LECTURAS EJEMPLARES

Fragmento Anónimo Sobre los Pitagóricos, Preservado por Focio (S. IX)
Cuyas Posibles Fuentes Pueden Incluir el Perdido
Tratado Aristot
élico Sobre los Pitagóricos

Introducción, traducción y notas
JOHANN F. W. HASLER
Universidad de Antioquia Colombia
johann_hasler@hotmail.com


Introducción

David Fideler nos informa que el autor original de este texto es completamente desconocido, pero es muy posible que esté transmitiendo apartes del perdido tratado aristotélico Sobre los pitagóricos, por lo cual este fragmento pudiera considerarse una valiosa supervivencia en forma incompleta –y claramente modificada– de ese tratado, lamentablemente perdido en su forma original (Fideler 137).

El fragmento se conserva, junto con otros 280 diferentes extractos, selecciones y abreviaciones de autores clásicos, en el Myriobiblon de Focio, compilación gracias a la cual nos han llegado fragmentos de autores de los cuales no existe ninguna otra fuente, entre ellos Ctesias de Cnido (s. v a. C.), Conón (s. vi a. C.), Diodoro Sículo (s. i a. C.). Memnón de Heraclea Póntica (s. i) y Flavio Arriano (s. ii). También nos han llegado confirmaciones o repeticiones de textos más conocidos y difundidos a través de otras tradiciones de transmisión. Dimitri Gutas presenta la hipótesis de que esta compilación fuera realizada por Focio i durante su embajada en Bagdad, en el año 845. El Califato Abasí (750-1258), del cual Bagdad era la capital, mostró un gran interés en la conservación y transmisión del saber griego, lo cual explicaría, según Gutas, de dónde obtuvo Focio el material para su importante compilación, dado que no existen fragmentos comparables en fuentes Bizantinas contemporáneas o posteriores (Gutas 1998).

Focio I (ca.810-ca.893), Patriarca de Constantinopla y Santo de las iglesias ortodoxas orientales, fue además estadista, diplomático, erudito y, según Fideler, también profesor de filosofía en la Academia Imperial de Constantinopla (Fideler 137), a pesar de que otros autores disputan que haya enseñado en alguna institución formalmente constituida (Mango 168-169; Treadgold 1110); y Tatakis mantiene que sí daba clases de filosofía, pero privadamente y en su propia casa (Moutafakis 102).

En el texto observamos una primera parte (§§ 1 a 9) dedicada precisamente a reseñar aspectos de la vida y la enseñanza de Pitágoras y su influencia en Platón. La parte central (§§ 10 a 16) se enfoca en las diversas doctrinas de Aristóteles, Platón y Pitágoras, y resalta las coincidencias entre ellas. La última sección (§§ 17 a 22) deja de citar directamente a Pitágoras y sus discípulos, y se centra en un enfoque sistemático, típico de Aristóteles. Es difícil saber cuáles secciones del escrito deben atribuirse a Focio o a los copistas y compiladores de los cuáles él pudo haber leído en Bagdad, y cuáles secciones son propiamente tomadas del tratado de Aristóteles; pero esta última sección puede haber servido como base para la atribución del tratado a Aristóteles que hace Fideler (Fideler 137).

Dado que a mi entender no existe traducción de este interesante fragmento al castellano, ofrezco a continuación mi traducción de la versión inglesa realizada por Kenneth Sylvan Guthrie, e incluida por David Fideler en su Pythagorean Sourcebook and Library (Fideler 137-140).

 

Traducción

Vida de Pitágoras

1. Platón fue alumno de Aquitas y, por lo tanto, el noveno en sucesión desde Pitágoras; el décimo fue Aristóteles. Los discípulos de Pitágoras que se dedicaban a la contemplación eran llamados sebastici, los reverendos, mientras que los que se dedicaban a los asuntos del mundo se denominaban políticos (politikoi). Aquellos que cultivan las disciplinas de la geometría y la astronomía eran llamados estudiantes (mathematikoi). Los que se relacionaban personalmente con Pitágoras eran llamados pitagóricos (Pythagorikoi), mientras que quienes únicamente imitaban sus enseñanzas eran llamados Pitagoristas (Pythagoristai). Todos ellos, en general, se abstenían de la carne de animales; en ciertas ocasiones solamente consumían carne de animales sacrificiales.

2. Se dice que Pitágoras vivió 104 años; y Mnesarco, uno de sus hijos, murió joven. Telauges fue otro de sus hijos, en tanto que Sara y Myia fueron sus hijas. Se dice que Teano no sólo fue su discípula, sino prácticamente su hija.

3. Los pitagóricos predican una diferencia entre la Mónada y el Uno; la Mónada habita el reino inteligible, mientras que el Uno habita entre los números. De igual modo, el Dos existe entre las cosas que se pueden enumerar, mientras que la Díada es indeterminada.

4. La Mónada expresa igualdad y medida, la Díada expresa exceso y defecto. La media y la medida no admiten más o menos, en tanto que el exceso y el defecto, que proceden hasta el infinito, lo admiten; es por ello que se dice que la Díada es indeterminada. Dado que la Mónada y la Díada lo incluyen todo, todo puede referirse al número, así que ellos consideran que toda las cosas son números; y el número se perfecciona en la Década [= el Diez^. Se llega al Diez sumando en orden los primeros cuatro; es por ello que al Diez se le llama el Cuaternario [o Tetraktys].

5. Afirman que el hombre puede mejorar de tres maneras: primero, conversando con los Dioses, dado que nadie puede alcanzarlos a menos que se abstenga de todo mal, imitando la divinidad, aún hasta la asimilación; segundo, por las buenas obras, que son características de la divinidad; tercero por la muerte, pues si la sutil separación entre el alma y el cuerpo, que resulta de la disciplina, mejora de tal modo el alma que esta empieza a adivinar en sueños –y en los delirios de la enfermedad que producen visiones–, entonces el alma debe sin duda progresar mucho más cuando se separa enteramente del cuerpo por la muerte. 6. Los pitagóricos se abstenían de comer animales debido a su absurda creencia en la transmigración, y también porque la carne esfuerza demasiado la digestión y engorda en demasía. También evitaban las leguminosas, porque producen flatulencia, llenura, y por otras razones.

7. Los pitagóricos consideraban la Mónada como el origen (arche) de todas las cosas, tal como el punto es el origen de la línea, la línea de la superficie y la superficie del sólido, que constituye un cuerpo. Un punto implica una Mónada que lo precede, de tal modo que esta es realmente el principio de los cuerpos, dado que todos ellos se originan en la Mónada.

8. Se dice que los pitagóricos hicieron muchas predicciones, y las predicciones de Pitágoras siempre se cumplieron.

9. Se dice que Platón aprendió sus doctrinas especulativas y físicas de los pitagóricos italianos, su ética de Sócrates y su lógica de Zenón, Parménides y los eleáticos. Pero todas estas doctrinas descienden de Pitágoras.

10. Según Pitágoras, Platón y Aristóteles, la vista es el juez de los 10 colores, siendo el blanco y el negro los extremos y todos los demás los intermedios: amarillo, ámbar, pálido, rojo, azul, verde, azul claro y gris. El oído es el juez de la voz, aguda o grave. El olfato es el juez de los olores –buenos y malos– y de lo pútrido, la humedad, lo líquido y la evaporación. El gusto es el juez de los sabores, lo dulce y lo amargo, y entre ellos cinco: acre, ácido, fresco, salado y picante. El tacto juzga muchas cosas entre los extremos del peso y la liviandad, tales como el calor y el frío; y las cosas intermedias, la dureza y la suavidad; y entre ellas, la sequedad y la humedad, y todo lo que hay entre ellas. Si bien los cuatro sentidos principales tienen sus órganos en la cabeza, el tacto se distribuye a lo largo de la cabeza y de todo el cuerpo, y es común a todos los órganos de los sentidos, pero especializado en las manos.

11. Pitágoras enseñaba que en el cielo hay 12 órdenes, siendo el primero y más externo una esfera fija en la cual, según Aristóteles, habita el Dios más superior y las deidades que podemos conocer, y donde Platón localizaba sus Ideas. Siguen los siete planetas: Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Mercurio, Sol y Luna. Luego siguen la esfera del Fuego, la del Aire, la del Agua, y por último la de Tierra. En la esfera fija vive la Causa Primera, y todo lo que le es más cercano está mejor organizado, y más excelente; en tanto que aquello que le queda más lejos empeora paulatinamente. El orden constante se preserva hasta el nivel lunar, en tanto que todo lo sublunar es desordenado.

El mal, por lo tanto, debe necesariamente existir en la vecindad de la Tierra, la cual ha sido organizada como la [esfera] más baja, como la base del mundo, y como receptáculo de las cosas más inferiores. Todas las cosas supralunares se gobiernan a través de un orden firme y, providencialmente, por el decreto de Dios, el cual siguen; en tanto que debajo de la luna operan cuatro causas: Dios, el Destino, nuestro libre albedrío y la Fortuna. Por ejemplo, subir o no a un barco es nuestra elección; pero las tormentas y tempestades que puedan surgir de la calma son el resultado de la Fortuna; y la salvación del barco, navegando por las aguas, está en las manos de la Providencia, o Dios. Hay muchos diferentes modos del Destino. Debe distinguirse entre el Destino, que es determinado, ordenado y consecuente, y la Fortuna, que es espontánea y casual. Por ejemplo, uno de los modos de expresarse del Destino guía el crecimiento de un niño a través de todas las edades hasta su adultez.

12. Aristóteles, quien era un investigador diligente, estaba de acuerdo con los pitagóricos en que el Zodiaco corre oblicuamente, debido a las generaciones de aquellas cosas terrestres que se convierten en complementos del universo. Pues si estas se moviesen de manera regular, no habría cambios en las estaciones, de ningún tipo. Pero el paso del Sol y de otros planetas de un signo a otro es lo que produce las cuatro estaciones del año, las cuales determinan el crecimiento de las plantas y la generación de los animales.

13. Otros pensaron que el tamaño del Sol excedía al de la Tierra no más de treinta veces; pero Pitágoras, si mal no recuerdo, enseñaba que era más de cien veces mayor.

14. Pitágoras llamaba a la revolución de Saturno el gran año, dado que los demás planetas realizan su curso en menos tiempo: Saturno, en treinta años; Júpiter, en doce; Marte, en dos; el Sol, en uno; Mercurio y Venus, igual que el Sol. La Luna, siendo la más cercana a la Tierra, tiene el ciclo más corto, de un mes.

15. Fue Pitágoras el primero en llamar al cielo kosmos, porque es perfecto y está "adornado"1 con belleza infinita y seres vivientes.

Platón y Aristóteles estuvieron de acuerdo con Pitágoras en que el alma es inmortal, a pesar de que algunos, que no entendieron a Aristóteles, declararon que él pensaba que el alma era mortal.

Pitágoras decía que el hombre era un microcosmos, que significa un compendio del universo; no porque, como los demás animales –incluido el más ínfimo de ellos– esté constituido por los cuatro elementos, sino porque contiene todos los poderes del cosmos. Pues el universo contiene Dioses, los cuatro elementos, animales y plantas. Todos estos poderes están contenidos en el hombre. Tiene razón, la cual es un poder divino; tiene la naturaleza de los elementos, y los poderes del movimiento, del crecimiento y de la reproducción. No obstante, en todos estos [poderes] es inferior a los demás [seres]. Por ejemplo, un atleta que practica cinco diferentes deportes, diluyendo sus poderes en cinco canales, es inferior a un atleta que practica un solo deporte bien; así mismo, el hombre, teniendo todos los poderes, es inferior en cada uno de ellos: [t]enemos menos capacidad de razonamiento que los Dioses, y menos de cada elemento que los elementos mismos. Nuestra ira y deseo son inferiores a estas pasiones de los animales irracionales, en tanto que nuestros poderes de nutrición y crecimiento son inferiores que los de las plantas. Constituidos de este modo de diferentes poderes, tenemos una vida difícil delante de nosotros.

16. Mientras todas las demás cosas están regidas por una naturaleza únicamente, a nosotros nos jalonan diferentes poderes; como, por ejemplo, cuando por inspiración de Dios nos sentimos inclinados a mejorar, o cuando los poderes inferiores que dominen nos impulsan al mal camino. Aquel que, como un hábil auriga2, cultive dentro de sí el elemento divino, será capaz de utilizar los otros poderes a través de un manejo de los elementos, o de la ira, del deseo o del hábito, tanto como sea necesario. A pesar de que el precepto conócete a ti mismo parece sencillo, esta es la más difícil de todas las cosas. Se dice que este precepto deriva del Apolo Pítico, aunque también se atribuye a Quilón, uno de los Siete Sabios3. Sea como fuere, su mensaje es que descubramos nuestro propio poder, lo cual equivale a conocer la naturaleza de todo lo existente, lo cual, según Dios nos aconseja, es imposible sin la filosofía.

17. Hay ocho órganos del conocimiento: el sentido, la imaginación, el arte, la opinión, la deliberación, la ciencia, la sabiduría y la mente. El arte, la prudencia, la ciencia y la mente las compartimos con los Dioses; el sentido y la imaginación, con los animales irracionales; en tanto que la opinión nos es única. El sentido es conocimiento falaz derivado a través del cuerpo; la imaginación es una noción en el alma; el arte es un hábito de cooperar con la razón. Las palabras "con la razón" son acá una añadidura, pues hasta una araña opera, pero no a través de la razón. La deliberación es un hábito que selecciona lo correcto en la planeación de los actos; la ciencia es el hábito de aquellas cosas que siempre se repiten, y permanecen una con la Identidad; la sabiduría es el conocimiento de las causas primeras; en tanto que la mente es el principio y fuente de todas las cosas buenas.

18. La docilidad se divide en tres partes: la sagacidad, la memoria y la agudeza. La memoria guarda aquellas cosas que han sido aprendidas; la agudeza es la rapidez del entendimiento, y la sagacidad es la habilidad de deducir lo que no se sabe de lo que uno ha aprendido a investigar.

19. El cielo puede ser interpretado de tres formas: primero, como la esfera más exterior; segundo, como el espacio entre la esfera fija y la luna; y tercero, como todo el mundo, el cielo y la tierra.4

20. Los elementos extremos, los mejores y los peores, están en constante operación. No hay interrupción en la actividad de Dios ni en las cosas que le son cercanas en Mente y Razón; y las plantas son alimentadas continuamente de día y de noche. Pero el hombre no siempre está activo, ni tampoco los animales irracionales, que descansan y duermen la mayoría del tiempo.

21. Los griegos siempre sobrepasaron a los bárbaros en hábitos y costumbres, debido al clima templado en el cual vivieron. Los escitas sufren de exceso de frío y los etíopes de exceso de calor, el cual determina un calor interno violento y una humedad, que resultan en violencia y audacia. De manera análoga, aquellos que viven cerca a la zona media y en las montañas comparten lo sosegado del país que habitan.5 Debido a esto, tal como nos dice Platón, los griegos, y especialmente los atenienses, mejoraron las disciplinas que habían aprendido de los bárbaros.6

22. [De ellos aprendieron] estratagemas, pintura, mecánica, polémica, oratoria y cultura física. Pero la ciencia de estas cosas fue desarrollada por los atenienses, debido a las condiciones favorables de luz y la pureza del aire, que tuvieron el doble efecto, por un lado, de secar la tierra –tal como es en Ática– y, por otro, de hacer la mente de los hombres más sutil. Pues una atmósfera enrarecida es poco favorable a la fertilidad de la tierra, pero muy favorable al desarrollo mental.


1 La palabra griega κόσμος significa tanto 'ordenamiento' como 'ornamento' (N. del T.).

2 Cf. el mito del auriga en el Fedro de Platón (N. de Guthrie).

3 Se refiere a Quilón de Esparta, s. VI a. C. (N. del T.).

4 De Aristóteles Del Cielo I.9. 278b (N. de Guthrie).

5 Cf. Aristóteles Política VII.7.1327b

6 Platón Epinomis 987d.


Bibliografía

Fideler, D., (ed). The Pythagorean Sourcebook and Library: An Anthology of Ancient Writings Which Relate to Pythagoras and Pythagorean Philosophy. Segunda edición. Grand Rapids, MI: Phanes Press, 1988.

Gutas, D. Greek Thought, Arabic Culture: The Graeco-Arabic Translation Movement in Baghdad and Early Ábbasid Society 2nd-4th/8th-10th Centuries. Nueva York: Routledge, 1998.

Mango, C. A. B. The Empire of New Rome. Atenas: Instituto Cultural del Banco Nacional Griego, 2007.

Moutafakis, N. J. Byzantine Philosophy. Indianapolis: Hacket Publishing, 2003.

Tatakis, B., y Bréhier, É. La Philosophie Byzantine. Paris: Presses Universitaries de France, 1959.

Treadgold, W. T. Reseña del libro Patriarch Photios of Constantinople: His Life, Scholarly Contributions, and Correspondence Together with a Translation of Fifty-Two of His Letters, de Despina Stratoudaki White, A Journal of Medieval Studies 58/4 (1983): 1100-1102.