RESEÑA

Sergio Andrés Mejía Macía.
El pasado como refugio y esperanza:
La histori
a eclesiástica y civil de Nueva Granada de José Manuel Groot.

Bogotá: Instituto Caro y Cuervo / Universidad de los Andes, 2010. 480 páginas.


La publicación es la tesis de Maestría que Sergio Mejía presentó en el Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia, en noviembre 2004, y que mereció la máxima distinción que concede la Universidad Nacional. La obra es una historia de la Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada (hecng) de José Manuel Groot (1800-1878), cuya primera edición se imprimió en Bogotá entre 1869 y 1871.

Mejía emprende el análisis de la escritura de Groot. Su objetivo consiste en rastrear en el corpus de la producción escrita del historiador bogotano la génesis y desarrollo de su pensamiento histórico, en el contexto político y eclesiástico de su tiempo. El autor construye la bibliografía de Groot: identifica, atribuye, compila, dispone en orden cronológico, cubre vacíos, comenta, critica a quienes lo precedieron en la labor y problematiza las piezas pertinentes. Su estudio bibliográfico integra el Apéndice 1 de su obra: 239 entradas en 77 páginas que representan el 16% del libro. Su logro supera en más de medio centenar de entradas el más reciente intento relacionado. La obra de Mejía es un lugar del patrimonio bibliográfico colombiano.

Los capítulos primero y segundo se dedican a hablar del autor, José Manuel Groot. Groot nació y creció en Santafé en el seno de una familia mixta. Era nieto de peninsulares casados con criollas y sobrino nieto de Manuel Belansátegui, superior de los jesuitas al momento de su expulsión del Nuevo Reino (1767). Llegado el momento, sus gentes adhirieron a la república, tras servir muchos de ellos en la administración virreinal.

Para librarlo de las influencias revolucionarias le contrataron preceptores. Su adolescencia transcurrió en medio de los sobresaltos de la Primera República. No participó en las guerras de Independencia ni se educó con abogados. Huérfano de padre a los 19 años, no obtuvo título universitario.

Para caracterizar la personalidad de Groot, Mejía acuña la noción de sensibilidad aristocrática, que define como "un cuerpo de convicciones y de actitudes que se despliegan más en el trato social que en el intercambio intelectual y se manifiesta en gestos, actitudes, destrezas y prejuicios" (p. 46). La noción de tradicionalismo denota el pensamiento de Groot, y la de conservadurismo se asocia con su actividad política a partir de 1835, aunque en rigor Groot no fue un político. En Groot perviven los rasgos señoriales de la colonia.

Groot se hizo republicano y liberal, guiado por su tío Francisco de Urquinaona, amigo de Santander y fundador de la primera logia masónica de Bogotá, "Libertad de Colombia". El tío lo inició en la lectura de los enciclopedistas y en la de los liberales españoles. En 1821, ingresó a "Libertad de Colombia". En 1824 fue nombrado oficial de la Secretaría de Guerra y Marina. Entonces, leyó a Montesquieu y Bentham, entre otros tratadistas del Estado liberal. Abandonó la masonería en 1825 y la Secretaria de Guerra en 1827. Adhirió al partido de Bolívar en medio de las tensiones con los santanderistas. Casado en 1823, su primogénita, Juana Nepomucena, nació en 1824. En 1828 fundó la Segunda Casa de Educación, alternativa para quienes desaprobaban los colegios religiosos.

Tras perder a Juana Nepomucena, de siete años en 1832, se consagró a la lectura del Nuevo Testamento y de apologistas católicos. Luego de unos ejercicios espirituales en San Diego, se confesó y comulgó. "Recibida la comunión quedé como anonadado y confundido en la grandeza de Dios; como el arroyuelo que entra en el océano y se pierde en su inmensidad [...] No hay otro nombre dado a los hombres por el cual puedan ser salvos y felices sino el de Jesucristo, ni otra ciencia social que el Evangelio", le comentará en 1865 a José María Samper, otro converso, discípulo y copartidario.*

Mejía analiza la metamorfosis del Groot apologista católico en historiador apologista. Para ello disecciona la escritura del ferviente católico. Identifica en ella los géneros, los temas y los motivos, los contrapuntos entre pasado y presente, los debates y los destinatarios, los argumentos y las pruebas, el ordenamiento y la dosificación de la información, las fuentes bibliográficas y de archivo, las condiciones de acceso a tales fuentes, y articula todo ello con los aportes de Groot a la literatura, al arte y a la educación. Se destaca la voluntad de integrar esta escritura en la sociedad de su tiempo, precisando el influjo de esta sobre aquella sociedad.

Mejía percibe en la mayor parte de las publicaciones de Groot entre 1836 y 1847 una defensa del catolicismo. Durante los años de aparente hegemonía conservadora (1836-1845), Groot se consagró al estudio del dogma, lo que le permitió amasar una cultura histórica excepcional que aprovecharon los eclesiásticos contemporáneos.

Entre 1849 y 1859, Groot se desempeñó como editor y colaborador de El Catolicismo, periódico fundado por monseñor José Manuel Mosquera en 1849, cuando se tornó imposible el diálogo entre la Iglesia y el gobierno reformista de José Hilario López. Desde 1835, Mosquera había trabajado por una Iglesia centralizada, autónoma y organizada jerárquicamente con independencia de los poderes locales. Reclutó la mayor parte de los colaboradores del periódico entre laicos autodidactas.

Las leyes que redefinieron el papel de la Iglesia en Nueva Granada fueron aprobadas en su mayor parte entre 1849 y 1853. La Ley 15 de 1853 sancionó la independencia de la Iglesia en asuntos de disciplina y nombramiento de sus cuadros. A partir de entonces, la Iglesia funcionó como una corporación privada autónoma y los eclesiásticos como ciudadanos del común. Mosquera fue desterrado en mayo de 1852, cuando se negó a proponer candidatos a los cabildos para el nombramiento de párrocos en las sedes vacantes. Groot quedó frente a El Catolicismo.

En las colaboraciones de Groot para El Catolicismo, Mejía rastrea la evolución de su escritura apologética. Observa que entre 1852 y 1856 Groot recurre cada vez más al pasado como estrategia polémica. Afirma que las reformas liberales banalizaron la retórica de Groot, que se convirtió en motivo de burla entre los escritores liberales. En la euforia del derrocamiento de Melo, Groot desarrolló la noción de la historia nacional como parte del plan de Dios para el hombre. A finales de 1856 descubrió en Sustancia del método de Leslie contra los deístas un manifiesto a favor de la historia como estrategia apologética. Leslie estableció que los criterios de verdad sobre el dogma católico son muy similares a los de la historiografía tradicional. La verdad del dogma quedaba supeditada a una demostración histórica. Si el método de Leslie resultaba pertinente para "demostrar" la verdad de las escrituras, concernía a los historiadores eclesiásticos narrar y evaluar el curso ulterior de la teodicea en sus respectivos países. El reto de Groot consistía en disponer contra sus connacionales liberales toda una sucesión de hechos del pasado nacional desde la conquista y la colonización para demostrar que la Iglesia católica neogranadina poseía las claves de la redención del país.

El monopolio del pasado nacional por los liberales retó a Groot. El Compendio histórico del descubrimiento y colonización de Joaquín Acosta, publicado en París en 1848, servía de manual general, y el Compendio de la historia de la Nueva Granada de José Antonio de Plaza, publicado en Bogotá en 1850, agregaba al recuento esquemático de la colonia un resumen de las gestas de Independencia. Sobre este tema la obra principal era la Historia de la Revolución de Colombia de José Manuel Restrepo, publicada en 1827, y que conoció una segunda edición en 1858. A estas obras principales debe agregarse las memorias de los caudillos de la Independencia, todos ellos reformistas liberales: Santander, Obando, J. H. López y Tomás Cipriano de Mosquera. Groot inició la historiografía nacional conservadora.

La formación de Groot se produjo en un momento en que no había maestros, escuelas ni academias de historia en el país. Groot disfrutó de la confianza de la Iglesia neogranadina y pudo valerse de su infraestructura para sus investigaciones en un momento de gran tensión política y social.

Groot comenzó su historia en 1856, un año después del derrocamiento de Melo, en el momento en que las reformas liberales eran interrumpidas por la hegemonía conservadora de 1855 a 1860.

El Catolicismo fue cerrado a finales de 1859; Groot se recluyó en su gabinete. Durante nueve años se mantuvo relativamente alejado de la prensa polémica. La hecng tiene el sabor que produjo en los conservadores la rebeldía de Mosquera y la revitalización de las reformas liberales durante los siguientes nueve años. En sus páginas, la defensa de la Iglesia viene acompañada de la crítica agresiva hacia los dirigentes liberales. El decreto de Tuición de Mosquera obligó a los religiosos a jurar obediencia al ejecutivo nacional. La mayor parte de los religiosos respondieron negándose a dar misa y ejercer las restantes funciones de su ministerio. Groot sostuvo que los eclesiásticos no debían aceptar la tuición estatal sobre su ministerio, ni siquiera so pena de ser desterrados. A esta situación se sumó la tercera expulsión de los jesuitas en 1861 y la evacuación de algunos conventos de religiosas. En el espíritu de la Constitución de 1863, la soberanía se sentaba en el pueblo sin ninguna mención de Dios. En este ambiente, Groot anunció, el 31 julio de 1867, la publicación de su Historia. El distanciamiento de Groot de la jerarquía eclesiástica se intensificaría en la década de 1870. La Historia, inicialmente concebida durante la hegemonía conservadora de la segunda mitad de la década de 1850, cuando las reformas de 1849-1853 habían sido detenidas y los movimientos sociales de 1854 conjurados, terminó siendo dirigida contra el mosquerismo y los radicales de la década de 1860.

El tercer capítulo de la tesis aborda la publicación de la obra bajo los auspicios del clero del Estado soberano de Antioquia, ínsula conservadora en la confederación radical, y con la indiferencia del clero bogotano, dividido y arrinconado por el liberalismo. Por su parte, el cuarto capítulo analiza el contenido del texto tal como fue publicado. El quinto capítulo recoge y comenta los borradores de Groot sobre el periodo 1831-1860, material preliminar para un cuarto tomo, concebido por el historiador y parcialmente trabajado, pero que nunca fue publicado. Mejía despliega erudición e imaginación cuando construye el temario y derroteros probables de este cuarto tomo de la historia. El ejercicio supone un conocimiento acabado de las técnicas argumentativas y estilo de Groot. Mejía descubrió las notas autógrafas de Groot en el Fondo de José Manuel Rivas Sacconi, donde se conserva el archivo y la biblioteca de Groot.

Múltiples razones justifican la lectura de El pasado como refugio y esperanza. Se destaca la inteligencia para leer una época en un libro más o menos olvidado en nuestros días. El pasado como refugio y esperanza revelará sin duda la condición de muchos colombianos herederos de la Contrarreforma e influenciados de manera más o menos superficial por el liberalismo decimonónico. Groot personifica una indefectible solución de continuidad entre la Contrarreforma colonial y la Regeneración. El estudio de la vida y obra de Groot revela los alcances y limitaciones del liberalismo nacional. Mejía logra acotar académicamente una obra controversial y controvertida, más allá de opiniones políticas y de creencias religiosas. También contribuye al conocimiento y recuperación de una memoria ultramontana, intransigente y contestataria que es parte sustancial del pensamiento colombiano en el siglo XIX. Se trata, entonces, de una obra de consulta obligada sobre el pensamiento conservador en Colombia, que permite ver desde la otra barrera el pensamiento liberal y las reformas de medio siglo. Mejía invita a la observación de las fuentes, a la práctica del método inductivo y al estudio de caso inspirado en la voluntad de remontarse a las tendencias más generales de la sociedad. Constituye hoy por hoy el aporte más notable a la historia de la historiografía colombiana, que el autor ha continuado con La revolución en letras: La historia de la revolución en Colombia de José Manuel Restrepo.*


* Sergio Mejía, La revolución en letras: La historia de la revolución en Colombia de José Manuel Restrepo (Bogotá: Universidad de los Andes, 2009).


JOSÉ ANTONIO AMAYA
Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá
jaamaya@unal.edu.co