Cadahia, María Luciana.
"Dos caras de una misma moneda: Libertad y Poder en los escritos foucaultianos",
Logos, Anales del Seminario de Metafísica [Universidad Autónoma de Madrid, España] 44 (2011): 165-188.


Uno de los méritos del artículo de María Luciana Cadahia es el de evidenciar cómo, en los análisis de Michel Foucault, se relacionan política y ética a partir de la noción de libertad, entendida en términos de práctica que encuentra una forma de ejercerse en la ética del cuidado de sí. Para algunos lectores de Foucault, la relación entre política y ética resulta difusa, hasta el punto de llegar a ver en el cuidado de sí un regreso a la interioridad, sin ningún alcance político, o de restringir la emergencia de la libertad únicamente al campo de la ética. Frente a estas interpretaciones, la autora organiza su artículo en dos momentos: la noción de resistencia como antecedente del problema de la libertad y el desplazamiento del foco de atención de una analítica del poder a las técnicas de sí. De acuerdo con el primer momento, Cadahia afirma que la noción de libertad comienza a hacerse patente con la sustitución del modelo bélico, en el cual se inscribe la resistencia, por el modelo gubernamental del poder. En lo que sigue ahora voy a centrar mi atención en las razones de esta sustitución, con el propósito de hacer tres observaciones. Según el modelo bélico, el poder es entendido como relaciones de fuerza que constituyen una red con múltiples lugares desde los cuales se producen discursos de verdad, estos discursos, a su vez, tienen efectos de poder. Al considerar ambos casos, se articula una relación entre poder y verdad que tiene por finalidad someter a los sujetos. Por un lado, las tecnologías de poder han constituido la subjetividad individualizante, a partir de la figura del loco, del delincuente y del enfermo, y han hecho de ella un objeto de conocimiento. Pero, por otro, los discursos de verdad han logrado que los hombres se comprendan de cierta manera de acuerdo con la subjetividad individualizante.

Según la autora, Foucault (2002) decide abandonar el modelo debido a dos dificultades. La primera se apoya en la definición de la resistencia como "lo otro del poder". Decir "lo otro" implica situar la resistencia fuera del poder y, con ello, considerar que en las relaciones de poder no se da ningún foco de resistencia, o que en los focos de resistencia no hay relaciones de poder. Teniendo un campo de poder y un campo de resistencia separados, el poder buscaría reprimir ese otro amenazante para evitar sus efectos o su incursión. Sin embargo, desde el análisis foucaultiano, las relaciones de poder no se limitan a reprimir, también producen sujetos, objetos, placeres y discursos. Si se acepta esta definición de resistencia, Foucault terminaría por caer en el estudio del poder represivo del que quiere alejarse. La segunda dificultad tiene por fundamento la afirmación opuesta, a saber, la resistencia está inmersa en el poder. A partir de esta afirmación, se desprenden la imposibilidad de la resistencia para escapar del poder y el desconocimiento de su diferencia; de ahí que se llegue a la paradoja de identificar la resistencia con el poder, al ser la resistencia lo que se opone al poder.

Las dificultades son resueltas en Voluntad de saber. Allí, Foucault precisa el poder y la resistencia como dos fuerzas distintas que se provocan y se modifican entre sí en un mismo campo de acción. Pese a mostrar de manera detallada la resolución de las dificultades, la autora insiste en que Foucault abandona el modelo por llegar a un punto muerto en el análisis de la resistencia, a saber, la existencia de sujetos pasivos, constituidos por el poder coercitivo, sin la capacidad de cambiar las relaciones entre poder y verdad establecidas.

La primera observación que quisiera hacer se dirige al abandono del modelo bélico. No creo que Foucault lo abandone del todo, si, al igual que la autora, se lo asume como relaciones de fuerzas o relaciones de estrategias enmarcadas en la lucha. En uno de sus últimos trabajos, El sujeto y el poder, Foucault resalta que la libertad y el poder se relacionan de manera agonística, es decir, ambos constituyen un campo de luchas donde despliegan sus estrategias. Es precisamente en este campo donde puede verse la relación entre libertad y poder, en la medida en que la primera es condición para el segundo. La libertad es el conjunto de prácticas que permiten transformar las relaciones de poder con la apertura de una diversidad de acciones respecto a la forma de conducirse: las reacciones, las relaciones consigo mismo y con los otros. Esta diversidad podría identificarse con las estrategias de confrontación de la libertad ante unas relaciones de poder fijadas, pero lo importante aquí es entender la diversidad como la provocación del ejercicio del poder y de la puesta en marcha de sus estrategias (cf. Foucault 1988 240). Por su parte, el ejercicio del poder, como gobierno de unas acciones sobre otras, sólo es posible cuando hay unos sujetos colectivos o individuales que actúan de diferentes maneras, dando lugar a un campo de posibilidades de acción que es preciso delimitar para tener control sobre él.

Cualquier lector podría objetar que esta relación entre libertad y poder ya supone el modelo de la gubernamentabilidad en lugar del modelo bélico. En efecto, Foucault afirma, en el mismo texto, que la relación de poder deja de buscarse en lo jurídico o lo belicoso para instaurarse en el gobierno, dado que ni la ley ni la guerra parecen agotar la complejidad del poder (cf. Foucault 1988 238). Sin embargo, los aspectos del modelo bélico –las estrategias, las luchas, la confrontación– son acogidos en el modelo de la gubernamentabilidad, puesto que el poder no implica cualquier lucha o confrontación, sino sólo aquella que pretende el gobierno de los otros.

La segunda observación se refiere a la relación entre Vigilar y castigar y La voluntad de saber. La autora considera que entre los dos textos hay una tensión, dado que en el primero la resistencia es producto del poder, mientras que en el segundo el poder es posible por la resistencia. Si se toma el apartado mencionado por la autora (171), donde Foucault expone una posible definición de resistencia, se ve que esta no se restringe a un producto del poder. En el apartado, el poder disciplinario tiene que enfrentarse a una multiplicidad dada, diferenciándola, jerarquizándola, normalizándola, y es esta multiplicidad la que obliga a que el poder se vuelva más económico a la hora de resolver problemas de confusiones, conglomeraciones y dispersiones (cf. Foucault 2002 140-141). Al poner las cosas en estos términos, diría que, desde el análisis de la microfísica del poder en Vigilar y castigar, ya está en juego una resistencia que provoca al poder. Para aclarar en qué consiste esta resistencia, podría acudirse a La vida de los hombres infames o Más allá del bien y el mal, en donde la resistencia comprende los saberes locales de los prisioneros, de los locos y de los obreros, saberes que tienen efectos de poder por oponerse al saber oficial, debido al hecho de hacer visible unas luchas y otro tipo de subjetividades. Incluso la misma autora señala, en la nota al pie 2 Poder-cuerpo, un diálogo donde Foucault especifica que si bien un tipo de cuerpo es el efecto del poder, la resistencia del cuerpo reside en redefinirse de otra manera, aunque nuevamente pese sobre él la posibilidad de individualizarse.

Por último, quisiera mostrar mi desconcierto frente a la concepción del intelectual contemplativo atribuida, por Cadahia, a los trabajos anteriores a la Voluntad de saber. Para Foucault, el intelectual es el crítico por excelencia, debido a sus análisis de las comprensiones históricas de lo que somos y su pretensión de cambiarlas, aun sabiendo que se encuentra atravesado por ellas. Aunque en los trabajos previos al modelo de la gubernamentabilidad y al cuidado de sí no hay una propuesta totalmente clara que puntualice cómo resistir, sí hay una preocupación por socavar la subjetividad individualizante que se ha naturalizado y por mostrar sujetos activos que despliegan movimientos frente a las avanzadas del poder. Sería ingenuo pensar que el examen de las maneras como el sujeto es construido contingentemente por el poder y la verdad hace de Foucault un contemplador pasivo de la realidad; todo lo contrario, lo hace un crítico del aquí- ahora.


Bibliografía

Dreyfus, H. y Rabinow, P. "El sujeto y el poder", Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica. México: Universidad autónoma de México, 1988. 221-245.

Foucault, M. Vigilar y castigar: el nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI, 2002.

Foucault, M. "La voluntad de saber". Historia de la sexualidad. Vol. 1. México: Siglo XXI, 1983-1991. 112-125.


CAROLINA PIRACOCA FAJARDO
Universidad Nacional de Colombia
cpiracoca@gmail.com