Disputas por la centralización/descentralización administrativa en el Viejo Caldas, 1905-1966: los casos de Manizales y Pereira

Disputes over Political Centralization/Decentralization in the Viejo Caldas, 1905-1966: The Cases of Manizales and Pereira

 

JAIRO ANTONIO LÓPEZ PACHECO
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales -Flacso-
México D. F., México
jairo.lopez@flacso.edu.mx

JOHN JAIME CORREA RAMÍREZ
Universidad Tecnológica de Pereira
Pereira, Colombia
jjcorrea@utp.edu.co

Artículo de investigación.
Recepción: 9 de febrero de 2012. Aprobación: 3 de mayo de 2012.


RESUMEN

El presente artículo analiza las disputas entre los grupos de élite de las ciudades de Manizales y Pereira por el poder político regional en el antiguo Departamento de Caldas, creado en 1905, y que desembocaron en la división departamental de 1966 con la creación del Departamento de Risaralda. Dicho proceso se manifestó en las discusiones por la centralización o descentralización administrativa, las cuales reconstruimos en tres momentos: primero, a partir de la reforma administrativa de Rafael Reyes que creó el Departamento de Caldas; segundo, en el periodo de mayor auge de la economía del café y las demandas por mejor distribución fiscal; finalmente, en la coyuntura de los años sesenta, que permitió una movilización continua de las élites y culminó con la división departamental. Concluimos que las disputas por la descentralización y centralización administrativa manifestaban un proceso histórico de división del poder regional en el cual se contrapusieron dos formas de proyección de orden e interés local.

Palabras clave: Viejo Caldas, Pereira, Manizales, civismo, descentralización.


ABSTRACT

The article analyzes the disputes among the elites of the cities of Manizales and Pereira over regional political power in the former Department of Caldas, created in 1905, which led to its division in 1966 and the subsequent creation of the Department of Risaralda. The paper traces the discussions regarding administrative centralization or decentralization, across three moments: first, the administrative reform of Rafael Reyes, which created the Department of Caldas; second, the period of the coffee economy boom and the increasing demands for an improved fiscal distribution; and, finally, the 1960s, which allowed for a continuous mobilization of the elites and culminated with the division of the department.  The article concludes that the disputes over decentralization/centralization reveal a historical process of division of regional power marked by two opposing conceptions of local projection and interests. 

Key words: Viejo Caldas, Pereira, Manizales, civic spirit, decentralization.


Introducción

Colombia se ha visto atravesada por dos tendencias ineludibles en el proceso de formación del Estado-nación: por un lado, un sinnúmero de tensiones en procura de establecer un centro de poder estable y soberano que abarque todo el territorio; por otro, el hecho de que los poderes regionales -herencia de la Colonia- se han configurado por medio redes de lealtades, dominación y soberanía casi autónomas, que han permitido que grupos de élites políticas y económicas concentren poder al interior de estas y dominen la jerarquía social. Como bien lo muestran Malcom Deas,1 Marco Palacios,2 Mary Roldán,3 entre otros, las relaciones históricas de poder en las regiones del país han generado una especie de "mestizaje" en términos de política nacional y local.

Si bien los procesos locales y regionales han marcado pautas de organización de sociedades regionales diferenciadas, desde sus inicios, dichos procesos se encontraron mediados por la instauración de impuestos centrales, políticas de control de baldíos, un gran grupo de "pobladores móviles" que generaron constantes procesos de colonización y poblamiento, redes de comunicación y acción política canalizada por los partidos políticos nacionales. La política, no por ser heterogénea, dejaba de hacer parte de un todo en el proceso de construcción de la nación; la consolidación de sociedades regionales con dinámicas de poder político y económico diferenciadas han generado disputas históricas por la centralización y descentralización administrativa, pues ambas representan tanto la posibilidad de autonomía o dependencia fiscal, como la capacidad de articular o desarticular redes de clientela en los escenarios nacional y local.

En este marco histórico, y luego de la Reforma Constitucional llevada a cabo en el año de 1905, en los inicios del "Quinquenio" del presidente Rafael Reyes, se dividió el mapa político administrativo de Colombia en 33 entidades territoriales,4 y se creó el Departamento de Caldas como producto de la división de la zona suroccidental del territorio de Antioquia, la cual se reconoce en la historiografía de Colombia como la zona de "colonización antioqueña" y que permitió la erección de Manizales como capital departamental.5 Rafael Reyes buscaba efectuar la centralización política que el proyecto Regenerador no pudo consolidar, por lo cual optó, entre otras medidas, por controlar las principales fuentes de renta de los departamentos, además de crear un monopolio fiscal de varios productos para la exportación y nacionalizar los ferrocarriles departamentales, lo que ofendió particularmente a los antioqueños, por lo que se afirma que la reforma constitucional de 1905 tenía como finalidad fracturar la herencia de los poderosos Estados Soberanos decimonónicos.6

En efecto, el proyecto de Reyes generó conflictos y reacciones por parte de los principales dirigentes de los antiguos estados soberanos, entre ellos la facción más cercana a Rafael Uribe Uribe, y ya en 1910 se dio otra reforma administrativa que reorganizó algunas de las entidades creadas en 1905, pero en la cual los entonces nuevos departamentos de Caldas, Huila, Atlántico, Valle y Norte de Santander lograron mantener su designación tras la presión efectuada por las élites de las ciudades que se erigirían como sus respectivos centros políticos administrativos.7 Para el caso de Caldas, la élite de Manizales empezaba a tener autonomía con relación a la de Medellín y logró mantener la designación del Departamento de Caldas como entidad independiente.8 Con base en el mito fundacional9 de la colonización antioqueña y el control como prefectos de la zona de influencia de la ciudad, las familias Villegas, Gutiérrez, Londoño y Pinzón, entre otras, consolidaron redes de casta familiar que se enriquecieron con los negocios del azúcar, el guarapo, el café y el control de la burocracia local.

No obstante, desde muy temprano, se empezaron a dejar sentir ciertos inconformismos políticos entre los grupos de élites de poblados vecinos como Pereira y Armenia, que también habían logrado alcanzar un gran dinamismo económico en las primeras décadas del siglo XX, y, al cabo de unas décadas, se fermentó una gran rivalidad por asuntos de inversión presupuestal, autonomía y descentralización. Estas tensiones evidenciaban, además, un enorme descontento por las cargas tributarias que estas ciudades debían girar hacia la capital y que al parecer no se compensaban con las inversiones a cuenta gotas que hacía la gobernación caldense. Si bien el mapa político-administrativo de Caldas se mantuvo incólume por cerca de 50 años, la élite de Manizales no tuvo un control total del Departamento, lo que se evidencia en las diversas etapas que vivió la creación del este luego de la reforma iniciada por Rafael Reyes.10

Tanto Armenia como Pereira se impulsaron como centros de producción de café a principios de siglo XX y presentaron lo que, en 1937 y de forma temprana, Antonio García identificó como una "aspiración hegemónica de las ciudades comerciales y la intensa presión de las clientelas políticas" que buscaban concentrar los ingresos y controlar la inversión de los recursos cafeteros.11 Las disputas que se empezaban a manifestar desde la creación del Departamento tuvieron su máxima expresión entre 1966 y 1967 con la división de Caldas y la creación de los departamentos de Risaralda y Quindío como nuevas entidades administrativas autónomas. Esta historia de tensiones hace parte, precisamente, del proceso de formación de una región próspera económicamente, en tanto corazón del desarrollo de la economía del café en el país, lo cual dio recursos -económicos, políticos, sociales- a los diferentes grupos de poder e interés para elaborar proyectos de autonomía regional desde creación de Caldas, en 1905.

Las interpretaciones sobre la división del Viejo Caldas se han centrado en aspectos como: a) consecuencia del apetito clientelar de las élites que llevaron a la descentralización administrativa como una forma de tranzar las tensiones de élites liberales y conservadoras durante el Frente Nacional -entre una Manizales conservadora y una Pereira de raigambre liberal- ;12 b) como forma de pacificación en medio de la Violencia, en la cual el desorden popular llevó a tomar decisiones que pudieran solucionar los problemas de organización que habían alcanzado los grupos de bandoleros tan característicos en la región durante esta época;13 c) como un producto del poder adquirido por los beneficiados de "los negocios de la Violencia" que generó movilidad económica y capacidad de confrontación a las élites tradicionales;14 d) como control de las redes clientelares que permitió que "activadores locales", como Camilo Mejía Duque, pudieran tener mayor capacidad de negociación con el centro;15 e) hasta las miradas más tradicionales que ven la creación del departamento de Risaralda particularmente como producto de las "gestas cívicas y heroicas" 16 que llevaron a la "desmembración de la mariposa verde".17

Tales interpretaciones sobre la división administrativa del antiguo Departamento de Caldas adolecen de una lectura de largo plazo que no se limite a las transacciones clientelares de la coyuntura de negociación política; se requiere plantear un enfoque que diferencie lo que ya Antonio García advertía como las disputas por la hegemonía urbana, los proyectos de élites más allá de la distinción partidista y el análisis de los componentes simbólicos y de proyección de órdenes locales particulares. Si tenemos en cuenta que la división político administrativa fue producto de un proceso histórico de fragmentación del poder regional,18 es importante rastrear las disputas concretas por la descentralización administrativa que se presentaron entre Manizales y Pereira de la creación del Departamento de Caldas, pues muestran tanto las tensiones propias de las élites como la forma en que se discutía y disputaba la autonomía administrativa en un departamento que, a nivel nacional, se presentaba como modelo.

En el presente artículo se analiza la forma como se plantearon, en primera medida, el problema de la descentralización -Pereira- y centralización -Manizales- en Caldas, así como las tensiones y los proyectos políticos de las élites que estuvieron en continuo enfrentamiento y la manera como un departamento que sobrevino del proyecto de división de Reyes y se mantuvo unificado tras los intentos de rearticulación con Antioquia sufrió una tensión y disputa por su división interna a lo largo de la primera mitad de siglo XX, que desembocaría en una nueva división político administrativa. Nuestro objetivo es explicar un proceso amplio de enfrentamientos que tiene una matriz local de intereses, pero que se enmarcó dentro de disputas por el control del poder regional constitutivas de los conflictos en la formación nacional. A partir de la reconstrucción de estas disputas, con base en fuentes como los principales diarios de la región, los archivos de la Cámara del Comercio y la Sociedad de Mejoras Públicas de ambas ciudades, buscamos confirmar que la división administrativa respondió a una fragmentación histórica del poder local y a la contraposición de proyectos urbanos diferenciados.

Los "aires" de progreso y las primeras tensiones administrativas entre Pereira y Manizales

Manizales y Pereira son dos ciudades ubicadas sobre la vertiente occidental de la cordillera central colombiana, a una altura de 2.160 y 1.411 msnm, respectivamente, y distanciadas entre sí por apenas 52.3 kilómetros. Ambas ciudades han mantenido una historia interdependiente en muchos sentidos, tanto a nivel económico y político, como en lo social, lo cultural y lo educativo. Ambas se relacionan en sus procesos de fundación, aunque con leves distancias temporales, producto de diversas corrientes migratorias y empresas colonizadoras desde mediados del siglo XIX,19 y comparten rasgos históricos en cuanto a los procesos de acumulación económica, principalmente como consecuencia de la producción y comercialización del café.

Durante la primera mitad del siglo XX, ambas ciudades fueron epicentro de significativos cambios en su estructura económica y demográfica, lo mismo que en su infraestructura urbana y en los modos de vida de sus habitantes. Se podría hablar de esta etapa como un primer momento de modernización, a partir del cual estos poblados fueron dejando atrás su imagen de aldeas comerciales de zona de frontera de colonización para proyectarse y articularse al mercado interno regional y nacional, lo mismo que para el intercambio mundial.20 Los tradicionales modos de vida del pasado se fueron borrando paulatinamente para dar lugar a la construcción de vías para ferrocarriles, tranvías, cables aéreos, nuevas vías de comunicación terrestre y aeropuertos, así como con la creación de nuevas industrias, la ampliación y diversificación de servicios públicos -alumbrado eléctrico, acueducto y telecomunicaciones-, bancarios y hoteleros, y la aparición de clubes sociales, teatros e instituciones educativas, actividades en las que fue predominante la participación de los miembros más prestantes de cada ciudad.

Un detalle adicional que de debe tener en cuenta es la forma como paulatinamente esta importante dinámica económica empezó a generar una nueva serie de sociabilidades a nivel local, que permitió que en Manizales se constituyera, desde el año 1912, la Sociedad de Mejoras Públicas, y, al año siguiente, buena parte de los fundadores de dicha sociedad cívica crearon su respectiva Cámara de Comercio. En el caso de Pereira, algunos de los más representativos miembros de la élite local crearon la Sociedad de Mejoras Públicas (SMP) en el año 1925 y al año siguiente aunaron esfuerzos para establecer su correspondiente Cámara de Comercio. Lo anterior denota, una vez más, la forma como estos grupos de élite empezaron a consolidarse como grupos de interés y de presión que demarcarían el destino de cada ciudad.

Cabe señalar que con el aumento de producción del café21 y el auge de nuevos medios de transporte se facilitó la importación de despulpadoras de café y se crearon varias casas trilladoras, al tiempo que se posibilitó la inversión industrial y urbana. En el caso de Manizales, se dio un fuerte impulso a la creación de empresas locales que permitieron el aumento del comercio y la inversión de las rentas del café;22 y a mediados de los años treinta se dio un segundo impulso empresarial en cabeza del grupo de los "Azucenos", integrado por Eduardo Arango Restrepo, Germán Vélez Sáenz, Jorge Echeverri Mejía, Luis González y Alonso Londoño, quienes lograron desarrollar una diversificación industrial importante.23 En el caso de Pereira, también se daba una consolidación económica muy significativa, pero orientada en mayor medida a la dinámica comercial sin grandes inversiones industriales; sobre la base de la productividad y comercialización del café, y los desarrollos de ciertas áreas del comercio y las artesanías, en los primeros años del siglo XX, se incrementó la capacidad de demanda de bienes manufacturados por parte de los habitantes de Pereira, que fueron cubiertos mediante "la importación que ejercían unos cuantos comerciantes locales, quienes establecieron negocios con las firmas exportadoras e importadoras como las de Santiago Eder en Buenaventura". De este modo, "una mayor porción del excedente cafetero quedó en manos de los comerciantes locales",24 lo que consolidó un escenario de acumulación y circulación de capitales en ambas ciudades.

Según García, Manizales se caracterizaba por haber sido el centro comercial más organizado de la región, pese a su difícil situación geográfica, lo que obligaba a las élites económicas de dicha ciudad a hacer ingentes y continuos esfuerzos por establecer un trazado de vías de comunicación que les permitiera conservar dicho predominio comercial, a nivel interno e internacional. Por su parte, Pereira era "el verdadero vértice geográfico de las vías interiores",25 al decir de García, dada su excelente ubicación intermedia y como paso obligado entre muchas vías y medios de comunicación terrestre y ferroviaria -especialmente hacia Buenaventura-.

A pesar de su condición de provincia, Pereira disponía, desde finales del año 1927, de un moderno sistema de tranvía urbano que circulaba por las principales calles de la ciudad, aspecto que, sumado al hecho de que las locomotoras del ferrocarril llegaron primero a Pereira (en 1924) que a Manizales (en 1928), y que la ciudad contó con la primera planta telefónica automática de todo el país, desde el año 1928, eran motivo de altísimo orgullo de los pereiranos frente a la capital departamental.26 Una situación similar se vivió con ocasión del convite cívico del año 1945 que le permitió a los pereiranos contar con un aeropuerto, varios años antes de que se llevaran a cabo las primeras obras para la construcción del aeródromo de Santagueda, en 1951.27

De este modo, el "joven" departamento de Caldas contaba, hacia los años treinta del siglo XX, con 237 km de líneas de ferrocarril, 106 km de cable aéreo y 663 km de carreteras,28 lo que constituía una red de comunicación importante para el momento, que situaba al departamento cafetero en una posición de ventaja comparativa con la gran mayoría de los departamentos a nivel nacional. Esta posición de dinamismo económico de la región -que no dejaba de presentar un "desarrollo desigual"-,29 aunada a la capacidad de maniobra adquirida con los negocios del café tras la salida de las empresas estadounidenses después de los años veinte,30 eran motivos centrales del inicio de las disputas entre las élites locales, especialmente por el reconocimiento legítimo de la autoridad de la ciudad capital.

Una muestra de lo anterior se puede hallar en un informe de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio de Pereira, en cabeza de su presidente Gonzalo Vallejo R., del año 1934, en el que se evidenciaba el enorme descontento de los empresarios de la perla del Otún por los altos aportes que desde Pereira se hacían a las rentas departamentales de Caldas, pero que no se retribuían posteriormente en el desarrollo de la ciudad:

(...) la participación de Pereira en las rentas departamentales no [debe ser] una graciosa dádiva sino la justa retribución de una empresa mercantil al mejor de sus colaboradores y parroquianos (...) y se concluye por lo expuesto que el Departamento de Caldas devuelve [apenas] al municipio de Pereira el 14,82% sobre un capital de $4.245.206,78 que se tuvo en movimiento dentro de los límites del último (...) en fin, una suma de factores que en equidad de derecho mercantil, libre de expresiones legales, debieran de arrojar mayores lucros para el municipio que para el departamento.31

Este malestar se iría incrementando con el correr de los años. Por ejemplo, el 27 de junio de 1938, el director de El Diario, Emilio Correa Uribe, publicó un muy sonado editorial titulado "Ironía", en el que se decía que si en Manizales se sentían agobiados por el centralismo bogotano, los pereiranos se sentían maltratados con medidas como la que ordenó el traslado de los talleres del ferrocarril de Pereira hacia "la urbe 'maternal' de la cordillera. ¿Entonces para qué descentralizar a Manizales? ¿Qué derecho le asiste a los delincuentes [sic] hablar de delincuencia? ¿Qué más da el centralismo bogotano que ni siquiera lo sentimos tan de cerca, ante el atropello continuo de otra ciudad, de su gobernante y de cada uno de sus hijos?".32

En muchas ocasiones, estos reclamos ante "la capital departamental" motivaron la intermediación de los grupos de élite de Pereira, organizados en la SMP y en el Club Rotario, para acceder a altos niveles de la política y el presupuesto nacional, como sucedió en el año 1937 con la comisión de notables que se desplazó hacia la capital de la República con miras a lograr unos recursos adicionales que permitieran llevar a cabo la Exposición Nacional, la cual buscaba mostrar el "progreso" de la ciudad.33

Situaciones como las anteriores fueron bastante reiterativas durante la década de los años treinta y cuarenta. Tanto en El Diario como en La Patria se publicaban frecuentemente los datos comparativos respecto a las actividades comerciales o el flujo de personas y mercancías que entraban y salían de cada ciudad, cada uno tratando de mostrar el liderazgo económico de su respectiva ciudad respecto a la otra. Frente a la desidia política y administrativa de muchos gobernadores de Caldas, se volvió usual la realización de los famosos "convites cívicos" en Pereira, con los cuales se logró dotar a la ciudad del Hospital San Jorge, el Aeropuerto Matecaña y la Villa Olímpica.34 Estas acciones configuraron toda una serie de discursos movilizadores que vincularon los intereses y necesidades de la élite local pereirana frente a la de Manizales, con una especie de vinculo cívico con los habitantes de la ciudad, "memorias del pasado local" que se reactivarían una y otra vez a medida que se incrementaba el malestar de la dirigencia política pereirana.

¿Quiénes controlaban los recursos económicos?: entre la dependencia al café y los deseos de autonomía

Hasta aquí hemos visto cómo los orígenes interdependientes de las dos ciudades llevaron a una posición de confrontación desde Pereira frente a la legitimidad de la capital departamental Manizales. Las estructuras de control fiscal y burocrático en ambas ciudades no eran homogéneas; por el contrario, presentaban algunas divisiones de las élites locales en ambas ciudades, las cuales oscilaban entre la búsqueda de apoyos del gobierno central y el discurso de civismo y autonomía en cada una de las urbes.

Las rivalidades entre elites también trascendieron al campo de la gobernabilidad política y el orden público, tanto a nivel interno como entre ambas ciudades. Un caso importante se dio en 1936, en pleno auge de la República Liberal, cuando el Concejo Municipal de Manizales, con apoyo del alcalde Eduardo Toro Villegas, aprobó un acuerdo que creaba una Junta de Ornato y suprimía los auxilios para la SMP.35 Como reacción, miembros de la SMP, que tenían importancia en la política nacional como Fernando Londoño Londoño y Antonio Arango, encararon al alcalde señalando que detrás de las medidas se ocultaba un interés "politiquero y manzanillo". No tenían recato en denunciar el sectarismo político de que era víctima la SMP de Manizales y agregaban en un editorial de La Patria que la labor que desplegaba de tiempo atrás la entidad cívica era "la verdadera Revolución en Marcha".36

Una situación similar se presentó con la SMP de Pereira en el año 1937, cuando el Concejo de dicho departamento empezó a gestar un acuerdo para bloquear algunos de los subsidios -producto de impuestos- que se destinaban para la agremiación. Nuevamente se hizo mención de algunos resquemores políticos, aunque sin especificar si eran de tipo partidista. En las discusiones internas de la SMP se planteó la renuncia colectiva de los miembros de la Junta y la posibilidad de dejar en libertad al Concejo para que nombrara una nueva, ante lo cual replicó airadamente el socio Jorge Roa Martínez,37 diciendo que no se podía aceptar tal recomendación ya que la Sociedad quedaría "paraoficial", es decir, dejaría de ser "independiente y cívica", y quedaría como un apéndice oficial del municipio.38

Estas situaciones nos muestran divisiones y tensiones propias de la formación y consolidación de élites locales, que habían encontrado en las Sociedades de Mejoras y en los Concejos Municipales espacios de organización y socialización política, que entraban en diferencias importantes por los presupuestos y la distribución fiscal con las órdenes emitidas desde el gobierno central. De allí que en Manizales se viera como un "problema" la forma como se distribuían los presupuestos desde Bogotá, a la distancia, y que se contradecían con los intereses locales; mientras que en Pereira la disputa no se dirigía hacia Bogotá, sino hacia Manizales y la gobernación como símbolo de las designaciones nacionales. Durante la República Liberal, las mayores quejas provenían de Manizales a los gobiernos liberales, como se evidencia en la figura de "la verdadera revolución en marcha" retomada por Fernando Londoño Londoño.

En La Patria, mientras tanto, y a lo largo de este periodo, las expresiones fueron oscilantes entre el ataque inveterado al contendor político y la defensa estratégica de posiciones partidistas a nivel local. Durante muchos momentos asumían el ejercicio de espectadores que sacaban provecho de las divisiones internas del liberalismo a nivel local, departamental y nacional. Y tampoco desperdiciaban oportunidad de denunciar los nexos del liberalismo con organizaciones e ideologías "cercanas a Moscú", como solían decir algunos de sus editorialistas. Luego, cuando vuelven a asumir el poder en 1946, empiezan a predecir la nueva senda del orden y de recuperación de la moralidad cristiana, que al parecer se había perdido 16 años atrás.

Las rencillas y los reclamos públicos entre los dirigentes de ambas ciudades fueron entonces en aumento, y si en los años veinte y principios de los treinta se materializaron en diferencias por la administración de los ferrocarriles, por la "legitimidad" de la capital departamental y la distribución fiscal, ya desde finales de los treinta y en las décadas de los cuarenta, tras el retorno del Partido Conservador en el poder, cristalizaron en todo su esplendor en fuertes disputas partidistas que desestabilizaron tanto el orden burocrático administrativo, como las relaciones de cooperación en organismos tan importantes para el Viejo Caldas como la Federación Nacional de Cafeteros (FNC).39 El principal elemento del aumento de las disputas por la centralización o la descentralización administrativa de Caldas se empezó a concentrar en el hecho de que a medida que las ciudades iban ampliando su capacidad de generar capitales y de influir en pueblos cercanos, los principales dirigentes políticos y económicos tenían mayores intereses en el control burocrático administrativo; además, las disputas, con fuertes grados de violencia entre liberales y conservadores, iban en aumento en todo el país.

En este escenario, la Federación de Cafeteros se fortaleció como aquella organización que, sin ser directamente una organización partidista, controlaba los espacios de poder político, económico y social.40 Precisamente en esta dinámica fue que se fortaleció toda la red de familias hijas de la primera ola colonizadora, ubicada especialmente en la ciudad de Manizales,41 que crearon redes de lealtades y legitimación a su proyecto departamental que tenía inversiones e intereses, principalmente, en los pueblos cafeteros. Los principales líderes de la FNC fueron representantes de Manizales, en primer lugar sus presidentes, y mantuvieron un desnivel de "representación" que se manifestaba en el hecho que para el periodo de la fragmentación departamental, la "política pereirana" solo contaba con un representante de "peso medio" dentro de las Juntas, Carlos Drews Castro, quien era miembro de la Junta Departamental de Caldas.

De una manera complementaria a la capacidad de gestión y la centralidad adquirida por la FNC, los negociantes o comerciantes que se instauraron en las ciudades fueron fundamentales en las dinámicas de interés local. En Armenia, Camilo Villegas, Jorge y Julián Velásquez; en Pereira, los hermanos Marulanda, además de todos aquellos comerciantes que venían de Supía, Marmato, Riosucio como los Gärtner, Eastman y Drews, que lograron tener una importante incidencia urbana; y en Manizales, por supuesto, miembros de la oligarquía local como los Villegas -Aquilino y Silvio- y la familia Londoño. Tales personajes eran al parecer neutrales, pero tenían muchos intereses invertidos en el control político y en el beneplácito administrativo para el desarrollo de sus actividades, de allí que tuvieran relaciones de directas con los políticos profesionales.

Un elemento que corrobora lo dicho fue la capacidad que adquirieron los miembros de las élites locales para manejar los -pocos- medios de información, lo que les permitió aumentar sus recursos de poder y aumentar las tensiones del Viejo Caldas en el periodo de la Violencia.42 Especialmente para Caldas, las dinámicas políticas marcaban diferenciaciones localizadas de afiliación partidista -muchas de las cuales venían desde la Guerra de los Mil Días-, y sellaron tendencias "subregionales": en Manizales se configuró un fortín Conservador, mientras que en Pereira y Armenia un espacio favorable a los Liberales, lo que se mezcló virulentamente con las disputas por la subordinación fiscal.

Si bien la FNC controlaba las áreas rurales, en las ciudades los políticos profesionales, comerciantes e industriales tenían invertidos todos sus intereses. Es así como entre 1947 y 1948 la ciudad de Pereira vivió un periodo de seria inestabilidad burocrática debido a que durante varios meses se nombraron y destituyeron alcaldes y secretarios de Gobierno en cortos lapsos. Las fuerzas políticas de Pereira no permitían la continuidad de las designaciones conservadoras -recién posesionadas en el gobierno central-, y siempre se atacaban las decisiones en relación a actitudes "autoritarias" que se tomaban desde Manizales, pues se les acusaba, entre otras, de servir a los intereses del gremio cafetero de dicha ciudad. El 1.º de julio de 1947, el alcalde Ramírez Jaramillo se retiró del cargo, y expresó públicamente que no colaboraría con el Secretario de Gobierno conservador al que acusó de centralista.43

Luego del abandono y la designación del nuevo alcalde, se levantaron fuertes quejas por el manejo que se le daba a los contingentes de la policía con el auspicio de Manizales, que hacía llegar "policías trashumantes",44 conocidos como contingentes no estacionarios de policía que actuaban en diferentes zonas del país y se instalaban, intermitentemente, en localidades. El Secretario de Gobernación de Caldas se rehusó a seguir las quejas que llegaban desde Pereira, siendo su designado alcalde José Salazar Salazar. De inmediato, el Concejo de Pereira, con apoyo de los "líderes cívicos", hizo un llamado público de "resistencia civil", en el que se desconocía el mando de las unidades policiales y se condenaba la actuación del nuevo alcalde municipal, que en palabras del Concejo, "está satisfaciendo en aquel puesto las órdenes, las disposiciones, la voluntad del conservatismo de Manizales, ya que parece que hubo compromiso tácito entre ese señor y las directivas del partido de gobierno, para que llegara a la alcaldía a convertirse en un modesto mandadero de peligrosos elementos".45 Vale recordar que por la época se acusaba a la policía, a la que se llamaba "popol", de actuar por órdenes del Partido Conservador y de Alzate Avendaño,46 y se señalaba la forma como había una "conservadurización" del campo por medios violentos;47 el ejército sería muestra de "neutralidad" en la disputa.48

Por otra parte, en Manizales la élite política y económica tenía representación nacional de peso, y sus figuras más importantes, como el mencionado Fernando Londoño Londoño y Gabriel Arango Palacio, se agruparon en una exigencia continua al gobierno nacional de mayor autonomía en la dirección de su Departamento, lo que llevó a que entraran en tensión con las directivas del Partido Conservador. En este punto, si bien las dos ciudades reivindicaban su capacidad de crecimiento a razón del "civismo y empuje", existían marcadas diferencias que ayudan a explicar sus posiciones en la disyuntiva centralización/descentralización administrativa.

Por un lado, el civismo que se reivindicaba en Manizales estaba muy ligado a la acción "ciudadana democrática", que exigía al Estado el reconocimiento de sus derechos y la centralidad que permitía su labor pública. La exigencia se llevaba a cabo mediante quejas ante la prensa y los senadores, y el gobierno nacional, en especial sobre lo que concerniente a los recursos que debería girar el Estado para llevar a cabo las construcciones e inversiones que se debían realizar en Manizales. Por otro lado, el civismo de Pereira estaba más vinculado a la acción libre y filantrópica de sus ciudadanos, que bajo un sinnúmero de consignas "altruistas" y "solidarias" habían construido los elementos más importantes de la ciudad; se basaba en una capacidad de crecimiento material y espiritual autónoma de la ciudad, por la cual sus reclamos no estaban directamente dirigidos a una exigencia de inversión nacional, sino a una exigencia de reconocimiento a la capital departamental de su espíritu emprendedor y autónomo.49

Así, según la percepción de los pereiranos, se criticaba que, incluso cuando tenían el control de la Federación de Cafeteros y eran una ciudad que controlaba un amplio y próspero departamento, Manizales era la que había dejado caer a "Caldas en bancarrota fiscal y administrativa".50 Por otro lado, se criticaba desde Manizales que el gobierno nacional no respondiera a sus "obligaciones legales" de reconocimiento económico al aporte que desde Caldas, como centro cafetero, se daba a las arcas de la nación. Estos enfrentamientos se traducirían rápidamente en organizaciones formales de las élites, tanto por la descentralización como por la centralización administrativa.

Lo que estaba en juego: el poder local y los recursos de una economía prometedora, 1950-1966

Luego de las disputas burocráticas que caracterizaron los años cuarenta, se pasó a una nueva etapa de las disputas por la centralización/descentralización administrativa entre Manizales y Pereira, en la cual los gremios económicos emergieron como los principales actores urbanos, grupos de interés muy particulares que bien localizados en las ciudades veían en la monopolización de la FNC, y de toda la redistribución fiscal del Departamento, el principal impedimento de avance y consolidación de un proyecto hegemónico.

De esta manera, en los centros de socialización de los grupos de élite de Manizales se levantaba la queja constante contra lo que consideraban la centralización bogotana y la "injusta" redistribución fiscal que se realizaba. En la Revista Civismo aparecían constantes alusiones a la marginación fiscal paulatina en la que caía el departamento de Caldas en el contexto nacional: "A nuestro pobre Departamento de Caldas, que aporta a la economía del país por el Sobre-impuesto a la exportación de café doscientos millones de pesos, sin contar lo que tributa y además por patrimonio, renta y demás impuestos generales (...)".51 Además, se quejaban porque en Caldas se le invertían $9.12 por habitante, mientras que en Antioquia, Santander, Cundinamarca o Magdalena la cifra oscilaba entre 20 y 30 pesos.

En 1957, Fernando Londoño Londoño, se pronunciaba sobre el problema de la distribución del ingreso cafetero en la región:

La pregunta que debería obsesionar a nuestros hombres de estado es ésta: ¿Qué están haciendo los caldenses con los cuatrocientos millones de pesos anuales en que exceden los precios de hoy a los de 1949? (...) A la verdad los caldenses hoy son la misma gente laboriosa, sencilla, sobrada, emprendedora, moderada, que fundó y llevó a su clímax la industria familiar del café. Pero hoy su vida es más restringida, más limitada por una inexplicable falta de recursos privados (...) excepción hecha por algunas industrias de capital extranjero, como industria "la Rosa", de propiedad de Grance Line [situada en Dosquebradas], de los hilos cadena instalada en Pereira, el desarrollo industrial de Caldas es mínimo, más bien de retroceso si se compara con algunas industrias de 1949 de su estado actual.52

Londoño evidenciaba dos problemas: por un lado, el del contrabando de café que ha reseñado en sus estudios Carlos Miguel Ortiz,53 en el que la producción y venta de café seguía creciendo, pero en la cual un gran porcentaje estaba "desregulado" debido a las olas de contrabando y robo de cosechas. Por otro lado, el del crecimiento urbano en Pereira y la capacidad que iban adquiriendo ciertos actores con inversiones industriales, independientes de la élite política tradicional caldense.54 El llamado de la oligarquía caldense era a los campesinos para que se organizaran y defendieran sus tierras, retomaran su propiedad y sembraran café sin dejarse amedrentar, eso sí, suscribiéndose dentro de la lógica institucional de la FNC.

Por el contrario, en Pereira la situación fiscal era percibida como un claro ataque centralizador en el que no se querían repartir los recursos equitativamente, y no estaban conformes con las razones expuestas por Londoño. La voz que se alzaba era en contra del "centralismo asfixiante y peligroso" que excluía a la dirigencia pereirana de cualquier escenario de decisión y participación. De tal forma que, un mes después del pronunciamiento de Londoño y ante la exclusión de la dirigencia pereirana dentro del gabinete de gobierno departamental, se dio una arremetida mediática en la que se expuso el papel central de la ciudad en la red de comercio, sus proporciones demográficas y su caudal electoral. Se exigían uno o dos miembros en el gabinete seccional en posiciones de relieve e importancia: "también para reclamar la presencia de un elemento sobresaliente del liberalismo al frente de la alcaldía municipal, de la misma forma que se hizo con Manizales. Pereira sabe y puede reclamar sus derechos en forma permanente y con dignidad pues merece y tiene derecho a exigir igualdad de condiciones con la ciudad capital".55

En Manizales, los reclamos y las exigencias frente a la situación económica generaron una campaña y una junta de prodescentralización administrativa e independencia fiscal, términos que paradójicamente se iban a usar en su contra años después, justamente en en Pereira. Al tiempo que a nivel nacional los gobiernos del Frente Nacional trataban de estabilizar las relaciones conflictivas entre los Liberales y Conservadores, en Caldas se mostraban fracturas tanto endógenas -entre las principales ciudades- como exógenas frente al manejo administrativo nacional:

(...) el 30 de Mayo de 1958 con representantes de Andi, Fenalco, Club Rotario, las Juntas de Ornato. Se entiende que la "reconstrucción nacional" sólo se puede dar a través de una completa descentralización administrativa donde los Municipios sean la "célula" del crecimiento, dotando a los cabildos de autonomía en manejo de los recursos de las rentas. Comité de Agitación Permanente. Comité Pro-Descentralización: Pbro. Adolfo Hoyos Ocampo y Gabriel Jaramillo por la SMP, Gabriel Arango por ANDI, Hernán Jaramillo Mejía por Cámara de Comercio, Carlos Gómez por Fenalco y Acopi y Humberto Mejía por Club Rotario.56

De la misma forma se inició un "paro cívico" en Manizales, como respuesta a las exigencias cada vez mayores que se hacían desde Pereira, y las inversiones que se llevaban a cabo, a desmedro, según el movimiento cívico de Manizales, de la capital departamental. Dicho paro buscaba mayores gabelas a la ciudad que "tenía derecho" a que se respondiera su grandeza, que articulaba su discurso como exigencia de una verdadera "política de reconciliación".57

Sin duda, el que la élite de Manizales tuviera una posición clara frente al gobierno central en tanto exigían descentralización administrativa y fiscal, fortalecía los intereses de la élite local de Pereira en su deseo de autonomía, pues era ya visto como un problema la creciente exigencia de Manizales ante la Presidencia.58 De esta manera, se instauró una Junta por la "Creación del Departamento de Risaralda"59 que tuvo su origen oficial en el tardío año de 1965, a diferencia de la junta oficial por la creación del Quindío que sumaba ya más de 10 años de acciones para el momento de la separación.60 El movimiento, que contó con participación tanto de industriales, comerciantes, políticos y personas de los denominados "círculos culturales", fue un movimiento de élite local y se caracterizó por exigir sus demandas dentro del marco legal que imperaba en el momento, y buscaba movilizar referentes simbólicos y recursos políticos importantes.61

En 1965, la arremetida separatista desde Pereira fue total. Para entonces, todos los avisos publicitarios, los encabezados de prensa y los discursos oficiales iniciaban generalmente con afirmaciones como las siguientes: "Pereira no reconoce al gobierno de Caldas", "el gobernador de esa cosa que llaman Caldas", "Caldas el departamento paria", "Risaralda, capital Pereira", entre otras. El 4 de noviembre de 1965 ocurrió un hecho que se ha tomado como uno de los momentos de tensión y enfrentamiento regional más agitados. Lo que ocurrió, en pocas palabras, fue que el gobernador de Caldas, Efraín Gartner Nicholls, al conocer la derrota en el Congreso con la creación del departamento del Quindío, tuvo la iniciativa de cortar el apoyo a todas las obras que se desarrollaban en Pereira, y ordenó el retiro puntual de una maquinaria que estaba siendo utilizada para remodelar la vía que conducía al aeropuerto Matecaña. El alcalde de Pereira reaccionó impidiendo el retiro de la maquinaria y ordenó la continuación de las obras; la prensa tituló: "El gobierno de Caldas para Manizales declaró hoy la guerra a Pereira. Con la Policía usará las máquinas que tiene en el aeropuerto y llevarlas a Manizales!".62 Se generó un ambiente de tensión que de inmediato contó con el apoyo de los sectores más poderosos de la ciudad, quienes movilizándose en defensa de su interés común, elevaron la disputa por los recursos económicos y burocráticos al nivel de confrontación regionalista, en la que la "comunidad risaraldense", representada por la ciudad de Pereira, era blanco de agresiones y de humillaciones.63

En medio de la arremetida política desde Pereira por de la descentralización administrativa departamental y la creación del Risaralda, la revista Civismo, que había estado cerrada varios años, volvió a circular. Esta vez, en sus editoriales de relanzamiento, advertía que veía necesario fortalecer la actividad de las SMP -muy debilitada ya para el momento-, pues la administración municipal había sido incapaz de superar problemas que consideran centrales, al tiempo que "descuidó la cohesión de los municipios de Caldas", por lo cual era importante generar un plan de acción que impidiera mayores amenazas de segregación: "ponerle valla fuerte a errores como los del pasado, causas de la hipertrofia de DOS municipios con el desastroso abandono de los demás del antiguo Departamento de CALDAS, que tuvieron como efecto la segregación departamental".64 De la mano de Bernardo Londoño Villegas se articularon las Juntas de Mejoras Públicas en los municipios de Caldas en búsqueda de apoyo para sopesar la presión que venía desde Pereira.

Las discusiones sobre "el problema de la desmembración de Caldas" en la Junta Directiva de la Sociedad de Mejoras Públicas fueron extensas y duraderas. En 1966, año crucial de la división, se discutió la estrategia que se debía seguir para evitar dicho hecho desde Manizales. Dentro de los líderes de la élite de Manizales que discutían el asunto se encontraba el Padre Hoyos Ocampo, para quien la SMP y la ciudad en general debían ser "beligerantes" en este caso y no dejarse acorralar por las demandas venidas desde Pereira.65 Luis Gómez Mejía, al hablar en nombre de Jaime Villegas y Uribe Mejía, señalaba que el gobierno municipal era incapaz de llevar adelante la tarea solo y que se necesitaba una ofensiva integrada contra la propuesta de separación; de la misma manera, las discusiones al interior de la junta señalaban que la campaña desde Pereira ya había invadido municipios como Santa Rosa de Cabal, Apía, Belén de Umbría, entre otros.

Con todo, desde Manizales la élite política y económica se declaraba "enemig[a] de más destrozos del Departamento",66 destrozos de los que inculpaban a las "incompetentes" gestiones gubernamentales ordenadas por el liberalismo desde la capital nacional. Si tenemos en cuenta lo intrincado del impulso partidista y regionalista, lo más indicado era "frentenacionalizar"67 el conflicto local, sumado a la fortaleza del discurso dentro de la lógica del desarrollo y progreso económico con preponderancia de proyectos modernizantes y con protagonismo de industriales urbanos.

En diciembre de 1966, tras varios debates en el Congreso de la República, se expidió la Ley 70 por medio de la cual se "crea y organiza" el Departamento de Risaralda. Tal cual lo recuerdan los autores del único estudio sistemático realizado sobre la creación del departamento en el Senado, en el debate en que se convirtió en Ley de la República esta nueva entidad, "fueron aplastantes las mayorías que se formaron en ambas Cámaras legislativas, habiendo obtenido este proyecto con sus modificación un total de 165 votos afirmativos por la creación del Departamento de Risaralda contra 14 negativos".68

Apuntes finales

En la presente reconstrucción histórica hemos planteado una descripción y explicación general de la forma en que se manifestó en el ámbito político-administrativo la división histórica del poder en el Viejo Caldas, que mantuvo al Departamento en una constante tensión entre los principales miembros de las élites urbanas, en este caso de Manizales y Pereira. Dicha tensión por la centralización/descentralización administrativa en el Departamento creado por el General Reyes en 1905 desembocó en la contraposición de proyectos urbanos y políticos que generaron la división administrativa de 1966, lo que nos muestra que dicha coyuntura respondía a un proceso de largo plazo de tensiones regionales.

Como recuerda Ortiz, la división política interpartidista e intrapartidista en los años sesenta "seguía a merced del regateo, los sentimientos, las recetas doctrinales y las tradicionales, avivada por los caciques y los políticos de profesión",69 pero, al tiempo, respondía a intereses de nuevos actores políticos con un perfil más tecnocrático que, con base en argumentos económicos, lograron ejercer presión burocrática efectiva hasta poder controlar un territorio determinado: el nuevo departamento de Risaralda.

El proceso histórico de división del poder regional se manifestó concreta y sostenidamente en la discusión y disputa de las élites por la definición de la descentralización o centralización administrativa. El papel del Departamento de Caldas dentro de estas demandas y, en su interior, la diferenciación entre un deseo de intervención estatal por parte de Manizales y uno de autonomía cívica por parte de Pereira. No obstante, a lo largo de estas décadas hasta el presente (1967-2012), los resultados económicos no fueron los esperados por los grupos de élite que consideraban que la autonomía descentralizadora generaría crecimiento económico, justicia distributiva y mayor capacidad de posicionar la región a nivel nacional. En gran medida, esto se debió a la crisis generada tras la caída de los precios internacionales del café y por los bajos niveles de competitividad de la industria regional, sin contar, además, con que esta región debe hacer frente a los más altas tasas de desempleo del país.70

Si seguimos nuestra idea inicial según la cual la política nacional y local se cruza constantemente, pero al tiempo experimenta procesos de diferenciación de proyectos políticos y de orden regional, el rumbo no planeado de la crisis en ambos departamentos puede responder a la desarticulación interna de los proyectos económicos y sociales que impulsaron las tensiones históricas, como a la incapacidad de rearticulación con los procesos político y económico nacional, y la decadencia de la estructura institucional como forma de reproducción de clientelas localizadas; procesos de largo plazo que han quedado sesgados y olvidados en la historia local, regional y nacional.


1. Malcom Deas, "La presencia de la política nacional en la vida provincial, pueblerina y rural de Colombia en el primer siglo de la República", La unidad nacional en América Latina. Del regionalismo a la nacionalidad, ed. Marco Palacios (México: Colegio de México, 1983).

2. Marco Palacios, "La fragmentación regional de las clases dominantes en Colombia: una perspectiva histórica", La clase más ruidosa y otros ensayos sobre política e historia (Bogotá: Norma, 2002).

3. Mary Roldán, "Violencia, colonización y la geografía de la diferencia cultural en Colombia", Análisis Político 35 (1998): 3-22.

4. Álvaro Tirado Mejía, Centralización y descentralización en Colombia (Bogotá: Oveja Negra, 1983). Miguel Borja, Estado, sociedad y ordenamiento territorial en Colombia (Bogotá: IEPRI, 1996).

5. Keith Christie, Oligarcas, campesinos y política en Colombia. Aspectos de la historia socio-política de la frontera antioqueña (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1986). Luis Enrique Agudelo, El Gran Caldas: portento del despertar de Antioquia (Medellín: Autores Antioqueños, 1989). Albeiro Valencia Llano, Colonización, fundaciones y conflictos agrarios: Gran Caldas y Norte del Valle (Manizales: Gobernación de Caldas, 1994). Jaime Londoño, "El modelo de la colonización antioqueña de James Parsons. Un balance historiográfico", Fronteras de la Historia 7.7 (2002): 187-226.

6. Marco Palacios, Entre la legitimidad y la violencia (Bogotá: Norma, 2003) 97. Tirado Mejía 53.

7. Carlos Andrés Quinche, "El Quinquenio de Rafael Reyes y la transformación del mapa político-administrativo colombiano", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 38.1 (ene.-jun., 2011): 76.

8. Christie 47. "La movilización permanente de la élite manizaleña, sin distinción de bandos políticos, se evidencia al considerar los nombres de los personajes que impulsaron la creación de Caldas: Marcelino Arango, quién llevó por primera vez la propuesta al Congreso en 1888; José Antonio Villegas, quién fundó en 1889 La Voz del Sur para impulsar el movimiento autonomista; Daniel Gutiérrez y Arango y Aquilino Villegas, quienes a comienzos de 1904 sostuvieron la lucha autonomista desde las columnas del Correo del Sur". Jaime Sepúlveda, Caldas: cómo se formó, cómo se fragmentó. Élites regionales y toma de decisiones (Bogotá: Ediciones del Común, 1997) 32.

9. Carlos Miguel Ortiz, "La colonización antioqueña", La colonización antioqueña, ed. Fiducal (Manizales: Gobernación de Caldas, 1989) 219.

10. Primero, en 1905 no contaba con la provincia del Quindío, a la que pertenecía lo que hoy es Pereira; segundo, en 1908, tras el Decreto 926 del 31 de agosto, se anexó la provincia del Quindío; finalmente, en 1910, tras la caída de Reyes, se reconfirmó el estatus de Caldas como departamento, pero se generaron resistencias desde Armenia, donde tenían el apoyo de la facción del general Uribe Uribe para buscar su autonomía administrativa. Sepúlveda 20-40. Álvaro Bermúdez, Historia de un pueblo rebelde. El Quindío: de la conquista al departamento (Armenia: Universidad del Quindío, 1992).

11. Antonio García, Geografía económica de Caldas (Bogotá: Banco de la República, 1978) XI. García también señala que, para el año 1917, Manizales reunía el 76% de la burocracia departamental. Esta se constituyó en uno de los factores de confrontación con las ciudades comerciales de Pereira y Armenia durante las décadas de los años treinta, cuarenta y cincuenta y posteriormente contribuyó a la disgregación político-administrativa del antiguo Caldas.

12. Tirado Mejía 53. Fernando Arango, Jaime Rendón y Jahir Rodríguez, Estado, política y gremios en la creación de Risaralda (Pereira: Universidad Tecnológica, 1987).

13. Marco Palacios y Frank Safford, Colombia. País fragmentado, sociedad dividida (Bogotá: Norma, 2002) 642.

14. Carlos Miguel Ortiz, Estado y subversión en Colombia. Violencia en el Quindío años 50 (Bogotá: CEREC, 1985).

15. Francisco Gutiérrez Sanín, ¿Lo que el viento se llevó? Los partidos políticos y la democracia en Colombia 1958-2002 (Bogotá: Norma, 2007).

16. Álvaro Acevedo, Diana Rodríguez y Nelson Giraldo, Jorge Roa Martínez. Memoria de una visión cosmopolita (Pereira: Universidad Tecnológica de Pereira, 2009) 236. Gonzalo Vallejo. Así se creó Risaralda (Pereira: Editorial Lealón, 1992).

17. Hugo Ángel Jaramillo, Pereira: proceso histórico de un grupo étnico, tomos I y II (Pereira: Gráficas Olimpa, 1983) 580. Guillermo Alzate, Desmembración de la mariposa verde (Pereira: Fondo Mixto de las Artes y la Cultura, 1984). Gonzalo Vallejo Restrepo, Así se creó Risaralda: Apuntes Históricos (Pereira: Ed. Lealon, 1992).

18. Jairo López Pacheco, "Movilización regionalista y nuevos poderes regionales. La fragmentación administrativa del Viejo Caldas y la creación de Risaralda", Revista Sociedad y Economía 21 (2011): 125-145.

19. Alexander Betancourt, "La construcción de una memoria regional: una mirada a la escritura de la historia en el Eje Cafetero", Policromías de una región, ed. Alexander Betancourt (Pereira: Alma Mater / Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2008). Manizales fue fundada en 1849; Pereira en 1863.

20. A nivel demográfico, la población de Manizales pasó de 24.700 habitantes en el año 1905, a 81.027 habitantes en el año 1938 y 126.197 habitantes en 1951, mientras que Pereira pasó de 19.036 habitantes en el año 1905 a 60.492 en el año 1938 y, para el año 1951, contaba con 115.346 habitantes, lo que demuestra el crecimiento constante de ambas ciudades. Posteriormente, como consecuencia de una segunda ola migratoria, en el censo del año 1964, Manizales contaba con 221.916 habitantes, mientras Pereira ascendía a 188.364, para ser unas de las ciudades con más alto crecimiento demográfico de todo el país durante este periodo. Ver Harold Banguero y Carlos Castellar, La población de Colombia, 1938-2025. Una visión retrospectiva y prospectiva para el país, los departamentos y sus municipios (Cali: Universidad del Valle, 1993).

21. Hacia el año 1930, la producción cafetera del departamento de Caldas copaba el 29.1% del total de la producción nacional y seguiría creciendo durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta, no obstante haber sido una de las regiones más afectadas por la Violencia. Ver Carlos Miguel Ortiz, "La acumulación comercial en la región caldense después de la colonización". Conferencia dictada en el Banco de la República. Pereira, marzo 17 de 1986, documento mimeógrafo.

22. Entre otras, la Compañía de Hilados y Tejidos Caldas, la Fábrica de Curtidos Calle, las empresas de chocolates La Cruz Roja, Luker, El Rey y Vélez, la Compañía Industrial de Caldas, la Compañía Colombiana de Cervezas, que produjo la cerveza Poker. Eduardo Arango Restrepo, Apuntes para la historia industrial de Manizales (Manizales: Editorial La Patria, 2005) 33. Albeiro Valencia Llano y Fabio Arias Gómez, Manizales a las puertas del siglo XXI. Síntesis histórica (Manizales: Alcaldía de Manizales / Ediciones Idear, 1996) 42.

23. Valencia y Arias 68.

24. Jaime Montoya Ferrer, "Los procesos de industrialización en Pereira", Revista Administer 4 (2004): 219-250.

25. García 256.

26. Todavía en 1928, los miembros de la Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales acordaron solicitar, en una clara muestra de querer igualar en adelantos tecnológicos y medios de transporte modernos a la ciudad de Pereira, "a cada uno de los ingenieros residentes en la ciudad su opinión acerca del sistema de buses eléctricos de troley y sus ventajas respecto al tranvía". "Acta n.o 15", Manizales, 14 de junio de 1928. Archivo Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales, Manizales.

27. Los autores agradecen la gentil colaboración del historiador Albeiro Valencia Llano por el suministro de esta información.

28. Marta Lucía Londoño, Encrucijada de itinerarios posibles. Surgimiento de la Universidad de Caldas (Manizales: Universidad Nacional de Colombia sede Manizales, 1996) 236.

29. Según García, el departamento de Caldas distaba mucho de tener resuelto sus problemas viales; el autor cita el caso de los municipios "extremos" del Este y el Oeste, caso Samaná, Manzanares, Marquetalia, Pensilvania, Marulanda, Mistrató y Pueblorrico, donde se vivía "aún la etapa de los caminos de herradura". García señalaba que la acumulación de vías en ciertas zonas del departamento daba cuenta de los grandes intereses comerciales que allí se concentraban, pero que no eran los intereses generales de todo el departamento.

30. Marco Palacios, El café en Colombia 1850-1970 (Bogotá: Colegio de México y El Áncora, 1983).

31. "Informe de Actividades", Pereira, 1934, 125, Archivo Cámara de Comercio Pereira, Pereira.

32. "Ironía", El Diario [Pereira] 27 jun. 1938.

33. Otro tanto se podría decir con la invitación que le hacían a los presidentes de la República y Ministros para que asistieran a los elegantes banquetes que se hacían en el Club Rialto. Ver Alonso Molina y Nelly Muñoz, La historia pasa por el Rialto (Pereira: Club Rialto, 1997). También se propuso, en el año 1942 -desde las columnas editoriales de El Diario-, el nombre del presidente saliente, Eduardo Santos, para que le fuera entregada la tradicional medalla del civismo por sus innumerables aportes a la ciudad de Pereira durante su administración.

34. Álvaro Acevedo y Jhon Jaime Correa, "Sociabilidades, visiones de ciudad y cultura ciudadana. El civismo en Pereira", Revista Historia de la Educación Latinoamericana 9 (2007): 181-202.

35. El alcalde acuciaba que si bien la SMP había prestado magníficos servicios a la ciudad, desde un par de años atrás se evidenciaba un "cansancio" entre los socios. También alegaba que la SMP derivaba casi un 90% de sus ingresos de fondos que le giraba el Concejo, pero como era una entidad particular estaba prácticamente por fuera del control de la municipalidad. Ver Jhon Jaime Correa, "Propaganda cívica educativa y prensa partidista: una mirada comparativa entre El Diario de Pereira y La Patria de Manizales durante la República Liberal, 1930-1946". XV Congreso de Historia de Colombia, Bogotá, 2010.

36. "La verdadera revolución en Marcha", La Patria [Manizales] 10 may. 1936.

37. En Pereira, Jorge Roa Martínez llevó a cabo, por cerca de tres décadas, un arduo trabajo de difusión de "la pujanza de la ciudad", tal como afirmó en una columna que apareció publicada en la revista Progreso de la SMP de Medellín del año 1943: "Pereira se ha formado y desarrollado por sí misma. Es un caso de orgullosa altivez individualista, del self-made, en un país en el que el 'recostamiento' ha sido elevado a la categoría de principio legal y en donde el prestigio político y el adelanto material se construyen a base (sic) del 'auxilio' y del 'mico'. Su progreso material ha sido sufragado a sus propias expensas (...) ni fueron tampoco pagadas con dineros del erario público municipal sino suscrito afanosamente por su comercio y sus hijos generosos". Jorge Roa, "Pereira, ciudad de raros valores", Revista Progreso 52 (Medellín, 1943).

38. Hugo Ángel, La gesta cívica de Pereira - SMP (Pereira: Editorial Papiro, 1994) 95.

39. Creada en 1927 durante el gobierno de Miguel Abadía, fue constituida por una burguesía cafetera que se consolidaba en el país e iba adquiriendo ciertos niveles de autonomía y asociación alrededor de un proyecto común. "En la medida en que los sistemas de comercialización [del café] fueron intervenidos por la Federación limitando los márgenes de utilidad de los intermediarios, clasificando y certificando calidades, estableciendo almacenes de depósito, fijando precios y federando cultivadores surgieron estructuras políticas informales que desplazaron o complementaron al fondero, según el lugar o momento". Palacios, El café en Colombia 500. En 1940, con la creación del Fondo del Café, se le dio libertad y autoridad a la FNC en materia económica a través de actividades que institucionalmente aparecían como una cuenta en la Tesorería Nacional. Así, organizada en el principal departamento productor de café del país, la Federación de Cafeteros fue un eje fundamental de poder político y económico en Caldas.

40. Muchas de las ganancias del Fondo del Café se utilizaron para intervenir en el desarrollo de los pueblos cafeteros, vías, vivienda, comunicación e infraestructura hospitalaria y de educación. Se daba una intervención directa gracias a la acumulación económica que se transformaba en poder formal, a la vez que sus acciones se legitimaban ante la población y adquirían prestigio y respaldo. El Departamento de Caldas teníaen la FNC, hasta cierto punto, el elemento de traducción de "las funciones institucionales" del Estado.

41. José Fernando Ocampo, Dominio de clase en la ciudad colombiana (Bogotá: Oveja Negra, 1974).

42. Es bastante claro el protagonismo que tuvieron los políticos profesionales dentro de la prensa escrita, los debates transmitidos en la radio nacional y, sobre todo, su papel estratégico como directores de revistas, periódicos y emisoras locales. En Manizales, Gilberto Alzate Avendaño -quizá el político de la región con mayor prestigio e influencia a nivel nacional-, quien fue Diputado de la Asamblea Departamental, Representante a la Cámara y Senador de la República, dirigió los diarios Eco Nacional y Diario de Colombia. El periódico La Patria fue fundado en 1921 por Francisco José Ocampo con el fin explícito de defender las ideas del Partido Conservador e impulsar la campaña presidencial de Mariano Ospina. Por su parte, en Pereira, El Diario era dirigido por Emiliano Correa Uribe, fundado en 1929, realizaba una férrea defensa de "la política moderada del liberalismo", que resaltaba continuamente la figura emblemática del presidente Olaya Herrera.

43. El Diario [Pereira] 1.º jul. 1947.

44. "La policía trashumante", El Diario [Pereira] 16 ago. 1947.

45. "La resistencia civil", El Diario [Pereira] 21 ago. 1947.

46. "Bajo el terror de la popol", El Diario [Pereira] 17 nov. 1947. Se ha planteado que Alzate Avendaño era el "organizador de los pájaros en el Viejo Caldas". Daniel Pecaut, Orden y violencia. Evolución socio-política de Colombia entre 1930-1953 (Bogotá: Norma, 2001) 595.

47. López Pacheco 130-133.

48. "Otra jornada histórica", El Diario [Pereira] 21 abr. 1948.

49. Las disputas también se reflejaban en la denominación de cada ciudad: si Manizales optó por ser la "perla del Ruiz", Pereira fue la "perla del Otún"; si Manizales era "la ciudad de puertas abiertas", Pereira era "la ciudad sin puertas"; y si Manizales era "la ciudad modelo", Pereira sería "la ciudad prodigio".

50. "Caldas es hoy un Departamento en una completa bancarrota fiscal y administrativa", El Diario [Pereira] 13 nov. 1947.

51. "Editorial", Revista Civismo 111 (Manizales, 1958): 17.

52. La Patria [Manizales] 2 abr. 1957.

53. Carlos Miguel Ortiz, "La Violencia y los negocios. Quindío años 50 y 60", Pasado y presente de la violencia en Colombia, ed. Gonzalo Sánchez y Ricardo Peñaranda (Medellín: La Carreta Editores, 2007).

54. López Pacheco 133-143. Para un estudio sobre la diferencia entre el empresariado urbano de Manizales y Pereira de la época, ver Manuel Rodríguez, El empresario industrial del Viejo Caldas (Bogotá: Ediciones Uniandes, 1993).

55. "Señor Gobernador, Ud", El Diario [Pereira] 18 may. 1957.

56. "Vigorosa campaña frente a la descentralización abre la SMP", Revista Civismo 111 (Manizales, 1958): 62.

57. "El paro cívico de Manizales: una epopeya de sangre y espíritu", Revista Civismo 113 (Manizales, 1959): 4.

58. Carta de la SMP al Presidente Lleras Camargo: "Ciudadanía manizaleña encuéntrase extrañada sus conceptos comisión tercera Honorable Senado afirmando centralismo absorbente Manizales. Hechos cumplidos demuestran al país todo lo contrario. Política descentralista desarrollada Manizales ha permitido florecer tan importantes ciudades como Pereira, Armenia, Calarcá, Santa Rosa, Anserma, Riosucio (...)" Se recuerda que durante "la dictadura" de Rojas se le retiraron a Manizales los auxilios presupuestales, según la élite, porque siempre se opusieron a dicho gobierno". "Sr. Presidente", Revista Civismo 113 (Manizales, 1959): 62.

59. La denominada "Junta por la creación del Departamento de Risaralda" fue conformada por: Gonzalo Vallejo Restrepo (Presidente Club Rotario), Germán Calle (Presidente Club Leones), Hernando Piedrahita (Presidente Club Leones), Alfonso Mejía (Presidente Fenalco), Iván Serna Vélez (Presidente Cámara de Comercio), Guillermo Jaramillo Arrubla (Presidente Sociedad de Mejoras Públicas), Rafael Cuartas Gaviria (Presidente Fomento Turismo), Pedro Nel Mesa Mejía (Presidente ANDI), Álvaro Vallejo (Acopi), Edgar Mejía (Diriventas); con apoyo parlamentario de Camilo Mejía Duque, Octavio Mejía Marulanda, Hernando Gómez Montes, Oscar Vélez Marulanda, Enrique Millán Rubio, Byron Gaviria Londoño y Gabriela Zuleta.

60. Bermúdez 20.

61. Se presentaron varios elementos de legitimación social del movimiento, que permitieron que la población, principalmente urbana -porque este fue un movimiento urbano que se hubiese conformado con la autonomía político-administrativa de Pereira y unas zonas aledañas- se movilizara en sendas protestas y manifestaciones colectivas en la plaza pública, que se encuentran registradas tanto en la prensa local como nacional. Para un análisis de los repertorios de acción de la movilización y de las estructuras de oportunidad, ver López Pacheco.

62. El Diario [Pereira] 4 nov. 1965.

63. Dada la gravedad de la situación y las tensiones que también se vivían en otros municipios de Caldas fue destituido el gobernador Gartner y en su reemplazo el gobierno nacional nombró al coronel José Gregorio Sánchez Ordóñez, quien estuvo en el cargo del 6 de noviembre de 1966 hasta el 4 de marzo de 1966.

64. "Editorial", Revista Civismo (Manizales, 1968): 13.

65. "Acta, n.º 3, Manizales, 31 de enero de 1966, 5. Archivo Histórico Sociedad de Mejoras Públicas (AHSP), Manizales.

66. Acta, n.º 4, 7 de febrero de 1966, 5. AHSP, Manizales. Además, empezaron a trabajar con algunos contactos de miembros de las juntas cívicas locales, pero reconocían que la disputa principal se encontraba en el Parlamento nacional y los argumentos de centralismo que esgrimía Pereira sobre Manizales.

67. "El Frente Nacional creó una situación en la que simultáneamente eran necesarios e imposibles partidos fuertes y cohesionados. De ahí el contraste entre modelo de virtud política -grandes partidos de masas con poderosas estructuras organizativas- y prácticas exitosas -regionalismo, caciquismo, particularismo-". Gutiérrez 116.

68. Arango, Rendón y Rodríguez 144.

69. Ortiz, Estado y subversión 104.

70. La informalización del trabajo a través de las maquilas de la industria de la confección, el auge del narcotráfico, la diversificación y rotación de los cultivos del café y la migración al extranjero de un gran número de personas procedentes de esta región son aspectos críticos que, desde hace un par de décadas, agobian tanto a Caldas como a Risaralda.


OBRAS CITADAS

I. Fuentes primarias

Archivos

Archivo Cámara de Comercio Pereira, Pereira

Archivo Histórico Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira, Pereira

Archivo Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales, Manizales

Periódicos y revistas

La Patria [Manizales] 1936 y 1957.

El Diario [Pereira] 1938-1965.

Revista Civismo (Manizales) 1958-1968.

Revista Progreso (Medellín) 1943.

II. Fuentes secundarias

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