Causas y memorias de los conjurados del 25 de septiembre de 1828
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Resumen
La conspiración del 25 de septiembre de 1828 fue, sin lugar a dudas, un acontecimiento medular, un paso adelante en el proceso de descomposición de la segunda República, la Gran Colombia. Ella no fue, sin embargo, un hecho aislado, fruto único de mentes alocadas o de odios viscerales. Varias conspiraciones contra Bolívar se sucedieron desde aquella en el Perú. Ellas se acompañaron de rebeliones en el ejército como la de los neogranadinos en Perú o la de Padilla en Cartagena; ellas surgieron contra el dominio y autonomía militar, fomentadas por la sublevación de Páez y el rumor de un complot venezolano que tendría como cabezas a Páez en Venezuela, a Flores en Ecuador y a Urdaneta en Colombia; ellas, en fin, cobraron forma en medio de un clima político enrarecido por la crítica o defensa de la constitución de Cúcuta, la polémica en torno de la constitución boliviana y de los diversos proyectos monarquistas, las divergencias, cada vez más profundas, entre Bolívar y Santander, y las facciones políticas irreconciliables a que dio lugar toda esta situación. La conspiración septembrina fue así, a la vez, resultado de la crisis que se vino ahondando desde 1826 y causa del endurecimiento del régimen bolivarista, la dictadura. Aunque la conspiración fracasó en su objetivo principal de acabar con el dominio de Bolívar e instaurar de nuevo la constitución de Cúcuta, sus efectos sobre el sistema político fueron decisivos.

