to make an effort to pay its debts would have chosen such a moment for utterly extinguishing the only certainly productive tax levied within its territory without providing any compensation at all adequate, when it might so much more reasonably have contented itself with an abatement of its amount and a better regulation of its collection, which would have modified it oppressiveness without greatly diminishing its produce? The above mentioned proceedings have inspired every foreigner here with a decided conviction that no motive but fear can teach honesty to the Granadian Government.

   I have not interfered to the extent of official correspondence, in the question of the Convention with Venezuela, partly because my instructions only enjoin me to give my support to the representative of the bondholders who made no application to me for such support, but whose efforts have been most indefatigable to bring the Granadian Government and Legislature to a just sense of what was due to their creditors and to themselves. The former may feel entirely confident that nothing has been omitted here which could tend to the advocacy of their claims. In fact I shared with the bondholders' agent the persuasion that my intervention would be totally ineffectual, as the majority of the House of Representatives were too obstinately fixed in their line of conduct at admit a chance of change. I therefore contented myself with verbally urging the importance of the Convention being sanctioned, both on the President and señor Pombo, which I did repeatedly. And here perhaps I ought not to omit stating that after the Convention had been approved in the Senate, señor Pombo assured me that he now considered it sure of the approbation of the whole Legislature, for that all the fears of the Executive were confined to the Senate, and it did not contemplate any serious resistance to it in the Chamber of Representatives.

   A few days before the prorogation of the Congress, a report was spread here, it is believed, by the adherents of the Executive, that the Congress of Venezuela had at the close of the session, left the Convention respecting the debt lying on the table without having decided on it. But I have received advices from Sir Robert Porter of the 4th ultimo informing me that the Venezuelan Legislature has approved and passed the Convention. This intelligence has, I am assured, inspired this Government with some alarm for the consequences that may ensue from a comparison of its own proceedings with those of Venezuela.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord Duke,
   Your Grace's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/1/fos. 260RH­267RH.

WILLIAM TURNER AL DUQUE DE WELLINGTON. SEPARADO Y CONFIDENCIAL1

El congreso granadino no ha sancionado la convención con Venezuela referente a las deudas de Colombia.

Bogotá, 18 de junio de 1835

Ilustrísimo duque:

   El Congreso granadino de este año clausuró sus sesiones el pasado 29, luego de haberse reunido durante su período completo de 90 días. Con excepción de la ley aboliendo la alcabala, que es el tema de mi despacho No. (...) de esta fecha, ha perdido su tiempo en discusiones sin provecho, siguiendo así el ejemplo de sus predecesores, de los cuales sólo se ha distinguido por una mayor subordinación al poder Ejecutivo.

   Uno de los objetos de atención más conspicuos de la Legislatura de este año fue la Convención finalizada con Venezuela el pasado 23 de diciembre para la cancelación de las reclamaciones de los tenedores de bonos, incluida en mi despacho del 29 de enero anterior. Señalé en ese despacho mis temores de que la Convención no fuera sancionada por la Legislatura o puesta en vigencia. Me acongoja tener que informar a su Ilustrísima que mis temores se han realizado, pues el Congreso pospuso la consideración de la Convención de una manera que deja poca o ninguna perspectiva de su final adopción. Lamento esto profundamente, no sólo por causa de los tenedores de bonos, cuyas esperanzas de pago quedan, como imagino, aniquiladas por un período indefinido, sino también por las fatales consecuencias para este país, cuya buena fe, si se rechaza la Convención, tendrá que convertirse en motivo de habladurías en las lonjas del mundo.

   Sería ocioso detallar a su Ilustrísima las deshonrosas intrigas con las cuales, según se dice, se disuadió a los miembros de la Cámara de Representantes de firmar la Convención, aún si contara con pruebas de ellas, que por supuesto no poseo.

   La Convención fue presentada al Senado seis días después de la apertura del Congreso, y allí se demoró por causa de varias obstrucciones hasta el 21 de abril, cuando se aprobó por una mayoría de sólo tres votos. Mi impresión personal es que dicho resultado decepcionó al general Santander, quien, yo sospechaba, había intentado y esperaba asegurar su acogida por parte de esa corporación, pero quienes tenían más probabilidad de estar mejor informados sobre estas maquinaciones que yo, son de la opinión que promovió su sanción por el Senado con el objeto de mostrar un aparente apoyo de esa Cámara y disponer así de una pretendida base para afirmar que había hecho todo cuanto estaba en su poder para sostener la Convención hasta el fin de la Legislatura, teniendo éxito en cierta medida. Como quiera que hubiera sido, lo cierto es que tan pronto como emergió el Tratado en la Cámara de Representantes, fue instantánea y violentamente atacado por los diputados sobre la base de que se asignaba una proporción demasiado grande a la Nueva Granada, buscándose diligentemente toda forma de interponer demoras, entre otras la resolución de imprimir la totalidad de los voluminosos protocolos de las conferencias entre los plenipotenciarios venezolanos y granadinos ?un proceso en extremo dilatorio aquí?, lo cual no había sido juzgado necesario para el Senado, y que, si era necesario para los representantes, pudo y debió haberse hecho con anterioridad, y la ausencia, con varias excusas, de algunos representantes cuya presencia en la discusión, según decían otros, era tan indispensable que ésta se aplazaba hasta que pudieran estar. Aplazada así la consideración del asunto hasta quince días después de comenzar la prórroga, se urdió una nueva demora con la propuesta de nuevas proporciones de pago, bajo el pretexto de que la parte del 50 por ciento asignada a la Nueva Granada era injusta y sería impopular. Tengo razones para suponer que ello se tramó por el absurdo de nuevos proyectos de ley; el primero era que la Nueva Granada debía asumir inmediatamente el 40 por ciento en lugar del 50, dejando la puerta abierta a la negociación con los otros estados, del aumento de esta cuota. Aún esto encontró oposición, presentándose otro proyecto que asignaba a la Nueva Granada solamente un 33 1/3 por ciento o un tercio exacto de la deuda externa, con la misma reserva de negociación futura. Incluso si estas distribuciones inequitativas de la deuda hubieran sido justas, su proposición no hubiera tenido mayor significado, sugeridas como lo fueron en un momento tan tardío de la sesión que no habría habido tiempo para pasarlas por ambas cámaras de la Legislatura. En concordancia, finalizaron los 90 días en medio de las discusiones, y en su discurso de clausura, la última noche de sesiones, el presidente de la Cámara de Representantes lamentó que el cierre de su período constitucional los había sorprendido en medio de sus deliberaciones sobre la Convención con Venezuela, como si cada diputado no hubiera sabido desde el principio que el término de 90 días era la duración definitiva del Congreso.

   A mediados del mes pasado se supo aquí desde Caracas que el congreso venezolano había rechazado algunos artículos del tratado con este gobierno firmado por el señor Michelena en diciembre de 1833. Esta ocurrencia fue aprovechada por los opositores de la Convención para el pago de las deudas de Colombia como pretexto para no consentir en su aprobación. Digo que fue un pretexto porque no existe ninguna duda de que la determinación de rechazar o demorar su aprobación se había concertado con anterioridad.

   Este vergonzoso espectáculo de un gobierno y una Legislatura barajando y pasando las cartas de una mano a otra, con el objeto de evitar o aplazar el pago de deudas a las cuales debe en verdad su país su existencia política, elimina en mi opinión toda esperanza de pago dentro de un tiempo razonable a los tenedores de bonos británico, quienes sólo pueden gozar del triste consuelo de reflexionar que un gobierno de tan mala fe habría encontrado, aún si la Convención hubiera sido aprobada por el Congreso, algún otro medio de evadir o demorar el pago. El espíritu con el cual la Legislatura granadina ha considerado la cuestión de las reclamaciones de sus acreedores, se muestra con claridad casi igual en la total abolición en el actual momento de la alcabala (comunicada en mi despacho No. 14 de esta fecha); pues qué gobierno con intenciones de hacer un esfuerzo para pagar sus deudas hubiera escogido tal momento para extinguir completamente el único impuesto ciertamente productivo cobrado dentro de su territorio sin dejar absolutamente ninguna compensación adecuada, cuando hubiera podido de un modo mucho más razonable haberse conformado con una disminución de su monto y una mejor reglamentación de su recaudo, lo cual habría modificado su opresión sin disminuir mayormente su producto? Los actos arriba mencionados han inspirado en cada extranjero que se encuentra aquí la decidida convicción de que no hay ningún motivo, aparte del miedo, que pueda enseñar la honestidad al gobierno granadino.

   No he intervenido hasta el punto de sostener correspondencia oficial, en el asunto de la Convención con Venezuela, en parte porque mis instrucciones sólo me ordenan dar mi apoyo al representante de los tenedores de bonos, quien no me ha solicitado tal apoyo, pero cuyos esfuerzos han sido infatigables para introducir en el gobierno y la Legislatura granadinos un justo sentido de cuanto es debido a sus acreedores y a ellos mismos. Aquél puede tener la entera confianza de que aquí no se ha omitido nada que pudiera ayudar a la defensa de sus reclamaciones. En efecto, compartí con el agente de los tenedores de bonos la total persuación de que mi intervención carecería completamente de efecto, pues la mayor parte de la Cámara de Representantes se hallaba demasiado obstinada en su línea de conducta para admitir la posibilidad de un cambio. Por consiguiente me conformé con recomendar encarecidamente en forma verbal la importancia de la Convención que se sancionaba, tanto al presidente como al señor Pombo, lo cual hice repetidas veces. Y aquí tal vez no debo omitir señalar que después de la aprobación de la Convención por el Senado, el señor Pombo me aseveró que consideraba segura su aprobación por parte de la Legislatura entera, pues todos los temores del Ejecutivo se confinaban al Senado, mientras que no se contemplaba ninguna resistencia seria por parte de la Cámara de Representantes.

   Pocos días antes de la prórroga del Congreso, se difundió aquí el informe, por cuenta de los adherentes del Ejecutivo, según se cree, de que el Congreso de Venezuela había, al cierre de sus sesiones, dejado sobre la mesa la Convención sobre la deuda sin haber decidido sobre ella. Sin embargo, recibí un aviso el 4 pasado de parte de Sir Robert Porter, informando que la Legislatura venezolana había aprobado y pasado la Convención. Este conocimiento, se me asegura, ha inspirado en este gobierno alguna alarma por las consecuencias que pueden sobrevenir por la comparación de su línea de conducta con la de Venezuela.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Ilustrísimo duque,
   De su Ilustrísima
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 55/ 1/fos. 260RH­267RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 221

Revolution in Venezuela.

Bogotá, 17th September 1835

My Lord,

   Your Lordship will doubtless have received from His Majesty's Consul in Caracas detailed accounts of the late disastrous revolution in Venezuela long before any advices can arrive from me. Without therefore particularising the notices of that movement which have reached this capital, and which in truth are but meagre and unsatisfactory, I will content myself with informing your Lordship of the effect which the intelligence produced upon this government.

   This may be stated in a few words. The first impression was one of vivid alarm, occasioned, not only by the fear so natural in these countries that the spirit of disturbance would spread rapidly from one State to another, but by the particular dread entertained by the Granadian Government of the Officers of General Bolivar's party who were banished by it in 1831 in violation of the Treaty of Apulo (as stated in my despatch No. 18 of that year) and who ever since they have been received into the Military Service of Venezuela have made no secret of their hope and determination one day to revenge themselves on the Liberal Party of New Granada.

   The fear however of a march on New Granada by the above mentioned officers was removed by the first particulars received here of the revolt, which gave every reason to believe that it was a rash underkating of but a few hot headed individuals; and the later intelligence that arrived last week of the extensive ramifications and numerous adherents of the Revolution, still shows that the force of the Government is so considerable and its resistance so determined, that the alarm once felt here is now removed by the expectation that the equal balance of the Combatants will provide too much occupation for the insurgents to admit of their carrying operations beyond Venezuela.

   Now that the fright is passed, I believe that the generality of the Granadians rather rejoice in the disturbances of Venezuela of whom they still retain the violent zealousy which Spain for her own purposes carefully inspired into the different Provinces of her Colonies, and whose late prosperity and separate acknowledgement by Great Britain they have seen with ill disguised envy: But the few of this people who think seriously of the fate and prospects of their country, contemplate the late revolution in Venezuela with visible disgust and dejection, for they reason naturally enough that there can be little or no hope of tranquillity or settled institutions in the other two sections of Colombia, sunk as they are in poverty and wretchedness, if these fundamental objects of government could not be secured in Venezuela, which has for the last 3 years enjoyed so comparatively large a share of commercial prosperity and wealth.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/1/p. 335RH­337LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 221

Revolución en Venezuela.

Bogotá, 17 de septiembre de 1835

Señor:

   Sin duda su Señoría habrá recibido del cónsul de su Majestad en Caracas relatos detallados de la última y desastrosa revolución en Venezuela mucho antes de llegar ningún aviso de mi parte. Sin entrar en detalles, por consiguiente, en las noticias de ese movimiento que han llegado a esta capital, las cuales son, a decir verdad, exiguas e insatisfac­torias, me conformaré con informar a su Señoría sobre el efecto que su inteligencia produjo sobre este gobierno.

   Este se puede señalar con pocas palabras. La primera impresión fue de vivida alarma, ocasionada no sólo por el temor tan natural en estos países de que el espíritu perturbador se extendería rápidamente de un Estado a otro, sino por el terror particular que conserva el gobierno granadino del partido de los oficiales del general Bolívar desterrados por él en 1831, en violación del Tratado de Apulo (como se apunta en mi despacho No. 18 de ese año), y quienes desde cuando fueron aceptados en el servicio militar de Venezuela no han ocultado su esperanza y determinación de vengarse algún día del partido liberal de la Nueva Granada.

   Sin embargo, el temor de una marcha sobre la Nueva Granada de parte de los oficiales mencionados, fue eliminado por los primeros detalles recibidos aquí sobre la revuelta, que dieron razones para creer que se trataba apenas de una temeraria empresa de sólo unos cuantos exaltados; y los recientes informes, llegados la semana pasada, de las extensas ramificaciones y numerosos adherentes de la revolución, muestran todavía que la fuerza del gobierno es tan considerable y su resistencia tan decidida, que la alarma que alguna vez se sintió aquí se ha eliminado por la perspectiva de que el igual balance de los combatientes mantendrá muy ocupados a los insurgentes para pesar en llevar a cabo operaciones más allá de Venezuela.

   Ahora que el sobresalto ha pasado, creo que la generalidad de los granadinos se regocija con los disturbios en Venezuela, por la cual todavía conserva los violentos celos que España, para sus propios designios, inspiró cuidadosamente en las diferentes provincias de sus colonias, y cuya reciente prosperidad y su reconocimiento por parte de la Gran Bretaña ha visto con mal disfrazada envidia: Pero los pocos que entre esta gente piensan seriamente en el destino y las perspectivas de su país, contemplan la reciente revolución en Venezuela con visible disgusto y abatimiento, pues razonan con suficiente razón que habrá poca o ninguna esperanza de tranquilidad o estabilidad en las instituciones de las otras dos secciones de Colombia, hundidas como están en la pobreza y la desdicha, si los propósitos fundamentales del gobierno no pudieran asegurarse en Venezuela, que durante los tres últimos años ha gozado comparativamente de una alta proporción de prosperidad y riqueza comercial.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 55/ 1/fos. 335RH­337LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. SEPARATE1

Proceedings of Granadian Government in consequence of a fire in William Turner's house.

Bogotá, 19 November 1835

My Lord,

   However anxious I feel at all times to abstain from troubling my superiors on any subject personally affecting myself, a circumstance has recently occurred here which seems to me to render it obligatory on me to do so now.

   On the night of the 6th March last, a fire broke out on or near my premises, which consumed the offices of my house and of my neighbour's. There are no means of ascertaining authentically whether it originated in my house or in his, but I should say that the most general opinion is that it proceeded from an oven of mine. Certain it is however that in the office of the Alcalde of the quarter, to which, on application, I consented to send one of my servants for examination, it was on the 9th March judicially pronounced that they were perfectly satisfied and that there was no ground of complaint. I therefore imagined that I should not be expected to suffer any other consequences than the inconvenience of repairs which was enormous. The cost of them, which was not inconsiderable, I defrayed, thinking it would be unhandsome to avail myself of the law which would have entailed them on my landlord.

   In this idea, however, I was mistaken. Two days after the fire, the proprietor and the tenant of the neighbouring house, both called on me, the former personally and the latter by letter, to compensate them for the loss which they had suffered from the fire, and this on the ridiculous ground that it had been occasioned by the distillation of brandy in which it was, they said, well known I carried on a trade contrary to the laws of the country which my privileges enabled me to evade. This senseless claim, founded on so scandalous an imputation, I of course treated only with contempt. The proprietor of the house, a señor Castillo, finding his demands fail, then sought to move my compassion by pleading extreme poverty, though I found on enquiry he was one of the richest men in Bogotá. He however desisted totally from his claim, in consequence, as I have been informed, of his having consulted lawyers who told him it was utterly unfounded.

   The tenant of the house, a señor Carvajal, when he called on me by letter to come to a settlement with him for paying the amount of his losses, threatened me with a recourse to the Tribunals if I refused. I paid no attention to his letter. He made no statement of the amount of his alleged loss, but I have heard that he rates his claim at 30.000 dollars, i.e. 300.000 dollars in Colombian paper, valued at ten per cent.

   Here I ought to observe, lo. that this señor Carvajal is a bankrupt declared in form of law, and therefore either had not, as every one here believes, property to lose, or if he had it, was liable to a criminal prosecution for not having given it up to his creditors. And 2o. that señor Carvajal's family on the night of the fire saved all their furniture from its ravages.

   Señor Carvajal proceeded however to collect evidence, and actually persuaded 14 of his acquaintances to swear on oath that they had heard said that I distiled brandy in my house. This was necessary for Mr. Carvajal's purpose, because it is only in the case of a dangerous trade being carried on carelessly that the law of this country obliges the person in whose house a fire originates to compensate his neighbour's losses. This evidence he submitted to the Government urging it to send it to that of His Majesty, and apply that I should be compelled to indemnify him. Mr. Pombo continuously sent it to me for perusal, through a private friend.

   I do not send the evidence, which is in Spanish and fills a pamphlet of 21 pages too voluminous for translation and which moreover will be sent to Your Lordship officially by this Government.

   I heard no more of the matter till the month of August, when I was informed that Mr. Carvajal had published the evidence, and on procuring the publication, I found it stated at the end of it that he had been informed on the 10th August at the Foreign Office that this Government had transmitted it to that of His Majesty. As it had given me no notice of any intention to do so, I considered such a proceeding, if really carried into effect, too gross a violation of the consideration due to my public character to be passed over in silence. I therefore addressed to señor Pombo on the 5th September a note enquiring if it had been sent. His answer of the 15th September positively stated it had not, and here the correspondence might have dropped, had not his reply contained an imputation of want of courtesy in my note, which seemed to me so unfounded that I thought it right to refute the charge in another note dated 21st September.

   Your Lordship will see in Mr. Pombo's answer that he invited me to a conference on the subject of señor Carvajal's claim. It is not indeed the least strange part of this business that this Government should have shown a disposition to support a claim so ridiculous grounded solely on an imputation so calumnious. But the motive which prompted it to support it is so strongly characteristic of this people, that I think it worth while to relate it.

   General Santander, finding the term of his Presidency approach (it will expire in October 1836), has been anxiously labouring to secure the election of a person who will blindly obey his dictates. The man for whom he exerted himself, señor Soto, the present minister of Finance, is so totally incompetent in ability and disreputable in public character, that the choice has excited ridicule without a chance of success. The candidates in whom the probability of election lies, are señor Rafael Mosquera who was Minister of the Interior of this Government in 1833, señor Márquez, the present Vice President, and General Obando, who was Vice President in the beginning of 1832. The chance of the latter has been greatly increased by the late revolution in Venezuela, which has generalized here the idea that public tranquillity is best guaranteed by the Government of a military man. Santander is therefore very anxious to recommend himself to the favour of General Obando, and as this latter is on the point of marrying the daughter of Carvajal, he thought the support of this senseless and unprincipled claim a good opportunity of doing so. For this reason it is, as I have been assured from more than one quarter, that he promised Carvajal he would refer his claim to the British Government.

   Having heard nothing more of the subject for some time after sending my note of 21 September, I began to think that General Santander had seen the absurdity of the claim he was seconding and resolved on dropping it; when I received in the country where I had gone for a few days, a private letter dated 22nd October from señor Pombo, asking my final decision with respect to señor Carvajal's demand. I told him in an answer that I could only repeat what I had verbally said to him, that for reasons which I detailed I could not consider that señor Carvajal had any claim whatever on me. On the 4th instant I received an unsigned note stating that this Government had resolved on transmitting the representation and documents of Carvajal to Your Lordship. I contented myself with a simple acknowledgement of this note, and here the correspondence has ceased.

   Your Lordship will observe in señor Pombo's last note that this Government states it has determined on transmitting to Your Lordship Carvajal's demand on me, not considering itself bound to declare that it was unfounded; and that it makes no allusion to the request contained in my note of 5 September that it would communicate to me the observations with which it would accompany it. In fact señor Pombo spontaneously told me in conversation that he had said to Mr. Carvajal that he could see no justice in his claim and no proofs in his evidence; but that as, after this was said to him, he persisted in demanding that I should submit his demand to the British Government, the President considered that he had no choice and was obliged so to submit it by the article of the Constitution which binds the Executive to attend to the complaints of Granadian citizens. I considered it utterly useless, and therefore forbore to suggest that surely the obligation of the Government must depend on the reasonableness of the applicant. Señor Pombo's opinion of the claim is moreover shown in his private letter to me of 22 October, wherein he makes an excuse for the trouble he is giving me on the ground of the endless impertinencies of which he is the victim. But he has little or no influence as a member of the Government. Señor Pombo also told me that the transmission of it would be entirely unaccompanied by observations, and that the real value of the claim would be left to the uninfluenced judgement of the British Government.

   I cannot describe to Your Lordship the reluctance with which I trespass at such length on your time respecting a subject so personal and so absurd. But I feel confident of Your Lordship's pardon for doing so, in consideration of the little confidence which experience entitles me to repose on the unwritten word of the leading members of the Granadian

   Government and of my total ignorance of the manner or terms in which the claim will be referred to Your Lordship.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient,
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/ 1/fos. 359RH­401RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. SEPARADO1

Proceder del gobierno granadino como consecuencia de un incendio en la casa de William Turner.

Bogotá, 19 de noviembre de 1835

Señor:

   No obstante lo ansioso que me siento en todo momento de abstenerme de importunar a mis superiores con cualquier tema que me afecte personalmente, ha ocurrido recientemente una circunstancia que me obliga a hacerlo ahora.

   En la noche del 6 de marzo pasado, se declaró un incendio en mi domicilio o cerca de él, el cual consumió los locales de mi casa y la de mi vecino. No hay manera de determinar auténticamente si se originó en mi casa o en la suya, pero debo señalar que la opinión más generalizada es que provino de un horno de la mía. Es cierto sin embargo que en la oficina del alcalde del barrio, a la cual, por una petición, consentí en enviar a uno de mis sirvientes para someterlo a examen, se declaró judicialmente el 9 de marzo que estaban perfectamente satisfechos y que no existía motivo alguno de queja. Por lo tanto, imaginé que no debía esperar padecer ninguna otra consecuencia que la molestia de las reparaciones, que fueron enormes. Sufragué el costo de éstas, de no escasa consideración, pensando que no sería nada elegante valerme de la ley que lo habría impuesto al propietario.

   Erré, sin embargo, en esta idea. Dos días después del incendio, el dueño y el inquilino de la casa vecina se dirigieron ambos a mí, el primero personalmente y el segundo por carta, para que los compensara por las pérdidas que habían sufrido por el incendio, y ello sobre el ridículo fundamento de que éste había sido ocasionado por la destilación de brandy, del cual, según dijeron, era bien sabido que yo llevaba a cabo un comercio contrario a las leyes del país, que mis privilegios me permitían evadir. Por supuesto sólo me mereció desprecio esta demanda sin sentido, basada en tan escandalosa imputación. El propietario de la casa, un señor Castillo, hallando su demanda fracasada, buscó entonces excitar mi compasión alegando extrema pobreza, pese a haber yo encontrado, al averiguar, que era uno de los hombres más ricos de Bogotá. Con todo, desistió totalmente de su reclamación, a consecuencia, según se me ha informado, de haber consultado un abogado que le dijo que aquella era completamente infundada.

   El inquilino de la casa, un señor Carvajal, cuando se dirigió a mí por carta para llegar a un arreglo con él para el pago de sus pérdidas, me amenazó con recurrir a los tribunales si yo me rehusaba. No puse atención a la carta. El no declaró la cantidad de sus pretendidas pérdidas, pero he oído que avalúa su reclamación en 30.000 dólares, es decir, 300.000 dólares en moneda colombiana, valorada al diez por ciento.

   Aquí debo observar: lo. Que este señor Carvajal ha sido declarado insolvente de acuerdo con la ley, y por consiguiente no tenía, como todos creen, ninguna posesión que perder, y si la tuviera, estaría sujeto a juicio criminal por no haberla entregado a sus acreedores. Y 2o., que la noche del incendio la familia del señor Carvajal salvó todos sus muebles de la furia de aquél.

   El señor Carvajal, sin embargo, procedió a recoger evidencias, y en efecto persuadió a 14 de sus conocidos de declarar bajo juramento que me habían oído decir que destilaba brandy en mi casa. Ello era necesario para los propósitos del señor Carvajal, pues solamente en el caso de que se lleve a cabo descuidadamente un negocio peligroso, la ley de este país obliga a la persona en cuya casa se origina el incendio a compensar las pérdidas del vecino. Remitió dicha evidencia al gobierno, urgiéndolo a enviarla al de su Majestad, y solicitó que se me obligara a indemnizarlo. El señor Pombo me la envió en forma continua para estudiarla, por medio de un amigo.

   No adjunto la evidencia, que está en español y llena un panfleto de 21 páginas demasiado voluminoso para su traducción y el cual, por otra parte, será enviado a su Señoría oficialmente por este gobierno.

   No supe más del asunto hasta el mes de agosto, cuando se me informó que el señor Carvajal había publicado la evidencia, y al procurarme la publicación hallé que declaraba al final que la secretaría de Relaciones Exteriores le había indicado que este gobierno la había transmitido al de su Majestad. Como aquél no me había dado ninguna noticia de su intención de hacerlo, estimé que tal proceder, si realmente se había llevado a efecto, era una violación demasiado grande a la consideración debida a mi posición pública como para dejarlo pasar en silencio. Por lo tanto dirigí al señor Pombo una nota el 5 de septiembre preguntando si se había enviado. Su respuesta del 15 de septiembre afirmaba positivamente que no, y la correspondencia habría cesado allí, de no ser porque su respuesta contenía una acusación de falta de cortesía en mi nota, que me pareció tan infundada que creí correcto refutar el cargo en otra nota fechada el 21 de septiembre.

   Su Señoría verá en la respuesta del señor Pombo que me ha invitado a una conferencia sobre la demanda del señor Carvajal. No deja en verdad de ser extraño en todo este asunto que el gobierno se haya mostrado dispuesto a apoyar una reclamación tan ridicula basado solamente en una imputación tan calumniosa. Pero el motivo que lo incitó a hacerlo es tan altamente característico de esta gente, que considero vale la pena referirlo.

   El general Santander, hallando que su período presidencial se acerca a su fin (culminará en octubre de 1936), ha estado trabajando ansiosamente para asegurar la elección de una persona que obedezca ciegamente a sus dictados. El hombre por quien se ha esforzado, el señor Soto, actual secretario de Hacienda, es tan enteramente incompetente en cuanto a sus capacidades y tiene tan mala fama en su carácter público, que la escogen­cia ha motivado el ridículo y no tiene posibilidad de éxito. Los candidatos en quienes recae la probabilidad de la elección son el señor Rafael Mosquera, quien fue secretario de Gobierno de esta Administración en 1833, el señor Márquez, actual vicepresidente, y el general Obando, quien fue vicepresidente a principios de 1832. La opción de este último ha aumentado considerablemente a causa de la última revolución en Venezuela, que ha generalizado la idea de que la tranquilidad pública tiene mejores garantías dentro del gobierno de un militar. Santander está por consiguiente muy ansioso de captarse el favor del general Obando, y teniendo en cuenta que este último está a punto de casarse con la hija de Carvajal, ha pensado que el apoyo a esta insensata e inescrupulosa demanda es una buena oportunidad de hacerlo. Es esta la razón, como se me ha asegurado de parte varias fuentes, para que hubiera prometido a Carvajal remitir su demanda al gobierno británico.

   No habiendo escuchado más sobre el asunto durante algún tiempo después de haber enviado mi nota de 21 de septiembre, comencé a pensar que el general Santander había visto el absurdo de la demanda que estaba secundando y había resuelto retirarla; entonces recibí en el campo, a donde había ido por algunos días, una carta privada del señor Pombo fechada el 22 de octubre, solicitando mi decisión final con respecto a la demanda del señor Carvajal. Le repliqué que solamente podía repetir lo que le había dicho verbalmente, que por las razones que puntualizaba no consideraba que el señor Carvajal pudiera tener absolutamente ninguna reclamación en contra mía. El pasado día 4 recibí una nota sin firmar señalando que el gobierno había resuelto transmitir la representación y los documentos de Carvajal a su Señoría. Me conformé con el simple reconocimiento de recibo de dicha nota, y allí ha cesado la correspondencia.

   Su Señoría apreciará en la última nota del señor Pombo que este gobierno afirma haberse decidido a transmitir a su Señoría la demanda de Carvajal en contra mía, no considerándose obligado a declarar que era infundada; y que no hace alusión a la solicitud contenida en mi nota de 5 de septiembre de comunicarme las observaciones con las cuales la acompañaría. En realidad el señor Pombo me dijo espontáneamente en una conversación, que había indicado al señor Carvajal que no veía ninguna justicia en su demanda ni pruebas en su evidencia; pero en vista de que, luego de habérsele dicho lo anterior, persistía en su exigencia de que se enviara su demanda al gobierno británico, el presidente estimó que no le quedaba elección, y estaba obligado entonces a remitirla por el artículo de la Constitución que obliga al Ejecutivo a atender a las quejas de los ciudadanos granadinos. Consideré completamente inútil, y por consiguiente me abstuve de ello, sugerir que con seguridad la obligación del gobierno debía depender de la sensatez de la solicitud. La opinión del señor Pombo sobre la demanda se muestra además en la carta privada que me dirigió el 22 de octubre, en la cual se excusa por las molestias que me está ocasionando por causa de las impertinencias sin fin de las cuales él es víctima. Pero él tiene poca o ninguna influencia como miembro del gobierno. El señor Pombo me dijo también que la transmisión de aquella estaría enteramente desprovista de observaciones, y que el valor real de la demanda se dejaría al juicio no influenciado del gobierno británico.

   No puedo describir a su Señoría la renuencia con la cual cometo esta intrusión tan palmaria en su tiempo con respecto a un asunto tan personal y tan absurdo. Pero aspiro al perdón de su Señoría, en consideración a la poca confianza que la experiencia me autoriza a depositar en la palabra no escrita de los miembros más importantes del gobierno granadino, y de mi completa ignorancia de la manera o los términos en los cuales se presentará la demanda a su Señoría.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 55/ 1/fos. 359RH­401RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 21

Claims of Mr. McKintosh, Mrs. Skeene and Mr. Hodginson.

Bogotá, 14 January 1836

My Lord,

   I have the honour to acknowledge your Lordship's dispatches Nos 9 and 10 of the 15th October last, directing me to address this Government on behalf of the late Captain Hodginson and of Mrs. Mary Skeene.

   I feel confident that I shall be considered by your Lordship as justified in forbearing from urging the above claims in a note to Señor Pombo when I have the strongest grounds for conviction of its being utterly useless to do so, and of my being sure to receive some answer as has been returned to all my similar applications.

   This government has repeatedly stated to me that it is prohibited by Legislative Enactment from paying or even acknowledging any claims, whether of foreigners or natives, standing against the Republic of Colombia, for debts or services incurred or performed during the existence of that Republic. It may be very true that the Granadian Legislature was not justified in deferring the liquidation of its debts by such an Enactment, and that it passed the law only for the purpose of evading such liquidation, but this reduces the question to the right or policy of disputing the justice of the law (which I know is not your Lordship's intention) as I could have no hope of persuading the government to depart from it, or the Congress to revoke it.

   Under these circumstances, I see no other course open to me, with respect to the above claims, than that of waiting the effect of your Lordship's remonstrance to the Granadian Government (which forms the object of your Lordship's Dispatch No. 8 of 15th Oct. last) inducing the Legislature to sanction the Convention with Venezuela, or to adopt some other mode of coming to settlement of the claims against Colombia, in either of which cases the claimants will doubtless be informed by public advertisement of the authority to which they are to refer their demands, of the proofs by which they are to support them, and of the channels through which such proofs are to be obtained.

   The claim of Mr. Mackintosh transmitted to me in your Lordship's dispatch No. 8 is so similar to the two above­mentioned cases, in its conditions and circumstances, that I have no doubt of your Lordship's acquiescing in the unadvisableness of urging it at present on the Granadian Government.

   I have the honour to be with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/4/p. 16RH­18RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 21

Demandas del señor McKintosh, la señora Skeeneyel señor Hodginson.

Bogotá, 14 de enero de 1836

Señor:

   Tengo el honor de acusar recibo de los despachos de su Señoría Nos. 9 y 10 del 15 de octubre pasado, ordenándome dirigirme a este gobierno a nombre del difunto capitán Hodginson y de la señora Mary Skeene.

   Confío en que su señoría considerará justificado que yo me haya abstenido de presionar con respecto a las anteriores reclamaciones en una nota al señor Pombo, pues tengo la convicción, firmemente arraigada, de la total inutilidad de hacerlo, y me siento seguro de recibir una respuesta igual a las que han merecido todas mis solicitudes parecidas.

   El gobierno me ha declarado repetidas veces que le está prohibido por acto legislativo pagar o aún reconocer ninguna reclamación, ya sea de extranjeros o nativos, instaurada contra la República de Colombia, por deudas o servicios en que se hubiera incurrido o que se hubieran ejecutado durante la existencia de esa República. Puede ser muy cierto que la legislatura granadina no estaba justificada al posponer la liquidación de sus deudas por tal acto, y que aprobó la ley solamente con el propósito de evadir tal liquidación, pero ello reduce la cuestión al derecho o política de disputar la justicia de la ley (lo cual sé que no es la intención de su Señoría), pues no podría tener ninguna esperanza de persuadir al gobierno de separarse de ella, o al Congreso de revocarla.

   Bajo estas circunstancias, no veo otra línea de conducta posible para mí, con respecto a las reclamaciones arriba mencionadas, que esperar el efecto de la reconvención de su Señoría al gobierno granadino (la cual es el objeto del despacho No. 8 del 15 de octubre pasado de su Señoría) invitando a la Legislatura a sancionar la Convención con Venezuela, o a adoptar algún otro modo de llegar a un arreglo con respecto a las reclamaciones contra Colombia, siendo en ambos casos los demandantes sin duda informados por aviso público sobre las autoridades a las cuales tienen que remitir sus demandas, de las pruebas con las cuales tienen que apoyarlas y de los canales por los cuales habrán de obtenerse dichas pruebas.

   La reclamación del señor Mackintosh, que me fue transmitida en el despacho No. 8 de su Señoría, es tan similar a los dos casos arriba mencionados, en sus condiciones y circunstancias, que no tengo duda de que su Señoría convendrá en la inconveniencia de presionar por ella al gobierno granadino.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 55/4/fos. 16RH­18RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 71

President's message to the Congress of 1836.

Bogotá, 18 March 1836 My Lord,

   The Granadian Congress of this year having assembled on its appointed day, the 1st March, a number of members more than sufficient to constitute itself, the President sent to it his annual message, of which I have the honour to enclose herein a copy2. This document is so full in its statements and explanations that I do not feel it necessary to add any observations of mine. I have, however, thought it advisable to mark two passages, as deserving your Lordship's notice: The first of these is the recommendation by General Santander for Legislative approval and sanction of the Venezuelan Convention respecting the Colombian debt, which, if words alone could be satisfactory. His Excellency has certainly expressed as forcibly as could be required; and the second is a cursory mention of the British East India Company, respecting which, as it appeared to me a flippant remark upon the institution of our country, I deemed it advisable to hint slightly to Señor Pombo that I hoped such observations could be avoided in future.

   I have the honour to be with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTES
1Public Record Office, London, FO 55/4/p. 46RH­47RH.
2Not included in this volume. See footnote in the translation of this document.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 71

Mensaje del presidente al congreso of 1836.

Bogotá, 18 de marzo de 1836

Señor:

   El Congreso granadino de este año se reunió en la fecha señalada, lo. de marzo, con un número de miembros más que suficiente para constituirse, y el presidente le envió su mensaje anual, del cual tengo el honor de adjuntar una copia2. Dicho documento es tan completo en sus declaraciones y explicaciones que no veo necesario agregar ninguna observación de mi parte. Sin embargo, he creído aconsejable subrayar dos pasajes que merecen la atención de su Señoría: El primero de ellos es la recomendación del general Santander de aprobación legislativa y sanción de la Convención con Venezuela referente a la deuda colombiana, la cual, si sólo las palabras pudieran ser satisfactorias, ha expresado su Excelencia de la manera más enérgica posible; y el segundo es una rápida mención de la Compañía Británica de las Indias Orientales, respecto a la cual, pareciéndome una anotación superficial sobre una institución de nuestro país, juzgué aconsejable insinuar al señor Pombo que esperaba que tales observaciones pudieran evitarse en el futuro3.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
y humilde servidor,

W. Turner.


NOTAS
1Public Record Office, Londres, FO 55/4/fos. 46RH­47RH.
2No se incluye en este volumen. Ver siguiente nota de pie de página.
3Los dos pasajes del Mensaje de Santander al Congreso a los que se refiere Turner son los siguientes: 1. Sobre la Convención venezolana y la deuda: "... Os recomiendo encarecidamente el examen de ella con la detención e imparcialidad que exige la materia, y que son tan propias del poder legislativo. Considerar que no se trata de un negocio exclusivo de la Nueva Granada en el que su voluntad sea una ley obligatoria a las otras partes contratantes, ni de pesar el gravamen que pueda recaer sobre ella por la responsabilidad a sus acreedores, sino de apreciar la equidad y conveniencia de la medida, y la obligación que la ley fundamental nos impuso de pagar conforme a nuestros compromisos, a nuestros recursos y al mayor número de personas, que han recibido beneficio del resultado de la guerra de independencia en que se han impendido las deudas contraídas. Venezuela ha aprobado el convenio: y si la Nueva Granada difiriese por más tiempo darle su aprobación, no sería extraño que su descrédito y deshonra aumentasen los embarazos en que deben colocarla la complicación del negocio, y las reclamaciones de los acreedores extranjeros". 2. La mención de la British East India Company se halla en el siguiente pasaje: "... Temo que se renueve en las presentes sesiones legislativas el proyecto de dar en arrendamiento la renta de tabaco, o más claro, de entregar el monopolio de este ramo a una sociedad particular. En el año pasado se opuso el gobierno a ello con razones tan poderosas, que todavía obran en su ánimo para insistir en su oposición... Si todo monopolio es una carga pesada para el pueblo cuando el gobierno es el que lo hace, mayor y más insoportable es cuando son los particulares... Por otra parte una compañía cuya influencia poderosa se extendería desde la capital de la República hasta el más infeliz distrito parroquial... sería una sociedad embarazosa para el gobierno, y temible en el orden político: ella dispondría de los destinos que la elección popular debe conferir, se harían leyes según sus deseos, y tendría a sus órdenes una multitud de empleados y dependientes prontos a cumplir su voluntad. La razón inspira estos temores, que la experiencia ha confirmado, aún sin ocurrir a los ejemplos de la compañía alemana en Venezuela, la de la India en la Gran Bretaña, y la del Banco Nacional en los Estados Unidos del Norte...". Ver: Mensaje del presidente de la República de la Nueva Granada al Congreso de 1836, Bogotá 1836, p. 4, 5.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 81

Discussions in Congress. The President charged
with an unconstitutional act. Resignation of the ministers.

Bogotá, 25 March 1836

My Lord,

   I take a remote chance of this dispatch arriving at Carthagena in time for the packet in order to inform your Lordship of the serious occurrences that have passed here since I sent off my post of the 18th instant.

   On the 21st instant the Chamber of Representatives entered on discussion respecting the Treaty with Venezuela for the Colombian debt: But instead of their attention being directed to the policy of sanctioning or annulling the Treaty, the Party in opposition to the Government raised a question (of which no notice was taken by the Senate when it sanctioned the Treaty last year) as to the legality of the mode in which the President appointed the Plenipotentiary to treat: The whole Chamber set off full cry after this question, and at the end of a short but most violent debate the proceedings of the Executive in setting on foot the negotiation were, by a majority of 29 to 23 pronounced unconstitutional.

   In consequence of this decision Señor Pombo, the Minister of Foreign Relations, and Señor Soto, the Minister of Finance, resigned their offices on the following day, and General Santander yesterday addressed to the Chamber of Representatives a message which is (doubtless on purpose) obscurely worded, whereby he calls on it to carry the accusation against him to the Senate, but does not expressly offer his resignation.

   The Congress is now engaged in debating its reply to the above message, but there is no chance of my being able to state the result by the present opportunity. Meantime the city is in the greatest confusion and no small alarm: its inhabitants are discussing in the streets the probable and possible consequences of the proceedings of the Representatives, and placards are flying about on all sides, marked by the usual want of reasonable argument, and the usual abundance of personal abuse.

   The vacant offices have been offered to two persons who have both refused them; that of Foreign Relations is assigned in the Extraordinary Gazette to a Señor Restrepo who is in Antioquia, and the post of Secretary of State is, till his arrival, conferred on Señor Florentino González, who was one of the principal and busiest actors in the conspiracy of 25th September 1828 for assassinating General Bolivar. This appointment has excited general disgust and the Diplomatic Corps are little pleased at being put in official relations with so disreputable a character.

   I have myself little or no doubt that the charge of illegality was devised by the Opposition solely as a means of setting aside the Treaty, against the distribution of the debt assigned by which, some pamphlets have been written that have a tendency to render it very unpopular. But this supposition is vehemently denied by the Party accusing the Executive, who say that they are aware how liable they have rendered themselves to such an imputation, and in order to combat it will instantly enact a law appropriating means for part­payment of the debt, and for the maintenance of Granadian credit. I will only say that I should rejoice if my hopes of their good faith on this head were as strong as my wishes.

    I have the honour to be, with the greatest truth & Respect,
   My Lord,
    Your Lordship's
   Most Obedient,
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/4/p. 79RH­82RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 81

Discusiones en el congreso. El presidente acusado de un acto inconstitucional. Renuncia de los ministros.

Bogotá, 25 de marzo de 1836

Señor:

   Acudo a la remota posibilidad de que este despacho llegue a Cartagena a tiempo para el paquete, para informar a su Señoría sobre los graves sucesos ocurridos aquí desde mi envío del correo de pasado 18.

   El 21 del presente la Cámara de Representantes entró en discusiones con respecto al Tratado con Venezuela sobre la deuda colombiana: Pero en lugar de dirigir su atención hacia la conveniencia de sancionar o anular el Tratado, el partido opuesto al gobierno elevó una pregunta (sobre la cual el Senado no tomó nota cuando sancionó el Tratado el año pasado) sobre la legalidad del modo en el cual el presidente había nombrado el plenipotenciario para la negociación: La cámara entera perdió los estribos después de esta pregunta, y al final de un breve pero muy violento debate, la conducta del Ejecutivo al promover la negociación fue declarada inconstitucional por una mayoría de 29 contra 23.

   Como consecuencia de esta decisión, el señor Pombo, secretario de Relaciones Exteriores y el señor Soto, secretario de Hacienda, renunciaron a sus cargos al día siguiente, y ayer el general Santander dirigió a la Cámara de Representantes un mensaje de obscura redacción (sin duda intencionadamente), en el cual la invita a llevar la acusación contra él al Senado, pero sin ofrecer expresamente la renuncia.

   El Congreso se halla actualmente debatiendo la respuesta al anterior mensaje, y no existe posibilidad de que yo pueda por el momento señalar el resultado. Entre tanto se vive gran confusión en la ciudad y no poca alarma: los habitantes discuten en las calles las consecuencia probables y posibles de los actos de los representantes y por todas partes se ven carteles, distinguidos por la acostumbrada falta de argumentos razonables y la habitual abundancia de injurias personales.

   Los cargos ahora vacantes se han ofrecido a dos personas que los han rechazado; el de Relaciones Exteriores se asigna en la Gaceta Extraordinaria al señor Restrepo, quien se halla en Antioquia, y el cargo de Secretario de Estado se confiere, hasta su llegada, al señor Florentino González, uno de los principales y más activos actores en la conspiración del 25 de septiembre de 1828 para asesinar al general Bolívar. Este nombramiento ha suscitado general aversión, y el cuerpo diplomático se encuentra muy poco complacido de tener que estar en relaciones oficiales con un personaje de tan dudosa fama.

   Yo personalmente tengo poca o ninguna duda de que la acusación de ilegalidad fue ideada por la oposición con el propósito exclusivo de que se deje de lado el Tratado, contra cuya distribución de la deuda se han escrito varios folletos con la tendencia a hacerla muy impopular. Pero esta acusación la niega con vehemencia el partido que lanzó la acusación contra el Ejecutivo, cuyos miembros dicen haber percibido cuán susceptibles se encuentran de recibir esa imputación, para combatir la cual promulgarán de inmediato una ley apropiando los medios para el pago parcial de la deuda y para el mantenimiento del crédito granadino. Yo sólo diré que sentiría gran regocijo si mis esperanzas sobre su buena fe en este aspecto fueran tan consistentes como mis deseos.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 55/4/fos. 79RH­82RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 121

Result of discussion between the President and House of Representatives respecting manner of negotiating the Treaty with Venezuela on Colombian debt. Intrigues of both parties.

Bogotá, 21 April 1836

My Lord,

   The dissension between the Granadian Executive and Legislature, announced to Your Lordship in my late hurried dispatch No. 8 of 25 ultimo, has ended without producing for the moment any public disturbance or indeed any other effect than a loss of credit, collectively to the House of Representatives, and individually to various deputies composing it.

   On the resignation of the two ministers of the Interior and Finance, a great difficulty was found in filling their places, and they are still only occupied provisionally. The House of Representatives, alarmed by the dangerous confusion thus introduced into the public affairs, saw the necessity of nullifying the vote by which they had declared the conduct of the Executive unconstitutional in the negotiation of the Convention on Colombian debts with Venezuela. They therefore resolved on the 28th ultimo that the question could not be decided by the vote already given but must, like the generality of others, be subject to the proposal of a second and third debate. In the second they voted on that morning that it should not pass to a third, and finally decided by a majority that it should lie on the table ­i.e. proceed no further­. More than one member voted against the passage to a third debate of the very resolution which themselves had proposed in the second debate two hours before.

   Personal motives, as usual, had their share in producing this result. One of the principal movers of the vote pronounced on the 22nd ultimo against the conduct of the Executive was the representative for Popayán, General Tomás Mosquera, brother of the late Vice President. It was afterwards represented to him by friends and connections here, that he was preferring a charge against his brother who, as a member of the Government that negotiated the Treaty, had acquiesced in its signature. Being alarmed by this he retraced his steps and persuaded a majority of his companions in the vote to do the same.

   The charges brought by the Chamber against the Executive were: lo. having produced to treat with Venezuela alone, contrary to the law of 10 March 1832, which only authorized negotiations between all the three states of Colombia. 2o. Having appointed señor Pombo, Secretary of Foreign Relations, Minister Plenipotentiary to negotiate the Convention with Venezuela without the sanction of the Council of State, which is required by the Constitution for the appointment of diplomatic agents.

   These charges were answered by General Santander in a manifesto dated the 2nd instant, and published in the Bogotá Gazette of the following day, of which he occupied the first half by hyperbolic boasts of his services to New Granada as its President, and in the remainder contended that he had violated neither the Constitution nor the law in the negotiation and conclusion of the convention, and that, even if he had infringed both, a Treaty signed by the Executive only is nothing but a project of law submitted to the Congress for its approval, and not being a consummated act till perfected by Legislative sanction, cannot be liable to public accusation.

   In the Bogotá Gazette of the 10th instant was published the answer of the House of Representatives to the President's message enclosed in my late dispatch No. 8. In this answer the Chamber expresses great displeasure at the harsh language used by the President in his message towards the Chambers. The sum of its arguments is that the Legislature has at least as much right to canvass or reprehend the measures of the Executive, as the latter has to object to the laws of the Congress, and that there was nothing in its vote on the Venezuelan Convention which either necessitated the resignation of the ministers or called for the censure of the President.

   The result of General Santander's intrigues on the subject of the Colombian debt has been to place himself in a very undesirable position. Last year he could have insured the sanction of Congress to the Venezuelan Convention, with no further trouble than the issue of his instructions to the majority of the leading members of the Legislature who were then

   his subservient followers. He had more than one motive for wishing to delay the legislative sanction of the Treaty till the last year of his presidency. He would have liked to mark its conclusion by an act which would have given him éclat in Europe. The time necessary for carrying the Convention into effect, would ensure the postponement, till he was clear of the Government, of the public disclosure of his misuse of the loan, described at the close of my dispatch No. 34 of 1834. And not only would he be delivered from the necessity of decreeing taxes to provide for payments, but the enactment of them under his successor would have rendered the latter unpopular and give his own party a handle for advantageously comparing the condition of the people under his administration. But he overrated his own power in the last year of his presidency among the upper classes here, who alone have any voice, and who are obsequious only to the rising sun, and the opposition arising from this cause has been fostered by three or four of his political enemies, who have during the last year been elected members of the Congress.

    I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
    My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/4/fos. I61RH­166RH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 121

Resultado de las discusiones entre el presidente y la Cámara

   de Representantes relativas a la manera de negociar el tratado con Venezuela sobre la deuda colombiana. Intrigas de ambos partidos.

Bogotá, 21 de abril de 1836

Señor:

   La disensión entre el Ejecutivo granadino y la Legislatura, anunciada a su Señoría en mi reciente y apremiante despacho No. 8 del pasado 25, terminó sin producir por el momento ninguna conmoción pública, ni en verdad ningún otro efecto que la pérdida de crédito por parte de la Cámara de Representantes en forma colectiva, e individualmente de varios diputados que la componen.

   Con referencia a la renuncia de los ministros de Gobierno y Hacienda, hubo gran dificultad para cubrir sus cargos, y estos están todavía ocupados sólo de modo provisional. La Cámara de Representantes, alarmada por la peligrosa confusión que se introdujo en los asuntos públicos, vio la necesidad de anular el voto por el cual habían declarado inconstitucional la conducta del Ejecutivo en la negociación de la Convención con Venezuela sobre las deudas de Colombia. Por tanto resolvió, el 28 del presente, que el asunto no podía decidirse por el voto ya entregado, sino que debía, como es general, sujetarse a la propuesta de un segundo y tercer debate. En el segundo de estos, votaron esa mañana que no debía pasar al tercero, decidiéndose finalmente por mayoría que debía quedar sobre la mesa (es decir, no proseguir con él). Más de un miembro votó contra pasar a tercer debate la resolución que ellos mismos habían propuesto en el segundo debate dos horas antes.

   Los motivos personales, como de costumbre, tuvieron su parte en este resultado. Uno de los principales promotores del voto pronunciado el 22 en contra de la conducta del Ejecutivo, fue el representante por Popayán, Tomás Mosquera, hermano del anterior vicepresidente. Posteriormente se le señaló, por parte de amigos y relacionados, que estaba profiriendo un cargo contra su propio hermano, quien, como miembro del gobierno que había negociado el Tratado, había estado de acuerdo con su firma. Alarmado por ello, recogió sus pasos y persuadió a la mayoría de sus compañeros de voto a hacer lo mismo.

   Los cargos de la Cámara contra el Ejecutivo eran los siguientes: 1o. Haber hecho que se negociara con Venezuela sola, contrariamente a la ley de 10 de marzo de 1832, que autorizaba únicamente negociaciones entre todos los tres estados de Colombia. 2o. Haber nombrado al señor Pombo, secretario de Relaciones Exteriores, como ministro plenipotenciario para negociar la Convención con Venezuela sin la sanción del Consejo de Estado, la cual es exigida por la Constitución para el nombramiento de agentes diplomáticos.

   Los anteriores cargos fueron respondidos por el general Santander en un manifiesto fechado el 2 de los corrientes y publicado en la Gaceta de Bogotá del día siguiente, la primera mitad de cual la ocupó con hiperbólicos alardes de sus servicios a la Nueva Granada como presidente, y en el resto argumentó que no había violado ni la Constitución ni las leyes en la negociación y conclusión de la Convención, y que, aún si las hubiera infringido, un tratado solamente firmado por el Ejecutivo no es más que un proyecto de ley que se somete al Congreso para su aprobación, y no siendo un hecho consumado hasta que quede perfeccionado por sanción legislativa, no puede ser susceptible de acusación pública.

   En la Gaceta de Bogotá del 10 último se publicó la respuesta de la Cámara de Representantes al mensaje del Presidente, incluido en mi pasado despacho No. 8. En dicha respuesta la Cámara expresa gran indignación por el duro lenguaje utilizado por el presidente hacia las Cámaras en su mensaje. Sus argumentos son, en resumen, que la Legislatura tiene al menos el mismo derecho a discutir o criticar las medidas del Ejecutivo, como este último a objetar las leyes del Congreso, y que no había nada en su voto sobre la Convención con Venezuela que exigiera la renuncia de los ministros o la censura del presidente.

   El resultado de las intrigas del general Santander sobre el tema de la deuda colombiana ha sido colocarlo en una posición muy indeseable. El año pasado pudo haber asegurado la sanción del Congreso para la Convención con Venezuela, sin ninguna otra molestia que haber impartido sus instrucciones a la mayoría de los miembros más importantes de la Legislatura, que entonces eran sus seguidores subordinados. Tenía más de un motivo para desear la demora de la sanción legislativa del Tratado hasta el último año de su presidencia. Le hubiera gustado enaltecer su finalización con un acto que le habría ganado aclamación en Europa. El tiempo necesario para poner en vigor la Convención aseguraría la postergación, hasta que hubiera abandonado el gobierno, del descubrimiento público de la malversación del préstamo por parte suya, descrita al final de mi despacho No. 34 de 1834. Y no sólo se libraría de la necesidad de decretar impuestos para disponer de los medios para efectuar los pagos, sino que además la promulgación de los mismos por su sucesor haría impopular a este último y le daría a su propio partido un asidero para comparar con ventaja la situación del pueblo bajo su Administración. Pero en el último año de su presidencia sobreestimó su poder sobre las clases superiores, que son las únicas que tienen voz y sólo se muestran obsequiosas para con el sol naciente, y la oposición originada en ello ha sido fomentada por tres o cuatro de sus enemigos políticos, elegidos el año pasado miembros del Congreso.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 55/4/fos. 161RH­166RH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. SEPARATE1

Rejection of Venezuela Convention for settlement of Colombian debt. Intrigues.

Bogotá, 21st April 1836

My Lord,

   The opinion expressed in my late dispatch No. 8, that the irregularity of the proceedings of the Executive was only a pretext seized by the opponents of the Venezuelan Convention for throwing it out, has been but too well confirmed. Finding that ground untenable they recurred to the pretence of too large a share of the debt being assigned for payment to New Granada and on the 9th instant the Convention was rejected in the House of Representatives by a majority of 34 to 16. I own I entertain the same doubts as I have expressed before whether the bondholders lose much by this rejection, for even if the treaty had been ratified, so great is the poverty of the country, and so faint among almost all classes and parties is the sense of obligation to incur sacrifices for the sake of diminishing the debt, that some pretext would always be found for evading or delaying payment. What else indeed could be looked for, when the late Vice­President of New Granada, Señor Joaquín Mosquera, himself a member in 1834 of the government which sanctioned the President's signature of the Convention with Venezuela for the debt, to which he made at the time no official objection, published in February last an anonymous pamphlet, most strongly reprehending the injustice of the terms of the Convention, and accusing the British Government of undue interference in the internal affairs of the country, in addressing to its ministers the instructions contained in your Lordship's dispatch to me No. 8 of October last.

   The Party in Congress who have thrown out the Venezuelan Convention, still however profess a determination to take measures for supporting public credit, and providing for some payments on account of the Foreign Debt. A time was appointed for the discussion a few evenings ago, but the weather here has been so inclement during the last month, that Congress was prevented, as it has lately been frequently, from assembling for the evening session.

   I have the honour to be, with the greatest Truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/4/p. 167RH­169LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. SEPARADO1

Rechazo de la convención venezolana para la liquidación de la deuda colombiana. Intrigas.

Bogotá, 21 de abril de 1836

Señor:

   La opinión expresada en mi reciente despacho No. 8, de que la irregularidad de la conducta del Ejecutivo era sólo un pretexto aprovechado por los opositores de la Convención con Venezuela para eliminarla, ha sido suficientemente confirmada. Encontrando insostenible ese fundamento, recurrieron a la pretensión de que se había asignado una proporción del pago de la deuda demasiado grande a la Nueva Granada, siendo rechazada la Convención en la Cámara de Representantes por una mayoría de 34 a 16. Reconozco que abrigo las mismas dudas expresadas anteriormente, sobre si los tenedores de bonos pierden mucho con este rechazo, porque aún si el tratado se hubiera ratificado, es tanta la pobreza del país y tan tenue entre casi todas las clases y partidos el sentido de obligación de hacer sacrificios para la disminución de la deuda, que siempre habrá de encontrarse algún pretexto para evadir o demorar el pago. Qué otra cosa pudo estarse buscando, en verdad, cuando el anterior vicepresidente de la Nueva Granada, señor Joaquín Mosquera, miembro él mismo en 1834 del gobierno que sancionó la firma de la Convención con Venezuela sobre la deuda por parte del presidente, contra la cual no puso en ese momento ninguna objeción oficial, publicó en febrero pasado un panfleto anónimo, criticando duramente la injusticia de los términos de la Convención, y acusando al gobierno británico de interferencia indebida en los asuntos internos del país, al dirigir a sus ministros las instrucciones contenidas en el despacho No. 8 de 1 (...) de octubre pasado de su Señoría.

   El partido en el Congreso que desechó la Convención con Venezuela, está todavía, sin embargo, decidido a tomar medidas para respaldar el crédito público, y disponer lo necesario para efectuar algunos pagos de la deuda externa. Hace algunas noches se fijó una fecha para las discusiones, pero el tiempo ha sido tan inclemente en el último mes, que el Congreso, como ha sido habitual últimamente, no logró reunirse en sesión nocturna.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 55/4/fos. 167RH­169LH.

TOMO II


WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. DISPATCH No. 171

Return to office of señores Pombo and Soto.

Bogotá, 19 May 1836

My Lord,

   In reference to my late dispatch No. 8 describing the discussions in the House of Representatives respecting the Treaty with Venezuela, and the consequent resignation of the Secretaries for Foreign Relations & Finance, I have the honour to inform your Lordship that both those ministers have resumed their offices. The House of Representatives although it did not retract its charge of unconstitutionality, declined to proceed further in the affair or impeach the Executive; The President who found extreme difficulty in providing other permanent Ministers urged Señor Pombo and Señor Soto, on the ground that the charge was abandoned, to return to their posts, to which they consented.

   I have the honour to be, with the greatest truth & respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most Obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/4/p. 307RH­308LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. DESPACHO No. 171

Regreso al cargo de los señores Pombo y Soto.

Bogotá, 19 de mayo de 1836

Señor:

   Con referencia a mi anterior despacho No. 8, en el cual se describen las discusiones en la Cámara de Representantes sobre el tratado con Venezuela, y la consiguiente renuncia de los secretarios de Relaciones Exteriores y Hacienda, tengo el honor de informar a su Señoría que ambos ministros han reanudado sus funciones. La Cámara de Representantes, pese ano haber retirado el cargo de inconstitucionalidad, declinó llevar adelante el asunto o censurar al Ejecutivo; el Presidente, quien había hallado grandes dificultades para nombrar otros ministros permanentes, instó al señor Pombo y al señor Soto a regresar a sus puestos, sobre la base de abandono del cargo, a lo cual ellos consintieron.

   Tengo el honor de ser, con la mayor sinceridad y respeto,
   Señor,
   De su Señoría
   El más obediente
   y humilde servidor,

W. Turner.


NOTA
1Public Record Office, Londres, FO 55/4/fos. 307RH­308LH.

WILLIAM TURNER TO VISCOUNT PALMERSTON. SEPARATE1

Law for the support of the public credit of New Granada appropriating funds for the payment of the Bondholders.

Bogotá, 21 June 1836

My Lord,

   I have had the honour in late dispatches to announce to Your Lordship the rejection by the Granadian Congress of the Treaty with Venezuela respecting the foreign debt of Colombia, and my doubts whether that rejection would be followed by any provision for payment to the bondholders.

   I am happy to state that those doubts are dissipated by an appropriation of some branches of Granadian revenue, to an amount not inconsiderable, on account of the foreign debt. And although very exalted motives cannot, I fear, be attributed to all the parties who have produced this result, my satisfaction is rather increased than diminished by the success with which the personal passions of individuals have forwarded the interests of justice. I do not wish by the above remark to deprive the Congress as a body, of the credit due to it for the sacrifices it has entailed on the Republic, by providing funds for the part payment of its creditors. I only mean to state that some of the members who supported the measure above described were actuated by considerations not very closely connected with the question of justice to their public creditors.

   I do not think it necessary to trouble Your Lordship with details of the various successive steps adopted by the Congress and the Executive with respect to the question of the foreign debt. The messages for instance of the President recommending to Congress the popular and unjust policy of attending to the redemption of the domestic bonds in preference to the foreign; the insertion in the first project of law of an article limiting to one third of the Colombian debts the proportion assumed by New Granada, which the agent of the bondholders here succeeded in persuading the Congress to erase; the angry correspondence that passed between the Executive and the Congress on the subject of the rejection of the Treaty with Venezuela; or the petulant refusal by the House of Representatives of a representation of the agent of the bondholders, aggravated by the terms in which, when returned, it was addressed to him as "those who call themselves the representatives of the bondholders", though the House of Powles, Illingworth and Co. had been officially introduced by the Mission to the Executive in that capacity so far back as November 1832, in a note which was formally submitted to the Legislature. The motives of the above proceedings may be found principally in the personal objects and feelings of the President and members of Congress, as described in my late dispatches.

   Without dwelling on these personal intrigues, I content myself with informing Your Lordship of the contents of the law (dated the 25th and sanctioned by the Executive on the 27th ultimo) on public credit, which was the final result of them. It consists of eleven articles, of which the following is a summary:

   The first authorizes the Executive to treat with the bondholders for the gradual payment of the interests of as much as a third part of the amount of each of their bonds, such third part to be converted into Granadian bonds, if the holders consent, and the power being left of proceeding in the same manner with respect to the obligations of New Granada in the final settlement of the affairs of Colombia.

   The second article appropriates for payment of the interest of so much of the foreign debt as may be assigned to New Granada, first the eight part of the import duties from 1st September next; second the half of whatever surplus that may remain in the general and provincial treasuries at the end of each year after defraying the expenses of the Government decreed by law; third the clear produce of the sale of all such tobacco as may, at the end of the year, remain in the factories after providing for the internal consumption of the Republic, deducting from this produce at most a third part to be expended in promoting the increase of this branch of revenue; fourth the 8th part of the import duties now paid in vales of the floating debt payable at the custom houses (radicada), to be appropriated to the foreign debt as soon as the floating debt shall be cleared, which may be hoped for next year. All the above appropriations, except the 4th are to have effect from 1st September next.

   The 3rd article authorizes the Executive to send the surplus tobacco to be sold in foreign countries. The 4th article decrees that no waste lands (tierras baldías) with certain exceptions shall be sold in future except for bonds of the foreign debt. The 5th provides that till final arrangements be made, the funds this raised shall be deposited in the Bank of England, being invested in Exchequer bills or in any other manner deemed advantageous by the Executive. The 6th and 7th articles specify the funds to be appropriated for the payment of the interest of such portion of the home debt as may be assigned to New Granada, and the mode of depositing them. The remaining four articles contain regulations for carrying into effect the preceding ones.

   On the 28th ultimo was published in the Bogotá Gazette a decree of the Executive containing detailed orders to the different treasuries of the Republic for the establishment of the regulations necessary for carrying into execution the above law of Congress.

   I think that the bondholders have reason to congratulate themselves on the enactment of this law, for last year there existed little hopes of their getting anything, and they have now get as much as I conscientiously believe it possible for the Republic to give under its present circumstances. Their agent here tells me that he expects the funds assigned by the law will this year (i.e. from September 1836 to September 1837) yield $150.000, and $250.000 in the next, with a certainty of an annual increase, supposing continued tranquillity in the country, and the introduction of such improvements in the tariffs of duties and regulations of custom houses as may possibly be suggested by the experience of the losses which the present faulty and vexatious system entails.

   While I consider that the bondholders should consider with comparative satisfaction the attention which their claims have at length received, I cannot but feel considerable disappointment and regret at the total neglect by Congress of the other claimants for whom the Treaty with Venezuela provided, those, that is, who have demands on Colombia for supplies furnished or for losses unjustly suffered. The consideration of their claims appears to be peremptorily prorogued to the period of a final settlement between the three States of the portion to be assigned to each and as this settlement can be deferred at the pleasure of the Government of the states themselves, who, even if unimpeded by internal disturbance, will probably be prompted to defer them by the powerful motive of postponing the day of payment. I see but little hope of their obtaining satisfaction within any reasonable time, few of their claims, unfortunately for them, being of a nature which would dispose or authorize His Majesty's Government to intercede officially in their behalf.

   I have the honour to be, with the greatest truth and respect,
   My Lord,
   Your Lordship's
   Most obedient
   humble servant,

W. Turner.


NOTE
1Public Record Office, London, FO 55/5/fos. 34RH­40LH.

WILLIAM TURNER AL VIZCONDE PALMERSTON. SEPARADO1

Ley en apoyo de la deuda pública de la Nueva Granada apropiando fondos para el pago a los tenedores de bonos.

Bogotá, 21 de junio de 1836

Señor:

   Tuve el honor de anunciar a su Señoría en mis últimos despachos el rechazo por parte del Congreso granadino del Tratado con Venezuela respecto a la deuda externa de Colombia, y mis dudas sobre que siguiera al rechazo una provisión para el pago a los tenedores de bonos.

   Me complace informar que dichas dudas han sido disipadas por la apropiación de algunos ramos de la rentas granadinas, de un monto no despreciable, para cubrir la deuda externa. Y a pesar de no poder atribuirse, me temo, motivos muy elevados a todas las partes que han contribuido a este resultado, mi satisfacción aumenta en vez de disminuir