Pérez Mantilla, Ramón.
Textos reunidos, Parra, L. & Vargas L. H., (eds.).
Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, 2011. 519 pp.


Este libro compila lo más representativo de la obra escrita por Ramón Pérez Mantilla. Sus editores, Lisímaco Parra y Luis Hernando Vargas, merecen un reconocimiento por el oportuno y diligente trabajo que hoy permite contar con el mejor acceso a esos textos, hasta ahora dispersos. Hay que celebrar, por lo demás, que hayan sido uno de sus más cercanos colegas y uno de sus más comprometidos estudiantes de otrora quienes hayan emprendido a conciencia la tarea de sacar adelante esta publicación póstuma de sus escritos.

Ramón Pérez Mantilla, nacido en 1926 y fallecido en el año 2008, fue profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia  desde mediados de los años sesenta (1964) hasta su jubilación a comienzos de la década de los noventa del siglo pasado. Su participación en la vida académica del Departamento se prolongó, sin embargo, aún por una década, hasta el momento en que su salud comenzó a presentar irreversibles quebrantos. Es de exaltar, pues, el hecho de que el libro aparezca en la Colección General, Biblioteca Abierta de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, institución a la que el profesor Pérez consagró, sin duda, lo mejor de su labor docente y quizás, me atrevería a decir, lo mejor de la segunda mitad de su vida. "Creo no haber sido un ‘profesor' (esa es mi profesión) mediocre" (17), se le oye decir a Pérez en una ocasión, citada en la "Introducción" escrita por los editores.

Tal y como lo hace la "Introducción" en sus primeras páginas, comienzo también aquí por referirme al tema del alcance o amplitud atribuible a la compilación. Ya en la primera nota al pie de página, los editores nos informan gratamente que la bibliografía adjunta al final del libro deja registro de "la totalidad de los textos" de Pérez Mantilla por ellos ubicados. Más adelante, los editores declaran que no todo aquello de lo que se tenía alguna noticia logró ser encontrado y, por ende, incluido en la "Bibliografía": "hemos intentado reunir una obra dispersa, y lo hemos logrado sólo en parte" (17). Han quedado por fuera de ella ponencias en eventos académicos reportadas por el autor en sus informes anuales como docente del Departamento de Filosofía, escritos tempranos mencionados alguna vez por un difunto amigo de Pérez (Jorge Child), y posibles artículos en el diario El Tiempo mencionados casualmente por otros (ibid.). "No es esta una compilación exhaustiva", se nos advierte (ibid.); y no lo es únicamente por lo dicho, sino también por el hecho de que no todo lo ubicado fue incluido en el volumen de 519 páginas. Los editores mencionan explícitamente lo omitido. Aun si así no fuera, la mencionada bibliografía, convenientemente ordenada en las mismas cuatro partes en las que se distribuye el material compilado, permitiría, en todo caso, determinar con facilidad cuáles de los textos ubicados fueron o no incluidos en Textos reunidos. La primera parte de la "Bibliografía" hace el inventario de veinte Ensayos y conferencias, casi en su totalidad de temática filosófica. Tres de estos ensayos o conferencias (dos sobre El nacimiento de la tragedia y un ensayo sobre el pensamiento del eterno retorno) han quedado por fuera de la compilación por constituir versiones previas de textos posteriormente publicados. Han quedado por fuera de la compilación además tres entrevistas (dos a Estanislao Zuleta y una a Gianni Vattimo) y una reseña de un libro (de Livio Sichirollo titulado Dialéctica). Se publican, pues, trece ensayos y conferencias de Pérez. La segunda parte de la "Bibliografía" enumera todas las columnas políticas, 18 en total, escritas para la revista Alternativa entre los años 1977 a 1979. La tercera parte de la "Bibliografía", consagrada a traducciones, registra veintiocho de ellas -una más que las veintisiete que señala la "Introducción" (13)-, casi en su totalidad de textos filosóficos, de las cuales los editores decidieron incluir once en el cuerpo del libro, las cuales ocupan cerca de la mitad del libro. Es aquí donde la compilación tenía por fuerza que renunciar a una publicación de todo lo hallado.

Hasta aquí lo que compone la obra; sin embargo, el libro no sólo se ha propuesto guardar memoria de Pérez, el escritor, sino otorgarle también un espacio a la memoria de su persona. Una cuarta y última parte, titulada "Sobre Ramón Pérez Mantilla", contiene la versión impresa y en DVD de una entrevista televisada que Lisímaco Parra le hiciera en el año 1994, e incluye dos lacónicos testimonios de viejos amigos suyos (Jorge Eliécer Ruíz y Jorge Child), así como una afectuosa semblanza póstuma publicada dos años después de su muerte por su amigo y colega de la Universidad Nacional, el profesor Ciro Roldán. Seguida de los acostumbrados índices de nombres y materias, remata el volumen la ya mencionada "Bibliografía", la cual incluye no sólo los sesenta y seis trabajos de Pérez (un número casi demoníaco), sino los nueve a los que ascienden hasta ahora los trabajos existentes sobre Pérez Mantilla.

Regresemos a la "Introducción". "No pretendemos hacer acá un balance de los textos de Pérez Mantilla" (17), dice otra de sus aclaraciones, sin embargo, "aunque un juicio suficientemente informado sobre algunos aspectos del trabajo de Pérez Mantilla no puede ser hecho ahora, es preciso, al menos, intentar esbozar la pregunta acerca de su significación en el desarrollo de la filosofía en Colombia" (ibid.). En algo más de dos páginas, se intenta presentar dicho esbozo. Se destaca lo excepcional de la labor de Pérez como docente (ibid.), se recuerda lo oportuno y atinado de su trabajo como traductor y, por ende, como divulgador y se lo exalta como un buen escritor (19). Los editores hacen aquí gala de una admirable concisión que, sin embargo, creo que se extralimita un poco en el momento de aludir simplemente a las calidades de Pérez como escritor. Aunque no creo, claro está, que se le pueda pedir a una introducción agotarlo todo, bien podría haber aventurado una mínima caracterización, así fuera provisional, acerca de su estilo, más cuando se ha subrayado que para Pérez (como para Nietzsche) era imperativo "sentir como contenido, como la cosa misma, lo que los no -artistas llaman forma" (ibid.). Los escritos publicados exhiben un estilo cargado con moderación de elegante ironía, y a veces también de un altivo y desenfadado desprecio por todo lo que para él representaba ingenuidad. Su forma es fluida, compacta, clara sobre lo oscuro, sobria, contenida, ordenada, en fin, inesperadamente apolínea. Y hablo aquí de lo inesperado en razón de la semblanza que de Pérez, el ser humano, nos dejan los testimonios reunidos al final del libro. Ellos se refieren en forma unánime a su "lado dionisíaco" (498) (cf. 493 y 495). Por lo demás, Pérez denota un gusto por y un dominio de las alturas desde las cuales es posible la deleitosa contemplación de los amplios panoramas. Desde allí contempla los bosques... y evita por lo general internarse entre los árboles.

El esbozo que la "Introducción" hace de la significación de su obra para el desarrollo de la filosofía en Colombia concluye con la pregunta: "Y entonces ¿nada más? ¿Profesor brillante, divulgador, buen escritor?" (19). Lo que con esta pregunta pretenden dejar los editores todavía en suspenso es la pregunta por Pérez el filósofo; pues resulta que claro que "se sentía filósofo" (ibid.). Esta pregunta apunta al "grado de novedad del pensamiento de Pérez Mantilla" (ibid.). Quizás, a propósito de la pregunta por el filósofo, este se hubiese permitido interponer en este punto lo que pareciera haber sido su última apreciación escrita sobre el talante del filósofo contemporáneo. A juzgar por algunas observaciones de Gianni Vattimo, que Pérez reproduce en uno de sus artículos con manifiesta simpatía, nos encontraríamos hoy ya en un tiempo que no se caracterizaría por aquella "valoración positiva de lo nuevo, lo nuevo como un valor superior a lo antiguo, que le permite a Vattimo caracterizar a la modernidad como el concepto del valor de lo nuevo, mejor, el concepto de la novedad como valor" (163). Sea como sea, más que sentirse filósofo sin más, Pérez, precisaría yo a riesgo de equivocarme, habría querido seguramente sentirse ante todo como filósofo contemporáneo: como un pensador a la justa altura de su tiempo. Se esforzó hasta el último momento por vivir al día. Si la extemporaneidad que Nietzsche había padecido a finales del siglo XIX podía contribuirle en algo a Pérez, era justamente por el hecho de que ella le permitía a él, un siglo después, instalarse en el más actual de los presentes: aquel presente que sus ensayos caracterizan reiterada y eminentemente como el del nihilismo.

Ahora bien, haciendo abstracción de esta posible objeción de Pérez, el infatigable crítico, regresemos a la pregunta que los editores de sus Textos reunidos desean dejar abierta; la pregunta, decíamos, por "el grado de novedad del pensamiento de Pérez Mantilla" (19), el perseverante traductor, el incansable hermeneuta. Esta pregunta se traduce para ellos inmediatamente en la pregunta por la novedad de sus interpretaciones y, particularmente, por la de sus interpretaciones de la obra de Nietzsche: "Habría que preguntarle a los especialistas en Nietzsche, en particular, si algunos de sus trabajos no son, como a veces él lo creyó, aproximaciones ‘nuevas' a este pensador" (19). La palabra "nuevas" va aquí entre unas intrigantes comillas. Y bien, como ya se lo hubiese podido conjeturar antes de que la compilación nos diera oportunidad de corroborarlo, los ensayos filosóficos de Pérez giran, en efecto, aunque no exclusiva pero sí principalmente, en torno al pensamiento de Nietzsche. Cinco de los trece textos compilados en la parte titulada "Ensayos y conferencias" se ocupan directamente de él, y en tres de estos cinco es la doctrina del eterno retorno la que termina por concentrar su atención. Quizás no sea en esto último, dicho sea paso, donde haya que buscar la novedad de Pérez como intérprete de Nietzsche. Nietzsche mismo, como primer intérprete de su propia obra, se esforzó a ratos por colocar explícitamente el pensamiento del eterno retorno en el centro de su filosofía, y asimismo lo hizo el intérprete que hasta finales de los años sesenta jugara el papel decisivo en la recepción de Nietzsche como filósofo: me refiero a Martin Heidegger, quien no en vano es, según el "Índice de autores", el segundo más citado por Pérez en su Textos reunidos después del mismo Nietzsche. Le siguen Marx y Hegel y, a propósito de esto último, bien cabe decir que la presencia de Heidegger, al menos en la obra escrita de Pérez, se encuentra fuertemente motivada por el interés en establecer su relación con el pensamiento de Nietzsche, así como la presencia de Hegel (como lo destacan los editores en la "Introducción") se hallaba principalmente motivada por el interés en establecer su relación con Marx. Llama la atención, sin embargo, que la relación entre Marx y Nietzsche no haya sido en lugar alguno objeto de un análisis frontal por parte de Pérez.

En suma, una valoración de los ensayos de Pérez sobre Nietzsche es imprescindible: ojalá se la conciba también como inminente, ahora que salen a la luz sus Textos reunidos. Creo que la invitación que en este sentido hacen los editores a los especialistas en Nietzsche es pertinente, y no puedo sino hacer aquí eco de ella.

Con motivo de los 125 años del nacimiento de Nietzsche, Pérez compiló y publicó, en el año 1969 en la revista Eco, un conjunto de ensayos con novedosas (y en aquel entonces aún recientes) interpretaciones del filósofo escritas por autores alemanes, franceses e italianos, precedidas de traducciones del filósofo inéditas entonces en español (cuatro de las cuales reaparecen en Textos reunidos). Particularmente notable era la selección de los intérpretes franceses: Deleuze, Klossowski, Foucault, Glucksmann, Blanchot. Esta compilación, que Pérez realizó para la revista Eco, es, a mi juicio, y seguramente al de muchos otros, infortunadamente su único trabajo como editor (aparte de su callado trabajo para la revista Ideas y Valores de 1968 a 1976); y es justamente el mejor ejemplo de su acierto como divulgador. Permítaseme, como prueba de ello, una ligera nota personal. Tengo aquí a mi lado el ejemplar que un médico, con un pronunciado gusto por las lecturas filosóficas, poseía del número de Eco editado por Pérez o, mejor, lo que ha quedado de él después de reposar tantas veces entre sus manos. Da fe de la reiterada lectura a la que mi padre sometió el grueso cuaderno, cómo vino a perder en consecuencia la forma y longitud original de sus aristas y márgenes, la lastimosa manera en que ha terminado por exhibir además las costuras en su lomo, y la independencia del resto que las páginas que contienen el índice han finalmente adquirido.

La "Presentación" que Pérez escribió para Nietzsche 125 años nos confronta, desde sus primeros párrafos, con algunas de las grandes constantes de su forma de aproximarse al pensamiento del autor de La gaya ciencia. Aparece ya Heidegger como interlocutor principal de Pérez en la interpretación.1 Apelando a la enorme autoridad universal y local que Heidegger gozaba a finales de los sesenta, Pérez resalta, al comienzo de su "Presentación", que Nietzsche debe ser leído ni más ni menos que como un autor de rigor comparable al de Aristóteles. Con la ayuda de K. Jaspers y K. Löwith (personajes, por cierto, filosóficamente cercanos a él), Heidegger había logrado que Nietzsche se comenzara a leer en Alemania como un clásico, y Pérez buscaba lograr lo propio en nuestro medio. Sin embargo, apenas empezaba a darse una de las condiciones básicas para que este llamado pudiese ser atendido cabalmente en la práctica. En 1969 no había concluido (o, mejor, apenas había despegado) la primera edición crítica de la obra de Nietzsche (la edición Colli-Montinari) que permitiera una juiciosa aproximación a él como clásico.

En los dos valiosos ensayos que dedicó un cuarto de siglo después, en 1993 y 1995, al tema de la relación entre Heidegger y Nietzsche, Pérez muestra un claro y definitivo distanciamiento de la posición de Heidegger o, mejor y más exactamente, un claro rechazo del lugar que Heidegger le adjudica a Nietzsche como el consumador de la metafísica de la subjetividad en Occidente. Este distanciamiento explica la proximidad que el segundo de estos dos artículos guarda con Gianni Vattimo: un autor del que ya había traducido en 1970 un texto sobre La idea nietzscheana de verdad (507).

Quisiera, para concluir, concentrarme en otra de las importantes constantes que ya se prefiguran en el primer escrito de Pérez sobre Nietzsche: su "Presentación" de Nietzsche 125 años. Me refiero a la insistencia de Pérez en el carácter enigmático (81), oscuro (82), oculto (ibid.), equívoco (88, 195), ambiguo (172, 195s.), inseguro (89), problemático (172), (auto-) contradictorio (172, 195s., 207), complejo (207), difícil (208), incomprensible (178), inescrutable (90), indescifrable (172) y, por todo ello, fascinante (205), que para Pérez tiene el pensamiento de Nietzsche, desde sus inicios, en El nacimiento de la tragedia (193, 195), hasta su clímax, en el pensamiento del eterno retorno (184). Normalmente, uno entiende calificativos de este tipo como parte de afirmaciones que un intérprete hace acerca del estado provisional, pero final o eventualmente superable, en que se le presenta a su esfuerzo de comprensión lo que es objeto de su consideración. No parece ser así, sin embargo, como haya que entender las citadas expresiones de Pérez en sus aproximaciones a Nietzsche. Pareciera con ellas designar, no un estado de interinidad por el que momentáneamente atraviesan sus interpretaciones, sino, por el contrario, el punto de llegada hacia el cual sus esfuerzos exegéticos apuntan denodadamente.

Llamo la atención sobre este aspecto, no sólo por ser un asunto recurrente y decisivo en su forma de interpretar la obra de Nietzsche, sino porque parece además guardar alguna relación estrecha con lo que Ciro Roldán presenta como característica sobresaliente del estilo de docencia practicado por Pérez, esto es, su "manera de exponer y poner problemas" (500) y, más allá, como una nota distintiva de su carácter: era un "amante de la contradicción, en la que se movía como si fuera su terreno preferido" (499). Por su parte, los editores identifican como uno de los "rasgos notables de su carácter intelectual [...], su a veces desesperante predisposición para encontrar problemas donde nadie los veía, y que llamamos antidogmatismo, y su jovial escepticismo, algo que merece ser meditado asiduamente en un medio como el nuestro" (20). "Antidogmatismo y jovial escepticismo", esta es una atinada caracterización y posiblemente, en el fondo, el eco de una tácita pero orgullosa auto-caracterización. ¿Jovial? Este sería un adjetivo que Pérez mismo habría asumido con gusto en conformidad con su viva recepción de Nietzsche en pensamiento y obra. ¿Escéptico? Sin lugar a duda.

Según Roldán, Pérez mismo le dio la clave para investigarlo, al leerle el aparte de El nacimiento de la tragedia en el cual Nietzsche ofrece su descripción de Hamlet como aquel hombre en el que el conocimiento mataría al obrar si no lo recubriese la ilusión. Permítaseme nuevamente el intento de interponer aquí a Pérez. Creo que él mismo habría, entrevisto detrás de la relación entre escepticismo y jovialidad, otro desesperante problema. No en vano es La ciencia jovial el título de uno de los libros de Nietzsche, con el cual este se permitía unir en una sola fórmula lo que para los lectores de sus anteriores obras no podía verse sino como irreconciliable, como una contradicción en los términos. ¿No se preguntaba el aforismo final del primer apartado de Humano demasiado humano ("De las cosas primeras y últimas") si "nuestra filosofía no se convierte en "tragedia"? ¿No exponía aún el numeral 45 de Aurora la sombría perspectiva de "un desenlace trágico del conocimiento"? Y es a este punto a donde deseo ahora regresar, a saber, a los primeros párrafos de la "Presentación" de 1969, arriba comentada, como prefiguración de una de las constantes de las posteriores interpretaciones de Pérez y, por lo visto, también como expresión de lo que luego probara ser nada menos que su inveterado carácter intelectual. Pues bien, la primera cita de dicha "Presentación" proviene justamente del deslumbrante cuarto apartado del prólogo a la Ciencia jovial. Creo que con ella el profesor Pérez nos revelaba, sin decirlo, a sus 43 años, in media vita, lo que bien podría considerarse como el lema y emblema de su pensamiento y, por tanto, de su vida. Leámosla. A falta de toda indicación expresa en sentido contrario, diríase que la traducción es del mismo Pérez:

Y por lo que se refiere a nuestro porvenir, costará trabajo encontrarnos en la pista de esos jóvenes egipcios que rondan por la noche violando los templos, abrazan las estatuas y quieren desnudar completamente, descubrir, sacar a plena luz lo que por buenas razones estaba oculto. Nosotros ya no encontramos placer en esas cosas de mal gusto, la voluntad de verdad, de la "verdad a toda costa", esa locura de joven enamorado de la verdad; tenemos demasiada experiencia para ello, somos demasiado serios, demasiado ligeros, demasiado alegres, estamos demasiado probados por el fuego, somos demasiado profundos... Ya no creemos que la verdad siga siendo verdad cuando se le quita su velo, hemos vivido demasiado para creerlo. Para nosotros hoy es cuestión de conveniencia no querer verlo todo al desnudo, no querer asistir a todas las cosas, no querer comprenderlo y "saberlo" todo. (82)

Cabe notar que las comillas en "saberlo" las ha omitido la traducción de Pérez, pero las trae el original.

Puede uno (debe uno) preguntarse, a su vez, si conviene o no sacar entonces a la luz lo que se oculta en esta cita. ¿Conviene, pese a todo, aplicar a ella lo que Nietzsche describía al final de otro de sus prólogos, el prólogo a Genealogía de la moral, como el arte de leer y de leerlo: el rumiar? ¿En caso tal, habría hoy tiempo buen tiempo para ello? No hoy y aquí, en todo caso. En su momento, en su "Presentación", Pérez se limita a comentar la cita de Nietzsche con una cita de Heidegger: "Sea de ello lo que fuere, lo importante es la sensación de que ‘la verdadera discusión con Nietzsche no ha comenzado, sino que ni siquiera se han sentado las bases para ello' (Heidegger)" (83). Antes de comentar lo anterior, Pérez ha sumado a la cita de Ciencia jovial otra proveniente de Más allá del bien y del mal en la que se lee:

El solitario no cree que un filósofo [...] haya jamás expresado en libros su pensamiento más auténtico y fundamental: ¿no se escriben libros para esconder precisamente lo que se lleva dentro de sí? No creerá que un filósofo pueda en general tener opiniones "auténticas y últimas" [...] Toda filosofía "oculta" también otra filosofía; toda opinión es un escondite, toda palabra una máscara. (§289)

Con estas enigmáticas palabras de Nietzsche, con las que Pérez lo presenta, y con las que aquel presenta sus libros, termino yo, a la vez, de presentar el libro de Pérez editado por Parra y Vargas. Quizá sea entonces apenas justo que el lector se quede sin saber a ciencia cierta si aquel libro del que nos habla Ciro Roldán en su "In memoriam", aquel "anhelado libro final, para el cual [Pérez] no tuvo la energía de reunirlo todo y escribir un prólogo de su puño y letra" (499), es el mismo que hoy se nos ha presentado como "Textos reunidos". Quizá se entienda mejor también por qué a propósito de la pregunta que Ciro Roldán le planteara a Lisímaco Parra en los días de agonía de Pérez acerca de la voluntad del filósofo de vivir o morir pronto (una inevitable pregunta de doxógrafo desde la Antigüedad), Roldán comente: "No supo responderme" (500). Bueno, tampoco hoy se sabe a ciencia cierta si Sócrates mismo concibió callada y ocultamente toda su vida como una larga enfermedad por cuya tardía aunque definitiva cura habría tenido a bien (según cuenta el final del Fedón) solicitar en último momento, antes de tomar la cicuta, que se le sacrificase un gallo a Esculapio.


1 Uno de los textos traducidos por Pérez para la compilación era justamente el primer capítulo de las conferencias de Heidegger sobre Nietzsche dictadas entre 1936 y 1940, pero publicadas en alemán apenas en el año 1961. Esta traducción de Pérez fue, en nuestro medio, hasta el año 2000, la única forma de conocer en castellano parte al menos de la conferencias de Heidegger sobre Nietzsche.

2 Creo que una de las personas más autorizadas para hablar en alguna ocasión de este desarrollo es el profesor Luis Eduardo Gama. Tras haber sido uno de los estudiantes asiduos y, en todo caso, uno de los aventajados y predilectos del profesor Pérez en su último periodo de docencia, Gama concluyó, en el Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia en el año 2000, bajo la dirección de Pérez, un laureado trabajo de maestría en el que se intenta hacer un balance de la justicia o injusticia de la interpretación heideggeriana de Nietzsche. Gama es hoy un especialista en Nietzsche, en Heidegger y en el Nietzsche de Heidegger. Por similares condiciones, igualmente facultado para hablar de los últimos desarrollos de la Auseinandersetzung, esto es, de la confrontación de Pérez con el Nietzsche de Heidegger, se encuentra el profesor Carlos Eduardo Sanabria de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, estudiante y luego amigo de siempre de Pérez y de Vargas, el co-editor del libro. He aquí nuevamente una virtud de Pérez como maestro: haber exitosamente velado por criar a sus potenciales críticos.


GERMÁN A. MELÉNDEZ
Universidad Nacional de Colombia
gamelendeza@gmail.com